Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Beta: Isa


~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~

Por: Lissa Bryan

—¡Reunión familiar, gente! —gritó Jenks—. ¡En cinco minutos!

Ya había terminado el almuerzo con excepción de unos cuantos rezagados. Bella, Jane y Lauren habían preparado omelets, usando la parilla eléctrica y todas las parillas de la estufa, y ahora estaban limpiando. Bella lavaba los trastes, Jane los secaba y Edward los guardaba. Bueno, al principio los guardaba, pero se distrajo explorando todos los utensilios de cocina en los gabinetes, y después Bella perdió a su secadora de trastes cuando Jane se sentó junto a él para explicarle la función de los utensilios y la utilidad del equipo de cocina, creando explicaciones fantasiosas si no sabía de qué se trataba, haciéndolos reír a ambos. El corazón de Bella se sentía cálido al escuchar a Jane reír como la niña que era.

De pie tras de ella Rosalie lloraba al verla.

—Gracias —susurró cuando Bella se acercó. Rose se veía tan débil, tan insustancial. El corazón de Bella dolió y sus propias lágrimas se acumularon en sus ojos.

—¿Pronto? —le preguntó Bella. Y entonces se dio cuenta que no había visto a Emmett en todo el día. Ayer había estado tan débil que Bella apenas había podido distinguir sus facciones, como un jirón de vapor que desaparece en el frío aire.

Escuchó a Rose suspirar.

—Pronto.

—Vamos, gente, acérquense —los llamó Jenks.

Bella dejó la esponja en el fregadero. Edward tomó su mano y agarró juguetonamente a Jane de la coleta para "arrastrarla" a la sala con ellos. Bella y Jane se sentaron juntas en el lugar que quedaba disponible en el sofá y Edward se quedó de pie detrás de ellas. Dave se subió al regazo de Jane y dio varias vueltas antes de acostarse solo porque eso hacía reír a Jane. (Y a Dave de verdad le gustaba ese sonidito feliz humano. Usualmente venía acompañado de cariños para él.) Amun estaba recargado en una de las paredes de vidrio, y cada vez que Bella veía en su dirección, encontraba su mirada en ella con una sonrisita tirando de sus labios.

—De acuerdo —dijo Jenks cuando todos estuvieron sentados—. ¿Están todos aquí?

—Excepto Ben —notó Forks—. Está afuera poniéndole una antena al bote.

—Está bien, él está al tanto de todo. De cualquier forma, gente, recojan sus mierdas porque mañana en la mañana nos iremos. Los quiero a todos aquí abajo a las siete y si no están, sus traseros serán dejados atrás. Y tampoco piensen que se van a quedar en mi cómoda casa. El equipo de limpieza vendrá después y no soy muy amigables, si entienden a qué me refiero. —Sacó una libreta y una pluma—. Bien, el plan es llegar primero a la costa este de la península de Estados Unidos de América. ¿Quién quiere bajarse del bote en ese lado?

Algunas manos se levantaron. Jenks escribió los nombres.

—No está mal. Casi la mitad. Aquí viene la parte difícil. —Jenks fue al armario y sacó una de las bolsas de lona abriéndola. Metió la mano dentro, rompió el envoltorio de plástico y empezó a repartir el dinero.

—Mejor dicho, es difícil para mí repartir mi encantador dinero. Pasen esta mierda. Todos agarren dos montones. En caso de que tengan unas habilidades matemáticas de mierda, es un total de veinte mil dólares. Luego de que los dejemos en la localización de su preferencia, tendrán que vivir con un perfil bajo por un tiempo. No sé cuánto será, pero estimo que una semana. Dispérsense, vayan a otra ciudad y escóndanse en un jodido hotel y, por amor a Dios, no llamen a nadie. —Aventó dentro del armario la bolsa de lona vacía—. A nadie, ¿entendido? Ni a tu tía Claire en Sheboygan que puede guardar un secreto, ni a tu amigo con derechos, ni a tu jodida contestadora. Nadie. Si lo hacen los atraparán y no sé qué harán con ustedes cuando los tengan de regreso. Probablemente solo te volarán la maldita cabeza porque, casualmente, su jodido centro de investigación explotó hasta el infierno. Y no esperen que Bella vaya y se joda salvando a cualquiera de ustedes cabrones otra vez, porque mierdas como ésas no van a pasar. Viven con perfil bajo y esperan.

