Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Tkegl, yo solo la traduzco.
BEYOND TIME
"Si todas las posibilidades han sido eliminadas, entonces es hora de mirar las imposibilidades."
-Spock, Star Trek
Capitulo veinte – De Enrollarse y Personas Desaparecidas
"¿Sabes lo que realmente me gustaría hacer?" preguntó Alice en voz baja, deteniéndose al final de las escaleras.
"¿Qué?"
Se giró hacia mí mientras su antiguo entusiasmo que ya me era tan familiar volvía. "¡Hacer galletas con trocitos de chocolate!"
Pestañeé confusa. "¿Galletas? ¿Ahora? Es más de medianoche."
Alice se encogió de hombros. "Nunca antes he tomado un snack de medianoche. Y me muero por probar las galletas con trocitos de chocolate."
Había una larga lista de comidas que Alice se "moría" por probar, así que a principios de semana habíamos comprado ingredientes, planeando bajar la lista metódicamente.
Me sentía cansada después de todos los eventos de la noche, pero también me sentí animada porque Alice pareciera estar sintiéndose mejor, así que cedí.
"Vale, pero tenemos que hacerlo en silencio," le dije. "Los otros están durmiendo." Jared y Liza se habían ido el fin de semana, pero no quería despertar a Maggie o, Dios no lo quiera, a Alistair.
Alice soltó un grito contenido y aplaudió antes de que nos diéramos la vuelta para volver al piso de abajo.
La cocina estaba oscura y en silencio, y trabajamos agradablemente. Alice derritió la mantequilla mientras yo cogía los otros ingredientes. Había hecho galletas con trocitos de chocolate incontables veces, así que no necesitaba ni mirar la receta.
Teníamos la masa mezclada y yo estaba cortando el chocolate, ya que los trozos Tollhouse todavía no habían sido inventados. Demonios, estaba bastante segura de que ni siquiera las galletas con trocitos de chocolate habían sido inventadas todavía.
Sí. Ahí estaba yo de nuevo, jodiendo el futuro con deliciosos postres.
En cualquier caso, estaba creando mi propia versión de trocitos de chocolate cuando Tom entró por la puerta principal.
"¿Qué estáis haciendo, chicas?" preguntó, colapsando en un asiento en la mesa de la cocina. "Creí que estaríais dormidas después de todo lo que ha pasado esta noche." Se frotó el estómago dolorido de nuevo y yo ahogué una risita.
Echando los trozos de chocolate en la masa, expliqué encogiéndome de hombros, "hemos decidido hacer galletas." Alice me ayudó a echar cucharadas de la masa en la hoja para el horno, tomando algunos bocados de la masa cruda. No podía culparla. Yo también lo había hecho.
"Además," seguí, "creí que serías tú el que estaría cansado después de todo el trabajo en la cocina... y Samantha haciéndote caer y todo eso." Sonreí burlonamente a Tom mientras Alice soltaba una risita, pero él no pareció ni un poco avergonzado.
"Debería estar molesto, pero no lo estoy," admitió. "En realidad está bien saber que Samantha puede cuidar de sí misma si alguna vez lo necesita... aunque tampoco es que planee dejarla pasear sola por callejones oscuros," añadió apresuradamente.
Alice puso las galletas en el horno y nos sentamos con Tom para esperar a que se hicieran.
"De todas formas, ¿dónde has aprendido a hacer eso?" preguntó Tom.
Alice sonrió satisfecha y supe que estaba pensando en Miss Agente Especial. La ignoré.
"Mi padre era policía," contesté. "Él creía que era importante que aprendiera a defenderme."
"¿Crees que podrías enseñármelo a mí?" preguntó con timidez. "Tal vez sea útil alguna vez."
Me estaba convirtiendo rápidamente en el Bruce Lee del Chicago de 1918. O tal vez Obi Wan Kenobi...
Me resistí a llamar a Tom "joven padawan" y, en su lugar, le enseñé los movimientos de defensa PONI. Alice ayudó siendo su "atacante". Luché contra la risa mientras Alice se colocaba detrás de él, representando el papel del asaltante peligroso a la perfección con una mirada de furia en la cara. Pero fue graciosísimo verla intentar agarrar a Tom por el cuello, ya que apenas alcanzaba. Terminó poniéndose de pie en una silla y con la lengua colgándole por un lado de la boca por la concentración.
Luego terminamos todos casi rodando por el suelo de la risa.
Aparentemente, no estábamos siendo tan silenciosos como creíamos, porque justo cuando sacaba la primera bandeja de galletas del horno, Maggie entró adormilada en la cocina.
"¿Qué se supone que estáis haciendo?" preguntó con su acento de sueño. "¡Estamos en mitad de la noche!"
Todos nos disculpamos y luego yo expliqué, "Alice quería galletas."
Siendo ya familiar con los gustos culinarios de Alice, Maggie simplemente asintió y se sentó en la silla de la cocina vacía.
"¿Qué tipo de galletas son esas?" preguntó mientras yo dejaba un plato de ellas en la mesa.
"Con trocitos de chocolate."
"Huh," dijo Maggie pensativa mientras cogía una galleta para examinarla. "Nunca antes he oído eso. Pero huele bien." Le dio un mordisco tentativo mientras todos la mirábamos con cautela. Masticó y tragó, y una enorme sonrisa iluminó sus rasgos.
"¡Están deliciosas!" exclamó Maggie. "¡Tienes que darme la receta!"
Uh oh. Mi mente imaginó todas las posibles consecuencias de presentarle al mundo las galletas Tollhouse antes de que estuviera listo. Me preguntaba si era posible que Jonas Salk se hiciera adicto a ellas y engordara 90 kilos, reduciendo su vida a ser vivida en el sofá de su sala de estar en lugar de descubrir la vacuna de la polio, cuando Alice intervino.
"Es una vieja receta familiar," dijo, siempre lista con una mentira cuando yo vacilaba. "Podríamos decírtela, pero tendremos que hacerte jurar guardar el secreto," añadió con una sonrisa conspiratoria.
Por supuesto, Maggie aceptó al instante y yo pasé la "vieja receta familiar" que había estado impresa en los paquetes de trocitos de chocolate desde que tenía memoria.
"Es de mi tía francesa... Nest-lay Toul-ouse," le dije, y la referencia a "Friends" le sacó otra risita a Alice y una mirada confusa de Tom y Maggie.
Con las preocupaciones por el futuro hechas a un lado, comimos las galletas calientes y bebimos leche fría. Alice gimió de placer mientras los demás reíamos y hablábamos.
Dos personas del futuro y dos del pasado – un raro, loco y maravilloso tipo de familia.
- . - . - . - . -
"Alice, ¿estás bien?"
Después de que limpiamos la cocina y fuimos al piso de arriba, Alice se había puesto de nuevo callada y pensativa. Mientras estábamos tumbadas en la cama, encontré que mi preocupación por ella volvía.
"Solo me siento algo rara," admitió. "Es casi como si estuviera aquí... pero realmente no estuviera aquí. Sé que eso no tiene realmente sentido, pero es como me siento."
Absorbí eso y sentí que mi corazón se hundía.
"Te estás... marchando... ¿verdad?"
Ella hizo una pausa y luego escuché un bajo, "eso creo."
"¿Cuándo?"
