CAPITULO 21

Akira Sendoh bostezó mientras observaba su caña de pescar, atento a cualquier movimiento que esta pudiese hacer. Al ver que todavía no picaban, levantó la vista hacia el cielo azul de mediodía.

Todavía queda para que empiece el entrenamiento…

Hoy era sábado y como solía hacer ese día de la semana, había ido a pescar, su gran afición fuera del baloncesto. Una de las grandes características de la pesca era que permitía al pescador cavilar sobre una infinidad de temas.

Akira volvió a mirar la cuerda de pescar. ¿Qué podría hacer para pasar el rato? Podría probar suerte e ir a casa de Maki, aunque dudaba que el incansable universitario no estuviese haciendo pesas, corriendo o haciendo cualquier otro tipo de entrenamiento, y a él no le apetecía matarse a hacer flexiones un sábado tan bonito como aquel.

También podría ir a casa de Yumiko y dar una vuelta con ella, pero tampoco tenía demasiadas ganas de estar con su novia. Se estaba dando cuenta que él no tenía madera de novio, él era un tipo independiente al que no le gustaban las ataduras. Yumiko era una chica bonita, pero no dejaba de desear lo que deseaban las chicas de esa edad, un novio atento y empalagoso.

Ahhh… ¿Qué podría hacer para pasar un buen rato?

Hasta que finalmente se le ocurrió alguien. Una sonrisa apareció en su rostro.

Rukawa.


A medida que la temporada de baloncesto estaba a punto de comenzar de nuevo, un aire de emoción rodeaba Shohoku. Todos los jugadores corrían y saltaban más que nunca, excitados ante la perspectiva de jugar contra los mejores equipos de la prefectura.

-¡Vale, acercaos todos! – les llamó Ryota una vez acabó el entrenamiento. Cuando llegaron todos a su posición, continuó. – La semana que viene tendremos un partido de exhibición contra Takezono.

Al escuchar la noticia los jugadores comenzaron a murmurar entre ellos. Takezono estaba entre los ocho mejores equipos de la prefectura, era un buen test para ver el nivel del equipo.

Sakuragi en cambio estaba comenzando a procesar en su cerebro el nombre de aquel instituto, había algo que le sonaba…

-Como todos sabéis Takezono es un equipo bastante reconocido en Kanagawa. Tienen un equipo muy defensivo construido alrededor del anotador Soichiro Oda. – prosiguió Ayako.

-¿¡Eh!? ¿Has dicho Oda, Ayako? – le interrumpió Sakuragi agitado.

-Eh… sí. – contestó la manager, cautelosa. Haruko miró al pelirrojo curiosa. - ¿Ocurre algo, Hanamichi?

Pero Hanamichi no la escuchó, pues ya estaba visualizando el duelo contra el primer archienemigo de su vida.

-Bueno, el caso es que tenemos que hacer un gran partido y ganar para mantener el prestigio de Shohoku. – Dijo Miyagi, retomando el discurso después de la interrupción de Sakuragi.

-¡Sí! – Contestaron los jugadores.

-¡Venga Hiroto, a entrenarse! – le ordenó Mitsui mientras se dirigía hacia una de las canastas.

-¡Sí! – respondió el de primer año, obediente como de costumbre.

Miyagi se detuvo para observarles, pues interiormente le partía de la risa ver a Mitsui de maestro con los diferentes miembros del equipo una y otra vez.

-Te lo he dicho mil veces, tienes que arquear más el brazo. ¡No, así no! Te hace falta más sincronía, nada más recibir la pelota tienes que colocar los pies en posición correcta. – Le enseñaba Mitsui pacientemente.

Una de las puertas del gimnasio se abrió, dejando paso a una alumna de tercero de aspecto severo. Los que aún quedaban en el gimnasio la miraron con curiosidad.

-¡Sae! – pronunció Ayako acercándose a su compañera de curso. - ¿Qué haces aquí?

Hisashi, al oír el nombre que la mánager había pronunciado, se giró súbitamente.

Oh, no…

-Hola Ayako. Vengo en busca de Mitsui-san, tenemos que empezar con las clases de repaso. – contestó la joven con voz impasible.

-¡¿Ehh?! – exclamaron todos los presentes, girándose para ver la respuesta de Mitsui.

-Así es. – contestó el de la cicatriz resignado.