Sus ojos pasearon por la habitación, estudiando cada rostro para asegurarse de que lo tomaran en serio.

—Les daré un celular a cada uno. No usen el celular por ninguna razón. Cuando les dé el celular va a tener un pedazo de papel pegado a él con una palabra escrita dentro. Cuando sea seguro que vayan a casa, van a recibir una llamada al celular y la persona del otro lado va a repetir esa palabra. Es todo. Lanzan el jodido aparato por la ventana y se van. Si no reciben la llamada en el lapso de una semana, están jodidamente solos, y lamentaría mucho eso. ¿Alguna pregunta?

—No tenemos identificaciones —dijo Quil—. ¿Cómo vamos a pasar por aduana?

Jenks se rió de él.

—¿Alguna pregunta seria?

—¿Cuánto estaremos en el océano? —preguntó Esme.

—Son casi dos mil millas desde aquí hasta el Canal de Panamá. Vamos a ir viajando a treinta millas por hora. Tú haz los cálculos. Oh, y tendré que detenerme a cargar combustible un par de veces.

Esme retrocedió parpadeando. Al menos tres días hasta llegar a Panamá.

—Vamos a tener que hacer paradas para repostar. He arreglado algunas a lo largo del camino, pero no van a ser muy frecuentes. Tenemos un pozo para que lo usen, pero no hay cocina.

—¿A qué te refieres con "pozo"? —preguntó Amanda.

—Una bacinica —dijo Forks para orientarla—. Tenemos baño pero no cocina.

—Y tampoco tenemos camas cómodas y agradables. Le diré a Bella que compre de esos jodidos colchones de aire si tiene tiempo para ir de compras esta noche, pero aparte de eso tendrán que hacerse bolita en los jodidos asientos. Lo siento, gente, pero es lo mejor que puedo hacer. Así que agarren unos jodidos libros, juegos de mesa o lo que sea que los mantenga ocupados porque va a ser una semana malditamente larga.

—O podríamos irnos en mi jet —dijo Amun.

Podías escuchar la caída de una pestaña.

—Tu jet —repitió Jenks.

—¿Por qué no dijiste algo antes? —demandó Collin.

Amun se encogió de hombros.

—No preguntaron.

—Creo que deberíamos tomar el bote —dijo Bella—, apegarnos al plan original.

No dijo que era porque no quería deberle nada a Amun, pero probablemente era obvio.

—Votemos —sugirió Amun—. Los que estén a favor del lento bote hacia China…

—Jódete, esto no es una democracia —dijo Jenks—. He pasado los últimos cuatro jodidos días armando esta mierda…

—Solo pensé que usar mi jet te ahorraría tiempo. Y dinero. Y mucha incomodidad. Pero si quieres aferrarte a eso…

—¡Yo digo que tomemos el avión! —dijo Quil—. Dios, ¿por qué no? No creo que ninguno de nosotros esté feliz sobre la idea de vivir en tu bote por más de una semana.

—Así parece más fácil —dijo Esme tentativamente.

Jenks lanzó su libreta a la mesita de café y alzó las manos.

—Bien. Si es lo que todos quieren. ¿Bella?

Ella no podía pensar en una razón válida para negarse y todos se veían tan aliviados y ansiosos por evadir las incomodidades de más de una semana en el océano.

—Si es lo que todos quieren —repitió.

—Aun así podemos irnos en la mañana —dijo Amun—. Haré unas llamadas y enviaré unos carros para que los recojan a todos y los lleven al aeropuerto.

—¿Qué hay con los de Seguridad Nacional? —preguntó Quil.

