Anecdotario de Terry Grandchester
Los colores del alma
-¿Te ocurre algo Terry? ¿Te encuentras bien?- escuché a Sandy preguntarme al notar mi rostro desencajado.
-Simplemente no puedo creerlo- espeté decepcionado mientras la audiencia aplaudía sin parar.
-¿Qué es lo que no puedes creer?
-Que ese imbécil sea el autor… ¡No! Definitivamente debe haber un error.
-¡Hey! No te expreses así de él.
-Tú no lo conoces, no sabes que en realidad es…
-¡Claro que lo conozco! Si alguien lo conoce bien, esa soy yo. Retráctate de lo que has dicho- demandó con un extraño destello de ira dibujado en sus pupilas.
-No lo haré- refuté con la misma rabia con la que ella me hablaba-. Ese idiota no lo merece.
-¡Estás hablando de mi esposo!- gritó y el silencio se hizo presente en la galería.
-¿Pasa algo querida? – preguntó el marido.
-¡Pasa que esto es un completo fraude! – dije con voz firme.
-¿Qué estás diciendo Terry?- preguntó Rick intrigado y visiblemente nervioso.
-Qué este no es Degân, al menos no quien pinta los cuadros.
-¿Cómo puedes decir eso si no lo conoces?- cuestionó Sandy con lágrimas contenidas y sus mejillas encendidas.
-Porque lo conozco lo digo- respondí con una mueca de burla- ¿Por qué no acabas de una vez con la mascarada, Neal Legan?
El tipo no dijo una palabra en cambio, lanzó una mirada encendida a todos los presentes.
-¿Por qué no dices nada Neal?- preguntó Sandy dejando ver en el tono de su voz, el temblor que precede a una decepción.
-Porque no tengo nada que decir- expresó con autosuficiencia- Él puede decir lo que se le de la gana y seguramente todos aquí le creerán. Pero tú… tú me conoces y sabes mi verdad.
-Totalmente- afirmó tomándole por un brazo.
-Lamento mucho todo este escándalo- se disculpó Rick con la audiencia- ¿Es esta su obra o no?- cuestionó a Neal.
-Lo es.
-¡Mientes!- grité iracundo.
-¡Pruébalo!- me retó.
-Terry, por favor… si tienes pruebas de que aquí se está cometiendo un fraude, por favor muéstralas o de lo contrario, tendré que pedirte que te marches- demandó Rick.
-No tengo pruebas más que mi palabra- expliqué-. Hace muchos años conocí a este tipo. En aquel entonces era un cobarde que se regodeaba en molestar a chicas indefensas.- expliqué a cuantos quisieran escucharme- ¿Y qué pasó después? Fue peor. Se convirtió en un criminal de cuello blanco. Ahora entiendo por qué nunca has querido dar la cara. ¡Tan cobarde como antes!
-¡Por amor a Dios, Grandchester! Eso fue hace un siglo… muchas cosas han cambiado-. Se justificó tratando de controlar el coraje que sentía al verse descubierto.
-¡No me digas! – me burle con sarcasmo.
-Terry, me da mucha pena pero voy a pedirte que te marches, tus argumentos carecen de solidez. Sabes que yo no le abriría las puertas de esta galería a alguien que no…
-Ahórrate el sermón. Esto no era lo que esperábamos.
-No te entiendo Terry. Fuiste tú quien me pidió insistentemente que…
-Lo sé y les pido una disculpa por haberme dejado engañar de este modo- interrumpí francamente consternado-. Con su permiso, buenas noches.
Caminé por la sala llevando conmigo las pesadas losas de la decepción y el desprecio de todos los asistentes entre amigos y conocidos. Lo último que escuché antes de abandonar la sala fue a Rick disculpándose una vez más por lo sucedido.
Tan pronto como llegué a casa, descolgué de las paredes los cuadros con la firma de Degân y retiré de los estantes todos los libros donde se hablaba de su obra. En medio de mi rabia estuve a segundos de arrojarlo todo al fuego de la chimenea pero al mirarlas por última vez, me arrepentí.
-Eres un idiota Terry- me reproché-. El que ese imbécil se ostente como el autor, no es razón para que acabes con estas piezas que tanto amas. Lo que debes hacer es investigar quién es el verdadero autor y llevarlo a la luz.
Aunque lo intenté, aquella noche no pude dormir así que en cuanto amaneció, me fui al club para cabalgar un rato. Sin duda, el dejar que el viento acariciara mi rostro, me ayudaría a pensar con mayor claridad sobre lo que debería hacer con todo este bochornoso asunto del fraudulento pintor.
Al terminar mi recorrido, fui a dejar a Goldie a cargo de su cuidador y me encaminé al restaurante para desayunar algo cuando una voz iracunda me detuvo.
-¡Ya estarás contento!
-Honestamente no, pero estoy en camino de estarlo- afirme con una mueca burlona.
-¿Qué te he hecho para que me trates de este modo?- preguntó el hombre que no era otro que Neal Legan, fingiendo consternación.
-Me has querido ver la cara de imbécil- reclamé airadamente-. A mí y a mucha gente. Dime una cosa, ¿cuánto dinero te está dejando este fraude? ¿Dónde tienes a Degân? ¿Acaso lo estás chantajeando?- grité amenazadoramente.
-Yo soy Degân.
-¡Mientes!
-No, no miento. Cambié la "L" por la "D" y puse un acento circunflejo en la "a", no hay que ser un genio para darse cuenta- explicó con notorio cinismo-. En serio Grandchester, ¿tienes en verdad una mentalidad tan chiquita como para no entenderlo?
En ese instante perdí los cinco centavos de paciencia que me quedaban y me lancé sobre él tomándolo por el cuello para decirle cerca del rostro:
-A mí no me engañas Neal. Te conocí hace muchos años y sé bien la clase de bicho que eres, además… la historia me respalda. El fraude que cometiste en Florida tuvo eco en todo el país.
-¡No soy un criminal!- gritó haciéndome a un lado.
-¡No me digas!- me burlé.
-¡No!... Lo fui - dijo tras una breve pausa-, pero ya no lo soy. ¡Diablos! Grandchester, incluso en el banquillo de los acusados me trataron mejor de lo que me tratas tú ahora.
-¿Qué es lo que pretendes al venir a verme?
-Aquí hay algo grande y necesito que retires públicamente todo lo que dijiste de mí o me llevarás a la ruina.
-¿De verdad? Pues mira, qué enorme placer me has dado- contesté con sorna.
-Que me odies no es algo que me importe, yo también te desprecio- finalmente se sinceró-. Pero no estoy solo en esto y con tu falsa acusación de fraude, estás perjudicando a seres inocentes.
-¿Y desde cuándo eso te ha preocupado?
-Desde que mi familia es la que está en riesgo. ¿No te importa lo que le pase a Sandy? Pensé que la estimabas.
-Escondiéndote detrás de alguna falda como siempre- dije haciendo hincapié en sus viejos hábitos.
-Esto no es esconderse tras una falda- recriminó con la mirada encendida- Lo que hiciste puede terminar con lo único bueno que hay en mí.
-¿Y a mí qué?
-Dame una oportunidad de contártelo todo y después podrás hacer lo que te de la gana, nada me importará.
-Está bien, te daré esa oportunidad. Ve esta noche al número 15 de Central Park West.
-No. Te veré en el 410 interior 2 de la calle 127 en Harl...
-En Harlem, conozco el lugar- interrumpí algo inquieto- ¿Qué te hace pensar que iré?
-Si no quieres ver morir el trabajo de Degân, estarás ahí a las 12 de la noche.
Continuará.
