Lamento la tardanza, ¡estaba muy enferma! pero ya estoy de nuevo por aquí, me encantan sus comentarios, me dan energías para seguir esta historia que nunca creía capaz de terminar. Pero aquí está y vienen más sorpresas! Las quiero a todas, les deseo bonito inicio de semana, las quiero ver triunfar. Déjenme sus teorías, intentaré hacer una realidad buajaj, XOXO.


Caos. Debería de estar acostumbrada ya.

Cuanto más trataba de pensar, más se distraía de lo que estaba aconteciendo a su alrededor, lo único que no la hacía perderse en el mar de confusión y caos era que estaba sosteniendo su varita tan fuerte que había dejado de sentir los dedos.

La habían mandado hacia afuera del Gran Comedor en cuanto hubo salido de la torre, pensando que Draco Malfoy estaba detrás de ella. Pero cuando se dignó a mirar atrás, él ya no estaba.

— ¡Hermione! — una voz fuerte y algo desesperada irrumpió en los oídos casi sordos de la castaña y la hizo escuchar todo al mismo tiempo. Ginny se abría paso entre la gente con su pijama de Gryffindor desordenada tratando de llegar a ella.

Hermione acortó los pasos que le quedaban hasta llegar a ella.

—¡Esto es una locura! — exclamó Ginny en cuanto llegó con su amiga y la agarró con los brazos. Afuera del Gran Comedor los chicos estaban empujándose y gritando, preguntando y divagando qué era lo que había pasado para que los evacuaran de los dormitorios.

— ¿Dónde está Luna? — preguntó la castaña. Ginny abrió grandes los ojos y se giró hacia atrás buscándola con la cabeza.

— ¡Carajo! — exclamó— ¡Venía detrás de mí!

—¡Pero que ustedes son unos inútiles! ¡Llevo media hora diciéndoles con permiso! — la voz de Luna se escuchó por detrás de Hermione y cuando ésta y Ginny voltearon para seguirla, la rubia se abría paso despeinada entre unos chicos de Hufflepuff que al parecer no la habían escuchado lo suficientemente a tiempo.

La rubia se fue con sus amigas y Ginny respiró aliviada.

— ¿Qué está sucediendo? — preguntó Luna, inspeccionando el lugar abarrotado de estudiantes preguntando exactamente lo mismo.

Hermione no sabía que hacer, su mente no funcionaba porque estaba buscando desesperadamente a Draco entre la multitud. No quería separarse de él, además, no era él la única persona que Hermione quería encontrar.

— ¿Dónde está April? — preguntó a Ginny.

La pelirroja, que siempre había mostrado algo de aversión hacia la otra pelirroja arrugó la frente.

— ¿April? ¿Por qué lo sabría?

Hermione alzó una ceja.

— ¿Cómo que por qué? ¡Comparten torre!

Ginny negó con la cabeza.

— No la he visto salir, Herms.

Hermione trató de buscarla con la mirada, pero no era tan alta y había un sinfín de estudiantes por todos lados. Hermione asumió que en medio del caos, nada iba a salir de acuerdo a las reglas comunes de seguridad. En Hogwarts no solían pasar esas cosas.

De repente los oídos de Hermione volvieron a tronar: una segunda explosión afuera inundó los tímpanos de los estudiantes haciendo que, por inercia, se taparan sus orejas y se encogieran a modo de protección. Hermione se apresuró a agarrar a sus dos mejores amigas y abrazarlas por los hombros mientras las obligaba a hacer lo mismo que la multitud. Los vidrios temblaron y se escucharon gritos. Los fantasmas estaban tratando de estabilizar las ventanas que temblaban mientras consolaban a los estudiantes diciéndoles que todo iba a estar bien.

— Otra explosión y los vidrios no resistirán— dijo Luna, todavía encogida mirando hacia todas partes.

Hermione se mordió el labio, sabía que su amiga tenía razón.

Ginny estaba diciendo algo más pero la castaña había dejado de escucharla. No tenia tiempo de preguntarle a McGonagall que quería que hiciera como Premio Anual y los prefectos que veía cerca también estaban sin saber cómo proceder.

Hermione levantó la varita, se separó de sus amigas y avanzó hacia el Gran Comedor, que como cada noche, permanecía cerrado.

— Bombarda— murmuró y una explosión pequeña hizo que las puertas se abrieran de golpe. Hermione, al haber leído el libro de Historia de Hogwarts sabía que las ventanas del Gran Comedor estaban mejor protegidas que las demás. Les diría a los primer, segundo y tercer grado se metieran y los encerraría para que estuvieran más protegidos.

Se giró hacia Ginny y la pelirroja entendió lo que quería hacer. Se hizo un vociferador con un hechizo y se puso la varita en la garganta.

— ¡Los de primer, segundo y tercer grado pasen al Gran Comedor! ¡Ahora!

La castaña agradeció que su amiga le hubiese leído el pensamiento y se retiró del paso mientras el mar de chicos de los primeros grados entraban como en un río hacia el Gran Comedor.

Hermione se fue en directo hacia sus amigas.

— Tienes una buena voz, aparte todos escuchan esa voz, es de una capitana de Quidditch, en lo persona la considero demasiado altisonante pero…— estaba diciendo Luna cruzada de brazos cuando Hermione llegó.

