CAPÍTULO 21
- Vaya, vaya! Qué lugar tan encantador- dijo Juliet paseándose por el salón con tranquilidad
- Cómo nos has encontrado?- dijo Kate paralizada por el miedo
- Ha sido más sencillo de lo que parece. Muy bueno lo de mandar el equipaje a París, pero a estas alturas James debería saber que no soy idiota- dijo la rubia sonriendo
- Linus- musitó Kate
- No. Linus es un pobre sentimental. Pero tengo muchos amigos, algunos de los cuales conocen a Hugo y sabían de su afición a las montañas- dijo ella sentándose tranquilamente en el sofá
- Qué es lo que quieres, Juliet?- dijo Kate sacando fuerzas de donde no las tenía
- De momento que te relajes y te sientes aquí. Quiero contarte algunas cosillas que creo que te resultarán interesantes y que supongo que no sabes.
- James volverá de un momento a otro y no le gustará verte aquí. Te aconsejo que te largues- dijo Kate
- Dime una cosa, Kate Austen. Te ha contado ya lo de tus padres? Supongo que si, porque en una historia de amor tan bonita como la vuestra debe haber confianza y sinceridad, no?- La sonrisa de Juliet y sus palabras dejaron atónita a Kate
- Mis padres? Qué sabes tú de…
- Oh! Vaya! Chico malo- rió Juliet- Así que no te ha contado nada? Bien, pues ya lo sabes. Pero supongo que podrás perdonarlo. Ahora ya sabes lo que somos y entenderás que hay momentos en los que necesitamos diversión
- Estás diciendo que tú y él…- Kate era incapaz de articular palabra. El dolor que sentía en el pecho le impedía respirar.
- Estoy diciendo que hubo un tiempo en el que James y yo nos llevábamos muy bien. Él era tan divertido…- suspiró sonriendo- Pero no lo culpes. Supongo que ni siquiera recuerda a tus padres, fueron tantos… Y estoy segura de que no sabe que eres esa niña a la que se empeñó en sacar de aquella casa en llamas.
- Mientes- dijo Kate apretando los puños con rabia mientras las lágrimas brotaban de sus ojos
- Sabes? Yo hice lo mismo con sus padres, así que si él pudo perdonarme por qué no vas a poder hacerlo tú también?
- No! No es cierto! James no es como tú!- gritó ella con rabia
Con un movimiento que no pudo percibir, Juliet se levantó y la empotró contra la pared sujetando con fuerza su cuello con sus frías manos. El odio que había en su mirada y la maldad que sus ojos desprendían le mostraban a las claras sus intenciones. Iba a matarla.
- Es exactamente igual que yo, Kate- dijo en un susurro- Nunca dejará de ser lo que es. Por mucho que se empeñe en jugar a las casitas contigo. Y esto es malo para él. Necesita aceptar lo que es. Aceptarlo y disfrutarlo, y tú eres un maldito estorbo.
- Suéltame- dijo Kate casi sin poder respirar bajo la presión de sus manos en la garganta
- En cuanto haya terminado contigo, querida- dijo Jules
Prácticamente no sintió dolor cuando notó cómo sus colmillos se clavaban en su garganta. Era mucho peor haber conocido la verdad. Iba a morir. Lo sabía y no le importaba.
Dejó de luchar. Cuando las fuerzas empezaron a abandonarla y sintió que su cuerpo ya no le respondía cerró los ojos y no quiso pensar. Sólo quería morir.
Supo que algo iba mal en cuanto vio el coche que estaba parado frente a la cabaña. Pero cuando bajó del coche y el olor a sangre se le metió en la nariz abrió instintivamente la guantera y sacó la estaca de madera que llevaba dentro.
No fue complicado atravesar su cuerpo con ella. Juliet estaba cegada en su víctima. Saciando su ansia asesina y cuando él le rompió el corazón sencillamente se deshizo ante sus ojos.
James se agachó y puso su índice sobre el cuello de Kate, pero era inútil hacer esa comprobación. No podía oír su latido.
Paralizado por el dolor retiró un mechón de cabello que ocultaba sus ojos sin vida mientras las lágrimas se adueñaban de los suyos.
- Kate- murmuró
Había llegado tarde. La había dejado sola y la había perdido. Su luz, su esperanza, y ahora estaba muerta.
La acunó entre sus brazos y un gemido ronco salió de su corazón mientras la mecía. Era su culpa. James sabía que eso iba a terminar así y todo era su culpa. Por ser un maldito egoísta incapaz de renunciar a ella.