Ahora fue el turno de Amun de reírse de él.

—Yo no haría eso, a menos de que quieras tener el trasero incendiado —advirtió Bella. La cara de Quil estaba roja y se veía a un centímetro de perder la paciencia.

Collin habló.

—Tiene razón. ¿Cómo vamos a entrar volando sin que alguien quiera revisar el misterioso jet que viene del océano? Seguridad Nacional se pone un poco roñosa con cosas como ésa.

—Has escuchador del Bombardero Furtivo*, ¿no? —preguntó Amun.

—Sí.

Se encogió de hombros.

—Es la misma tecnología. Ni siquiera nos verán llegar.

Parecía ser demasiado fácil. Bella se removió incómoda y Edward puso sus manos sobre sus hombros. Se agachó para murmurar en su oído.

—Si no quieres ir con ellos, no tenemos que hacerlo. Podemos viajar por nuestra cuenta hasta allá.

Bella sacudió la cabeza. Se quedaría con el grupo, ellos podrían necesitar su protección.

Jenks se puso de pie.

—Entonces supongo que volaremos. Alguien que vaya por el trasero de Ben para que no desperdicie su tiempo instalando el nuevo sistema de comunicación. ¿A qué hora, Amun?

—Podemos apegarnos al mismo horario, nos vamos a las siete —replicó Amun.

—Bien. Se levanta la sesión.

—Jenks, ¿puedo hablar contigo un minuto? —preguntó Bella—. ¿En tu oficina?

—Claro, Bella, voy en un segundo —respondió Jenks.

Bella y Edward se levantaron del sofá y subieron las escaleras. Tuvieron que esperar afuera de la oficina de Jenks porque no conocían el código para entrar, el cual Jenks se negaba a dar a nadie. Como lo prometió Jenks llegó un par de minutos después que ellos y abrió la puerta, haciéndoles el gesto para que entraran primero. Bella se sentó en una de las sillas frente a su escritorio y Edward ocupó su lugar preferido, de pie detrás de ella.

—¿Qué necesitas? —preguntó Jenks.

—No confío en Amun —dijo Bella con sinceridad.

Jenks asintió.

—Probablemente es inteligente de tu parte.

—Tú tampoco confías en él, ¿pero nos dices a todos que está bien subirnos a su avión?

Jenks agitó la mano.

—No estoy preocupado de que vaya a echarnos de cabeza o que vaya a vendernos al programa de Corea del Norte. Respecto a eso puedes confiar en él.

—¿De verdad terminó con otro centro de investigación?

Jenks se rascó la oreja.

—Todo lo que puedo decirte es lo que he escuchado, y eso no es mucho. Un pajarito me dijo que lo hizo. Claro que todos piensan que era una estación de clima o alguna mierda de ésas, así que cuentan la historia como si fuera un divertido cuento de advertencia. Ya sabes, como: No molestes a Amun porque te perseguirá, aun si estás en Islandia, y quemará el lugar hasta sus cimientos.

—¿Es lo que de verdad hizo? ¿Porque alguien lo hizo enojar?

Jenks se encogió de hombros.

—Eso sí no sé.

—A mí me dijo que era por dinero.

Eso sí puedo asegurarte que es una mentira. Es más rico que Dios y eso es solo por parte de sus negocios legales. No hace nada por dinero. No creo que alguna vez lo haya hecho. A diferencia de muchas personas él entró al juego ya forrado en dinero.

—¿Desde Egipto? ¿Sus padres eran ricos?

—No lo sé. Si te dijo que viene de Egipto, eso te hace la persona viva que más sabe acerca de sus orígenes. Nadie más sabe nada sobre este tipo y, confía en mí, no es por falta de interés. Otras…, organizaciones han intentado rastrear a su familia para, ya sabes, propósitos de persuasión, pero nunca fueron capaces de encontrar nada, y esos hombres son los que hacen que la CIA parezca un investigador principiante.

—Quizá no es humano —dijo Bella.