— Chicas, necesito buscar a McGonagall— les dijo, conteniendo el aliento. Luna se silenció y Ginny la miró como si estuviera loca. Y lo dijo.

— ¿Estás loca? No puedes salir de aquí, no sabes que ha pasado, podrías morir.

— Qué gran ánimo, Ginny, de verdad, me siento más segura— respondió irónica Hermione.

— Hey, te estoy diciendo la verdad, no puedes simplemente marcharte— le dijo Ginny— Ya ves todo lo que te ha pasado últimamente, discúlpame si pienso en que quiero que sigas viva.

Hermione le rodó los ojos y cerró el Gran Comedor cuando todos los chicos hubieron entrado, el pasillo quedó mucho menos lleno y el caos comenzaba a ser menos fuerte.

—¡Granger! — la voz indiscutible de Pansy Parkinson se escuchó a sus espaldas— ¿Qué es que piensas seguir haciendo de las tuyas aquí o nos dirás que está pasando de una vez por todas?

Todo su séquito de Slytherin estaban detrás de ella, cruzados de brazos y con las miradas puestas en la castaña. Se hizo un repentino silencio entre los estudiantes, mientras hacían un círculo perfecto en donde Hermione y Pansy eran el centro y en cada extremo enfrentaban miradas.

— ¿Qué te hace pensar que sé lo que está sucediendo, Parkinson?

— ¿Qué me hace pensarlo? — Pansy siseó— ¿Crees que no nos hemos dado cuenta de lo mucho que has desaparecido estos días? ¿Qué es lo que está pasando Granger? Algo malo pasa en el castillo y no creo que con la reputación que tienes no sepas ni un poco.

Hermione se armó de paciencia y Ginny trató de avanzar hacia Pansy, pero la castaña la frenó.

— Mira Parkinson, si lo que te importa es no tener participación en nada, habla con la directora, a lo mejor con ella puedas llegar a un acuerdo para satisfacer tus ganas de protagonismo.

Los chicos comenzaron a reírse y en cuanto lo hicieron, una tercera explosión se escuchó afuera y está vez, los vidrios cedieron, reventándose. Los fantasmas de las casas se pusieron como escudo, pero aun así alcanzaron a salir disparados algunos. Los chicos se encogieron de nuevo y antes de que pudieran hacer algo, Hermione sintió unos brazos jalarla hacia atrás.

Cuando se giró Draco Malfoy la estaba sosteniendo.

— Se ve que estás teniendo bastante diversión, Granger— le dijo, mientras todos los estudiantes comenzaban a gritar y a enderezarse. El caos había comenzado de nuevo. Ginny y Luna se voltearon a ver después de escuchar a Malfoy hablar detrás de ellas.

— ¿Se te hace? — Hermione rodó los ojos— ¿Dónde estabas?

— Vámonos— dijo, ignorando su pregunta, y quitándose la chaqueta— Tenemos que ir con McGonagall.

— ¿Afuera? — preguntó Hermione, mirando hacia dónde señalaban los ojos del rubio, casi indignada.

— Sí— contestó el rubio, mientras le tendía la chaqueta a la castaña— Póntela.

— No tengo frío— dijo Hermione, tomándola de todas formas,

— Lo tendrás— dijo, secamente.

— ¿A dónde irás? — preguntó Ginny, a la defensiva, tomando a Hermione del brazo— ¡No puedes salir!

— Es peligroso— dijo Luna, con más calma— La directora y los otros Premios seguro pueden hacerlo solucionar todo solos.

— Estaré bien, chicas— dijo, mientras se ponía la chaqueta del rubio que le quedaba enorme— Prometo que volveré en cuanto McGonagall me haya explicado de qué se trata todo este lío.

Draco ya había comenzado a caminar hacia la salida.

— Hermione— le llamó de nuevo Ginny, con una mirada pesada como último intento de hacerla quedarse.

La castaña le dedicó otra suplicante, le besó la mejilla a Ginny y luego a Luna y se apresuró a alcanzar al rubio.

La castaña corrió para alcanzar al rubio, que se movía como deslizándose por el aire, con esa manera tan elegante de caminar que tenía. Hermione sabía que, en comparación a él, era un desorden.

— ¿Sabes qué está sucediendo? ¿Qué ha explotado? — preguntó, sacándose el cabello de la chaqueta.

—Ha explotado la estatua del ángel, pero no sé más— dijo el rubio, caminando más a prisa— Pero estoy seguro de que esto no significa nada bueno.

Hermione observó el aspecto del chico que tenía a un lado: Draco tenía el pelo rubio despeinado, sus ojos grises cansados y serios, llevaba el suéter de Slytherin y el pantalón de mezclilla que llevaba puesto antes de acostarse junto a la muchacha unos momentos antes. Hermione casi juró que así como estaba parecía un simple muchacho. Tan simple, tan normal.

Cuando llegaron al exterior, Draco le hizo una seña a uno de los aurores como indicación de que eran ellos y el auror lo dejó pasar.