"No lo sé," contestó, "pero creo que pronto."
"Pero, ¿por qué?" Me senté, encendiendo la luz de la mesilla de noche. "Dijiste que estabas aquí para ayudarme. ¿Cómo puedes ayudarme si no estás aquí?"
Me miró con una suave sonrisa. "Creo que he hecho lo que tenía que hacer."
"Te refieres a James."
"Sí."
No quería reconocerlo, pero por dentro me di cuenta... supe que ella tenía razón. Alice no había venido a Chicago para ayudarme con Edward, o incluso con Carlisle. Había venido para ayudarme con James. Para evitar que le matara y cometiera el peor error de mi vida. Un error que habría cambiado su futuro de forma irrevocable.
En mi interior, sabía esto. Pero eso no significaba que tuviera que gustarme.
"¿Qué pasa con Edward?" pregunté tercamente.
"No estoy aquí por Edward," dijo en voz baja. "Lo estás tú. Solo recuerda, Bella. Todo esto es sobre Edward."
Me ahogué con las lágrimas sin derramar. "No quiero que te vayas."
"Lo sé."
Buscando una laguna, pregunté frenética. "¿No puedes simplemente hacer lo que hiciste antes? ¡Solo usa tu vudú o lo que sea y vuelve!"
Alice suspiró. "No creo que funcione así, Bella. Cuanto más pienso en ello, más me doy cuenta de que no fue nada que yo hice lo que me trajo aquí. Creo que fui enviada... igual que tú."
"Y ahora estás siendo enviada de vuelta," dije con un sollozo.
"Sí."
Eso me congeló la sangre en las venas -la idea de que no controlábamos nada de eso. Si Alice podía ser regresada, eso significaba que yo también podía.
"No quiero que vuelvas," susurré, volviéndome a tumbar en la cama.
"Sé que no quieres, Bella," dijo Alice lastimosamente. "No sé qué más decirte además de esto: Estás aquí por Edward. Estoy segura de ello. Si quieres tener un futuro con él, tienes que llegar al final de esto."
"Pero, y si..." empecé, todavía luchando contra las lágrimas, "...¿y si le salvo y luego tengo que dejarle?" Era mi mayor miedo y uno que nunca antes había admitido en voz alta, ni siquiera a Alice.
Alice cerró los ojos un momento, pareciendo concentrada en algo. La miré con cautela, instándola a que me tranquilizara... necesitando que me tranquilizara. Finalmente abrió los ojos y exhaló profundamente.
"Todo lo que sé es que estará bien," dijo, encogiéndose ligeramente de hombros y mirando al techo. "Solo ten fe en que todo estará bien."
No tuve que decirle que eso era lamentable. Ella ya lo sabía. En su lugar, me esforcé por buscar consuelo en sus palabras e intenté hacer a un lado mis dudas. Pasé de mi cama a la suya y le di un fuerte abrazo.
"Dios, voy a extrañarte," susurré, con las lágrimas finalmente bajando por mis mejillas.
"Yo también voy a extrañarte," contestó ella, su voz temblorosa la traicionó.
Durante unos minutos, los únicos sonidos de la pequeña habitación fueron los que hicimos al sorbernos la nariz y los silenciosos sollozos. Finalmente la solté, volviendo a meterme en la cama y apagando la luz.
"Alice, si vuelves, ¿podrías hacerme un favor?" pregunté eventualmente.
"Por supuesto."
Tragué con dificultad. "Si vuelves ahí y yo estoy... no sé... en coma o durmiendo o algo..." hice una pausa.
"¿Sí?"
"No me despiertes."
- . - . - . - . -
La mañana siguiente ni siquiera tuve que darme la vuelta para ver la cama vacía y las sábanas arrugadas para saber que Alice no estaba.
Sin embargo, lo hice y me levanté lentamente, acercándome a su cama y poniendo mi mano en las mantas. Las encontré todavía calientes.
Sentándome al borde de la cama, acerqué las mantas a mi pecho... y lloré.
- . - . - . - . -
Una vez que hube llorado hasta agotarme, fui al piso de abajo y encontré a Maggie y Tom bebiendo café en la mesa del comedor. Les dije que habían llamado a Alice por una emergencia, que su padre estaba enfermo y había tenido que volver rápidamente a Iowa. Los dos se entristecieron porque se hubiera ido y yo les aseguré que ella había querido que les diera las gracias por todo y me despidiera en su lugar. Mantuve la fachada de que todo estaba bien e intenté dar una imagen valiente, poniéndome una taza de café y sentándome al lado de Maggie.
"Bella, ¿has oído?" preguntó Tom entusiasmado, blandiendo una copia del Tribune de esa mañana. "Ese canalla que te atacó ha desaparecido."
"¿Qué?" pregunté impresionada, cogiendo el periódico. Ciertamente, había una foto de James en la mitad inferior de la portada bajo el titular: Hombre de Springfield Desaparecido. Maggie se acercó para mirar el artículo sobre mi hombro.
"Le está bien merecido," dijo enfadada, echando dos barras de pan al horno. Le había contado lo que había pasado en la gala y ella todavía estaba furiosa por ello. "¡Tal vez alguien le haya enseñado finalmente una lección!"
Tom se puso algo de café y se sentó frente a mí en la mesa de la cocina.
"Se estaba quedando con unos amigos en la ciudad," elaboró él. "Han dicho que le dejaron en su habitación el sábado por la noche pero a la mañana siguiente no estaba. Al principio no estaban muy preocupados pero, cuando no apareció en todo el día, llamaron a la policía."
"Evidentemente, la policía buscó por la zona y encontró evidencias de juego sucio." Tom le dio un sorbo a su café, encogiéndose de hombros.
"¿Qué tipo de evidencia?" pregunté, con los nervios retorciéndose en la boca de mi estómago.
"No han dicho nada de forma oficial," dijo él, apoyando los codos en la mesa como si estuviera compartiendo un secreto jugoso. "Pero nuestra fuente dice que había sangre en la escena... mucha sangre."
Un escalofrío me recorrió porque sospechaba lo que le había pasado a James. Y estaba relativamente segura de que no le encontrarían.
"¿Ha dicho tu fuente lo que cree que ha pasado?" Pasé mi dedo por el artículo, buscando detalles, pero solo vi una repetición de lo que Tom ya me había contado.
"No ha dicho nada específico," admitió Tom, "pero al parecer están siguiendo algunas pistas."
"Me preguntó qué significa eso," murmuró Maggie, volviendo para poner el pan en el horno.
"No lo sé," contestó Tom. "Si lo que pasó en la gala es alguna indicación, imagino que la lista de gente que quiere hacerle daño no es corta."
Maggie resopló. "Yo soy una de ellas."
"Bueno, afortunadamente para ti, tienes una coartada," bromeé. "A la hora en cuestión estábamos todos sentados comiendo galletas con trocitos de chocolate."
"Esas eran unas galletas realmente buenas," dijo Tom.
Maggie rio. Había hecho otra hornada esa mañana y estiró el brazo hasta el armario que tenía encima para sacar un tarro de galletas, poniéndolo frente a Tom.
"¿Qué, no hay leche?" preguntó con falsa ofensa.