Si, eso era. Era un jodido egoísta. Y seguiría siéndolo. No podría soportar perderla y eso era todo. Sabía que iba a odiarse a sí mismo, que probablemente ella también lo odiaría con el tiempo, pero eso es lo que era. Un maldito hijo de puta.
Se quitó la chaqueta rápidamente y se subió la manga de la camisa. Sus manos temblaban de pánico pero lo hizo. Se mordió la muñeca y cuando vio brotar la sangre de su brazo lo puso contra los labios fríos de Kate.
- Vamos, Kate. Vamos! Bebe!
Quizás era demasiado tarde. No debería hacerlo. Pero ella quería. Estaba decidida. Qué demonios! Era él quien era incapaz de perderla.
La sangre inundaba su boca pero parecía no surtir efecto, hasta que de pronto, vio cómo su garganta se movía ligeramente hasta que empezó a tragar.
James siguió apretando su brazo contra su cabeza sin ser capaz de respirar hasta que sintió cómo sus labios se movían buscando la herida. Succionándola con fuerza. Agarrándose a la vida.
La estrechó aliviado contra su pecho mientras ella seguía alimentándose. Su pulso se hacía más fuerte y sintió que entraba en calor poco a poco bajo sus brazos.
Arrancársela de encima fue una de las cosas más difíciles que tuvo que hacer, pero si no lo hacía ambos morirían. Corrió hacia la nevera y sacó tres bolsas de sangre que bebió con rapidez. Después volvió a levantarla y colocó de nuevo sus labios sobre su herida.
Saciada finalmente se quedó inmóvil entre sus brazos en lo que parecía un sueño tranquilo.
La cabeza iba a estallarle. Sentado en el suelo, abrazado a ella y con lágrimas en los ojos fue consciente de lo que había hecho. Y supo todo el dolor que vendría a continuación cuando ella despertase.
Recordó su propia transformación. Cómo le ardía la sangre y la piel. El dolor profundo en las encías. Cómo cualquier sonido se hacía nítido taladrando su cerebro. Y ese ansia de algo en su pecho. La necesidad de saciarse y la incapacidad de hacerlo sin matar.
Pero él estuvo solo y nadie le explicó nada. Ella no lo estaría. Ya estaba hecho y ahora lo único que podía hacer era ayudarla hasta que pudiera controlar todos los cambios que se iban a producir en su cuerpo.
De pronto notó cómo ella se movió bruscamente y empezó a toser.
- James!- gritó agarrándose a él con desesperación- Duele!
- Tranquila- dijo él estrechándola contra su pecho- Ahora estás a salvo pequeña
Le dolía todo el cuerpo. Le ardía más bien. Era como si estuviera envenenada, como si pudiera notar la sangre recorriendo sus venas quemando a cada paso su piel. Pero esa frase… esa frase se le clavó en el corazón. Y entonces lo recordó todo.
El olor a humo y a quemado que le impedían respirar. La imagen de los cuerpos de sus padres sin vida sobre la cama. Cómo unos brazos fuertes la sacaban de aquel infierno y la acunaban diciendo aquellas mismas malditas palabras.
Durante años tuvo esa misma pesadilla sin ver el rostro de su salvador. Pero ahora lo veía. Lo tenía delante y el mismo hombre que salvó su vida fue el que destruyó a sus padres. El hombre que amaba.
- Noooo!- el grito ahogado parecía salirle del alma mientras agarraba con fuerza su camisa
- Pasará, Kate. Te prometo que pasará- dijo estrechándola contra él
- Qué has hecho, James? Qué has hecho, maldita sea!- lloraba desesperada mientras golpeaba con el puño cerrado su pecho sin atreverse a mirarlo a los ojos
- Yo… ella te había matado… tú querías. No tuve opción- dijo él tímidamente- Pero pasará. Poco a poco tu cuerpo se acostumbrará y…
- Mataste a mis padres!- dijo ella enfrentándole la mirada
Todavía albergaba la esperanza de que todo hubiera sido un error. Un maldito error, pero al ver cómo se contraía su rostro supo que era verdad.
James se quedó inmóvil. Incapaz de articular palabra. Y comprendió que la había querido proteger de muchas cosas, habían escapado de peligros, pero finalmente, era él mismo quien le había causado el mayor dolor de su vida. Y supo que la había perdido.