Hermione se tapó más con la chaqueta del rubio pues sintió de golpe la corriente de aire y entonces sus pupilas reflejaron una de las escenas que estaría destinada a guardarse en su memoria para siempre: La estatua ardiendo. Llamas por todas partes y un fuego devastador arrasándola mientras el ángel se visualizaba por las flamas en un intento de sobrevivir la destrucción.

La directora y los profesores estaban con sus varitas alzadas tratando de contener el fuego, pero cada vez que extinguían una llama, salían otras tres. Parecía un fuego interminable que se extendía hasta el cielo. Hermione rezaba que no hubiera otra explosión, pues al ser una estatua mágica, trataba de defenderse y al tratar, causaba una explosión masiva.

Daniel y Annie llegaron a prisa hasta donde estaban ellos.

— ¡Hermione! — dijo Daniel, acercándose— Me alegra que te encuentres bien.

Annie pasó los brazos por su cuello en un abrazo. La chica también llevaba puesta la chaqueta de su compañero de torre.

— Me alegra verte mejor— le dijo, con una sonrisa. Ambos, Daniel y Annie estaban llenos de ceniza en la cara.

— Gracias, chicos— les dijo la castaña— Pero ¿Qué les ha pasado? — dijo, tratando de limpiar con su manga las cenizas de las mejillas de Annie.

— ¡Esa cosa es como un horno! — dijo Daniel, despeinado y casi gritando, pues seguramente de haber escuchado tan de cerca la explosión se había quedado medio sordo— ¡Es imposible contenerlo!

— Solamente están tratando de que no se esparza hacia el bosque— dijo Annie, asintiendo— ¿Ya viste esa cosa? — dijo, haciendo alusión a la enorme figura de fuego que salía de la estatua— ¡Es como el profesor Binns! ¡No para!

Hermione río nerviosa y se asomó. Pese a que la cantidad de fuego era enorme, parecía que el fuego no calentaba ni un poco. Hermione se volteó a un lado y se dio cuenta que Draco ya no estaba a su lado. El chico estaba más al frente hablando con la directora McGonagall.

Hermione se acercó junto con los otros dos premios a donde estaba la directora.

— ¡Que bueno que llega, señorita Granger! — dijo la directora, aireada— El señor Malfoy me estaba diciendo que ha encerrado a los pequeños en el Gran Comedor, excelente movimiento.

— Gracias, directora— dijo la castaña— Pero, ¿cómo contendremos esto?

— ¿Me ve acaso como una mujer tranquila que conoce la respuesta y sabe que su castillo no se quemará? — la directora hablaba mientras sostenía la varita en alto con su mano en dirección al fuego— Así que cualquier sugerencia, estaría encantada en escuchar.

— Pero es que algo está mal— murmura Hermione, dando un paso al frente para ponerse al mismo nivel que la directora. Draco está a su lado taladrándola con la mirada.

— ¡Por supuesto que algo está mal, señorita Granger! — corroboró irónica la directora.

— No, directora, algo está mal en serio— dijo Hermione, agitando su cabeza— Nadie puede hacer explotar una estatua mágica tan poderosa y tan antigua, no con magia propia…

— Tiene razón directora— dice entonces la profesora McLarren, acercándose desde el otro lado, con la cara cubierta de negro y con la pijama puesta— Esto no fue hecho por cualquiera. ¿Ve las flamas verdosas que salen de debajo de la estatua?

— Claro que las veo— dijo McGonagall, angustiada— ¿Qué significan?

La profesora McLarren inmediatamente levantó la cabeza y miró a Malfoy. Todas las miradas se posaron en el rubio, que le sostenía la mirada a la profesora, entendiendo lo que quería decir.

— El señor Malfoy no me dejará mentir— dijo— Magia oscura.

Hermione se giró hacia Draco y el chico apretó los labios, todavía mirando a la profesora.

— ¿Magia oscura? — preguntó Daniel, dirigiéndose hacia Draco con una mirada brusca.

El rubio le quitó la mirada a la profesora para posarla en el Ravenclaw.

— Esta explosión fue causada por las artes oscuras, Avery. No sé que tan difícil sea eso de entender para ti.

Daniel torció el gesto.

— Dado que pareces conocer tanto de esto, ¿cómo lo revertimos?

— Por ahora, seguir con los hechizos, es una magia oscura débil, no tardará en ceder— dijo Draco, aunque se dirigía hacia McGonagall, no hacia Daniel.

Un auror irrumpió en la reunión pequeña que estaban teniendo los premios y las dos profesoras.

— Directora— su voz se escuchaba cansada— Alguien se ha metido al castillo. Los hechizos fueron alterado, no sé en qué momento ha ocurrido.

— ¡Lo que me faltaba! ¡En esta institución es imposible estar en calma!

— Dígamelo a mí— murmuró Hermione, cruzándose de brazos.

El fuego estaba cediendo un poco más y la castaña sentía el alivio inmenso de ver que al fin estaba pasando. Pero sin embargo, su alivio duró apenas pocos seguros.

— Yo iré— dijo Malfoy, su voz fría casi cortó el aire helado.

— ¿Irás a dónde? — Hermione abrió la boca, indignada.

— Al bosque— dijo Draco, apenas mirándola, mientras sacaba su varita de la bolsa trasera del pantalón— Acompañaré a Finnick.

Finnick era el nombre del auror que estaba frente a ellos.

