La cocina del búnker era bastante funcional y estaba bien equipada. Tenía poco uso por su parte, ninguna solía cocinar o preparar nada, siempre recurrían a la comida rápida o por encargo, o se pasaban por la ciudad a recogerla.

Hacían su vida prácticamente en la carretera por lo que el búnker a pesar de llevar año y medio con ellas era relativamente nuevo.

Lexa estaba de pie junto a la encimera y en el aire el aroma a café recién hecho se expandía hasta el pasillo.

Clarke entró momentos después viéndola derramar el contenido de la cafetera en su taza favorita.

-¿Quieres un poco? -ofreció de espaldas al ángel sintiendo su presencia.

-No he conseguido localizar a Luna con este artefacto -dijo Clarke levantando la mano con el móvil sujeto en ella.

-Sabe que no debe apagarlo.

Lexa que abrió el mueble sacando otra taza, sirvió el humeante café y dejando la cafetera a un lado, tomó la taza y se dio la vuelta alargando la mano para ofrecérsela al ángel.

-Tengo que hablarte de algo -dijo Clarke al coger la taza guardando el móvil en el bolsillo de su gabardina gris.

-Apuesto a que son más buenas noticias -ironizó Lexa apática apoyándose de la encimera esperando que el café bajase su temperatura.

-Un demonio os vigila.

-¿Uno solo? -se encogió Lexa de hombros con tono indiferente-. Vaya, debemos de estar perdiendo facultades. En los buenos tiempos teníamos tres o cuatro.

-No es gracioso.

-Y no me estoy riendo -dijo Lexa llevándose la taza a los labios dando un pequeño sorbo antes de deslizar la lengua por sus labios saboreando el amargo café-. La verdad Clarke es que no me preocupa que ninguno de esos cabrones de conmigo.

-¿Y con Luna? -preguntó la rubia ángel con voz preocupada y el ceño fruncido.

El rostro de Lexa cambio tácitamente y se dio cuenta de que ya no debía pensar solo en si misma, en sobrevivir sola por su cuenta tal como había hecho allá abajo en el Infierno.

-Aún no tengo claro lo que quiere pero está claro que quiere algo de vosotras -continuo Clarke hablando sintiendo el calor de la taza entre sus manos-. Me ha dicho algo.

-¿Has hablado con él? -preguntó Lexa con preocupación dando un paso hacia ella.

-Lo he hecho. Y es "ella" en realidad -le aclaro Clarke tomándose unos momentos-. Me tope con ella en el aparcamiento de Atmore East.

-Espera, ¿qué hacías tú en Atmore East? -preguntó sin entender Lexa algo confusa ya que solo recordaba haberse encontrado con Clarke cuando apareció en la mansión Greensburg-. ¿Nos vigilabas?

-Te vigilaba a ti -se sincero Clarke con impasible gesto.

-¿A mi? -se empezó a molestar ella dejando la taza a un lado-. ¿Por qué a mi?

-No estás bien -sentencio la ángel rubia quizás demasiado honesta-. Y es evidente que eso afecta a tu manera de actuar, no razonas bien y descuidas tus movimientos.

Lexa que arqueo una ceja al escucharla se cruzó de brazos a la defensiva.

-¿Ah si?

-Si, por poco os matan en esa casa -replicó Clarke espontáneamente impávida frente a ella-. De haber estado más atenta, os hubieseis dado cuenta de que la pintura era extremadamente fresca y de que la casa aún podía seguir habitada, en lugar de eso bajasteis la guardia y os atacaron.

Lexa verdaderamente empezaba a enfadarse porque se tomaba muy en serio su trabajo.

-¿Algo más que quieras decirme?

-Si -dijo la rubia sincera y escueta dando dos pasos hacia ella-. Hoy podrías haber muerto. Eres una insensata, una cobarde y una estúpida y Luna debería saberlo.

-No, Luna no va a enterarse de nada de esto, ¿me oyes? -la señalo Lexa amenazante, había sido un momento malo, malo de verdad pero Clarke había curado sus heridas y ni rastro quedaba de lo que había pasado salvo quizás los restos de azulejos en el interior del baño y el frasco de pastillas en la basura.

-Merece saberlo.

-Y yo merezco un puto viaje a Tailandia y mira tú por donde ninguna lo tendremos -replicó bordemente Lexa dándole una dura mirada-. No se lo dirás. No te atreverás a hacerlo.

-Tienes razón, no se lo diré.

Lexa se calmó al oír esa respuesta y retrocedió un paso.

-Lo harás tú -repuso Clarke escueta.

-Ni de coña -escupió Lexa nada más oír esas palabras a modo de advertencia.

-¿Por qué no? -siguió presionando la rubia caminando hacia ella-. ¿No te atreves? Hacía un rato te creías muy valiente.

Lexa que se mordió la lengua, apartó su rostro llevándose la mano al rostro, armándose de toda la paciencia que le era posible.

-Clarke, estoy a punto de mandarte a...

Encima de la encimera uno de los móviles de Lexa comenzó a sonar y a vibrar suavemente haciendo que ella se volviese y que Clarke levantase la cabeza.

