Capítulo 21. Cordura.

Nací insano, con grandes momentos de cordura horrible.

Edgar Allan Poe

–Me has salvado. –exclamé, feliz. –Gracias, Happy.

–Lucy…. –murmuró Happy, preocupado. –¿Es ese Natsu?

Había miedo en su pequeño rostro, ¿Cómo decirle? Ni siquiera yo sabía que es lo que estaba viendo, aquella bestia no se parecía ni un poco a Natsu, el Natsu infantil que le encantaba jugar a los ninjas y que odiaba estudiar. Que se metía en problemas todo el tiempo, que se metía a mi cama sin ninguna doble intención (al menos eso pienso), que defendía a sus amigos ante todo… simplemente, no quería creerlo.

–Natsu está en problemas, Happy. –dije con la tranquilidad de alguien confiado. –Un demonio feo lo está controlando y solo nosotros podemos regresarlo.

–Solo nosotros. –asintió Happy con un poco de temblor.

–Vamos a por él. –murmuré tragando duro.

–¡Aye, sir!

Ni siquiera tenía un plan. No tengo ni idea de cómo hacer que el control mental de mierda de Amon deje de achicharrarle el cerebro a Natsu. Ya intenté gritarle, pero él no parece escucharme, eso como si algo lo alejara.

Primero lo primero, tendremos que tranquilizarlo. Mantenerlo en calma, tal vez de esa manera no nos arranque la cabeza de un mordisco. Necesitaba ocultarlo de la luz de luna llena, y aunque suene loco, debo acercarme lo suficiente como para poder hablar con él con tranquilidad.

–¡Lucy! –exclamó Happy preocupado. –¡Nos está alcanzando!

–¡No dejes de volar, Happy! –pedí mientras que Happy esquivaba arboles a gran velocidad. –Tenemos que alejarlo de la luna llena.

Y Happy tenía razón, Natsu corría demasiado fácil, si cometíamos un desliz nos atraparía. No queremos eso.

¿A dónde puedo llevarlo? La base está cerrada por protección, me será imposible meterlo y eso sería una locura si el plan de tranquilizarlo falla por completo.

–Happy. Una cueva. –exclamé.

Happy desvió por completo el rumbo y alzó el vuelo subiéndonos hasta quedar muy cerca de las copas de los árboles. Solo tengo una oportunidad, dentro de una cueva los rayos platinados de la luna llena no podrán entrar, Natsu estará más débil y racional, tendría que retener sus extremidades de alguna manera y tratar de convencerlo.

Encontramos una lo suficientemente grande como para meter a Natsu y lo suficiente para huir si algo salía muy mal. Happy dio una vuelta rápida cuando Natsu estuvo a punto de atraparnos, hemos volado por tanto tiempo, Happy no lo soportaría por mucho, pero Natsu parecía tan fresco como una lechuga.

Aterrizamos muy profundo en la cueva. Tomé a Happy en mis brazos. Mis manos temblaban con nerviosismo.

–Escucha Happy. –dije sin dejar de mirar la entrada de la cueva. –Si las cosas salen mal, no mires hacia atrás y huyes ¿Comprendes?

–¿Y dejarte? –preguntó con temor. Temblando ligeramente. –No haré eso.

–Estaré bien. –dije sonriendo con cariño. –Natsu nunca me haría daño. Solo está un poco frenético. –Happy no parecía tragarse esa mentira. –Prométeme que te iras si te lo pido.

Los enormes ojos de Happy comenzaron a ponerse cristalinos y llorosos, algo dentro de mí se rompió, odiaba verlo así, era como un pequeño niño asustado que se estaba despidiendo de su madre. Oh, dios.

Lo abracé, estrechándolo en mi pecho con cuidado.

–Tienes que ser fuerte. –susurré frotando su pequeña cabecita azul. –Esta pesadilla acabará muy pronto.