— ¿Qué le hace pensar que está autorizado para hacer eso, señor Malfoy? — preguntó la directora.

— Soy el único aquí que conoce bien la magia oscura, si alguien se metió al castillo para hacer esto, es evidente que la conoce tan bien como yo.

La directora hizo su boca una muy fina línea, considerándolo y Hermione sintió nauseas.

— Tú no irás a ningun lado— le dijo la castaña, indignada— ¡Es peligrosísimo! No tiene sentido que te pongas en riesgo…

— No te estoy pidiendo permiso— le dijo Malfoy, calmado dirigiendo su mirada grisácea y penetrante hacia ella.

Hermione abrió la boca, dispuesta a soltarle mil maldiciones, pero ninguna pudo salir en forma de sonido. Draco quitó la vista de la castaña para dirigirla a la directora McGonagall, esperando su aprobación.

— ¿Está seguro, señor Malfoy? — la voz de la profesora tembló un poco— Es un estudiante y aunque es de los mejores, nunca se está totalmente preparado para la magia oscura.

— Yo lo estoy— le dijo el rubio, firme— Mándeme.

La directora volvió a guardar silencio y arrugó la boca en una expresión de desesperación. Hermione la volteó a ver con una mirada alarmante. No, la directora no aceptaría, era completamente anti ético hacerlo, ella era una mujer que se apegaba a las normas y…

— Está bien, señor Malfoy, puede acompañar al auror Finnick, pero si no encuentran nada en cuarenta minutos, los quiero de regreso.

Draco asintió y se fue en dirección al auror, que también corroboró la decisión con un asentimiento. Hermione volvió a abrir la boca y se acercó a la directora.

— Directora, no puede hacer eso, Malfoy, él….

McGonagall la miró con comprensión y le apretó el hombro.

— Confío en él, señorita Granger.

Hermione quería decirle que ella también confiaba en él, pero que más que confiar en él, ella lo quería…

La castaña avanzó hasta donde estaba Malfoy preparándose para salir.

— Ten cuidado— le dijo, casi a modo de súplica.

El rubio movió sus ojos grises hacia ella, Hermione vio el fuego y a ella en medio reflejados en sus pupilas.

— Lo tendré— le respondió.

— Andando— le dijo el auror Finnick con una palmada después y el rubio se despidió de nuevo con una mirada y comenzó a seguir al auror.

— ¡No se queden sentados, premios, vengan a ayudar! — se escuchó la voz de la profesora McLarren mientras alzaba su varita con el afán de seguir soltando hechizos de contención.

Hermione se giró y junto con Daniel y Annie levantó su varita para ayudar.

— Increíble, y mañana tengo una cita— dijo Annie, enfadada.

— ¿A quién le importa tu cita? ¡Esta noche era mi oportunidad de dormir y se ha arruinado! — exclamó Daniel.

— ¿De verdad estamos discutiendo eso? — preguntó Hermione alzando una ceja— Porque yo casi morí la semana pasada.

— ¿Ves? — Annie volteó con Daniel, rodando los ojos— Llorón.

Daniel soltó una risa y Hermione le siguió, mientras seguían extinguiendo el fuego.

Hermione estaba sentada en unas escaleras, mirando la estatua del ángel. La estatua, posada en la fuente, estaba algo destruida, pero seguía de pie y cubierta de ceniza. La castaña había especulado en su mente todo tipo de cosas, pero no se le ocurría nada que pudiera justificar el por qué alguien hubiera querido quemar la estatua. ¿Un mortífago? A fin de cuentas, los Mortífagos la necesitaban, pues era la que marcaba el camino hacia la banshee.

— Qué noche— dijo Daniel, dejándose caer junto a ella en la escalera.

— De las más extrañas— dijo Hermione, todavía mirando la estatua.

— Aunque supongo que esto no ha de ser nada, después de todo lo que viviste antes con Harry— dijo el muchacho en tono amable. Hermione se sorprendía siempre de lo amable que podía llegar a ser el Ravenclaw en cualquier situación.

— Lo sé— dijo Hermione, sonriendo ante el recuerdo— A pesar de todo, fueron unos buenos años.

Daniel también sonrió, cubierto de ceniza. Annie estaba todavía de pie, de un lado para otro mientras seguía a la profesora McLarren por todos lados alegándole algo. Seguramente alguna sugerencia sobre qué decirles a los demás.

Hermione miró el cielo. Calculaba que habían pasado treinta minutos desde que Draco se había marchado, y se obligó a tranquilizarse. En cualquier momento llegaría…

Pero los minutos pasaban y seguían pasando, y no había rastro de ninguna de las dos almas que se habían internado en el bosque con el fin de dar con los responsables del caos. Hermione se movía inquieta por todas partes, se sentaba, se paraba, se volvía a sentar ya así un ciclo repetitivo que seguramente estaba poniéndole los nervios de punta al pobre de Daniel.

El fuego al fin había cesado, la profesora McLarren había ido al Gran Comedor a explicarles la situación a los chicos y a mandarlos de nuevo a sus camas, alegándoles que probablemente cancelarían clases mañana.

