CONTINUACIÓN DE "NAMASTE I" CAP.10
Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.
Advertencia: Violencia, lenguaje, juramentos varios, alcohol...
NOTA: Éste oficio en concreto va a ocupar varias entregas, os lo aseguro desde ya, más que nada porque fue el precursor de toooda esta locura, la razón de ser de este crack!fic. El trabajo en cuestión aún tardará en aparecer pero... lo hará, lo averiguaréis y espero que os guste.
Namaste II
Miró con exasperación el sobre blanco en su mano. Pensaba que con un poco de suerte teniendo en cuenta la lata de sardinas en la que vivían temporalmente, que no les llegarían a encontrar para así entregarle la maldita notificación.
El sello del Juzgado le arrancó una muesca de disgusto e incomodidad. Abrió el sobre con el cuchillo que llevaba atado al cinturón y leyó la carta. "Señor Dixon"… Bla bla bla "Los hechos sucedidos durante la noche del…" Y más gilipolleces que no venían a cuenta. "… Por los cargos de desórdenes públicos, embriaguez…" Alzó las cejas ante la lectura de los cargos que le imputaban. No sabía mucho de derecho o leyes, su hermano tampoco más bien él era un experto en saltárselas, pero no sonaba nada tranquilizador. Que fuera la primera vez que le detenían tenía que servir de algo en su favor, ¿no? No era un ciudadano modelo pero tampoco era un desecho de la sociedad que cada dos por tres daba con sus huesos en el asiento trasero de un coche policial.
Dejó la carta sobre la destartalada mesa que les servía como lugar para comer, cenar, beber y lo que pudiera imaginar Merle cuando lograba arrastrar a alguna mujer a aquel antro.
Abrió la pequeña nevera y cogió una cerveza del pack de seis medio vacío que había en una de las baldas. Con ella en la mano se fue directo hacia su diminuta habitación, cerró la puerta tras de sí y se sentó en la orilla de su desecha cama. Abrió la lata y le dio un largo trago, secándose los labios con el dorso de la mano. Se tumbó en el colchón, la cerveza acomodada sobre su estómago, su mano izquierda rozando de forma errática la pequeña cicatriz sobre su ceja cerca del nacimiento del pelo. Su pulgar rozaba el canto de la cerveza entre sorbo y sorbo, su mirada fija en la madera descascarillada del techo.
Pequeños flashes de lo ocurrido aquella noche en el bar acudieron a su cabeza, haciéndole recordar el tacto del palo de billar contra la palma de su mano, sus dedos crispándose en torno a él cuando aquel capullo había intentado asfixiarle.
Se pasó una mano por debajo de la nariz, rascándose la incipiente barba en sus mejillas pensando que seguro que aquel gilipollas no había recibido una jodida notificación por haber intentado matarle. Siempre igual. Allí donde su nombre estuviera implicado, el de su familia, lo más normal era pensar que ellos eran los culpables y quienes habían empezado la pelea.
Ahogó una carcajada amarga en un nuevo trago, arrancándole un ataque de tos que logró aplacar tras incorporarse en el colchón, su cabeza vuelta hacia el suelo, apoyado en su costado.
Terminó la cerveza y escuchó su tintineo metálica al chocar contra el suelo entre algunas prendas de ropa sucia y otras cervezas vacías. Miró el desastre y pensó que quizá ese momento era el mejor para deshacerse de tanta mierda, Merle no tardaría en volver de donde quiera que fuera.
Se levantó de la cama y comenzó a hacer acopio de cervezas y botellines vacíos, revistas antiguas, periódicos viejos y demás porquería que encontró por el camino. Lo metió todo en una bolsa de plástico y lo sacó al frente de la caravana donde se encontraban.
A punto de entrar de nuevo, una palma se estrelló contra su omoplato provocando que se diera de bruces contra el canto de la puerta. La risa estridente de Merle le enfureció más que el propio golpe que no había sido delicado en absoluto.
- ¡Maldita sea, Merle!- Se quejó Daryl dándole un manotazo al brazo que su hermano intentó echar sobre sus hombros de forma amistosa.
- Oh, vamos hermanito, ha sido un leve roce.- Dijo con una mueca el mayor de los Dixon empujándole a un lado para poder entrar en la caravana.
