Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.

Este capítulo podría tener vocabulario obsceno, sólo para personas maduras.

"Más que Apariencias"

Cap. 21

Kagome respiró profundamente; le dolía mucho el pecho. El día había sido tan agitado que aún no creía en todas las cosas que había vivido. ¡Dios, se volvería loca si le tocaba otro día como ese! Veía a su esposo, recostado al lado suyo, brindándole caricias a su cabellera. Lo amaba mucho.

—Deja de poner esa cara —le mencionó.

—¿Viste cómo nos ha mirado? Como si él no supiera nada, incluso tuvo la osadía de regañarme. —Sentía la ira encenderse en su cuerpo—. ¡Siendo él mismo quién me secuestró!

Inuyasha la abrazó. Entendía la molestia de su chica, la hipocresía de su padre no tenía límites. Había sido capaz de armarle una escena de lo más dramática acerca de lo preocupado que estaba, siendo toda una maldita mentira.

—Lo sé, cariño, lo sé —intentaba consolarla aunque no era muy bueno en eso.

Kagome no estaba segura de si sentía tristeza, rabia o decepción. Siempre había visto a su padre como el hombre perfecto, su modelo a seguir; lo tenía en lo más alto. Aquella decepción era un golpe directo para ella: Primero le ocultaba que Naraku era su hermano y luego planificó su propio secuestro.

Pero el día no había terminado…

En ese instante, alguien tocó la puerta de la habitación, cosa que era bastante extraña a esas horas. Ambos se miraron inquietos, sin embargo, al escuchar la voz de Kaede, la nana de Kagome, suspiraron aliviados.

—Mi niña, ha pasado algo terrible —mencionó la ancianita—. Aquella jovencita, Kikyo, está muy mal.

—¿Qué le ha pasado? —Inuyasha se sobresaltó de inmediato.

—Ha vomitado demasiado, está muy blanca. Incluso se ha desmayado.

Restándole importancia a su indumentaria, que se limitaba a la ropa de dormir, Inuyasha y Kagome bajaron inmediatamente a las habitaciones del servicio, en donde se encontraba la muchacha. Al verla, ambos se dieron cuenta que Kaede no había exagerado. La sierva tenía la cara más pálida de lo normal y unas enormes ojeras cubrían sus ojos.

—¿Qué tienes, Kikyo? —preguntó Kagome al verla tan mal, se acercó a ella y puso su mano en su espalda. La sierva estaba arrodillada en el suelo, frente a su pequeña cama, con la vista gacha y frente a un recipiente que contenía todo aquello que había devuelto.

—Creo que me ha caído mal la comida —mintió tratando de esbozar una sonrisa—. Mañana estaré mejor, Kagome, no te preocupes.

—Ya la has oído —mencionó el joven algo nervioso—. Mañana te llamaremos a un doctor, Kikyo, para que te revise.

—No es necesario, amo Inuyasha —pronunció con tono tajante—. Estoy casi segura que mañana estaré bien.

La situación era tensa. Kagome los miraba a ambos bastante intranquila. No estaba de acuerdo en dejar a la muchacha así, no se veía nada bien. Kaede tampoco parecía convencida de aquello.

—Mientras estás así, niña, lo mejor es que me quede contigo esta noche —dijo la anciana para minimizar la tensión.

—No, nana, ya estás bastante mayor para estas cosas. Déjame a mí, la llevaré a mi habitación y dormiremos juntas, por si necesita algo durante la madrugada.

Inuyasha se tensó aún más. ¿Kikyo y Kagome durmiendo juntas toda una noche? Eso no podría terminar bien, a menos NO desde su perspectiva.

—No es necesario, Kagome, tampoco es para tanto —interrumpió Kikyo, justo cuando el chico iba a intervenir.

La muchacha intentó ponerse de pie para demostrar que estaba bien, pero casi terminó en el suelo. El brazo de Kagome la sujetó en el momento justo.

—Estás muy blanca y muy débil, podrías caerte durante la noche si necesitas levantarte a vomitar. No puedo permitir que pases la noche sola sintiéndote así. Y no te aceptaré un no. —fue muy precisa en su comentario, no aceptaría negación por parte de la esclava.

—Pero no tienes que ser tú, Kagome, podríamos llamar a alguna esclava.