Hermione miraba de un lado a otro la oscuridad e intentaba rogar que ésta no se tragara a Draco. Se aferraba a la chaqueta que el muchacho le había prestado pues el frio estaba poniéndose letal.

— Directora— la voz clara y apresurada de uno de los aurores se escuchó por la zona en donde Hermione rondaba mordiéndose las uñas y la directora daba indicaciones. Ésta se giro hacia la voz que la llamaba.

El auror se acercó trotando a ella.

— Tenemos que cerrar el castillo.

— No— interrumpió Hermione, acercándose a ambos, con una cara de preocupación— No puede cerrarlo, ¡Malfoy todavía no regresa!

— Han pasado tres horas desde que se marcharon, señorita Granger— dijo el auror, con una expresión de culpa en el rostro— El castillo no se puede quedar abierto toda la noche.

La directora torció la boca.

— Esperemos diez minutos más— dijo, tajante— Deben de llegar en cualquier momento.

Pero después de los diez minutos no había rastro de ellos por ninguna parte.

El auror miró su reloj y se giró hacia la directora, comunicándole con su expresión la fatal noticia.

La directora bajó la cabeza. Daniel y Annie se acercaron junto con Hermione.

— No puede cerrarlo, directora. El auror y Malfoy se quedarán toda la noche en el Bosque Prohibido y usted sabe lo peligroso que es eso. — le dijo la castaña, con el corazón desbocándose.

La directora le puso una mano en el hombro.

— Lo siento, Granger— su voz sonaba compungida— No puedo hacer nada. Mañana a primera hora mandaremos un equipo de búsqueda.

— Entonces yo iré a buscarlo— dijo Hermione, sacando su varita pero Daniel agarró su mano para impedir que la sacara por completo.

— Es demasiado arriesgado, Hermione— dijo Daniel, forzándola a que volviera a meter su varita dentro de su bolsillo— Estoy seguro que mañana los encontraremos.

— ¡Muertos! — exclamó Hermione y de solo imaginarlo algo en su estómago le hizo cosquillas.

— Ya veremos que tal resulta, Granger— dijo el profesor Flitwick— Ahora sabe que necesitamos cerrar el castillo.

— Comiencen— ordenó la directora, tapándose con su capa del frío y con expresión triste.

Hermione apretó los labios e iba a dar un paso al frente cuando Annie la sujetó por los hombros y le negó con la cabeza.

— Sabes que es lo mejor después de todo lo que ha pasado— le susurró la chica, sujetándola con fuerza— No podemos arriesgarnos a que alguien entre al castillo.

— O salga— le dijo Daniel, también poniéndole una mano en el hombro.

Hermione aflojó su cuerpo, soltando el aire con un lamento silencioso que le salió del pecho mientras los aurores levantaban las varitas para sellar el castillo primero con las salvaguardas de los hechizos.

Los hechizos de defensa se empezaron a poner, amparando el castillo con lentitud pero con seguridad y fuerza. La castaña tenía la mirada en el pecho mientras imploraba que Draco estuviera bien y pudiera pasar la noche en un lugar seguro y caliente.

Sus pensamientos angustiados se apagaron cuando alguien gritó.

— ¡Ahí, miren ahí! — era la voz de Hagrid a lo lejos, señalando al bosque.

Hermione volvió sus ojos y lo vio. Una figura envuelta en negro cargando a otra en sus hombros. La castaña se zafó del agarre de sus amigos y corrió hasta el borde, esperando ver la imagen más clara.

— ¡Allá vienen! ¡Detengan los hechizos!

— ¡Ya no es posible! — dijo la directora

— Sólo les queda correr antes de que se cierren— susurró Hermione entornando los ojos para ver mejor. "Por favor que el peso muerto no sea Draco, que no sea Draco" se repetía a sí misma mientras veía la imagen y los hechizos cerrándose frente a ellos.

— No lo van a lograr— dijo Hagrid, preocupado.

Hermione tuvo un arrebato de lo que ella consideraría "idiota" pero los demás quizás "valiente". La muchacha, sin pensarlo mucho, se lanzó en dirección a los hombres.

— ¡Hermione no! — la voz de Annie resonó como eco detrás de ella.

Pero antes de llegar al borde de los hechizos, la castaña extendió la varita. Sabiendo que si los hechizos llegaba, la partirían en dos a una muerte segura.

No pudo evitar recordar una de las noches en las que había estado con Draco. Él había dormido en su cama con el pecho desnudo y ella estaba sobre él. El flashback era latente en su mente.

Hermione despertó en mitad de la noche a cerrar la ventana, pues una corriente estaba moviendo la puerta en un sonido poco placentero y bastante ruidoso. Al cerrarla, volvió a la cama. Draco yacía a su lado, respirando tranquilamente. Hermione se acostó y se giró a su lado para verle. Así no parecía tan insoportable.

A través de la luz de la luna, vio una marca en el pecho de Draco. Una cicatriz, grande y oblicua. La chica extendió su mano y rozó la punta de sus dedos la cicatriz. Pero en cuanto lo hizo el chico despertó y en un reflejo tomó su mano y la aprisionó en la suya, sobresaltado.

"Hey, está bien" dijo la castaña "Soy yo, lo siento"

El chico relajó la mano y la soltó.

