Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.
Summary:
"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."
CAPÍTULO VEINTIUNO
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Las manos de Edward estaban sudando mientras conducía directo a la oficina de Bella; su labio inferior estaba siendo masacrado por sus dientes y no se daba cuenta de que estaba a punto de hacer que corriera un poco de sangre. ¿Por qué estaba tan nervioso de lo que Bella podría decirle sobre la llegada de Chelsea? Ella nuca le había dado indicios de que se podría enojar por la mención de Chelsea… Ni siquiera tocaban el tema.
Dejó salir casi todo el aire de sus pulmones cuando estacionó el auto junto al de Bella y por el espejo retrovisor observó como el auto negro que conducía Acher se estacionaba junto a una camioneta un poco más alejada.
Al salir, Edward se limpió las manos del sudor en sus piernas cubiertas por janes y dio unos pasos a Acher, de inmediato, el sujeto enorme salió del auto y se reunió con él.
—Señor.
—Por favor, ve al colegio de Niklaus, no te muevas de allí hasta la salida. Su madre pasará esta tarde por él, probablemente ella siempre lleve su seguridad pero no quiero que te apartes de Niklaus, diga lo que diga ella. ¿Entiendes?
Acher asintió sólo una vez. Nunca se podía saber cuál era su expresión, por las enormes gafas de sol que tenía puestas.
—Entendido señor.
—Gracias, Acher —Edward le devolvió un suave asentimiento y se volteó en dirección al piso de Bella. Ella le había dicho que podía encontrarla allí a esa hora, así que eso probablemente era verdad, para la mala suerte de Edward.
Al entrar al edificio, fue saludado por todos los habitantes con bastantes sonrisas. Edward no quería parecer un cretino, por supuesto, y cada vez que entraba saludaba a todos de manera entusiasta también, regalándoles sonrisas. Pero esta vez, caminó de manera apresurada y sin voltear la mirada a alguna persona en específico. Cuando las puertas del ascensor se cerraron su mirada estaba sobre el suelo, mirando sus zapatos.
Justo cuando las puertas se abrieron, Edward alzó a mirada, divisando la gran puerta de madera e la oficina que tenía Bella allí. Se dirigió con paso decidido esta vez, tocó un par de veces y sin recibir respuesta entró, encontrando a Bella dando la espalda a la puerta, mirando por el ventanal y con el teléfono en el oído, conversando. Su voz era firme y decidida. Ella daba las indicaciones y si no recibía la respuesta que esperaba hacia lo que sea para que así fuera y todos los negocios marcharan como ella quería.
Bella logró divisar la figura de Edward por el reflejo del ventanal pero ni siquiera sonrió porque estaba demasiado metida en el asunto en el teléfono. Finalmente, cuando la llamada terminó, una sonrisa amable se posó en su labio y se despidió con un: Gracias, hasta luego.
—Tu sonrisa de hipócrita puede llegar a ser un poco diabólica —dijo Edward, haciendo escuchar su voz por primera vez sin tomar asiento en no de los elegantes sillones frente al escritorio de Bella. Su mirada se posó por un momento en el pupitre individual y regresó a su novia.
—De eso se trata. Por eso se llama hipócrita.
—Espero nunca recibir una así.
—Sigue portándote bien y no habrá problema —sonrió, mostrando sus dientes y se acercó al escritorio, sentándose en el borde.
Él, sonriendo porque Bella sólo había tenido su momento de mujer dura con la persona detrás del teléfono y se acercó a ella, colocando sus manos en el borde también, de manera que sus cuerpos quedaron muy pegados. A Bella se le cortó la respiración por tenerlo demasiado cerca y después de mirarlo a los ojos, juntó sus labios durante unos segundos, cerrando sus ojos y después se separó, sonriendo.
—Y dándome más noches como la de ayer —agregó en voz baja.
Edward se tensó en su lugar y después Bella le empujó para poder moverse y colocarse en su cómodo sillón de color negro. Hizo un gesto con su mano para que se sentara y él obedeció de inmediato.
—Seamos serios ahora.
—Sí… sobre eso —Edward carraspeó incómodo y se removió en su lugar, recordando el motivo por el cual estaba tan nervioso en el camino del estadio a la oficina—. Necesitamos hablar de algo importante.
Bella le miró en silencio durante unos segundos, estudiando su expresión sin revelar casi nada. Ella era buenísima escondiendo algunas veces sus expresiones y le gustaba porque eso le servía en este tipo de situación.
—Te escucho.
—Verás… el día de ayer, mientras estaba en el gimnasio, tuve una llamada de Chelsea, la mamá de Niklaus. Me dijo que estaría aquí en Londres y me dijo también que quería ver a Niklaus, es por eso que el día de hoy ella lo recogerá en el colegio… Niklaus está muy emocionado por eso, hace casi medio año que no se ven y a él le hace mucha ilusión —la voz de Edward temblaba un poco a la hora de hablar, sin embargo, su mirada nunca se apartó de Bella—. Y Niklaus quiere que ustedes "se conozcan".
—Estaba enterada de la llegada de Chelsea —dijo Bella en tono casual mientras removía algunas papeles que estaban frente a ella—. Entiendo que no hubo tiempo para mencionarlo porque el día de ayer estábamos con Niklaus y luego pasó lo que pasó en mi departamento —Edward sonrió al recordarlo—. Y también puedo darme cuenta de que no es algo que te hubiera gustado decírmelo por teléfono. Esperaba esto, pero no esperé que fuera uno de los primeros temas de conversación.
—Necesitaba decírtelo pronto, todo el camino, mientras conducía hasta aquí estaba demasiado nervioso y mis manos estaban sudando… Odio que me suden las manos.
Bella sonrió con cierta simpatía y se acercó hasta lograr recargar sus codos de manera cómoda sobre la superficie de su enorme escritorio, mirándolo y se mordió el labio.
— ¿Por qué estabas tan nervioso? ¿Realmente creías que iba a enojarme por algo como eso? Es normal, sé que nunca hablamos de la mamá de Niklaus pero no lo creí necesario, al menos no ahora. Sé cuál es mi roll aquí y también sé cuál es el suyo. Me comporto de una manera maternal con él porque lo quiero mucho. Es un niño fácil de querer, lo sabes. No tienes nada de qué preocuparte… Y si Chelsea comienza a querer hacerme enojar, no sé cómo voy a responder.
— ¿Por qué eres tan perfecta?
Bella bufó.
—Estoy hablando enserio, Edward.
