Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. El Soldadito de Plomo le pertenece al maestro Hans Christian Andersen.


21. Alma: sueños

« ¡Libertad! ¡Libertad! Cuánta sangre y lágrimas se han vertido por tu causa…»

-Eduardo Blanco.


Tras la muerte de Kenny y el rescate de Eren e Historia las cosas se calmaron un poco. El plan de Erwin y Pixis para revelar la verdadera cara de la monarquía y provocar un golpe de estado contra ellos dio resultado. Gracias a ello, todos terminaron dándose cuenta de sus verdaderas intenciones, y así, los antiguos monarcas fueron remplazados por Historia, quien fue muy bien recibida por la población. Sin duda, la chiquilla tenía carisma. Claro que también ayudó el hecho de que se corriera la información de que fue ella quien puso fin a la amenaza del titán de Rod Reiss.

Las amenazas no terminaron con la muerte de Kenny y sus hombres. Los intentos de Rod Reiss de manipular a Historia para que se convirtiera en titán y devorara a Eren, y así recuperar el poder que el sr. Yeaguer les había robado, no dieron resultados. En su lugar, Historia terminó por repudiarlo e ir en su contra, sin embargo Rod logró ingerir parte del suero que había destinado para su hija, y se transformó en un titán excéntrico cuya altura superaba con creces a la del titán colosal. Medía unos 120 metros quizás. Una vez transformado, comenzó a avanzar hacia el distrito Orvud de la Muralla Sina, ignorando a los soldados que arremetían contra él y carbonizando todo a su paso.

Los intentos de detenerlo fueron inútiles, y muchos civiles debieron ser evacuados del distrito bajo el pretexto de un simulacro. Los de la Garrison le dispararon una gran cantidad de proyectiles, pero fue en vano. Rod comenzó a levantarse, y fue hora de actuar. Debido a la gran cantidad de vapor que expedía este titán fue necesario mojarnos primero de pies a cabeza para contrarrestar el calor. Armin y Sasha fueron los primeros en atacar, destruyendo las manos del titán con explosivos. Luego Eren, ya transformado, insertó explosivos en su boca que hicieron estallar su cabeza. El resto del escuadrón nos lanzamos a la ofensiva, pero fue la misma Historia quien le dio el golpe el final. Fue interesante, nunca la había visto luchar.

Algunos civiles que estaban presentes la recibieron con sorpresa al verla aterrizar en tierra, y no desaprovechó el momento para tomar su posición como reina delante de ellos. Días después, fue coronada reina ante las aclamaciones del pueblo. Ese mismo día se atrevió a golpearme frente a sus compañeros y me retó a devolvérselo. Fue casi gracioso. En lugar de ello, simplemente les agradecí. Esos chicos habían pasado por mucho los últimos días, desde hacer de señuelo, exponer sus propias vidas hasta matar gente. En verdad les estaba agradecido.

Historia fue muy bien acogida por la gente. Una vez coronada reina, comenzó a trabajar de inmediato, y entre algunas de sus obras fundó un orfanato para niños, incluyendo aquellos de la ciudad subterránea donde nací y crecí. Por otro lado, las cosas mejoraron mucho. Algunos políticos decidieron colaborar con la Legión, y la tecnología nueva oculta por la Policía Militar fue expuesta para ayudar a hacer algunas mejoras. También se reforzó la seguridad de las murallas con la ayuda de Eren, usando unas especies de guillotinas en puntos estratégicos para liquidar a los titanes que se acercaran demasiado. También la Legión recibió nuevos miembros, entre los cuales se encontraba Marlo Sand. En cuanto a mí, se me encomendó la custodia de la jeringa que Kenny me dio, y se me delegó la decisión de en qué persona utilizarla.

Con los problemas anteriores resueltos, finalmente pudimos empezar a poner en marcha el plan para retomar la Muralla María. Erwin solicitó un plazo de un mes para preparar todo. Mientras, le hicimos una visita a Shadis, predecesor de Erwin y antiguo amigo del padre de Eren. Necesitábamos cuanta información fuera posible, y Shadis podía ser de ayuda.

