Hola a todas y todos de nuevo!
Larga ausencia, verdad?, pero en realidad creo que ha sido muy itil y tranquilizadora, muchisimo.
He cambiado la entrada del capitulo 20, no quise sustituirlo por el capi actual, y Ady, si lees, es eso que te he tratado de decir, pero que no ha salido, Te amo.
Ahora bien, el capi 20 esta aqui, 43 enormes hojas de fic, que espero reparen un poco la larga ausencia.
De antemano muchas Gracias por seguir, y espero que los disfruten mucho!.
LA VIDA ES UN CARNAVAL.
Aspire profundamente, disfrutando de esa sensación de tranquilidad que entraba por mis labios y bajaba hasta mi pecho, recorriéndolo y acariciándolo suavemente, casi de manera sexual.
Era curioso saber que aquello que me estaba haciendo feliz, cuerda, y que evitaba que no asesinara a nadie, o me suicidara; a la larga, de todos modos podría hacerlo.
Eso lo sabíamos todos, casi desde el momento en que nacimos, era como saber que el pobrecillo Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente o que demasiada azúcar estropea el postre… o algo así.
Así como sabemos eso, sabemos que Fumar puede causar Cáncer, o la muerte… un aborto, o mal aliento, o dientes amarillos, o descalcificación… puta madre… podría causar la tercera guerra mundial…
Incluso, en mi caso, habían sido el peor castigo que había experimentado en mi pueril adolescencia, valga la redundancia, cuando Papá me encontró en la cochera con cerveza y cigarrillo en mano, primero, me hizo tragar la cajetilla completa, incluso el cartoncillo, y… no quiero ni recordar que fue lo que me hizo hacer con la cerveza…
Carajo… ¡solo tenía 16 y el periodo cerca!
El periodo de exámenes finales, claro.
En fin, al menos, los cigarrillos eran unos asesinos decentes, llevaban una advertencia en la cajetilla, diciéndonos con una sonrisa ladina; Disfrútame ahora que puedes, que mañana que necesites oxigeno para vivir, me extrañaras.
Eran decentes, porque sabes que fumar es peligroso y dañino, ellos te dicen que lo es, pero es imposible de que te alejes de él una vez que lo has probado.
Era tan jodidamente parecido a alguien que yo conocía, la enorme diferencia; que era mucho más peligroso y ni siquiera llevaba un manual de instrucciones.
Edward debería llevar un puto letrero en el trasero, o en el pene; en algún lugar que me llamara la atención para poder leerlo.
"Cuidado, puedo causar traumas severos, dolor de cabeza, sentimientos asesinos y suicidas y combustión espontanea… además de mal sabor de boca… y sueños luminosos y mojados…"
Si, esa debería ser su puta advertencia, y junto a ella un maldito letrero que dijera "¡Ah, sí!... ¡Soy un Imbécil! =)"
Edward era idéntico al cigarrillo que sostenía entre mis dedos, porque si, podría traer un millón de verídicas y amenazantes advertencias, "Soy un imbécil", "Soy Gay", "Soy un Patán", "Soy un facilón" "Te voy a volver loca", "Tengo un hermoso trasero", "Puedo matarte de placer"… y todas aquellas verdaderas advertencias, servirían para lo mismo que sirven las leyendas impresas en las cajetillas de los cigarrillos.
Para querer probarlo.
Y, ¡carajo!, al igual que el cigarro, una vez que lo pruebas, no quieres dejarlo, a sabiendas que puede matarte.
Aunque, Edward a lo más que llegaría es a hacer que me pudra en la cárcel, por desfigurarlo con Cloro y Lejía… pero… técnicamente, si podía matar.
Técnicamente, porque cuando estuviera encarcelada podría resbalarme en las duchas con el jabón y clavarme un cepillo de dientes afilado con el que la "madrota" del lugar me tenia amenazada para que le regalara las galletas que me traía semanalmente Rosalie…
Si… podría ser.
El caso es, como te odio Edward Cullen.
Seguí caminando por la enorme oficina de Emmett, curioseando para que mi mente dejara de vagar siempre dirigiéndose al mismo maldito punto.
El lugar, como todo el establecimiento, era impresionante, no conocía oficina más grande y más linda que esta, ni siquiera lucía como una oficina.
Las paredes era de tejas de madera rojizas, al igual que las puertas, así que al cerrarse parecía que no había una salida, solo paredes; haciendo que me sintiera aterrada como me había sentido mirando un episodio que me traumo de infante de La Dimensión Desconocida*.
Si el lugar no fuera tan acogedor, y como no había aparecido pintado en la pared un ojo que no dejara de mirarme, me tranquilice, aunque si aparecía la mínima señal de algo mirándome tiraría una pared si era necesario, solo para salir.
Carajo… estaba reviviendo ese terror del maldito capitulo… Renee como odio que me hayas dejado mirar la dimensión desconocida cuando apenas si sabia como ir al baño y atinarle….
En fin… los muebles la mayoría eran blancos, con excepción de donde habíamos dejado nuestra ropa, un enorme reclinable de cuero negro, que, no solo era un reclinable, sino también un sillón masajeador.
En cuanto lo descubrimos, Rose y yo estuvimos tentadas a sentarnos ahí durante una hora seguida, para ver si de verdad masajeaba TODO el cuerpo… pero como no había tiempo, a lo más que nos atrevimos fue a poner una mano sobre el respaldo y sentir indirectamente el masaje.
Carajo… ya tenía mi regalo para Navidad.
Y bien, si, habíamos dejado ahí la ropa, Rosalie me había obligado a quitarme el vestido en cuanto habíamos llegado, para según ella planear perfectamente cómo iba a acomodar mi brazo y que él se sintiera cómodo mientras yo bailaba…
Debo aceptarlo, cedí inmediatamente temerosa de que me saliera con que me iba a quitar el brazo, o algo peor…
Y siendo Rosalie… claro que podía haber algo peor…
Sin embargo, no pude evitar soltar una loca carcajada, cuando Rose tomo nuestros vestidos y los coloco sobre el reclinable masajeador como si fueran personas de verdad.
- Al menos ellos podrán disfrutar el masaje, y quien sabe… tal vez nuestros vestidos corran con más suerte que nosotras y se liguen al sillón, próximamente podríamos tener… vestidillones… o algo así… –
Debo aceptar que gracias a un par de comentarios de Rosalie de ese tipo, no estaba tirada en el piso llorando como baño con fuga.
Aunque a los pocos minutos, Rosalie había arrebatado la posibilidad de aparearse y ver que tan lindos salían los vestidillones a mi vestido; necesitaba mi vestido, para saber si él estaba cómodo con cómo me colocaría el brazo…
Y no… no tengo ninguna explicación para eso.
En la oficina, había un enorme baño contiguo, que pegaba justo con otra puerta, ambas se camuflaban igual de bien que la de entrada y solo eran distinguibles por las perillas o las manijas.
El baño por su parte era más que un simple baño de oficina, todo el lugar era de un inclemente blanco, no podía asegurar si era mármol, yo era obtusa para distinguir materiales, lo que si podía decir es que lucía hermoso, además había una ducha con llaves y regadera de cristal, el retrete también era blanco, como el lavabo y un pequeño gabinete; el cual por cierto, Rosalie abrió como si le perteneciera el lugar y estaba repleto de lociones, jabones y toallas esponjositas y si, blancas.
En resumen, era un Señor Baño.