—Lo sé, yo también hablo enserio. ¿Puedes decirme porque eres tan perfecta?
—Probablemente sea porque no había gente perfecta en el mundo —se encogió de hombros, decidiendo tomar ese momento un poco fuera de tensión.
—Sí, lo supuse. Pero recuerda que también yo soy perfecto.
—Son los abdominales, nada más.
Edward sonrió como un chiquillo y sacudió la cabeza.
—Si tú quieres creer eso…
—No es más que la verdad.
—Ya, de acuerdo, basta de despreciarme y sólo amar mis abdominales —carraspeó y se irguió en su lugar—. Necesitamos hablar de otra cosa.
— ¿La Semana de la Moda?
— ¿Cómo jodidos lo sabes?
—Me llega la lista de invitados. Sé la verdadera razón por la cual Chelsea decidió venir aquí, es sólo una parada para después viajar a Nueva York. Antes de que lo preguntes… yo no tengo ningún problema con que ustedes vayan, ¿bien? No soy una novia celosa, para tu suerte.
—Me gustan las mujeres celosas.
Bella agitó la cabeza, lanzándole un lápiz.
—No, realmente no te gustan. No sabes de verdad como es una mujer celosa. Lo que si no quieres verme enojada.
Él tragó pesado, recordando la charla que ella había tenido unos momento atrás por vía telefónica.
—No, realmente no quiero.
—Bien —asintió—. ¿Algo más para agregar antes de hablar de todo lo que harás el próximo mes?
—Le comenté lo de Chelsea a Klaus ayer en la cena. Es obvio que se puso demasiado contento porque por fin vería a su mamá —Bella tragó pesado al escuchar esas palabras. No podía imaginarse tan contento a Nik porque su mamá fuera a visitarlo ¡y después de medio año! Tragó el nudo de la garganta y siguió prestando atención—. También le comenté acerca de la Semana de la Moda como me lo habías dicho, y Chelsea quiere llevarlo también. Él está demasiado contento con ir los tres juntos. No recuerda muy bien cuando fue la última vez que nosotros salimos juntos y la verdad es que yo tampoco, pero quiere hacerlo ahora —Edward suspiró y se frotó las manos en el rostro—. Así que le dije que lo llevaríamos… ¿puedes creer el poder que tiene Chelsea sobre él? Mi hijo detesta realmente esa cosa de las pasarelas, y esa mierda… y por Chelsea asistirá a una, ¡ella ni siquiera le va a prestar demasiada atención!
—Edward…
—Él sólo se conformará con tenernos a los dos tomando cada una de sus manos.
—Cariño, no…
— ¡Y va a estar demasiado feliz porque las demás personas le van a ver con sus padres! ¡Juntos! ¡Finalmente!
—Edward, amor…
— ¿Por qué tiene que ser tan perra? ¿Por qué no simplemente habla con él como debería hacerlo una madre? ¡Tú pareces más su mamá que ella! ¿Sabes cuanta gente me ha dicho eso últimamente? Alice me lo dejó claro con un mensaje de texto enviándome una foto que estaba en internet. Tú y Niklaus, afuera del colegio. '¿Qué es lo que observas al ver esa foto?', puso, 'Yo veo a una mamá y a su hijo' —Edward tragó pesado de nuevo—. Esto es demasiado difícil… Yo sé que tú no tienes ninguna responsabilidad sobre él, pero eres la única persona a quien él escucha verdaderamente… a mí no me escucha, ¿Cómo es que le voy a explicar todo eso?
Bella estaba un poco intimidada por lo que Edward le estaba confesando en esos momentos. Ella estaba bastante segura de que él necesitaba decir todas esas palabras para poder liberarse. Ella era la persona con quien él podía abrirse y decirle todo lo que pensara. En silencio, se puso de pie y rodeó el escritorio para ir donde estaba él y colocarse al frente, pasando sus brazos por sus hombros, abrazándolo a sí misma. Edward inmediatamente colocó su rostro sobre su estomago como un niño pequeño y le abrazó la cintura en silencio.
—No me molesta ser vista de esa manera —murmuró Bella finalmente después de unos minutos en esa posición—. No me molesta ser vista como la mamá de Niklaus, al contrario, si él me considera así no tengo ningún problema. Yo soy demasiado joven para tener un niño de su edad… pero me encanta la idea de ser como su madre a pesar del poco tiempo que llevamos juntos, los tres. —Edward se mantuvo en silencio, respirando el aroma que Bella desprendía—. ¿A ti no te agrada que sea vista de esa manera? Puedes decírmelo. Aunque no creo que eso cambie mi actitud con Niklaus —sus delgadas manos pasaron por el cabello de Edward, acariciando lo suave que estaba—. Ni siquiera Chelsea va a ser que yo me porte diferente con él.
—No me molesta que no te moleste que te vean como su mamá —habló finalmente y se separó sólo un poco dejando su frente contra el firme estomago de Bella—. Pero, al igual que tú, sé que ha sido poco tiempo. Estoy seguro de cuanto te quiero. Y Niklaus también te quiere mucho, él me lo ha dicho. ¿Cuando fuimos donde tus papás? Él me dijo que te miraba como una mamá, pero pensó que si te lo diría probablemente te molestarías —suspiró y la sostuvo más contra él—. Lamento hacerte pasar por todo esto, nena.
Ella sonrió ligeramente y siguió acariciándole los cabellos.
—Si no, mi vida iba a ser muy aburrida.
—Eso es mejor a abrumarte con todas estas cosas.
—No, porque no te tendría a ti —separó su cabeza de ella y se inclinó—. Deja de torturarte, ¿sí? Todo va a salir bien, soy lo suficientemente inteligente como para saber lo que ella está tramando. Hablaré con Niklaus después, también. Ustedes tres van a ir a Nueva York, y yo también tengo que ir porque es mi deber. Pero no va a pasar nada, ¿de acuerdo?
—Quieres decir que… ¿actuaremos como si no nos conociéramos? —la voz de Edward sonó un poco histérica—. Bella, yo no creo que eso…
—Está bien, no tengo ningún problema, además, así no se hablará mas de nosotros. Puede que lo hagan… pero no me van a ver como una víctima o algo así. Lo único que tienes que hacer es negar cuando te digan que tienes una relación con ella.
—Y afirmar que tengo una relación contigo —agregó él.