Rodé los ojos y saqué la leche de la nevera, poniéndonos un vaso a cada uno para poder disfrutar de las galletas, con todas las preocupaciones sobre James olvidadas.
- . - . - . - . -
La vida volvió a la normalidad.
A la normalidad pre-Alice.
La extrañaba terriblemente. Era cierto que estaba bien tener a alguien ahí como yo -alguien que sabía por lo que estaba pasando y lo entendía- pero en realidad extrañaba a Alice... extrañaba simplemente tenerla ahí.
Mi amiga.
Mi hermana.
Ayudaba saber que estaba de vuelta con Jasper y tenía la esperanza de que su realidad todavía existiera, sin haber sido cambiada por mí.
Realmente quería que fuera feliz.
El lunes por la noche, estaba más callada de lo normal y Carlisle, tan perceptivo como siempre, pareció notar mi incomodidad.
"¿Te sucede algo, Bella?" preguntó mientras recolocábamos las cosas que se había llevado a Nueva York.
"Alice ha tenido que marcharse," expliqué mientras mis ojos se llenaban de lágrimas. Levanté la mirada y me encontré con la expresión impresionada de Carlisle.
"¿Ella ha...?" Me di cuenta de que él creía que Alice ya había sido convertida.
"No." Sacudí la cabeza. "No es... Todavía no."
"¿Sabes cuándo?" preguntó.
Me encogí de hombros. "No exactamente. Creo que en un par de años."
Carlisle asintió. "¿Y ella lo ha aceptado?" preguntó incrédulo.
Reí. "Créelo o no, a ella le gusta," le dije. "Solo tienes que confiar en mí. Es lo mejor." Aparté la mirada, pensando en como casi le había quitado su futuro. "Solo ha tenido que volver a casa," seguí. "La extraño."
"Bueno, entonces," dijo Carlisle, intentando animarme, "es una pena que haya tenido que irse, pero estoy seguro de que la volverás a ver pronto."
Asentí, pero no dije lo que estaba pensando. Todos decían lo mismo. Sentían que Alice hubiera tenido que irse, pero sabían que la vería de nuevo. No entendían mi dolor.
Porque yo sabía que lo más seguro era que no la viera de nuevo.
Pensé brevemente en ir a visitarla un día, hacer un viaje a Biloxi en busca de Mary Alice Brandon. Pero sabía que Alice -mi Alice- no querría que lo hiciera. No quería arriesgarse a lo que mi presencia podía hacerle.
¿Quién sabía? Con mi suerte, podría molestarla tanto que la transferirían a seguridad máxima -o podría escapar o algo y James nunca la encontraría.
Podía pasar y, teniendo en cuenta mi historial, era probable.
Así que, en su lugar, sonreí por los comentarios de ánimo y sufrí en privado.
"Hay más, ¿verdad?" declaró Carlisle.
Suspiré, asintiendo. "No volveré a verla... antes." Cuando asintió brevemente, supe que había entendido. "Es probable que no vuelva a verla."
Carlisle inclinó la cabeza con una sonrisa de lástima. "Lo siento," dijo, con una mirada de compasión.
Yo solo asentí mientras las lágrimas caían finalmente. "Realmente la extraño," dije de forma ahogada por un sollozo.
Carlisle se movió hacia mí y envolvió sus fríos y duros brazos a mi alrededor, dándome suaves palmaditas en la espalda.
"Lo siento," repitió.
No dije nada. Solo me aferré a él y lloré en su pecho marmóreo.
- . - . - . - . -
"Sigue tocando, " susurró Edward.
Mis dedos fallaron en las teclas del piano cuando él me besó suavemente detrás de la oreja y su lengua salió brevemente. Sus dedos se movieron ligeramente alrededor de mi rodilla y luego subieron por mi muslo antes de volver a bajar para completar el circuito.
El circuito de estaba lanzando descargas eléctricas por todo mi cuerpo.
"¿Cómo se supone que voy a tocar cuando haces eso?" pregunté, igualando su tono mientras intentaba hacer sonar Palitos Chinos en el piano en el invernadero de Edward. Sus padres me habían invitado a una cena temprana el miércoles antes del trabajo. Una vez más, mientras esperábamos el postre, habíamos ido a la sala con paredes de cristal para sentarnos al piano.
Edward había tocado Claro de Luna para mí de nuevo y tenía que admitir que estaba mejorando mucho. Había estado practicando, evidentemente, e incluso con las notas equivocadas podía vislumbrar algo del talento y la habilidad que había visto antes.
Él había decidido enseñarme una canción. Era un poco raro que nunca hubiera aprendido a tocar Palitos Chinos. Quiero decir, todo el mundo sabe tocar Palitos Chinos. Rápidamente me di cuenta, sin embargo, de que Palitos Chinos no era realmente lo que Edward tenía en mente. Era solo una excusa para pasar un poco de tiempo a solas.
Bueno, algo parecido a tiempo a solas.
Sus padres estaban en otras partes de la casa, pero Edward me aseguró que su madre no aparecería sin avisar.
Siempre que la música siguiera sonando.
Podía oírla moverse por la cocina, haciendo sonar cacerolas, sartenes y platos. Pero con cualquier pausa del piano, el ruido de la cocina se detenía y sabía que ella estaba escuchando... lista para intervenir si temía que estuviéramos haciendo algo inapropiado.
Así que con cuidado y de forma metódica, toqué Palitos Chinos hasta que pude oír el ruido de la cocina empezar de nuevo cuando la Sra. Masen sentía la seguridad de que nuestras acciones eran inocentes.
Aunque eran de todo menos eso.
Edward me estaba provocando, haciendo mi piel arder mientras mis temblorosos dedos intentaban forzar algo del piano que se pareciera ligeramente a música. Estaba bastante segura de que sus padres creían que mis habilidades al piano eran una causa perdida. Sin embargo, a mí no podría haberme importado menos; Edward subió su mano por mi espalda y la hundió en mi pelo, acariciando mi cuero cabelludo suavemente mientras movía mi cabeza a un lado y mordisqueaba mi cuello.
"Edward," susurré. Mis dedos temblaron en las teclas, picando... anhelando tocarle.
A este nuevo Edward más sexualmente agresivo le daba la bienvenida con los brazos abiertos, pero todavía era un misterio para mí. Durante el pasado par de semanas, la parte de mí que se preocupaba y se preguntaba por el cambio de Edward peleaba con la parte que solo quería callarse y disfrutar.
Hasta que él había venido a casa el día antes, cuando mi culpa siempre presente por probar la moral de Edward finalmente salió a la superficie. Y finalmente tuve la respuesta que ayudó a aplastar esa culpa -con suerte para siempre.
Era una tarde cálida y Edward y yo estábamos sentados en silencio en el banco de madera del jardín trasero de Maggie. Había venido justo después de la escuela, ya que la temporada de atletismo había terminado, y había esperado pacientemente a que me despertara, hablando con Maggie en la cocina.
Las flores estaban germinando, algunas estaban ya en flor, y lilas y madreselva perfumaban el aire. El banco estaba escondido de la ventana de la cocina por una reja de madera cubierta de enredaderas, y solo nos llevó un momento encontrarnos. Me giré hacia Edward, con la respiración ya superficial por su proximidad y mi muslo rozando el suyo. Miré sus intensos ojos verdes con lo que estaba segura que era una mirada de anhelo.