La otra puerta, la abrí yo, guiada por una invencible y molesta curiosidad, para descubrir, que ese lugar parecía un laberinto.
Habíamos recorrido un pasillo de unos 5 metros fácilmente, donde no había más que casilleros y mas casilleros, solo para ser cortados por la gran puerta de madera de la oficina , que más que oficina era tan acogedora como un departamento, de ahí, una segunda puerta al Señor Baño, y la tercera puerta daba paso a una enorme bodega-estacionamiento.
Era casi tan grande como la pista de baile, con una cortina metálica como cuarta pared, que al parecer también fungía como puerta, había un par de contenedores de metal tamaño ¡Carajo! para basura, apenas había uno casi lleno; también había montones de cajas de madera y de cartón algunas con leyendas de Frágil y otras que solo podrían traer comida apiladas en el ala izquierda del lugar, mientras que en el ala derecha había unos veinte cajones de estacionamiento pintados con líneas amarillas brillantes, y en el cajón más cercano a la oficina, reposaba el enorme Jeep de Emmett.
No pude evitar sentir un cosquilleo en el estomago cuando vi una enorme fila de motocicletas, tal vez unas 10, y todas lucían tremendamente incitadoras.
La idea de investigar al menos un par de dueños de aquellas motocicletas llego a mí como la ráfaga estupenda de aire cuando metes solamente la primera velocidad, definitivamente tenía que ligarme un motociclista-mesero-trasero-suculento.
La puerta que habíamos descubierto, al parecer, no era la única entrada, pues había una puerta a unos 10 metros, que parecía llegar desde la barra del Bar.
Aunque viendo todo el laberinto arquitectónico, bien podría venir de la mismísima Condonería de enfrente…
Cuando me sentí una entrometida desalmada, jale a Rosalie a la oficina de nuevo, cerrando aquella puerta, y fue cuando Rose me obligo a quitarme el vestido y quitarse el suyo.
Mientras me desnudaba contemple todo el lugar.
Había un par de enormes libreros, que en realidad lo que menos cargaban eran libros, predominaban los CD´s, hilera tras hilera había discos pegados unos con otros, algunos retratos, donde para mi gran sorpresa y halago, figuraban algunas fotos mías, y como no podía faltar siendo Emmett el dueño, varios videojuegos.
¿Acaso los hombres viven por las vaginas y los videojuegos?
La oficina de Emmett era de verdad hermosa, no parecía una oficina, pues nunca fallando a su credo, mi hermanito la tenía completamente desordenada, dándole en realidad un toque íntimo y personal que eran cómodos.
Era como tener tu propio basurero de lujo.
A pesar de haber percheros vacios, el piso, los sillones e incluso el librero tenían sobre si ropa, zapatos, revistas, videojuegos y… para extrañeza de ambas, unos extraños juguetitos con forma de salchicha de varios colores y hechos de hule espuma.
La verdad, estaba más inclinada a nunca enterarme de cuál era su uso que saber para que los usaba Emmett.
Estaba divagando mucho, describiendo todo el lugar con pelos y señales, pues prefería rememorar eso a lo que Rosalie y yo habíamos estado conversando durante nuestra inspección chismosa.
A decir verdad, había sido más un monologo que una plática, tenía que decírselo a alguien, había pasado casi una semana entera hablando conmigo misma, callándome todo; este silencio me estaba matando, y Rosalie estaba totalmente dispuesta a escucharme.
No la deje siquiera que entendiera que estaba pasando, simplemente comencé a hablar, casi desesperada, de todo mi día o bien toda la parte que correspondía a la compañía de Edward.
Comencé, claro, por el principio, la heroica aparición de nuestro promiscuo héroe; como Edward me había ayudado a quitarme de encima a Jacob en el hospital, todas sus atenciones y zalamerías, sus gestos cálidos, los besos o casi besos, toda su ternura hasta que me había drogado en mi auto para dormirme, incluso eso parecía lindo cuando se lo contaba a Rosalie.
Ella había cambiado de expresión como si le estuviera cambiando al televisor; ante todo su máscara de incredulidad no desaparecía, no podía concebir que un tipo tan "Nefastamente oscuro de aura" (obviamente palabras textuales de Rose) tuviera la facultad de ser tan atento.
Pero cuando hacia un esfuerzo y se convencía de que no era un cuento de borrachas, su rostro era dominado por la ternura, la alegría, sus ojos se abrían maravillados y brillantes, y su sonrisa se expandía con cariño.
Hasta que llegue a la parte en que lo encontré con las manos en el culo "masudo" de una rubia mientras le auscultaba la garganta con la lengua.
Inevitablemente los dientes me rechinaron.
Puta… y muchas más veces, Puta.
Pendejo, al infinito y más allá, pendejo.
Al terminar el relato, el rostro de Rosalie solo mostro mesura, la conocía demasiado bien para saber que se estaba callando todos los insultos que le venían a la cabeza dirigidos a Edward, además escuchar por momentos un "cabron" o "asno olímpico", me daba una pequeña pista de lo que sentía.
No volvimos a abrir la boca, me quede callada, refugiada en mi huidiza concentración, dejando a Rosalie procesar todo mientras ella se entretenía acomodándose el brazo y mi vestido.
Así que, ahí estábamos ahora, yo fumando y ella haciendo poses frente al espejo, semi desnudas ajenas a cualquier otra cosa, era una escena muy poco ortodoxa, y bastante si, sensual.
Al menos para un hombre que disfruta de la lencería femenina.
Y las películas porno con más trama que el sexo desenfrenado y sucio.
Yo paseaba con el cigarrillo en la boca y un cenicero en la mano, mientras Rosalie con la puerta del baño abierta y mirándose en el gran espejo que había en la puerta, acomodaba de mil y un formas el cabestrillo para qué lograra bailar.
Necesitaba sentir que las cosas estaban correctamente acomodadas, así que traía puesto mi vestido, doblado hasta la cadera, y acomodaba el cabestrillo para descubrir una posición que le diera más movilidad y lo dejara quieto.
Y seguía sin lograrlo.
Estábamos sumergidas en un silencio cómodo, mientras ella se quejaba con maldiciones extrañas como "Malditos caracoles marinos de la Antártida" o "Puñeteros duendes despeinados", yo me paseaba por el lugar tratando de divagar lo más lejano posible del tema que empezaba con "E" y terminaba con… Eres un pendejo…
No, no iba a volver a ese estúpido tema.
Así queee…
En capítulos pasados ya había recurrido a los escaparates de mi imaginación, cantando canciones para niños recompuestas por mí, o hablando con unos pequeños entes con mi nombre, esta vez… no tenía ganas de eso…
Así queee…
Ehm… si… la oficina de Emmett era hermosa, tan cómoda, espaciosa y elegante que bien la podría rentar como departamento, un lindo y espacioso departamento que yo misma le arrendaría para no tener que salir de aquí.
Si mi sucio y desordenado hermano contrataba un par de empleados para limpieza y… tal vez una barredora industrial, este lugar seria como una mini mansión Barbie, un sueño dorado.
Los sofás eran cómodos, las paredes acogedoras, el baño era perfecto, salvo alguna que otra estatuilla como su premio de "El que más puede comer salchichas" de hace 6 años, y si le poníamos una cama con dosel de tul rosa y diamantina… podría tener la habitación que siempre quise.
- ¿Y qué vas a hacer? – pregunto súbitamente Rosalie, sacándome de mi ensoñación de decoradora profesional o… una nueva regresión infantil…
¿A que no es genial tratar de ponerse en los nada anatómicos zapatos de Barbie?
