Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 21 – 1000 años de oscuridad


La mente perturbada de Garen sólo podía darle problemas, no podía ponerse en una pieza, para nada.

Por un momento recordó a su pequeña hermana, en sus primeros años de vida, tan frágil y delicada. Aquella niña que tomaba su mano porque le temía a la oscuridad o a lo que hubiera bajo su cama estaba ahí, a punto de ser atada a un destino indeseable.

El viaje a Noxus se tornó tedioso pero ahí estaba él, recordando, viendo la mirada calma y ausente de Lux perdida en una ventanilla de su transporte.

- "No me sueltes" –escuchó mentalmente Garen.

- ¿Garen? –preguntó Lux- ¿estás bien?

No estaba bien, ese momento desbocó muchas emociones en él, tanto odio hacia su mejor amigo y resentimiento contra su familia por no negarse rotundamente al ofrecimiento de Lux a los noxianos.

Eran simples ovejas, jamás desafiarían a su pastor. Su amor por Demacia era tan ciego que despertó algo en Garen y él había sido tan patriota como cualquier par suyo pero ahora mismo se estaba cuestionando su lealtad.

- Sí –tomó la mano de Lux- ¿puedo hacer algo por ti?

- Ya conocí al hombre que me desposará –dijo Lux en respuesta, había sido algo automático y espontáneo.

- ¿Se portó bien contigo? –preguntó esperando una respuesta negativa.

- No traté mucho con él –evadió la mirada de su hermano, era obvio que no podría mentirle tan descaradamente.

- Debería intervenir, volvamos –musitó por lo bajo- si es necesario, yo me rebelaré a esa decisión. Es mi deber velar por tu bienestar.

- Hermano –dijo Lux y volvió su mirada a él- has hecho todo por mí, siempre, gracias –sonrió y soltó su mano- es hora de que yo me haga cargo.

Y no dijo nada más, tan sólo… la vio ahí, la madura versión de su pequeña hermanita, la joven que había superado sus miedos para aventurarse en esta historia, decidida a confrontar y hacer cara a cualquier penalidad o peso puesto en sus frágiles hombros.

Qué terrible sufrimiento le aguardará… se quedó pensando aquel preocupado hombre, ya era un adulto pero también un guerrero y si tenía que levantar su espada en contra de alguien para salvar a su hermana lo haría, sin dudarlo.

Pasado el día y llegado el anochecer pudieron ver la tenebrosa ciudad central de Noxus, resplandeciendo en un naranja fulgor cual si fuera fuego. Lux aspiraba el pesado aire de esa ciudad como si nunca hubiera estado ahí antes, quizás era la situación por la que pasaba porque estaba más angustiada que la vez que fue a hurtadillas en busca de Darius.

Y pensar que en todas esas ocasiones, traída por la fuerza, a voluntad propia, o marchándose de ahí jamás había tenido ese sentir en su cuerpo. Al mismo tiempo se preocupaba por su hermano, el cual no cabía en sí mismo, ignoraba la verdad o ella se la escondía. Estaba dejando que su hermano sufriese por sus mentiras y omisiones.

- Será mejor que busquemos refugio, parece que una tormenta se aproxima –dijo Garen tan pronto llegaron a su destino.

Un sirviente esperaba a los 'invitados', fueron guiados hasta el castillo de…

En ese momento, cuando el hermano de la joven rubia se dio cuenta volteó hacia su hermana con una expresión torcida.

- Es… ese noxiano –dijo y fue escuchado de inmediato por quien los esperaba en la entrada de aquel sombrío castillo.

- Me halaga ser reconocido –admitió Darius totalmente serio, parecía burlarse pero no era capaz de expresar una risilla irónica.

Ambos quedaron en silencio mientras se veían fijamente, era imposible parpadear y si alguno hiciera el movimiento incorrecto, era claro que tanto el hacha de Darius como la espada de Garen chocarían en un chispazo violento. Lux tragó saliva sin saber si saludar o decir algo casual.

- Es una lástima que quieras al Crownguard equivocado –dijo divertido por el doble sentido a lo que Darius arrugó la naríz molesto por la insinuación.