Grisha Yeaguer fue encontrado por Shadis y sus hombres durante una expedición fuera de los muros. Aparentemente no recordaba nada salvo su nombre y profesión. Con ayuda de Shadis se integró a la sociedad, y poco a poco fue ganando confianza y renombre. Las cosas fueron cuesta arriba para él cuando una epidemia atacó a Shiganshina y él fue el único que pudo encontrar una cura y ponerle fin. No mucho después, se casó con la madre de Eren, una joven mesera por la que al parecer Shadis sentía algo. Años después, cuando la Muralla María cayó por primera vez Shadis lo volvió a encontrar, buscando desesperadamente a su familia. Le guió hasta el refugio donde se encontraba Eren, y pese a su desaprobación, el sr. Yeaguer se llevó a su hijo al bosque. Fue allí cuando le inyectó el suero al muchacho y se dejó devorar por él para que obtuviera sus poderes de cambiante. Del padre de Eren no quedó nada, y cuando Shadis llegó hasta el bosque, se encontró con un inconsciente Eren que no recordaba nada de lo ocurrido y que desconocía el poder que yacía en su interior.

Después de su relato las piezas encajaron mejor. El sr. Yeaguer, quien de alguna forma había obtenido poderes de titán cambiante, le robó el poder que Frieda Reiss tenía y masacró al resto de su familia. El único que sobrevivió esa noche fue Rod. Luego fue en búsqueda de su familia intentando salvarlos, pero la noticia de la muerte de su esposa a manos de un titán le destrozó por completo. Puedo entender sus sentimientos. Yo también perdí a la persona que más amaba por causa de un maldito titán. El padre de Eren le heredó su deseo de venganza, le inyectó el suero, y lo demás es historia.

Eren y sus amigos se unieron a la milicia, y Shadis intentó sabotearlo para protegerlo. Pero la determinación de Eren era demasiado fuerte para dejarse desalentar, y en lugar de rendirse siguió intentándolo hasta lograrlo. Entonces Shadis decidió hacerse a un lado y dejar que el chico siguiera su camino. Quién lo diría, ahora más que un excelente soldado de la Legión es la esperanza de la humanidad.

La reunión con Shadis rindió frutos interesantes. No solo sirvió para poner las piezas en su lugar, también sirvió para tener información que antes no poseíamos, y que podría ayudar en relación a los otros cambiantes, Reiner, Berthold y Annie. Hange y Erwin estuvieron discutiéndolo largo rato, sacando sus propias teorías y conclusiones. Luego me reuní con él, para hablar al respecto de la expedición que se acercaba y lo que esperaba hacer una vez concluyera. Si todo terminaba bien, no solo podríamos sellar la brecha del muro, sino también acceder a los secretos que el sr. Yeaguer tenía guardados en su sótano. La operación para reconstruir la ciudad comenzaría después de eso, pero eso era más que obvio.

Erwin planeaba asistir a la expedición. Le dije que no era buena idea. Había sido un excelente soldado, sí, pero en su estado actual no era prudente. Pero Erwin insistió en ir, alegando que quería estar allí para conocer la verdad y otro montón de estupideces más, y al final acabé por desistir. Maldita sea, no debí confiar en él. Su sueño era conocer la verdad de este podrido mundo, el origen de los titanes y qué había más allá de estas murallas. Pero su sueño se quedó en eso, un simple sueño.

Ahora no está aquí para saberlo. Ni Marlo, ni Moblit, ni mi escuadrón, ni Isabel y Farlan y todos aquellos que hemos perdido. Ninguno de ellos pudo llegar tan lejos como para saber la verdad, ni ver sus respectivos sueños cumplirse. Ni siquiera el mío. Al principio solo me interesaba salir de la ciudad subterránea y tener una vida mejor, luego tras la muerte de mis hermanos aquella libertad adquirida careció de sentido. Luchaba por seguir a Erwin, por los ideales de libertad de la Legión, por librar a este perdido mundo de la amenaza que pende sobre nosotros. Pero no tenía un sueño ni metas propias. Hasta que conocí a Petra.

