N/A: Ok, primero que nada, me disculpo por el retraso tan largo. Sin meterme endetalles, solo diré que me costó muchísimo trabajo conseguir que este capítulo me quedara bien. Más que nada porque quería que la confrontación épica entre Elsa y nuestromisteriosocapitánsaliera bien. Es decir, la batalla como que se escribió por sí sola… a paso de tortuga, pero juro que se escribió solita.
Como sea, tengo que compartirles unas noticias algo tristes, pero esperaré hasta que lleguen al final del capítulo para dárselas. Hasta entonces, ¡disfrútenlo!
Cualquier preocupación que Elsa tuviera con respecto a la batalla y su necesidad de volver allá para ayudar se desvaneció, y en su lugar quedó una sola pregunta. ¿Cómo podía él estar vivo? ¿Cómo podía haberla engañado haciéndole creer que había perecido en el interior de una cueva profunda en un bosque lejos de Arendelle? ¿Y por qué no había continuado buscándolo después de que sus Guardias Reales encontraron ese cadáver putrefacto tantos años atrás, sobre todo cuando algo muy dentro de ella le decía que parecía demasiado conveniente?
Pero tenía la respuesta, al menos, para la última pregunta. No había continuado buscándolo porque era más fácil creer que todo había terminado, que el hombre que había amenazado a su reino, y más importante aún, la vida de su hermana, ya no existía más. Eso le permitía encontrar la tranquilidad que necesitaba para dormir por las noches.
Y sin embargo, allí estaba, más vivo que nunca, y una vez más, en control de toda la situación. En poco tiempo había recuperado su autoridad y logrado imponer el orden de nuevo sobre su tripulación. A sus órdenes, algunos de ellos ya estaban saltando dentro de la bodega de carga para contener a los dragones, mientras que otros dos a los cuales había llamado se acercaban a ella. En sus manos llevaban cadenas y un par de grilletes… del tipo que ella esperaba no volver a ver nunca más.
—Había estado guardando éstas para mi segundo viaje a Arendelle, pero parece que los dioses finalmente me han favorecido al traerla aquí, lejos de la seguridad de su pequeño y acogedor reino —dijo el capitán mientras los dos tripulantes aprisionaban sus manos con los grilletes. Obviamente estaban hechos para ella, al igual que los que Hans había solicitado durante su breve tiempo a cargo de su reino. No había espacio para flexionar sus dedos, y mucho menos para crear un solo copo de nieve.
Bueno, tal vez eso era lo que él probablemente pensaba. Y eso era exactamente lo que ella le dejaría seguir pensando por un tiempo. Por supuesto, podía romper las cerraduras de los grilletes desde dentro con hielo allí mismo. Pero ahora, sabiendo quién era este hombre en realidad, cambiaba todo. Él era inteligente, probablemente más que cualquier otro soldado en esta batalla. Y la conocía. Él había luchado contra ella. Probablemente espera que tratara de liberarse. Esto era como un juego de ajedrez, y ahora mismo, ella necesitaba tratar de adivinar cuántos movimientos por delante estaba viendo él.
Esperaría por un momento más apropiado para liberarse. Y entonces se ocuparía de él. Había cometido un error al dejarlo ir antes. No iba a cometer el mismo error dos veces.
Los dos hombres detrás de ella la tomaron por los brazos y comenzaron a llevársela a rastras mientras que el capitán se acercaba a la escotilla de la bodega de carga. Uno de los miembros de su tripulación le entregó lo que parecía un arpón. Sabiendo lo que sin duda le haría a los dragones con él fue suficiente para poner a prueba la resolución de Elsa. ¿Estaba realmente dispuesta a dejar que torturaran a esos dragones aún más? ¿Podía permanecer de brazos cruzados mientras un loco hería a estas pobres criaturas?
Comenzó a congelar los grilletes. Por supuesto que no puedo. Y no lo haré.
Entonces oyó un sonido agudo acercándose cada vez más al barco, seguido de un fuerte rugido. Por un momento, Elsa se preguntó si quien venía a su rescate sería su propio dragón o el hijo de Valka y su Furia Nocturna. Una explosión repentina de hielo dio la respuesta a esa pregunta. Un segundo después, la Furia Helada aterrizó sobre la proa con tal fuerza que sacudió el barco. Sacudió su cola y empujó a un par de miembros de la tripulación fuera de la nave, y disparó dos tiros de hielo adicionales contra otro par de hombres, congelando sus pies.
Varios soldados más comenzaron a rodear al dragón blanco, pero el capitán les ordenó que se detuvieran. Elsa se volvió hacia él y de inmediato percibió su intención. Ya se había quitado casco y cambiado el arpón de su mano derecha a la izquierda, y ahora estaba desenvainando su espada, una sonrisa diabólica dibujada en su rostro.
—Asegúrense de encadenarla adecuadamente —ordenó a los dos hombres que la sostenían, y luego se volvió hacia la Furia Helada—. Yo me encargo de su dragón.
Elsa no pudo evitar la sensación de déjà vu. Todo estaba ocurriendo de la misma manera que aquella fatídica noche en su Palacio de Hielo tres años antes. Pero a diferencia de entonces, una cosa era diferente esta vez: ahora estaba en pleno control de sus poderes. Y si alguna vez hubo un momento adecuado para darles rienda suelta, era ahora.
Cerró los ojos y visualizó los mecanismos de cierre de los grilletes a medio congelar, y luego los llenó de una cantidad de hielo abrumadora. Su recompensa fue un fuerte clac, el sonido de metal cayendo al suelo, y la sensación de aire tocando su piel. Entonces, apenas cuando los dos hombres estaban empezando a darse cuenta de que ella se había liberado, recreó su báculo de hielo en sus manos y le dio vueltas tras su espalda, golpeando a ambos de lleno en la cabeza y dejándolos fuera de combate. Finalmente, utilizó su báculo para lanzar una descarga de magia de hielo contra el arpón que sostenía el capitán, congelándolo hasta el punto donde se hizo añicos en sus manos.
—Esto es entre usted y yo —dijo Elsa con firmeza y decisión—. ¡Déjela fuera de esto!
Eso llamó la atención del hombre. Miró primero su mano vacía, y después los fragmentos de metal en el suelo. Luego se dio la vuelta y la miró con asombro grabado en sus ojos. Con todo, había que reconocer que no reflejaban ninguna sorpresa, como si estuviera esperando esto. Había hecho otro movimiento que él había previsto, pero no le importaba. Él no tendría la oportunidad de reclamar el premio que había estado buscando durante tanto tiempo.
Todo lo que ella necesitaba era una excusa, un solo movimiento de su parte que le indicara que de cualquier forma atacaría al dragón blanco. Parte de ella deseaba que lo hiciera. En cambio, él sonrió e hizo una reverencia burlona. —Como quiera, Su Majestad.
Comenzó a caminar lentamente, rodeándola como un depredador a su presa. No apartó los ojos de ella, y tampoco lo hizo Elsa. Todavía había mucho movimiento a su alrededor, pero ella no le prestó atención a nada de eso. Incluso el sonido de la batalla se desvaneció. No había un Salvajibestia negro, ni un ejército de hombres y dragones, ni Drago Manodura. La verdadera amenaza estaba justo en frente de ella… y él seguía sonriendo. ¿Por qué seguía sonriendo tan sardónicamente?
Una explosión repentina de hielo junto a ella la trajo de vuelta a la realidad que les rodeaba… y entonces se dio cuenta del porqué. Porque todavía sigo cayendo en su juego.
La había estado distrayendo, aunque sólo fuera por unos momentos, para que sus hombres pudieran capturar a la Furia Helada para él. Por el rabillo del ojo, Elsa se percató de que Wintergale estaba completamente rodeada ahora, y parecía como si acabara de lanzar su último tiro. Todo lo que le quedaba para defenderse eran sus dientes y garras y cualquier otra cosa que pudiera usar para mantener a los soldados a raya.
La sonrisa del capitán siguió ampliándose más. Elsa decidió que era hora de cambiar eso.
Calculó donde estaban parados los tripulantes y cuántos de ellos había, y con un solo pensamiento, creó una densa tormenta de nieve que rápidamente se dividió en pequeñas ráfagas que rodearon a cada uno de ellos. Entonces, con sólo parpadear, convirtió los remolinos de copos de nieve en cadenas de hielo sólido que los atrapó a todos en el acto, incluyendo al capitán, cuyas manos apresó dentro de un buen par de grilletes a la medida para emparejar las cosas.