—¿Qué? ¿Cómo un vampiro o así? Bella, sí come comida y lo he visto a la luz del sol antes.

—Quizá él es…, como Edward.

—¿Un ángel? —Jenks se rió.

—No, como lo contrario: un demonio.

—¿No lo sabrías tú? —le preguntó Jenks a Edward.

Edward sacudió la cabeza.

—Nunca he visto uno, y no tengo ningún tipo de súper poderes pare detectarlo. Todo lo que sé de una persona son las mismas cosas que puedes conseguir de mirarlos a los ojos, leer su lenguaje corporal, y ese tipo de cosas.

—¿Pero de verdad existen los demonios? —preguntó Jenks.

—Sí, pero no son como la mayoría de la gente piensa, extendiendo la maldad y tentando a la gente hacia el pecado. No pertenecen a las personas de la misma manera que un ángel, como yo pertenezco a mi Bella. Pero, al igual que los ángeles, trabajan manteniendo a la gente en el camino correcto para asegurarse de que los eventos se desarrollen de la forma en que se supone deben suceder.

—¿Y son malos?

Edward lo consideró.

—No están creados de la misma forma que los ángeles. Son las almas de los malditos así que, sí, en cierta forma, son malos.

—Entonces, si Amun es de verdad un demonio, ¿está trabajando con el mal para asegurarse de que el destino se cumpla como debe ser?

—Algo así.

—¿Por qué le importaría eso al mal? —preguntó Bella.

—No es como tú crees, Bella. Dios y el mal no son opuestos morales de la forma en que las religiones humanas los presentan. Al principio, cuando se empezaron a involucrar los humanos, eran criaturas simples e inocentes. Dios quería que se quedaran de esa manera, pero el mal quería darles un "empujoncito" a los humanos hacia la capacidad de sentir. Llevándolos hacia la autoconciencia que los haría seres eternos, les daría almas, y entenderían el bien y el mal. Dios estuvo de acuerdo, pero con la condición de que el mal se llevaría las almas de aquellos que eligieran el camino oscuro, los que aceptaran las consecuencias. Dicho de otro modo, crearon el Paraíso como un lugar para las almas con luz y luego a los ángeles, para guiar y proteger esas almas. Después crearon el inferno para ser hogar de aquellas almas oscuras. El infierno es algo terrible solo a causa de la gente que está ahí.

Bella y Jenks se quedaron viéndolo con las bocas abiertas.

—Entonces incluso si Amun es un demonio, él no habría sido enviado aquí para intentar tentarnos o para causar violencia. Él estaría aquí para asegurarse de que suceda todo lo que se supone que tiene que suceder.

—Por lo que dice Jenks pareciera que él ha estado aquí por un largo tiempo.

—Al menos quince años —agregó Jenks.

—Ellos no regresan —dijo Edward—. No están atados a una persona a quien seguir al final de la vida mortal de esa persona. Si de verdad es un demonio, podría llevar siglos aquí.

—¿Cómo podríamos saberlo? —preguntó Bella—. Dudo que lo admita si le preguntamos. ¿Existe algún tipo de…, prueba o algo?

—Podríamos lanzarle agua bendita y ver si se derrite —sugirió Jenks.

—No es la Malvada Bruja del Oeste, Jenks.

—¿Podría tener algún poder? —preguntó Jenks—. ¿Como la cosa con la espada flameante que tú haces? ¿Puede volar?

—No tiene alas —señaló Edward—. Y sobre los poderes, no sé. Pudo haber tenido un don como humano.

—Pues regresamos al principio —dijo Bella con un gemido de frustración—. No sabemos nada de él o de lo que puede hacer.

—Si es un demonio, parecer ser que es más confiable que un humano —dijo Jenks—. Los humanos pueden causar todo tipo de violencia y hacen cosas malas solo por querer.

—Los demonios no tienen prohibido causar mal —dijo Edward—, solo no pueden interferir con el destino.