Oh… uh!... también me faltaba un hermoso Ken esperando en mi cama… ohh sii…
- ¿Qué? – pregunte confundida, reparando en sus últimas palabras.
- Bueno, supongo que te darás cuenta que el está ahí afuera, enfadado contigo por que le llame Lobo Feroz – dijo Rosalie encogiéndose de hombros sin quitar su vista del reflejo del espejo – algo que aun no entiendo – añadió esperanzada de que le contara aquel secreto.
Pero, no, yo no era una bocona, el me había pedido que guardara el secreto y aunque no le debía nada, al contrario, el ya tenía una enorme factura con su nombre, no iba a decir nada.
A pesar de todo, esto de tener secretos, me unía a Edward, y esta diversión, solo él y yo podíamos disfrutarla plenamente.
Era genial tener un sucio secreto.
Y vaya que era sucio.
Negué con la cabeza, dándole a entender a Rosalie, que hiciera lo que hiciera, no le contaría el porqué del Lobo feroz.
Y vaya que lo había intentado.
- Bien, algún día lo sabré – dijo encogiéndose de hombros, tratando de sonar amenazante, pero ni siquiera me causo cosquillas… no muchas – entonces, el está ahí afuera, creyéndose el ofendido, cuando tu eres la ofendida en realidad, y como te conozco, no vas a dejar las cosas así, ¿verdad?, así que… ¿Qué vas a hacer? – volvió a preguntar.
Me quede callada y con paso taciturno y nervioso, inhale de la colilla de mi cigarro mientras me dejaba caer en un sofá, el más cercano a la puerta del baño.
Rose tenía razón, a pesar de que mi primer impulso era quedarme aquí a vegetar, era consciente de que Emmett no me dejaría rentarle la oficina.
En verdad no tenía un plan, nada, en mi profundo y coherente subconsciente sabia que debía hacer algo, mínimo voltearle la cara con un gancho…
Y ciertamente, ya sabía que no podía dejar volar mi imaginación, porque eso incluiría sangre, mutilaciones y pelotas de playa…
- ¿Alguna sugerencia? – le pregunte angustiada, mire el reloj de pared que tenia Emmett, según lo que nos había dicho, tan solo teníamos 5 minutos para salir y enfrentarme de nuevo a Edward, la salsa, Edward, el concurso, Emmett, los meseros sexys, Edward y… el alcohol… ¡ah sí!, y Edward…
Carajo.
Rosalie se rio bajito negando con la cabeza y mientras seguía retorciendo el cabestrillo salió del baño, con mi vestido embarrado en la cadera, no era de su talla, obviamente, las curvas generosas, habían sido… más generosas con ella que conmigo, ella era una talla más grande que yo, además mi vestido le quedaba muy corto para lucir lindo y decente.
- Sabía que no tenias un plan B – dijo sonriendo de manera maternal mientras volvía a colocarse frente al espejo.
- Ni siquiera tengo un plan A – le dije frustrada y asustada.
- Bueno, Bella, te tengo una noticia – la mire extrañada mientras su sonrisa no se desvanecía – no puedes dejar las cosas así – me dijo frunciendo ligeramente el entrecejo, y volviendo a mirarse en el espejo inmediatamente.
No pude evitar hacer un puchero – Podría hacerlo – respondí esperanzada.
Chasqueo la lengua negando con la cabeza al mismo tiempo, mientras su sonrisa, esta vez, se diluía rápidamente.
- Harás algo, porque él cree que tú debes hacerlo – me levante de golpe, dispuesta a demostrarle que no estaba a total merced de Edward… ya no – no me malinterpretes, el cree que lo has traicionado, no sabe que tu sabes que te traiciono, así que hazle saber que sabes que es un pendejo, porque si él sabe que tu sabes que él no sabe que tu sabes que es un prostituto de cuarta y que tú no has hecho nada malo, entonces con eso, él sabrá que debe hacer algo, así que… el debe saber – concluyo Rosalie con una gran sonrisa.
Dejándome totalmente confundida.
- ¿Quién debe saber qué? – pregunte con una mueca, Rosalie rio y negó con la cabeza, saliendo del baño de nuevo.
- Solo, haz algo – dijo sonriente, dedicándome una de esas miraditas de sabes que tengo razón.
Y aunque lo había expresado de una manera tan enredada como mi cabello tras una noche de pesadillas siendo perseguida por hamburguesas gigantes, si, ella tenía razón.
Así que tendría que hacer algo.
Pero… ¿Qué?
- Supongo que las necesitas, así que te tengo 3 opciones – me informo Rosalie feliz.
- Soy toda tuya – respondí atenta y esperanzada.
- Primero, no le digas eso a Edward, al menos hoy no – bromeo ella haciendo que apretara la mandíbula enojada, sabiendo que, más de una vez lo había pensado – ok, amargadita, la primera opción es que después que le digas que es un imbécil, patearle las bolas hasta que queden reducidas a esferas para arbolitos bonsái de navidad, después, no sé, podrías decirle que es feo, un cretino, que huele mal y que su aura es demasiado oscura para la tuya… ¿Qué te parece? – pregunto sonriente.
- Por muy tentador que suene – le dije removiéndome incomoda en el asiento y dándole otra fumada al cigarrillo - eso ya lo pensé, y créeme, no es buena idea – le dije recordando aquellos escenarios que había imaginado más temprano.
Definitivamente, no era buena idea, por una sencilla razón.
No solo me perseguiría la justicia por agresión premeditada y sádica, sino Alice, me perseguiría sádica y premeditada tratando de asesinarme por dejarla sin sobrinos potenciales para ser usados como maniquíes.
Así que, no.
- Eres una aguafiestas, me encantaría ver eso – dijo con un puchero mientras salía del baño quitándose el cabestrillo y haciéndome una seña para que me levantara – ahora mi segunda opción no creo que te guste mucho – dijo mientras me tomaba de la mano y me hacia seguirla hasta el reclinable masajeador, donde descansaba su vestido.
- Si en ella intervienen sangre y viseras, seguro que no – le dije sonriendo de medio lado, dio un saltito y la tome de la barbilla para que me mirara – y si intervienen conjuros, decretos o pociones tampoco, no quiero meterme en esos asunto Rose, se que tu amas hacer eso, pero a mí me pone la piel de gallina – le confesé un poco temerosa.
Por mucho que hubiera leído toda la saga de Harry Potter, y hubiera visto las películas, seguía sin creer que las pociones funcionaran para algo, me parecía de lo más macabro y retorcido del mundo.
Al menos ahora sabia cual era la diferencia entre acónito y luparia…
- Vaya aguafiestas que estas hoy - dijo quitándose mi vestido y colocándolo a lado del suyo.
Una sonrisa juguetona se dibujo en su cara como la del gato de Alicia, solo que Rosalie poseía facciones demasiado perfectas para parecer un gato.
Al menos un gato de caricatura…
- Mientras nuestros vestidos disfrutan de un masaje con final feliz… continuemos – apretó un botón que estaba en uno de los brazos del reclinable y este comenzó a temblar; ambas lo contemplamos durante un pequeño instante, y al mismo tiempo nos pasamos la lengua por los labios… no sé porque…
Después, con paso ligero y despreocupado se giro y se sentó en la orilla del escritorio, quedando de frente a mí, el reloj de pared y la puerta de salida.