Y sin embargo, mientras que él y sus hombres se esforzaban por mantenerse en pie y deshacerse de sus ataduras de hielo, siguió sonriendo. —¿En serio? —se burló—. ¿Todavía no ha aprendido que ningún acto de magia suyo puede detenerme en realidad?
Elsa levantó una ceja. Para ser honesta, mantenía la esperanza de que una prisión de hielo más estrecha lo detuviera como la anterior no había podido hacerlo. Pero si él tenía una manera de liberarse de lo que fuera que ella le lanzara, entonces no tendría sentido alguno tratar de usar sus poderes así. La única manera de derrotarlo sería en combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, cualquier cantidad de tiempo que pudiera ganar hasta su fuga, ella lo tomaría, aunque sólo fuera para asegurarse de que su amiga no estuviera cerca de ese barco cuando empeoraran las cosas.
—En realidad no necesito detenerlo —dijo ella, mirándolo a los ojos—. Sólo necesito mantenerlo ocupado el tiempo suficiente para terminar lo que vine a hacer.
Habiendo dicho eso, hizo una seña a su amiga alada con un simple movimiento de ojos, y sin perder un segundo más, ambas salieron corriendo y saltaron a la bodega de carga. Elsa se sintió aliviada al ver que no quedaba ningún soldado allí, lo que significaba que todas las personas en la nave habían ido tras Wintergale… y habían terminado encadenadas. Los dragones parecían más confiados de ella en esta ocasión, lo que le hizo más fácil conseguir acercarse más a ellos; no obstante, trató de hacerlo de la manera menos amenazante como le era posible. Usó la punta de su báculo para congelar las cadenas del primer dragón con el que se encontró, y luego corrió por toda la bodega lo más rápido posible para hacer lo mismo con las cadenas de los otros dragones.
Una vez que terminó, miró a Wintergale. Era hora de que la Furia Helada hiciera su propia magia, pero antes de eso, Elsa tenía que darle algunas instrucciones específicas.
—Muy bien, chica, escúchame con mucho cuidado — le dijo, arrodillándose frente a su dragón y acariciando su cabeza—. Una vez que les digas a estos dragones que se liberen, necesito que te los lleves lejos de aquí por tu cuenta. —El dragón blanco alzó las orejas en señal de confusión ante esta declaración, pero Elsa continuó—. Llévalos al santuario y quédate allí con ellos hasta que todo esto termine, y bajo ninguna circunstancia vengas a buscarme. ¿Está claro?
Wintergale había comenzado a negar con la cabeza antes de que Elsa terminara de hablar, y la joven reina entendía el porqué. Esto de separarse de su amiga y enviarla lejos, aunque fuera sólo por un par de horas, no era algo que ella hubiera preferido. Para nada se acercaba a su plan original de llevarle a Valka los dragones acorazados de forma que ella y Brincanube pudieran mandarlos a hacer una cosa u otra contra las fuerzas de Drago. Pero no podía simplemente alzar el vuelo y dejar que ese hombre escapara, no cuando él tenía tantas cosas por las cuales responder. Y no iba a poner a Wintergale en peligro haciéndola quedarse.
Y Wintergale entendía esto también; de eso Elsa estaba segura. Por lo tanto, sólo le tomó al dragón blanco unos momentos antes de que dejara de sacudir la cabeza y canturreara con tristeza.
—Bien. Y no te preocupes por mí, ¿de acuerdo? Voy a estar bien —le aseguró Elsa mientras se levantaba y salía del camino de su amiga—. Ahora, vamos, haz lo tuyo.
La Furia Helada asintió lentamente, y con una autoridad gruñido autoritario pero suave, instruyó a los dragones a romper sus cadenas y seguirla a través de la escotilla abierta. Inmediatamente hicieron lo que se les dijo. Elsa sonrió. Nunca dejaría de sorprenderle el respeto que imponía Wintergale y la forma en que otros dragones reconocían su autoridad.
Al salir el último dragón, ella lo siguió, dejando la bodega de la misma manera que lo había hecho la primera vez: creando un pilar de hielo bajo sus pies. Pero en cuanto estuvo fuera, saltó de la columna a la cubierta para evitar que la tomaran por sorpresa y la noquearan de nuevo. Se alegró de ver que el capitán todavía estaba dentro de su capa de hielo y que sus hombres seguían encadenados. Levantó la vista y le dio aún más gusto ver que todos los dragones acorazados estaban ahora sosteniéndose en el aire detrás de Wintergale, tan solo esperando a que los guiara a casa. La Furia Helada la miró a los ojos por última vez antes de volar lejos de la nave y hacia la seguridad del santuario.
Mientras Elsa los veía irse, alcanzó a vislumbrar a los dos Salvajibestias trabados en combate. Había estado escuchando los sonidos de su lucha, los sonidos de marfil contra marfil y cabezas chocando una contra la otra, pero realmente no le había prestado demasiada atención… hasta ahora. El Alfa estaba dejando su corazón y alma en el duelo, pero el retador de color oscuro estaba ganando rápidamente la ventaja. Prácticamente todo el mundo en el campo de batalla parecía saber lo mucho que estaba en juego, ya que ningún dragón u hombre estaba luchando más entre ellos en este punto. De hecho, aquellos soldados que no estaban corriendo lejos del área que ocupaban los Salvajibestias simplemente miraban la escena, con una horda de dragones volando sobre sus cabezas pero sin atacarlos.
Entonces sucedió algo que Elsa había esperado que no sucediera: el Salvajibestia oscuro se las arregló para meter sus colmillos entre el cuello del Alfa y hacerlo caer de costado. El corazón se le encogió cuando oyó el clamor desesperado del poderoso dragón… justo antes de que su oponente le atravesara el vientre sin piedad.
Un silencio absoluto cayó sobre el campo de batalla. El rey había caído.
Elsa tomó su máscara y la arrojó a un lado, como si al hacerlo la imagen que estaba viendo cambiaría, pero no fue así. Cayó de rodillas, con lágrimas brotando de sus ojos. Este era un duro golpe para todos los dragones libres, pero para ella, era más que eso. Sentía como si hubiera perdido a un querido amigo. Esa maravillosa criatura, en cuyo reino había estado viviendo y de cuyos súbditos había estado aprendiendo tanto las últimas tres semanas, la había recibido con los brazos abiertos desde el primer día, e incluso la había tratado como igual. Se había acostumbrado a la mirada atenta y el cuidado con el que vigilaba a todo ser viviente en el nido cada día. ¿Cómo podía haber tomado al noble y benevolente rey por sentado tan rápidamente? Había llegado a creer que su reinado duraría muchas décadas más.
Y sin embargo, allí estaba ahora, sin vida, a los pies de su adversario que incluso ahora estaba asegurando su posición como el nuevo Alfa con nada más que un simple rugido.
Entonces se dio cuenta de algo más. Acababa de enviar a Wintergale al santuario para mantenerla a salvo, ¿pero habría tal cosa como un lugar seguro ahora? Casi cada dragón, esclavizado o libre, estaba siendo atraído por el llamado del Salvajibestia negro, no importando dónde se encontraran. Incluso desde el interior del santuario, docenas y docenas de dragones estaban llegando a arrodillarse ante su nuevo Alfa o reuniéndose sobre él. Una fuerte angustia la llenó de repente, y trató de encontrar la Furia Helada entre ellos. Una parte de ella incluso sentía la tentación de gritar su nombre, con la esperanza de que el dragón blanco fuera capaz de resistir la influencia del Alfa si oía su voz.
—Oh, eso es muy triste —dijo el capitán detrás de ella—. Esperaba más de su Alfa, pero ni siquiera dio pelea. Supongo que era demasiado viejo para seguirle el paso a la bestia del dios de dragones, ¿eh?
Estas palabras, seguidas del sonido de hielo rompiéndose, fueron suficientes para reavivar en ella una furia y un odio que no había sentido en mucho tiempo. Tres años, para ser exactos. Le hicieron recordar que este hombre ya había invadido una vez su reino y amenazado con matar a su familia, al igual que su "señor" acababa de invadir el dominio del noble Salvajibestia y amenazado con llevarse a su familia. También le recordaban que, en aquel entonces, ella había estado a punto de morir para proteger todo lo que más quería… y que el rey dragón había muerto haciendo lo mismo. Valka había tenido razón al creer que habría derramamiento de sangre… y Elsa no había podido detenerlo.