—Es mejor si no dices nada más —se inclinó y le dio un beso en los labios—. Todo va a salir bien, tranquilo, sólo asistirás a un desfile de modas, puedes regresarte después, no es necesario quedarte todo el tiempo.
—No lo iba a soportar —bufó y un poco más relajado esta vez, tomó una gran respiración, y las manos que tenía sobre las espalda baja de Bella, bajaron un poco más hasta colocarlas sobre su redondo culo. Bella sonrió y tomó un puñado de sus cabellos para que alzara la vista a ella.
— ¿Te encuentras mejor? —le preguntó de manera suave. De verdad necesitaba saber si él se sentía bien ahora que había dicho esas cosas. No le gustaba verlo preocupado, y menos saber que se estaba guardando las cosas.
—Estoy bien —asintió y después, en un movimiento rápido, la colocó sobre sus piernas, tuvo que subir su falda para poder abrir sus piernas y no romperla.
— ¿Sabes que no podemos tener sexo?
Edward hizo un puchero.
— ¿Por qué no?
—Porque tengo mucho trabajo. Estás involucrado en grandes cosas, además… ¿Sabes que Simon Fuller tiene los ojos en ti? Es una grandiosa oportunidad.
— ¿No te crees capaz de seguir conmigo?
—Sí, claro que sí. Pero debes saber el nivel de lo que estamos hablando. Eres el niño de oro del futbol británico, Edward, ¡eres un ícono! —él suspiro y dejó caer su cuerpo en el respaldo del sillón de cuero en el que estaba sentado—. Estoy dándote oportunidades.
—Tengo muchas oportunidades, lo sé. Y sé que esto es difícil, porque estamos involucrándonos, y no sólo nosotros dos, Niklaus también. Afecta en el trabajo, ¿cierto? —ella asintió—. No pienso dejarte, ¿sabes? Pero tampoco quiero que por mi culpa tú estés demasiado alejada de tu trabajo.
—En realidad, no puedo alejarme de ti y del trabajo. Trabajo para ti, ¿recuerdas?
—Prácticamente manejas mi vida, no trabajas para mí. Yo trabajo para ti. Soy el rostro bonito.
—Definitivamente tienes el ego muy grande —ella sacudió la cabeza y se inclinó de nuevo para poder besarlo—. Pero, señor Ego, debemos ponernos a trabajar. En tres semanas comenzaremos con el comercial.
— ¿Televisión abierta?
—Hasta ahora tengo entendido que sólo es Mtv. Esperemos que sea en televisión abierta, es mucho mejor.
—Claro, la gente podrá comprar más mi ropa y fragancias —le guiñó un ojo y ella le golpeó el hombro con fuerza—. Ouch, bien, esperemos que tomen conciencia de lo que decimos en el comercial y no sólo se queden mirándome y babeando.
Rodando los ojos, Bella se puso de pie rápidamente, alisando su falda en el proceso. Cuando pensó que estuvo un poco más presentable, fue a sentarse de nuevo en su lugar y lo miró casi de manera seria —no podía hacerlo mucho ya que él tenía una sonrisa juguetona en el rostro y eso le hacía querer lanzarse sobre él—. Tomó una respiración y comenzó a revisar sus papeles.
—Como ya sabes que odio esas cosas de la tecnología, decidí imprimir las cosas para no joder mi vista tan joven —dijo ella con una suave sonrisa y Edward sonrió divertido—. Aquí están algunas cosas que debes ver y analizar muy bien.
—Lo único que me importa es la gala benéfica de navidad.
—Sí, mi amor, pero eso todavía no está en los planes de corto plazo. Falta un poco, así que… es mi deber informarte sobre todas estas cosas.
— ¿Segura que no podemos hacerlo sobre tu escritorio?
—No —contestó firme, con la mirada sobre una hoja de papel.
—Ni siquiera puedo hacerte…
—No, Edward, no puedes hacerme sexo oral tampoco —sus mejillas se colorearon un poco y escuchó el bufido de Edward.
—Aguafiestas.
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—Joven Cullen, recuerde que debe tener esos deberes listos para el día de mañana —la voz de la profesora hizo que Niklaus detuviera su andar hacia la salida, donde todos los niños se estaban dirigiendo—. Además, debe cumplir con el castigo que se le otorgó por su travesura el día de ayer.
—No puedo —contestó de manera seria.
La profesora se quedó totalmente petrificada.
— ¿Qué ha dicho, joven Cullen?
—Mi mamá vendrá a recogerme el día de hoy. Me llevará con ella, no puedo hacer deberes.
— ¡Pero qué cosas dice!
Niklaus frunció el ceño y le miró como si estuviera loca. ¿Por qué alzaba la voz de esa manera? ¿Qué acaso no entendía lo que estaba diciendo?
—Es tarde, señorita Alberta… tengo que irme —volvió a dar un paso hacia la puerta pero la profesora lo detuvo de nuevo.
—Joven Niklaus, no puede descuidar sus deberes.
—Pero viene mi mamá…
— ¡Puede ver a su madre más tarde, joven Niklaus!
—No puedo, ella vino de Italia para verme —explicó con su ceño aun fruncido—. Papá me dijo que ella vino por mi hoy porque quiere pasar tiempo conmigo. Después se va.
Algo oprimió el pecho de la profesora y tomó una gran respiración. Ella no sabía muy bien acerca de la vida del niño, aun cuando más personas la sabían, no le importaba mucho el mundo del espectáculo. Era un niño demasiado pequeño, tenía seis años, y la vida con sus padres era complicada. Por lo que había dicho el pequeño, probablemente sus padres estaban divorciados. Pero ese no debía ser un motivo para que el pequeño descuidara sus deberes. Le estaban enseñando que por la situación en la que estaba, él podría descuidar ciertos aspectos.
Tendría que hablar con su padre otro día.
—De acuerdo, puede irse.
El niño sonrió marcando sus hoyuelos y salió corriendo de la habitación, jalando la nueva corbata que estaba alrededor de su cuello con frustración.
En cuando Niklaus salió por el pasillo a mirar las enormes puertas de madera principales, pudo distinguir una camioneta enorme e impecable. Había muchos a su alrededor, pero especialmente esa estaba al frente, obstruyendo el paso a los demás, y de esa camioneta estaba bajando una mujer delgada y alta, y usando tacones. Ella ni siquiera miró al hombre de negro que le habría abierto la puerta.
Niklaus pegó un gran salto al ver que esa mujer era su madre. Sus ojos se iluminaron y se lanzó contra la puerta, sin embargo, un delgado brazo lo detuvo por completo.