- Mi segundo plan, debo advertirte, no te gustara, porque es tremendamente difícil, además tiene un resultado incierto, el primero sin embargo, resultaría en la imposibilidad de Edward de tener descendientes, y probablemente que estés una temporada encerrada en un manicomio, no te preocupes, con uno que otro rezo puedes salir impune de eso, si en el proceso le arrancas un par de cabellos a Edward y si es posible un pedazo de carne, solo tendrías que dejármelo a mí –
Me quede completamente helada, que helada, ¡aterrada!, mucho más que eso, no sabía siquiera que hacer, mis pies quisieron moverse cual demonio de Tasmania, y huir rápidamente hasta… Tasmania, mientras que mi cabeza, trataba de razonar, diciéndome que Rosalie en realidad nunca había hecho un rito que involucrara cabello o piel humana…
No, ella no era capaz de eso…
… … … … N-no-… … para… NO.
- ¿Has hecho algo así? – mi lengua fue más rápida que mis pies o que mi razonamiento, y le solté la pregunta con voz aguda y un tanto asustada.
Rosalie sonrió y se acomodo un cabello suelto detrás de la oreja - ¿Estas dispuesta a arrancarle algo a Edward, algo que no sea la ropa? – pregunto a su vez con una sonrisa malévola en el rostro.
- Ehm… ¿no? – fue más una pregunta, estaba pensando seriamente en si yo era la que tenía que ir al manicomio y no otra… y también si quería arrancarle a Edward algo… algo que no fuera la ropa.
- Entonces no, nunca he hecho un rito así – y sin más sonrió ampliamente, dándome a entender, que nunca tenía que hacerla enfadar.
Trague saliva pesadamente, mientras Rosalie me tomaba del brazo despreocupada y me lo colocaba en el cabestrillo, después rio quedito y asintió con la cabeza, y sin reparo alguno, tomo el tirante derecho de mi brassierre haciendo que mi seno se saliera de su lugar.
- ¡Hey!, ¿que haces? – le pregunte retrocediendo, tratando de meter mi seno en su lugar, Rosalie rio y volvió a avanzar, alejando mi mano izquierda, que había logrado ocultar lo que había salido del brassiere.
- No puedes tener toda la diversión – dijo levantando las cejas sugestivamente, haciéndome sonrojar – tranquila, no quiero manosearte… no por el momento – trague saliva pesadamente llevando mi mano inconscientemente a mi seno - Así tendrás movilidad para bailar, sin que tengas que cargar todo el cemento que llevas encima – explico jalándome y amarrando con unos cuantos nudos el tirante del cabestrillo al tirante y la base de mi brassiere – y cuando el show cómico mágico musical termine, regresaremos aquí y lo volveremos a poner como te lo puso Alice – dijo orgullosa, hizo un par de nudos mas con el tirante del cabestrillo y el de mi ropa interior y al terminar dio un par de palmaditas amables sobre mi seno, haciendo que me sonrojara aun mas.
Era tan deprimente saber que el roce juguetón y para nada sexual de Rosalie era lo más cercano que iba a tener esta noche a algo… juguetón y sexual.
Me retire un poco, pero Rosalie no quito su mano de mi seno sonriendo como retándome para que se lo pidiera.
Maldita, sabía que era una cobarde.
Tal vez si duraba un poco más podría imaginar que su mano era la mano de algún hermoso hombre como… el príncipe William, y tener al menos un momento de… esparcimiento… o algo así.
Pff… que deprimente…
Abrí la boca para reclamarle tanta… confianza o al menos intentarlo o al menos dejar correr mi saliva, pero entonces escuche como una puerta se cerraba.
Me gire, y Rosalie levanto la vista.
¿Sobra explicar la escena?
Pues lo haría de todos modos, ahí estaba Emmett con los ojos abiertos como si les hiciera falta un resorte, a punto de salirse de su lugar, las mejillas completamente rojas y la boca abierta hasta China.
Mire hacia abajo, estaba solo en un sumamente sensual conjunto de lencería negro de encaje casi transparente, mire de reojo a una igual de anonadada y helada Rosalie que solo llevaba un conjunto verde, igual de revelador que el mío, y claro, más sensual que todo lo anterior, mi rubia amiga tenía una mano congelada apachurrando como si fuera una pelotita uno de mis senos.
Mi primera reacción fue colocarme delante de Rosalie, cubriéndola de los depravados ojos de Emmett que solo subían y bajaban por nuestros cuerpos, mientras su saliva comenzaba a hacer un caminito por la comisura de su boca.
Pero claro, ¿de que servía?, no llevaba mucho más que ella encima, bueno si llevaba algo mas… una mano suya...
Emmett pareció terminar de hacerse una autoexploración mental y regresando a la realidad giro rápidamente cerrando los ojos.
- Yo… yo, yo… yoo… yo… - comenzó a balbucear como idiota, un segundo después volvió a girarse, como para comprobar que no lo había soñado, le di un manotazo a Rosalie que me quito su mano de encima, estaba abrumada como si esto fuera una de sus visiones futuristas, pálida y con la boca abierta en una mueca de horror.
En realidad… era muy gracioso.
Salvo… la saliva de Emmett y su mirada de reojo que se colaba por entre sus manos abiertas para "ocultarnos" de su vista.
Le lance una mirada asesina e inmediatamente volvió a girarse, no sin antes darnos una última hojeada, sacudió la cabeza como si estuviera secándose el cabello, y dándonos completamente la espalda tocio incomodo, aunque parecía a punto de estallar en carcajadas.
O lanzarse sobre nosotras como oso en celo.
Rápidamente alcance nuestros vestidos, tirándole en la cara el suyo a Rosalie, que parecía a punto de desmayarse.
- Yo… eh… yo…am… yo… el concurso está a punto de empezar… eh… las estamos… esperando – balbuceo como idiota Emmett rascándose la nuca y tosiendo al final.
- Ya… salimos – respondí con un nudo en la garganta.
- Esta bien – respondió Emmett un poco más dueño de sí mismo.
Me metí lo más rápido que pude dentro de mi vestido, y justo cuando estaba a punto de cubrirme el pecho Emmett volvió a girarse.
- ¡EMMETT! - chille histérica dejando caer la parte del vestido que estaba por cubrir mi senos, Emmett salto casi hasta el techo y volvió a girarse para abrir la puerta.
- ¡PERDON! – grito antes de cerrar la puerta, con una estúpida y enorme sonrisa de guasón.
Rosalie soltó aire sonoramente, haciendo que mis pendientes se movieran, me gire un poco a mirarla, pero antes que pudiera disculparme con ella en nombre de Emmett, la voz de este se escucho fuera.
- ¡Mierda… están tan buenas, tendré dulces sueños! – exclamo.
Me gire a su escritorio, y lo primero que encontré fue una de esas miles de pelotas de hule espuma.
Sin miramientos la arroje contra la puerta, con la tremenda suerte de darle, y además producir un sonido.
- ¡Te seguimos escuchado idiota, largo de aquí! – grite enojada, tratando de encontrar otra cosa para salir a abrirle la cabeza ahora mismo.
Pero no tuve que hacerlo, pues escuche los pasos pesados y apresurados de Emmett alejándose del lugar.
Aspire profundamente unas dieciséis mil ocho veces para tranquilizarme.
Pero la verdad… si estábamos buenas…
- Lo siento – dijo Rosalie llamando mi atención de nuevo.