No me malentiendas, había muchas veces en que Edward y yo simplemente nos sentábamos y hablábamos. Muchas veces. Pero en esos raros momentos en que estábamos solos y alejados de ojos ajenos, solo había una cosa en nuestras mentes.
Él levantó su mano para acariciarme la mejilla con los dedos antes de colocar la palma en mi cara. Me incliné contra su mano y mis ojos se cerraron cuando él acercó sus labios a los míos, rozándolos dulcemente; su cálido aliento cayó sobre mi cara... intoxicándome... embrujándome.
"Bella," murmuró contra mi boca, antes de profundizar el beso.
La intensidad era abrumadora. Cada vez que Edward me besaba creía que no podía volar más alto... sentir más profundo. Pero entonces cada vez era incluso más increíble... caliente... fuerte... consumidor.
Sus dedos agarraron mi pelo mientras su lengua entraba en mi boca y su otra mano se envolvía alrededor de mi cintura, acercándome más... siempre más... y nunca lo suficientemente cerca. Mis manos se deslizaron bajo su chaqueta para agarrarle, moviéndose por las firmes cimas y valles de su espalda, sintiéndolos tensarse bajo mis dedos mientras me ponía en su regazo. Mi cabeza cayó hacia atrás mientras él mordisqueaba por mi garganta, suavemente para no marcarme de nuevo. Sentí su nariz acariciar el botón superior de mi blusa, luego el aire frío sopló sobre la parte superior de mis pechos mientras me daba cuenta de que había abierto el botón.
Bajé la mirada y le vi mirándome con los ojos entrecerrados, esperando a ver si me parecía bien lo que estaba pasando.
Mis ojos se cerraron de nuevo y exhalé de forma temblorosa.
Oh... me parecía mucho más que bien.
Sentí a Edward agarrar mis caderas mientras sus pesadas respiraciones me ponían la piel expuesta de gallina. Me tensé, esperando.
Deseando.
Entonces, finalmente, sentí su cálida boca en el comienzo de mi pecho derecho. Lo besó con reverencia, levantando la mano para acariciar dulcemente mi otro pecho. Jadeé por la sensación -el calor de su boca recorrió todo mi cuerpo. Mi mano voló a su pelo, enredándose para mantenerle ahí. Dios le ayudara si alguna vez intentaba apartarse.
Gemí, arqueándome contra su toque y deleitándome en la sensación de su lengua en mi anhelante piel, bajando por el borde de mi blusa y haciendo círculos lentamente hacia mi ya erecto pezón. Su mano bajó sobre mi otro pezón un momento e, incluso a través de la ropa, pude sentir el calor radiar de su palma antes de que descendiera para tocarme. Al principio rozó ligeramente mi pezón y un gemido tembloroso escapó de sus labios, luego lo agarró con mayor firmeza entre su pulgar y su índice, rodándolo dulcemente.
Misteriosamente, otro botón se desabrochó y solté un grito ahogado cuando mi blusa se abrió, revelando la fina camisa interior que llevaba debajo. Los ojos de Edward se oscurecieron mientras miraba mi ropa interior, lamiéndose los labios mientras sus ojos iban a los míos con cautela. En mi tiempo, la camisa sería considerada muy modesta -Dios sabía que había visto chicas por ahí llevando mucho menos-, pero la forma en que Edward me estaba mirando era tan erótica que me sentí casi desnuda.
"Bella, deberíamos parar," murmuró, pero sus actos traicionaron sus palabras cuando se inclinó para succionar mi pezón a través de la camisa. Mi espalda se arqueó una vez más por la sensación.
"Sí. Lo sé," acepté, presionando su nuca por si acaso se le ocurría detenerse. Su cálida boca en mi pecho era la más dulce de las torturas.
Quería más.
Me removí en su regazo, juntando mis muslos mientras mi cuerpo buscaba alivio... liberación. Podía sentir su erección dura contra mi cadera y, cuando me moví, embistió inconscientemente contra mí.
"Dios... Edward..."
Él gimió, mordiendo suavemente mi pezón y pasando su lengua por el tenso montículo mientras nos removíamos el uno contra el otro... buscando algo... algo...
Algo que no iba a pasar en el jardín trasero de Maggie.
Edward pareció darse cuenta al mismo tiempo que yo porque liberó mi pecho, aunque su boca todavía se cernía sobre él. Sus jadeos enfriaron la húmeda tela de mi camisa, haciéndome gemir por la sensación. Él rio suavemente y luego se sentó, besándome dulcemente entre los pechos antes de volver a abotonar mi blusa. Envolvió sus brazos a mi alrededor y nos quedamos sentados así por un momento en silencio, los únicos sonidos eran los de los pájaros y nuestras respiraciones. Finalmente me moví para sentarme a su lado y él tomó mi mano, entrelazando nuestros dedos y levantándola hasta su boca para un casto beso.
"Lo siento..." empezó, pero le interrumpí.
"¿Qué he dicho de disculparse?" pregunté. "No hemos hecho nada malo, Edward. Y ninguno de los dos tiene nada que sentir."
Él asintió. "Lo siento..." Al ver mi mirada exasperada, añadió a la defensiva, "tienes razón, tienes razón. Y, de verdad, no siento eso." Se inclinó para darme un rápido beso. "Sin embargo, siento que hayamos tenido que parar," añadió con una sonrisa lobuna.
Señor. Había creado un monstruo.
Nos quedamos disfrutando del silencio y hablando de nada en particular pero, finalmente, mi curiosidad me ganó.
"Edward, ¿puedo preguntarte algo?"
Él besó mi mano de nuevo. "Lo que sea," dijo con una sonrisa.
"Bueno," me sonrojé, repentinamente nerviosa. Me volví para mirar hacia el jardín. "Es solo que... pareces diferente... ya sabes... sobre nosotros." Le lancé una mirada antes de apartarla de nuevo. "Ummm... desde que viniste a la charla sufragista... realmente pareces... menos... ¿contenido?
"No es que me esté quejando," añadí rápidamente, y le vi sonreír satisfecho por el rabillo del ojo. "Solo me preguntaba... ¿por qué el cambio?"
Llevó mi mano a su regazo y la rodeó con sus dedos. "Te lo he dicho," dijo, con los ojos en nuestras manos unidas, "simplemente he pensado y me he dado cuenta de algunas cosas."
Sus orejas enrojecieron de una forma adorable y supe que había más. "¿Qué tipo de cosas?" presioné, acariciando su muñeca con mi pulgar.
Edward respiró profundamente. "Yo... no he tenido mucha experiencia con chicas," admitió.
"¿De verdad?" Me miró sorprendido por mi exclamación de sorpresa. "Es solo que... eres realmente bueno en ello," aclaré, sintiendo mi propia piel enrojecerse.
Edward sonrió y se encogió de hombros. "Bueno, los chicos hablamos," explicó. "He oído muchas historias durante los años... sobre lo que... les gusta a las mujeres." Bajó la voz y sus ojos volvieron a su regazo. "Simplemente nunca he querido hacer nada de eso con nadie antes."
"¿De verdad?" dije de nuevo. "¿Ni siquiera con Samantha?"
