-Hola Ren, buenos días- dijo Eiko mientras preparaba panquecas en la estufa. El hanyou le sonrió con el gesto adormilado que le invadía el rostro por la mañana luego asimiló que la joven había despertado bastante temprano y que le preparando el desayuno. Nunca se había sentido tan dichoso.
-Toma- dijo poniendo un plato lleno frente a él y escurriendo miel sobre el desayuno –Yo voy a salir, tal vez todo el fin de semana-
Con un bocado en la boca Ren la miró suspicaz; eso lo tenía que consultar con su padre mientras tanto, tragó lo que masticaba e intervino en lo que Eiko le decía. –No es por intervenir pero exactamente, ¿a dónde vas?-
-Con una amiga- respondió sin mirarlo a los ojos.
"Tia Kagome" pensó Ren, entonces asintió y sonrió con complejidad.
Caminó hasta el arco tori donde Kagome la esperaba, al verla corrió más rápido por los escalones y al llegar hasta donde su amiga la abrazó con fuerza.
-Qué bueno que pudiste venir; siento no haber llamado antes-
-Entiendo que estabas ocupada, no te preocupes-
Con las mochilas llenas de ropa y medicinas, caminaron hacia el pozo y se lanzaron tomadas de la mano. La luz del mediodía las recibió y al instante Eiko pudo respirar el aire totalmente distinto y se sintió feliz de regresar. Kagome la tomó de la mano para asistirla a salir y en seguida se dirigieron hacia la casa de la anciana Kaede donde los demás esperaban a las jóvenes. Al llegar, Miroku, Sango y Shippo se pusieron rápidamente de pie y saludaron a Eiko lo cual apreció haciendo que varias lágrimas se juntaran en sus ojos. InuYasha observaba desde el fondo de la cabaña con los brazos cruzados con su postura de siempre.
-Eiko, lo siento mucho, mis papás también me dejaron solito- dijo Shippo abrazándola con cariño. La joven acarició el pelirrojo cabello del niño y se sentó en el suelo para entregarle un trompo que había comprado especialmente para él.
-No podemos estar mucho tiempo aquí, recuérdenlo- dijo InuYasha quien ya se encontraba parado al lado de Kagome imponiendo su deseo como si se tratara de un niño pequeño. –Naraku no debe estar muy lejos y no podemos perder más tiempo del que hemos desperdiciado-
Miroku sorbía una cantidad moderada de té mientras el hanyou vociferaba su autoridad cosa que él le daba causa a que su instinto de youkai le obligaba a imponer su liderazgo al llegar Kagome, algo así como si se tratara de un macho alfa tratando de intimidar a los demás de la manada.
-InuYasha, acabamos de volver, al menos déjanos tomarnos el día y salimos mañana temprano- sugirió Kagome algo hastiada, de sólo pensar que debían caminar bajo el sol sin haber comido y tomado un baño le daban ganas de volver a casa.
-Feh- cosa que significaba sí.
La anciana Kaede entró de la mano de la pequeña Rin para sorpresa del grupo. La niña corría con los brazos extendidos con el cabello ondeando mostrando las pequeñas flores que había colocado en su cabello. Shippo corrió junto con ella y reían mientras rodeaban en círculos a cada miembro del conjunto. Eiko no pudo evitar sonreír al ver a la niña tan alegre y vivaz; la sensación de felicidad era inevitable.
-Hola Rin- saludó Kagome. Rin corrió hacia ella y le dio una flor entonces Eiko recordó aquel ramo de flores silvestres que Sesshomaru le había dado en su última visita de parte de la pequeña y decidió agradecerle por el gesto tan tierno.
-Ah, sí, el señor Sesshomaru me dejó una tarea ese día- dijo llevándose un dedo a los labios y juntando los dedos de sus pies columpiándose sobre el suelo de madera –me dijo que buscara las flores que más me gustaran y lo hice entonces me preguntó que a quién quería dárselas entonces yo le dije que se las regalara a quien él quisiera. ¡Entonces mi amo te dio las flores a ti!, yo las escogí, ¿Estaban bonitas verdad?-
Todos, incluso InuYasha, se encontraban sorprendidos de enterarse de aquel gesto totalmente surreal por parte del taiyoukai. Perpleja Eiko sólo asintió con lentitud ya que estaba bastante sorprendida. "Seguramente fue en agradecimiento por haber salvado a Rin aquella noche". Kagome notó la inmensa confusión que pasaba por la mente de su amiga y decidió romper el silencio para anunciar que la comida estaba terminada. La niña se sentó al lado de Eiko mirándola de vez en cuando con una gran sonrisa.
-Oye Miroku- dijo Shippo en voz baja por lo que el monje acercó su oreja para escuchar la voz del pequeño youkai con claridad -¿no se te hace que Eiko y Rin se parecen?-. El monje puso atención a las facciones y en efecto eran bastante similares, sólo ligeras variaciones y la línea del cabello pero tenían los mismos ojos, boca, nariz, pecas… se preguntaba por qué no había notado eso antes. Sango se dio cuenta de que Miroku las observaba y lo notó también.
