XX
Dos días habían transcurrido desde la conversación entre Godric y Salazar, y Harry y Hermione habían pasado esos días en una posada, ubicada en un pueblo cercano. La dueña era una mujer canosa, pero que trabajaba a gusto y sabía mucho de la vida. Disfrutaba compartir su experiencia con otras personas, aunque a Harry eso le traía sin cuidado. Aquello a Hermione le resultaba curioso, pues había conversado muchas veces con un hombre dotado de vasta experiencia, y no le daba la impresión que a Harry le aburrieran aquellas conversaciones.
Ese día iba a ser el último que pasaran en el pueblo, por lo que aprovecharon de dar una vuelta por el pueblo, no tanto por la curiosidad de saber más sobre la época en la que se encontraban, sino más bien para tener un poco de aire. Mañana, a unos cuantos kilómetros del pueblo, iba a tener lugar una reunión de carácter trascendental en la formación del colegio de magia, y Hermione había considerado inteligente tener un respiro como Merlín mandaba. Harry estuvo de acuerdo.
—¿Y cómo van las cosas con Ginny? —quiso saber Hermione, sabiendo que faltaba poco para la boda.
—Eh… supongo que bien —repuso Harry con una cara de incertidumbre, como si no supiera realmente qué responder.
Hermione frunció el ceño.
—¿Supones que bien?
—Bueno… es que… ya sabes, con las chicas nunca se sabe.
—Harry, Ginny estuvo presente mientras estabas inconsciente en San Mungo —dijo Hermione con seriedad—. Estuvo llorando por ti, pensando en que no ibas a salir vivo de esa. Es obvio que ella te ama.
—Oh… bueno, es que no la he visto desde que me desperté —repuso Harry, notando que ella se había ido después de asegurarse que él estaba bien—. No tenía forma de saber por lo que ella estaba pasando.
—Bueno, si lo pones de ese modo…
—No importa ya —dijo Harry, como si no le agradara mucho hablar del tema—. Estamos aquí, mil años en el pasado…
—¿Podrías callarte? —le espetó Hermione, golpeando su hombro con fuerza—. ¿Ya olvidaste lo que te dije sobre eso?
—Ay, disculpa mamá —se quejó Harry. Hermione se vio conforme—. Lo que quise decir es que estamos muy lejos de nuestro hogar, y no hallaste otra cosa de la que hablar. A decir verdad, no estoy demasiado entusiasmado por esto de la boda.
Hermione volvió a fruncir el ceño.
—¿De qué hablas? Has hablado del tema por semanas.
Harry no dijo nada por un momento. Parecía reflexionar sobre algún asunto desconocido para Hermione, aunque le dio la impresión de que estaba pensando en una réplica para sus palabras. Cuando finalmente habló, Hermione creyó que no estaba hablando con el Harry de siempre.
—Lo hice porque todos se veían tan contentos con la noticia —dijo, bajando un poco la cabeza—. Debo reconocer que, al principio, la idea de casarme me entusiasmaba mucho. Después de todo, es eso a lo que todos aspiran, ¿verdad?
—Bueno, supongo.
—Luego, me di cuenta que no iba a compartir mi vida con la persona correcta —continuó Harry, mirando a Hermione fijamente, como tratando de decirle algo sin palabras—. Fue solamente un impulso que tuve, y vaya que duró harto tiempo. Pero todo acaba, y cuando acabó, me di cuenta que no era amor lo que sentía por Ginny. Solamente me sentía atraído por ella, tratando de justificar que había algo más, cuando no había nada. No es que Ginny sea una mujer vacía… es sólo que… no es para mí. Necesito algo más que un encaprichamiento, algo que me llene… necesito a alguien con quien pueda conectarme de verdad, ¿me entiendes?
Hermione entendía a Harry a la perfección. Por mucho tiempo pensó que Ron no era ese hombre por el que había esperado toda su vida, pero terminó siéndolo. Pese a que le gustaba salir de fiesta con sus amigos, jamás había mostrado alguna señal de que la estuviera engañando con otra. En ese sentido, Ron era muy leal, además que había madurado bastante desde que comenzaron a salir. Aunque aún no había planes de casamiento, a Hermione le gustaba no tener ningún compromiso con Ron. Pese a que vivían juntos, y él se había ofrecido a pagar sus deudas, a Hermione le gustaba hacerse cargo de sus propios gastos. Esperaba que, cuando concluyera el trabajo que en ese momento estaba desempeñando, pudiera liberar a Ron de hacerse cargo de sus deudas.
—Te entiendo. Aunque no esperaba que dijeras algo así de Ginny.
—Lo sé —dijo Harry, suspirando—. No le va a gustar mucho que se lo diga, pero pienso que es necesario. Como siempre decía Dumbledore, siempre es preferible la verdad a las mentiras.
—Ella está muy ilusionada —dijo Hermione, mirando a Harry con un poco de reprobación—. Vas a destrozarle el corazón si se lo dices de forma muy directa. Tienes que ser muy sutil para hacerlo, y te conozco, Harry. Tú eres tan sutil como un ogro de montaña. Estoy segura que ella no querrá verte nunca jamás si actúas como normalmente lo haces y, lo que es peor, te echarás a Ron encima. Y estoy convencida de que no quieres eso, bajo ninguna circunstancia.
—¿Alguna sugerencia?
—De hecho, es fácil lo que debes hacer. —Hermione se dirigió hacia un lugar en el que no hubiera mucha gente, y Harry la siguió—. Tienes que ser auténtico en lo que hagas. No seas textual. Actúa de acuerdo a lo que crees. Muéstrate apático cuando estés con ella, o al menos no tan emocionado como deberías. Ella va a captar el mensaje, y hará la separación menos traumática.