Me gire a verla, estaba poniéndose el vestido con las mejillas coloreadas y una expresión tan deplorable como si acabara de matar a alguien – he aprendido algo nuevo hoy – hizo una pausa mientras se giraba para que le subiera el cierre, que con uno que otro contratiempo logre subir sin pellizcar ningún trozo de su piel – nunca, nunca debo tocar los senos de mis amigas en las oficinas de sus hermanos mirones – dicto acomodándose el escote con rostro desencajado.
- Nunca – repetí apoyándola, mientras metía ambos brazos en el vestido, Rosalie tenía razón, si tenía más movilidad – no te preocupes no es tu culpa, es del idiota de Emmett, lo obligare a ver porno para que se le olvide tu imagen – Rosalie alzo una ceja, no sé si incrédula o molesta, le dedique media sonrisa que me devolvió un tanto dudosa.
Me subí el vestido y ella comenzó a acomodármelo, haciéndome sentir en una sastrería.
- Eso fue tan… surrealista… - comento algo aturdida mientras yo asentía, estúpido Emmett, estúpida puerta que no hacia ruido… estúpido… ash, ya basta de estupideces – bien, ehm… si, el siguiente plan… - dijo subiéndome el cierre y acomodándome el vestido.
Me gire para que siguiera jalándome la ropa con nerviosismo, pues al parecer eso la relajaba.
- Es sencillo, - dijo un tanto insegura haciéndome una mueca y recobrando poco a poco su razón – bien, sales de aquí, lo encierras en un lugar donde no sean interrumpidos, que de preferencia no sea este, y le dices toda la verdad – levante la cara para verla extrañada, y ella sonrió, tratando de darme confianza – toda la verdad, que no me has dicho su secreto, que te encanta, que lo quieres, que esperabas tenerlo para ti, que lo has visto besándose con otra, y que quieres una explicación – me envare.
¡Vaya!, pues… no lo había pensado.
¿Decirle la verdad?
¿Acaso se había golpeado en la cabeza o solo la mirada de Emmett le había robado el alma y por eso ya no carburaba correctamente?
Decir la verdad ni siquiera aplicaba para mi madre, ¡ni siquiera para un sacerdote!, nadie podía decir toda la verdad, y mucho menos tratándose del chico que te gusta…
Mucho menos si el chico que te gusta, le gusta tener más de una chica.
Maldito avaricioso…
- Solo tienes que ser sincera, exigirle que él sea sincero contigo, y listo, los malos entendidos terminan, tendrás una explicación decente, y que tal, nadie puede descartarlo, puede que esto solucione todo entre ambos y puedas tenerlo de la manera en que querías, puede que el también quiera algo contigo Bella – la mire incrédula y torcí el gesto – puede evitar mucho problemas, lo sabes, y también sabes, que es el mejor consejo y lo mejor que puedes hacer – me dijo dándome palmaditas en el hombro mirando de reojo mi seno.
Me quede callada, eso, por mucho que sonara razonable, y mucho más que eso, sonaba como un excelente plan, sencillamente no podía hacerlo.
Por una sencilla razón.
Era una cobarde.
No podría hacerlo, Edward me dejaba sin palabras, y tratar de llevar a cabo ese plan resultaría en tartamudear como idiota frente a él, ponerme a llorar, o… o… el fin del mundo…
Ya había quedado muchas veces como idiota frente a él, una mas no era aceptable.
Y no podía aceptar el peso sobre mis hombros por provocar el fin del mundo… eso le correspondía a los Mayas… o a Nostradamus.
- ¿Y el tercer plan? – pregunte esperanzada de no tener que hablar sobre mis sentimientos, pues eso, nunca me había salido bien.
- ¿Tercer plan? – pregunto Rosalie extrañada, frunció el entrecejo y alzo la mano, comenzando a contar con los dedos, solo alzo dos dedos – creo… creo que conté mal, solo tengo esas dos opciones, lo siento – dijo encogiéndose de hombros y girándose para tomar nuestros bolsos.
Me dio el mío con delicadeza y agitando la cabeza distraídamente se dirigió a la puerta, haciendo que la siguiera.
- Ash, lo siento Bella, sabes que no se medan bien las matemáticas – se disculpo sin mirarme mientras seguía sacudiendo la cabeza – pero te he dado los dos mejores concejos que podía, depende de ti lo que elijas hacer – dijo tomándome de la mano y abriendo la puerta – así que, por el momento, solo concéntrate en no matar a ninguna pareja en la pista, después todo fluirá – dijo con una media sonrisa, mirándome con esos ojos que siempre me habían tranquilizado, e indirectamente me dieron confianza.
Caminamos por el largo pasillo rodeadas de filas y filas de casilleros para empleados, mientras mi confianza iba creciendo con cada paso.
Era como el pasillo del optimismo.
Edward no necesitaba que yo hiciera algo, el bien podría haber ideado algún plan para torturarme o golpearme por ser una habladora o para encerrarme en uno de los baños y besarme hasta que me quedara seca… y si no era así, pues tendría al menos un par de canciones de salsa para pensar que hacer mientras bailaba con Emmett.
Y ahora que pensaba en Emmett, lo tendría a mi merced durante el concurso de salsa, eso me atraía mas a salir, de alguna manera tenía que hacerlo pagar por usarnos de revista de Play boy.
Estúpido Emmett.
Al menos, con la reacción de Emmett había comprobado la teoría de que la lencería que llevaba era irresistible para la saliva de un hombre.
Rosalie abrió la puerta que conectaba con el bar, y el sonido de la tranquila, aunque un poco dura voz de Edward lleno el ambiente.
- La pareja ganadora se hará acreedora a increíbles premios para disfrutar en el Bells, si son tocados por algún mesero o su servidor, están descalificados, no se preocupen si solo saben dos pasos de salsa, tendremos parejas de demostración a las cuales podrán copiarles un par de pasos – hizo una pausa en la que mi pánico escénico creció exponencialmente.
Aquí estaba yo, a punto de entrar a un concurso de un baile que implicaba mover el trasero rápidamente, y lucir grácil, algo que no estaba dentro de mi abanico de escasas habilidades motrices.
Me sentía como si hubiera tenido un infarto cerebral, esa era la única explicación para entender el porqué había aceptado bailar con Emmett.
Eso o que el whisky que me había dado Emmett tenía una droga que me convencería de hacer lo que me pidiera, o bien era un whisky dancístico, o…
Carajo… ¿Qué estoy haciendo aquí?
"Al parecer, estoy a punto de hacer el ridículo" me respondí a mí misma, sin ninguna voz de caricatura malévola o benévola de por medio.
Sentí como Rosalie me soltaba de la mano, asustada me gire para esconderme debajo del faldón de su vestido, pero ella dio un paso hacia atrás, supongo que adivinando mis intenciones, me sonrió tiernamente negando con la cabeza, mientras me apuntaba con el celular de Alice.
- Y aquí tenemos a nuestra pequeña Bella a punto de incendiar la pista de baile – dijo quitándome mi bolso – ve por ellos leona – exclamo dándome un empujoncito, avance unos pasos, que quise retroceder asustada, pero entonces un par de manos me tomaron de los hombros, acercándome a la pista de baile y alejándome de una regodeante Rosalie que se despidió de mi agitando sus dedos de manera dispar.
- ¿Qué estaban haciendo ahí dentro? – pregunto la extasiada voz de Alice arrastrándome a la orilla de la pista.
Apenas levante la mirada, el nudo de mi garganta, frecuente amigo, apareció.