No más. Pondría fin a esto de una vez por todas.
Su armadura y báculo de hielo empezaron a brillar de color ámbar, al igual que el Corazón de su Palacio de Hielo. Era algo que no había ocurrido en un muy largo tiempo, y daba a notar que estaba perdiendo el equilibrio de sus emociones. El amor estaba desapareciendo de la mezcla, pero le importa un comino. Esto ya no se trataba de proteger a aquellos que amaba. Todo esto sería sobre venganza, pura y simple. Vengaría la muerte del rey, no matando al Salvajibestia negro sino eliminando a su amo… y a cualquiera que estuviera de su lado. Empezando por este susodicho capitán.
Agarrando su báculo con más fuerza, se puso de pie y se dio la vuelta… pero en lugar de una espada, se encontró con una nube de polvo que se le metió en los ojos, efectivamente cegándola. Incapaz de ver lo que estaba haciendo o dónde estaba el capitán, no pudo evitar que la golpeara con lo que parecía ser la empuñadura de su espada. Entre la fuerza del golpe y el impulso de su primer movimiento, fue suficiente para enviarla al suelo por segunda vez.
—Tres años, y no deja de ser la misma reina débil y frágil que recuerdo, usando los mismos trucos viejos y tomando parte lastimosamente en una batalla que no es suya —dijo el hombre con altivez. Elsa podía oír sus pasos cada vez más cerca—. ¿Qué se necesita para que entienda que todo esto la sobrepasa, Alteza?
Elsa no pudo responder o devolver el golpe. Se había dado cuenta de que lo que había arrojado no había sido polvo sino cenizas ardientes. Las partículas extrañas detrás de sus párpados no sólo dolían; también ardían, e incluso cuando las lágrimas que su cuerpo estaba produciendo fueron suficientes para extinguirlas, el daño seguía ahí. Sintió una necesidad imperiosa de encontrar agua para enjuagarse los ojos, pero ni siquiera podía abrirlos.
Sin embargo, no eran sus ojos lo que más le dolía sino su orgullo. En su prisa por cobrar vengarse contra alguien por la muerte del Salvajibestia, había olvidado una lección importante que el coronel Thorvald le había enseñado: nunca dejar que sus sentimientos la utilizaran a ella. Por un momento, había perdido todo sentido de autocontrol y se había dejado llevar. Y debido a ese error, ahora estaba a merced del capitán una vez más. ¿Perdería su vida ahora?
Sintió cuando le arrebataron su báculo de las manos. El sonido del hielo contra el metal y la sensación de diminutas astillas frías cayendo en su cara le dijeron que el capitán estaba tratando de cortar parte del mismo con una espada o un cuchillo, sin mucho éxito. —Aunque tengo que decir que esto es impresionante —dijo él sin una pizca de sarcasmo o burla en su voz—. Quizás aún haya esperanza para usted como guerrera, después de todo.
Elsa abrió los ojos con sorpresa ante este aparente elogio… e inmediatamente se arrepintió. Todavía le dolían, y de todos modos no podía ver nada. Volvió a cerrarlos.
—Voy a hacerle una oferta, y creo que puede estar en su mejor interés aceptarla —continuó—. Ríndase y únase a nuestra causa de buena gana, doble la rodilla ante Drago Manodura, y tal vez su reino se pueda salvar cuando él se ponga en marcha para unificar al resto del mundo bajo su mando. O puede morir, sabiendo que su familia y todo lo que aprecia con toda seguridad perecerá, ya sea por mano de él o por la mía. —Elsa oyó mientras se alejaba de ella y regresaba arrastrando lo que sonaba como cadenas—. No tiene que responder en este momento. Unos días en el calabozo le darán tiempo de sobra para pensar en ello.
Entonces, el capitán no la mataría por el momento. Más bien, la llevaría con Drago para que pudiera usarla en su campaña de conquista. Al parecer, creía que haría añicos su determinación para siempre si la encarcelaba.
Pero él no la había derrotado todavía, y nunca lo haría. Ella lucharía contra él con todas sus fuerzas hasta que él fuera quien estuviera en el suelo, aunque no cometería el mismo error de dejar que sus sentimientos la controlaran otra vez. En cambio, ella controlaría sus sentimientos al igual que lo había hecho durante tres años, dejando que el amor, y no el miedo o la ira, guiara sus acciones. Además, aún tenía un as bajo la manga que esperaba que fuera suficiente para tomarlo por sorpresa.
Abriendo solo uno de sus ojos muy ligeramente, se dio cuenta que el resplandor ámbar en su armadura había desaparecido. Había recuperado su equilibrio emocional. Bien. Lo que estaba a punto de hacer requeriría una cantidad impresionante del mismo.
Antes de que el capitán se acercara más con esas cadenas, ella comenzó a reír en voz baja. —Tres años, y usted sigue siendo el mismo bastardo arrogante al que le encanta el sonido de su voz —le dijo mientras se inclinaba sobre el suelo, tratando de ponerse en pie de una forma que daba lástima… o al menos eso parecía—. Y para que lo sepa, este truco es nuevo.
Y sin dar al capitán la oportunidad de reaccionar, liberó cientos de corrientes de hielo desde sus manos en todas direcciones, cubriendo toda la cubierta. Haciendo uso de sus "segundos ojos y oídos", inmediatamente identificó dónde estaba de pie el capitán. Incluso podía "ver" el contorno de una ceja levantada mientras movía la cabeza para mirar a su alrededor. También encontró su báculo, apoyado contra una pared a no menos de ocho metros de distancia de ella. El hombre probablemente lo había dejado allí al ir por las cadenas.
Ya era hora de que ella hiciera su movimiento.
Utilizando sus brazos para apoyar su peso, levantó ambas piernas y pateó al capitán en el estómago tan fuerte como pudo. Combinado con el elemento sorpresa, fue suficiente para empujarlo hacia atrás y hacerle soltar las cadenas. Ella se puso de pie tan rápido como pudo, y aprovechando el breve momento de confusión, echó a correr, pasando junto a él mientras se dirigía en línea recta a recuperar su báculo.
No obstante, tan solo había dado cinco pasos en esa dirección cuando oyó el sonido de eslabones de cadenas volando cerca de ella. Fue capaz de sentir que el capitán estaba exactamente cerca del palo mayor del barco y cómo las estaba balanceando. Ella esquivó el golpe y luego se dio la vuelta para agarrar las cadenas y cubrirlas con suficiente hielo como para que fueran más pesados y más difíciles de manipular. Cayeron al suelo con un ruido sordo, y ella sintió que el capitán había optado por soltarlas antes de que el hielo le llegara a los dedos.
También percibió un movimiento rápido de mano de su parte, pero fue tan rápido que no tuvo tiempo de evadir el ataque. Algo golpeó su armadura de hielo a toda velocidad, y sintió un objeto afilado y puntiagudo en su hombro izquierdo. Dejó escapar un grito de dolor, pero de inmediato se hizo evidente que podría haber sido mucho peor. La pequeña daga apenas había sido capaz de perforar el hielo robusto, y solo la punta había alcanzado a apuñalar su cuerpo. Estaba herida, pero no era grave, y no le sería un obstáculo para seguir luchando. Sin embargo, se dio cuenta de que sería incapaz de llegar a su báculo sin darle la espalda al capitán y correr el riesgo de otro ataque sorpresa.
Oh, bueno, no es como si fuera el único que puedo hacer, pensó.
De hecho, un nuevo plan había comenzado a formarse en su mente. Las cadenas congeladas a sus pies podrían proporcionarle una oportunidad única de capturar a este hombre, y de asegurarse de que permanecería capturado. Requeriría de una gran habilidad, pero era su mejor opción para vencerlo en su propio juego.
Todavía no se atrevía a abrir los ojos, pero no tenía necesidad de hacerlo. En cambio, optó por rehacer su máscara, yendo tan lejos como para cerrar los pequeños espacios que normalmente le permitían ver a través de ella, a fin de evitar la tentación de usar su vista natural. Quedando de frente al capitán, que ahora estaba a unos tres metros de distancia de ella, sintió que él estaba esperando que ella hiciera el siguiente movimiento.