—Lo siento, pequeñín, no puedes salir a menos que alguien venga por ti —le dijo una mujer de mediana edad con una suave sonrisa.
— ¡Allí está mi mamá! —señaló a la mujer que caminaba por el camino directo a la puerta con bastante elegancia y mirando a los niños con cierto disgusto, por suerte, eso no se notaba ya que estaba usando gafas de sol.
—Lo siento, no puedes salir —repitió la mujer—. Ella necesita venir hasta aquí.
El niño le miró molesto, escuchando ya el familiar sonido de las cámaras fotográficas. ¿Por qué jodidos no le dejaba salir? ¡Ella era su mamá! Con frustración, y gracias a su rapidez y habilidad de los deportes, se agachó y de zafó del brazo de la mujer para poder ir corriendo donde estaba su madre. Corrió rápidamente, escuchando la exclamación de la mujer, bajó los dos escalones que estaban allí y chocó contra el cuerpo de su madre al llegar hasta a ella y abrazarla.
— ¡Kai! —Gritó bajito Chelsea mientras sus delgados brazos lo sostenían contra ella e intentaba no caer sobre su culo—. Ten más cuidado, Kai.
El niño, sin dejar de sonreír genuinamente, se separó de ella sólo un poco y asintió.
— ¡Mira, mamá! ¡Ya soy más grande! —Saltó un par de veces, haciendo que su mochila rebotara sobre su espalda—. Ya llego hasta tu estomago —lo tocó a la altura de su cabeza, totalmente risueño—. ¿Verdad que ya estoy muy grande, mamá?
Chelsea sonrió levemente al ver a su hijo. Él se parecía tanto a ella físicamente que era difícil no querer aceptarlo. Era la viva imagen de ella cuando era pequeña, sólo que en niño. Había sentido cosquillas en el estómago mientras era conducida hasta el colegio. Era su niño. El cual le había dolido y le había causado problemas durante siete meses. Sin embargo, no se sentía realmente como su madre.
—Sí, ya estás muy grande. ¿Quieres irte ahora?
— ¡Sí!
Ella lo tomó de la mano y le hizo un gesto a su guardaespaldas para que tomara la mochila del niño y la llevara dentro del auto. Justo cuando estaban a pocos pasos de subir al vehículo, el cuerpo de Acher apareció.
—Está bien, me lo llevaré, puedes decirle a tu jefe que yo le llamaré cuando lo regrese.
—Acher, me voy con mi mami Chelsea esta vez —habló Niklaus con su voz de niño contento.
—Lo siento, joven —dijo con su voz gruesa y se volvió a Chelsea—, señora, mi orden fue ir donde el joven Niklaus vaya. Sin apartarme de su lado.
Chelsea bufó.
— ¿Es que Edward no puede confiar en mi por un día? ¿Qué espera? ¿Qué me lo lleve y que jamás sepa de él? —Chelsea miró al niño—. Sube al auto, Kai —el niño obedeció de inmediato y la mujer volvió a mirar a Acher—. De acuerdo, sólo… no molestes demasiado.
—Sólo cumplo ordenes, señora.
—Bien, bien —ella agitó la mano, despidiéndolo—. Iremos al parque, no creo que haya un problema con eso, ¿cierto?
—No, señora.
—Bien, puedes retirarte.
Y en silencio, Acher se retiró para poder subir al auto, que no estaba tan lejos de allí. Con una sensación molesta, Chelsea subió al auto junto a Niklaus quien estaba quitándose la corbata.
— ¿Qué haces?
—No me gusta esto —dijo el niño con voz contenida, jalando el nudo de la corbata—. Me siento como un perro.
—Pero si se te ve bien… ¿te sientes como un perro que está siendo llevado a pasear? —ella se acercó a él y le comenzó a quitar el nudo de la corbata.
—Sí. Justo como Jake.
— ¿Quién es Jake?
Niklaus le miró con la boca abierta.
— ¿No sabes quién es Jake?
—Me parece que no, Kai, ¿quién es? —Ella terminó de quitarle la corbata y la dejó a un lado—. Vas a cambiarte esa ropa, ¿de acuerdo? No puedo llevarte al parque luciendo tu uniforme del colegio, he traído algo para ti.
—Kai es mi perro, mamá —contestó como si fuera lo más obvio y rodó los ojos mientras se sacaba la ropa—. ¿Vamos a ir al parque?
Ella sonrió levemente sin que su sonrisa llegara a los ojos y siguió sacándole la ropa a su hijo para poder colocarle la nueva.
—Iremos al parque a montar bicicleta, ¿Qué dices? ¿Sabes andar en bicicleta? Escuché que no te gusta ir de compras cuando estás conmigo —Niklaus se sonrojó fuertemente. Su padre le había traicionado diciéndole a su madre eso.
—Es que es aburrido, mami. ¿Tú subirás a una conmigo?
—Oh no —se apresuró a decir, lamentando no haber dicho eso antes. Le colocó rápidamente la nueva ropa, sin ni siquiera preguntarle si le agradaba. Ella tenía un impecable gusto para ello. Era una de las pocas cosas en las que ella y Edward eran compatibles: el buen vestir—. Yo no sé andar en bici, Kai, es por eso que yo te ayudaré a ti.
Niklaus miró los pies de su madre, poniendo atención que lo que ella llevaba eran zapatillas de mujer, y eran altas. Arrugó la nariz. Bella casi nunca ocupaba zapatillas, y cuando iba por el al colegio o al parque, siempre llevaba zapatos con los que pudiera correr.
— ¿Vamos a mi casa por mi bici?
—No —Chelsea negó con la cabeza, cuidando de que su peinado no se estropeara—. En la cajuela hay una bicicleta para ti, ¿sabes usarla su rueditas de apoyo?
—No, papá me prometió que me ayudaría pero nunca lo hizo.
Chelsea sonrió aún más amplio al saber que ella tenía una primera vez con Niklaus y que le enseñaría por primera vez a hacer alguna actividad. Su mayor logro con él había sido cuando el niño tenía un año, él le regaló su primera palabra, la cual fue "mamá", mirándola fijamente.
—Ya no necesitarás más a tu papá. Para eso estoy yo.