Edward rio. "No... definitivamente no con Samantha," contestó. "Siempre hemos sido más como hermanos que otra cosa," me dijo. "No ha habido nadie... no hasta ti." Sus ojos miraron a los míos finalmente y solté un grito ahogado por la emoción que vi en sus verdes profundidades.
"Y entonces tú... tú parecías querer que yo... te besara... y te tocara." Su mano se levantó para rozar mi labio inferior. "Quería hacerlo... tanto... pero me di cuenta de que realmente me gustabas también. Me volvías absolutamente loco, pero me gustabas." Sonreí por eso y él devolvió el gesto.
"He sido criado para respetar a las mujeres. Siempre he creído que era trabajo del hombre... responsabilidad suya... asegurarse de que no pasaba nada inapropiado con una dama. Pero tú me retaste en eso. No sabía qué hacer, para ser honesto," explicó, devolviendo su mano a su regazo.
La culpa se retorció en mi estómago de nuevo. "Lo siento..."
"No." Me sonrió satisfecho. "Tú tampoco puedes disculparte." Cuando sonreí de forma sarcástica, continuó. "Me di cuenta de tres cosas durante ese tiempo que estuvimos separados," dijo. "Primero, como te dije después de la reunión sufragista, no quiero volver atrás. Por mucho que estar juntos a veces me confunda, quiero seguir adelante.
"Segundo," siguió, "me di cuenta de que tenías razón. Que los dos somos responsables por cómo somos juntos... por lo que hacemos juntos... que tengo que respetarte lo suficiente como para compartir esa responsabilidad."
Mi boca se abrió por lo que acababa de admitir.
"No parezcas tan impresionada," bromeó. "Soy una persona de mente abierta. Puedo cambiar mi opinión sobre las cosas."
Sonreí ampliamente y me acerqué más para poder apoyar la cabeza en su hombro. Le sentí presionar sus labios contra mi pelo.
"¿Qué fue lo tercero?" pregunté en voz baja, inhalando su deliciosa esencia.
Él se mantuvo en silencio, así que levanté la cabeza y la giré para mirarle. Él me miró intensamente y mi estómago se llenó de mariposas.
"Me di cuenta," dijo lentamente, con los ojos fijos en los míos y el tono suave pero determinado, "de que te amo, Bella."
No podía explicarlo pero, en ese momento, los dos Edwards que conocía se unieron en uno -el que me amaba. Pasado, presente, futuro... no importaba. Edward me amaba. No iba solo de hormonas adolescentes ni lujuria ya. Realmente me amaba. La idea hizo que una ola de calor me recorriera y sentí las lágrimas picar en mis ojos.
Estiré mi mano libre, la envolví alrededor de su cuello y tiré de él hacia mí para un tierno beso. La palma de su mano se ahuecó en mi mejilla de nuevo, su pulgar acarició cariñosamente mi mandíbula mientras me devolvía el beso. Nuestra conexión eléctrica todavía estaba ahí, pero parecía de alguna manera más sutil... como si ella también se hubiera dado cuenta de que lo que teníamos era más profundo que una simple atracción física... que se había hecho más fuerte que el deseo. Nos separamos, sonriéndonos y con nuestras frentes unidas.
"Yo también te amo," susurré.
La declaración de Edward borró mis dudas y miedos incluso más que las palabras tranquilizantes de Alice. Así que el día siguiente mientras estábamos en el invernadero, me encontré a mí misma capaz de disfrutar de nuestro tiempo juntos sin preocuparme constantemente por estar corrompiendo a Edward o por la posibilidad de estar arruinando su futuro.
Aunque no se podía decir lo mismo de Palitos Chinos.
Tras más notas amargas -la mayor por culpa de Edward, que no dejaba de subir y bajar sus dedos por mi espalda, y no por mi falta de talento- me volví a él con falsa irritación.
"Esto es todo," anuncié. "Voy a enseñarte una canción."
"¿De verdad?" contestó Edward dudoso. "¿Sabes tocar el piano?"
"Bueno... no... en realidad no," admití, pensando un momento, "pero sé una canción."
"¿Por qué no sigues simplemente tocando Palitos Chinos?" sugirió, inclinándose para mordisquearme el lóbulo de la oreja.
Oh, sí. Palitos Chinos estaba bien.
Muy bien.
Pero no podía tocarle mientras tocaba el piano. Tenía un plan. Pestañeé, intentando recordar cuál era.
Cierto. Heart and Soul.
Aparté a Edward juguetonamente de un codazo. "Presta atención," ordené. "Voy a enseñarte la parte baja."
Así que, durante los siguientes minutos, enseñé a Edward los acordes de la canción. No tenía ni idea de si ya había sido compuesta o no, pero Edward no la había oído antes. Sin embargo, lo pilló rápido y pronto tuvo el ritmo bajo control.
Dum dee ah dah... Dum dee ah dah...
Asentí con aprobación y empecé la parte alta... la parte que podía tocar con una mano...
…Dejando la otra deliciosamente libre.
Toqué la canción una vez y luego, mientras repetía la melodía, deslicé mi mano izquierda sobre la rodilla de Edward y apreté ligeramente.
Sus dedos fallaron.
"Sigue tocando," le animé, esperando a que continuara. Le vi respirar profundamente y empezar de nuevo.
Dum de ah dah...
Cuando empecé mi parte, mi mano subió ligeramente por el muslo de Edward. Conocía la canción lo suficientemente bien como para tocarla sin mirar, así que en su lugar le miré a él intensamente. Su mandíbula se tensó mientras se concentraba en el piano, y mis labios se separaron mientras acariciaba de vuelta hacia su rodilla y volvía a subir. Él cerró los ojos con fuerza y tuvo que empezar de nuevo.
"¿Qué pasa, Edward?" dije en voz baja con tono de broma.
Creo que él gruñó.
Yo solté una risita mientras él volvía a empezar.
Dum de ah dah...
Nunca había pensado en Heart and Soul como una canción sexy... pero estaba bastante segura de que nunca más la oiría de nuevo sin excitarme.
Empecé a tocar de nuevo mientras mi mano seguía con su circuito por el muslo de Edward; mis dedos acariciaron primero el interior y luego el exterior, rozando la curva de su delicioso trasero. Respiré profundamente, removiéndome un poco en el banco del piano cuando sentí la humedad entre mis piernas y el delator cosquilleo en mi centro. No pude resistirme. Repetimos la canción de nuevo y mis dedos se deslizaron por el interior del muslo de Edward... más alto... más alto aún...
...hasta que pasé el dorso de mis nudillos sobre su muy prominente erección.
La habitación se llenó de notas discordantes cuando la mano izquierda de Edward cayó plana sobre las teclas del piano y agarró mi muñeca con la derecha. Me preocupé por un momento porque tal vez hubiera ido demasiado lejos, hasta que vi la lujuria nadando en sus ojos un instante antes de que me empujara hacia un caliente beso.
"¿Estás intentando matarme?" murmuró con voz ronca cuando finalmente se separó. Su cara estaba tensa... su expresión era primaria. Casi esperé que me agarrara del pelo y me arrastrara hasta su habitación.
Es posible que gimiera un poco solo pensándolo.
En su lugar, llevó mi muñeca a sus labios y lamió el interior ligeramente antes de succionar con fuerza... con la fuerza suficiente como para marcarme. Y esa vez lo estaba haciendo a propósito.