—En Okinawa no existe la esclavitud, Inuyasha —contestó cortante—. Aquí los sirvientes y demás personas son simples habitantes del pueblo que residen en sus casas y a estas horas ya están todos durmiendo.

Su esposa estaba enfada y él no tenía idea de por qué. Su intervención había sido tan cortante y seca, que se evidenciaba lo alterada que estaba con aquella situación. Y aun así él no podía entender por qué ella quería cuidar de la sierva; qué le llevaba a tomar esa decisión. Nunca se había puesto a pensar en la relación que tenían esas dos, ni mucho menos si se odiaban o no. Sin embargo, que ambas mujeres durmieran juntas significaba que Kagome podría enterarse del embarazo de Kikyo y él todavía no estaba preparado para enfrentar aquello.

—Mi niña, te prepararé la habitación para que duermas con Kikyo —informó la anciana que partió inmediatamente a hacer su labor.

El ambiente de tensión creció todavía más. Ninguno quería decir ni una palabra. Kagome se sentó en la vieja cama de la sierva y Kikyo mantuvo su posición en el frío piso. Inuyasha se quedó de pie cerca de la puerta.

Incómodo…

Aquello era tan incómodo que quería jalarse los cabellos hasta quedar calva. ¿Por qué había dicho aquello? ¿Para qué quería quedarse cuidando de Kikyo? Era la amante de su esposo, su rival y aun así se ofreció a cuidarla. Pero ¡¿qué rayos estaba pasando por su mente cuando se ofreció así?! ¡Sí que se había vuelto loca!

La mujer regresó pocos minutos después, entre los tres ayudaron a Kikyo a subir hasta la habitación de Kagome. Kaede mencionó algo de traerle algún hervido a la chica para que se sintiera mejor, ambas asintieron sin prestar demasiada atención. Inuyasha ayudó a su esclava a acostarse y luego se quedó de pie junto a la puerta. Le hizo señas a Kagome para salir fuera de la habitación y poder hablar en privado, pero ella se negó. No quería hablar. Luego de aproximadamente treinta minutos de espera, apareció la viejita con una especie de caldo, además de un té. Kikyo bebió ambas cosas en silencio y todos permanecieron de la misma forma.

—Me llevaré esto —pronunció mientras recogía la bandeja que le había traído a la sierva—. Y me retiro a descansar, mi niña. Joven Inuyasha, deberías hacer lo mismo.

—Está bien, Kaede, me quedaré un rato con las muchachas —sonrió.

—No, Tranquilo, estaremos bien. Vete a descansar, nosotras intentaremos hacer lo mismo —pronunció con un tono autoritario. El chico no quería discutir con su esposa, por quien sentía gran afecto, sólo les echó una última mirada y se retiró con la mujer.

Kagome suspiró al verlo marchar, todo el tema de la esclava la ponía de muy mal humor. Saber que aquella mujer había compartido su lecho la llenaba de ira y de celos, y sin embargo estaba ahí, cuidándola.

—¿Te sientes mejor?

—Algo. —Se agarraba el estómago—. En momentos me siento bien y luego me vienen las ansias. Y ya me duele un poco el estómago de tanto devolver.

—Estoy segura que con lo que te ha traído mi nana te sentirás mucho mejor —le comentó acercándose a la cama—. Debemos dormir, recuéstate un rato.

Estuvieron un rato así, acostadas. Los pensamientos de ambas chicas, a pesar de ser distintos, las perturbaban y gracias a ellos no podían conciliar el sueño. Pasaron largo rato en aquella situación, hasta que la sierva se levantó de la cama directo al envase que Kagome le había colocado cerca. Luego de algunas arcadas terminó por devolver gran parte de la cena que Kaede le había dado.

—¿Estás bien? —Se colocó a su lado y trató de darle fuerzas al verla de esa manera.

—Sí, sólo que estoy algo mareada.

—¿Mareada? ¿Me dirás qué tienes, Kikyo? —suspiró—. Ambas sabemos que esto es más que un dolor de estómago.

La muchacha se tensó. ¿Realmente debía contarle la verdad cuando su propio amo le había dicho que no lo hiciera? No negaba que quería restregarle a aquella mujer que ella sería quien le diera su primer hijo, eso la haría sentir muy bien. Sin embargo, no era su intención crear más discordia con Inuyasha.

—No está pasando nada —masculló, luego se enjuagó la boca con un poco de agua que la joven le ofreció.

