21. Cara a Cara con el Pasado.

Cerró los ojos cuando una suave ráfaga de viento acarició su rostro y agitó sus cabellos castaños, obligándola a contenerlos con su mano derecha para que no la azotasen en la cara.

El cúmulo de sentimientos que en esos instantes la dominaban, seguía burbujeando en su pecho, dificultándole la respiración debido a la ansiedad causada por la negativa de la policía.

Tras más de quince minutos recorriendo las calles de Tomoeda sin rumbo fijo y reflexionando sobre esa decisión transcendental que aún ni si quiera había tomado, se sentó en uno de los tantos bancos de madera que había en la misma, ocultando el rostro entre las manos.

Las palabras oscas del policía volvieron a su mente haciendo que contrajese las manos casi de forma inconsciente. Aún tenía gravado en la memoria su expresión hermética y su mirada cortante cuando volvió a insistir con argumentos que, para él, concernían al cuerpo directivo de su instituto, no a la policía.

-La policía está para atender asuntos serios-Le había dicho, mirándola unos segundos por encima del informa que estaba leyendo-Eso deberías hablarlo con el director de tu centro.

Tras esas palabras que nunca hubiese esperado de un representante de la ley, la impotencia ante lo sucedido le arrebató la escasas fuerzas que había podido acumular para cruzar las puertas de la comisaria. Y era en ese momento, precisamente, cuando se sentía más confusa y presionada. Porque el tiempo pasaba, y con ello se limitaban el número de opciones.

Debía tomar una decisión, y pronto.

"Reúnete conmigo esta tarde, a las puertas de la discoteca Media Noche"El eco que resultaba ser esa maliciosa voz femenina, volvió a asaltarla, presionándola nuevamente a tomar una decisión"A las ocho"

Indecisa y desesperada porque su decisión fuese la correcta se pasó una mano por sus cabellos castaños, enredándolos entre sus dedos.

Que hacer... Que hacer... ¿Qué debía hacer?

-Perdone, señor, ¿Me puede decir la hora, por favor?-Preguntó un joven, deteniendo a un hombre de mediana edad.

-Las siete menos cinco-Contestó el aludido, sacando su dorado reloj de bolsillo.

-Gracias.

Las siete menos cinco...

Ensimismada y a sabiendas que no encontraría la respuesta que buscaba en las numerosas estrellas que esa noche iluminaban el oscuro cielo, alzó la mirada y suspiró.

Ya no tenía tiempo para pensar. Era el momento de actuar, de poner fin a esa pesadilla de una vez por todas y descubrir quien era el causante de la mayoría de sus males en los últimos meses.

-Llegó el momento-Murmuró, cerrando los ojos unos instantes para coger fuerzas.

oOoOoOo

Intentando encontrar alguna forma de aplacar sus nervios e impotencia, se sentó en el sillón contiguo al sofá donde se encontraba Hinako, para instantáneamente removerse en el mismo al no encontrar ninguna postura en la que estuviese cómodo.

Reprimiendo el impulso de gritarle a la chica que dejase de llorar, volvió a cambiar de postura, para finalmente reincorporarse y volver a caminar por el salón como había hecho hasta hacía unos segundos.

-¿Han quedado a las ocho?-Le preguntó con brusquedad, mirándola de soslayo. La chica no contestó-¡Tsujiai!

-Si.. si...-Contestó la morena, hipando ligeramente-Shao yo...

-¡Cállate!

El bramido del chico y el desprecio que había en sus ojos la sobresaltaron, haciéndola encogerse aún más en el sofá. Haciéndola sentir mucho más insignificante. Pero era evidente que no podía recibir otro trato del chico. No después de habérselo contado todo. No después de lo que había hecho. No se lo merecía. Él lo sabía, y ella también.

Haciendo a un lado las cortinas para comprobar si alguno de sus amigos había llegado, miró la hora en su reloj de muñeca para seguidamente apoyar la frente en la fría pared, cerrando los ojos para intentar aplacar la ansiedad.

Se estaba volviendo loco.

Sabía que había prometido a sus amigos que les esperaría para ir juntos en busca de Sakura, pero el tiempo pasaba y por cada segundo en el que permaneciese en esa habitación, mayor era el riesgo al que se exponía la castaña.

"Sakura, yo..." Inconscientemente apretó los puños "Si te pasa algo, no sé..."

Incapaz de permanecer impasible por más tiempo, se giró y se encaminó hacia la salida con paso seguro.

Hinako, que sólo se percató de las intenciones del chico cuando oyó la fuerza de sus pasos al pasar a su lado, alzó la cabeza y le siguió con la mirada hasta que este abandonó la habitación.

-¡¿A dónde vas?!-Exclamó la joven, alarmada, siguiéndole hasta el recibidor-No pensarás ir sólo ¿Verdad?

-No puedo quedarme aquí ni un minuto más-Se limitó a responder, poniéndose la chaqueta.

-¡Pero no puedes irte!-Insistió, desesperada, agarrándole del brazo-¡Te harán pedazos!

Ignorando el comentario de la Presidenta, se deshizo del agarre de la chica y abrió la puerta principal, sin ni si quiera dedicarle una última mirada a aquella que meses atrás le había confesado su amor.

-Hiiragizawa, Daidôji y Serizawa no tardarán en llegar-Le comunicó, dándole la espalda-Cuando lo hagan, explícales lo necesario y diles donde estamos.

-Pero...

-Es lo mínimo que puedes hacer-La interrumpió, mordaz.

Hinako asintió y, sujetándose al marco de la puerta, le vio correr calle a bajo con una expresión de preocupación en el rostro que, pese a la situación, le hizo sentir envidia de Sakura. Porque nunca nadie la había querido de esa forma. Porque nunca nadie se había preocupado así por ella. Porque era evidente que, para Shaoran, la persona más importante en el mundo era esa aniñada castaña de ojos verdes.

oOoOoOo

Sus pasos eran lentos, cautelosos, a causa del miedo. Pero pese a ese sentimiento inquietante que aceleraba el ritmo de su corazón conforme las manecillas del reloj avanzaban, Sakura continuó adentrándose en la oscuridad, alejándose cada vez más del bullicio del centro de la ciudad.

Estaba aterrada.

No sabía cuantas veces había vuelto sobre sus pasos para seguidamente proseguir la marcha en la misma dirección que su instinto le decía que no debía tomar. Pero la iniciativa o insensatez que la había llevado a acceder a dicho encuentro, comenzaba a disiparse con el paso del tiempo y la proximidad a su punto de reunión.

La voz de Shaoran llamándola insensata, volvió a resonar en su mente con mayor claridad, dificultándole la labor de ignorarla para no dar la vuelta y alejarse de allí. Quien fuera que la había llamado le había prometido que tras ese encuentro todo terminaría ahí. Y ella quería que todo acabase de una vez por todas antes de la media noche.

"¡Insensata!"

Sí, estaba actuando de forma insensata, ya que no había avisado a nadie de cuales eran sus intenciones o de con quien pensaba encontrarse. Pero esa había sido su decisión. Solucionaría todo sin involucrar a nadie más. Ni a Shaoran, ni a Eriol, ni a Tomoyo... A nadie.

Además, confiaba en que su oponente fuera también una chica para así poder enfrentarse de igual a igual.

Esa pequeña esperanza la tranquilizó considerablemente, aunque no lo suficiente para olvidar ese inquietante malestar que se había instalado en ella tras colgar el teléfono esa mañana. Una preocupante sensación que se había acumulado en su estómago impidiéndole, incluso, comer ese mediodía. Un vago recuerdo al que no lograba aportarle nitidez alguna y que había rememorado poco antes de colgar el aparato.

Una voz...

Los maullidos de dos gatos callejeros que, al parecer, se habían ocultado tras los contenedores antes de cruzarse en su camino, lograron que se sobresaltara , forzándola a recordar donde estaba y cual era su situación.

No era necesario comprobar la hora en el reloj para saber que faltaba muy poco para las ocho. La oscuridad que reinaba completamente en ese lúgubre lugar, era un indicio más que suficiente.

Tal y como sabía por los numerosos comentarios que había oído al respecto en el instituto, el lugar donde se ubicaba la vieja discoteca estaba muy apartado de las zonas transitadas por los ciudadanos de Tomoeda.

La primera impresión que tuvo al contemplar la panorámica del lugar la hizo estremecerse. Varios contenedores de basura-pintados o quemados-estaban volcados en el suelo, rodeados por cristales de diversos colores que tiempo atrás debían haber pertenecido a botellas, probablemente, de bebidas alcohólicas. Cajas de cartón esparcidas por el suelo, papeles, diversos materiales en general... Y ese desagradable hedor... Era como un vertedero descontrolado. No, era un vertedero ilegal.

Sin atreverse si quiera a pestañear, continuó caminado lentamente observando el lugar con detenimiento y mirando hacia atrás cada pocos pasos para así cerciorarse que no la estaban siguiendo.

Se le había secado la garganta y sentía un profundo y desagradable vacío en el pecho que la hizo replantearse nuevamente la posibilidad de volver a casa.

Se detuvo frente a las puertas de la abandonada discoteca y escudriñó la explanada que había frente a ella sintiendo como la ansiedad comenzaba a tomar control sobre ella.

Desde un principio había sentido que tras las palabras de la chica que la había llamado debía haber otras intenciones. Pero su necesidad de acabar con todo la había impulsado a acceder a su petición.

No obstante, ahora que se encontraba allí y veía con sus propios ojos el lugar donde la había citado, confirmó que se había equivocado al acceder. Había caído en su trampa, porque nadie con intenciones de aclarar las cosas la habría arrastrado a un lugar tan apartado y horrible como ese.

A sabiendas que debía reaccionar rápido si quería huir de allí antes de que alguien reparase en su presencia, Sakura reanudó la marcha en la misma dirección por la que había venido. Esta vez en grandes zancadas y con una ansia fácilmente perceptible.

Sin embargo, no pudo recorrer más que un par de metros antes de que una de las puertas de la discoteca se abriesen, mostrando la ladina sonrisa de una joven rubia de mirada gélida.

-Vaya, vaya, vaya-Se mofó, agitando su larga melena con arrogancia-¿Ya te marchas? Si aún no ha empezado la fiesta.

Sakura, que se había girado a causa del sonoro ruido que había producido la pesada puerta al abrirse, abrió los ojos desmesuradamente a causa de la sorpresa, pero comprendiendo por primera vez todo. O casi todo.

Ahora entendía a que se debía esa sensación extraña tras colgar el teléfono esa mañana. Quizás no había relacionado directamente la voz con su propietaria, pero era evidente que su inconsciente no había dejado de pensar en ello durante todo el día.