Ryota y Hanamichi se dirigieron una cómplice mirada.

-¡Hahahahahaha! - estallaron en carcajadas.

-¡¿En serio te han asignado una tutora Mitsui? – le preguntó Miyagi entre lágrimas de la risa.

-¡Hahahaha, no sabía que fueses tan torpe con los estudios Micchi! A este genio no le hacen falta tutores.

-¡Callaos idiotas, mirad quienes hablan! – contestó el tirador de triples avergonzado. – Esto, Kotetsu-san, ¿puedo acabar de decirle un par de cosas a este chico? – preguntó señalando a Hiroto.

-Si vas rápido, por mí no hay problema. – contestó ella en la misma actitud imperturbable.

Después de eso Mitsui fue corriendo hacia el lugar donde estaba Hiroto, le puso el brazo por encima del hombro, le dio unas cuantas indicaciones (intuyeron) y volvió trotando.

-Voy a darme una ducha. – le informó Mitsui y sin darle tiempo a responder, se marchó corriendo a los vestuarios. Hanamichi, Rukawa y los pocos jugadores que todavía quedaban en el gimnasio volvieron a sus asuntos.

-Tch… encima que tengo que pasar la tarde con él, se retrasa. – dijo Sae ceñuda.

Ayako, que era bastante amiga de Sae y había observado toda la escena, comentó risueña:

-Ten cuidado con ese caso perdido Sae, no serías la primera en caer bajo su encanto de tipo duro.

-¡Ayako! – le contestó la chica escandalizada.

Tres minutos después Mitsui salió con el pelo mojado y aplastado hacia adelante y vestido con el uniforme masculino del instituto arrugado y hecho unos zorros. Su aspecto tan desaliñado irritó y excitó a Sae a partes iguales.

-Listo.


Hanamichi, que se había quedado hasta muy tarde entrenando (superando por primera vez a Rukawa), tuvo que encargarse aquel día de cerrar todas las puertas del gimnasio.

-Uff, creo que ya están todas. – pronunció en voz alta mientras le daba un último vistazo al silencioso gimnasio. Salió por la última puerta que estaba abierta y la cerró con candado.

-Te estaba esperando, Hanamichi. – oyó a sus espaldas.

Allí estaba Yohei Mito, su mejor amigo desde los once años, la persona que probablemente mejor le conocía en el mundo.

-¿Qué tal? – le saludó, rascándose la cabeza nervioso.

-Yohei… no te…esperaba – dijo Sakuragi, sorprendido de que su amigo hubiese esperado todo ese rato para hablar con él.

-Ya sé que no me esperabas pero bueno… tenía ganas de hablar contigo. – continuó su amigo aún titubeante.

-Tú…dirás. – respondió el pelirrojo, inseguro de hacia dónde dirigir la conversación.

-Yo bueno…quería disculparme, por ya sabes…el tema de Haruko.

-Yohei, ya lo hablamos antes de mi partido con la selección, te di vía libre. No tienes que disculparte de nada. – contestó Hanamichi, tenso.

-Aun así… sigue sin parecerme del todo correcto, pero como tú estás con Yoko creí que… no sé.

-Yoko y yo lo hemos dejado.

-¡¿Qué?! ¿Por qué? – le preguntó Yohei, sintiéndose más culpable.

-Cosas que pasan. – contestó Sakuragi, sin ganas de dar detalles. – Me tengo que ir, nos vemos. – se despidió el pelirrojo comenzando a andar, pero fue detenido por la mano de Yohei.

-No, Hanamichi, tenemos que solucionar esto. ¡No quiero que no nos hablemos nunca más! ¡Quiero que estemos como siempre!

Ahí Sakuragi perdió la paciencia, sacudiéndose la mano de Yohei con violencia.

-¡¿Cómo siempre?! ¡Nunca podremos volver a estar como siempre, Yohei! ¡Me robaste la chica de mis sueños a pesar de saber mejor que nadie lo que ella significaba para mí! ¿Cómo quieres que pretenda hacer como que todo sigue igual?

-¡No! ¡Yo sólo…! – intentó responderle Yohei, aunque no pudo. Todo lo que le había dicho su "mejor amigo" lo pensaba él mismo muchas veces.