Durante varios segundos ambas hacían los movimientos en sincronía haciéndolo todavía más extraño hasta que todos en el lugar se dieron cuenta de el parecido tan grande que había entre las dos pero antes de que alguien sugiriera o dijera algo se escuchó un sonido particular que anunciaba la llegada de Sesshomaru. Las hojas de los árboles se movieron provocando un ruido fuerte como si se tratara de una corriente de aire potente y la pequeña Rin salió corriendo de la cabaña exclamando el nombre de su señor seguida de Eiko.
-Hasta en preferencias se parecen- dijo Miroku en voz alta siendo respondido por las cabezas de sus amigos que asentían concordando con su comentario.
Rin caminaba con ligereza hacia su amo quien mantenía una postura erguida y orgullosa con la mirada fija en la niña sin mirar otra cosa. Llegó frente a él observando desde su estatura las facciones alargadas y varoniles del youkai, sintiéndose intimidada por los ojos ambarinos que la miraban con un altivo desconcierto. Rin tomó de la mano a Sesshomaru y le sonreía a Eiko con naturalidad. Se armó de valor.
-Gracias por las flores-dijo sin mirarlo a los ojos, evitándolo a toda costa.
De pronto un sonido intenso interrumpió el momento ambos miraron hacia la dirección de la que provenía el estruendo y se sorprendieron al ver una cantidad inmensa de demonios aproximándose a la aldea. Sesshomaru gruñó mostrando los colmillos mientras que Rin ocultaba su rostro en la manga del taiyoukai. Eiko permanecía de pie totalmente paralizada por la amenaza que se aproximaba. InuYasha y compañía salieron de la cabaña, armados y preparados para el ataque.
-Llévatela- ordenó Sesshomaru tomando de la mano a la niña y dándosela a Eiko.
La tomó y la llevó entre sus brazos corriendo a toda velocidad hacia el bosque mientras Sesshomaru desaparecía dejando una estela de color blanco detrás de él. Se adentró a la profundidad del bosque y se sentó junto con la atemorizada niña en la base de un árbol desde donde podían verlos enfrentarse a los demonios. Podían escucharse los gritos de InuYasha, que Eiko suponía, eran a causa de que Sesshomaru estuviera ahí.
-El señor Sesshomaru nos va a proteger- dijo la niña tomando con delicadeza la mano de Eiko.
-Lo quieres mucho, ¿verdad?-
La pequeña niña movió su cabeza rápidamente. Abrazó sus rodillas y movía sus pies entre el pasto. –Él me salvó; después de que mis papás murieron, él me salvó es por eso que yo voy a estar con él para siempre-
-Mis papás también murieron hace poco- dijo acariciándole el cabello. –Sabes… quisiera ser tan valiente como tú-
-Eres valiente- respondió Rin sonriendo amargamente, algo totalmente ajeno a ella –A pesar de que tus papás murieron puedes intentar no sentir miedo y hablar… cuando me quedé sola no hablaba con nadie, no tenía amigos y en el señor Sesshomaru encontré las ganas de hacer cosas buenas entonces él me salvó y prometí no volver a estar callada otra vez porque si no recuerdo todo lo malo que pasó y siento miedo otra vez- Eiko abrazó a la niña mientras observaba la pelea que se daba a varios metros de donde se encontraban ocultas. Podía ver la silueta blancuzca de Sesshomaru moverse en el aire y los destellos que salían de la espada de InuYasha.
Varios minutos después lograron desaparecer a los demonios. Rin se había quedado dormida por lo que la cargó y caminó hacia donde se encontraban todos pero su visión fue invadida por un destello blanco que se acercaba hacia ella y de pronto se encontraba sobre el aire viendo alejarse la figura de sus amigos y los árboles debajo de ella. Sesshomaru la sostenía de la cintura de tal forma que sus pies colgaban y entonces apretó contra su cuerpo a Rin quien no se había ni siquiera sobresaltado por el movimiento tan brusco.
-¿A dónde vamos?- preguntó asustada sintiendo cómo la adrenalina recorría su cuerpo de pies a cabeza –Mis cosas… ¿a dónde vamos?-
El youkai mantenía la vista fija hacia el horizonte y Eiko se resignó a seguir haciéndole preguntas. Descendieron en un claro en el bosque y por fin pudo sostenerse sobre sus pies. Dejó a Rin sobre el césped y antes de que pudiera preguntarle algo a Sesshomaru, éste ya había desaparecido entre la maleza. "Pero qué persona tan estresante" pensaba con rabia. Caminó con ansiedad en círculos sin darse cuenta que su mochila se encontraba en el suelo a pocos pasos; al verla se sorprendió de que estuviera ahí. "Entonces esto estaba en sus planes…"
De los arbustos un demonio verde salió con un bastón extraño en la mano. La primera reacción de Eiko fue acercarse a Rin e intentar protegerla pero el pequeño youkai sólo se dejó caer al suelo y la miró con recelo. Supuso entonces que era inofensivo y se relajo aunque le incomodaba la manera en que era observada. La niña empezó a moverse y se despertó poco después de haberse tallado los ojos.