Harry se quedó en silencio por un momento antes de responder.
—¿Por qué me estás ayudando? Ginny es tu amiga.
—Por que siempre es preferible la verdad a las mentiras —repuso Hermione con una sonrisa pequeña—. Si yo estuviera en la misma situación que tú, estoy segura que harías lo mismo.
—Oh, no lo sé —dijo Harry con una sonrisa de lado—, he sido amigo de Ron por más tiempo. Le daría prioridad a él.
Hermione bufó en broma.
—Imbécil.
—Traidora.
Hubo un silencio breve, antes que ambos se echaran a reír. Tuvo que pasar un minuto completo para que ambos se calmaran.
—Fuera de broma, Harry —dijo Hermione, adoptando un tono serio—, ¿estás seguro que esto es lo que quieres? ¿Dejar a Ginny?
—Ya te lo dije. Solamente fue un encaprichamiento tonto. Ya viste cómo reaccionaba cada vez que ella andaba con Dean.
—En eso, solamente puedo darte la razón.
—Por cierto, gracias por los consejos —dijo Harry, tomando los hombros de Hermione con sus manos—. La verdad, no sé qué haría sin ti.
—Pues no mucho.
Harry y Hermione volvieron a la posada cuando vieron que el sol se estaba poniendo lejos en el occidente. Después de todo, la noche siempre era un buen momento para ladrones y asesinos, aprovechando la ausencia de luz para cometer sus crímenes sin que alguna vez fuesen atrapados. Y ser asesinados o víctimas de un robo no estaba en los intereses de ninguno de los dos.
Para abaratar costos, ambos compartían una habitación. No obstante, el dinero les sobraba para solicitar el cuarto más amplio, por lo que no había muchos problemas de espacio. El único problema era la intimidad. Aunque a Hermione no le causaba mayores dramas que Harry la viera desnuda, él no era de la misma opinión.
—¿Y si comienzo a sentirme atraído por ti? —dijo Harry, como si la sola idea le asustara más que un colacuerno húngaro.
—Eso no va a pasar —repuso Hermione desde el baño, mientras que se bañaba en la tina—. Además, sé que no soy tu tipo.
—¿Y yo soy tu tipo?
Hubo una breve pausa antes que Hermione hablara.
—¿De verdad crees que voy a responder esa pregunta?
—Ah, cierto —dijo Harry, recordando algo que había escuchado hace años ya—. Una chica nunca te dirá cómo atraerla.
—Es como si quisieras obtener el contenido de una caja fuerte preguntándole al dueño la combinación —repuso Hermione, luciendo divertida—. Bastante tonto, ¿no crees?
—Si tú lo dices —dijo Harry, recostándose sobre su cama, mirando al techo distraídamente—. Por cierto, procura no salir en pelotas del baño, ¿ya?
—¿Tan fea soy?
—No, es que no quiero tener sueños pecaminosos.
Hermione bufó.
—Bah, no soy tan atractiva. Ron me dice lo mismo, aunque agradezco que intente hacerme sentir mejor con sus cumplidos. En cuanto a ti, bueno, digamos que ya tienes una idea bastante precisa de lo que es una mujer atractiva.
—¿Te refieres a Ginny?
—¿A quién más?
—Bueno, podrías estar hablando de Cho Chang.
—Ah, verdad que también saliste un tiempo con ella. —Se dejó de escuchar el chapoteo del agua, y Harry asumió que Hermione había acabado con su limpieza—. ¿La viste en pelotas alguna vez?
—Estábamos en el colegio, Hermione —murmuró Harry, como si no quisiera acordarse realmente de Cho Chang—. No había posibilidad de que eso ocurriera.
—Pero no puedes pretender que eras inocente. Ron me contaba que, cuando comenzaron cuarto año, ustedes se apiñaban en las escaleras para mirar debajo de las faldas de las chicas. Incluso apostaban sobre qué color de calzón usaba cierta alumna. ¿Alguna vez le viste, o quisiste verle, los calzones a Cho? ¿O a Ginny?
—¿Qué clase de preguntas son esas? —dijo Harry, indignado—. Da igual si era inocente o no. No deberías ser tan impertinente, sobre todo con un tema que está entre los tantos que se discuten sobre la igualdad de género.
—Oh, así que, de repente, encontraste el feminismo.
—Trato de ser empático —dijo Harry, procurando mirar hacia otro lado para no ver desnuda a Hermione. Fue cuando notó un detalle que antes había pasado por alto. No escuchó las palabras de Hermione, pues tenía los ojos fijos en un objeto de color negro. Lucía como una uñeta, de esas que se usaban para tocar la guitarra, solamente que mucho más grande.
—Hermione, ven a ver esto —dijo Harry con cierta urgencia.
—No cambies de tema, Harry —repuso Hermione, saliendo del baño y sentándose sobre su cama—. Admite que te ganabas debajo de las escaleras para verle la ropa interior a las chicas.
—Los calzones de quien sea me importan una mierda en este momento —espetó Harry, y Hermione supo que se trataba de algo serio. Sin molestarse en vestirse, Hermione acudió hacia donde estaba su amigo y vio el objeto que estaba mirando Harry. Lo tomó y lo expuso a la luz, para ver si había algo relevante. Resultaba que así era.
—Hay una pequeña nota —dijo Hermione, y Harry también la vio. Estaba en caracteres que ambos podían leer muy bien.
Prendan fuego a esta escama, y allí estaré.
Morro Negro.