Que así sea, pensó. Y con dos rápidos movimientos de sus manos, disparó dos ráfagas de hielo en la dirección del capitán. Con la misma agilidad y velocidad como la de ella, él los esquivó y lanzó un par de dagas hacia su pecho. Ella ya estaba esperando eso, y esta vez, se las arregló para evadirlas saltando y girando en el aire al tiempo que formaba un nuevo báculo en sus manos. Mientras aterrizaba, lo usó para disparar dos ráfagas más que el capitán esquivó de nuevo. Pero en el tiempo que le tomó encontrar otra arma debajo de su coraza, le dio a Elsa la oportunidad de disparar una tercera descarga a sus pies, haciéndole saltar.
Comenzó a rodear al capitán y a acercarse cada vez más a donde se encontraba. Al mismo tiempo, por cada cuchillo y daga que le arrojaba, Elsa saltaba o se agachaba para esquivarlos y contraatacaba dos o tres veces para mantenerlo ocupado, aunque él siempre esquivaba los disparos de hielo. Finalmente, se quedó sin armas pequeñas, momento en el que desenvainó su espada y giró una última vez para finalmente encontrarse de frente con Elsa. En cambio, casi consiguió ensartarse el rostro en una gran púa de hielo… una de varias que componían una gran barrera circular detrás de la cual ahora estaba atrapado. A Elsa le pareció muy divertido cuando comenzó a mirar a su alrededor frenéticamente, tratando de no quedar empalado en una de las púas.
Elsa sonrió con suficiencia. Este hombre había visto antes cómo cada vez que ella disparaba una ráfaga de hielo, le diera a su objetivo o no, crecían púas de hielo en dirección opuesta a aquella de la cual provenía la ráfaga. Probablemente no esperaba que sucediera al revés. Eso, así como su persistencia en hacerle daño a ella, había sido algo en lo que había estado contando. Pues mientras se movía alrededor del capitán, cada disparo "pésimo" en realidad había tenido la intención de crear esa misma barrera. Y si bien también había previsto que él utilizara hasta el último de sus cuchillos, había sido un gran alivio ver que sucediera al tiempo que se cerraba la trampa.
El capitán ya estaba tratando de escapar, rompiendo tantas púas como podía con cada golpe de su espada, sólo para que más de las mismas tomaran su lugar. El palo mayor, que también terminó dentro del círculo, tampoco le daba mucho espacio para trabajar. Sin embargo, Elsa aún no había terminado. Esto era solo la primera fase de su plan. Elsa no estaba exactamente tratando de mantener al hombre lejos de ella. De hecho, la segunda fase requeriría combate cercano. Y si debían luchar cuerpo a cuerpo, sería bajo sus propios términos. La barrera de hielo simplemente le ayudaría a lograr ese objetivo.
Utilizó su báculo como una pértiga para saltar por encima tanto de las púas como del capitán, aterrizando justo detrás de él. Hubo un choque de hielo y metal cuando ella giró su arma para golpearlo y él se dio la vuelta para bloquear el ataque, comenzando así el enfrentamiento real entre el capitán y la Reina de las Nieves. Cada uno de ellos trataba de golpear al otro mientras esquivaba los golpes de su oponente respectivo, ya fuera saltando, inclinándose hacia un lado, o agachándose.
Elsa mostró un dominio impresionante de sus habilidades de combate, a la par con las del capitán. Y a diferencia del intento anterior que había ido mal, se mantuvo en calma y en control absoluto tanto de sus movimientos como de su magia. Las púas de hielo eran prueba de esto último; cada vez que ella se acercaba peligrosamente a ellas, retrocedían para darle espacio para moverse, mientras que crecían aún más si era el capitán el que se acercaba a la barrera antinatural, empujándolo hacia atrás, hacia el mástil.
No pasó mucho tiempo antes de que el capitán se quedara sin espacio para evitar los ataques de Elsa. Entonces, ella golpeó el suelo con la punta de su bastón y lo usó para soportar su peso mientras lo pateaba contra el mástil. Elsa sonrió al ver al hombre tratando de mantener el equilibrio. Ahora todas las piezas estaban en su lugar, y no había nada que el capitán pudiera hacer para detenerla. Por supuesto, él era demasiado arrogante como para admitirlo, o para caer sin dar pelea. Ella contaba con eso.
Y así fue; él levantó la espada en su mano y trató de asestar un golpe más, pero Elsa ya había formado su escudo de nuevo para contrarrestar el ataque. Lo usó para empujar la espada a un lado sin esfuerzo y golpear al hombre en la frente lo más fuerte que pudo. No fue suficiente para noquearlo, pero en el mejor de los casos parecía desorientado, apenas capaz de sostener la espada en la mano.
Sabiendo que no tenía tiempo que perder, ella giró su báculo una sola vez con el fin de golpear el mástil con la punta… revelando que estaba fusionada con las cadenas que ahora estaban cubiertas de una capa más delgada de hielo. En el momento en que los eslabones entraron en contacto con la madera, creó un grueso anillo de hielo para asegurarlos al palo los separó de su báculo. Entonces comenzó a dibujar círculos en el aire con la punta del báculo. Las cadenas cubiertas de hielo comenzaron a moverse de igual manera, deslizándose rápidamente alrededor del mástil mientras seguían las órdenes de la Reina de las Nieves. En menos de cinco segundos, terminó de encadenar al capitán con las mismas ataduras que él había la intención de utilizar con ella. Y mientras él se recuperaba del último golpe y se daba cuenta del predicamento en que ahora se encontraba, Elsa pudo sentir cómo la sonrisa arrogante en su rostro finalmente desaparecía.
Por fin, era su turno de sonreír ampliamente. Por una vez, había sido capaz de engañar al hombre que había estado un paso adelante desde que se habían vuelto a encontrar durante la batalla. Ésta era la culminación del plan que había tramado cuando "vio" las cadenas a sus pies antes. Se había dado cuenta que, de alguna manera, no había ataduras de hielo que pudieran detenerlo por mucho tiempo. Tal vez él tenía una manera de fundirlo desde dentro. Pero seguro que no podía tener nada que pudiera ayudarle a liberarse de ataduras metálicas.
En cualquier caso, y sólo para asegurarse de que no iba a tener nada más que derretir, descongeló la fina capa de hielo que cubría los eslabones de metal con un último giro de su arma. Luego deshizo el escudo y la máscara, convirtió su báculo en una espada de doble filo, y acercó la punta a la garganta del capitán. Y para responder a la oferta que le había propuesto con anterioridad, dijo: —¿Es mi respuesta lo suficientemente clara?
Por un momento, Elsa creyó sentir una sonrisa de superioridad formándose en la cara del capitán antes de que éste hablara. —Adelante, pues. Usted sabe lo que tiene que hacer. Termínelo.
El agarre de Elsa alrededor de la empuñadura de su espada se suavizó. La verdad sea dicha, parte de ella en realidad quería hacer exactamente lo que este hombre le pedía. Sin embargo, ella ya había perdido el control una vez hoy, y no quería llegar a eso por segunda vez. Además, ¿qué pensaría Anna de ella si tomaba la vida de una persona?
Si necesitaba que la convencieran, las siguientes palabras del capitán casi fueron suficientes. —Termine con esto, o le juro que iré personalmente tras su dulce hermana pequeña —la provocó, casi como si hubiera leído sus pensamientos—. Y, oh, las cosas que haré con ella…
Elsa empujó la espada un poco más duro contra el cuello del hombre. La sola mención de Anna y "lo que le haría" trajo de vuelta los recuerdos de lo que este miserable ya le había hecho antes. Con todo, librar al mundo de él no podía ser tan malo, y si alguien tenía que hacerlo, ¿por qué no Elsa? Seguramente podría vivir con ello. En cuanto a Anna, bueno, "ojos que no ven, corazón que no siente", ¿verdad? Aunque, pensándolo mejor, Anna era muy perceptiva… demasiado perceptiva, tal vez. Al final, ella sabría que algo sobre su hermana mayor era diferente, que había cambiado de alguna manera. Pero tal vez, sólo tal vez, la perdonaría si supiera…
—¡Hágalo! —el capitán la retó.
Elsa empujó la espada un poco más lejos. Una pequeña gota de sangre brotó del cuello del capitán. ¿Qué estaba esperando? ¿Por qué estaba tan reacia a terminar esto? Ella era consciente de que, si no fuera por el hecho de que podría ser de utilidad para Drago Manodura, este hombre ya la habría matado sin remordimiento. Pero ahora los papeles finalmente se habían invertido. Ella tenía la sartén por el mango. Incluso el capitán lo sabía. ¡Entonces, ¿por qué no podía simplemente cortarle el cuello?!