Mis ojos rodaron al interior de mi cabeza. En alguna parte de la distancia oí voces y, de forma gradual, me di cuenta del hecho de que Edward me había soltado la mano y estaba tocando Heart and Soul de nuevo. Pestañeé mareada e intenté enfocarme.
"Toca, Bella," dijo Edward tenso, echando una mirada hacia el umbral de la puerta. Me di cuenta de que el ruido de pasos se acercaba, así que me uní a él con la canción rápidamente.
"Relájate," susurró.
Qué fácil para él decirlo. Respiré profundamente e intenté no parecer culpable de manosear al bebé de la Sra. Masen en el invernadero.
La madre de Edward entró en la habitación un momento después con una mirada de preocupación en la cara, y los dos dejamos de tocar.
Mierda. ¿Lo sabe? Debe de tener algún tipo de sexto sentido maternal o algo.
"Edward," susurró ansiosa mientras se acercaba al piano. "Hay dos hombres aquí que quieren verte. Dicen que son detectives de policía."
"¿Policía?" repitió Edward. "¿Qué quieren?"
"No lo sé," contestó ella. "No lo han dicho. No has vuelto a conducir demasiado rápido, ¿verdad?"
Edward rodó los ojos. "Por supuesto que no, mamá. No tengo ni la más ligera idea de porqué la policía quiere hablar conmigo."
"Tal vez deberías ir a buscar a tu padre," sugerí. "Es abogado. No creo que debas hablar con la policía solo." No sabía mucho sobre la ley más que lo que había visto en televisión, pero sabía que en esa época anterior a las Advertencias Miranda y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles Edward tenía que tener cuidado, sin importar lo que quisiera la policía.
"Esta ocupado con el trabajo. No quiero molestarle." Edward se puso de pie y rodeó el piano. "Además, no tengo nada que esconder," dijo, caminando hacia la sala de estar.
La madre de Edward y yo intercambiamos miradas de preocupación antes de ir detrás de él. Escuché a Edward presentarse mientras caminábamos por el pasillo. Al doblar la esquina a la sala de estar, le vi sacudiendo las manos con los dos hombres uniformados.
"Soy el Detective McCaffey," dijo el más alto con pelo rojizo. Señaló a su compañero, más bajo y con el pelo oscuro, con un movimiento de la cabeza. "Este es el Detective Ramsey."
"Por favor, Detectives, ¿por qué no se sientan?" La anfitriona siempre presente en el interior de la Sra. Masen entró en acción, haciendo a un lado su preocupación por un momento. "¿Les gustaría beber algo? ¿Café? ¿Algo de limonada tal vez?"
"No, gracias, señora," contestó el Detective McCaffey, mientras los dos se sentaban en las sillas que había frente al sofá. Edward se colocó en un extremo del sofá, intentando parecer relajado, pero sabía que estaba nervioso. La Sra. Masen se sentó a su lado y yo me senté en silencio en una silla de madera cerca del umbral de la puerta; mis propios nervios empezaban a retorcerse en mi estómago.
"Solo tenemos algunas preguntas para usted, Edward," siguió, abriendo un pequeño cuaderno y quitándole la tapa a una pluma. Me di cuenta de que el Detective Ramsey no tenía cuaderno. Él solo sostenía un sobre marrón en las manos y miraba a Edward con cautela.
El Detective McCaffey hojeó sus notas brevemente. "¿Le suena el nombre de James Hayden?"
¿James?
¿James?
¿Cuál era el apellido de James? Podía ser otro James, ¿verdad? Quiero decir, James es un nombre muy común. Mi mente se aceleró mientras intentaba recordar lo que había leído en el artículo que Tom me había mostrado. ¿Era Hayden su apellido?
"¿Hayden? No," contestó Edward, con una expresión de evidente confusión. "No conozco a nadie con ese nombre."
No podía ser el mismo James. ¿Por qué querría hablar la policía con Edward sobre él?
El detective sacó una pequeña fotografía en blanco y negro de su cuaderno y se la dio a Edward. "¿Está seguro?"
Estiré el cuello, pero no pude ver la foto. Edward la examinó de cerca, luego se encogió de hombros y la devolvió.
"Nunca antes le he visto."
McCaffey volvió a guardar la foto en su cuaderno. "Eso es interesante, porque dos de los amigos del Sr. Hayden, ehh..." Consultó sus notas de nuevo. "...William Hunter y George Greeley, claman que les echó de una gala en la Palmer House la noche del sábado." Los dos detectives le enviaron miradas de acero a Edward mientras McCaffey añadía, "es más, ellos dicen que usted amenazó al Sr. Hayden."
Un recuerdo pasó por mi cabeza. Edward siguiendo a James mientras sus amigos le alejaban del callejón.
"¡Voy a matarle!"
Mi corazón se hundió mientras veía a Edward unir las piezas. Sus ojos fueron brevemente a los míos.
"No sabía su nombre," dijo en voz baja. "No le he reconocido en la foto porque nuestra interacción fue limitada."
McCaffey se inclinó un poco hacia delante. "Así que admite que le amenazó."
Me puse de pie rápidamente. "¡Edward!" No podía dejarle admitir nada. ¿Quién sabía qué podía pasar?
Todas las miradas se volvieron hacia mí.
"Yo... uh... realmente creo que deberías ir a buscar a tu padre," dije con urgencia.
Él me miró con el ceño fruncido y se volvió otra vez al policía. "Hablé en el calor del momento," dijo. "No era una amenaza seria."
No escuché nada más. Salí de la habitación y corrí hasta la oficina del Sr. Masen. Le escuché hablando a través de la puerta, pero llamé frenéticamente igualmente antes de abrir la puerta de golpe. Estaba al teléfono.
"Espera un momento, por favor," dijo con calma, cubriendo el auricular. "Bella, ¿va algo mal?"
"Tiene que venir conmigo ahora," dije con urgencia. "La policía está aquí y están interrogando a Edward."
"Tendré que volver a llamarte más tarde," dijo al teléfono mientras se ponía de pie rápidamente. Caminó hasta la puerta con rápidas zancadas, dejándome corriendo detrás de él.
"¿Sobré qué le están preguntando?" preguntó en un susurro.
"Un hombre desaparecido," contesté rápidamente. "El hombre que... me atacó después de la gala ha desaparecido. Creo que creen que Edward está involucrado."
La cara del Sr. Masen se endureció mientras aceleraba el ritmo, doblando la esquina a la sala de estar. El padre preocupado había desaparecido. Había llegado el abogado.
"¿De qué va todo esto?" preguntó con voz autoritaria, interrumpiendo lo que fuera que Edward estuviera diciendo. Edward levantó la mirada sorprendido y luego me miró enfadado. Yo me encogí de hombros. Podía estar enfadado conmigo, pero no iba a dejar que se implicara.
"El Sr. Masen, supongo." McCaffey se puso de pie, extendiendo la mano. El padre de Edward la sacudió firmemente. "Soy el Detective McCaffey. Este es mi compañero, el Detective Ramsey. Solo estábamos hablando con Edward sobre lo que pasó el sábado por la noche fuera de la Palmer House."
"Ya veo," dijo el padre de Edward, caminando hasta quedarse al lado de Edward.