-Lo mejor es que cada uno vaya por su camino.- le dijo Hanamichi mientras comenzaba a alejarse, dejando a un Yohei triste y al mismo tiempo furioso.

-¡¿Ya no lo recuerdas, Hanamichi?! ¡Tu camino es mi camino! – le gritó antes de marcharse.

Sakuragi se paró unos instantes al oír esa última frase y luego siguió caminando.

Luego, por la noche, en su cama, volvió a pensar en las últimas palabras de Yohei.

Flashback

-¡Dejadme en paz! ¡Si volvéis a hablar de mi madre lo lamentaréis! – gritaba un niño de once años bastante más alto que los otros chicos. Tenía el cabello de color castaño oscuro y estaba rodeado por tres o cuatro niños que se estaban metiendo con él.

-¿Y qué vas a hacer eh, llorica? ¿Llamar a tu madre muerta para que nos castigue? – dijo uno riéndose.

-¡Ahora verás! – gritó Hanamichi mientras se lanzaba hacia él. El resto de chicos comenzaron a pegar a Sakuragi, que sólo estaba centrado en el que había dicho eso de su madre.

De pronto, los chicos que le estaban pegando por detrás dejaron de hacerlo y empezaron a proferir gritos de dolor. El chico al que había pegado Hanamichi ya estaba hecho un trapo, así que se giró para ver quien había sido ese que le había salvado de una tremenda paliza.

Al verle, Sakuragi se sorprendió. Era un chico de cabello oscuro, bajito y delgado, no parecía ser capaz de pegarle ni a un niño más pequeño. Pero allí estaba, había sido él el que se había encargado de aquellos matones.

-Es que… no soporto a los cobardes que sólo atacan en grupo. – comentó Yohei a la vez que se rascaba la cabeza (un gesto característico suyo en el presente).

-Je…eres bueno pegando. – contestó Hanamichi mientras le daba la mano. – Hanamichi Sakuragi.

-Yohei Mito.

A partir de ese momento comenzaron a hablar cada día, llegando a hacerse muy amigos.

-¿Sabes, Hanamichi? Tengo una idea para encargarnos de los matones para siempre.

-¿Así? ¿Y cuál es? – preguntó curioso el más alto.

-Nos apoyaremos siempre. Yo pelearé por ti y tú pelearás por mí. Tu camino será mi camino y viceversa. ¿Hecho? – Dijo Yohei a la vez que le ofrecía la mano.

Sakuragi se la estrechó con una gran sonrisa en la cara.

-¡Hecho!

End Flashback

Vaya… hacía tiempo que no pensaba en aquella época… Sea como sea, el pasado ha huido, reflexionó Hanamichi. – Lo que espero está ausente… Sólo me queda el presente…

Convertir a Shohoku en el mejor del Japón.


Rukawa paseaba por la zona marítima de la ciudad un domingo por la tarde, esperando la llegada de Akira Sendoh. El capitán de Ryonan le había llamado aquella tarde y habían quedado para verse en la zona de los muelles, un lugar que Sendoh frecuentaba a menudo gracias a su afición a la pesca.

-¿Llevas mucho tiempo esperando? – sonó una risueña voz a sus espaldas.

Rukawa se giró y vio a Akira Sendoh marchando hacia él con una sonrisa en la cara.

-Ya que querías hablar tú, al menos podrías ser puntual. – contestó molesto el jugador de Shohoku.

-Sí, sí, lo sé. – respondió Sendoh, haciendo un simulacro de disculpa que Rukawa no se tragó.

-¿Qué quieres, Sendoh?

-Pues verás… esta tarde han venido a mi casa los de la Shintai. El entrenador Karasawa y Akashi, el famoso capitán del mejor equipo universitario de Japón.

Rukawa no dijo nada, pero le dirigió una penetrante mirada que Akira sabia interpretar como que quería que continuase.

-Me han ofrecido una beca para estudiar con la Shintai. Dios, en cuanto se entere Maki vendrá a visitarme para convencerme de que la acepte.

-Me alegro por ti. ¿Me puedo ir ya? – le felicitó fríamente Kaede.

-Aún no he acabado. – le cortó Sendoh sonriendo y obligando a Rukawa a detener su marcha. – A Sawakita también le han ofrecido una beca en la Shintai para el año que viene.

-Genial. – dijo Rukawa comenzando a caminar.

-Ambos las hemos rechazado.