Edward estaba sobre el pequeño escenario, con micrófono en mano, hablando tranquilamente con una linda aunque forzada sonrisa mirando a todo el público que estaba totalmente atento a cualquier movimiento suyo.
En realidad, y odie ese pensamiento, lucia increíblemente sexy, parecía una estrella de Rock elegante, apunto de entonar su máximo éxito, mientras se quitaba los pantalones y se los aventaba a la cara a una de sus groupies para que ella olisqueara como perro su entrepierna, (la del pantalón, claro) y acto seguido se desmayara dramáticamente en los brazos de un enorme tipo de seguridad que la lanzaría a una pila de groupies inconscientes y babeantes.
¡Vaya!, soy excelente para pensar en largos argumentos idiotas en tan solo un segundo…
Debería hacer mi propia serie de televisión.
- Emmett salió pálido y sudoroso de ahí, ¿acaso rompieron algo? – pregunto Alice parándose justo al lado del escenario, al borde la pista, me limite a negar con la cabeza, evitando a toda costa mirar al majestuoso maestro de ceremonias.
La pista estaba repleta, aquello me sorprendió, la salsa era conocida… ¡pero en su país!, en Chicago, cuando la gente escuchaba la palabra Salsa, la respuesta automática era: ¡Burrito de espagueti!
Al menos, esa era la mía.
Alguna parejas lucían profesionales, otros tantos emocionados y nerviosos, unos más, totalmente borrachos, seguramente eran víctimas de un reto de borrachera… maldita tradición humillante.
- ¿Lista? – pregunto Jasper apareciendo súbitamente a nuestras espaldas, haciendo que diera un brinco asustada.
- Lista – respondió Alice olvidándose completamente que estaba ahí, me sentí como un fantasma, Jasper le extendió el brazo de manera tele novelesca, Alice lo tomo con aire grácil y simpático, y con aire elegante ambos se dirigieron a la pista perdiéndose entre parejas y la nube de babosa azúcar que destilaban sus miradas.
No quería ser mala amiga, pero ni cuando había estado perdidamente obsesionada con un chico, había sido tan tremendamente empalagosa, ¡Carajo!, parecían un par de pajaritos compartiendo una lombriz.
No, de hecho esa imagen era mejor, la de Jasper y Alice mirándose era como presenciar en primera fila una de las escenas de amor de Jack y Rose en Titanic con Celine Dion cantando Werever you will go de fondo tocando un violín de rosado algodón de azúcar; estaban repentinamente perdidos en su mundo color de rosa.
En realidad esperaba que no hubiera un Iceberg cerca.
- ¿Todavía quieres bailar? – pregunto Emmett acercándose a mí, sin que pudiera estar segura de donde había salido.
- Podría decirte que no – dije recobrando la voz mirándolo con el ceño fruncido y un mohín molesto – pero… no puedo hacer eso, te tendré a mi merced durante el concurso, creo que entonces las cuentas pendientes quedaran saldadas – lo amenace tomándolo de la mano, iba a dirigirme a la pista… pero… ¿ya dije que soy una cobarde?
- Creo que ahora soy yo el que esta dudando en bailar – respondió Emmett sonriéndome de medio lado.
- Demasiado tarde, tendrás que sufrir – respondí tratando de sonar malvada… soné… como Tribilin amenazando a Mickey; Emmett me dedico una mirada de corderito degollado a punto de ser barbacoa que me hizo sonreír de medio lado – ni creas que tus caritas van a hacer que te perdone esto – dije frotando mi dedo pulgar en su dorso.
- Ya veremos que puedo conseguir con otras caritas – dijo guiñándome un ojo.
- Solo lograras que quiera castrarte – dije aun más sonriente.
- ¡Hey!, no te metas con las joyas de la familia – exclamo fingiendo cara de horror, no pude evitar soltar una risotada.
Emmett recobro la compostura y asintió como si estuviera a punto de ir al campo de batalla, tal vez era así, doblo su brazo y me coloco la mano en su codo con elegancia, haciéndome sentir, con ese caballeroso y sobre protector arrebato, como si me estuviera entregando en mi boda.
Di un paso al frente, dispuesta a perderme entre las parejas que esperaban expectantes el concurso.
Pero Emmett, no tenía los mismos planes.
En lugar de dirigirse a la pista dio vuelta, dirigiéndose al escenario.
Reticente, comencé a caminar sintiéndome arrastrada por Emmett, mientras clavaba mi mirada en el piso, tratando de no tropezarme.
- El primer lugar recibirá una cortesía dorada para cada uno, con acceso a tres invitados, - la voz de Edward volvió a cobrar sentido, sonaba un poco más animada que antes - la cortesía dorada consiste en un privado reservado únicamente para ustedes, con una pulsera dorada, que significa consumo ilimitado y sin costo – algunos aplausos llenaron el lugar.
Emmett se detuvo a los pies del escenario, rompiendo nuestro toque para tomarme de la mano, tranquilamente se puso a mirar a Edward y sin otras opciones, y si, con bastante curiosidad, levante la vista.
Para encontrarme con una mirada de pedernal.
El corazón se me detuvo por un instante, mientras el dejaba de hablar, sencillamente mirándome, asesinándome con su mirada, acusándome, destrozándome.
Rosalie tenía razón, tenía que hacer algo, por mucho que en estos momentos estaba más inclinada al odio que al amor en lo que respectaba a Edward, no quería que me odiara.
No sin una buena razón.
Me sentí miserable por eso, a pesar de todo, mi patológica necesidad de agradar siempre salía a flote, no soportaba la idea de que Edward me odiara.
Nuestras miradas se conectaron por un momento, un breve momento que me helo la sangre.
Cuando nuestros ojos chocaron, espere caer fumigada por el odio al piso, pero no, Edward nunca hacia lo que yo esperaba.
Sus ojos de pedernal se ablandaron cual queso sobre el sartén, derritiéndose y formando una expresión dolorida y turbada, pero sobre todo, triste.
Mis ojos, tal vez reflejaron lo mismo, pues, no pude más que sentir una enorme tristeza, un abismo nos separaba, cada vez más profundo, lleno de mentiras, malos entendidos y desencuentros.
Todo un mundo de calamidades existía entre nosotros.
¿Cómo no podía estar triste?
- ¡Queremos bailar! – exclamo una estridente voz alcoholizada a mis espaldas, desgraciadamente, solo cortamos ese contacto visual, pero la tristeza se quedo ahí, impregnada en sus ojos y su voz, y en mi corazón.
- ¡Pues comencemos! – exclamo distraído girándose completamente – les presento a nuestras parejas de demostración, sigan mi concejo, y si pueden copien un par de pasos – dijo con voz mecánica, salvo la ultima oración, en la que decidió animarse y animar al público, es decir tratando de hacer su trabajo – por favor, denle un gran aplauso a Jasper y Alice – exclamo entusiasmado estirando el brazo.
Del otro lado de donde nos encontrábamos, Alice y Jasper subieron al escenario.
Alice lucia encantadora, como siempre su paso ligero y juguetón tan semejante al de una bailarina llamaba demasiado la atención, y claro que levanto una ovación de parte de un gran contingente de público masculino, Jasper, sin embargo, parecía un tanto incomodo, y más cuando los chiflidos dirigidos a Alice se hicieron más sonoros.
Sin embargo, su perfecta burbuja de perfección ni siquiera se desinflo, Jasper la llevaba firmemente agarrada de la mano, como protegiéndola y cuidándola, y a la vez, dejando completamente claro que quien osara acercarse se arriesgaría a ser mutilado a sangre fría.