Un fuerte rugido sonó a lo lejos, acercándose cada vez más. Happy se negaba a soltarme, corrí hacia atrás de una gran roca, ocultándome. Esto no servirá de nada, su sentido del olfato era demasiado bueno como para poder esconderme.

Con mi mano derecha saqué la lleve de Loke de mi estuche y la sostuve frente a mi rostro. Sujeté con más fuerza a Happy sin aplastarlo.

Podía sentir la tensión del momento, las sofocantes temperaturas del verano, el sudor pegajoso resbalarme por las sienes hasta llegar a mi barbilla. Los gruñidos se hacían cada vez más cerca logrando que mi cuerpo temblara por completo. Yo ya sentí la fuerza que podría tener en este estado, él podría matarme en un desliz, mi cuerpo recordaba cada gramo de fuerza, la dureza fría de sus garras en mi cuello y la ferocidad asesina de sus ojos verdes.

Tengo que ser fuerte. Tengo que dejar el miedo a un lado antes de que me ciegue y arruine todo.

–Por favor, Loke. –susurré casi tartamudeando. –Sé que puedes escucharme. Es una lástima que no pueda invocarte, pero por favor… te lo ruego… ayúdame.

La llave dorada brillo como nunca antes lo había hecho dejándome sentir su calidez en mis manos temblorosas. Aunque no pudiera verlo, ni sentirlo, Loke estaba a mi lado y me protegería como él había jurado hace ya años.

Solté a Happy escondiéndolo detrás de la gran roca. Me acuclillé lista para saltar hacia el campo de batalla, di un último vistazo a Happy que seguía con los ojos llorosos. Le di una pequeña sonrisa de valor, solo para salir de mi escondite y encontrarme con aquella bestia que tenía aprisionado a mi compañero.

–Esto terminará ya. –murmuré.

Como imaginé, se hiso más lento, aunque aún seguía siendo demasiado rápido para un hombre lobo común. Mi fuerza no era suficiente para derribarlo, pero Loke estaba de mi lado… ¿Qué será más fuerte? ¿Un León o un Lobo?

–Constelación de león dorado. Rey de las fieras –recité mientras esquivaba fuertes zarpazos. –Con tus rugidos harás temblar los palacios del pecado, tu fuerza abismal derribará los pilares del mal y con las cadenas doradas del cielo condenaras a los pecadores.

La cueva se iluminó por largas cadenas doradas que seguían mis órdenes como serpientes listas para atacar a mis enemigos. Junté las palmas de mis manos logrando un sonido sordo que retumbó en la cueva, un gran círculo mágico detuvo los movimientos de Natsu y las cadenas doradas se lanzaron sobre él, tomándolo por los pies, brazos y por su pecho.

Aunque al principio se resistió, al final el gran lobo cayó de rodillas ante la fuerza abismal del león. Las cadenas doradas se encargarían de purificar su lado demoniaco y de absorber la energía suficiente para debilitarlo.

Tengo que ser rápida. Este conjuro necesita mucha energía mágica para ejecutarlo y sin Loke aquí para ayudarme era demasiado difícil mantenerlo.

Me acerqué a Natsu que respiraba con pesadez, ya no estaba intentando resistirse a las cadenas. Algo en él le decía que entre más se resistía, más energía sería absorbida.

–Natsu…. –dije temerosa. –¿Puedes escucharme? –No recibí ninguna respuesta. No esperaba una de todas maneras. –Escucha. No tengo tiempo. Necesito que utilices todo tu maldito control y que dejes de escuchar a esa perra.

Natsu me gruñó como si me estuviera advirtiendo, pero al menos había logrado su atención.

–Sé que estás ahí. –volví a insistir. –Sé que el Natsu bueno está ahí, encerrado entre toda esta masa de músculos sin cerebro. –me acuclillé presa del cansancio. –No quieres lastimarme. No quieres lastimar a nadie. Eres un Ninja justiciero ¿No es así? –casi reí ante el comentario. – Estas asustando a Happy… y sí, me estas asustando a mí.