Aquello hizo que el rey del hielo de Kanagawa casi se tropezase por la sorpresa. Se giró rápidamente buscando una explicación por parte del jugador número 1 de las preparatorias japonesas. Sendoh permanecía con aquella misma sonrisa que le irritaba tanto.

-Yo ya sabía que Eiji rechazaría la oferta. – Continuó Akira – Al fin y al cabo, él ya está en un instituto americano y tiene lógica que quiera seguir allí. Por mi parte…, voy en busca de la aventura. Voy a probar suerte en la NCAA. – terminó mientras se rascaba la cabeza.

-¿La NCAA? ¿De verdad vas a dar ese paso? – preguntó Rukawa, muy agitado interiormente ante aquellas revelaciones.

-No tengo nada que perder. – contestó tranquilamente el jugador más mayor. – Yo quiero vivir la vida Rukawa. Quiero retos, emociones, nuevas experiencias… y jugar al baloncesto al más alto nivel.

Rukawa no dijo nada, su cerebro estaba procesando toda la información que estaba recibiendo.

-Si te digo esto – continuó Sendoh. – Es porque por lo que me ha contado Eiji, tú también te podrías venir.

Aquella última frase volvió a captar por completo la atención del jugador de Shohoku.

-¿Yo? – preguntó Rukawa, que empezaba a tener una sensación extraña en el cuerpo.

-¿Por qué no? Tienes un nivel por encima del japonés, como nosotros. La única diferencia es que tendrás que jugar un año en el instituto, pero en cuanto entres en la universidad, directo a la NCAA con nosotros.

-Es que… le hice una promesa al entrenador Anzai.

-¿Qué promesa?

Rukawa le miró directamente a los ojos. – Que no me iría a los Estados Unidos hasta convertirme en el mejor jugador de bachillerato de todo Japón.

Sendoh le sostuvo la mirada sin decir nada.

-Bueno… ese dilema tiene una salida sencilla, creo que tú también sabes cuál es.

-Claro. – contestó Kaede, que sonrió por primera vez en meses.

Ganaré el Campeonato Nacional y seré el MVP del torneo.

-Por cierto, Yumiko y yo lo hemos dejado. Deberías ir a verla, quizás necesite algo de apoyo. – comentó Sendoh antes de que Rukawa se fuese.

-¿Lo habéis dejado? – preguntó el más joven extrañado, pues sabía que Yumiko estaba bastante colada por Sendoh.

-Bueno… supongo que siendo específico, la he dejado yo. – contestó con un deje de disculpa. – No estoy hecho para estar atado a nadie, colega.

-Ya. - suspiró Rukawa, irritado ante aquella actitud tan relajada de su amigo.


-¡En serio tia, yo necesito descansar! ¡No puedo estar estudiando tanto tiempo seguido sin un respiro!

-¡Calla inconsciente, estamos en una biblioteca!

Allí estaban, en la biblioteca del instituto, Sae Kotetsu y Hisashi Mitsui discutiendo a grito pelado, hasta que al final…

-¡Basta, se acabó! ¡Fuera! – les gritó la bibliotecaria enfadada.

-Ahh, que bien se está aquí… - comentó Mitsui mientras salían del instituto.

-Yo voy cada día a la biblioteca del instituto, a ver qué cara pongo mañana idiota… - dijo resentida Sae.

-¿Y a mí qué me importa eso?

-¡¿Idiota, si no nos dejan entrar mañana, a donde iremos a repasar?!

-No sé, ahora mismo no me preocupa eso. – comentó distraído Mitsui.

De repente, comenzó a escuchar el sonido de una potente moto acercándose al instituto. El motorista entró velozmente en el patio del instituto y se plantó delante de ellos. No llevaba casco y tenía una gran melena negra.

-¡Tetsuo! – le reconoció Mitsui acercándose. Cuando estuvo a su lado se abrazaron amistosamente.

-Qué tal Mitsui. – le saludó Tetsuo. Después se fijó en la chica que iba con él y preguntó. - ¿Es tu novia?

-Claro que no. – contestaron los dos a la vez.

-¿Cómo te va la vida, amigo? – preguntó Hisashi.

El otro no le respondió con palabras, si no que se quitó la chupa de cuero que llevaba puesta y dejó ver un enorme dragón negro tatuado desde su cuello hasta su muñeca izquierda.