- Cómo has sido capaz de … todo este tiempo, James! Lo sabías desde el principio! Maldito hijo de puta!- el odio con el que lo miraba era más de lo que él podía soportar- Y ahora esto! Deberías haberme dejado morir! Te odio! Te odio!
- Kate, yo…
- No te atrevas! No te atrevas a decir que lo sientes!
- Yo no lo hice. Fue Juliet, aunque supongo que eso no importa porque yo se lo permití- dijo él con la voz rota
Ella se levantó y se secó las lágrimas. Por un momento, su mirada se desvió hacia la estaca y quiso matarlo, pero sencillamente era incapaz de hacerlo.
- Espero que me ames tanto como yo te amo, James. Y espero que ese sea tu castigo. Tendrás que vivir con eso todos los días y lo harás solo porque no quiero volver a verte jamás.
No fue lo que le dijo sino el tono en el que lo hizo. Fría como el hielo había dictado su sentencia.
No pudo replicar nada en absoluto. Se quedó allí, en el suelo, mientras ella desaparecía en el dormitorio.
La bañera se llenaba de agua fría mientras ella miraba su rostro en el espejo del baño. Estaba tremendamente pálida y sentía que su reflejo no se correspondía con lo que ella había sido. Abrió la boca y no vio nada extraño pero las encías parecía que iban a estallarle, así que cogió el cepillo de dientes y se frotó con fuerza. Después sintió un dolor agudo en el estómago y vomitó.
Se sumergió en el agua y la quemazón de la piel parecía remitir pero la opresión que tenía en el pecho no lo hacía. Era una sensación muy extraña, un vacío. Y supuso que sería hambre. Debía alimentarse.
Salió del baño envuelta en una toalla y se dirigió hacia la nevera. James no estaba, por suerte y cuando cogió una de las bolsas de sangre le temblaba todo el cuerpo. Era horrible. Se había convertido en un monstruo. Y se suponía que debía beberse eso. Se suponía que eso era lo que la mantendría con vida de ahora en adelante.
Abrió la bolsa y se la acercó a los labios. Las manos le temblaban y comenzó a tiritar. Apenas la probó y volvió a tener arcadas que la hicieron doblarse sobre su propio cuerpo. Pero el líquido que había probado pareció despertar algo en su interior. Una furia descomunal que le salía de las entrañas. Sintió cómo sus encías estallaban y con la mano temblorosa pudo palparse los colmillos que habían emergido.
Se metió la bolsa en la boca y la engulló con desesperación. Después cogió otra, y otra… Finalmente se apoyó en la encimera y se agarró la cabeza con ambas manos mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
- Necesitarás cuatro diarias- dijo James desde la puerta. Había vuelto y llevaba una bolsa de viaje con él- Después, con el tiempo, dos bolsas serán suficientes- añadió
- No necesito tus consejos- dijo ella limpiándose los labios
- Si los necesitas. No puedes hacer esto sola, Kate- dijo él con firmeza
- Entonces buscaré a alguien- repuso ella con frialdad mientras volvía al dormitorio
- Hurley o Ben podrían…
- No!- dijo ella con furia- No quiero tener nada que ver contigo. No quiero ver a nadie que me haga recordar tu maldita existencia. Me las apañaré, James. Es lo que he hecho desde que mataste a mis padres
Él agachó la cabeza resignado.
- No tienes por qué irte. Puedo irme yo y así podrías…
- No soporto este lugar- interrumpió ella con sequedad
- He metido aquí dinero y alimento. Pero deberás buscar un hospital para hacerte con…bueno, ya sabes. Y puedes llevarte el coche.
- Me llevo la moto
- Está bien, como quieras- dijo él- Dónde vas a ir?
- No lo sé. A cualquier parte. Pero no me sigas. Ya me has hecho bastante daño- dijo ella en voz baja
Se vistió con rapidez y le arrancó la bolsa de las manos sin atreverse a mirarlo.
- Kate! Si necesitas ayuda…- garabateó un número de teléfono en un papel y se lo puso en la bolsa- Es el teléfono de alguien que puede serte útil.
Ella echó a andar hacia la puerta. No podía soportar el dolor. No se giró para mirarlo por última vez.
- Devuélvele el gato a Claire- dijo cerrando la puerta tras de si
Las lágrimas se congelaban en su rostro mientras conducía a toda velocidad sobre la moto. No sabía dónde ir ni qué hacer, pero eso no era lo peor. Lo peor es que fuera donde fuera, tenía la certeza de que jamás podría olvidarlo. Y jamás, en su nueva condición, sería demasiado tiempo.