"Me vas a matar de un susto un día, Granger"

"¿Qué es esto que tienes aquí?" preguntó, señalando la cicatriz "¿Qué te han hecho"

El muchacho, adormilado y con los ojos cerrados, dio un resoplido.

"Potter" dijo, cansado" "En sexto curso me hizo un hechizo llamado sectumsempra" dijo "Snape me curó, pero me compliqué y en San Mungo me pusieron un dispositivo de metal élfico para sellar algunos tejidos y que no me desangrara" el muchacho tocó su pecho justo a un lado de su corazón, indicando el lugar del metal. "Es muy pequeño, pero está ahí"

En medio del caos, Hermione recordó el nombre del metal, el único que podían ponerle a los magos o brujas por no ser tóxico.

—Accio cadmus.

El hechizo accio no permite que lo uses en personas, pero en cosas sí. Le iba a doler al rubio un infierno, pero era mejor a dejarlo en el bosque.

Inmediatamente el chico que llevaba al otro en los hombros se dejó venir por completo a su posición, volando por los aires.

Hermione se quitó en cuanto pudo de la zona mientras ambos cuerpos entraban a la zona protegida, justo antes de que los hechizos terminaran por sellar la frontera con el bosque.

El auror cayó encima del cuerpo del rubio, quien en un quejido de dolor se giró y lo puso a un lado, apretándolo de la camiseta fuertemente.

Todos se acercaron a ellos, alarmados. Draco estaba recostado, todavía aferrando sus dedos a la camiseta del auror y justo cuando todos se detuvieron alrededor de ellos el muchacho soltó un grito enojado y brusco y golpeo el suelo.

— Está muerto— dijo y en ese momento se hizo un silencio sepulcral.

Annie subió las manos a su boca, impresionada.

— ¿Qué ha pasado señor Malfoy? — se escuchó a la profesora McGonagall, con un tono calmado pero temblando de todos lados.

— Nos atacaron, le rozó un encantamiento de magia negra, estaba delirando, se desmayó, perdí al atacante por ayudarlo— dijo, el aire le faltaba al chico, mientras se agarraba el pecho — No llegué a tiempo, está muerto.

La directora asintió levemente y una lágrima salió de su ojo.

— Murió haciendo su deber— dijo uno de los aurores— Me encargaré de que se sepa.

— Entonces todo el Ministerio sabrá lo que está pasando en Hogwarts ahora— dijo el profesor Flitwick, preocupado.

— ¿Cómo? — demandó entonces el profesor Slughorn— Si ni siquiera nosotros sabemos que está pasando.

— Ahora tendremos al Ministerio rondando en nuestros asuntos— dijo Flitwick.

— Eso no nos debe importar ahora— dijo el auror anterior— Malfoy, aléjese del cuerpo.

Draco torció el gesto pero no se movió de un lado del cuerpo, todavía apretando la camisa con los nudillos blancos, como si eso fuera a devolverlo a la vida en cualquier momento.

— Hizo lo que pudo, Malfoy— repitió el auror, calmado— Ahora aléjese del cuerpo.

El chico soltó la camiseta después de unos segundos y se trato de arrastrar a un lado, dónde la castaña se le lanzó, hincándose con él en el suelo y agarrándolo por la cara mientras todos se cerraban frente al cadáver del auror.

— Lo siento— le dijo, abrazándolo, refiriéndose a lo mucho que le dolía ahora el pecho al rubio.

Draco le devolvió el abrazo sin decir nada, pero todavía lidiando con el shock.

— No ha sido tu culpa— le dijo la castaña, agarrándolo por las mejillas— Lo sabes ¿verdad?

El chico no respondió, pero se hundió de nuevo en el cuello de la chica. La castaña respiró y por un momento se sintió una persona asquerosa por agradecer que el que estuviera muerto no fuera Draco.

Después, Draco intentó pararse y Hermione lo ayudó a hacerlo. El chico respiraba con pesadez mientras se seguía sobando el pecho. Estaba despeinado y cubierto de hojas. No había nieve, pero la temperatura había bajado de nuevo considerablemente, dando a entender que volvería a nevar.

En ese momento llegaron Annie y Daniel frente a ellos y la mirada de Draco al levantarse y verlos, se hizo fugaz.

El rubio rodeó a Hermione y se fue en dirección a Avery, iracundo y agarrándolo por la camisa.

— ¿Qué haces tu aquí, maldito infeliz? — le dijo, dejando a Daniel sorprendido y tratando de zafarse de su agarre.

— ¿Qué te sucede, Malfoy? ¡Suéltalo! — demandó Annie.

— Te vi— dijo, con sus dientes tiritando de enojo o tal vez de frío— Te vi allá afuera, en el bosque, tú estaba allá.

— ¿De que hablas? ¿Te has vuelto loco? — rugió Daniel quitándole con brusquedad las manos de su camiseta— ¡He estado aquí todo el tiempo!

— Es verdad, Draco— le dijo Hermione detrás de él con la mejor voz calmada que pudo— Estuvo junto a mí mientras te esperábamos.

El rubio siguió viéndolo con coraje, pero calmó su respiración.

— Creo que ha sido una noche muy traumatizante para usted, señor Malfoy— le dijo el profesor Slughorn, acercándose al chico de su casa— Está usted algo confundido, lo mejor será que vaya a descansar.