- Ah… -suspiró, al parecer no era sólo Draven el que hacía malos chistes- les doy la bienvenida –dijo Darius inclinando levemente la cabeza.

Giró sobre sus talones entrando a su castillo mientras unos sirvientes se hacían cargo del equipaje, Lux siguió aquella ondeante capa roja mientras Garen mantenía su seriedad luego de aquel breve enfrentamiento. Aunque hubieran sido palabras, había sido un impacto, tanto darse cuenta de quién era el que desposaría a su hermana como el hecho de que lo despreciaba aún más por ser precisamente aquel que… ¡un momento!

¡UN MOMENTO!

Algo había estado rondando su cabeza todo ese tiempo, ¿pero qué? Se preguntaba pero luego decidía ignorarlo, ahora que estaba ahí comenzaba a pensar en situaciones, en las ocasiones en que se enfrentó a él y en todo lo que llevó a su hermana a ser la ofrenda de paz de Demacia.

Tan pronto llegó a la habitación donde descansaría por aquellos días antes de la boda, trató de recordar un enfrentamiento con la "Mano de Noxus", uno en específico.

Flashback

- "Maldita" –musitó Darius viendo escapar a la joven en el bosque.

- ¿Quién eres? –preguntó Garen.

No podía verlo, estaba demasiado oscuro y cuando en el fulgor de la pelea un hacha lo golpeó, logró ver en un destello el curtido rostro del noxiano al que llamaban "La sangrienta mano de Noxus", un golpeteo en su pecho le llenó de valor para detenerlo sin importar lo que pasara pero fue distraído.

El "ejecutor" noxiano lo había golpeado y se interponía mientras veía cómo perseguían a Lux con el fin de matarla.

Fin del Flashback

Era él, al final logró atraparla y fue también quien la secuestró en su castillo, su hermana no había mencionado nada, eso era extraño, ella debía ser la primera en gritar horrorizada por aquel emparejamiento. No lo entendía.

¿Había robado su pureza bajo amenazas aquel hombre? La había convertido en mujer y debido al miedo de contrariar a su pueblo está sufriendo el doble de presión… ¿o no?

Su hermana ocultaba algo, era obvio pero… ¿era tan turbio como lo que creía? Aunque al final la realidad era aún peor que la mentira.

Mientras tanto, Lux acomodaba algunas cosas en la habitación que le habían designado, estaba nerviosa, era la primera vez que estaría como invitada oficial en la casa de Darius. Debía respirar y mantenerse tranquila para evitar que Garen supiera todo lo que estaba pasando.

TOC TOC TOC

Sonó la puerta, era un pausado y firme golpe. Tal vez debía fingir que ya estaba dormida, aún no había preparado un discurso para Darius, después de todo lo que se dijeron era imposible conversar.

Pero decidió ir, podría ser algo importante.

- ¿Quién? –preguntó, en el fondo deseando que fuera otra persona.

Nadie respondió, tan sólo golpearon otra vez pero ahora era más pausado. Lux abrió suavemente, tratando de no hacer que la madera rechinara, con lo vieja que era sólo podía hacer ruido, vio de reojo y se encontró con Darius.

No tenía puesto su uniforme, sólo una ajustada camiseta negra en conjunto con unos pantalones grises. Podía ver los enormes brazos de aquel y se ruborizó levemente, ¡cómo podía! Intentó cambiar su semblante para lucir enojada o al menos seria.

- ¿A qué viniste? –preguntó casi susurrando.

- Te recuerdo que eres la invitada –le respondió.

- Necesito privacidad –agregó e intentó cerrar la puerta pero el noxiano se lo impidió.

- ¿Y… necesitas algo? –no sabía cómo continuar, estaba en blanco, era un tonto, pensó de sí mismo.

- Privacidad –aseguró Lux sin hacer presión a cerrar la puerta.

- Bien –cedió el noxiano para luego quitar su pie de la puerta, dar media vuelta como si fuera a irse.