-No me quejo. – respondió sonriendo.

-¡Vaya! No sabía que habías entrado en los Dragones Negros. – exclamó Mitsui pasmado.

-Quería hablarte de algo relacionado, a solas. – le contestó Tetsuo antes de darle otra calada a su cigarro.

-Eh, claro. – respondió Mitsui mientras se giraba para hablar con Sae. – Perdona, pero por hoy lo tendremos que dejar.

-¿Eh? Tch, por mi como quieras… - le dijo Sae irritada, comenzando a andar a un buen paso.

Tetsuo había observado que aquella chica parecía estar colada por su amigo, pero no dijo nada.

-¿Y bien? ¿Qué querías comentarme Tetsuo? – preguntó Mitsui curioso.

El más mayor no respondió en seguida, tiró el cigarrillo al suelo y le hizo un gesto con la mano para que le siguiera.

-Preferiría hablar aquí. – dijo Hisashi, endureciendo un poco el tono de voz. Por muy amigo suyo que fuese, sabía que Tetsuo era un tipo peligroso, más aun si había entrado en la banda callejera de los Dragones Negros.

-Je. – Sonrió Tetsuo ante la desconfianza de su amigo. – Como prefieras, yo lo decía por dar una vuelta mientras hablábamos, pero como quieras. Verás… sé de buena tinta que Ryu y sus matones están planeando joderte a ti y a tus colegas del equipo.

Mitsui se puso tenso al oír aquella revelación.

-¿Joderme en qué sentido? ¿Estás seguro de que no es un bulo?

-No. Me he enterado de que Ryu se ha metido en los WarBoys, la segunda banda más peligrosa de Japón detrás de los Yakuza. Los Dragones Negros nos movemos en ese mundo y te puedo asegurar que la información que me ha llegado es fiable.

El jugador de Shohoku pateó una papelera del instituto con rabia.

-¡Mierda! ¡Debe estar cabreado por la paliza que le dimos a él y a sus chicos!

-¿Eh? ¿Qué paliza?

-Íbamos a la estación de trenes yo y tres más del equipo nacional. Nos interceptaron Ryu y sus chicos y les dimos de hostias.

-Pues que bien. Estáis jodidos.

-Mierda, tengo que avisar a Miyagi. – dijo Mitsui mientras hacia el ademan de marcharse.

-Eh, espera un momento. – le avisó Tetsuo. – Si queréis, nosotros os podemos ayudar.

Hisashi se giró incrédulo.

-¿De verdad te crees que sigo con ganas de montar follones en mi instituto? ¡Ya no soy aquel pandillero Tetsuo!

-No me refería a eso. Mira, si Ryu empieza a cazaros con la ayuda de los WarBoys, lo pasareis muy mal. Los Dragones Negros os podemos ofrecer protección.

-¿Así, sin más? – preguntó suspicaz el de la cicatriz.

-No del todo. – contestó Tetsuo mientras hacia una ambigua sonrisa. – Mi gente también está metida en el tema de las apuestas, de cualquier tipo… Y este año parece que va a haber un mercado de apuestas interesantes en lo referente a los Campeonatos Estatal y Nacional.

-De verdad te crees que me voy a plantear si quiera...

-No, ya sé que no te lo plantearías. – le interrumpió Tetsuo. – Pero he conseguido llegar a un acuerdo con los míos. ¿Vuestro objetivo es ganar el Campeonato Nacional no?

-Sí. – contestó Mitsui con recelo.

-Bien, mi gente y yo apostamos por vosotros a todo victorias. Nosotros os echamos una mano en el tema de la protección y vosotros nos conseguís algo de pasta por ese mercado sin interferir en vuestros objetivos deportivos. Todos salimos ganando.

-Yo… yo no puedo tomar estas decisiones solo. Tengo que hablar con Miyagi.

-Ya me dirás. Pero no te retrases mucho, dudo mucho que Ryu tarde en actuar.

Joder…


Por fin había llegado el día del partido de exhibición entre Shohoku y Takezono. El partido se jugaba en el gimnasio de Shohoku y a pesar de que no tenía mucha capacidad, se había llenado hasta los topes.