— Esto es malo, muy, muy malo— repetía Flitwick— ¡La muerte de un auror! Y encima el único testigo es un ex mortífago ¿sabe usted lo que puede pasar? ¿Qué les diremos a los chicos? — preguntó a la directora McGonagall mientras ésta intentaba saber que hacer con el cuerpo.

— La muerte del señor Finnick ha sido horrible— le dijo la directora, tajante— Les diremos la verdad. Que alguien se ha metido al castillo y ha herido de gravedad a nuestro auror, provocando su muerte. Que ha muerto como un héroe.

— ¿Y el señor Malfoy? — preguntó entonces Hagrid— Sería su fin, el Ministerio ya lo tiene en la mira de por sí, ahora imagínense que pensara si es el único testigo de lo ocurrido. ¡Pensaran que está implicado!

— Entonces seré yo— dijo Hermione respirando fuertemente por la adrenalina del momento. Todos giraron sorprendidos sus cabezas a ella, incluido Draco— Digan que fui yo la testigo.

— ¡No podemos mentirle al Ministerio! — alegó Flitwick

— Cierra la boca, Hermione— le dijo Malfoy, en un susurro que, aunque parecía tranquilo sonaba amenazador. Hermione ignoró el comentario.

— Me creerán a mí con más facilidad— dijo, asintiendo con la cabeza— No abrirán una investigación, ustedes saben que es lo mejor.

— Tendrán que creerme a mí— dijo Draco, negando con la cabeza y sacudiéndose el cabello.

— Por favor— suplicó Hermione, mirando a McGonagall— Sería fatal para él.

La directora miró a los presentes y soltó un suspiro.

— La señorita Granger tiene razón, señor Malfoy— dijo la directora— No podemos perderlo, diremos que ella ha sido la testigo. Si alguien no está de acuerdo y está dispuesto a delatarnos que hable de una vez.

— ¡Es un insulto a su memoria! — dijo Draco, enfadado— ¡Ese hombre me salvó la vida allá afuera!

— Con más razón honra su esfuerzo y no hagan que te maten a ti también— dijo Hermione, más dura que nunca.

Malfoy se quedó repentinamente callado.

— Bien— dijo la directora— Todos estamos de acuerdo ¿o no?

— De acuerdo— dijo Annie, asintiendo.

— De acuerdo— dijo el otro auror, todavía agachado en el cuerpo de su compañero.

— De acuerdo— dijo el profesor Slughorn, apretando el hombro de Malfoy— Lo que sea por mis muchachos.

Le siguieron todos los profesores presentes, incluida McLarren, que acababa de llegar cuando la pelea comenzó y al final, Daniel también estuvo de acuerdo aunque de mala gana.

— Váyanse a la cama ya— les dijo la directora a los premios— Y levántense a primera hora mañana para que cuelguen letreros en las puertas de las salas comunes de que las clases estarán canceladas mañana.

….

La sala común estaba caliente por la chimenea y Hermione calculo que debía de ser ya como las tres de la madrugada cuando Malfoy y ella entraron. No habían intercambiando palabras en todo el camino y la castaña sabía que probablemente la razón era porque el rubio estaba enfadado con ella y no tanto porque acababa de presenciar la muerte de un hombre frente a sus ojos. Hermione sabía que Draco más que nadie estaba acostumbrado a ver la muerte a la cara y a no temerle.

— ¿Te sigue doliendo el pecho? — preguntó Hermione cuando entraron, dejando la chaqueta del rubio en el perchero.

— No— dijo, aunque la castaña supo que era mentira— Echa el saco a lavar, me lo quiero poner pronto y para este punto debe de estar infestado con tu olor— dijo, secamente, mientras atizaba la chimenea.

Hermione apretó los labios. Ya se había hartado.

— ¿Por qué carajos estás tan enfadado? ¿Por la parte en la cual salvé tu vida o la parte en la cual estoy evitando que te vayas a Azkaban?

Draco dejó lo que estaba haciendo y la confrontó. La chica tenía las manos en las caderas.

— Claro que estoy enfadado contigo. ¿Sabes que pasa si nos descubren? Es alta traición, Granger— dijo el chico, con la mirada ardiendo— No seré el único que ira a prisión. Te arrastraré conmigo.

— ¡Fue mi decisión presentarme voluntaria para testificar! — dijo Hermione, rodando los ojos— Ya soy una niña grande como para tomar mis propias decisiones.

El rubio soltó una risa cínica y se llevó ambas manos a la cabeza, harto.

— Pues actúas como una chiquilla. ¿Crees que no te vi en medio del campo de hechizos? Arriesgas tu vida sin razón.

— ¡Lo hago por ti! — dijo la castaña con la boca abierta, indignada.

— ¡Estás enamorada! — protestó el chico— ¡No piensas con la lógica y eso algún día hará que te maten!

La castaña dio un suspiro hondo, tratando de calmarse.

— Estoy harta de que me trates como porcelana, Malfoy— le dijo, lentamente— Peleé en tantas guerras como tú. Ya, tomé la decisión, no quiero seguir peleando.

— Entonces no lo hagas— le dijo el chico enfadado, dándole la espalda para seguir con la chimenea.