Y ahora, frente a sus ojos, tenía la respuesta. Porque había llegado el momento de enfrentarse tanto al pasado como al presente.

-¡¿Tú?!-Exclamó la castaña, sintiéndose durante unos instantes desorientada.

Reika Horton, que parecía disfrutar enormemente de la situación que ella misma había provocado, acortó un poco más la distancia que las separaba hasta que estuvo lo suficientemente cerca para acariciarle la mejilla con falsa dulzura.

-Veo que me recuerdas-Sonrió, divertida, llevándose ambas manos a las caderas-Aunque no me extraña. Resulta difícil olvidarme.

-Sólo cuando intentas arruinarle la vida a alguien-Contestó Sakura, tensa, pero desafiándola con la mirada-Cuando la humillas delante de todos por mera diversión.

-¡Oh! Que pena que pienses así-Se lamentó Reika, rodeándola lentamente hasta situarse tras la castaña-Confiaba en que nuestro rencuentro fuera más emotivo. Por cierto...-Añadió, acercándose un poco más a ella para poder susurrarle al oído-... espero que no te importe que haya... invitado a unos amigos. Siempre se ha dicho que cuántos más seamos mejor.

La joven Horton volvió a reír antes de situarse a su lado, pasándole uno de sus delgados y blanquecinos brazos por los hombros. Sakura la miró con auténtico terror en los ojos, antes de posar, nuevamente, sus obres verdes en la desgastada puerta de la discoteca.

Cuatro jóvenes, encabezados por uno robusto de pómulos marcados, que jugaba con el cigarrillo que bailaba entre sus labios, salieron de la discoteca abandonada, situándose en línea recta a pocos metros de ellas.

-Aunque creo que ya los conoces-Se jactó la rubia, mirándola con malicia-Ha sido toda una sorpresa, pero siempre he sabido que eres muy sociable.

Sakura, que jamás creyó sentir tanto miedo en la vida, dio un paso atrás de forma inconsciente mientras sus ojos pasaban de un chico a otro hasta detenerse en el cabecilla del grupo.

-Hola, preciosa-La saludó Ooku, lanzando el cigarrillo con desdén-¿Cómo están los guapitos de tus amigos?

Unas vagas imágenes pertenecientes a un incidente ocurrido meses atrás, la asaltaron nada más oír esa voz grave y ronca que la hacía rememorar el asalto de esa noche en aquél callejón oscuro. Claro que le reconocía, y claro que era consciente de lo que eso significaba.

-Hechas las presentaciones...-Reika la miró y sonrió-...es el momento de que empiece la fiesta.

oOoOoOo

Ella no era una persona que precisamente pudiese presumir por su rapidez. No obstante la preocupación y las ansias por llegar lo más pronto posible a la casa de los Kinomoto, era un aliciente más que suficiente para que sus zancadas fueran más largas y continuas.

-Ya falta poco-La animó Eriol, quien la tenía cogida de la mano para forzarla a mantener el ritmo-No te preocupes, seguro que no es tan urgente como Li nos ha dicho.

Pero pese a que el Hiiragizawa desconocía los acontecimientos que habían rodeado a Sakura en los últimos meses, ni él mismo creía en sus palabras. Ya que si Shaoran había dicho que era urgente, entonces realmente lo era.

La joven Daidôji abrió los ojos con inquietud cuando al girar la esquina que daba paso a la calle en la que se encontraba la casa de su amiga, divisó la figura del joven Serizawa, quien también acortaba la distancia que les separaba con amplias zancadas.

-¡Khay!-Exclamó Tomoyo, echándose a los brazos del chico en cuanto estuvo frente a él-¿Li también te ha llamado a ti?

El aludido asintió taciturno, dirigiendo la mirada a la bonita casa de los Kinomoto, como no tardó en hacer la pareja.

-¿Sabéis que ha pasado?-Les preguntó Khay, recibiendo como respuesta una silenciosa negativa.

-Pero la única forma de descubrirlo es entrando-Murmuró Eriol, adentrándose en el jardín de los Kinomoto-Vamos.

Su novia y el amigo de esta le siguieron por el pequeño camino de piedra que finalizaba en la entrada a la casa, cuya puerta estaba entornada, dando pequeños golpes a causa del suave viento, pero no lo suficientemente fuertes como para cerrarla.

Aun más intranquila, la joven Daidôji buscó anhelante la mirada azulada de su novio, quien abrió la puerta con sigilo antes de llamar al chino con una seguridad y sosiego que no reflejaba la preocupación que le embargaba.

-¿Li?-Probó de nuevo, adentrándose por el recibidor hasta llegar a la entrada al enorme salón. Eriol abrió los ojos con sorpresa-¿Tsujiai?

La chica, que había permanecido casi todo el tiempo encogida en el sofá de la sala, alzó la cabeza mostrando sus ojos hinchados y enrojecidos y, por lo tanto, desconcertando aún más a los presentes.

-¿Tsujiai?-Repitió Tomoyo, quien había permanecido tras su novio, por lo que tuvo que desplazarse hacia la derecha para poder ver el rostro de Hinako-¿Qué?

Pero ese último hilo de voz no tenía nada que ver con la desconcertante presencia de la Presidenta en esa casa, sino por la de aquél al que tanto rencor le había guardado en los últimos años.

El joven Ichiya se reincorporó lentamente del sillón contiguo al sofá que había ocupado desde su llegada a la casa, y miró a Tomoyo, quien no cabía en sí de la sorpresa.

-Tú...-Musitó la morena, acercándose un poco más a él aunque dejando un par de metros entre ellos-¿Se puede saber que estáis haciendo aquí? ¿Dónde está Li?-Inquirió, amenazante, pasando su mirada de uno a otro-¿Y Sakura? ¿Dónde está Sakura?

Ninguno de los dos aludidos contestó inmediatamente. Hinako volvió a bajar la mirada, encogiéndose aun más en el sofá si eso era posible, mientras que Ichiya se pasaba una mano por el cabello para luego suspirar.

-Sakura... Ella está con Reika-Confesó Hiroshi, apretando un puño con fuerza. Su rostro se había tensado-Le han tendido una trampa.

-Y Shaoran también va hacia ella-Intervino Hinako, mirando hacia la ventana con la mirada perdida-Le van a hacer pedazos.

-¿Cómo?-Cuestionó Khay, sin comprender.

Los tres recién llegados se miraron entre ellos intentando encontrarle sentido a esas palabras. Pero al parecer Tomoyo fue la única que tuvo suerte, ya que antes de que el joven Serizawa volviese hablar, la morena se le adelantó, retando a Hiroshi e Hinako a no contestar a sus preguntas.

-¿Dónde?-Repitió, esta vez intentando conocer la ubicación

-En la discoteca Media Noche-Contestó Hinako, girándose para comprobar con desaliento como los tres amigos se giraban y se apresuraban a abandonar la habitación-¡Pero no llegaréis a tiempo! ¡Ya ha empezado todo!

oOoOoOo

Tras darle un rodillazo en la entrepierna a aquel que había pretendido retenerla, la joven Kinomoto corrió a través del amplio escampado que había frente a la discoteca, seguida muy de cerca por cuatro de los cinco matones que estaban al servicio de la joven Horton.

Con la respiración sumamente agitada más por el miedo que por los metros corridos, miró hacia atrás y aceleró el paso cuando vio como uno de ellos hacia lo mismo con la intención de capturarla.

"¡No! ¡No! ¡No!"Imploró, intentando divisar con la mirada a alguien que pudiese ayudarla. Pero estaban a las afueras de Tomoeda y muy alejados de cualquier zona urbana.

Pánico.

Era eso lo que sentía. Un miedo tan intenso que la había impedido echar a correr hasta que los fuertes brazos de uno de los jóvenes la rodeó por la espalda, presionando entre carcajadas uno de sus pechos.

No sabía lo que pretendían hacerle, aunque lo sospechaba. Y era precisamente el temor a que sus suposiciones se hiciesen realidad, lo que la alentaba a continuar corriendo, pese a que cada segundo que pasaba le costaba más respirar.

Los gritos y llamadas de los cuatro cazadores la hicieron volver a girar la cabeza, distraiéndola y haciéndola tropezar con uno de los tantos objetos que había dispersos por el descampado.

Perdiendo el equilibrio con la misma rapidez como perdía las fuerzas para seguir corriendo, la joven Kinomoto cayó al suelo con las manos extendidas intentando, no sin mucho resultado, amortiguar el golpe.

Sintió como pequeñas piedras y algunos cristales de botellas rotas se clavaban en sus palmas, las cuales no tardaron en ser recorridas por la misma sustancia cálida y rojiza que escapaba de sus rodillas raspadas.

Mirando atrás y conteniendo un grito de pánico que pugnaba por escapar de su garganta para perderse en la oscuridad del lugar, se reincorporó tambaleándose e intentó retomar la carrera.

Sin embargo, la caída le había causado algo más que rasguños en su piel. Por lo que cuando presionó el pie derecho contra el suelo, un intenso quejido salió de su boca, siendo rápidamente reprimido por el miedo a sus perseguidores.

Intentando lidiar con el dolor producido por lo que sospechó que sería un esguince, Sakura reemprendió la marcha, arrastrando el pie contra la tierra pero con la única idea de escapar.

No podía parar. No podía dejarse llevar por el dolor, ya que los pinchazos de su tobillo no eran comparables con el dolor que sus perseguidores le causarían si la atrapaban.

Pero la ventaja que le había proporcionado el hecho de ser una rápida corredora, se fue acortando peligrosamente hasta sentir el tibio aliento de uno de ellos en su nuca. Agarrándola del cabello y de la camiseta que llevaba, el joven la retuvo impidiéndole avanzar a la par que soltaba una carcajada por su logro.

-¡La tengo! -Anunció mirando a sus rezagados amigos, quienes soltaron otra carcajada mucho más sonora-¡Volved con Ooku! ¡Ahora la llevo yo!

-¡No! ¡No!-Imploró la castaña, sintiendo como sus ojos se humedecían-¡No, por favor!

-Pronto será lo que gritarás-Le aseguró el chico, tirando más fuerte del cabello de Sakura hasta que el rostro de ésta estuvo cerca del de él-Nos lo estás poniendo muy difícil, bonita. Y yo odio que me compliquen las cosas.

Sakura, que por el fuerte tirón había hecho la cabeza hacia atrás, soltó una exclamación de dolor cuando el mismo chico la lanzó contra el frío suelo lleno de piedras y pequeños cristales.