—¿Habría sido enviado él para destruir ese centro de investigación? —le preguntó Bella a Edward—. Tú fuiste enviado para que te aseguraras de que yo cumpliera mi misión, pero no te dijeron cuál era. ¿Lo sabría él? ¿Le habrían dado misiones a él, no solo para guiar a los humanos para hacer lo que se supone que deben hacer?

Edward se pasó una mano por el cabello.

—No sé. Lo siento, desearía poder decirte más.

Algo se le ocurrió a ella.

—Edward, ¿sabe él lo qué eres?

—Ahí hay otra cosa que no sé —dijo Edward—. No sé si los demonios tienen la habilidad de reconoces a los ángeles o no.

—Apesta que no sepas más sobre esta mierda sobrenatural —dijo Jenks—. ¿No puedes, um, llamar a Dios o algo?

Edward estaba divertido.

—No, lo siento. Puedo dejar mensajes en mis oraciones, pero ésa es toda la comunicación que tengo con el Altísimo.

—Pues sea lo que sea que es Amun, no confío en él —dijo Bella.

—No creo que haga nada para lastimarte —le dijo Jenks—. Le gustas, Bella. Nunca antes lo había visto prestarle tanta atención a una mujer.

—No estoy interesada —dijo Bella sinceramente.

—Pues, ya sabes, no lastimaría…, um…, dejarlo pensar…

—¡Jesucristo, Jenks! ¡No voy a darle alas al tipo!

—Oh, no pretendas estar tan sorprendida —dijo Jenks con mordacidad—. Las mujeres lo hacen todo el tiempo para sacarle mierdas a los hombres.

—Pues yo no —espetó Bella.

—Bien, solo no seas una perra con él.

Edward gruñó.

—Mi Bella no es una perra.

Jenks se retractó rápidamente.

—No estaba diciendo que lo fuera, hombre. Quise decir que no debería ser…, uh…, grosera.

—No te preocupes, no seré mala con él. Solo, por favor, no me pongas en ninguna situación que pueda resultar incómoda para mí, ¿bien?

—Lo intentaré —prometió Jenks.

Bella se puso de pie.

—Intenta de verdad —dijo ella.


En la mañana la sala estaba llena de gente adormilada que bostezaba, cada uno cargando sus artículos personales en bolsas de plástico (Bella no pensó en comprarles bolsos) y una de las bolsas de lona de Jenks. Lauren había hecho una jarra de café y casi todos tenían un vaso de plástico lleno de él. Jane había empezado a servirse una taza de café pero Edward la detuvo.

—Deberías servirte un vaso de leche o jugo —le dijo.

—Aw, vamos, Edward, me gusta el café —se quejó Jane.

—Jugo o leche —repitió él con firmeza. Jane gruñó pero se dirigió al refrigerador y llenó su vaso con jugo de naranja.

—Veo los carros —dijo Jenks, alejándose de las ventanas—. ¿Todos están listos para irnos? ¿Tienen todas sus mierdas? ¿Dónde está el jodido perro?

—Lo tengo —respondió Jane, alzando a Dave en sus brazos.

Él dejó caer la escalera y la habitación empezó a vaciarse. Bella miró a su alrededor una vez más. Estaba un poco sentimental al saber que dejaba un lugar al que nunca regresaría. Le gustaba vivir ahí. Sus ojos se quedaron en el lugar donde Carlisle había desaparecido. (Tenía la sensación de que no podría despedirse de Emmett o Rose.) Pasó los dedos por el respaldo del sofá y suspiró.

—Éste es el tipo de casa que construiremos —le dijo Edward.

Bella le sonrió y entrelazó sus brazos.

—En nuestra isla tropical donde no tendrás que recordar usar pantalones.

Él le sonrió y ella intentó aplacar su alborotado cabello, algo inútil. Bajaron las escaleras juntos.

Amun estaba esperando abajo con Jenks, que presionó el botón para cerrar las escaleras cuando ellos bajaron.

—Buenos días, Bella.

—Buenos días, Amun —respondió ella amablemente.

Los ojos de él la escanearon.