La castaña soltó un gritillo de desesperación y subió a su habitación después de tomar la chaqueta y aventarla al cesto de la ropa a lavar.

Cuando subió a su habitación y la abrió de golpe se encontró con una sorpresa.

El cuarto completo estaba patas arriba. Los cajones volteados, la cama desordenada, la ropa de la chica regada junto con sus libros y sus baúles, como si alguien hubiera entrado a buscar algo con poco tiempo.

Y lo había encontrado. Hermione notó que entre sus cosas faltaba el libro de las banshees. El que había robado de la sección prohibida hace unas cuantas semanas.

— Draco— gritó, después de haber buscado el libro por todas partes con la mirada y haber encendido las antorchas de la habitación— ¡Draco! — siguió gritando.

El chico subió en tiempo récord y empujó la puerta de la habitación de la chica, quedándose mudo ante el desastre mientras la castaña permanecía de pie en medio de la habitación mirando por todas partes.

— Alguien ha entrado y se ha llevado el libro— dijo la castaña rápidamente.

— ¿Qué libro? — preguntó el rubio— Ven acá.

La castaña obedeció y se acercó.

— ¡El libro! — la chica negaba con la cabeza— ¡El de las banshees que robé hace unas semanas de la biblioteca!

— Me dijiste que habías puesto el libro en su lugar cuando fuiste con Weasley y Lovegood— dijo el chico, mientras examinaba las palmas de las manos de la castaña— No tocaste nada ¿cierto?

La castaña negó con la cabeza como respuesta a la última pregunta.

— Ese día sí que lo devolví; pero hace unas semanas volví por él. Quería leerlo más a fondo.

El rubio dio un suspiró y señaló la puerta con la cabeza.

— Dormirás en mi habitación hasta que examiné bien el cuarto— dijo, mientras veía la ventana de la habitación abierta y una corriente haciendo danzar la cortina.

Hermione dio un resoplido y se fue a la habitación del rubio.

— ¡Todo debió haber sido una distracción! — dijo la castaña, entrando a la habitación fría del rubio seguida por él— Alguien debió de haber puesto la estatua en llamas para distraernos y robar el libro.

— Pudo ser cualquiera— dijo el rubio, mientras se cambiaba por su pijama.

— ¿Cómo pudimos ser tan tontos? — la castaña destendió la cama y se dejó caer en ella— ¿Ahora que haremos? Te lo juro que siempre cierro mi habitación con llave, cuando estaba en la sala común de Gryffindor, los chicos entraban para hacernos bromas entonces…

— Ya va, Granger— dijo el rubio dejando su varita en la mesita de noche— Mañana veremos quién pudo haber sido y mantendremos los ojos abiertos ¿está bien?

La castaña asintió, resoplando de nuevo. El rubio suspiró y se sentó en el borde de la cama, junto a donde la castaña estaba recostada. Malfoy le dio una caricia en la barbilla.

— Lamento haberte gritado allá abajo.

La castaña tragó saliva ante la repentina disculpa y asintió con una cara reconfortante y se acostó por completo en la cama.

El rubio apagó las luces y se acostó a su lado. Hermione se giró hacia él.

— ¿Qué pasó allá afuera?

El rubio se tardó unos minutos en contestar. La cama de Draco era más fría y más pequeña que la de Hermione, por lo cual, apenas cabían los dos.

Draco dio un suspiro.

— Un mortífago. Peleamos contra él, pero era demasiado rápido, no creo ver nunca a uno tan diestro en Encantamientos.

— A lo mejor por eso creíste ver a Daniel— dijo entonces Hermione— Él es el mejor en Encantamientos.

— Tú eres la mejor de la clase— dijo Draco, como si estuviera diciendo que el cielo es azul, no como un cumplido exactamente, pero Hermione decidió tomárselo como uno. El rubio sacudió la cabeza— No, no fue por eso. Lo vi, Granger. El cabello, los lunares, los ojos azules. Era Avery. Estoy seguro.

— No pudo haber sido él— dijo la castaña, dulcemente.

— No sé si fue un engaño, pero sé lo que vi. Dudo que Avery tenga un gemelo— el chico bostezó— Sólo sé que por su culpa murió un buen hombre. La va a pagar caro.

— Pudiste haber sido tú— dijo Hermione, pero fue un pensamiento dicho en voz alta.

El rubio se quedó callado.

— Resolveremos todo mañana. Duerme.

La castaña se acomodó dándole la espalda mientras el rubio pasaba su brazo encima del vientre de la chica, como solían dormir siempre que dormían juntos.

— Bueno, al menos este tipo que viste allá si tenía nariz.

Draco soltó una carcajada en ese momento y Hermione se sorprendió tanto de esa risa que también comenzó a reír a carcajadas.

— Ven acá— le dijo el rubio, volteándola para que quedara frente a él mientras la castaña seguía riendo.

Había sido una noche horrible, pero de todos modos se las arreglaron para reírse a carcajadas hasta que se quedaron dormidos, un recuerdo que estaría destinado a honrar la memoria de un hombre muerto en medio del bosque y a quedarse para siempre entre las memorias mas queridas por Hermione Granger hasta el final de sus días.