-Se supone que tenemos un trato con esa zorra-Comentó, haciendo un gesto con la cabeza en dirección al lugar donde esperaba la rubia-Pero creo que me lo voy a saltar. Además...-Añadió, agachándose para intentar situarse sobre Sakura-... ya te he dicho que odio que me compliquen las cosas, y tú mereces un castigo por hacer mi trabajo un poco más difícil.

Ante la mirada horrorizada de la castaña, cuyos ojos verdes estaban desmesuradamente abiertos, el chico se puso a horcajadas sobre ella para seguidamente inclinarse y besar su cuello con brusquedad.

-¡No! ¡Aparta!-Le rogó la castaña, agitándose bajo él-¡Déjame, por favor! Te prometo que no diré nada. Yo...

-¡Calla!-Le exigió, dándole una sonora bofetada-Yo te diré cuando y para qué tienes que abrir esa boca.

Agarrándole con los hombros con la única intención de alejarlo de ella, apartó la cara cuando el chico quiso besar sus labios, algo que, al parecer, divirtió al susodicho y que le permitió a Sakura observar con desesperación a su alrededor. El descampado estaba desierto y no había nadie que pudiese oír sus gritos de auxilio. Debía salir de eso ella sola. Debía salir de ahí como fuera.

-Será mejor que te quedes quieta, bonita-Le susurró cuando Sakura retomó el forcejeo, lamiéndole la cara-Esto te va a gustar.

Sintiendo como el miedo que la dominaba se había materializado en numerosas y amargas lágrimas que recorrían su rostro, la joven Kinomoto dejó de sujetar al chico con una mano para buscar algo a su alrededor con lo que poder defenderse.

Podía oír la risa divertida de su agresor cerca de su oído derecho, y podía sentir como la áspera mano del susodicho se colaba por debajo de su camiseta para ascender peligrosamente por su cintura hasta sus pechos.

Miedo.

Asco.

Vergüenza.

Esos sólo eran alguno de los tantos sentimientos que la embargaban mientras el chico la mancillaba sin reparar en sus lágrimas o en su oposición.

Pero en mitad de ese pavor y con el instinto de supervivencia que la obligaba a no perder del todo el juicio, siguió tanteando la tierra sobre la cual estaba hasta que sus dedos rozaron lo que parecía ser una piedra de tamaño considerable y que no tardó en sujetar con la mayor firmeza posible.

-Te confesaré algo...-Le susurró, mordiéndole el lóbulo de la oreja-Desde nuestro encuentro en ese callejón, he soñado con hacerte esto.

Aprovechando que su captor había bajado la guardia para quitarle los pantalones, la joven Kinomoto le golpeó con la piedra en la cabeza, lo suficientemente fuerte para que éste se tambalease y se apartase de ella, cayendo a su lado con ambas manos en la cabeza.

-¡Serás zorra!-Bramó, mirándose las manos manchadas de sangre.

Sakura, que a causa de la impresión había tardado en reaccionar, lanzó la piedra y se reincorporó con dificultad, dispuesta a correr tanto como el esguince de su pie le permitiera. Debía aprovechar que su perseguidor estaba mareado a causa del impacto y que, al menos, durante unos minutos no podría seguirla.

Así que con los gritos de alerta por parte del chico como música de fondo, Sakura aceleró el paso ignorando los dolores, su inconstante respiración, su opresión en el pecho y, sobre todo, el miedo que sentía a no salir de esa. El miedo a que su vida acabase en medio de ese descampado y no pudiese volver a ver la sonrisa de Shaoran nunca más.

oOoOoOo

Tras echar una ojeada a ambos retrovisores laterales, puso el intermitente y se situó en el carril de la izquierda para rápidamente retornar al carril del centro, en un adelantamiento brusco y arriesgado.

Debido a la preocupación que sentía por Sakura y el sentimiento de culpabilidad que tenía al saber que, en cierta forma, todo ese embrollo había empezado por su causa, el joven Ichiya había seguido a los tres amigos de la castaña hasta el jardín de la casa de los Kinomoto.

Al principio Tomoyo se había negado. Pero tras sus súplicas y la posibilidad de cubrir mayor terreno, la morena no había tenido más opción que acceder. Especialmente cuando Hiroshi les propuso desplazarse en el coche que había dejado a pocas calles de distancia de la casa.

Ahora, con Hinako como copiloto-ya que la había insistido para que también les acompañase-y los tres amigos en los asientos traseros, Hiroshi aceleró un poco más, sobrepasando sin el menor reparo la velocidad máxima permitida en el casco urbano.

La joven Tsujiai, que por exigencias de Tomoyo había comenzado a contar todo lo ocurrido en los últimos meses, se encogió sobre el asiento, sintiendo como su pecho ascendía y descendía de forma frenética debido a la ansiedad que la dominaba.

-Así que Horton y tú sois primas-Se mofó la joven Daidôji, sentada entre ambos chicos-Debía haber supuesto que tú también estabas implicada.

-Tomoyo...-La reprendió Eriol, haciendo un gesto con la cabeza en dirección a la chica que se sentaba delante de él-No creo que sea el mejor momento.

-¡Me da igual si es mal momento!-Explotó la aludida, indignada-No sabéis lo mal que lo ha pasado Sakura estos últimos meses, ¡y todo por culpa de dos idiotas!

-Tomoyo...

Esta vez fue Khay quien la miró con ojos reprobadores al oír como los sollozos de Hinako incrementaban. Tomoyo, quien en esos instantes no sentía ninguna lástima por esa chica, se cruzó de brazos con indiferencia y miró hacia la ventana.

-No... dejadla-Les suplicó la joven Tsujiai, hipando suavemente-Tiene toda la razón. ¡La culpa es mía! Por permitir que la loca de mi prima se entrometiera y me utilizase como a una marioneta-Añadió-Por dejarme llevar por el miedo y no haber sido capaz de imponerme.

-...-

-Yo... no quería separarles, y menos hacerles daño-Les aseguró,cabizbaja, entrelazando sus manos sobre el regazo-Pero Reika me dijo que sólo alguien más patética que Kinomoto podría perder ante ella. Y yo... yo quería demostrarle a mi prima que no era patética, que era tan buena como ella-Confesó, tosiendo-Así que le mandé una nota de advertencia a vuestra amiga. Simplemente necesitaba que Shaoran la dejase o, a todas las malas, que ella le dejase a él-Suspiró-Pero Kinomoto pareció no inmutarse y con el paso de las semanas, en las cuales yo solía mandarle esporádicas amenazas sin sentido alguno, incluso resultaba evidente que Shaoran y ella estaban más unidos que al principio.

Los dos chicos que iban en el asiento trasero se miraron entre ellos. Ninguno de los dos estaba al corriente de lo ocurrido con Sakura, por lo que resultaba ser toda una sorpresa.

La única que no parecía sorprendida y que tenía su mirada fija en la Presidenta, era Tomoyo, cuyos ojos amatista estaban entrecerrados como si quisiese asegurarse de que la joven Tsujiai contaba toda la verdad.

-Al ver que no había tenido suerte y que mi prima no había dejado de presionarme, la llamé y le dije que estaba saliendo con Shaoran, que él la había dejado por mí-Una triste sonrisa se formó en sus labios- Pero al parecer, y con motivo, no me creyó. Así que a los pocos días ya estaba en Tomoeda con la única intención de verificar mi versión.

-¿Pero desde cuando sabe Reika que era Sakura quien estaba saliendo con Li?-Inquirió Hiroshi, mirando durante unas milésimas de segundo el pálido rostro de la chica-Digo... no me sorprende que viviendo ambas en Tomoeda sospechase que podía haber una posibilidad de que estudiéis en el mismo instituto. ¿Pero como saber que justamente es Sakura quien está saliendo con Li?

Hinako soltó otro suspiro y asintió.

-Eso también es culpa mía-Aclaró, pasándose una mano por su enredado cabello-Lo cierto es que yo sé lo ocurrido en Kôza desde hace años. Al igual que yo sé, desde hace mucho tiempo, que Sakura Kinomoto era una de las tantas víctimas de mi prima-Se mofó, haciendo una mueca-Pero nunca le dije a Reika nada porque pensé que Kinomoto ya había sufrido bastante.

-¿De verdad?-Cuestionó Tomoyo, sarcástica-Pues tienes una forma muy extraña de facilitarle las cosas.

Esta vez serían las tres miradas masculinas en conjunto las que se centrasen en ella con la intención de aplacar su ira. ¿Pero es que a caso estaban ciegos? ¿O es que sólo necesitaban ver a una chica bonita llorar para perdonarle cualquier cosa?

-Pero al día siguiente de besarnos en clase, después de que Shaoran me confesase que le gustaba una chica y que no podía salir conmigo,estaba tan furiosa que cuando mi prima me llamó, aproveché la ocasión para desahogarme-Nuevos sollozos resonaron en el coche e Hinako tuvo que hacer grandes esfuerzos para volver a contenerlos-Y se me escapó el nombre de Kinomoto. Yo no quería, pero... Estaba tan furiosa que...

Tomoyo hizo el ademán de hablar, pero se contuvo sin necesidad de cruzarse con la mirada de alguno de los chicos que las acompañaban.

-Así que cuando vino a Tomoeda para asegurarse que realmente estaba saliendo con Shaoran, probablemente ya estaba pensando en alguna forma de humillar nuevamente a Kinomoto-Supuso, apoyando la cabeza en la ventanilla del coche-Sobre todo porque cuando vio a Shaoran se puso colérica. No podía creerse que un chico tan guapo y atractivo estuviese saliendo con alguien como ella. Según ella, no era algo...-Reflexionó, ida-...natural. Para ella los guapos tiene que estar con los guapos y los mediocres con los mediocres. Si alguno de los mediocres se atreve a intentar romper esta norma, ella cree que están en la obligación de intervenir.

-Menuda estupidez-Comentó Khay, cruzándose de brazos-Además, Sakura está buena. No tiene nada de mediocre.

-Para Reika sí-Intervino Hiroshi, mirando al rubio a través del retrovisor central-Aunque parezca todo lo contrario, desde siempre le ha tenido mucha envidia. Sakura es dulce, extrovertida, es... encantadora, y le cae bien a todo el mundo. Todos la quieren, inclusive yo-Murmuró, consiguiendo que Tomoyo alzase la cabeza con curiosidad-Sin embargo a ella, una vez que la conoces, la desprecias. Quizás es guapa y tiene dinero, pero es soberbia y cruel. Y entre las dos, todos prefieren a la chica aniñada que a aquella a la que sólo llamas cuando tienes ganas de un revolcón.

-En resumen...-Concluyó Eriol, entrelazando sus dedos con los de su novia-A ella la quieren sólo para un rato, a Sakura para toda la vida. Con una te casarías y con otra sólo te darías un revolcón.