-¡Señor Jaken!- exclamó con los ojos entrecerrados y un pequeño bostezo. –Eiko, viniste con nosotros-
Jaken, como lo llamaba Rin, tenía un gesto despectivo al verla así que decidió ignorarlo y sacó una bolsa en la que guardaba varias sopas enlatadas. Para el asombro de la niña eran de formas y colores que nunca había visto y se acercó para verlas de cerca. Eiko estaba divertida con su reacción y le dio una de las latas que Rin en seguida exploró con el tacto.
-Esa lata que tienes es de pollo, ¿te gusta el pollo?-
Rin dejó caer la lata con horror y la miraba con temor. –¿Esta lata es un pollo?-
Eiko comprendió que debía expresarse con más claridad ya que ninguno de los que estaban con ella estaba familiarizado con artículos modernos como ese. Recogió la lata y la comenzó a abrir con un abrelatas mientras que Rin se cubría los ojos con las manos y Jaken boquiabierto observaba tan demoniaco ritual.
-No, lo que hay adentro es pollo para que comas-y mostró el contenido a sus horrorizados compañeros. Rin sonrió mostrando su incompleta dentadura mientras que Jaken se cruzó de brazos decidiendo que sería mejor ignorar a la humana. –Si me ayudas a conseguir leños, te compartiré comida-. Rápidamente Rin se levantó y corrió con entusiasmo entre los árboles recogiendo pequeñas ramas que llevaba y colocaba frente a Eiko con rapidez. Después de varios leños grandes y pequeños tenían una cantidad suficiente para elaborar una pequeña fogata.
La niña observaba con extrema curiosidad el movimiento de las manos de Eiko, la cuchara y el estofado que giraba con pesadez en la olla, incluso Jaken lanzaba despistadas miradas de vez en cuando en dirección a ambas. Rin se acercaba queriendo intentar cuidar del platillo también y tomó la cuchara con cuidado bajo la dirección de Eiko.
-Yo creo que a mi amo le gustaría comer esto-
-¡¿Qué te pasa Rin?¡Al amo bonito no le gustaría probar de una comida hecha por humanos!-
Desconcertada Eiko se preguntaba si lo que el pequeño youkai decía era cierto. Jaken sonrió maliciosamente y respondió afirmativamente, la joven miró a Rin pero la niña estaba bastante entusiasmada por lo nuevo de la lata que parecía no prestar atención a lo que estaba sucediendo.
-El señor Jaken cree que el amo Sesshomaru siempre está enfadado pero él solamente es él, así como Rin es Rin- dijo la niña con ojos soñadores mientras probaba con uno de sus pequeños y regordetes dedos el sazón del estofado.
-Eres una tonta si piensas que lo conoces mejor que yo, su leal sirviente-
-Jaken-
El grave llamado hizo que la piel del pequeño demonio se encrespara, rápidamente corrió hacia Sesshomaru y con la postura encorvada parecía rogarle sobre algo pero sólo fue recibido por un fuerte golpe en la cabeza. Rin se levantó y caminaba con ligereza a su alrededor mientras reía hasta que el taiyoukai se detuvo. La niña señaló a Eiko quien aún preparaba el estofado mirando con el rabillo del ojo al intimidante demonio que la observaba fijamente.
-Eiko nos hizo un estofado- decía la niña con entusiasmo colocándose al lado de la joven.
-No tenías que hacer eso- dijo Sesshomaru dirigiéndose a Eiko mientras rompía la dirección hacia un árbol en donde tomó su lugar y se sentó con postura relajada debajo de él.
-Gracias es todo lo que tenías que decir- dijo Eiko entre dientes enfocando su furia en el movimiento de la cuchara que esta vez era tan veloz que varias gotas del caldo cayeron sobre el rostro de Jaken quien se quejaba con chillidos agudos y maldiciendo a la joven por su torpeza.
-Silencio- vociferó Sesshomaru observando al demonio con un gesto rígido reprimiendo al pequeño youkai quien se encorvó sentándose sobre el pasto sostenido de su bastón.
Al terminar el caldo, Eiko lo sirvió en varios platos pequeños que llevaba en su mochila y le entregó uno a Jaken y a Rin, el primero fingía indiferencia pero el aroma del platillo despertaba sonidos en su estómago y se lo arrebató de las manos, Rin en seguida le dio las gracias. Sirvió un tercer plato para el youkai quien se encontraba bajo la sombra del árbol con los ojos cerrados. Caminó hacia él y al llegar frente a él extendió el pequeño plato frente a su rostro. Sesshomaru abrió lentamente los ojos liberando el amarillento color de estos con misticismo. Observó el plato azul con ranas verdes que tenían sus lenguas de fuera.
-Es de pollo- dijo la joven acercando más el estofado casi introduciendo la narices del youkai en el líquido ardiente. Tomó la mano de Sesshomaru la puso debajo de plato y asegurando su integridad lo dejó en su mano y colocó una pequeña cuchara amarilla. La joven se retiró y tomó su alimento mientras reía junto con Rin al ver a Jaken sacar su lengua y chillar de dolor. El taiyoukai colocó el plato sobre el césped y tomó la pequeña cuchara con un poco del estofado y se lo llevó a la boca con discreción.