Sus pasos resonaban con fuerza sobre el suelo de la caravana a medida que se acercaba al inmundo sofá frente a la diminuta televisión que habían logrado conseguir en una tienda de segunda mano.
Daryl cerró la puerta frotándose la nariz, mosqueado aún por el golpe de su hermano. Éste colocó los pies sobre la mesa, no sin antes recuperar la carta que allí había.
- Por una vez no es a mí a quien buscan, ¿eh, Darylina? Ya estabas tardando… Pensaba que te habían lavado el cerebro esa pareja de testigos de mierda que habían pasado por aquí… -Merle rio quedo leyendo el contenido de la carta, intercalando de vez en cuando alguna que otra carcajada y mirando a su hermano con sorna.
Daryl apartó los pies de Merle de la mesa de un manotazo y se sentó en una banqueta con una nueva cerveza en la mano.
- ¿Dónde está la mía?- Le preguntó Merle arqueando la ceja mientras él bebía en silencio. Daryl le señaló la nevera con el mentón.- ¿Dónde están tus modales, hermanito?
- Junto a los tuyos.- Farfulló Daryl con desgana apoyando la espalda contra la pared, piernas estiradas, una mano abrazándose a su estómago mientras bebía.
Merle le dio un puntapié a su bota haciendo que el trago de cerveza corriera por su mentón. Rio con ganas mientras se alejaba hacia la nevera en busca de una bebida para él. Daryl se terminó la suya y esperó a que hablara.
- ¿Te bebiste la última?- Daryl se encogió de hombros y entretuvo sus ojos en lo que sus manos habían encontrado para entretenerse: agrandar el agujero de su pantalón sobre su rodilla. - ¡Mírame cuando te hablo!- Le espetó Merle recorriendo la distancia que les separaba y cogiéndole del pecho de la camisa que llevaba puesta, acercando sus caras.
- ¡No me di cuenta! ¡Suéltame, joder!
Daryl se revolvió logrando darle un empujón a su hermano que hizo que cayera de espaldas sobre la mesa, rompiéndola con su peso. El menor de los Dixon tragó grueso, su cuerpo rígido y su mirada clara fija en la ira que rezumaba de los ojos de su hermano. Había sido una muy mala idea aquel empujón y aquella puta cerveza.
El tintineo de la campanilla anunciando su entrada al local arrancó un escalofrío del cuerpo del menor de los Dixon. Su mirada se clavó de forma inicial en el punto más alejado del mostrador del local, pero cuando percibió la sensación inconfundible de ser el centro de atención de alguien, se volvió hacia él.
- ¿Qué coño estás mirando?- Le preguntó con veneno al chico tras el mostrador quien se disculpó con voz tartamuda, ajustándose la visera hasta ocultar sus ojos de él. – Maldito pueblo de los cojones…- Farfullaba para sí mismo internándose entre las estanterías, acercándose a la zona de las bebidas alcohólicas.- Puta manía de meter las narices donde no les llaman.
Abrió con violencia la puerta de la nevera frigorífica y cogió un pack de cervezas. Al cerrar con la misma fuerza la puerta pudo ver su reflejo en el cristal. El porqué de la curiosidad del dependiente, era más que evidente en su labio partido y el moratón que comenzaba a hacerse visible en su ojo izquierdo. Puto Merle y su puta manía de darle de hostias cuando era culpa suya que no quedara más cerveza. Lo que estaba haciendo él en ese instante, lo podía haber hecho su hermano… Pero seguro que lo que fuera que se hubiera metido no le dejaba recordar poco más allá de su nombre, y que él era su hermano. Joder, había veces que incluso dudaba que se acordara de que lo era.
Paseó entre las estanterías sopesando los pocos billetes que tenía en el bolsillo e intentando hacer memoria sobre lo poco que les quedaba en casa. Por llamarlo de alguna manera, claro.
Cogió dos paquetes de comida precocinada que parecía no iba a provocarles una úlcera si la comían y un paquete de ganchitos. A Merle le encantaban esas mierdas, y si volvía sin ellas, iba a terminar con otro ojo morado o similar. Ya tenía suficiente con uno y el aún pulsante dolor en sus costillas de la refriega en el bar.
- No te tomaba por una ama de casa.
Daryl crispó los dedos contra la bandeja de plástico con su cena, sus nervios a flor de piel. Prefirió ignorar al dueño de la voz que le había hablado y siguió caminando entre los estantes en dirección al mostrador.