-Exacto-Corroboró el joven Ichiya, acelerando nuevamente cuando vio como el semáforo frente a ellos pasaba de verde a amarillo y rápidamente a rojo.

Tomoyo, que ahora observaba a Hiroshi con interés y perspicacia, miró a su novio cuando sintió como Eriol le presionaba la mano entrelazada.

-Llegaremos a tiempo-Le susurró, intentando apaciguar la preocupación y nervios de la chica-Estarán bien. Ya lo verás.

Tomoyo asintió e intentó sonreirle en agradecimiento a sus palabras de aliento, pero sus labios no formaron más que una mueca que denotaba la intranquilidad que la dominaba.

-¿Y qué pasó después de eso?-Preguntó Khay, intentando retomar la conversación-Después de ver a Shaoran con Sakura y comprobar que había roto lo que, según ella, es una ley natural.

-Pues que se decidió a intervenir, arrastrándome a mí con ella-Contestó Hinako, empleando ese tono de voz casi inaudible-A partir de ese instante ella tomó las riendas de la situación. Continuamos mandando amenazas, aunque mucho más fuertes que las mías-Explicó, masajeándose la sien- Se coló en el vestuario de las animadoras tras su entrenamiento y le escribió amenazas en el espejo, mojó su ropa... Y a mí, entre otras cosas, me obligó a colarme en su clase para sustituir un trabajo que sabíamos que debía entregar, por otra amenaza.

-Y no te olvides del asalto que sufrió Sakura el mes pasado-Le recordó Tomoyo, molesta-Cuando le cortasteis el pelo tras someterla en el suelo. ¿Eras tú una de los que la asaltaron?

Hinako, que había apretado fuertemente los puños cuando la joven Daidôji mencionó el incidente, negó con la cabeza, mirando nuevamente por la ventana. Se sentía incapaz de sostener la mirada de alguno de ellos.

-Eran Reika y dos de los tipos que ahora mismo deben estar con ella-Desveló, cerrando los ojos durante unos instantes-Aunque no me creas, yo no sabía nada de eso hasta que Reika me llamó jactándose de lo que le habían hecho y de lo mucho que Kinomoto había suplicado. Fue ahí, precisamente, cuando me di cuenta que esto debía acabar-Recordó, girándose con brusquedad para mirar a los tres amigos-¡Mi prima está loca! No sabéis de lo que es capaz.

-¿Y qué pretende citándola esta tarde?-Le preguntó Eriol, inclinándose un poco hacia delante-Has dicho que a Li le van a hacer pedazos. Quieres decir que Reika no está sola ¿Cierto?

Hinako asintió con la cabeza de forma casi imperceptible, y tras murmurar algo como que su prima era una persona muy impulsiva para predecir sus actos o intenciones, la chica volvió a darse la vuelta, con la mirada fija en el elevalunas.

-Sabes lo que eso significa-Dedujo Khay, rodeando con los brazos el cabezal del asiento del conductor-¿No, Ichiya?

-Sí-Contestó el aludido con determinación, pisando el embrague para meter la quinta y así volver a acelerar-No tenemos tiempo que perder.

oOoOoOo

Siguiendo las indicaciones que el conductor del taxi le había dado poco antes de bajar del automóvil, Shaoran dobló la esquina y continuó corriendo, siendo consciente de su propia fatiga y del suave vaho que salía de su boca causado por la misma, además de por las bajas temperaturas que a esas horas se daban en la ciudad.

Hizo el ademán de comprobar la hora en su reloj de muñeca, pero tras recordar que se lo había dado al conductor como pago por el transporte-había abandonado la casa tan rápido que no había ni si quiera pensado en coger dinero-soltó una maldición y volvió a doblar otra esquina.

El taxista, alegando que esa ruta no estaba en su itinerario, le había dejado a un par de manzanas de la discoteca, por lo que tuvo que detenerse unos instantes para coger aliento y situarse.

-Cuando llegues hasta un escaparate en desuso sobre el cual hay un cartel rojo...-Se dijo, apoyando las manos sobre las rodillas-...sigue un par de metros y metete por el callejón.

-Es un pequeño atajo que te lleva directamente a la discoteca sin tener que recorrer el descampado-Le había dicho el hombre, observando el reloj que el chico acababa de darle-Es bueno ¿Eh?

Dando grandes zancadas, el joven Li no tardó en encontrar el estrecho callejón, decorado con diversos grafitis y palabras mal sonantes.

Sin dudarlo ni un instantes, Shaoran se adentró en ese océano de basura, jeringuillas y colillas con paso firme, aunque no por ello menos ansioso. Ya pasaba más de medio hora de las ocho, lo que significaba que el entrecuesto entre Sakura, Reika y los matones que ésta había contratado, ya debía de haberse producido.

Recorriendo el camino de tierra que finalizaba en el pequeño polígono frente al descampado en el cual se encontraba la discoteca, pudo presenciar la misma desalentadora panorámica con la que Sakura se había encontrado una hora atrás.

Contenedores quemados y caídos, cristales rotos adornando el suelo mitad de tierra mitad asfaltado, basura por doquier... Viendo aquello, resultaba lógico el intenso olor a putrefacción que reinaba en el ambiente.

Pero nada de eso le amedrentó.

Aminorando el paso para poder observar el lugar con la mayor cautela posible, prosiguió la marcha con todos y cada uno de los sentidos en alerta. Debía estar pendiente al menor ruido o movimiento. Y fue precisamente su atención a esos detalles lo que le permitió detectar el eco de dos voces furiosas que discutían en el interior de uno de los locales abandonados del lugar.

Mirando a todos lados para cerciorarse que nadie se había percatado aún de su presencia, Shaoran se dirigió hacia la entrada del local. Local que parecía corresponder a la discoteca en la cual habían citado a la castaña. Algo que pudo confirmar cuando uno de sus pies tropezó con un enorme cartel formado con las letras correspondientes al nombre de la discoteca y que tiempo atrás debieron iluminar la zona con luces de colores.

Agradeciendo que ninguno de los dos sujetos del interior se hubiese percatado del tropiezo debido a la acalorada discusión en la que estaban sumergidos, se detuvo frente a la puerta entreabierta de la discoteca y miró por la rendija.

El interior estaba casi tan oscuro como el polígono en general, por lo que sólo pudo distinguir las siluetas de dos personas gracias al candil encendido que había sobre la barra.

No obstante, pese a que no podía ver sus rostros, si que podía oír con bastante claridad la conversación, la cual, paradójicamente, le tranquilizó sobremanera.

Sakura estaba bien.

-¡Inútiles!-Bramó Reika, paseándose en línea recta y de forma frenética por el lugar-¡Sois unos auténticos inútiles!

-Será mejor que no vuelvas a decir eso-Le advirtió Ooko, agarrándola de la muñeca y presionando con fuerza-Por mucho que nos estés pagando, no voy a permitir que una perra en celo nos insulte.

La joven Horton, que le retaba con la mirada, se soltó con brusquedad del agarre y volvió a girarse, contoneando las caderas a su paso.

-Más os vale atraparla-Murmuró la rubia, apoyándose en una de las mesas-Porque como hable y le diga algo a la policía, yo me lavo las manos.

-¡¿Qué?!-Exclamó el chico, furioso-Tú dijiste que...

-¡Porque ella no tenía que salir de aquí!-Le interrumpió Reika tan enfadada como él,pero con un deje de evidencia que irritó mucho más a su acompañante-Y por culpa de ese imbécil...-Masculló, señalando con desdén el cuerpo inerte de un chico en el que Shaoran no había reparado-...todos mis planes se han ido a la mierda.

Ooku, que observaba también a su compañero inconsciente a causa del golpe recibido por parte de la joven Kinomoto, cogió el cigarrillo que llevaba tras la oreja y se lo llevó a los labios, encendiéndolo nada más sacar el mechero de su bolsillo.

-No te preocupes-La tranquilizó el chico, mucho más sosegado, expulsando el humo por la boca tras la primera calada-La encontrarán.

Pero el fuerte chirrido causado por la desgastada puerta al abrirse, captó tanto su atención como la de Reika, quien observó a los recién llegados con una expresión en el rostro que denotaba claramente su sorpresa.

-Vaya...-Murmuró la rubia, recolocándose su largo cabello de forma mecánica-Que sorpresa tan... agradable.

Sujeto por dos de los secuaces de Ooki, Shaoran se adentró en el local forcejeando con movimientos secos y dificultándoles a sus captores notoriamente las cosas.

¿Cómo no se había dado cuenta de su presencia hasta que se le echaron encima? Probablemente era porque había estado tan absorto en la conversación que estaba teniendo lugar en el interior del local, que había hecho caso omiso al resto de sonidos que le rodeaban.

Descuido que le había costado demasiado caro.

-¡Yeh, jefe!-Llamó uno de los dos chicos que sujetaban a Li-No hemos encontrado a la chica, pero te traemos esto.

-Estaba espiando tras la puerta-Matizó el otro, dándole un codazo al castaño en el estómago cuando este estuvo a punto de escapar-Al parecer los ricos no tienen tan buenos modales como presumen.

-Ya me había dado cuenta-Masculló Ooki, mirando a la rubia de soslayo, para seguidamente acercarse hasta estar a la altura de Shaoran-Pero mirad a quien tenemos aquí. Si es uno de nuestros viejos amigos del callejón.

Shaoran, que hasta el momento no se había detenido a observar a sus captores, abandonó el forcejeo unos instantes para poder escudriñar el marcado rostro del chico tras la nube de humo provocada por el cigarro que bailaba en sus labios.

Los ojos de Li se abrieron desmesuradamente a causa de la sorpresa y Ooki sonrió al confirmar que no era el único que le había reconocido.

-Tú...-Murmuró el castaño, mirando también a sus captores-Vosotros...

-Sí-Terció Ooku, arrogante-Lo cierto es que nuestro encuentro ha sido pura casualidad, ya que no sabíamos que erais vosotros a los que la rubia quería joder, pero no negaré que me alegro que volvamos a encontrarnos-Una mueca se formó en su rostro-Así hoy podremos terminar lo que empezamos hace unos meses.

-Sí-Corroboró el mismo chico que había golpeado a Shaoran en el estómago-Y de paso podré devolverte lo que me hiciste...

Dándole un fuerte golpe en la espalda que lo hizo caer al suelo, el chico se situó de cuclillas a su lado, abriendo la navaja que llevaba en el bolsillo y colocándole la hoja en el cuello.

-Y un poco más...-Se mofó, presionando considerablemente la navaja contra su cuello.

No obstante, nuevamente algo captó la atención de los presentes en el local.