Suspiró, una lágrima rodando por su mejilla. En el fondo, ella sabía muy bien por qué. Anna una vez lo había puesto en cuatro palabras sencillas. Y a pesar de la distancia entre las dos, Elsa aún podía oír su voz pronunciándolas tan claro como el día: "No vale la pena."
Y tenía razón. Hasta este punto, Elsa era todavía inocente de la sangre de cualquier hombre. Ni siquiera durante la batalla cuando ella usó sus poderes para luchar contra el ejército de Drago había matado a una sola persona. Ella sabía que matar a alguien, no importando quién, la cambiaría para siempre. Tales eran los principios y valores morales con los que sus padres habían criado a Elsa y Anna, tanto antes como después del incidente. Ni siquiera este hombre valía sacrificar todo eso.
Abrió los ojos, descubriendo que ya no dolían, a pesar de que su visión era todavía un poco borrosa. Quería ver al capitán cara a cara cuando hablara sus siguientes palabras.
La espada de hielo se convirtió en nieve en su mano, nieve que el viento se llevó. El capitán lo vio, y su sonrisa se ensanchó. —Lo sabía. A pesar de todo su poder y habilidades, usted sigue sin ser lo suficientemente valiente o inteligente. Recuerde mis palabras: si me deja vivo, la sangre de cada hombre, mujer, niño y dragón que yo mate a partir de este momento también estará en sus manos.
Oh, ella lo sabía. Y no había duda de que él merecía morir. Pero ciertamente no moriría por su mano. Elsa dejaría que la justicia se encargara de ello.
—Di lo que quieras. Pero no seré como tú —respondió ella, hablándole por primera y única vez de manera más personal. Y reuniendo toda la fuerza que pudo reunir para pronunciar el nombre que había estado tratando de olvidar durante mucho tiempo, añadió: —Capitán Sigurd, está bajo arresto por sus crímenes contra la corona. Será llevado de vuelta a Arendelle, donde se le juzgará y sentenciará debidamente…
Un alarido repentino la interrumpió… un grito fuerte e inhumano que resonó en todo el campo de batalla. Elsa se quedó en silencio. Lo reconocía. Lo había oído antes al tratar de liberar a los dragones en este navío, si bien algo perdido entre los muchos sonidos de la batalla que se libraba fuera. Se dio la vuelta y vio la enorme silueta del Salvajibestia negro caminando hacia la aparente fuente del sonido. ¿Sería tal vez el llamado de su amo?
Formó un catalejo en sus manos y lo apuntó a lo que fuera que seguía el Salvajibestia. Verdaderamente, vio la silueta de un hombre corpulento con cabello largo y negro, muy probablemente el comandante de este ejército, haciendo girar lo que parecía un palo o un bastón sobre su cabeza mientras gritaba. Definitivamente estaba convocando al Alfa.
—Creo que mi "juicio y sentencia" pueden esperar —dijo Sigurd detrás de ella. Sonaba entretenido, incluso feliz—. Obviamente no voy a ninguna parte, así que ¿por qué no solo se sienta y disfruta del espectáculo que está a punto de suceder?
¿Por qué no mantiene la boca cerrada? Elsa pensó. Consideró crear una especie de bozal sobre la boca de Sigurd para mantenerlo callado… pero por la forma en que había dicho esas palabras, era obvio que él sabía algo que ella no. Se volvió de nuevo.
—Dígame lo que está pasando —le ordenó, aunque no esperaba que fuera a hablar. Aparte de perdonarle la vida o dejarlo en libertad, ninguna de los cuales parecía realmente importarle mucho, no tenía nada que ofrecerle a Sigurd.
Para su sorpresa, él respondió de inmediato. —Drago Manodura está llamando a su poderosa bestia para someter a un dragón menor. Son pocos los que pueden resistirse al primer llamado del Alfa, pero al final, todos sucumben. Es algo bastante impresionante de ver, la forma en que un dragón se convierte en nada más que un animal sin sentido y dobla la rodilla ante el dios de dragones.
Eso fue suficiente para enviar un escalofrío por la espalda de Elsa. Si había algún dragón que pudiera resistir el llamado del Alfa, tenían que ser los dragones de los jinetes. Y si Drago estaba tratando de doblegar a uno de ellos, o a todos ellos, para que hicieran su voluntad…
El alarido se detuvo tan rápido como había comenzado. Elsa se dio vuelta y apuntó su catalejo de nuevo al mismo lugar, y lo que vio hizo que su corazón se le encogiera. Allí, de pie justo en frente de Drago, estaban un vikingo delgado y un dragón negro.
¡Hipo!
¿Qué estaba haciendo ese muchacho testarudo? ¿De verdad seguía creyendo que podía hacer cambiar de parecer a Drago Manodura? Y para el caso, ¿cómo es que Drago no lo había matado todavía? A menos que… Por supuesto, ¿qué mejor manera de hacerlo que utilizar al propio dragón del vikingo en su contra? ¡Chimuelo era el dragón que quería someter! Y viendo que al parecer no había nadie lo suficientemente cerca para ayudarle, Hipo moriría si Elsa no llegaba para salvarlo, y rápido.
Sólo había una ligera complicación. Elsa estaba demasiado lejos de la orilla como para poder llegar a través de medios convencionales. Wintergale se había ido, y si había sido capaz de resistir la influencia del Alfa o no en realidad no importaba aquí. No había ninguna garantía de que la Furia Helada sería capaz de oír a Elsa llamándola o siquiera de venir a buscarla. Y por si eso no fuera suficiente, Elsa no quería dejar a Sigurd solo. Cualquiera de los hombres de Drago podría acudir en su ayuda y liberarlo a él y a su tripulación tan pronto como ella se fuera.
Por suerte, sus poderes e ingenio le proporcionaban una manera de llegar a la orilla rápidamente. Sería más rápido que correr, probablemente incluso más rápido que volar. Y en cuanto a su segundo problema, acababa de ocurrírsele una solución. Miró a su alrededor para asegurarse de que el resto de la tripulación todavía estaba atada en la sección de proa de la nave. Después creó una gran esfera que encerró la mayor parte del mástil al cual Sigurd estaba encadenado y lo cubrió, junto con la mitad de la nave a partir de ese lugar y hasta la popa, con hielo sólido, como si de un iceberg se tratara. Ordenó que de ahí brotaran unas enormes púas de hielo para ahuyentar a cualquier persona que pudiera tratar de liberar al capitán.
Satisfecha, saltó de la nave, aterrizando con los pies por delante en la superficie del mar y congelando alrededor de todo el barco por si acaso. Su vista iba mejorando con cada minuto que pasaba, pero incluso si no fuera así, la gigantesca silueta del Salvajibestia gris oscuro más allá era imposible de perder. Calculó su trayectoria de tal forma que llegara un poco más lejos de donde estaban el Salvajibestia y su amo. Luego extendió su mano, y un puente de hielo ancho apareció entre ella y la costa. También agregó un par de cuchillas de patinaje resistentes a sus botas antes de agacharse e inclinarse ligeramente hacia adelante. Finalmente, echó sus brazos hacia atrás, abrió sus palmas, y lanzó un fuerte chorro de magia de hielo de cada mano para propulsarse.
Salió disparada de forma relativamente rápida, aumentando la velocidad en cuestión de segundos. Pronto estaba atravesando la bahía más rápido de lo que probablemente lo haría en un dragón. Si sería lo suficientemente rápido era lo que estaba a punto de averiguar. Con suerte, Chimuelo sería capaz de resistir la influencia del Alfa el tiempo suficiente.
Hablando del enorme dragón, se dio cuenta de que éste estaba emitiendo un ruido extraño, que se hacía más fuerte cuanto más se acercaba a la fuente. Sin embargo, para el momento en que llegó a la orilla, había disminuido. Elsa temió lo peor. ¿Habría ya doblegado el Salvajibestia oscuro al Furia Nocturna? Miró a su derecha. A unos sesenta metros en esa dirección, el amo del Alfa había comenzado a alejarse. Aún más lejos, la gigantesca criatura marina parecía estar proyectándose hacia otro dragón, extendiendo sus alas y enfocando su mirada con ojos entrecerrados en algo, pero un gran afloramiento rocoso y un pico de hielo caído de la coraza del santuario le oscurecían a ella la vista.