En el camino hacia el parque, Niklaus estuvo hablándole sobre su aventura el primer día de clases y todas las actividades nuevas en las que él estaba. Al principio, Chelsea le había prestado atención, asintiendo y sonriendo. Tal vez ellos se parecían físicamente, pero los gestos, ademanes y la forma de hablar del niño eran iguales a Edward. Incluso la manera de fruncir el ceño cuando hablaba de algo serio o la manera en que el niño mordía su mejilla interna. Pero al recibir un mensaje de texto, toda su atención voló al teléfono celular, asintiendo de vez en cuando al niño.
El auto se estacionó en un lugar bacante del estacionamiento del parque y Niklaus se hincó en el sillón para poder pasarse a la parte trasera del auto y mirar la bicicleta que estaba allí. Chelsea salió distraídamente y esperó a que la cajuela fuera abierta, revelando a un Niklaus muy sonriente con las gafas de sol de su tamaño ya colocadas.
—Te ves muy guapo —dijo Chelsea sonriendo al verlo—. Pero andando, después debemos ir a comer algo.
Eso último lo dijo porque era verdad, su madre le había dicho que tenía que cubrir todo cuando estaba con Niklaus si es que quería que Edward le dejara verlo más veces. Y Niklaus necesitaba comer después del colegio, ella por supuesto, no comía.
— ¿Podemos comer hamburguesa?
—Eso no es saludable, Kai…
—Pero yo quiero hamburguesa.
—Bien, vas a tener hamburguesa —ella rodó los ojos y le ayudó a colocarse los zapatos mientras Acher bajaba la bicicleta de la cajuela en silencio. Chelsea le miró de reojo sin decir ninguna palabra y cuando terminó le ayudó a bajar del auto.
Una vez que estuvieron rodeados de árboles y muchos niños, Niklaus decidió subir a la bicicleta con mucho entusiasmo. Chelsea se mantuvo firme a la hora de sostenerla y dejar que el niño se acomodara. Realmente estar en un parque con niños gritando, riendo y llorando no era algo que le agradara, ni mucho menos escuchar a pájaros cantar sin cesar.
— ¿Estás listo?
—Sí, mami —el labio de Niklaus fue apresado por sus dientes mientras apretaba con fuerza el volante con sus manos. La mano derecha de Chelsea estaba al lado de la suya, sosteniéndolo, mientras que la otra estaba en la parte del asiento que sobraba donde estaba Niklaus—. No me sueltes hasta que yo te diga.
Chelsea no le dio ninguna respuesta porque sabía que no podía decirle que no lo iba a soltar. Lo mantuvo firme y cuando él comenzó a pedalear, ella caminó, llevando su paso. Realmente esperaba que no se le ocurriera pedalear fuerte porque entonces ella no podría hacerlo con esos zapatos.
—Lo estás haciendo bien, Kai —le dijo con la voz un poco agitada.
—No me sueltes, mami —se podía escuchar una sonrisa en Niklaus pero su voz estaba llena de nervios.
Cuando Chelsea notó que el volante ya no estaba temblando que Niklaus lo estaba haciendo de manera firme, sus manos lo tomaron suavemente, apenas y estaba colocando presión en sus dedos. Era Niklaus quien lo estaba haciendo. Ella bajó la mano del volante.
— ¡No me sueltes! —gritó Niklaus dándose cuenta de lo que ella hacía.
—Te estoy sosteniendo de atrás, Kai, no pasa nada —ella rozó su mano con su pierna para que se diera cuenta de que era así y el cuerpo de Niklaus se tranquilizó un poco. Entonces cuando ella miró de reojo una sonrisa en Niklaus, lo soltó por completo, asegurándose de que el espacio que estaba delante de él fuera libre y sin ningún obstáculo. Se quedó de pie, con el pecho un poco agitado pero no apartó la mirada de él—. ¡Lo estás haciendo, Kai! —le gritó sonriendo.
Y ella se sorprendió porque estaba sonriendo sinceramente.
Niklaus miró a su alrededor, sin perder el control del mando y sonrió en grande.
— ¡Lo estoy haciendo! —Gritó, lleno de alegría—. ¡Lo estoy haciendo, mamá!
Chelsea se mantuvo de pie, bajo la sombra de un árbol con los brazos cruzados mientras observaba a Niklaus ir y venir todo el tiempo alrededor de ella. Aun le costaba un poco subir pero todo lo demás estaba bien. Era un buen comienzo para él en esa actividad.
En al otro extremo, estaba Acher, mirando por un momento a niño, después a Chelsea y luego alrededor. Los camarógrafos estaba muy lejos de su alcance, además, tenía ordenes de Edward de no hacer nada si ellos no estaban sobre el niño. Si era así, entonces, ellos recibirían un buen empujón o un buen golpe por parte de Acher. Su teléfono comenzó a vibrar en su bolsillo y rápidamente lo sacó para poder contestar.
—Señor.
—Acher, buenas tardes —saludó Edward de manera seria—. ¿Cómo va todo?
—Hasta ahora todo va sin complicaciones, señor. Ahora están en el parque.
— ¿Es el único lugar al que han ido?
—Sí, señor. La señora Ivanov le ha enseñado andar en bicicleta, señor.
— ¿Qué? —la voz de Edward ahora era incrédula. ¿Qué estaba haciendo Chelsea? Él suspiró y volvió a hablar—. De acuerdo, Acher, muchas gracias. No pierdas de vista a mi hijo, ¿de acuerdo?
—Sí, señor.
Y con eso terminó la llamada.
Después de que Niklaus estuviera dos horas en el parque jugando con la bicicleta, recorriéndolo todo y con su madre yendo detrás de él. Chelsea decidió que era hora de salir de ese lugar y lo llevó a McDonald's, el restaurant de comida rápida más cercano. Colocó la charola frente al niño y tomó sólo una papa frita.
— ¿Te estás divirtiendo?
Klaus asintió un par de veces mientras masticaba su hamburguesa. Chelsea sabía que ese era el momento perfecto para comenzar con lo que estaba planeando.
— ¿Te diviertes así cuando estas con la novia de tu papá? ¿Cómo es que se llama? ¿Emma? ¿Stela?
Niklaus rio un poco por los nombres que su madre le estaba poniendo a Bella.
—Se llama Bella, mamá —corrigió y dio otras mordida a la enorme hamburguesa que había pedido. Él realmente no llenaba su estómago con una hamburguesa para niños—. Bella nunca me ha llevado en bici al parque.
— ¿Pero te diviertes con ella?
—Mucho. Ella siempre me hace reír, aunque también me regaña —Chelsea apretó los puños al escuchar las palabras del niño—. Es muy bonita también. Soy el único niño que sabe leer muy bien en mi clase.