Estaba comenzando a marearme. Forcé a mi cuerpo a mantenerse consiente, no podía desmayarme, Happy seguía dentro de la cueva y si algo le pasaba me destrozaría por completo.

–Natsu… por favor. –rogué, desesperada. –Regresa.

Un jadeo. Alcé la vista para mirar el rostro lobuno de Natsu con una expresión de dolor, sus ojos estaban fuertemente cerrados y su hocico estaba un poco abierto enseñando todos los dientes. Sus garras estaban en puños, logrando encajarse en su dura piel.

Una punzada de esperanza logró aminorar un poco el mareo.

–¡Eso es, campeón! –exclamé con alegría. –¡Pelea contra ello!

Algo pequeño chocó contra mí. Happy se aferraba en mí, mirando hacia donde estaba Natsu. Parecía temeroso de acercarse.

–Ven, Happy. –dije tomándolo en brazos. –Natsu está peleando, también.

–¿Nuestro Natsu? –preguntó.

Sonreí, acaricié sus orejas con cariño.

–Nuestro Natsu.

Natsu volvió a jadear, jalando de las cadenas a propósito para que estas pudieran robarle más energía. Poco a poco su cuerpo comenzaba a cambiar, los protuberantes músculos se volvían cada vez más humanos, su rostro dejaba de ser el de un animal para volverse humano y todo el pelaje rosa cayó.

Ahora era el Natsu humano. Aún tenía una expresión de dolor en el rostro y mantenía fuertemente los ojos cerrados.

–¡Natsu! –exclamó Happy intentando acercase.

–No. –gruñó Natsu abriendo los ojos para mirar con dureza a Happy.

Happy se frenó de un salto. Retrocedió hasta que pude tomarlo de nuevo en mis brazos y abrazarlo contra mí.

–Lo siento…. –murmuró Happy, triste.

–Ahora no, cielo. –consolé con cuidado. –Natsu no te gruñó porque este enojado contigo. No se siente aun estable como para abrazarte ¿De acuerdo?

Happy enterró su cara en mi pecho. Alcé la mirada hacia Natsu, él tenía una mirada culpable.

–¿Crees que puedas estar estable si te suelo? –pregunté.

–No. No me sueltes. –dijo con terror. –Sigo escuchando su voz. En mi cabeza.

–Natsu. –dije con debilidad. –No puedo seguir sosteniéndote. Voy a desmayarme en cualquier momento.

Pánico. Sus ojos reflejaban el pánico y la desesperación que sentía en estos momentos. Por mi parte, podía sentir como las energías se me estaban escapando con mayor rapidez, temía desmayarme, pero si seguía forzando mi cuerpo de esta manera solo lograré hacerme más daño.

–Las cadenas de plata. –habló Natsu con urgencia. –Me siento bien como para resistir. Sé que puedo hacerlo.

Resoplé. No traje ninguna cadena de plata y estamos muy alejados.

–Dudo que pueda levantarme. –murmuré.

Natsu maldijo.

–Yo iré. –dijo Happy separándose de mí. –Iré por ellas. Vuelo muy rápido, las traeré antes de que te desmayes, Lucy.

–Es muy peligroso. –dije con preocupación. –Los demás…

–Puedo hacerlo. –me interrumpió con decisión. –Confía en mí.

–Ve por ello. Happy. –animó Natsu.

Happy no lo dudó ni un momento para emprender el vuelo y desaparecer en la oscuridad de la noche. Me dejé caer sobre una roca, no tenía nada de fuerzas. Estaba resistiendo, pero no lo suficiente, podía ver como las cadenas estaban parpadeando por falta de energía.

–Oye, Luce. –llamó Natsu. –No te desmayes.

Sonreí con nostalgia.

–Hace mucho que no me llamabas así. –susurré.