Fue entonces cuando Elsa oyó a Hipo gritar frases como "¡Espera!" y "¡Reacciona, Chimuelo!". El miedo y la desesperación en su voz dejaban muy claro que Chimuelo había vuelto contra él y que estaba en un gran problema. Elsa empezó a correr tan rápido como pudo, zigzagueando a través de trampas rotas y armas destruidas en el camino. Al mismo tiempo, seguía oyendo las súplicas aterrorizadas de Hipo a su dragón. En ese momento, un segundo grito más fuerte llegó a sus oídos.
—¡HIPO! —Esa era la voz inconfundible de Estoico el Vasto, y sonaba muy cerca. Pero, ¿estaba lo suficientemente cerca?
Finalmente alcanzó la esquina del afloramiento y giró, justo a tiempo para encontrar Chimuelo a punto de lanzar el golpe fatal a su mejor amigo… y a Estoico corriendo a toda velocidad para llegar donde su hijo antes de que fuera demasiado tarde. Por qué Hipo no se había movido fuera de la línea de fuego del Furia Nocturna era algo que Elsa no atinaba a comprender, pero era obvio para ella que si no intervenía en los próximos dos segundos, ya fuera él o su padre morirá inevitablemente.
—¡HIJO!
—¡Papá, no!
Elsa no tenía tiempo para pensar en una solución definitiva. Su instinto le instaba a hacer algo, cualquier cosa, para evitar la tragedia inminente. Así que hizo lo primero que se le ocurrió: disparó un chorro de magia de hielo entre Hipo y Chimuelo al tiempo que este último le disparaba… y Estoico empujaba a su hijo fuera de peligro.
Pero ni siquiera su magia era lo suficientemente fuerte como para suprimir la poderosa bola de plasma de un Furia Nocturna. Un destello de luz brillante y una fuerte explosión fueron las últimas cosas que Elsa vio y oyó antes de que un gran pedazo de hielo de la explosión la golpeara con fuerza en la cabeza, dejándola fuera de combate por tercera vez el día de hoy. Y esta vez, a pesar de sus mejores esfuerzos, no pudo permanecer consciente. Sólo pudo reabrir sus ojos brevemente un último momento, durante el cual alcanzó a ver al musculoso jefe vikingo yaciendo inmóvil en el suelo, cubierto de hielo, y a su hijo y esposa corriendo a su lado.
Al igual que el noble Salvajibestia, Estoico el Vasto había caído.
Esa imagen permaneció en la mente de Elsa, junto con la persistente sensación de fracaso, hasta el instante en que la nada reclamó a la Reina de las Nieves de Arendelle.
N/A: Sí, comiencen a reproducir "Stoick Saves Hiccup" y "Stoick's Ship" porque me temo que así es como termina. Y por termina, literalmente quiero decir "termina". Al menos por un tiempo.
Esas eran las noticias que necesitaba compartir con ustedes. Voy a "cajonear" esta pequeña historia durante unos cuantos meses. No es porque se me haya acabado la inspiración o las ideas. Es solo que todavía tengo este otro proyecto pospuesto llamado The Fifth Race's Reclaimers (un crossover HaloxStargate en inglés; tal vez algunos lo hayan leído o al menos visto en mi página de perfil), y ahora que Halo 5: Guardianes es una realidad, me gustaría terminar lo que empecé y prepararme para la secuela. Aparte de eso, aún necesito dedicarme a la escuela y el trabajo y todo eso, lo cual es parte de la razón por la cual me tomó tanto tiempo actualizar. En verdad lamento tener que poner esta historia en pausa así. Sé que es un final triste, pero así es como debía ser.
Lightscales15: :'( Perdón por romper tu corazón en mil millones de pedazos, es solo que al final la razón me ganó más que la emoción. Sí, fue triste perder mi cuaderno, pero al final creo que fue mejor. La batalla me salió más cool que la original, en mi muy humilde opinión. ¡Gracias por chulearme mi escritura y por tu comentario!
SilverNightmare15: ¡Hola! Gusto en conocerte y en saber que eres de mis primeros seguidores. Lamento haber tenido que matar a Estoico, pero era necesario. Solo espero no haberte arruinado la historia. ¡Gracias por comentar!
Dew Rain: ¡Exacto! Es exactamente así como yo veo la relación entre Elsa y Valka/Hipo. Supongo que con el tiempo Elsa hubiera visto a Estoico como figura paterna también… si las cosas hubieran sido distintas. Y ahora que lo pienso… no recuerdo haber visto comentarios tuyos antes. :D Tengo curiosidad, ¿qué hubieras preferido tú, que Estoico viviera o que muriera? ¡Gracias por comentar!
Jonavis Flightless Dragon: Ya sé que no dejaste comentario, pero quería mandarte saludos… y preguntarte si no tendrías algún dibujito que pudieras compartir conmigo, de esos que me habías contado ;). Perdón, ya sé que es plan con maña, pero por favor no lo tomes a mal. ¡Espero saber de ti pronto!
Obviamente la encuesta ya se cerró a estas alturas. Los resultados deberían aparecer en mi página de perfil. Por favor no lloren mucho. Estoico tuvo una muerte heroica, y fue por la causa más noble que puede haber: salvar la vida de un ser amado. Todos los recordaremos, "escucharemos su nombre alzarse desde las profundidades del Valhala, y sabremos que ha tomado el lugar que le corresponde en la mesa de los reyes". D.E.P. Estoico. :'(
Los veré cuando los vea, chicos.
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*aparece un coro dramático y canta* WAIT! THERE IS MORE! SHIA SURPRISE! (¡ESPEREN! ¡AÚN HAY MÁS! ¡SHIA SORPRESA!)
Perdón, no pude evitar eso. :P Pero por favor díganme que no creyeron en serio que dejaría este capítulo así cuando estoy a punto de dejar esta historia en pausa. Así que sí, este capítulo aún no termina. ¡Disfrútenlo!
(Y si no captaron la referencia, siéntanse con la libertad de buscar en Google "shia labeouf canción" ;).)
Elsa se despertó al alba en un día de verano bastante frío. Para alguien a quien no le molestaba el frío, el hecho de que pudiera sentirlo en sus huesos quería decir algo. Lo curioso era que el clima no era diferente hoy de lo que había sido desde el día de la gran tormenta cuatro días antes, y hasta ahora, no había sido un problema para ella. Entonces, ¿qué había cambiado?
La respuesta llegaría antes de lo esperado, anunciado por un suave golpe en la puerta.
—¿Princesa Elsa? —Era Kai, amigo de la Familia Real y sirviente principal… y parecía angustiado. Ya que no pasaba mucho tiempo cerca de la gente, Elsa había aprendido en sus diez años de aislamiento a "leer" los sentimientos de otras personas simplemente escuchando sus voces, no importando qué tantas o qué tan pocas palabras utilizaran. Su primer pensamiento fue que algo había ocurrido en la ciudad que podría requerir su presencia, lo cual estaba completamente fuera de discusión, sobre todo si las cosas se intensificaban a un punto en que no pudiera manejar el estrés. Sus guantes tenían límites.
—¿Qué ocurre, Kai? —respondió ella detrás de la puerta, esperando que fuera algo menos grave.
—Me temo que traigo noticias terribles. El Rey y la Reina… —Su voz se estremeció—. Un navío mercante encontró los restos de su barco anoche en aguas abiertas, y… lo siento, princesa. Al parecer no hubo sobrevivientes…
Elsa se quedó allí por un momento, incapaz de hablar. ¿Los restos del barco de sus padres? ¿No hubo sobrevivientes? ¿Quería decir que…? No, ni siquiera quería considerar el significado de esa declaración. Una sensación de hundimiento se expandió en la boca de su estómago al tiempo que se llenaba de una sensación de temor. Kai siguió hablando, pero su voz se convirtió en un murmullo lejano. Lo que él estuviera tratando de decirle, no podía ser lo que ella temía que era. Se negaba a creer que era lo que temía que era.
Pero su mente subconsciente lo entendía perfectamente, y en sus poderes quedó demostrado. Un viento frío recorrió el dormitorio, convirtiéndose rápidamente en una pequeña tormenta de nieve que comenzó a congelar todo en la habitación. Ella no pudo permanecer más en pie. Dándole la espalda a la puerta, se apoyó contra ella y se deslizó lentamente hasta que estuvo sentada en el suelo. Cubriéndose el rostro con las manos, lloró a todo pulmón y dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas. Surgieron ráfagas de magia de hielo a su alrededor. La escarcha cubrió el suelo y se deslizó hasta las paredes de su dormitorio en un instante, la pequeña tormenta se detuvo de repente, y hasta el último copo de nieve se quedó congelado en su lugar, sin caer ni levantarse.