Precedidos por los gritos, las numerosas amenazas, palabrotas y palabras obscenas, el último de los integrantes del grupo de Ooku cruzó la puerta del local, arrastrando a la joven Kinomoto por el suelo, quien apenas ya tenía fuerzas para seguir forcejeando.

Salvo Reika y Shaoran, todos recibieron a los recién llegados con desinterés. La rubia, sin embargo, no pudo evitar curvar sus carnosos labios en una sonrisa mientras el joven Li hacía el ademán de reincorporarse para ir a ayudarla.

-¡Sakura!-Exclamó, recibiendo varias patadas por parte de sus captores-¡Ah!

-¡Shaoran!

La castaña, que no se había percatado de la presencia del chico hasta que este la llamó, intentó acercarse a él con el miedo pintado en su rostro. Pero su propio captor la retuvo agarrándola del pelo que, según sospechaba, ellos mismos le habían cortado.

-¡Oh, que conmovedor!-Se mofó Reika, mirando a ambos castaños con fingida ternura-La parejita feliz vuelve a estar unida. Enternecedor, sin duda.

Siendo consciente que todas las miradas estaban puestas en ella, la joven Horton agitó la cabeza por instinto, acercándose a Sakura hasta quedar a su altura.

-Pero has hecho que me enfade-Le reprochó, pellizcándole con malicia una mejilla-Creía haberte dicho que vinieras sola.

-No soy yo quien ha traído más invitados de la cuenta-Contestó Sakura, retándola con la mirada-Pero bien, si tanto te molesta...-Alzó un poco más el mentón con la intención de no demostrar lo intimidada que estaba-... deja que se marche. Él no tiene nada que ver con esto.

Shaoran, quien tenía parte del rostro presionado contra el suelo debido a la fuerza que uno de ellos hacía sobre su cabeza, levantó ligeramente la mirada y miró a la castaña con sorpresa. ¿Qué pretendía? Por mucho que quisiese alejarlo de allí, no pensaba marcharse sin ella. No se quedaría al margen. No de nuevo.

Pero por mucho que esos no hubiesen sido las intenciones de Li, Reika no estaba dispuesta a dejarlo marchar. Si bien no había planeado que Shaoran participase tan activamente en su pequeña reorganización de las cosas, no significaba que no fuese a sacarle partido.

Quizás incluso, si cambiaban las tornas y modificaba un poco el plan original, podría hacer entrar a Sakura finalmente en razón.

"Te lo dije una vez, Sa-ku-ra" Pensó con regocijo "Eres lo que eres, y no puedes aspirar a más"

-¡Oh, te equivocas!-La corrigió la rubia alegremente, encaminándose hacia el castaño-Claro que tiene que ver con esto. Tú le has involucrado-Sonrió, colocándose de cuclillas para poder acariciarle el rostro al chino-Esto no habría pasado si tú hubieses respetado las normas ¡Y mira que te lo advertí!

Shaoran, aun aprisionado por ambos gorilas-uno de ellos sentado sobre su espalda-intentó eludir la mano de la chica apartando el rostro, pero Reika no se lo permitió.

-Tú perteneces a otra clase social distinta a la mía y tienes que aceptarlo-Le exigió, aunque empleando ese tono de voz de falsa dulzura-No eres lo suficientemente buena, aunque si bastante ilusa si en algún momento has pensado que podrías cambiar las cosas.

-...-

-Y ahora por tu culpa, él está aquí-Reiteró con un deje lastimero a la par que acariciaba la parte de espalda del castaño que estaba a su alcance-Poniendo en riesgo su seguridad por no haber sido capaz de aceptar tus limitaciones. Aprovechándote de sus más bajos instintos para seducirle, confundirle-Sus palabras ya no eran más que murmullos apenas audibles, cavilaciones más para ella que para los demás-Pobre...

El grupo de Ooku, conscientes de que debían mantenerse al margen en ese momento, se miraron entre ellos entre escépticos, confundidos y divertidos. Esa chica estaba realmente loca. No sabían a que venía todo ese sermón, pero desde luego, si de algo estaban seguros, era que ese chico no era pobre en ninguno de los sentidos, y mucho menos estaba confundido. Si era cierto que le consideraban un idiota por jugarse el cuello para salvar a la castaña, pero había ido ahí siendo plenamente consciente de ello.

Sakura, que durante unos instantes reflexionó sobre las palabras de la rubia, apartó la mirada y cerró los ojos, sintiéndose realmente culpable de que el chico estuviese allí.

Si bien no estaba de acuerdo con los argumentos de Reika, había algo en lo que sí tenía razón. Fuera cual fuese el motivo, ella era la única culpable de que Shaoran estuviese allí en esos momentos. No había sido capaz de sobrellevar la situación correctamente. Nuevamente había involucrado a terceros en sus asuntos. Y esa vez los había involucrado para poner su seguridad en juego.

Intentando aplacar la opresión de su pecho y que precedía al llanto, apretó los ojos con fuerza con la intención de controlar la respiración.

No era momento de llorar. Debía pensar algo para salir de allí cuanto antes. ¿Pero qué?

Shaoran, que había buscado la mirada de su novia sin demasiado éxito, soltó una maldición para sí y escudriñó la habitación, analizando el lugar y su situación. Una situación claramente desfavorable para ellos.

Cuatro chicos corpulentos, con navajas y cadenas, y uno inconsciente en un rincón, haciéndole suponer que de momento parecía que no les daría demasiados problemas. Dos de ellos sujetándole a él mismo-uno sentado sobre su espalda y el otro sujetándole las piernas con las suyas propias-otro agarrando a Sakura, y el último-el cabecilla de todos ellos-sentado sobre una mesa a pocos metros de él.

"Cuatro oponentes contra uno"Una imperceptible sonrisa sarcástica se formó en sus labios "Por muy bueno que sea en los combates cuerpo a cuerpo, la desventaja es evidente"

Y todo eso si no contaba a la chica: Reika. No es que tuviese reparos en darle un codazo si se le presentaba la oportunidad, pero no creía que ella fuese el mayor de sus problemas en ese momento. Aunque quizás...

-Pero no te preocupes...-Musitó la joven Horton, apacible, obligando a Shaoran a alzar el rostro lo suficiente para acariciarle los labios con la yema de los dedos-...yo te ayudaré a disipar esa confusión-Añadió, mirándole a los ojos-Te traeré de vuelta a la realidad. A nuestra realidad.

-¿Lo harás?-Cuestionó Shaoran, suplicante, manteniendo el contacto visual como si estuviese hipnotizado-Yo me he dejado confundir por ella y...

-Shhh...No digas nada-Le interrumpió, presionando con su dedo índice los entreabiertos labios del castaño-Ya lo sé.

Dejándose llevar por la armonía y la satisfacción que sólo había palpado en sus sueños, la joven Horton se inclinó sobre Shaoran y le besó, haciendo un gesto con la mano para que los dos chicos que sujetaban a Li le soltasen.

Lo cierto es que la sumisión del chino la había sorprendido, pero se había dejado cautivar por esos ojos y había bajado la guardia.

Su plan original había sido sustituido por otro nada más comprender que agredir a Li era la mejor forma de hacer sufrir a la castaña. Pero ahora que Shaoran había entrado nuevamente en razón y se había decantado por ella frente a Sakura, no era necesario golpear al chino para herir a la joven Kinomoto. Bastaba con demostrarle, nuevamente, que contra ella no tenía nada que hacer.

Hiroshi Ichiya la había preferido.

Shaoran Li también.

Además, el castaño le gustaba. Era atractivo y esa mirada soberbia le encantaba, por lo que no pensaba hacer nada contra su inminente compañero de juegos.

Todos observaban la escena atónitos, ya que en ningún momento habían previsto que la situación pudiese dar un giro tan radical. Sin embargo, nadie observaba la escena con tanta sorpresa como Sakura.

Las palabras de Shaoran habían sido como puñales clavados en el corazón y que habían profundizado la herida cuando comprobó como Li correspondía al beso de Reika casi con el mismo ímpetu que la rubia.

Sintió como un fuerte nudo se formaba tanto en su estómago como en su garganta. Las ganas de llorar que había estado conteniendo tras las palabras de Reika, comenzaron a hacerse visibles cuando sus ojos verdes se volvieron más cristalinos, dificultándole la visión. A su vez, la opresión en el pecho le dificultaba notoriamente la respiración, volviéndola inconstante y agitada, como si llevase horas corriendo.

El ver a Shaoran besar a otra chica era horrible y sumamente doloroso. No quería que el arrogante y molesto de Li besase a otra. Y mucho menos a Reika, aunque no tardó en sospechar porque lo hacía.

Shaoran, que no había cerrado los ojos al contrario de lo que hacía siempre cuando besaba a la joven Kinomoto, permitió que Reika profundizara el beso mientras poco a poco ambos se iban reincorporando. Podía sentir como las expertas manos de la rubia se introducían por debajo de su chaqueta y camiseta para acariciar su pecho, mientras su lengua buscaba la de él para enroscarse como una serpiente alrededor de su presa.

No obstante, esa distracción y el inexplicable brote de pasión que parecía haberle dominado a él también, le permitió alejarse un poco de los dos chicos que le habían sujetado, y acercarse lo suficientemente a Sakura para advertirle con la mirada que estuviese preparada.

Podía oír los silbidos y los comentarios groseros por parte de los cuatro matones, dándole la señal que necesitaba para proseguir con su desesperado plan de huida.

Ascendiendo peligrosamente por su espalda hasta sus delgados brazos, Shaoran sujetó a la chica con ambas manos para seguidamente lanzarla contra aquél que retenía a Sakura y que, a causa del espectáculo, estaba ejerciendo mucha menos fuerza sobre ella.

Dejándose llevar por los reflejos, el captor de Sakura soltó a la joven para coger a la rubia, a la par que Shaoran corría hacia la castaña y de un tirón la situaba tras él.

Había sido todo tan rápido y espontáneo que ninguno de los presentes pareció ser plenamente consciente de ello, por lo que tardaron en reaccionar y en comprender que el chino se había valido de cada uno de ellos para poner a Sakura bajo su protección.

Con las manos extendidas en cruz y la respiración ligeramente entrecortada por la ansiedad y la ausencia de aire durante el beso, Shaoran pasó su mirada de unos a otros, comprendiendo que era cuestión de tiempo que volvieran a estar a su merced. Debían ser rápidos si querían llegar hasta la salida y huir a través del descampado.

-¡Aparta!-Bramó Reika, deshaciéndose de las manos de aquél que había amortiguado su caída, para seguidamente centrar su ira en la pareja de castaños-¿Se puede saber que estás haciendo? ¡Es una... niña mediocre!-Se indignó, señalando a Sakura con desdén-¡No puedes irte con ella! ¡No te merece!