Podía escuchar sus pasos a su espalda, siguiéndole, encendiéndole aún más. Resopló por la nariz soltando los productos delante del chico quien se encogió por el repentino golpe. Daryl sacó los billetes del bolsillo y comenzó a contarlos junto a las monedas.
- Son… 9 dólares y cincuenta centavos.- Dijo el dependiente en voz baja sin levantar la mirada de la bolsa en la que estaba metiendo su compra.
Daryl le dio un billete de diez dólares y esperó. Podía escuchar su respiración y casi sentirla contra su nuca. El muy hijo de puta le estaba provocando al no mantener la puta distancia que todo el mundo sabía debía guardar.
- ¿Te importaría dejar de respirar en mi puta nuca?- Espetó mirando de soslayo por encima del hombro, encontrándose con la sonrisa inocente del policía. - ¿Te falta mucho o tengo que buscarme yo el jodido cambio?
Sabía que el chico no tenía ninguna culpa pero había visto gente más rápida contando monedas. Joder, sólo tenía que darle cincuenta centavos.
- Dale un respiro al chaval, Dixon.- Dijo el agente rozando su hombro con el de él al echarse hacia delante para hablarle junto al oído.
Daryl se revolvió, dándole un empujón con el hombro recuperando su espacio personal. Ambos se miraron en silencio, Daryl con el ceño fruncido y el agente con una sonrisa de medio lado mostrando parte de sus dientes. El muy cabrón estaba disfrutando.
- ¿Algún problema agente?- Preguntó Daryl envalentonándose, dejando que la ira acumulado recorriera de nuevo su cuerpo entero, dando un paso en dirección al policía.
- Yo ninguno, ¿y tú chaval?- Los dedos de su mano izquierda se cerraron en un puñetazo, tal y como lo habían hecho horas antes cuando se había peleado con Merle en el suelo de la caravana.
- Imbécil.- Farfulló entre dientes dándole la espalda, no queriendo darle la razón.
- Su cambio, señor.- Dijo el dependiente con algo más de confianza dándole las monedas que el arrancó de sus dedos con brusquedad. – Que tenga un buen día.- Le dijo cuando se alejaba hacia la puerta acristalada.
- Disfruta de tus últimos días de libertad, Dixon.
El tintineo de la campanilla junto con las palabras de aquel snob sin uniforme, congelaron sus pasos en el hueco de la puerta abierta. Estaba intentando sacarle de sus casillas, apretándole las tuercas lo suficiente para que saltara.
- Estoy seguro de que los amigos de tu hermano te cuidarán bien entre rejas.
Minutos más tarde cuando sintió los brazos de alguien empujarle hacia atrás sintió todo a su alrededor girar sin sentido alguno. Se inclinó sobre sí mismo boqueando como un pez en busca de aire, revolviéndose contra el pecho de quien fuera que le hubiera puesto una mano encima. Clavó su mirada en sus manos acomodadas en sus rodillas viendo la sangre pegada en los nudillos. ¿Qué diablos había pasado? Desvió la mirada hacia el suelo encontrándose con el cuerpo magullado del agente. ¿Cómo coño…? Parpadeó confuso, dando un paso en dirección contraria apoyando la espalda contra la amplia cristalera del escaparate.
No entendía nada. ¿Qué había pasado? Lo último que recordaba era que aquel capullo le había insinuado sobre una próxima estadía en la cárcel y después… Cerró los ojos respirando de forma errática y acelerada, parecía que el aire no quería entrar en sus pulmones.
- Hey, tío, tranquilo, respira.- Daryl abrió los ojos encontrándose con el policía rubio que había intentado fingir ser su amigo en la sala de interrogatorios. ¿Cómo se llamaba? ¿Perks, Parks?- Respira hondo, con calma.- Le decía él y apoyó una mano sobre su hombro. Daryl la apartó con violencia dando varios pasos alejándose de él.- Vale, no te toco.- Le dijo el policía con calma mirándole con cierta preocupación. - ¿Estás bien?
- El muy paleto es un puto animal…- Siseó entre dientes el agente tendido en el suelo, secándose la sangre de la nariz con el bajo de la camiseta blanca que vestía.- ¿Has visto cómo me ha puesto?