—Eso es muy bueno, Kai. ¿Te gusta leer? —su tono de voz ahora era falso. Claro que el niño no tenía la culpa de lo que estaba sucediendo y tampoco tenía la culpa de que Bella le tratara de esa manera. Toda la culpa era de Edward.
—Bella tiene un montón de libros en su habitación.
— ¿Has estado en la habitación de Bella?
—Sí —le dio un sorbo a su refresco y terminó con la hamburguesa—. Muchas veces.
— ¿Y has visto que ella y tu papá de besen?
Niklaus arrugó la nariz, haciendo una mueca y tomó un nugget de pollo.
—Sí. Ellos se besan.
— ¿Mucho?
—No, no mucho.
— ¿Bella se ha quedado algunas noches en casa de tu papá y ellos han dormido juntos?
Niklaus masticó su último nugget y pareció pensárselo mientras lo tragaba.
—No, nunca lo ha hecho —negó con su cabeza—. Sólo cuando fuimos a la isla con Cara, pero siempre dejaban la puerta abierta —se encogió de hombros—, ¿Por qué?
Chelsea sacudió la cabeza, molesta por no obtener las respuestas que ella estaba esperando. Al parecer, Edward y Bella era demasiado cuidadosos a la hora de intimar. Se cruzó de brazos mientras se recargaba en su silla y lo siguió observando mientras terminaba de comer todo lo que tenía frente a él.
— ¿Qué dices acerca de acompañarme a la Semana de la Moda con tu papá?
— ¡Yo quiero ir con ustedes dos! —Exclamó el niño, esta vez con más interés—. ¿Estaremos los tres juntos?
— ¿Tú quieres que tu papá y yo estemos juntos de nuevo?
Niklaus se quedó callado, pensando en su mamá y su papá, abrazados y besándose como lo hacían en las películas que había visto su abuela Renée en Forks. Bella se molestaría si su papá besaba a otra niña, ¿no?
— ¿Bella también puede estar?
Chelsea apretó los dientes.
—No, Bella no puede estar, Kai.
—Pero yo la quiero mucho, mamá, ¿sabes que me llevó con ella a ver a sus papás? Ellos me dijeron que puedo llamarles abuelos, ¡son geniales! Y papá me llevó a surfear a la playa que estaba allí, ¡no sale el sol! Pero el agua es muy fría, mucho.
Chelsea le miró a los ojos directamente y Niklaus comenzó a sentirse intimidado por la mirada de color azul que su madre le estaba dando. Dejó a un lado las papas y sus hombros cayeron.
— ¿Prefieres más a Bella que a mí?
—Bella es muy bu…
—Contesta sólo un nombre, Kai —dijo Chelsea con dureza.
—N-no…
Chelsea frunció el ceño.
— ¿No?
—No quiero hacer eso, mamá.
— ¿No quieres qué?
—No quiero escoger —murmuró con la mirada baja.
— ¿Por qué no quieres escoger?
—Porque te quiero y a Bella también la quiero mucho.
Chelsea suspiró.
—Pero yo soy tu mamá.
—Bella también es una mamá para mí —murmuró, jugando con sus manos. ¿Por qué su mamá le estaba diciendo esas cosas? ¿Ella quería que de verdad escogiera entre las dos? Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Si escoges a Bella yo voy a irme, Kai.
Su labio inferior rosada comenzó a temblar. Después de mucho tiempo estaba viendo a su mamá en persona y ahora ella le estaba diciendo que se iría si escogía a Bella, pero él no podía escoger a su mamá porque Bella iba a sentirse mal. No quería que se fuera.
—No quiero que te vayas, mami.
— ¿Me escoges a mí, entonces?
Niklaus se apresuró a poner los codos sobre la mesa, con los brazos cruzados y dejó caer su frente sobre ellos. Cuando parpadeó una lágrima cayó sobre sus pantalones. Rápidamente apartó las demás con un manotazo.
—Kai —comenzó Chelsea de nuevo, un poco sorprendida porque el niño se pusiera a llorar—. Kai… hijo…
—Quiero ir con mi papá —dijo, sorbiendo su nariz.
—Aún no hemos terminado… ¿no dijiste que querías ir al cine?
—Quiero a mi papá —alzó la mirada a su madre y su labio inferior seguía temblando. Su mirada recorrió el lugar, buscando a Acher, quien se suponía que debía estar junto a él todo el tiempo. Lo encontró de pie en una esquina, mirando alrededor.
—Todavía no puedes ir con tu papá, Kai, debemos ir al cine.
—No, ya no quiero ir —pasó su mano por su nariz, limpiándola y no le importó tener mocos en el dorso—. Quiero ir con mi papá.
Chelsea suspiró y se puso de pie. Ella tendría también el día jueves para pasarla con él. Tal vez le había dicho eso demasiado pronto y debía esperar a que las cosas fueran un poco mejor. Ya no se veía el brillo de felicidad en los ojos al niño y sólo le había dicho unas palabras.
Y sólo había nombrado a Bella.
—Haremos un trato, Kai. Yo te llevo con tu papá… si prometes no decirle nada de lo que acabamos de hablar, ¿entiendes?
—Sí, entiendo, mami, llévame con mi papi.
Y era así, Niklaus nunca le diría a su papá de lo que él y Chelsea habían hablado porque él realmente quería estar con su papá ahora. Y también quería a Bella. Su mamá no lo abrazaba mucho como lo hacía Bella. Él quería un abrazo.
—Bien, vámonos, entonces —Chelsea se puso de pie rápidamente, tomando la mano del niño y le hizo un gesto a su guardaespaldas y Acher también lo interpretó. Caminaron hacia la salida, directo al estacionamiento—. Acher… así te llamas, ¿no? —se volvió hacia el hombre enorme mientras dejaba que Niklaus caminara a la camioneta, donde otro hombre grande le abría la puerta para que pudiera entrar. Acher asintió secamente a Chelsea mientras miraba Niklaus entrar—. Llama a Edward y dile que su hijo irá en unos minutos. Estamos muy lejos de su casa, por lo que sé, y tardaremos un poco.
Después de eso, Chelsea se dirigió con paso decidido y firme hacia su auto. Cerraron la puerta, y se volvió a Niklaus, que apenas se veía porque el cielo ya estaba oscuro. Ella se aclaró la garganta y se acercó al niño.
— ¿Estás bien, Kai?