Podía escuchar cómo le cerraba la puerta, entonces en vez de marcharse (como debía) se sentó en el piso, apoyando su espalda contra la puerta algo cabizbajo, no sabía que ella también había hecho lo mismo, Lux lucía arrepentida, pudo haber tomado aquella oportunidad para hablar con él, para poder… saber… si esto seguiría así, estaban molestos el uno con el otro pero necesitaban decirlo. Lux cerraba sus ojos intentando levantarse de ahí, quería dormir pero no pudo por un buen rato, tan sólo estaba intentando sobrellevar este asunto.

- Aún quiero casarme contigo –dijo Darius muy cercano a la puerta.

La rubia dio un pequeño salto de susto, pero no se levantó del piso, agudizó su oído aún más, no sabía que se había quedado ahí pero estaba feliz de saberlo. Sonreía.

- No porque me lo hayan pedido. Se que debí decirte lo que sucedió pero no pude. Puedo tomar responsabilidades e ir hacia la guerra fácilmente porque estoy acostumbrado, ése es mi ambiente, pero esto… –suspiró cansado- al final tuve que decidir y no pude evitar tambalear –apoyó su cabeza en aquella puerta- he estado tan acostumbrado a vivir sin esto que me enseñaste que cuando creí perderlo mi agonía lo hizo insoportable y decidí irme… pero chocaste conmigo.

Ni si quiera tenía idea de si ella lo escuchaba, bien podía haberse olvidado de Darius para empacar sus cosas por el deseo de escapar de esa tortura pero estaba ahí, atemorizada de dar un paso, de perdonar lo imperdonable, de condenarse. Esta no era una fácil decisión, iba a casarse, iba a dar su vida a alguien y a cambio recibiría menos honra de la que esperaría.

Los noxianos no prohibían matrimonios de ese tipo, es más… los promovían, ¿por qué? Era una manera más de imponerse sobre otras naciones, ninguna mujer accedería a perder su nombre, sus derechos y ser objeto de humillaciones, porque siempre sería menos que una esposa noxiana. Casarse las hacía un objeto adquirido en guerra, perdían todo a cambio de… ¿amor? ¿Acaso los noxianos podían amar de esa manera? Y los hijos dados podían ser fácilmente desechados sin contar con la burla social, el desprecio de sus naciones en conjunto.

De igual modo si un varón de cualquier nación decidía dejar su nombre, familia o casta de lado para desposar a una noxiana no podría igualarse a un esposo noxiano, a menos que jurara lealtad y se diera a la vida militar para demostrarlo.

Reglas ridículas para una vida miserable.

- Y a pesar de mi enojo firmé los papeles que dejaste ese día, sólo que añadí un par de cosas –sacó de su bolsillo el contrato y lo pasó por debajo de la puerta.

Lux los levantó de inmediato haciendo que el noxiano sonriera al saber de su presencia.

"Los hijos concebidos por la doncella en el matrimonio contarán con todos los derechos…"

"Única esposa"

- Quería que lo sepas –apoyó una mano en el piso y se levantó sacudiendo un poco sus ropajes- es importante si aún estás dispuesta a saltar conmigo.

Se apartó de ahí, el sonido de sus pisadas fue desapareciendo mientras Lux permanecía en el suelo contemplando aquel 'contrato', él estaba demostrándole que iba en serio, no era un juego.

A pesar del miedo que la agobiaba quería casarse, estaba ilusionada, tal vez sobrevaloraba los momentos que estuvo conociendo a Darius, quizás estaba dando un salto que requería más tiempo a evaluar pero debía creer, tanto… porque quizás era un milagro poder hacer esto sin deshonrar el nombre de su familia porque al menos lograba ser feliz y al mismo tiempo velaba por el acuerdo de paz.

Y así pasó la primera noche en el castillo, a una semana del matrimonio aún se debían concertar más detalles, como la reunión con la concejera noxiana, era como una matrona con ciertos poderes, así que toda pareja debía consultar con ella para saber su compatibilidad, si la mujer era propensa a complicaciones o si era… estéril.

No iba a ponerse más nerviosa, la pierna de Lux no paraba de moverse hasta que Darius la detuvo con su mano.