Y a pesar de eso, lucían tan lindos… ¡puaj!
Me limite a aplaudir y sonreír, al igual que todos en el Bar.
Edward se aclaro la garganta, visiblemente molesto, claro, las atenciones que levantaba Alice, hacían que se levantara el instinto sobre protector y desquiciante de Edward.
- Y por favor, otro fuerte aplauso para Emmett y Bella – dijo Edward con tono un tanto plano.
- Espera… ¿Qué? – exclame soltando a Emmett que acaba de tomarme de la mano para subir por las pequeñas escaleras al escenario.
Emmett se giro desconcertado a mirarme, su sonrisa pronto se diluyo.
- Oh vamos, no me hagas cargarte – me pidió con un mohín divertido.
- Tu nunca dijiste que me harías bailar sobre un escenario – le reclame dando un par de pasos atrás, Emmett rápidamente y sin dejarme actuar, me tomo de la mano y me jalo, recuperando los pasos que había retrocedido y anotándose unos mas – No Emmett, no puedo hacerlo, no lo hare – dije negando mientras retorcía la mano tratando de soltarme.
- No podemos concursar, el premio es consumo en el Bar, y para nosotros es Gratis, solo quiero bailar Bella, por favor – agrego apretando un poco más su agarre y arrastrándome un poco más, trate de resistirme, pero, esos esteroides le habían servido bastante, y mirando hacia arriba, fui consciente que una ligera rechifla comenzaba a esparcirse por el lugar.
- Oh no, no, podemos bailar en cualquier otra ocasión, y en donde nadie nos vea – replique asustada agitando mi mano, ya habíamos llamado la atención de las personas que estaban a nuestro alrededor, de reojo vi como Edward sonreía falsamente mientras su mano estirada esperaba a que subiéramos, y Alice mirándome nerviosa, mientras Jasper la retenía con la mano.
De pronto, y haciendo que casi cayera, Emmett dejo de jalarme, tropecé y trastabille hacia atrás, ayudada por unos pares de manos para no caerme, mire a Emmett extrañada y enfadada.
- Bella, evitémonos esto, se que aceptaras, sabes que aceptaras, saltémonos el paso de los chistes incómodos y las caras burlescas, esto es especial para mí, lo único que tienes que hacer es bailar, ignora a todos, y concéntrate en mi – dijo un poco molesto, pero al final su discurso se suavizo, volvió a tomarme de la mano, lenta y cariñosamente.
- Eres el peor hermano chantajista del planeta – le dije tomándole la mano y avanzando torpemente hacia las pequeñas escaleras del escenario.
- Soy genial – dijo como toda respuesta.
Los aplausos no se hicieron esperar, apreté fuerte la mano de Emmett mientras subíamos por las pequeñas escaleras y el público aplaudía cordialmente.
Llegamos al escenario, y Emmett revelo que estaba completamente loco.
Comenzó a saludar con la mano como si estuviera a punto de recibir un premio por el Mejor Chantajista, sonreía lanzaba besos, guiñaba el ojo, parecía una estrella de Hollywood.
En cambio yo, aprovechando su descomunal tamaño, trataba de esconderme detrás de él, pero claro, el se dio cuenta de esto, y con la sutileza de un caracol me coloco frente a él de un jalón.
Nos colocamos a lado de Alice y Jasper, ambos me sonreían para infundirme valor, pero yo solo quería salir corriendo de regreso a la oficina y quedarme dos días sentada en el sofá masajeador.
Emmett aprovecho mi desconcierto, para de nuevo, hacer gala de su sutileza, me tomo de la mano y me hizo dar una vuelta como luciendo un auto último modelo.
Una rechifla lleno el lugar, pero no era del tipo que necesitas escudarte con la tapa de un bote de basura, lo cual, hizo que me sonrojara como si llevara tres días bailando y que Emmett y Jasper adoptaran una posición estratégica justo frente a mí.
Fantástico… no era suficiente con un hermano feo y sobre protector, ahora ellos ayudaban a sus camaradas a ser sobre protectores con sus hermanas.
Genial,… sencillamente… genial.
- ¡Suficiente! – grito Edward llamando la atención de todos, los cuatro nos giramos a verlo sorprendidos, pero Edward recompuso su actitud en medio segundo – ¡comencemos, Música DJ!, ¡Suerte! – volvió a gritar, jubiloso y extasiado, completamente falso.
¿Qué demonios había sido eso?
Ignorando nuestros rostros extrañados olímpicamente, Edward apago el micrófono, dio media vuelta para mirarnos con una falsa sonrisa incomoda y tras un escueto "Suerte", bajo del escenario, no sin antes dedicarme una última y enigmática mirada.
Bipolar.
Sentí la mano de Emmett sobre mi cintura, y me obligue a regresar a la realidad.
- No estés nerviosa – me pido Emmett mientras todas las parejas se acomodaban en la posición inicial y Alice y Jasper se alejaban un poco de nosotros – seguro me perdonaras cuando la música comience, te tengo una sorpresa – dijo por millonésima vez en la noche.
Me obligue a sonreír, tratando de tranquilizarme, le coloque en el hombro la mano rota, que por cierto estaba tan manejable que se me había olvidado y sacudí la cabeza para quitarme un poco la bruma.
- Solo, disfrútalo – me pido, y dos segundos después el primer acorde de la música lleno el lugar.
Me quede helada.
Y no por los nervios, sino por la canción.
Emmett me sonrió, de oreja a oreja, con ojos vidriosos y alegres, provocando que lo imitara.
No solo había elegido la única canción que me hubiera conmocionado, sino, que era perfecta para el momento.
Era la primera canción que habíamos bailado juntos, era, nuestra canción.
Sin más Emmett comenzó a bailar, mientras yo, dejaba que mis sentidos se inundaran de aquella felicidad que me causaba la música en sí, y no solo eso, sino también la letra de esta.
"Todo aquél que piense que la vida es desigual,
tiene que saber que no es así,
Que la vida es una hermosura, hay que vivirla
Todo aquel que piense que está solo y que está mal
Tiene que saber que no es así
Que en la vida no hay nadie solo, siempre hay alguien"
Tuve una regresión de varios años, retrocediendo en mi memoria, a cuando yo llevaba frenos y Emmett llevaba el cabello hasta los hombros con algunos reflejos verdes y chaqueta de motociclista golpeador, mientras bailábamos felices y torpes en nuestra clase.
"La vida es un carnaval" mas cierta no podía ser la canción, toda mi vida había sido un carnaval, lleno de tristezas y alegrías, ¿y la de quien no?... y ahora, la letra no hacía más que darme una nueva perspectiva, una que me hacia feliz.
Nada podía ser tan malo, nada podía ir tan mal, Celia Cruz me lo había enseñado.
Y en ese instante, todo lo malo desapareció.
Emmett y yo dábamos vueltas, bailábamos con pasos no tan comunes, saltábamos, girábamos, nos acercábamos y nos alejábamos, parecía que jugábamos con nuestros brazos, pero aquellos pasos eran los más divertidos, girarnos y bailar sin soltarnos las manos.
Me sentí ligera cual pluma, de nuevo tan hábil como lo máximo que había sido en las clases, espigada, alta, grande; mientras Emmett me hacia girar y brincar y yo movía la cadera como nunca podría hacerlo en otra situación.
Y de verdad, como decía la canción, "siempre hay alguien", y ese alguien, era Emmett.