En el vestuario de Shohoku los jugadores se estaban cambiando mientras esperaban a que llegase el entrenador para que les diese la alineación y las instrucciones para el partido. Para sorpresa de muchos integrantes del equipo, aquel día reinaba una calma muy extraña en el vestuario que no podía ser por los nervios, ya que se habían enfrentado a rivales mucho más duros que Takezono.

Finalmente el entrenador Anzai llegó, acompañado de Ayako y Haruko, que llevaban las camisetas de aquel año.

-Bien, a continuación diré los nombres de los cinco jugadores que saldrán en el quinteto inicial: El base y capitán, Miyagi-kun.

-Sí.- contestó Ryota acercándose para recibir su camiseta. El 4 de Shohoku, ese mítico número que llevó Akagi…

-El escolta será Mitsui-kun.

Mitsui se aproximó y Haruko le dio su camiseta. El número 5, el número que siempre pertenecía al sub-capitán del equipo. Se le hizo raro no ver el número 14, pero el entrenador consideraba que su castigo había finalizado después de su primer año de regreso.

-Alero, Rukawa-kun.

Rukawa no se había acordado del cambio de dorsales, por eso al principio cuando vio en su camiseta el número 7 en lugar del 11 se desconcertó. Después recordó que ahora era un año mayor y le pertenecía un dorsal más bajo. Curiosamente, aquel número también lo había llevado Sendoh en su segundo año.

-Ala-pívot, Watanabe-kun.

-¡Sí!

Hiroto se acercó para recoger su camiseta, que llevaba el número 11. Lo normal es que al ser de primer año se hubiese desconcertado al salir en el quinteto inicial, pero el entrenador Anzai ya le había demostrado durante la copa de invierno que tenía mucha confianza en él.

-Y el pívot será Sakuragi-kun.

-Pues claro que sí. – contestó confiado el pelirrojo. - ¿Eh? ¿Por qué en mi camiseta llevo el número 6? ¡¿Dónde está mi numero 10?!

-Sakuragi, ahora eres de segundo año, lo normal es que tengas un número más bajo. – le explicó Ayako pacientemente.

-Menuda tontería, yo no quiero un número tan vulgar como el 6.

-Tch, deja de tocar las narices. ¿Qué número quieres? – le preguntó Miyagi molesto.

-El número 14. – respondió Sakuragi dejando a todo el mundo de piedra. Mitsui, que estaba atándose las zapatillas, le dirigió una mirada llena de sorpresa e incredulidad. Rukawa le miró interesado.

-¿Qué? ¿Un número más alto que el año pasado? ¿Por qué? – le cuestionó Ryota bastante extrañado.

-Porque el número 14 es el número que llevó Micchi tras su vuelta al equipo y no debería llevarlo cualquiera. – respondió Hanamichi mientras le dirigía una sonrisa a Mitsui. – Me has ayudado mucho estos últimos seis meses viejo, y quiero llevar tu dorsal como agradecimiento.

-¿Eh? Vaya… no sé qué decir. – dijo Mitsui interiormente emocionado. – Gracias idiota.

-¡Hahahaha! ¡Y ahora dejad que este genio se encargue de Takezono y ese arrogante de Oda! – exclamó Hanamichi dirigiéndose hacia afuera.

Rukawa suspiró pesadamente. – Idiota.

-¡Eso es, vamos! – gritó Miyagi mientras abria la puerta y entraban en el gimnasio. - ¡Shohoku! Coreó el resto del equipo.

En el centro de la pista ya estaban los jugadores de Takezono, con Oda a la cabeza como capitán del equipo. Cuando Hanamichi se aproximó hacia él, Oda le mandó una condescendiente mirada.

-Me enteré de lo de Yoko y tú. Una lástima que no funcionara, aunque haré que se recupere pronto. – susurró mientras pasaba por su lado.

-Si la tocas, morirás. – le contestó Sakuragi con la voz ronca.

Después del saludo entre Ryota y Oda, los dos capitanes, los dos equipos se situaron en su campo correspondiente a la espera del salto entre los dos pívots. Hanamichi no conocía al pívot de Takezono ni tampoco le interesaba, sólo deseaba aplastar a Oda y a su equipo de mierda con todas sus fuerzas.

El salto lo ganó Sakuragi con bastante facilidad, logrando la primera posesión de Shohoku.

-¡Venga chicos, a por ellos! – exclamó Miyagi antes de empezar la jugada.