- Tranquila –le susurró con mirada amable pero cauta.

- Esta bien…

La puerta de aquella consejería se abrió y una asistente los acompañó hasta encontrar a Najid. Era temida por sus profundos ojos grises a veces confundidos por blancos al igual que por sus poderes de visión.

- Les agradezco su espera –pasó su mirada por Darius y se detuvo en Lux- uhmm… cabellera de oro.

- Eh… ah… ¿gracias? –decía Lux algo confundida.

- Eres una escéptica –dijo secamente Najid.

- Yo… no soy… eh… simplemente no es algo que yo creo –decía nerviosa, no quería arruinar esto, sabía lo importante que era.

- Dame tu mano –dijo la mujer y Lux se la ofreció.

La mujer cerró los ojos mientras buscaba algo, en un momento dio un leve salto y abrió sus ojos ante la mirada de la pareja.

- ¿Sucede algo? –preguntó Darius.

- Nada –sonrió Najid- tengo hipo, creo –aplacó el nerviosismo de Lux, la cual la miraba fijamente.

La cita no iba nada bien, pero después de algunas pruebas y revisiones, Najid les dio su pronóstico, nada diferente a lo que cualquier médico brujo diría, un par de bebidas especiales, algún hechizo de buena fortuna y nada más.

- ¿Se terminó? –preguntó Lux.

- Sí, sí, cariño, espera fuera mientras saco algunas cuentas con Lord Darius –añadió la matrona noxiana.

- Bien, voy –miró a Darius, le hacía feliz ver que él estuviera tranquilo.

Cuando el asistente sacó finalmente a la joven, Najid enserio su rostro para darle otro diagnóstico.

- Como me ordenó, fui prudente, espero que haya sido de su agrado.

- Tus predicciones usualmente sólo abordan lo malo y yo quiero saber –respondió Darius.

- Su cuerpo no es adecuado para procrear, no digo que no pueda pero le podría ser imposible a causa de su aura… -suspiró la matrona- el aura de la muerte.

- Debe ser por mí –decía Darius pero la mujer lo negaba con la cabeza.

- Es extraño, Lord Darius, siempre tuvo un interior vacío pero ahora siento algo cálido, no es un cambio, sólo su predisposición a la felicidad ha aumentado.

- ¿Ella va a morir? –preguntó con un tono de angustia imposible de esconder.

- No lo se, honestamente espero que usted le haya impregnado con su oscuridad. Esa es una posibilidad, ¿qué fue de la doncella Du Couteau? Ella era perfecta para usted, incluso sus auras eran tan compatibles, inigualables guerreros sangrientos y determinados. Hubieran tenido maravillosos hijos, dignos herederos noxianos.

- No soy un animal de crianza, no porque dos especies creen perfectas criaturas van a estar juntas –dijo Darius.

- Es el propósito, honrar Noxus brindando lo mejor de nosotros.

- Yo hice mejor esta nación y no necesito de un heredero, si eso evita que la muerte impregne su vida de manera inevitable. Además, mientras yo esté vivo, no habrá nadie que se oponga al poder de Noxus.

- ¿Y si se convierte en un obstáculo? –preguntó Najid bajando un poco la mirada, conocía el temperamento de aquel hombre y más cuando se trataba de Lux.

- Entonces, tal vez no vea el crepúsculo de nuestra era –sentenció Darius.

Quería mantenerla viva a costa de todo aunque era sólo un ideal. No permitiría que sus dos intereses chocaran. Esperaba poder evadir la situación de presentarse. No ver el final de su era, podría ser una condenación, era un trabajo muy tortuoso… de ocultar.

De camino al castillo en vez de subir al carruaje para ir rápidamente, Lux pidió dar un paseo con él.

Ambos caminaron por un bosque, parecía ser invierno porque el cielo oscuro los acompañaba al igual que el frío. En un momento la rubia se detuvo en seco, no había nadie más en su camino.

- Escuché lo que dijo.

- ¿Ah? –se sorprendió el noxiano- ¿qué dices?