-¿Eso crees?-Cuestionó Shaoran, sarcástico-Porque no eres nadie para decir eso. Además, en todo caso...-añadió, apretando los puños- soy yo quien no la merece.

-Shaoran...

La joven Kinomoto, que tenía sujeto al chino por la camisa, abrió los ojos desmesuradamente a causa de la sorpresa, pegándose un poco más contra su espalda. Incluso en esa situación, las palabras de su novio la habían llenado de un cálido regocijo que se había extendido por todo su cuerpo, sembrando algunas dudas a su paso también.

-Y para que lo sepas, todo lo que has dicho de la jerarquía y demás, me parece una mierda-Le aseguró, mirándola con arrogancia-Para empezar, a las personas no puedes catalogarlas. Y en el caso de que lo hicieses, no las puedes clasificar ni por su físico ni por el dinero que tengan. Yo he conocido a personas que no tienen un físico increíble, pero que son mejores que muchos guapos y con dinero. Es más... -Añadió, dejándose llevar por la indignación que sentía-... yo tuve una novia hace unos años que la mayoría de los chicos no considerarían demasiado atractiva, pero que para mí ha sido y será una de las personas más increíbles que he conocido. Mucho mejor que tú o yo.

Sakura alzó la mirada para observar al joven con la sorpresa aún manifestada en su rostro. Shaoran tenía la mirada fija en Reika, por lo que no se percató de las numerosas dudas que en esos instantes volvían a asaltar a la castaña.

¿Sería la chica de la foto de quien estaba hablando?

La joven Horton, que estaba incluso más sorprendida que Sakura, abrió y cerró la boca un par de veces antes de chasquear la lengua y mirar a la otra chica con rencor.

-Definitivamente Sakura ha hecho un buen trabajo contigo-Musitó Reika, masajeándose la sien-Te ha lavado el cerebro. Te ha confundido.

Como era de esperar, para la joven Horton la culpa de que todo no saliese según sus planes era de Sakura.

Siempre Sakura.

-No-Reiteró Shaoran, barajando nuevamente sus posibilidades de huida-La única confundida aquí eres tú.

Miró la hora con disimulo en el reloj de muñeca de su novia e intentó divisar la salida sin que ninguno de los presentes se percatase de ello. Había intentado darle conversación con la única intención de ganar tiempo, pero Reika comenzaba a desesperarse y Hiiragizawa y los otros aún no habían llegado.

-¡Cállate!-Le exigió la rubia, apretando los puños con fuerza y mirando a la pareja con desprecio-Ya he sido demasiado benevolente con vosotros. Si no quieres recapacitar por las buenas...-Le amenazó, dándose la vuelta-... lo harás por las malas.

Haciendo una señal con la manos para advertirle a Ooku que era su turno, Reika se sentó sobre una mesa, dejando lo que era la pista de baile libre.

Ooku, quien de momento prefería continuar disfrutando del espectáculo, hizo un ademán con la cabeza en dirección a la pareja dando una orden silenciosa que sus subordinados no tardaron en acatar.

Por fin iban a demostrar que hacían ellos allí.

-Empezad con él-Les ordenó Reika sin la menor compasión. Una sonrisa se formó en su rostro-Quiero que ella vea las consecuencias de su ingenuidad.

Los dos chicos que antes habían retenido a Li, asintieron con la cabeza, acercándose con tranquilidad y gestos amenazantes a la pareja.

Shaoran, que había hecho retroceder a Sakura el máximo posible, le exigió que permaneciese tras él, y ella asintió.

-Tranquila-Le susurró Li, haciendo un amago de sonrisa con la única intención de apaciguarla-Saldremos de esta.

Lo cierto era que la seguridad que le transmitía el castaño la reconfortaba, pero no lo suficiente para que el miedo a lo que estaba por llegar no se manifestase en su cara. Temía por ella, pero especialmente por él. No podía permitir que a Shaoran le pasase algo. No, no lo consentiría.

-No te preocupes, niño rico-Se mofó uno de los matones, curvando sus labios en un intento de sonrisa que tenía mucha más similitud con una mueca sarcástica-Te dejaré lo suficientemente reconocible para que tu madre no tenga dudas.

oOoOoOo

Habían dejado el coche a la entrada del polígono y ambas chicas esperaban pacientemente en el interior mientras los tres chicos acortaban a gran velocidad la distancia que les separaba del abandonado local.

Sus corazones latían desbocados cuando lograron llegar hasta la entrada de la discoteca Media Noche. Una de las hojas de la puerta estaba abierta de par en par, por lo que la ruidosa pelea que estaba teniendo lugar en su interior, no tardó en envolverles, incrementando la adrenalina que sentían y haciendo burbujear la ira con la que habían llegado hasta ahí.

Pudieron ver desde la entrada como Shaoran golpeaba a uno de los tipos, para seguidamente esquivar el golpe de otro y darle un rodillazo en el estómago que probablemente le dejarían sin respiración durante unas milésimas de segundo.

No obstante, aunque eran evidentes las habilidades de Li y la entereza con la que se defendía, estaba en clara desventaja y los matones no tardaron en aprovechar eso para atacarle desde tres ángulos distintos y lanzarle contra un grupo de mesas que había en uno de los extremos.

Sakura, quien estaba siendo retenida por el más alto y corpulento de los cuatro en activo, gritó e intentó correr a socorrer a su novio. Pero Ooku volvió a ejercer más fuerza sobre ella-mucha más de la que hubiese tenido que emplear para retener a cualquier otra chica-impidiéndole moverse.

Eriol, que había buscado la mirada de sus dos acompañantes para darles a entender que iba a entrar, no pudo evitar mostrar una media sonrisa cuando el joven Serizawa se agachó para coger una cadena metálica que había oculta entre los cartones, y que sin duda era la misma que esos tipos habían forzado para entrar a la discoteca deshabilitada.

-Voy a sacarle mucho partido-Comentó Khay, balanceando la cadena.

Y tras una última mirada de complicidad, los tres chicos se adentraron en el local, dirigiéndose cada uno de ellos hacia los tres secuaces que en esos momentos se inclinaban sobre el exhausto castaño.

-Hiiragizawa... Khay...-Murmuró Shaoran, limpiándose el pequeño hilo de sangre que emanaba de su boca. Una ligera sonrisa se formó en sus labios-Os lo habéis tomado con calma ¿Eh?

-Ha sido culpa de Serizawa-Bromeó Eriol, esquivando el golpe de su ahora oponente-Ya le conoces, quería hacer una entrada triunfal.

Li amplió un poco más su sonrisa y se reincorporó con dificultad, buscando a Sakura con la mirada. Había estado tan enfrascado en la pelea que durante unos instantes había perdido de vista el paradero de la chica.

Sintiendo como e corazón se encogía cuando sus ojos se detuvieron en el pálido rostro de su novia, saltó varias mesas y se acercó a ella y a Ooku, quien se había apoderado de la navaja de su cómplice para poder presionar con ella el cuello de Sakura.

-Vaya, veo que el otro guapito también está aquí-Comentó Ooku, refiriéndose sin lugar a dudas a Eriol-Es una lástima que Shiota siga inconsciente. Le tenía muchas ganas a vuestro amigo. Claro que no tanto como a tu chica-Matizó, mordiéndole el lóbulo de la oreja a la castaña-Y claro que no en el mismo sentido, ya me entiendes.

Sin dejar de presionar la hoja de la navaja contra el cuello de Sakura, Ooku soltó una estridente carcajada que atrajo durante unos instantes la atención de todos los presentes.

Sintiendo la garganta seca, intentó tragar la saliva inexistente intentando no dejarse opacar por el miedo a que a Sakura le ocurriese algo. La situación era sumamente delicada, y un movimiento en falso podía hacer que la chica saliese gravemente perjudicada.

Comprobando por el rabillo del ojo que sus amigos -e Hiroshi- habían retomado la pelea, proporcionándole así cierta libertar para centrarse únicamente en el captor de Sakura, apretó los puños con fuerza y buscó la mirada de Ooku.

-¿Estás asustado?-Inquirió el chico, mirando a Shaoran con diversión-¿Te preocupa lo que pueda hacerle a tu pequeña furcia?

Shaoran se tensó ante la grosera mención de la castaña, sintiendo como la ira comenzaba a cegarlo y como las uñas se clavaban en las palmas de sus puños fuertemente apretados.

Ooku volvió a reír.

-Sí, te preocupa-Afirmó, bajando la mirada con molestia cuando Sakura volvió a intentar deshacerse del fuerte agarre del chico-Te he dicho que te estés quieta. A no ser...-Le susurró, presionando la navaja un poco más contra su cuello hasta que comenzaron a aparecer unas líneas rojizas-...que quieras que terminemos pronto con esto.

Unas esporádicas lágrimas surcaron de forma silenciosa el rostro de la joven Kinomoto cuando ésta negó con la cabeza para darle a entender que no volvería a intentar escapar. El pequeño rasguño de su cuello sólo era una prueba de lo que podría venir después, pero no por ello era menos doloroso.

-Déjala-Le pidió Shaoran, suplicante, con un deje de dolor en la voz-Esto es algo entre tú y yo, y consideraba que tenías muchas más agallas. No te escondas tras una chica.

Ambos castaños pudieron percibir como Ooki apretaba la mandíbula a la par que entrecerraba los ojos furioso por el comentario, considerado por él como un golpe bajo contra su orgullo y masculinidad.

Ahora sí que estaba enfadado.

No pensaba permitir que le tachasen de cobarde. Pero tampoco estaba dispuesto a ceder a los chantajes del chino, porque lo sabía, sabía que no era más que una táctica para poner a Sakura a salvo.

Siendo consciente que Shaoran no podía hacer por ella -sin ponerla aún más en peligro- más de lo había hecho hasta ahora, intentó ignorar el dolor de su tobillo malherido y concentró todas sus energías en el otro pie.

Aprovechando que Ooku había dejado de ejercer tanta fuerza sobre ella al estar más centrado en el comentario de Shaoran y en su propia ira, le agarró el brazo con el que sostenía la navaja y le obligó a levantarlo a la par que le daba un buen pisotón en el pie derecho.

Lo que ocurrió seguidamente pasó tan rápido que Sakura no fue consciente de que Shaoran había saltado sobre Ooku hasta que la navaja voló lejos de ellos y vio como su novio- a horcajadas sobre su oponente-le golpeaba con insistencia. Li había aprovechado la confusión de Ooku para abordarle y ahora le tocaba a ella reaccionar y hacer lo más sensato: Llamar a la Policía.