- Por tu… puta… culpa…- Decía Daryl de forma entrecortada luchando por mantener a raya su respiración. ¿Qué cojones le estaba pasando?
- No hables y respira profundamente, será mejor. – Le dijo Parks volviéndose hacia su compañero sin quitarle del todo la vista de encima al cazador.- ¿Qué coño ha pasado?
El tío estaba a punto de largarse, y de repente se ha abalanzado sobre mí como un oso.- Daryl dio varias zancadas en su dirección, mandíbula prieta y rostro airado.
- ¡Tú me provocaste, imbécil!- Le espetó Daryl dándose de bruces con el cuerpo de Park quien se interpuso entre ambos.
- ¿Es eso cierto?- Preguntó el agente a su compañero herido quien se esforzaba en ponerse en pie entre gestos de dolor. Apoyó su cadera contra el mostrador mirándole a Daryl.
- Yo no he hecho una mierda.- Aquello hizo que Daryl quisiera empotrarle la cabeza sobre el mostrador de cristal una y otra vez, pero Parks se lo impedía.
- No sé por qué, pero no me lo creo, Nate.- El aludido alzó las cejas sorprendido mirando a su compañero. Daryl desvió sus ojos hacia el rostro del agente que parecía haberse posicionado de su parte.
- ¿Vas a creer a esta escoria antes que a mí, a tu propio compañero?- Dijo el castaño mirando al menor de los Dixon con desdén.
- Escoria lo serás tú, capullo de mierda.- Contraatacó Daryl sin moverse de su posición tras la espalda de Parks.
- Nate, porque te conozco, es que lo digo.- Dijo sin caer en la trampa de su compañero y sin alterar lo más mínimo su tono de voz.
Daryl se mordió el labio inferior saboreando la sangre pegada a él, ahí donde el policía había abierto la vieja herida que aún no había terminado de cicatrizar.
- Ha agredido a un agente de la autoridad.- Nate se relamió los labios irguiéndose, alzando el mentón desafiante.- Tiene que pagar por ello.
- ¡Pero ha sido culpa tuya! ¡El crío lo sabe!- Gritó Daryl señalando al dependiente que no sabía dónde meterse para huir de aquella confrontación.
- ¿Qué has visto chaval?- Le preguntó Parks al chico quien se ruborizó bajo su gorra calada.
- Yo… No he visto nada, lo siento.- Daryl abrió los ojos como platos. ¡Cómo no el muy niñato no quería enemistarse con la policía! De puta madre.
- ¿Estás seguro?- Insistió el agente, ganándose un golpe en el antebrazo de su compañero.
- Si el chaval dice que no ha visto nada, es que no ha visto nada.
El rubio se pasó una mano por el pelo hasta descansar en su nuca, su mirada bailaba de uno a otro hombre sin despegar sus miradas entre ellos.
- Puedes largarte.- Le dijo finalmente el policía a Daryl quien logró contener su rostro de alivio. No le debía nada y no iba a dejarle creer que estaba agradecido por darse cuenta de lo gilipollas que era su estúpido compañero.
- ¿Vas a dejarle marchar después de haberme partido la cara?- Gritó Nate furioso.
- Te lo buscaste…- Dijo Daryl en voz baja entre dientes provocándole más aún.
- ¡Pero!- Gritó el rubio haciéndose oír entre las maldiciones y promesas de huesos rotos enmascaradas tras las palabras de ambos.- Voy a tener que dejar constancia de ello en tu expediente y… No creo que te vaya a ayudar mucho en tu caso con lo que pasó el otro día.
- Hijo de puta…- Murmuró Daryl cerrando los ojos agachando la cabeza. Por su puta culpa, por la suya propia y la de ese capullo con placa iban a joderle la vida.
Éste capítulo quedó algo más cortito que el anterior pero es lo que salió en su día y de momento ahí va a seguir hasta que reconecte un poco con "este Daryl".
Hace mil años que tenía esto aquí para subirlo y nunca he llegado a hacerlo O.o misterios de la vida, supongo...
Mil gracias por vuestros reviews varios que vais dejando en los diferentes episodios en los que no pedís mi cabeza en una bandeja de plata. No os merezco jajajaja
¡Espero no tardar en volver por aquí de nuevo, Dios sabe con qué! Aunque si soy franca, alguna cosilla ya ando fraguando en mi mente muahahaha