- Que moriré –volteó hacia él- ¿en verdad le crees? –buscó la respuesta en aquellos oscuros ojos pero sólo encontró incertidumbre.

Era difícil mantener una predicción de esa magnitud oculta y más de una astuta mujer como lo era ella.

- Quería saber qué había visto ella cuando tocó mi mano pero fingió, es una tontería –sonrió- lo pensé y pensé, sólo puede ser una especulación, soy una mujer sana, inteligente y joven, es estadísticamente improbable que muera y más con todos los controles médicos de hoy en día sin contar con la magia de mi amiga, si se diera el caso.

Darius pasó sus manos por su cabellera, señal de su ansiedad, ¿cómo podría decirle lo que la vidente le confesó? Que era más que eso. Había una posibilidad de que, incluso, con una maga como Janna, fuera a morir y era precisamente lo inevitable, tener el aura de la muerte sobre ella. Incluso concebir le sería difícil.

- Quería preguntarte algo –el pelinegro apretó sus labios y siguió con lo que quería decir pausadamente- ¿realmente quieres tener hijos?

- Ehm…. –sus mejillas se sonrojaron pero no dejó de ver a su amado- s-si –confesó divertida pero su sonrisa se desvaneció y fue tan evidente.

- ¿Qué pasa? –preguntó Darius.

- Nada, volvamos al castillo, estoy cansada, es todo –añadió Lux caminando con prisa por delante.

¿Cómo olvidar su pequeño pecado? Las vidas de tantas personas… cegadas en segundos y todo porque ella iba a traer al mundo la destrucción. Aquel muchacho se había perdido en su memoria por tan corto tiempo y ahora volvía para preocuparla, quizás por eso iba a morir.

No podía ser feliz en sus anhelos a causa de la posibilidad de que aquel muchacho del futuro sea realmente quien clamaba ser, lo malo era que cuando lo tenía frente a ella no podía ser objetiva, ni si quiera pensar en dañarlo o evitar tenerlo. Pero Darius no sabía de su existencia a pesar de haberlo tenido en frente suyo.

- No se… si quisiera tener hijos –agregó cabizbaja antes de terminar su recorrido y corrió al castillo para refugiarse, quizá, en la habitación que le había sido designada.

Quién fuera Darius, había sido lo suficientemente estoico como para aguantar al pie del cañón, sin moverse, sin quejarse, tan sólo… guardando todo aquel cariño que tenía por Lux para seguir fiel a su promesa, cuidar de ella como un marido debería hacerlo. Ser fuerte ante todo, no era un blandengue, ni un tonto para dejarla ir, ¡era la clase de hombre que ella amaba! Un verdadero noxiano.

Aún de ese modo… ser hombre no era fácil cuando debías decidir.

Todo era tan complicado, la luz debía regresar en algún momento pero no, sólo habían nubes y un oscuro cielo que lloraba la existencia de este ser.

Dante pensaba en todos sus delitos, su amargura no podía ser aplacada. Quinn, la enviada del rey había sido la infame traidora y aún con esa motivación… fue salvada por su propia madre, ojalá hubiera gritado a los cuatro vientos que él vio lo que le sucedería.

Quería encontrar el camino de vuelta al castillo, tratar de hacer algo, salvar a su madre o eliminar Demacia de una vez por todas; ciudad iluminada… llena de sesgos de vida y bienaventuranza, en cambio para él era el nido de la verdadera oscuridad y corrupción. Tal vez debía eliminarlos a todos, reunir todas las fuerzas que le quedaran para sacar a la única persona que alguna vez lo amó de aquella ciudad y luego eliminar todo rastro de esa civilización.

Podía vivir consigo mismo, podía acabar con una civilización entera pero no con la idea de ver fallecer a su madre de la manera más vil que hubiera imaginado. Eso lo perturbaba más que cualquier otra cosa.

Perdía la razón…

Ojalá pudiera quitar de su mente todas aquellas imágenes, el horror y la amarga mirada entre lágrimas de la rubia, cómo su rostro congelado en la pena era la más angustiante agonía en aquel momento, al igual que su desbalance y posterior caída.