La primera parte fue una exhibición total por parte de Shohoku. Los cinco jugadores de Shohoku eran muy superiores a su par y aquello se tradujo en una diferencia en el marcador de 55 puntos. Oda había acabado el primer tiempo completamente desesperado y con varios tapones de Hanamichi.

-¡Estáis haciendo muy buen partido chicos! – les animó Haruko. – En serio, es increíble el juego que estáis haciendo.

-76 a 21, creo que estás abusando del otro equipo muchachos, hohoho. – comentó el entrenador. – Como esto es un partido amistoso y lo tenemos muy encarrilado, voy a cambiaros a los cinco para que juegue el resto, ¿De acuerdo?

-Sí. – contestaron los titulares, que estaban bebiendo agua o secándose con toallas.

-Viejo. – sonó la voz de Sakuragi. – Me gustaría seguir jugando, por favor.

El resto del equipo se lo quedó mirando, extrañados ante la respetuosa actitud del pelirrojo. Haruko estaba muy desconcertada ante ese cambio de actitud de Hanamichi, pero sabía que no eran buenos momentos para hablar con él a solas. Rukawa le miró de reojo, también interesado ante aquella actitud concentrada de su rival.

-Está bien, Sakuragi-kun, te dejaré en pista todo el partido si es lo que deseas. – concedió Anzai. – Quizás sea un buen momento para comprobar cómo juegas siendo la primera referencia de ataque.

-Sabía que lo aceptarías viejo. – le contestó Hanamichi sonriendo y estirándole de la papada.

-Suerte, senpai. – le animó Hiroto sonriéndole.

-A ver que sabes hacer sin nosotros. – comentó Ryota mientras observaba como Mitsui intentaba apartar a Sakuragi del entrenador.

Al volver a la pista vio que Oda le dirigía una mirada de profundo odio y le guiñó un ojo a modo de burla.

Voy a enseñarle todo el poder de este genio a ese hijo de puta.

El quinteto titular de Shohoku para aquella segunda mitad estaba formado por: Yasuda, Shiozaki, Sasauka, Kakuta y Sakuragi.

-Hanamichi está haciendo un gran partido. – comentó Noma en las gradas.

-Sí, ya no se parece en nada al principiante de hace un año. – le contestó Okuso sonriendo.

-Ya, pero aquel Hanamichi era mucho más gracioso – dijo Takamiya recordando aquellos grandes ratos de diversión.

Yohei permaneció en silencio, observando impresionado la gran mejora de su "mejor amigo".

El partido se reanudó y con ello dio paso a la mayor exhibición individual que Hanamichi jamás había protagonizado. Al faltar el resto de pilares comenzó a recibir casi todos los balones en ataque y pudo cambiar de posiciones a su antojo, su gran físico acompañado del pulimiento de técnica que había logrado durante otoño lo convertían en un jugador imparable para los jugadores de Takezono, que no era una de las grandes potencias de Kanagawa. Oda estaba desesperado ante la continua humillación que estaba recibiendo a manos de su rival y comenzó a hacer faltas antideportivas y acabó expulsado.

Mientras tanto en el banquillo de Shohoku, sus integrantes contemplaban con la boca abierta la exhibición del enérgico pelirrojo, que no paraba de correr de un lado a otro, taponando, reboteando y anotando a partes iguales.

-Vaya, ese cabeza hueca parece que realmente ha mejorado. – le dijo Miyagi a Mitsui.

-Je. Eso parece. – contestó el de la cicatriz sonriendo.

Rukawa observaba a Sakuragi en silencio, estudiando todos sus movimientos. Comenzaba a sentir cierto respeto por el juego del pelirrojo y prefería tenerle vigilado.

Pero la persona de Shohoku que estaba más ensimismada con Hanamichi era Haruko Akagi.

Ha mejorado muchísimo. Ahora estoy más segura, con el tiempo Hanamichi será uno de los mejores jugadores de Japón, pensó la chica.

Hoho, a lo mejor sí que hay alguien capaz de ocupar el lugar dejado por Akagi-kun, caviló Anzai contento.

El partido finalizó con un marcador favorable a Shohoku de 143 a 71, dejando a Hanamichi como mejor jugador del partido con 40 puntos, 22 rebotes y 9 tapones.