—Te ves bien. Ese color te queda.

Estaba usando una blusa azul oscuro que Edward le había comprado porque él pensaba lo mismo.

—Gracias —dijo con frialdad. Y, por supuesto, fue el carro de él en el que terminaron subiéndose para ir al aeropuerto. Edward se sentó entre ellos y Jenks en el asiento del copiloto.

—Te traje otra copia del informe —le dijo Amun, moviéndose frente a Edward para darle el archivo.

—Gracias. Lo leeré en el avión. —Bella se lo puso bajo el brazo.

—¿Has volado antes?

Bella escondió una sonrisa.

—No en un avión.—Miró a Amun por el rabillo del ojo para ver cuál sería su reacción, pero él se mantuvo impasible, ilegible.

—Creo que te gustará mi avión —dijo—. Mucho más cómodo que vuelo comercial. Incluso tiene una habitación por si gustas tomar una siesta.

—Oh, encantador. Quizá Edward y yo podamos unirnos al Club de las alturas*.

Eso le sacó una reacción. Él frunció el ceño y retrocedió.

Edward le dio un apretón a la mano de ella.

—¿Qué es el Club de las alturas? —Ella podía decir, por el destello en su mirada, que él ya había leído la respuesta en su mente, pero Bella se lo explicó alegremente mientras Amun miraba al frente con la mandíbula apretada.

El avión de Amun era enorme, mucho más grande que un jet comercial. Estaba pintado de gris oscuro; era parte del sistema de ocultación, una pintura que absorbía las ondas de radar en lugar de reflejarlas. Un conjunto de escaleras habían sido acercadas a la puerta y los Dotados ya estaban subiéndolas. Los que pertenecían a la tripulación de Jenks esperaron al pie de las escaleras por su líder, un pequeño gesto de lealtad. Bella se percató de que eso le causó impacto a Jenks.

Subieron las escaleras, que a Edward no le gustaron porque no podían ir lado a lado como él habría preferido. Su instinto le decía que debía ir primero, para proteger a Bella de peligros desconocidos en una nueva locación, pero no le gustaba la idea de Amun detrás de ella. Finalmente Bella decidió subir las escaleras primero con Edward detrás de ella. Escuchó a Amun reír como si hubiera disfrutado el conflicto obvio de Edward.

El interior del avión se veía como una sala lujosa y bien decorada. Sofás de piel color crema estaban esparcidos alrededor de la cabina con mesitas de madera y lámparas puestas sobre éstas. La única diferencia con una habitación normal era que estaban atornilladas al piso, cubierto con exuberantes alfombras orientales. Paredes de mamparas con pequeños pasillos de cada lado dividían el espacio en múltiples habitaciones, pero aun así tenía un brillo cómodo.

Había una pintura hermosa en una de las paredes de un puente sobre un arroyo. Bella se detuvo a admirarla por un momento.

—¿Te gusta? —le preguntó Amun—. Monet.

Bella no pudo evitar impresionarse.

—¿En serio? ¿Un Monet de verdad?

Amun sonrió, sus dientes brillantemente blancos en contraste con su piel color caramelo.

—De verdad.

—Bella, estamos bloqueando el pasillo —dijo Edward.

—¡Oh! —Bella retrocedió y se sentó en uno de los sofás. Edward se sentó junto a ella. Jane se acercó saltando con los ojos brillando de emoción.

—Bella, tienes que ver este lugar. ¡El baño tiene una ducha de verdad y hay una cama enorme allá atrás!

—Luego de despegar iré a explorar contigo —le dijo Bella—. Toma asiento y ponte el cinturón de seguridad.

—¿Qué hay de Dave? —preguntó Jane. Dejó al cachorro junto a ella y examinó dudosamente el cinturón.

—Yo lo cargaré —dijo Edward—. Será igual de seguro que un cinturón.