Niklaus estaba con las piernas pegadas a su pecho, abrazándose a sí mismo y su barbulla sobre sus rodillas, bastante callado después de tener un día donde aprendió algo nuevo.
—Sólo quiero a mi papá —murmuró al mismo tiempo que parpadeaba por el sueño.
—Ya te llevaré con tu papá, Kai. No es necesario que llores, ¿sabes? Edward va a saber que lloraste y te va a preguntar, recuerda que dijiste que no le dirías a nadie lo que pasó hoy entre nosotros —el auto comenzó a avanzar y se reunió al tráfico de la noche—. ¿Sí lo recuerdas?
—Sí.
— ¿Quieres que te abrace para que duermas? Cuando lleguemos voy a despertarte.
Niklaus, viendo la oportunidad de ser abrazado por su mamá, se deslizó en el asiento y se sentó sobre sus delgadas piernas y recargó su cabeza sobre sus pechos. En eso también notó una gran diferencia. Los de Bella eran más grandes y cómodos, pensó, y eran un poquito más firmes. En su mamá sólo podía notar que estaban más pequeños y eran como una almohada muy usada. Sin embargo, le gustaba como olía, aunque Bella olía mejor. Chelsea olía a modelo y perfume caro. Bella olía simplemente a mamá.
— ¿Te gustó aprender a andar en bicicleta? —preguntó Chelsea en voz baja, mientras lo sostenía con sus brazos delgados. La mano que no estaba debajo de Niklaus, fue directo a su cabeza y acarició los increíblemente suaves cabellos del niño. Estaban igual de rebeldes que los que Edward, por más que pasara su mano para arreglarlo, se colocaban en su sitio anterior. No había nada que hacer.
—Sí, me gustó andar en bici sin rueditas de apoyo —murmuró el niño, frotando su rostro en el pecho de su mamá como lo hacía cuando tenía sueño.
— ¿Soy buena en eso, entonces?
Niklaus sonrió un poco.
—Sí, gracias por ayudarme, mami.
Chelsea sonrió sin esperárselo de nuevo.
—De nada, Kai.
Después de dos minutos, la respiración de Niklaus estaba comenzando a volverse un poco más lenta. Chelsea lo observó con atención. Cuando estaba dormido se veía aún más pequeño de lo que era, aunque no se parecía tanto a como ella lo había tenido por última vez de esa manera. Él acababa de cumplir casi los dos años, y Chelsea decidió que el trabajo difícil —levantarse en las noches y ponerle todas las vacunas de recién nacido—, ya estaba hecho, así que Edward se las vería fácil cuando los dejara. Sin embargo, sintió un nudo en la garganta por no verlo crecer de verdad. Sólo lo veía dos veces al año, si tenía surte, o por video llamadas. Se quedó demasiado quieta cuando el niño deslizó su mano desde su pecho, pasando por su cuello, hasta que se colocó en su mejilla. Rápidamente apartó la mirada de él, sin mover la cabeza. Sus ojos comenzaron a picar, amenazando con derramar unas lágrimas. Los dedos de Niklaus comenzaron a jugarle sus labios de manera inconsciente, igual como lo hacía cuando estaba bebé.
Por obligación de su madre, Chelsea había dormido con Niklaus desde que estaba recién nacido hasta que había cumplido el año y seis meses. Y todas las noches —no había noche en que no fuera así—, Niklaus deslizaba su mano desde su pecho hasta su rostro y jugaba con sus labios, nariz o le picaba los ojos mientras ella lo amamantaba, le daba el biberón o le dejaba el chupete puesto. Además de eso, era lo único que había hecho como una verdadera madre.
Ahora Niklaus estaba demasiado grande, y si ella se lo decía, él no recordaría nada de eso. Estaba segura. Además, Niklaus ya veía a otra persona como su madre. Y eso era lo que más le enojaba a Chelsea. Era muy egoísta, y aunque ella no le prestara la atención necesaria, no le gustaba que alguien ocupara su lugar. Alguien que no había sufrió mucho para traerlo al mundo. O que tampoco había sufrido interminables noches sin dormir. Claro que Chelsea no podía estar molestando a Edward todo el tiempo por las noches porque él debía dormir lo suficiente para poder descansar y rendir muy bien al día siguiente. Ese era el resentimiento que tenía Chelsea hacia a Edward. Ella se había esforzado mucho y él sólo se dedicaba a reír con el bebé.
Cuando el auto se detuvo, Chelsea salió de sus pensamientos, un poco sorprendida por lo rápido que habían llegado. Al ver por la ventanilla del auto, pudo divisar la figura de Edward de pie en las escaleras del pórtico. Chelsea apretó un poco a Niklaus contra su delgado cuerpo y le besó la mano que aún estaba en su boca. Acher fue a abrir su puerta y ella salió del auto con complicaciones.
Edward se apresuró a llegar hasta a ella, mirando lo difícil que se le estaba haciendo, cuando él miró a Niklaus, nada más le importó. Estaba dormido. Estaba saludable. No tenía ninguna herida. Edward tendría que esperar hasta el día siguiente para saber cómo le había ido. Estaba a punto de quitarle el niño de los brazos a Chelsea cuando ella se hizo hacia atrás.
—Puedo hacerlo —le dijo con voz desafiante—, déjame llevarlo a su cama.
Edward le miró durante un par de segundos y suspiró, haciéndose a un lado para dejarle el camino libre.
—Adelante —dijo, enviándole otra mirada a su hijo y tomó la mochila que le estaba tendiendo Acher—. Muchas gracias por hoy. Puedes irte a descansar —le dijo de verdad agradecido y después de darle una palmada en el brazo, caminó detrás de Chelsea, quien estaba caminando un poco temblorosa en esas zapatillas bastantes altas. ¿Realmente ella había ido al parque de esa manera?— ¿Necesitas ayuda?
—No —se apresuró a contestar mientras subía las escaleras. Estaba a punto de irse hacia atrás y Edward le sostuvo con un brazo—. Yo puedo sola.
—Chelsea… son muchas escaleras…
—Edward —hablo ella en voz baja pero de manera amenazante—. Déjame llevar a mi propio hijo a la cama por una vez. Sólo eso.
Soltando todo el aire contenido, Edward no dijo nada más y caminó detrás de ella muy callado. Estuvo tentado un par de veces a quitarle a Niklaus antes de que los dos rodaran por las escaleras pero sólo se limitó a colocarle una mano en la espalda y a empujarla para que siguiera.