—Estás embarazada, ¿no es verdad? —preguntó luego de algunos minutos de silencio. Kikyo se sentó en la cama y la miraba firmemente.

—Si lo estoy, ¿qué harás al respecto? —pronunció cada palabra mientras clavaba sus fríos ojos en ella.

—Sabes bien que no hay nada que pueda hacer al respecto, Kikyo.

—¿Vas a dejar que una esclava tenga el primer hijo de tu esposo, un bastardo? —interrogó antipática.

Kagome suspiró. Se lo veía venir desde aquella mirada de Inuyasha al saber que Kikyo estaba "enferma". No sabía qué sentir; su corazón estaba muy magullado y aquella esclava quería enfrentarla.

—¿Tengo alguna otra opción? —dijo luego de algunos minutos de silencio.

—No lo creo —mencionó—. A menos que quieras ganarte el odio de tu esposo.

Estaba comenzando a enfadarle aquellos comentarios. ¿Acaso quería decirle que estaba por encima de ella? No, puede que hubiese llegado tarde a la vida de su esposo, puede que incluso luego de estar con él cayera nuevamente en las garras de su esclava; pero ahora era SUYO y no iba a permitir que nada cambiara aquello.

—Mira, Kikyo, Inuyasha es mi marido y lo a…

—Yo también lo amo —le interrumpió la esclava—. ¡Y estoy en su vida mucho antes que tú!

Kikyo se alteró, se levantó de la cama y la miró mucho más firmemente que antes.

—Miroku me ha dicho que heriste el corazón de Inuyasha y por eso perdiste su amor, ¿no es verdad? ¡No voy a permitirte que lo recuperes! —gritó por fin Kagome.

Kikyo se sentó nuevamente en la cama y agachó la mirada. Se perdió en sus pensamientos por algún rato. Luego se tendió, con intención de dormirse. Kagome hizo lo mismo. Ambas quedaron recostadas, con los ojos fijos en el blanco techo.

—Inuyasha y yo nunca podremos estar juntos —comentó con un hilo de voz—. Hice aquello para que él se olvidara de mí, para que se decepcionara y ya no me quisiera y he sido yo quién sigue amándole luego de tanto tiempo.

Jamás, jamás se imaginó a Kikyo así. Sus ojos estaban enrojecidos, quería llorar.

—¿Por qué te has negado la felicidad? —Se atrevió a preguntar.

—¿No es obvio? Soy una esclava —dijo como si aquello fuese lo más lógico del mundo y realmente lo era, al menos para ella. Pero Kagome no podía verlo así.

—¡Sólo por eso! —gritó—. ¿Te has negado el amor sólo por tu clase social?

—No es tan fácil como dices. Su padre no estaba de acuerdo con nuestro romance, incluso amenazó con desheredarle si decidía liberarme de mi esclavitud para casarse conmigo. —Los ojos de Kikyo comenzaron a soltar lágrimas—. ¡No podía arruinarle la vida así! ¡Tenía que hacer algo!

Kagome nunca pensó que detrás de aquella fría muchacha se escondiera tantos secretos y más aún aquellos que la torturaban de esa forma. Estaba enamorada de su amo, con quien no podría tener nada más que una aventura sexual, lo había apartado de su lado con el propósito de que él consiguiera su felicidad y sin embargo sus sentimientos terminaron por carcomerla porque sabía que seguía amándole mientras sólo recibía rechazos de su parte.

—Y luego llegué yo, la mujer a quien supuestamente "amaba" y llenaría el vacío que tú habías dejado.

—Exactamente. Fue algo que nunca me vi venir. —Se colocó ambas manos en la cara—. ¡Si hubiese sabido que eso pasaría, si hubiese tenido aunque sea una leve sospecha; no hubiese hecho lo que hice! Nunca pensé sentirme tan herida cuando me comunicó que se casaría con la "mujer que amaba", nunca imaginé que me dolería tanto… —Los sollozos se hicieron presente.

Kagome la abrazó. No sabía por qué. Sin embargo podía sentir la tristeza de la sierva. ¡Era real! Kikyo, a quien había visto como una maldita bruja aprovechada, a quien había querido degollar; ahora sólo quería consolarla para que no se sintiera así.

—Le harás daño al bebé, tranquilízate —murmuró calmada.