Palpándose con desesperación su propio cuerpo, comprobó con horror que había extraviado su teléfono móvil. Probablemente habría caído de su bolsillo cuando corría por el descampado. Así que con la mayor rapidez que la circunstancias le permitían, se dirigió hacia la salida, abandonando el local para sumergirse en la oscura noche y en el peligroso descampado.

oOoOoOo

Sintió un profundo alivio al confirmar que la joven Kinomoto había seguido sus silenciosas intenciones abandonando el local y, por lo tanto, permitiéndole por primera vez en todo ese tiempo centrarse completamente en la pelea. Ahora que no debía preocuparse por la seguridad de Sakura, pensaba hacerles pagar a todos y cada uno de ellos el miedo que le habían hecho sentir a su novia y a él mismo, cuando la navaja rozaba ese blanquecino cuello que tantas veces había besado en la intimidad.

Con el robusto cuerpo de Ooku aún bajo él, le golpeó nuevamente en el rostro, ya con el puño salpicado por la sangre que emanaba de la boca de su oponente.

Él no era una persona violenta, pero era capaz de hacer cualquier cosa por una persona querida, y mucho más si se trataba de Sakura. Porque Sakura lo era todo. Lo era todo para él. Era su mundo. Su universo. El único motivo por el que tenía ganas de levantarse todas las mañanas, de sonreír.

En ese momento, y en mitad de un enfrentamiento en el cual sólo se oían sonoros golpes, quejidos y palabras malsonantes, se dio cuenta que estaba enamorado. Enamorado de esa chica aniñada que meses atrás le había recibido con una pancarta en el aeropuerto y que tantos dolores de cabeza le había causado. De esa chica que con sus protestas y permanentes sonrisas le habían devuelto a la vida. Una vida que realmente merecía la pena.

Enamorado.

Sí, lo estaba. Y de ella.

Devolviéndolo a la realidad de la que se había ausentado unas milésimas de segundo, pero que habían sido suficientes para comprender cuanto habían cambiado las cosas en tan poco tiempo, la joven Daidôji entró en el local armada con una llave inglesa que había cogido rebuscando en el maletero de Hiroshi.

Deteniéndose unos instantes en la entrada para recorrer el local con la mirada, dio por finalizado su escudriño cuando sus ojos amatista localizaron al joven Hiiragizawa y a su oponente a unos cuantos metros de ella.

-¡Suelta a mi novio!-Le ordenó Tomoyo, intentando golpear a aquél que había acorralado a Eriol contra la pared.

Afortunadamente para ambos chicos, la morena no gozaba de una buena puntería por lo que los dos se libraron del golpe que habría recibido también Eriol si el otro chico lo hubiese evitado.

El agresor, que no se esperaba una intervención como aquella, soltó a Hiiragizawa de improvisto y se hizo a un lado, atento a cualquier movimiento que la chica de la llave inglesa pudiera hacer. Quizás no tuviese muy buena puntería y no acertase con los golpes, pero la determinación y furia de su mirada, le daba a entender que golpearía el aire las veces necesarias hasta que su cabeza se interpusiese en su camino.

-¿Qué haces aquí?-Bramó Eriol, exhausto, haciéndola a un lado con la mano-Te dije que te quedases en el coche.

-Y mi madre me ha dicho que no me acueste contigo-Se mofó la morena, sarcástica-Y para tu beneficio tampoco le hago caso.

Curvando sus labios en una media sonrisa que no creía que fuese capaz de formar en esas circunstancias, aceptó la llave inglesa que su novia le ofrecía para seguidamente retomar su enfrentamiento con su oponente.

-Vuelve al coche-Le pidió, mirándola de soslayo-Por favor.

Pero por mucho que fuese consciente de la súplica en sus ojos, ella había acudido a ese sitio con un motivo: Encontrar a Sakura; y no pensaba irse de ahí sin ella.

Siendo consciente que en la pelea no era de mucha ayuda, miró el reloj de pulsera una vez más y se mordió el labio inferior intentando alejarse de la pista de baila para buscar a Sakura con la mirada.

Esquivando por los pelos un taburete que uno de los tipos había lanzado en dirección a Hiroshi, pasó por delante de una de las tantas columnas sin saber que alguien se ocultaba tras ella.

Conteniendo un grito de pavor cuando un sonoro golpe logró sobresaltada, Tomoyo comprobó con inquietud que la causa de ese ruido había sido el choque del cuerpo de Khay contra la barra de la discoteca. Impacto que había provocado que el candil que iluminaba el lugar volcase, rodase un par de centímetros hasta el ovalado borde y cayese al suelo, dando por finalizado con ello el suave e hipnotizarte bailoteo de las llamas, y llevando al lugar a una absoluta oscuridad.

Deteniéndose por instinto, miró hacia todos lados de forma frenética a la espera que su ojos se adaptasen a la falta de luz para poder distinguir aunque sea vagas siluetas en la oscuridad.

Pero no fue necesario esperar a que su visión fuera más nítida para saber que alguien se encontraba tras ellas.

Exhalando sorprendida a causa del frío contacto, sintió como su corazón se aceleraba cuando un fuerte y peludo brazo rodeó su cuello cortándole la respiración. Presa del agobio, intentó deshacerse del brazo con ambas manos sin mucho éxito. Su captor la había presionado con mayor fuerza como respuesta a sus intentos de huida y la falta de oxígeno había comenzado a provocar que sintiese un ligero mareo y viese pequeños puntitos de colores en la nada.

Shiota, que había recuperado la consciencia minutos atrás y que se había mantenido al margen de la pelea hasta encontrarse medianamente bien, dejó de estrangular a la morena cuando sintió como su cuerpo se relajaba. La oyó toser sonoramente tras eso y no pudo evitar curvar sus labios en una amplia sonrisa. Su vida había estado en sus manos y eso le hacía sentir superior. Poderoso.

Podía oír golpes y exclamaciones que provenían de todas partes pero que en esa oscuridad era imposible distinguir. Era consciente que la negrura del lugar había inquietado a todos, por lo que le produjo un absoluto regocijo comprobar que en esos momentos él era el único que controlaba la situación.

Sacando el mechero que llevaba en el bolsillo izquierdo de su chaqueta de cuero, lo encendió con lentitud para comprobar con mayor satisfacción incluso, que ahora todas las miradas estaban centradas en ese punto. En la luz anaranjada producida por la combustión que tenía lugar en el interior del mechero, en su rostro y en el de la chica que tenía como rehén.

-¡Tomoyo!

El grito desgarrador de Eriol resonó en el local repetidas veces hasta volverse un eco apenas audible debido a las sonoras carcajadas de Shiota. Al parecer el captor de la chica le había reconocido, logrando con ello que el juego en el que se había involucrado tras una sueño forzado, fuera mucho más interesante.

-¡Oh! ¿Pero a quien tenemos aquí?-Se mofó Shiota, cuyos ojos estaban fijos en la silueta de Eriol-El niñito rico que creyó vencerme en el callejón. Yo diría que ahora han cambiado las tornas. Puedo vencerte sin ni si quiera mancharme las manos-Sonrió, presionando el cuello de Tomoyo-Sólo tengo que apretar un poco más y te quedarás sin novia. Una pena, la verdad. Los ricos tenéis buen gusto con las chicas.

-¡Suéltala!-Le exigió Khay, soltando un quejido a causa del dolor que sentía en un costado-Si no yo...

-No, Serizawa-Le detuvo Eriol, manteniendo el contacto visual con Shiota y, por la tanto, sin ser consciente donde se encontraba el rubio en realidad-No hagas nada estúpido.

-Pero...

-Podrías dañar a Tomoyo-Le advirtió, cortante, dirigiéndose seguidamente a Shiota-¿Qué es lo que quieres?

El aludido hizo una mueca desinteresada, dándole un aspecto aún más horrendo al que tenía debido a la sangre reseca que manchaba su rostro.

-En primer lugar que tu amiguito suelte a Ooku-Sentenció, haciendo un ademán con la cabeza en dirección a Shaoran-Y después... quiero que os pongáis todos en el centro y os arrodilléis con las manos tras la cabeza.

-¡Serás cabrón!-Protestó Khay, indignado-¡No pensamos hacer eso!

Pero antes de que el joven Serizawa pudiese concluir con sus réplicas, Shaoran soltó a Ooku tras intercambiar una rápida mirada con Eriol.

Ooku se fue reincorporando lentamente, mirando de forma despectiva al chino y escupiendo la sangre coagulada de su boca.

Shaoran le retó con la mirada cuando éste le hizo un gesto con la mano como advertencia de lo que pensaba hacerle, antes de imitar al joven Hiiragizawa y colocarse de rodillas en el centro de la pista, llevándose las manos tras la cabeza.

-¡¿Pero qué hacéis?!-Exclamó Khay, atónito, cuando Hiroshi imitó a los otros dos-¡No podemos hacerle caso! ¡Le harán daño de todas formas y a nosotros también!

-Serizawa...-Le advirtió Eriol, situado delante de él-No me hagas obligarte a hacerlo.

-Pues no te va a quedar otra...-Se mofó Khay, cruzándose de brazos-No pienso hacerle caso a un cabrón como ese.

Shiota frunció el entrecejo divertido y sonrió cuando vio como la silueta del joven Hiiragizawa se reincorporaba lentamente sin dejar de mirar el suelo, y con los puños fuertemente apretados.

-Serizawa...

Arrastrando cada una de las sílabas que formaban el apellido del chico, Eriol se giró con brusquedad valiéndose de la voz del rubio para situarlo en la negrura, y le golpeó en la mandíbula con fuerza.

-Te lo advertí-Le recordó el de gafas, cuando debido a la fuerza del golpe Khay perdió el equilibrio, cayendo al suelo-Por las buenas o por las malas te pondré de rodillas.

Recobrando la ira que la sorpresa había aplacado durante unos segundos, el joven Serizawa se levantó, lanzándose sobre Eriol nada más hacerlo, involucrándose en una pelea de una brutalidad similar a la que habían tenido con sus anteriores oponentes.

Los cuerpos ágiles y rápidos de ambos chicos no eran más que siluetas que bailaban en la oscuridad y que exhalaban por la boca debido al agotamiento físico al que los golpes que daban y esquivaban les estaban llevando.

Shiota, quien aún sujetaba a Tomoyo por el cuello mientras mantenía el mechero encendido, soltó otra suave carcajada antes de inclinarse sobre la chica para susurrar:

-Tus amiguitos son tan divertidos como idiotas. Anda que ponerse a pelear en estos momentos...

No obstante, dos ráfagas de luz azulada -que entraban por la puerta abierta de la discoteca- y el sonido de la sirena de policía, captó la atención de Shiota y el resto de los presentes.