Lexa se separo del ángel y se movió por la cocina para ir a descolgar el teléfono.

-¿Diga? -respondió Lexa al llevárselo a la oreja compartiendo una dura mirada con ella.

-Lexa Woods -reconoció una femenina voz al otro lado del teléfono complacida.

-¿Quien eres? -quiso saber Lexa al momento no reconociendo en absoluto aquella voz.

Clarke ladeó la cabeza ligeramente desde el otro lado de la habitación, observándola con todo su interés puesto en la llamada.

-Tú no me recuerdas pero yo a ti si. Me acuerdo de ti y de todo cuanto me hiciste allá abajo cada segundo -murmuró la aterciopelada voz haciendo que el gesto de Lexa cambiase al momento-. Pero ya no estamos allí abajo, ¿verdad?

Lexa trago lentamente trastocada por aquella idea.

-Ahora, aquí arriba jugamos con otras reglas.

La mayor de las Woods ni siquiera supo que decir, como tratar con ella, como lidiar con lo que estaba sintiendo.

-Seas quien seas -comenzó diciendo Lexa atribuladamente-. Quieras lo que quieras, yo...

-Tranquila, tranquila lo entiendo -se sonrió la voz al otro lado de la linea disfrutando del encuentro-. Tenías que hacerlo.

Clarke se acercó despacio observando el desasosiego en el rostro de Lexa y se la quedo viendo.

-¿Pero sabes que? -pronunció Echo paseándose por el interior del Roadhouse contemplando la viscosa sangre manchar sus dedos-. No me importa tu arrepentimiento.

Una sonrisa sibilina, escondida y pérfida apareció en el rostro del demonio que ocupaba aquel exultante cuerpo y Echo se apoyo en la barra llevando las manos a la botella casi vacía que la pequeña de las Woods había usado hacía algún tiempo.

-No me importa nada lo que sientas. Me importa que pagues por ello, y vas a hacerlo.

El rostro de Lexa perdió algo de color y trato de lidiar con ello.

-Fui yo quien te hizo esto -comenzó diciendo Lexa despacio pudiendo advertir todo ese rencor en ella, toda esa burda amenaza implícita-. Es conmigo con quien tienes el problema, nadie más tiene porque verse metido en esto.

-Que chica humana tan lista -casi burbujeo el demonio recreándose en su obra viendo los cuerpos tendidos sobre el suelo del bar cubiertos de sangre y la expresión de sorpresa y extremo dolor aún reflejadas en sus caras.

-Si le pones un solo dedo encima a mi hermana, puedes darte por muerta -amenazó Lexa presa del temor y la rabia, sintiendo su corazón latiendo con fuerza-. Porque lo que te hice en el Infierno, te va a parecer un paseo por Disneylandia en comparación con lo que te haré si siquiera la miras.

Anael, Clarke se dio cuenta de que hablaba de Luna y tras unos instantes fluctuó desapareciendo en su busca.

-Vaya, los tienes bien puestos -se sonrió Echo dejando escapar una sonora risita-. El caso es que me lo tomaré como un reto. No, ir a por Luna sería lo más fácil, ¿no crees? Demasiado predecible.

Lexa apretó el teléfono en su mano pegado aún a su oreja.

-En cambio ir eliminando a vuestros amigos y conocidos uno a uno hasta que no quede ninguno de ellos, me parece mejor plan.

El rostro de Lexa cambió súbitamente por completo y el corazón le dio un vuelco.

-¿Por qué no voy donde estás tú y arreglamos esto?

-No, tú deseas morir. Y eso no va a pasar, porque si pasa te traeré otra vez de vuelta -amenazó Echo llevándose la usada copa a los labios bebiendo largamente de ella con una soberbia sonrisa-. Sufrirás como sufrí yo y te consumirás en lágrimas, ira e impotencia hasta que de ti no quede nada. Y cuando menos te lo esperes, cuando creas que ya nada puede destrozarte aún más cogeré a esa hermanita tuya y la arrastrare conmigo al Infierno.

La respiración de Lexa se cortó, se contuvo y tuvo que posar su mano de la mesa para sostenerse de algo y no caer ahí mismo por el infundado miedo.

-Nos veremos pronto, cuídate mucho Lexa -se sonrió Echo con una sonrisa cortando la comunicación al otro lado del teléfono.

Lexa se quedo inmóvil escuchó el intermitente pitido que ocupo el lugar de la voz al otro lado de la linea, y exhalo completamente atribulada. El cuerpo entero le temblaba y una fina película de sudor frío la recorría por entero.

Ese demonio, ese ser maligno salido de las mismísimas entrañas del Infierno había amenazado con llevarse a su hermana, a su única y adorada hermana pequeña.

Solo imaginar de algún modo que Luna pudiese acabar en un sitio como el que ella estuvo hizo que Lexa estuviese al borde del desmayo y se estremeciera.

Debía detenerla, debía pararla cuanto antes.

Antes de que nadie más resultase herido por culpa de lo que hizo ella.

Debía encontrar ese demonio y debía enviarlo de vuelta al Infierno aunque la vida se le fuese en ello.

Debía salvar a Luna y a otros inocentes de sus despiadadas garras.

Continuara...