–Lo creí necesario. –sonrió. O eso intentó. –Lo siento. Por dejarme manipular… de nuevo. –dijo bajando la mirada con pena. –No sé qué me sucedió…

–Eres un debilucho. Eso sucedió. –dije con burla. –Pero ¡Hey! Lograste superarlo.

–No lo suficiente. –refunfuñó.

Sentí mis extremidades entumecerse, los bordes de mis ojos comenzaban a oscurecerse, sentía mi cabeza explotar. Las cadenas parpadeaban con más rapidez. Se está acabando. El tiempo corre con rapidez, en una carrera contra el reloj. La expresión en el rostro de Natsu era de tortura, parcia querer acercarse pero a su vez quería alejarse, estaba teniendo una lucha interna ahora mismo.

Sonreí intentando lucir despreocupada.

–Vamos, Luce. –volvió a decir Natsu. –No cierres los ojos.

–No vas a lastimarme. –le aseguré. –Si me desmayó, sé que intentaras alejarte… no salgas de la cueva…

–Su voz, Luce, su voz está ahí. –decía Natsu entre gruñidos adoloridos. –Es tan… demandante… es imposible de ignorar, pero lo estoy haciendo… lo hago por ti.

Entreabrí los ojos con pesadez. Negué con la cabeza lentamente.

–No. Lo haces… porque eres un buen chico…

–Hace unos momentos casi te mato. –dijo con dificultad. –Y de alguna manera, estaba consiente, pero no podía detenerme. Era… frustrante.

Su voz comenzaba a desaparecer en el ambiente. Llego un momento en el que solo podía ver sus labios moverse, sin ningún sonido, cuando menos lo esperé, ya era parte de la oscuridad. Lo último que logré escuchar era el sonido de vidrio romperse y mi nombre.

Jadeos. Estaba rodeada. Minerva estaba sonriendo de manera divertida mientras estaba en su modo demoniaco, Laxus parecía estar de su lado porque era a mí a quien atacaba. Estaba en el suelo, herida.

–Minerva… ¿Por qué? –pregunté, confundida.

–La era de los mortales ha acabado. –dijo con tono neutral y frio. –El Infierno ascenderá y aquellos que se nieguen arderán en el fuego eterno.

Está siendo controlada. De eso estoy más que segura. Es el riego de bajar al Infierno, tanta energía demoniaca puede hacer que pierdas el control de tu demonio.

No puedo dejar que un compañero sea el sabueso de los demonios.

–Satan Soul: Sitri. –murmuré.

Está tenía que ser mi carta definitiva. Tenía que proteger a mis compañeros, aun si tengo que golpearlos hasta que reconozcan que están equivocados.

–Balanza dorada. Libra. –exclamó Yukino alzando su llave dorada hacia el cielo. –Gravedad.

Ambos cuerpos, tanto el de Sting como el de Rogue fueron atraídos con fuerza hacia el suelo haciéndolos gruñir.

–Bien hecho, Yukino. –exclamó Sorano mientras usaba el sedante de Levy sobre ellos. –Con esto será más que suficiente.

–Pobres lobos. –murmuró Yukino apenada.

–¡Pff! No sientas lastima por ellos, Yuki. –dijo Sorano. –Ellos son los culpables de ser tan débiles al control de un demonio.

–¡Estúpidos mortales! –gritó Amon. –¡Podrán vencerme esta vez! ¡Pero volveré!

Erza y Jellal habían logrado mantener a Amon en solo lugar. Ahora solo faltaba el golpe final, que solo un ser celestial podía dar, pero sin embargo, Jellal parecía dudar en hacerlo.

Erza cambio su armadura al oscuro uniforme que siempre llevaba consigo.

–¿Qué sucede? –preguntó Erza, impaciente.

–Ella tiene razón. –dijo Jellal frunciendo el ceño. –Ella no volverá hasta recuperarse. Pero Pereza, Envidia, Soberbia o Asmodeo vendrán.