-¡Hahahaha! ¡¿Veis como soy un genio?! – exclamó Sakuragi en las duchas. - ¡Soy un genio del basket! ¡Soy un genio del basket! – siguió cantando.

-Tch y yo que pensaba que había madurado. – comentó Ryota fastidiado mientras se vestía.

Mitsui no dijo nada, pero él sí creía que Hanamichi había madurado, le envolvía un aura distinta. Y tenía que reconocer que aquel detalle de vestir el número 14 le había llegado.

Viendo todo aquel buen ambiento en el vestuario, Hisashi tomó una decisión respecto al problema con Ryu.

No puedo contarles nada, decidió. Esta vez no puedo estropearlo todo por mi culpa.


Kaede Rukawa permanecía afuera de la residencia de los Shimizu indeciso a llamar. Ya había ido un montón de veces a aquella casa pero aquella vez era distinto. Aquella vez iba para comprobar si Yumiko, la chica de la que había estado enamorado gran parte de su niñez/adolescencia, se encontraba bien después de que la hubiese dejado su "mejor amigo" y al mismo tiempo máximo rival.

Era tal el embrollo, que conforme le daba vueltas al tema menos deseaba entrar y charlar con su amiga. Finalmente decidió no entrar y justo cuando comenzaba a marcharse, llegaba Sora Shimizu, exultante en su flamante chándal de Kainan.

-¿Eh? ¿Qué haces tú aquí? – preguntó de malas formas el rubio. – No me jodas, ¿tú también vas detrás de mi hermana?

-Pero que dices idiota. – le contestó Rukawa fríamente.

-Será mejor que te largues de aquí, perdedor. – le avisó Sora pasando por su lado.

Rukawa se giró lentamente para mirar su espalda y le preguntó:

-¿O si no qué?

El más mayor también se giró, con una sonrisa de excitación en la cara.

-Si no, te partiré las piernas.

-¡Sora, qué haces ahí plantado! – sonó la voz de la señora Shimizu, que al salir de casa también vio a Rukawa.

La señora Shimizu no era japonesa, era de un país europeo, creía recordar que de Bélgica o Francia. De ahí a que ella fuese rubia natural y con rasgos occidentales y que sus hijos también conservaran parte de aquellos rasgos.

-Ah, Rukawa-kun, tú también estás ahí. – comentó con voz agradable. – Pasa, Yumiko se alegrará de verte.

-¡Pero qué dices mamá…! – exclamó escandalizado Sora.

-¡Calla Sora, no seas maleducado! – le regañó su madre antes de dirigirse alegremente a Rukawa. – Vamos, pasa Rukawa.

Al entrar en la casa, la señora Shimizu le dijo que Yumiko estaba en su habitación y Rukawa subió indeciso, sin otro remedio. Al picar en la puerta respondió una apagada voz de chica.

-¿Si?

-Soy yo, Kaede. – contestó Rukawa, intentando aparentar tranquilidad.

Después de unos segundos, la puerta se abrió y pasó a estar cubierto por una dorada melena y el abrazo de la chica.

Oh, mierda.


-¡Te lo he dicho mil veces Sae, yo no puedo estudiar más de tres horas seguidas! – exclamó Mitsui mientras salía de la biblioteca irritado con el instituto, con su tutor, con Sae…

-¡Pues vete vago! ¡Ya me dirás algo si vuelves a repetir curso! – le contestó la chica enfurecida, volviendo a entrar en la biblioteca.

Mientras caminaba de vuelta a su casa, estaba tan absorto en sus pensamientos que no detectó que le estaban siguiendo un grupo de encapuchados de cinco o seis tíos.

Al revolver una esquina y pasar por al lado de un callejón, estos le empujaron hacia adentro del callejón. Hisashi tardó en reaccionar pero luego se puso en posición de guardia. El que parecía ser el cabecilla dio un paso al frente y se quitó la capucha, dejando ver su rostro.

-¿Cómo va eso Mitsui? – le sonrió Ryu.


Otro capitulo más. Este en lo personal me ha molado bastante, sobretodo la estructura que le he metido, a ver que opináis vosotros.

Os estoy muy agradecido porque os toméis vuestro tiempo en leer el fic, y por favor, dejad un review, aunque sea para decirme lo que no os ha gustado este capítulo.

¡Ahora sí, en el siguiente inicio del Campeonato Estatal de Kanagawa!