—Derecha. Es en la tercera puerta. Está su nombre en ella —indicó cuando se dio cuenta de que ella no sabía dónde dirigirse.
—Que original… —dijo con ironía y caminó hacia allí, alegrándose de poder estar a menos pasos de bajar a su hijo. Estaba demasiado pesado y sus brazos ya se estaban entumiendo.
Al entra a la enorme habitación, Chelsea se quedó sorprendida por lo que estaba viendo. Todo era un motón de colores. Las paredes estaban pintadas de color azul cielo, con varios edificios y casas típicas de Londres. Había un gran juego como de colores los que normalmente estaban den McDonald's o Burger King. Aruba, justo a su lado, estaba una nave espacial de color blanco con rojo y el cielo a su alrededor era azul oscuro, con un montón de estrellas blancas. Y al otro extremo, estaba un barco de madera, justo al lado de la bandera estaba una enorme cama bastante impecable. El centro de la habitación parecía una sala de juegos. Había una alberca de pelotas también. Un lugar donde podían dibujar. Y los típicos animales con un enorme resorte debajo de ellos que rebotaban y que normalmente se encontraban en las peluquerías de los niños para que no se movieran.
Todo era demasiado surrealista… e infantil.
Si volteaba a ver como estaban pintadas las puertas detrás de ellas iba a encontrar la forma de la típica cabina telefónica roja. Y como no odia faltar… una portería estaba también allí con un montón de balones de futbol dentro de ellas. El armario también era enorme y tenía forma del edificio del Big Ben.
—Lo mimas demasiado… ¿no crees? —comenzó a caminar al interior de la habitación pero se dio cuenta de que no iba a poder subirlo al barco donde se encontraba su cama.
—Es la única habitación de la casa que realmente parece de niños. No podía hacer otra cosa, él lo pidió de esa manera.
— ¿Su habitación en LA es igual?
—No, aquella tiene el tema de un zoológico. Le encantan los animales.
—Sí… algo así dijo hoy —murmuró sin dejar de mirar a su alrededor. Sacudió la cabeza y suspiró—. Ya no puedo aquí, necesitas tomarlo.
Edward dejó inmediatamente la mochila de Niklaus a un lado y con movimientos expertos y sin moverlo mucho, lo tomó en sus brazos. El niño, reconocido el olor de su padre en sueños, se abrazó a su pecho, enterrando su nariz en él. A Chelsea le volvió a picar el bicho de la envidia al ver esa escena. Edward siempre era así de cuidadoso con el niño. Recordó los días en los que comenzaba a enseñarle a caminar. Él decía que ya era hora, pero en realidad le daba miedo que cayera y se golpease con algo, así que siempre estaba cubriendo los muebles con gomitas.
Edward subió con agilidad al barco de madera y colocó con cuidado a Niklaus sobre la cama, quitándole los zapatos y los lanzó a un lado. Lo tapó y encendió la lámpara que estaba al lado e iluminaba figuras de criaturas del espacio por toda la habitación.
—Esto ya es demasiado… —bufó Chelsea. Se acercó al barco, a un costado y se puso de puntitas para poder acariciarle el cabello al Niklaus, quien yacía pacíficamente dormido sobre su cama—. Le prometí que lo vería el jueves, ¿está bien?
—Sí, no hay problema —accedió Edward, bajando el barco y comenzó a dirigirse a la salida.
Chelsea se estiró un poco más para poder besarle la frente al niño, dejando un poco de brillo labial en ella y se separó de él hasta reunirse con Edward. En silencio, los dos caminaron por el pasillo y bajaron las escaleras.
— ¿Te dio algunas molestias?
—No, para nada —se apresuró a decir ella, limpiando sus manos con un pañuelo—. Tienes una bonita casa, por cierto.
—Gracias.
— ¿Tú la elegiste?
—Eh… no, yo no la elegí.
—Tú mamá o… —se detuvo y dejó caer su cabeza hacia adelante con una sonrisa genuina en el rostro. Rio sin ninguna gracia y sacudió la cabeza—. Fue esa novia tuya, ¿no es así?
—Chelsea… no quiero comenzar con eso ahora mismo.
—Está bien, está bien —ella alzó sus manos—. Sólo dile que aprenda que yo soy la madre de Niklaus y no ella, ¿bien? —Sonrió sin sentirlo de verdad y salió de la casa—. Un agradable placerte vete de nuevo Edward. La paternidad te sienta muy bien —le guiño el ojo y caminó hacia el auto—. Nos vemos el jueves.
Ella subió al auto y desapareció.
Edward suspiro de alivio y cerró la puerta, finalmente respirando en paz por solo unos segundos… aunque sabía que no debía respirar realmente tranquilo en esos momentos. Aun necesitaba escuchar a Niklaus.
Frotando los ojos y asegurándose de dejar sólo algunas luces tenues en la planta baja, corrió escaleras arriba. Justo cuando se había colocado la almohada sobre la cabeza, listo para descansar, el grito de la habitación continua le hizo saber que eso no iba a pasar pronto.
— ¡Papá!
Y poniéndose de pie, Edward se preparó para una noche larga y llena de llantos por parte de su hijo y sus pesadillas. Aunque esta vez estaba seguro de que se trataba de una horrible bruja que se creía modelo.
¡No me maten por favor! Este era el curso que debía tomar el fic... debería haber alguien que fuera de esa manera con Niklaus y lo hiciera llorar así a pesar de lo fuerte que aparenta ser. Sin embargo, Chelsea está demasiado confundida. Me pondré a escribir el siguiente capítulo lo más pronto que pueda, lo prometo (:
¿Qué les pareció? ¿La conversación de Edward y Bella? ¿La declaración de Bella? ¿El comportamiento de Chelsea con Niklaus?
La semana de la moda es en el próximo capítulo. Lo prometo.
Gracias a: Maary Cullen, Annaniicolle, Melania, MONELITA CULLEN, solecitopucheta, Kristenst, Salyluna, zonihviolet, Nessie Joan Pattinson Stewart, Gretchen CullenMasen, AleLupis, aea7, Manligrez, theparadise, NachiCullen, LUY, pera l.t, Tata XOXO, Maya Masen Cullen, torposoplo12, jupy, NoeLiia, aguabellisima, Twilight Raquel-Carolay, Dani Valencia, EmDreams Hunter, Acqua Cullen Potter, M. Shily, Karliie7, Mon de Cullen, greihalecullen, Tecupi, Luisamarie22, Nyx-88
A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)
Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/
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¡Nos leemos pronto!