Luego de algunas fuertes respiraciones, la joven recuperó la compostura. Se secó las lágrimas y poco a poco su cara volvió a tomar su color natural. Permanecieron en silencio mucho rato, hasta que la esclava decidió romperlo:

—No debes mencionarle nada de esta conversación a Inuyasha, por favor.

¿Qué? ¿Acaso se había vuelto loca? ¿Cómo no decirle? ¡¿Cómo guardarle ese secreto?!

—¿Te has vuelto loca?

—Él me ha pedido que no te diga nada de mi embarazo, así me lo hizo saber. Así que por favor, no le hables del tema —Se dio la vuelta y no pronunció ninguna otra palabra hasta el amanecer.

Kagome no había podido dormir nada. Cuando sintió que los primeros rayos del sol comenzaban a salir, se puso un vestido sencillo, le dio un vistazo a su compañera que aún dormía y se marchó.

Como siempre hacía cuando estaba algo turbada, comenzó a caminar por los alrededores. Hacía algo de frío, la sensación de la fría noche seguía presente. Se llevó una gran sorpresa al ver a su esposo, aún con ropa de dormir, haciendo lo mismo que ella. Se acercó hasta él y lo abrazó. Estaba bastante perturbado y sorprendido, pero aun así le correspondió el abrazo.

—¿Qué haces aquí y vestido así? —preguntó con una sonrisa que se fue esfumando al verle a la cara. Sus ojos habían perdido brillo y unas fuertes ojeras delataban su trasnocho—. ¿No has dormido nada? —Él sólo asintió—. ¿Por qué?

—K-Kagome hay algo de lo que debo hablarte.

—¿Qué me dirás? ¿Qué Kikyo está embarazada? —sonrió sarcástica—. Eso ya lo sé. Lo supe desde el primer momento que la vi vomitando. No soy ninguna idiota, si así quieres verme. —Él no podía responderle. ¿Qué le iba a decir?—. Mira, Inuyasha, entiendo que ella estaba en tu vida antes que yo… —Intentó interrumpirla—. ¡Déjame terminar! Ese niño incluso puede que lo concibieras antes de casarte conmigo, o tal vez no. No lo sé. Pero hay algo que me preocupa más que eso…

Al verla así, no podía evitar preguntarse qué era aquello. Temía si debía preguntarlo o no, pero al final decidió hacerlo.

—¿Qué es eso que te inquieta? —La duda se asomó en cada palabra.

—¿Cambiarían tus sentimientos hacia mí si te digo que Kikyo nunca quiso engañarte? —soltó de un sopetón.

—¡¿De qué mierdas hablas?! —se exaltó inmediatamente—. ¡¿Te has vuelto loca?!

Ella tomó aire… ¿Estaría bien preguntar aquello?

—Kikyo te ama, Inuyasha, y espera un hijo tuyo. La única razón por la que buscó enfadarte, fue porque pensaba que te hacía un bien, porque tu padre no estaba de acuerdo con el amorío que sostenían. —Inuyasha estaba muy sorprendido, no podía emitir comentario—. Ahora que sabes la verdad, necesito saber: ¿Cambiaría eso algo entre nosotros? ¿Piensas quedarte con Kikyo ahora que sabes que te ama y que sólo cometió un error?

Le miró muy seria. Necesitaba escuchar su respuesta a aquello.

Continuará

N/A: ¡Por fin! Luego de cinco años, al fin he podido plasmar la primera escena de este fic que vino a mi mente. ¡Dios, no tienen idea de cuánto agradezco el apoyo: sus reviews, sus visitas…! Son maravillosos.

Espero que les guste el capítulo. Aquí he querido revelar por fin la máscara que mantenía Kikyo durante veinte capítulos. Tratando de acercarme lo más que he podido al cannon a pesar de manejar un AU —Universo Alternativo—. Ella siempre ha aparentado ser la mala del cuento, cuando resulta que no es así y aquí he querido plasmarlo también.

Ahora, ¿podrá separar el amor de Inuyasha y Kagome que apenas comenzaba a formarse?

Ya saben: Comentarios, quejas, jalones de orejas y a fines los dejan en un review. Lo agradezco mucho.

Saludos.

P.D.: No estoy a favor del bashing de ningún personaje, Kikyo es una estupenda sacerdotisa que por cosas del destino le fue muy mal y por eso terminó haciendo cosas que la hacían ver como "mala", cuando realmente no lo era.

SweetDark12