Ver su suicidio podía haberlo marcado.

- ¿Dante? –preguntó una voz a su alrededor, miró al costado suyo y se encontró con un rostro conocido.

- ¡Al fin te encuentro! –dijo su pelirrojo compañero- ¿Dante? –preguntó otra vez y le puso la mano en la frente- ¡estás ardiendo!

Y cayó.

Era oscuro otra vez, había vagado por los bosques noxianos… por días, no había comido nada y el frío del lugar empeoró su salud. Tenía que ser atendido. Si tan sólo pudiera hacer algo para mitigar su dolor, para quitar todas esas imágenes de su mente.

Había evitado sentir de esa manera desde hacía mucho. Era una persona terrible, un criminal con un pasado oscuro hasta que fue contratado por una organización que lucraba con armas, le fue asignado un compañero y de alguna manera se convirtió en su amigo.

Un… amigo…

- Así que fuiste tú –dijo una voz distante.

Gray sintió como una amenaza se levantaba en contra suya, no volteó, ni de reojo, estaba más preocupado en Dante que en prestar atención a quien lo había encontrado.

- Nos volvemos a encontrar pero no tengo tiempo para ti –dijo Gray.

- Yo se que fuiste tú –le dijo la bruja que con su doble se asomaba hasta el cuerpo del caído- ¿quién es el mocoso?

- Jaja –rió divertido- ¿no lo reconoces?

- Es la consecuencia de aquella variación.

- LeBlanc, la Rosa Negra no se alzará. Dijeron por mucho que el futuro era inevitable pero tanto mis colegas como yo supimos de esta variación y aquí estoy, tratando de salvarla –siguió Gray mientras subía a Dante en sus hombros.

- La Rosa Negra es atemporal. Aún con este engendro lograremos traer a nuestro maestro y viviremos 1000 años de oscuridad –susurró por lo bajo.

- ¿Ves al muchacho? –preguntó Gray.

- No seas estúpido, claro que lo veo.

- Él no es una persona, es un símbolo de lo que el futuro sería si él logra direccionarlo para bien. Él es el símbolo de la unión, de la paz, del bien sobre el mal.

- Es un ERROR –añadió con ira contenida la bruja. No iba a expresar sus emociones pero estaba muy molesta- ¿no lo ves? Despreciado por sus padres, errante a su cultura, sangre infectada por la debilidad demaciana –sus dientes rechinaban.

Se volteó a ella y pasó por su lado, ya no iba a escucharla.

- Es la esperanza.

- No podrás protegerlo siempre –le dijo LeBlanc- en último caso eliminaré sus raíces y créeme que puedo hacerlo. Podemos lidiar con un par de retrasos a nuestro plan.

- Si sucede, la variación volverá a pasar, nacerá y buscará salvar a sus padres de lo que planeas.

- No me provoques, que puedo buscar indicios de tu maldita existencia en todo el mapa de la creación. Haré hasta lo imposible para saber quién eres y cuando lo sepa ni si quiera los guardianes del tiempo podrán salvarte de mí, ¿escuchaste?

Dante guardaba un secreto pero Gray guardaba uno aún más consternador, ¿quién era? ¿Trabajaba para aquellos guardianes del tiempo? Lo que sí era cierto era que el pelirrojo era un agente bajo el mando de un guardián, ocupado en salvar lo que podía ser el inicio de una nueva era en el futuro.

Tal vez Noxus y Demacia no estaban destinados a permanecer como naciones en guerra. Tal vez la Rosa Negra terminaría obligada a volver a su propia oscuridad y el mundo estaría libre de su dominio por un tiempo más. Pero ése sólo era un 'tal vez', la posibilidad del resurgimiento de un mal acechando la tierra era también una posibilidad.


Fin de Episodio 21


Nota de la autora:

Una exposición más clara de la 'variación' y del futuro de Demacia y Noxus será publicada en Facebook en mi página (bajo la firma "Starling Shadow"). Para aquellos que quieren tener un mejor entendimiento de este tema. Será una breve nota titulada "La variación, Ep21".