-¿Y no has pensado que, quizás, lo único que estaban haciendo era distraeros?-Propuso, calmada-Antes de entrar he llamado a la Policía. Ellos lo sabían.

Tomoyo sintió como Shiota se tensaba y como su respiración se hacía más discontinua a la par que aceleraban los latidos de su corazón. Había soltado el mechero a causa de la sorpresa y posiblemente al espanto que en esos momentos debía sentir.

Todo había acabado.

-Lo siento-Se disculpó Tomoyo, mientras sus labios se curvaban en una amplia sonrisa-Pero esta no es una falsa alarma. Os han pillado.

oOoOoOo

Lo cierto era que no se había percatado de la ausencia de Reika hasta que la divisó huyendo del local a través del descampado. Probablemente en el mismo instante en el que Eriol y los demás habían hecho acto de presencia, la joven Horton debía haberse escabullido aprovechando el fervor y desconcierto que provocaba la pelea. Al parecer, con la intervención de los amigos de la pareja, la rubia ya no tenía tan clara su victoria y había preferido huir y asegurar el máximo posible su imagen e implicación en los hechos.

Pero Sakura ya no era la misma chica de hacía tres años. Ya no eran suficientes palabras hirientes y acertadas para intimidarla. Ahora era fuerte y capaz, capaz de enfrentarse al pasado, presente y futuro. Porque Shaoran le había dado fuerza, la había hecho fuerte. Porque él estaba a su lado.

Acelerando el paso lo máximo que su pie adolorido le permitía, había logrado ponerse a la altura de Reika, quien había intentado eludirla echando a correr. No obstante, un oportuno comentario por parte de la castaña había sido más que suficiente para obligarla a detenerse. Para obligarla a darse la vuelta y enfrentarla.

Ahora, años después de lo ocurrido en Kôza, tenía la oportunidad de enfrentarse y superar-definitivamente-su pasado. Ahora podría enfrentarse a aquella persona que había logrado que dejase de creer en si misma, que se sintiese inferior a los demás. Incapaz. Ahora tendría la oportunidad de enfrentar a esa chica arrogante que había marcado su adolescencia.

-Huyes-Se mofó Sakura, quieta y cruzada de brazos-Estás huyendo. Alguien tan maravillosa y especial como tú está huyendo, comportándose como una cobarde. ¿Así que eso es lo que se supone que sois los guapos y ricos como tú? ¿Cobardes?-Inquirió, alzando el mentón-¿Se supone que es esto a lo que, según tú, aspiro a ser y que nunca conseguiré? Ya que en ese caso...-Sonrió, llevándose ambas manos a las caderas-Prefiero ser mediocre e idiota que una cobarde sin escrúpulos.

-¿Cómo te atreves?-Bramó Reika, mirándola con un profundo odio-¿Tú, que no eres nadie, te atreves a decirme eso?

-Y si quieres te lo repito-La retó, acercándose un poco más a ella-Porque yo no necesito dos gorilas detrás mío para enfrentarme a nadie.

-¿Qué estás insinuando?-Cuestionó, acercándose peligrosamente a ella, con la mano levantada-¿Debo recordarte que eras tú precisamente quien lloraba y suplicaba tirada en el suelo? ¡Debería haberte cortado la lengua además del pelo ese día!

Sakura, que la había cogido del brazo cuando la rubia hizo el ademán de golpearla, sonrió tristemente y alzó el rostro hasta su sus ojos verdes se encontraron con los de ella.

-Así que sí eras tú la que me agredió en el instituto ¿Eh? -Dedujo, negando con la cabeza- Dos de tus gorilas y tú. Lo suponía, aunque sigo sin comprender que pretendías con todo eso. ¿Para qué me has citado aquí? ¿Por qué me has hecho todo esto?

-Porque te odio-Contestó Reika, mordaz, deshaciéndose de la mano de la castaña que la sujetaba-Porque eres la persona a la que más detesto en este mundo.

La joven Kinomoto abrió los ojos desmesuradamente a causa de la sorpresa que tras las palabras de la chica la embargo. No es que la asombrara el hecho de que Reika la estimase tan poco, sino que lo hubiese reconocido tan abiertamente. Algo que, probablemente, tenía que ver con la excitación que la dominaba.

-Eres torpe, despistada, aniñada, ¡Tonta! y físicamente no eres gran cosa-Le espectó la joven Horton, moviendo las manos de un lado a otro con desesperación- Yo por el contrario soy perfecta, capaz de captar la atención de un hombre con una mirada. ¡Pero aún así todos te prefieren! ¡Todos! Empezando por tu novio chino a ese imbécil de Ichiya.

-¿Cómo?

-No sé lo que pretendía atrayéndote aquí-Confesó, alterada-Pero lo único que tenía claro es que iba a hacer algo para que tu novio y tus amigos dejasen de quererte. Y es lo que le dije a Ooku, que hiciesen lo que quisiesen contigo. ¡Sólo quería que sufrieses!

Sakura, que no se creía capaz de mover ni un sólo músculo, comprobó con una fuerte opresión en el pecho que le causaba unas intensas punzadas de dolor en el corazón, como las mejillas de Reika eran recorridas con gruesas lágrimas de frustración y dolor.

Era la primera vez que veía a la joven Horton llorar. Pero sabía que ella no lloraba por los daños irreparables que ese grupo de matones podía haberle hecho a la castaña, sino por los celos que la corroían por dentro y que la habían hecho infeliz toda su vida.

-Y lo has conseguido. Desde la noche en la que me humillaste en la playa, lo he pasado muy mal-Admitió Sakura, seria-He llorado, me he sentido inferior, he dudado de mis propias decisiones, de mi misma... Pero ahora que te veo, creo que eres tú la que lo ha pasado peor de las dos, porque al menos yo he tenido momentos en los que he sido muy feliz. Pero tú, por culpa de tu envidia, has sido incapaz de conocer la felicidad-Murmuró-Has estado tan preocupada por lo que tenían otros, que no has sido capaz de valorar lo que tenías tú. Por eso estás sola, porque aunque tienes cualidades que yo no tengo, no eres capaz de apreciarlas tanto como presumes.

-¡Cállate!-Le ordenó Reika, agarrándose de su larga cabellera rubia-¡No quiero escucharte!

-Yo te admiraba. Cuando éramos pequeñas, yo quería ser como tú-Confesó, acercándose un poco más a ella-Pero ahora no quiero ser ni como tú ni como nadie. Porque yo soy yo, con mis cosas buenas y las no tan buenas. Y no es que sea mejor que tú porque te diga esto, sino que ahora, y gracias a alguien a quien quiero muchísimo, he aprendido a valorarme a mi misma. A apreciarme-Musitó, intentando cruzarse con la mirada de su acompañante-Y tú deberías hacer lo mismo. Aprender a valorarte.

El sonido de las sirenas de la policía las sorprendió a ambas, sobresaltándolas y obligándolas a mirar en dirección a la discoteca, de donde provenían varias luces azuladas que iluminaban parte de la zona.

Sakura, que sintió una inmensa alegría y tranquilidad al comprobar que alguien había llamado a la policía para alertarla de lo que estaba ocurriendo en el interior del lugar, soltó un suspiro de alivio y sonrió, centrando nuevamente su atención en Reika.

-Ahora tienes la oportunidad de empezar a hacer las cosas bien-La alentó, colocándole una mano en el hombro-Entregate, y cuando se acabe todo este asunto, empieza una nueva forma de vida. Es tu oportunidad.

La joven Horton, a quien tanto la actitud de la castaña como sus palabras la habían sumergido en una situación irreal, miró alternativamente las luces de la policía y a la castaña, hasta que finalmente se deshizo de las manos de la chica, alejándose de ella varios pasos.

-¡No!-Exclamó, retrocediendo-¡Otra vez quieres demostrar que eres mejor que yo, y no lo voy a permitir!

Y tras una última mirada a todo el horror del cual ella misma había sido causante, la rubia se giró y echó a correr, intentando huir de unas consecuencias inevitables.

Sakura, que en ningún momento imaginó que lo que sentiría por Reika no sería desprecio u odio, la siguió con la mirada con un profundo pesar reflejado en sus ojos y una inmensa tristeza en su corazón.

Reika Horton le daba lástima, porque con esa mentalidad nunca iba a ser realmente feliz y ese sería su castigo.

Continuará...

Sinceramente, creo que me va a dar algo de un momento a otro, así que como último deseo me pido a Shaoran, Eriol, Kakashi, Itachi, los cuatro Cullen y los merodeadores (sí, incluido Peter, aunque sea para darle una patada en el culo XD) para mi sola durante un día ¿vale? Jaja, yo lo intento y si cuela... jeje

La cuestión es que estoy de los nervios a la espera de saber que os ha parecido este estresante capítulo; porque debo admitirlo: es totalmente diferente a los anteriores. Así que no estoy muy segura de que vaya a gustaros. Pero bueno, para los próximos habrá mucho humor, romance y pasión (juju) que compensará la falta en este.

Como detalles del capítulo diré que han pasado cosas muy importantes. Ya sabemos quienes eran las responsables principales de todo el misterio que envolvía a Sakura, justamente aquella chica de quien habló Sakura en el capítulo 11 y que tanto daño le hizo. Hemos comprobado lo mucho que ha cambiado nuestra castaña desde que Shaoran vive con ella y, de paso, Shaoran se ha dado cuenta que está perdidamente enamorado de Sakura ^^

Claro que aún hay mucho que descubrir, como el pasado de Li, por ejemplo. Pero eso es algo que pasará en los próximos capítulos que, por cierto, serán los últimos jeje.

Para los fans de la pareja Eriol/Tomoyo, siento si no se ha hablado mucho de ellos en este capítulo, pero las circunstancias lo ameritaban, aunque os compensaré más adelante con escenas muy... interesantes ^^ Aunque hay que señalar lo violenta que puede ser Tomoyo cuando se trata de proteger a Eriol jeje.

Como adelanto del próximo capítulo, puedo decir que ya se va a hacer definitivamente pública la relación de Shaoran y Sakura y que nuestro querido Tôya (por cierto, a él no lo he puesto arriba ¬¬ ¡pero lo quiero también! XD) hará acto de presencia para poder felicitar a la pareja en persona. Digamos... que está deseando abrazar a su cuñado jeje. Además de una situación muy entretenida (por decirlo de alguna forma) entre Eriol/Tomoyo/Khay jeje.

Ahora si me despido, dandos las gracias por todo vuestro apoyo y por todos esos reviews que me animan a seguir escribiendo ^^ ¡Gracias!

RECORDATORIO: Contestación a los reviews en mi profile! Thanks!