Dave saltó al regazo de Edward y se puso de pie para lamer su barbilla mostrando respeto. Bella recargó la cabeza en el hombro de Edward y obtuvo también ella una lamida antes de que Dave se acomodara en el hueco del brazo de Edward. El asiento era tan suave como una nube y estaba muy cómoda. Edward la envolvió con su ala, y Bella se acurrucó en la calidez y seguridad del abrazo de su ángel. Tan cálido. Tan cómodo…

Bella.

Bella.

Bella se sentó, mirando a su alrededor con confusión. Estaba acostada en una cama de dosel blanco con serpentinas de gasa que se agitaba con la brisa. Podía ver ondulados campos de viñedos a través de los arcos abiertos en la pared. Parecía que había caído dentro de una pintura de un restaurante italiano. Bella se rió ante ese pensamiento. Estaba soñando, se dio cuenta, pero qué sueño tan extraño.

Edward entró a la habitación, su pecho desnudo brillaba con la luz del sol que entraba por las ventanas. Sus alas eran invisibles; parecía ser tan simple como un humano.

Quizá se supone que tú eres un olivero y yo soy tu esposa —dijo Bella.

Está bien para mí —respondió Edward. Se acercó y se arrodilló en la cama junto a ella, y Bella envolvió los brazos en su cuello. Las manos de él bajaron suavemente por los costados de ella antes de deslizarlas a su espalda y bajarlas para acunar su culo.

Oh, Bella —susurró. Los besos de él eran suaves y cálidos sobre la cara de ella antes de que bajaran por su garganta y luego hacia el pedazo de piel revelado por el escote de su vestido. Bella gimió y se arqueó contra él.

Edward, Edward, te amo.

Las manos de él bajaron a sus muslos y subió su falda; sus manos estaban calientes sobre su piel desnuda. Ella abrió los ojos y le sonrió, y su caliente mirada negra quemo dentro de su alma.

¿Negra?

¿Sus ojos eran negros?

Bella intentó alejarse. Algo no estaba bien.

Él le sonrió y jaló sus caderas hacia abajo sobre la cama. Bella bajó la vista y vio sus manos color caramelo contrastando con su pálida piel.

¿Caramelo?

Intentó hablar pero no salió ninguna palabra. El cabello de él se estaba oscureciendo, ella lo veía cambiar hasta quedar de un negro carbón, igual que sus ojos.

Intentó gritar.

Botón por botón él abrió la parte de enfrente de su vestido. Su cara estaba cambiando, la mandíbula se hacía más grande, la frente se empequeñecía, y ahora era la cara de Amun la que se inclinaba sobre su cuerpo. Ella estaba paralizada, congelada.

¡Edward! ¡Edward! Gritó en su mente.

La pared de la habitación explotó y Edward entró de golpe con su espada flameante en mano. Atacó contra Amun y…

Bella se despertó, jadeaba con terror. Edward la tenía en brazos pero, ¿de verdad era él? Bella se removió.

—Shh, nena, te tengo —dijo Edward, y un cálido alivio surgió a través de ella. Era él, era su calor, su aroma, su voz, las suaves plumas de sus alas contra su brazo—. Lo siento —susurró él—. No podía entrar.

Bella miró a su alrededor. Jane estaba dormida en el sofá frente a ellos con Dave echo bolita frente a ella. Vio a Esme leyendo en otro sofá en la parte de enfrente del avión y Jenks estaba sentado con Collin frente a la enorme televisión en la pared, jugando videojuegos. La normalidad de todo detuvo su acelerado corazón. Respiró profundamente.

Y entonces vio a Amun. Estaba recargado contra la mampara, sus ojos brillaban al verla con esa sonrisita malvada tirando de sus labios. Bella cerró los ojos y se enterró en el pecho de Edward.


*Bombardero Furtivo es un bombardero estratégico polivalente desarrollado en Estados Unidos por Northrop Corporation con tecnología furtiva de «baja visibilidad» capaz de penetrar defensas antiaéreas para desplegar armas tanto convencionales como nucleares.

*Club de las alturas o Mile High Club es el "club" de las personas que han tenido relaciones durante un vuelo.


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