Cuando empezamos a andar juntos y dejé de pensar en mí para pensar en un "nosotros", un nuevo sueño cobró vida. Acabar con la existencia de los titanes y poder vivir en un nuevo mundo, algún lugar donde tuviéramos paz. Que al levantarnos por la mañana nuestro primer pensamiento no fuera el entrenamiento, o los deberes del día en la Legión. Que pudiéramos levantarnos de la cama y no de un catre incómodo en un cuartel militar, que nuestra ropa fuera de civil y no un uniforme con correas apretadas que dejan marca. Y más tonterías como esas, pequeños detalles que denotaran libertad y no una vida militar dedicada a exterminar criaturas come-humanos. Quería que ella pudiera descansar de este peso que los soldados llevamos en la espalda y pudiera vivir sin el temor a que cada día que pasara fuera el último. Incluso si no teníamos hijos, que pudiéramos dejarles a los hijos de otros un mundo sin amenazas. Pero sobre todo eso, simplemente quería vivir con ella una vida pacífica, sin titanes de por medio.

Pero nada de eso es posible ahora. Ese sueño se extinguió junto a su vida, igual que el de Erwin y tantos otros. Pero al menos, aún quedaban sueños que se podían cumplir. Aquellos mocosos de Shiganshina eran jóvenes, valientes y fuertes, y contaban con información y recursos que la humanidad nunca antes había tenido la oportunidad de tener. Tenían un gran poder de su lado, así que todavía tenían la esperanza de poder ver todas esas cosas con las que soñaban.

Los oí hablar de ello dos noches antes de la expedición. Hablaban de aquellos que habían perdido en el camino, de sus antiguos sueños de niños, de aquellas cosas maravillosas que esperaban encontrar afuera. Inevitablemente, eso me llevó a pensar también en mi viejo escuadrón. Eld, Gunter, Petra y Oluo también solían hablar de cosas así. Oluo no parecía muy crédulo sobre las aparentes maravillas que el mundo exterior parecía ofrecer, pero los demás sí. Gunter deseaba que sus padres pudieran verlo antes de morir, Eld soñaba con ofrecerle un mundo así a su futuro hijo, y Petra… bueno, ella creía ciegamente en ese supuesto paraíso idílico que nos fue arrebatado. Yo no estaba muy seguro al respecto, sería apresurado afirmar que en verdad existe un río de fuego y montañas de hielo sin tener pruebas, por citar un ejemplo. Y aunque en verdad existieran todas esas cosas y las viera allí afuera con mis propios ojos, nunca podré responderle a Petra su pregunta.

«¿Qué dice usted, capitán?¿Cómo cree que sea el mundo exterior, más allá del cuartel de abastecimiento?»

Aún recuerdo el tono curioso de su voz cuando me preguntó eso aquella tarde primavera. No supe qué decir, me limité a encogerme de hombros y a responder que mientras no hubiera más titanes, por mí cualquier cosa estaría bien. Pero ahora, sin ella a mi lado, no sé si vivir en un mundo así valga la pena, por más maravilloso que sea. Y la verdad, no sé si pueda creer en un mundo así.

La conversación de esos niños trajo de vuelta esa pregunta y me recordó muchas cosas. Entre esas, la noche en que discutía con Isabel y Farlan acerca de los planes para matar a Erwin. Había pasado tanto tiempo desde entonces, y ahora la historia parecía repetirse. Solo que esta vez no iba a permitir que nadie muriera, y los amigos de Eren también estaban dispuestos a dar el todo por el todo y no dejarse vencer a la primera. Parecía que, finalmente, sus sueños iban a hacerse realidad.

Pero a veces, soñar cuesta caro.


En Momentos 44 y 45 hay digamos, dos sydestories de este capítulo.

¡Felices fiestas!

-Fanfiction, 24 de diciembre de 2016