"Sí." McCaffey volvió a sentarse. "Justo estaba diciéndonos que el Sr. Hayden había asaltado a su novia." Su mirada fue hacia mí. "Esa sería usted, supongo, Srta..." Miró su cuaderno de nuevo. "...¿Smith?"
Tragué saliva. "Es Swan, en realidad. Bella Swan."
"¿Oh?" McCaffey pareció sorprendido, pero estaba bastante segura de que estaba fingiendo. Ramsey solo me estudió con sus ojos ojerosos.
"Usted le dijo al Sr. Hayden que su nombre era Jane Smith," apuntó.
Me encogí de hombros, levantando la barbilla. "Mentí."
"¿Por qué?"
"No me gustaba."
"Ya veo." El Detective McCaffey escribió algo en su cuaderno. "¿Seduce a menudo a hombres y luego les miente, Srta. Swan?" preguntó con agresividad.
"¿Qué?" Edward explotó y se puso de pie como un rayo. "¡Bella no hizo tal cosa!"
"Edward, cálmate," dije en voz baja, aunque por dentro estaba echando humo. Sabía que McCaffey solo quería incitarnos en un intento de que alguien admitiera algo.
El Sr. Masen puso la mano en el hombro de Edward. Éste se tensó y luego se sentó lentamente con los ojos fijos en mí. Le ofrecí lo que esperaba que fuera un asentimiento de consuelo.
"Usted bailó con él," presionó McCaffey.
Los ojos de Edward destellaron.
"Estaba bailando con un amigo, pero todos tuvimos que cambiar de parejas," expliqué. "Solo bailé con él... por educación," añadí con los dientes apretados.
McCaffey no cedía. "Sus amigos han dicho que coqueteó con él toda la noche... que aceptó una flor de él."
Escuché a Edward gruñir, pero no miré en su dirección.
"No estaba coqueteando con él," insistí, perdiendo la batalla por mantenerme en calma. "Él me estaba mirando y de vez en cuando nuestras miradas se cruzaban. Dejé muy claro que no estaba interesada en él, pero él no parecía darse cuenta." Sentí mi piel sonrojarse mientras mi enfado tomaba lo mejor de mí. "¡Sus amigos y él estaban borrachos y eran repulsivos!"
La Sra. Masen habló por primera vez. "Eso es cierto." Asintió enfáticamente. "Muchas de las damas pueden dar cuenta de ello. Es la razón por la que le pedí a Edward que les echara del lugar."
McCaffey no se rindió fácilmente. Pareció desechar el comentario de la Sra. Masen y siguió enfocado en mí. "¿Y cómo terminó a solas en un callejón con el Sr. Hayden?"
Respiré profundamente. "Dejé la gala para alejarme de él. No me gustaba que me mirara. Estaba esperando a mi amiga fuera, pero él me siguió."
"¿Su amiga?"
Mierda. Alice. ¿Cómo podía explicar a Alice?
"Mi prima, Alice." Mi ritmo cardíaco se aceleró. Esperé que no me pidiera hablar con ella. No sabía qué haría si lo hacía.
"¿Y dónde está esta Alice ahora?" preguntó.
Me aclaré la garganta. "Ha tenido una emergencia familiar," le dije, luchando contra el temblor de mi voz. "Ha tenido que volver a Iowa para estar con su padre."
Escribió furiosamente en su cuaderno. Miré hacia el Sr. Masen, pero él solo asintió ligeramente.
Creí que los abogados debían intervenir con "¡Protesto!" y "¡Mi cliente no tiene que responder a eso!"
Realmente necesitaban Ley y Orden en 1918.
"¿Qué pasó entonces?" siguió McCaffey, dejando el tema de Alice por el momento.
Me mordí el labio. "Me agarró. Intentó..." Miré a Edward, que tenía una expresión de sufrimiento con la mirada fija en el suelo. "Forzó sus atenciones sobre mí. Yo pelé y escapé."
"¿Escapó peleando de un hombre?"
Me tragué una respuesta sarcástica. "Estaba borracho. Y yo sé defenderme si lo necesito."
"¿Y no sintió la necesidad de llamar a la policía para denunciar el incidente?" McCaffey abrió los ojos como platos en un gesto burlón de sorpresa y Ramsey se giró en su asiento, obviamente interesado en mi respuesta.
"Todo había terminado," dije francamente. "No estaba herida. Solo quería olvidarme de ello."
"Ya veo," murmuró McCaffey mientras tomaba más notas. Se volvió hacia Edward. "¿Y entonces fue cuando usted llegó?"
Edward asintió tenso. "Solo vi al Sr. Hayden cuando sus amigos se lo llevaban. Ellos se marchaban y nosotros volvimos a entrar."
"Tom Jacobsen y Samantha Swenson estaban ahí," ofrecí, "y el Dr. Carlisle Cullen. Ellos confirmarán todo lo que hemos dicho."
McCaffey solo asintió y pasó la página de su cuaderno. Miré a Ramsey con sospecha. ¿Por qué él no decía nada?
"Verá, ahí es donde tenemos un pequeño problema," dijo McCaffey, cerrando finalmente su cuaderno. "Todo lo que ha dicho ha sido corroborado por los amigos del Sr. Hayden -excepto por la perspectiva diferente sobre la interacción con la Srta. Swan, por supuesto- pero ese no es el caso."
Frunció los labios. "Sus amigos llevaron al Sr. Hayden a casa y le dejaron en la habitación en la que se quedaba el fin de semana. Pero, por la mañana, no estaba... se había desvanecido." Movió las manos en el aire como un mago.
"Hemos podido determinar que en algún momento entre la medianoche y las siete de la mañana del domingo, salió. No había señales de entrada forzosa en la casa, así que creemos que alguien le estaba esperando fuera.
"¿Dónde estaba durante ese tiempo, Edward?"
Edward le miró fijamente, la única señal de miedo era el temblor de sus manos. "Llevé a Bella y su prima a casa en coche, luego volví aquí y me fui a la cama," dijo.
"¿Hay alguien que pueda sostener eso?" presionó McCaffey.
"Sí," contesté. "Nos llevó a casa en coche."
"¿Y a qué hora fue eso?"
Mi corazón se hundió. Era una testigo inútil. "Alrededor de medianoche."
Él se volvió a los padres de Edward. "¿Estaban aquí cuando su hijo llegó a casa?"
La Sra. Masen le lanzó una mirada de pánico a su marido. Él se aclaró la garganta.
"Llegamos a casa alrededor de la una y media. El coche de Edward estaba aparcado fuera," declaró fríamente.
"Mmm hmmm..." McCaffey volvió a abrir su cuaderno y escribió algo. "¿Así que no puede dar cuenta del lugar en que estaba su hijo entre la medianoche y la una y media?" Al encontrarse con silencio, continuó. "De hecho, no puede garantizar que su hijo no dejó la casa después de que usted se fuera a la cama, ¿verdad?"
Edward se puso de pie de nuevo, pasándose las manos por el pelo irritado. "¡Esto es ridículo! ¿De qué me está acusando? ¡Ni siquiera conocía a este hombre! ¿Cómo iba a saber dónde se quedaba?"
McCaffey le miró fijamente. "No lo sé, Edward. Los hombres con determinación pueden enterarse de cosas. Hacer algunas preguntas... untar algunas manos..."