—¡Princesa Elsa! —oyó la voz de Gerda fuera de la habitación—. ¡Princesa Elsa, ¿está bien?!
—¡Déjenme sola! —gritó ella. No podía moverse de allí… ni lo haría. Enterró su rostro entre sus rodillas y se quedó de esa manera allí durante horas, llorando y gimiendo hasta que sus lágrimas se agotaron. No dejaba de preguntarse si podría haber hecho algo para salvarlos de haber estado en ese barco con ellos, a pesar de que sabía que solo habría empeorado las cosas. En cualquier caso, era más fácil pensar en varias formas en que podría haber evitado su deceso que aceptar que se habían ido para siempre.
Ni siquiera podía repetir las palabras que su padre le había enseñado. Se sentían tan vacías y sin sentido en este momento. Estaba sola en su dormitorio, y lo único que quería hacer era dejar que sus sentimientos brotaran, no impedir que se dejaran ver. ¿Qué pasaría con Anna y ella ahora? ¿Qué iban a hacer? ¿Qué iba a hacer ella sin ellos allí para ayudarla, sin su apoyo y comprensión amorosos?
—Mamá… —sollozó suavemente; su garganta estaba ronca después de todo ese tiempo llorando—. Papá…
…
"¡Papá!"… "¡No, apártate de él!"… "¡Largo, vete de aquí! ¡Lárgate!"
En medio de su propio llanto, Elsa podía oír la cacofonía lejana de soldados celebrando y dragones esclavizados… y el clamor de luto de un joven vikingo por la muerte de su padre.
De alguna manera, esto último, así como el rugido de un Salvajibestia convocando a todos los dragones en la región, incluyendo a cualquiera que pudiera haber resistido su primera llamado, fue suficiente para romper la oscuridad que la rodeaba y traerla de vuelta al aquí y ahora.
Sacudió la cabeza y se puso de pie, pero se sentía muy mareada, y después de sólo dos pasos hacia delante, tropezó y cayó. Se vio obligada a hacer de nuevo su báculo para que pudiera utilizarlo como bastón. Caminó lentamente hacia un pequeño grupo de vikingos, incluyendo a Hipo y Valka, todos ellos con expresiones sombrías en sus rostros. Cualquier persona que los viera podría haber pensado que estas personas estaban en un funeral, y no podrían haber estado más acertados. Porque ellos estaban reunidos alrededor del cuerpo sin vida de su líder, su jefe… el marido de la mujer… el padre del chico.
De repente, las mismas emociones y sentimientos de derrota y fracaso que había sentido antes de perder la conciencia regresaron de golpe. Ella le había jurado a Valka que iba a proteger a sus dragones, y se había jurado a sí misma que mantendría a los vikingos a salvo, especialmente a Hipo. Al final, había fallado en hacer ambas cosas. El Salvajibestia de Valka estaba muerto, y sin él, el resto de los dragones libres no tenía forma de escapar del control del Alfa oscuro. Los dragones de los jinetes no parecían por ningún lado, por lo que era lógico que también a ellos se los había llevado. De no haber sido por el sacrificio de Estoico, su hijo habría muerto también. Y todo era culpa de ella por no estar a su lado.
Oh, ¿por qué se había empeñado tanto en derrotar a Sigurd? Debería haber huido de esa nave en el momento que vio al Salvajibestia de Drago saliendo del agua. ¡Tenía magia de hielo lo suficientemente fuerte como para ayudar al Alfa bueno en la pelea, por el amor de Dios! ¡Podrían haberlo derrotado juntos! ¡Ella podría haber lidiado con Sigurd más tarde! Pero no, tuvo que quedarse allí para ajustar cuentas una vez más, para probar que ella era todavía más fuerte y más inteligente que él. ¡Qué arrogancia!
Todo era su culpa…
—¡Rápido! —oyó que alguien gritaba en voz alta y con autoridad, junto con el bramido desgarrador de un dragón adolorido. Cada soldado enemigo, así como los vikingos y Elsa, se volvieron a ver al hombre que había hablado. Para Elsa, esta era la primera vez que veía a este hombre de cerca. Tenía una figura intimidante, el rostro cubierto de cicatrices, cabello barba y largos dispuestos en mechones desaliñados. Tenía en la mano lo que parecía un ankus demasiado grande. Este era Drago Manodura, el así llamado "dios de dragones". ¡E iba montado en la espalda de Chimuelo! De todos los dragones que acababa de esclavizar, y para colmo de males, había elegido montar al dragón de la única persona que había creído que podía hacerle cambiar de parecer en cuanto a los dragones.
Elsa sintió esa misma rabia que había sentido al enfrentarse a Sigurd acumulándose de nuevo en su interior. Pero esta vez, en lugar de brillar ámbar, su báculo despidió un brillo azul aún más brillante, casi de color blanco. Había aprendido la lección con Sigurd por lo menos, y no perdería los estribos de nuevo. Pero detendría a este hombre al igual que había detenido a Sigurd, aunque fuera lo último que hiciera.
—Reúnan a los hombres, y… —comenzó a decir Drago, inspeccionando el campo de batalla, pero se detuvo cuando vio a Elsa. Esta última se le quedó mirando, desafiante… y a cambio, se encontró con una expresión de terror de su parte mientras pronunciaba una sola palabra—. Tú…
¡Él sabía quién era ella, y realmente le tenía miedo! ¡El comandante del imponente ejército de hombres y dragones le temía tanto como cualquiera de sus hombres! Probablemente había oído las mismas historias sobre la "Bruja de Hielo", que ahora ella sospechaba había sido gracias en gran parte a Sigurd, y probablemente sabía que por sí misma representaba una amenaza a su reinado de terror tan grande como el Alfa bueno y los dragones libres.
—¡Chimuelo!
Por el rabillo del ojo, Elsa vio a Hipo levantarse y salir corriendo hacia Drago, y a Valka tratando de detenerlo. Drago también tomó nota de esto, y como si lo hubieran sacado de un trance, recuperó su actitud amenazante. Levantó su ankus y lo apuntó hacia Elsa y los vikingos…
Elsa repente se dio cuenta de que se había olvidado del arma secreta de Drago: el Salvajibestia servil. Alcanzó a ver al enorme dragón marino tomar un respiro profundo y desatar su ataque devastador, pero el Alfa estaba mucho más lejos de su amo, y la corriente de agua helada cayó al suelo a una buena distancia de los jinetes. A pesar de que siguió avanzando hacia los jinetes de dragones a un ritmo rápido, la brecha le dio a Elsa el tiempo suficiente para contrarrestar el ataque.
Ella levantó su propio báculo y lo hizo girar tres veces sobre su cabeza antes de enterrarlo en la nieve. Este movimiento provocó un fuerte viento helado que sopló en torno a los jinetes, creando una burbuja de aire que actuó como una barrera para impedir el avance de la corriente y desviarla a cada lado. Sólo unas pocas gotas de agua fueron capaces de romper el escudo de aire, congelándose antes de caer al suelo. El resto se congeló también en torno al viento recio, formando una esfera perfecta dentro de la cual los jinetes de dragones permanecieron intactos, y que por fuera se vería como parte de la corriente helada, con picos y todo.
A pesar de que este acto le tomó poco esfuerzo, Elsa tuvo que apoyarse en su bastón para descansar una vez que la enorme cúpula terminó de tomar forma y el viento dejó de soplar. Se quedó allí y esperó unos minutos antes de caminar hasta el hielo. Lo tocó con la punta de sus dedos y utilizó su sexto sentido mágico para escuchar cómo Drago ordenaba a sus tropas que se reagruparan y se reunieran con él en Berk. También fue capaz de ver cómo se iba volando, seguido de su Salvajibestia y de los dragones esclavizados.
—Creo que estamos a salvo, por ahora —dijo a los vikingos en un susurro.
Sobraba decir que su intervención le había ganado varias miradas perplejas, lo cual había esperado que sucediera de todos modos. Pero nada la preparó para la mirada de dolor que recibió de Hipo cuando se dio la vuelta. Su rostro mostraba una mezcla de emociones, de la confusión a la ira, a la impotencia y a la pena, pero sobre todo, se veía traicionado. Eso sólo sirvió para hacerla sentir peor por mantener sus poderes en secreto de él. Valka había sido quien se lo había pedido, pero no por ello era más fácil.