Miedo. Preocupación. Jellal reflejaba todo aquello. Y Erza lo comprendía, comprendía su miedo y la preocupación, también comprendía que todos ellos vendrían a por la poca familia que le queda, a por Lucy. La única que puede levantar la isla entera, la única que puede poner un lugar a salvo.

Erza colocó su mano en el hombro del hombre.

–Pelearemos, entonces. –dijo Erza con decisión.

–¿Hasta cuándo? –Se burló Amon –Ya no quedan seres celestiales, los ángeles los han abandonado… y los demonios nos encargaremos de comer sus pieles rostizadas.

Jellal apretó el mango de su espada y en un rápido movimientos atravesó al demonio haciéndolo explotar en miles de pedazos.

Se había terminado.

Por el momento.

¿Cómo fue que terminé aquí? ¿Por qué a mí?

Este es el único lugar que pude encontrar en el que estoy segura de que él no podrá sacarme. Se suponía que ese idiota me protegería ¿No? Él lo dijo. Que no dejaría que nadie me lastimara… y sin embargo, él fue quien me persiguió primero.

Lágrimas de pavor se escurrían por mis mejillas. El olor a roble me cubría por completo y quería creer que eso engañaría su olfato. La verdad es que estar escondida entre la madera de un árbol no era muy cómodo, pero me negaba a salir, esperaría a que los rayos del sol aparecieran o a que alguien me encontrara y me ayudara.

Gruñidos. Los gruñidos se acercaban poco a poco. Me estremecí.

Oh, cielos, jardines y tulipanes. No.

Por favor que no me encuentre. Gajeel idiota. Si como humano daba miedo ahora como un enorme lobo de casi dos metros aterraba, era una pesadilla andante.

Sonidos de madera siendo rasgada sonaron. Pegué un pequeño grito cuando me di cuenta de que Gajeel estaba del otro lado de la pared de madera intentando llegar hacia mí.

¡Me encontró! ¡Estoy muerta!

Un simple mordisco bastará. No quiero eso. No quiero. Intenté encontrar otro tipo de salida, pero no había, solo por donde entré y ahora mismo estaba siendo roída por los colmillos de un frenético lobo.

–Gajeel. –intenté llamarlo. –Basta. Me estas asustando.

Los roídos se hicieron más fuertes.

¡Crack!

El tronco del árbol había cedido. Me apegué lo más que pude al otro extremo con la esperanza de que el árbol me tragara y me alejara de aquella bestia.

Una gran sombra fue hacia mí y grité. Me tomó y me di cuenta de algo, no había pelaje, eran las callosas manos de Gajeel. Tenté bien su piel áspera y dura, no era un lobo. Sus uñas estaban un poco afiladas pero no eran garras.

La luz de la noche iluminó el gran cuerpo de Gajeel dejándome ver facciones humanas. Un par de orejas sobresalían de su cabeza pero nada más.

–Gajeel… ¿Estás bien?

–Te dije que no dejaría que nadie te lastimara. –dijo sonriendo.

Dejé salir de golpe todo el aire que estaba reteniendo en mis pulmones. Alivio. Cuando menos lo pensé ya me había desmayado. Las hadas no estamos acostumbradas a tanta tensión.


N/A: GaLe, NaLu y Jerza pa' la banda /._./


Bonitos comentarios~

NaLu 1933: Tus comentarios siempre me dan ánimos ;-; Sho tambien te amo :'3 Te bendigo en el nombre del NaLu /._./

Aila-chan: ¡Bienvenida a mi reino del ship, Aila-chan! c: Yeeeei! Que genial que te guste, me hacen feliz :'3 Saludos~

Guest: Graciaaaas~ Siempre intento dejarlo en la mejor parte para crear tensión (~*-*)~ Na~, mentira. Intentó lo más posible para actualizar :'D Un fuerte abrazo desde acá~

ChaineKarina21: Wuuuu~ *Baila de felicidad* (~*-*)~ Gracias a ti por el apoyo :'3

Eagle Gold: Como siempre Lucy al rescate! /._./