El Sr. Masen finalmente intervino. "Detectives, creo que esto se ha extendido lo suficiente..."
McCaffey levantó una mano. "Solo una cosa más," dijo, moviendo la cabeza hacia Ramsey. El detective abrió el sobre que tenía en las manos, dejando caer los contenidos en la mesita que tenían delante.
Solté un grito ahogado.
Edward palideció y se hundió en el sofá.
Frente a él había un pañuelo manchado de sangre en el que podía verse claramente el monograma EAM.
"¿Cómo?" Sus ojos se movieron por la habitación un momento antes de caer finalmente sobre mí.
"Esto se encontró en el suelo a un lado de la casa en la que se quedaba James Hayden," dijo Ramsey con voz ronca. "Había también varias manchas más de sangre, al igual que un zapato que hemos confirmado que era del Sr. Hayden."
"Yo puedo explicar eso..." empecé, pero el Sr. Masen me interrumpió rápidamente.
"No digas otra palabra," ordenó, su mirada fue de mí a Edward, "ninguno de los dos.
"Detectives, me temo que mi hijo no responderá más preguntas en este momento. Así que, a no ser que estén aquí para arrestarle, tengo que pedirles que se vayan," dijo ácidamente, y me di cuenta de porqué era un abogado de tanto éxito. Cuando se ponía a ello, era muy intimidante.
El Detective Ramsey cogió el pañuelo y lo puso otra vez dentro del sobre mientras los dos se levantaban.
"Está bien," dijo McCaffey de buena gana. "Hemos terminado... por ahora. Pero esto no ha acabado," avisó con la mirada en Edward. "Si ha tenido algo que ver con la desaparición del Sr. Hayden, será mejor para usted que hable ahora."
"¡Es suficiente!" ladró el Sr. Masen, caminando hasta la puerta principal y abriéndola. "Que tengan un buen día, caballeros."
Los detectives se fueron sin más palabras y el padre de Edward cerró de un portazo detrás de ellos antes de volver a la sala de estar y colapsar en una silla. Todos nos quedamos sentados en silencio un momento hasta que Edward lo rompió.
"No lo entiendo... ¿cómo consiguió mi pañuelo?"
Suspiré, moviéndome a la silla que estaba frente a Edward.
"Se me cayó del guante en la gala," expliqué. "James lo cogió y no quiso devolvérmelo a no ser que bailara con él de nuevo, así que lo dejé. Debió de usarlo para limpiarse la sangre de la nariz." Me volví hacia el Sr. Masen. "¿No puedo decirles simplemente eso? ¿No lo aclarará todo?"
El Sr. Masen exhaló pesadamente. "Todavía no lo sé, Bella. Podrían pensar que solo intentas proteger a Edward." Se pasó las manos por la cara y luego de forma ausente por el pelo.
"Necesito algo de tiempo para determinar cómo proceder," anunció finalmente. "Mientras tanto, no quiero que ninguno de los dos hable con la policía sin mí."
Asentí y me puse de pie lentamente. "Probablemente debería irme," dije en voz baja, moviéndome hacia la puerta principal.
Edward se puso de pie de un salto. "Te llevaré," ofreció de forma distraída, siguiéndome fuera hasta el porche antes de cerrar la puerta.
"Edward," dije, girándome hacia él y luchando contra las lágrimas. "Lo siento tanto. Siento que todo esto es mi culpa."
La mirada de Edward se suavizó y me puso dulcemente entre sus brazos.
"No seas ridícula," murmuró. "Nada de esto es culpa tuya."
Oh, pero estaba equivocado. Si yo no hubiera estado en la gala, nada de eso hubiera pasado. Si yo no me hubiera puesto a buscar a Edward en primer lugar, nada habría pasado.
Era todo mi culpa. Cada loca parte de ello.
Tenía que arreglarlo.
Me aparté de él. "Debería volver dentro y hablar con tus padres," dije, sintiendo la resolución recorrer mi cuerpo. "Tengo que ir al hospital."
"Pero yo debería llevarte," repitió Edward.
"No," dije firmemente. "Tengo tiempo de sobra. Cogeré el 'L'. Tú deberías ver qué hacer con tu padre."
"¿Estás segura?" Su mirada de preocupación me tocó profundamente mientras levantaba un dedo para acariciarme la mejilla.
"Estaré bien," insistí. "¿Te veré mañana?"
Edward asintió, inclinándose para besarme en la frente. "Te veré mañana. Te... quiero," dijo con timidez, las palabras todavía eran nuevas.
Sonreí, pasando mis dedos por su suave pelo una vez. "Yo también te quiero, Edward."
Me di la vuelta y me marché, segura de lo que tenía que hacer. En realidad, solo había una cosa. Una forma.
El ritmo de mis pasos se aceleró mientras me acercaba al tranvía y subía, instándolo a ir más rápido. Me bajé en la estación del 'L', corriendo hasta el andén junto a tiempo para coger el tren. Fui sentada mirando el paisaje sin ver realmente, dando golpecitos con el pie de forma impaciente mientras mi corazón latía acelerado.
Claro, toda la supuesta evidencia que tenía la policía podía ser explicada. Pero no era tan ingenua como para pensar que no era suficiente para condenar a Edward. Una amenaza... un pañuelo con sangre... incluso sin un cuerpo, podía ser suficiente. Era bastante obvio que los detectives creían que estaban en el camino correcto y no había forma de probar la inocencia de Edward.
Inocente hasta que se pruebe lo contrario... una idea encantadora, pero no siempre la realidad.
Por supuesto, si James apareciera, sería de ayuda. Sabía que no estaba muerto... bueno, no completamente. Había una buena oportunidad de que en ese momento estuviera desangrando a alguien con una sonrisa de felicidad.
El gilipollas.
Pero también estaba bastante segura de que la defensa del vampiro no se sostendría en un juzgado.
Cuando el tren se detuvo finalmente, yo estaba parada frente a las puertas para salir rápidamente -mi velocidad aumentó incluso más mientras bajaba las escaleras del anden y me dirigí al hospital. Para cuando estaba a una manzana, estaba corriendo, moviéndome entre la gente de la acera y saltando sobre los obstáculos. Apenas podía respirar, pero no estaba segura de si era por el ejercicio o por el pánico que sentía en mi interior. Abrí la puerta de golpe, corriendo por la sala de espera e ignorando las voces de preocupación que me llamaban. Corrí por el ala y subí las escaleras de dos en dos mientras volaba hacia la oficina de Carlisle.
Me escuchó llegar, porque la puerta se abrió mientras me acercaba y él me introdujo dentro en un abrir y cerrar de ojos, cerrando rápidamente detrás de mí.
"¿Bella? ¿Qué es? ¿Qué demonios sucede?" preguntó frenéticamente.
Miré sus preocupados ojos ámbar y sentí las lágrimas finalmente acumularse y desbordarse. Agarré sus brazos con urgencia, mi respiración escapaba en bruscos jadeos.
"Carlisle... por favor," sollocé, "necesito tu ayuda."
Hola!
¿Qué os ha parecido el capítulo?
Parece que James no trae más que problemas sea la época que sea, esperemos que no le pase nada a Edward.
La fecha de actualización está en mi perfil.
Muchisimas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
-Bells :)