—Gracias, Elsa —dijo finalmente Valka, rompiendo el silencio incómodo que se había asentado en el interior del refugio improvisado—. Creo que lo mejor sería quedarnos aquí por un tiempo, por si acaso. Luego tendremos que… —Su voz tembló mientras miraba hacia atrás—. Tendremos que prepararnos para…
No pudo continuar. Era evidente que estaba tratando de reprimir los sollozos, de mantenerse fuerte por Hipo. El joven vikingo, sin embargo, ya no se pudo contener. Cayó de rodillas, cubriéndose el rostro con las manos, y lloró a todo pulmón, dejando que las lágrimas corrieran por sus mejillas. Su madre se arrodilló a su lado y lo rodeó con sus brazos para consolarlo en la medida de lo posible. El resto de los vikingos se quedó en silencio en torno a su jefe caído, toda rudeza y serenidad mientras le reñían honor, a excepción de la chica rubia con el pelo trenzado que sí sollozaba en silencio y derramaba una lágrima de vez en cuando.
En cuanto a Elsa, que sólo había conocido al esposo de Valka durante muy poco tiempo, lo único en que ella podía pensar era en Hipo. Podía verse reflejada en él en casi todos los sentidos. Ella también había perdido a sus padres, después de todo. Pero a diferencia de ellos, que habían perecido a causa de un desastre natural, el chico acababa de perder a su padre a causa de las acciones de ella, debido a su terquedad de hacer frente a un viejo enemigo que ni siquiera era importante desde un punto de vista general. Esta vez, ella podría haber hecho algo…
Miró el cuerpo sin vida de Estoico. El hombre acababa de encontrar a su esposa después de 20 años de creerla muerta. Le había propuesto matrimonio una segunda vez con la esperanza de que su familia pudiera estar reunida una vez más. Y ahora se había ido, y con él, sus sueños de una familia feliz.
Elsa miró al suelo por un momento, avergonzada… y luego levantó la cabeza, en sus ojos una determinación intensa. No estoy de acuerdo, pensó mientras caminaba hacia el pequeño grupo de jinetes con una resolución renovada. No dejaría que una mujer perdiera a su marido. No dejaría que un chico perdiera a su padre. Hoy no.
—No si tengo algo que decir al respecto —pensó en voz alta, abriéndose paso a donde yacía Estoico y arrodillándose a su lado. Vio un enorme agujero del tamaño de un puño en su pecho que le llegaba hasta la espalda. No era de extrañar que la explosión también hubiera deshecho la pared de hielo detrás de él. Pero si sus cálculos eran correctos, la bola de plasma había fallado en darle al corazón solamente por un pelo. Bien.
—¿Elsa? —Valka preguntó mientras se acercaba a ella; Hipo venía detrás de su madre—. ¿Qué estás…?
—Tal vez haya una manera de salvarlo —dijo Elsa con tanta certeza como pudo. Eso le valió varias miradas perplejas de todos a su alrededor, incluyendo a Valka—. Si congelo su corazón, podría…
—¡¿Congelar su corazón?! —exclamó Valka—. ¿Como lo hiciste con Anna? ¿Cómo le ayudaría eso?
—Mira, no hay tiempo para explicar —dijo Elsa con firmeza—. Necesito que confíes en mí en esto, ¿de acuerdo?
Valka vaciló, mientras que el resto de los jinetes simplemente se miraban unos a otros e Hipo la observaba como si estuviera loca o algo así. A decir verdad, su plan era una locura. Se basaba en una teoría completamente absurda a la que había llegado en cierta ocasión pero que no había podido demostrar… hasta ahora. Pero era lo único que tenía.
—¿Estás segura de esto, Elsa? —Valka le preguntó con voz trémula.
Elsa miró sus manos y luego a Estoico. —No, pero creo que no tenemos nada que perder a estas alturas. —Valka no parecía convencida o complacida por esta respuesta—. Por favor, al menos déjame intentarlo.
Valka pareció reflexionarlo por un momento. Entonces asintió de forma casi imperceptible y se levantó para mirar de frente al resto de los vikingos. —Todo el mundo, háganse a un lado —ordenó—. Denle un poco de espacio.
Ninguno de ellos se movió al principio, así que Valka tuvo que levantar los brazos y empujarlos hacia atrás, mientras que Elsa se preparaba para llevar a cabo su plan. Pero Hipo seguía renuente a dejar a su padre a solas con ella. Trató de pasar junto a su madre con la aparente intención de empujar a Elsa a un lado, pero Bocón logró agarrarlo por ambos brazos y lo mantuvo contenido, aunque el viejo vikingo mismo no parecía demasiado cómodo sobre todo este asunto.
Mientras tanto, Elsa siguió trabajando en dejar todo preparado, comenzando con una cama de hielo sencilla que creó debajo de Estoico, levantándolo lentamente por encima del suelo. Arrancó un trozo de tela de su capa y lo utilizó para hacer una almohada sobre la cual el jefe vikingo pudiera reposar su cabeza. Quería estar segura de que estuviera cómodo cuando despertara… o si despertaba.
Por último, puso una mano sobre la herida y la otra en su pecho, justo por encima de su corazón. Cerró los ojos y concentró su mente y sentimientos en una sola cosa: volver a reunir a esta familia. En sus palmas se comenzó a acumular magia de hielo que brillaba más y más brillante a cada segundo. Entonces, antes de que alguien pudiera siquiera pestañear, la liberó dentro del cuerpo de Estoico. La fuerza de su magia corriendo por su pecho causó que éste se convulsionara violentamente por un momento antes de que se estabilizara de nuevo.
—¡PAPÁ! —gritó Hipo, tratando de liberarse de las manos de Bocón.
Elsa llevó una mano a su cabeza mientras daba un paso atrás. Se sentía mareada otra vez, más que antes. El esfuerzo simplemente había sido demasiado, pero a pesar de todo luchó por permanecer de pie un poco más. Necesitaba saber si su plan había funcionado.
Durante varios minutos, no pasó nada. Pero justo cuando empezaba a preguntarse si todo había sido en vano, una ventisca de copos de nieve brillantes comenzó a salir de la herida de Estoico. Viendo en ellos un rayo de esperanza, Elsa se inclinó para mirar dentro del horripilante agujero en el pecho del vikingo. Para su sorpresa, se encontró con que su magia estaba curando el daño que había dejado el disparo, un copo de nieve a la vez. Los órganos quemados lentamente recuperaron su forma. Las venas y arterias cortadas quedaron unidas por canales azules transparentes. Los huesos, los músculos y la piel volvieron a crecer en forma de hielo.
Con todo, para cuando su magia había sellado la herida y reparado el cuerpo de Estoico, Elsa se había quedado sin fuerzas. Sus rodillas se doblaron, y cayó al suelo. Estaba agotada de su pelea anterior contra Sigurd y de la tremenda paliza que había sufrido, pero todavía se negaba a ceder. Necesitaba saber si su magia había hecho más que llenar un hueco. Tocó la base de la cama… y sus dedos se encontraron con la sensación de un débil latido de corazón contra el hielo, un latido que se hizo más fuerte segundo a segundo. También oyó cuando él abrió la boca e inhaló profundamente, llenando sus pulmones con tanto aire como pudo. Eso trajo una sonrisa a su cara. Había funcionado.
Estoico el Vasto estaba vivo.
Cada voz y grito ahogado y exclamación de sorpresa se desvaneció en el fondo. A pesar de todos sus fracasos y errores del día, este era un gran éxito, tal vez el mayor éxito que había tenido jamás. Había salvado una vida. Había mantenido junta a una familia. Estos pensamientos agradables la acompañaron cuando finalmente abrazó de buena gana la paz dichosa que vino con la inconsciencia.
N/A: Juro que éste es el verdadero final de este capítulo. ¿Les sorprendería saber que éste es el capítulo más largo que he escrito para esta historia (y posiblemente el más largo que he escrito a la fecha)? Espero que les haya gustado.
Pues sí, Estoico tiene la oportunidad de vivir después de todo, aunque estuvo muerto por un poco de tiempo. Ahora, ¿pueden adivinar cómo fue exactamente que la magia de Elsa pudo traerlo de vuelta? ¡Que comience la lluvia de teorías!
Ok, ahora es cuando me despido en serio. Estaré de vuelta con ustedes dentro de unos meses. ¡No olviden dejar sus comentarios!