"Ay, no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando
Oh oh oh ay no hay que llorar
que la vida es un carnaval y las penas se van cantando"
Era una canción muy rápida, tanto que apenas llego el primer coro sentí como una pequeña gota de sudor me bajaba hasta la nuca.
Emmett lucia igual, con las mejillas brillantes y gotitas cristalinas en la frente.
Sencillamente, estaba en otro mundo, en el cual era más joven, no había conocido las penas, no había miedos ni tristezas, y todo era un Carnaval.
"Todo aquel que piense que la vida siempre es cruel
Tiene que saber que no es así
Que tan solo hay momentos malos y todo pasa
Todo aquel que piense que esto nunca va a cambiar
Tiene que saber que no es así
Que al mal tiempo buena cara y todo cambia"
Emmett me sonrió y asintió, dándole un énfasis extra a la última frase, haciéndome sonreír divertida.
Claro, para Emmett y para mí, después de los momentos malos, todo había cambiado…
Reíamos felices en nuestra burbuja de Salsa, pero, no pude evitar que mis ojos se acuaran.
Esto era más grande que yo.
"Ay, no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando
Oh oh oh ay no hay que llorar
que la vida es un carnaval y las penas se van cantando
oh oh oh ay no hay que llorar"
De verdad que no quería llorar, pero, estaba inmensamente feliz, repleta de buenos y malos recuerdos, de dulces recuerdos, añorando a personas que ya no estaban, añorando el pasado que se fue, disfrutando de este momento.
Recordando que la vida es un carnaval.
"Carnaval, es para reír
No hay que llorar, para gozar
Carnaval, para disfrutar
hay que vivir cantando
Carnaval, la vida es un carnaval
No hay que llorar, todos podemos cantar
Carnaval, ay señores
Hay que vivir cantando
Carnaval, todo aquel que piense
Que la vida es cruel
Carnaval, nunca estará solo
Hay que vivir cantando, Dios está con él"
Emmett me sonrió, haciéndome sonreír mas, después me lanzo una miradita, como pidiéndome permiso, a lo que asentí despreocupada.
Sin más comenzó a darme vuelta tras vueltas, haciendo que buscara eso que nuestra maestra de baile llamaba "Spot", un punto fijo para no marearte mientras dabas vueltas y ese Spot, fue Emmett.
Me dio fácilmente unas diez vueltas seguidas, y después de sentirme realizada por no vomitar, y haber conservado la línea del cuerpo, como tantas veces nos había reclamado la maestra, nos acercamos y aumentamos la velocidad y dificultad de nuestros pasos y también aumentamos la felicidad.
"Para aquellos que se quejan tanto
Para aquellos que solo critican
Para aquellos que usan las armas
Para aquellos que nos contaminan
Para aquellos que hacen la guerra
Para aquellos que viven pecando
Para aquellos que nos maltratan
Para aquellos que nos contagian"
Tras cada frase, Emmett y yo dábamos el mismo gritito que el coro de Celia Cruz, y reíamos, al terminar la letra de la canción, Emmett decidió echar toda la carne al asador.
En aquel fragmento de música solitaria, a Emmett se le ocurrió, que además de hacerme llorar de felicidad, iba a hacerme llorar de dolor.
Sin más, me tomo de la cintura con ambas manos, una por delante y otra por detrás, rodeándola por completo, y súbitamente, me llevo hacia atrás, haciendo que diera una pirueta en el aire, como una vuelta de carro pero sin manos, un mortal; solamente cargada y "protegida" por sus brazos.
Cuando me dejo en el piso, tras lo que pareció, un intento de asesinato, me di cuenta que estaba completa, y salvo un pequeño tirón que sentí en la palma de la mano lastimada, todo estaba perfecto.
En medio segundo Emmett volvió a tomarme de la cintura, siguiendo con el baile.
Y en ese medio segundo, escuche los gritos de admiración y los aplausos que le siguieron a su hazaña.
Pero ni siquiera quise fijarme en eso, Emmett no dejo que saliera de nuestra burbuja, y seguimos dando giros y moviendo las manos y las caderas con elegancia y rapidez, aumentando nuestro gozo y nuestra energía, mientras la canción terminaba.
Emmett hizo que hiciéramos algunas magias, no tan arriesgadas como el darme una voltereta en el aire, pero que me hicieron reír y dejarme impresionada.
¿De verdad yo estaba haciendo esto?
Y cuando la canción dio su toque final, Emmett me dio un par de vueltas y para terminar me tomo en brazos y me inclino hacia el suelo, rodeándome para terminar con una hermosa estampa, de el tomándome de la mano y la cintura mientras yo dejaba caer la cabeza hacia atrás y levantaba una pierna.
Y así termino el carnaval.
Nos quedamos durante unos segundos en esa posición, mientras nuestro pecho subía y bajaba rápidamente, y nuestras sonrisas solo existían para nosotros.
Y entonces, todo el lugar se lleno de gritos y aplausos, haciendo que saliéramos de esa burbuja.
Emmett me incorporo y antes de cualquier cosa me abrazo protectoramente, me puse de puntitas y le llene la cara de besos, riendo feliz.
Y los aplausos seguían.
Emmett me giro, con una mano en la cintura, y entonces, el pánico escénico me invadió.
Todo el lugar aplaudía y gritaba, señalándonos, riendo, tomándonos fotos.
Me sonroje, más de lo que estaba por el esfuerzo físico, y Emmett, obviamente comenzó a sonreír y saludar con la mano como si acabara de ganar Miss Universo.
Hizo un par de reverencias, y como yo estaba estática completamente anonadada mirando atontada los flashes, me obligo a unirme en las reverencias, jalándome de la mano para inclinarme.
- Esa fue La Vida es un Carnaval de Celia Cruz – dijo la voz de Edward llamando la atención de todo mundo, incluso la mía, me enderece y mire a la esquina del pequeño escenario, donde Edward sonreía radiante, mirándome.
Sus ojos eran de nuevo claros, tiernos, ahora admirados y felices.
No pude evitar volver a sonreír.
- ¿Qué les ha parecido el calentamiento? – pregunto divertido, mientras yo era consciente del peso de muchas miradas sobre nosotros, los nervios no pasaban, pero siendo sincera, esta sensación de bienestar que se extendía por ser apreciada era bastante agradable.
Dios, me sentía como la reina de la Salsa.
Solo me hacía falta un Burrito.
Emmett, completamente orgulloso y engreído saludaba al público haciendo reverencias, guiñando a algunas espectadoras babeantes, sonriendo, paseándose por el escenario como si fuera la ganadora de la "Flor más bella del Ejido".
El lugar era un caos, era tan hermoso.
Pero yo solo podía distinguir la radiante sonrisa de autosuficiencia y felicidad de Emmett, y la sublime y majestuosa mueca de Edward.
Me gire un poco y vi a Alice y Jasper, lucían igual de maravillados que el público, y sonrojados y felices mirándose, no sabría decir si era por el baile que habían compartido… o por compartirlo.
Les sonreí mientras ambos se acercaban para colocarse a nuestro lado, y de reojo vi una cabellera rubia que saltaba y agitaba la mano.
Rosalie estaba completamente roja, gritando como si trataran de matarla, pero reía y sonreía, pegándoles el codo en las costillas a cada incauto espectador que osaba quedarse más de dos minutos a su lado, cuando captaba su atención, solo reía y gritaba de nuevo, solo que señalaba hacia donde estábamos.
Volví a sonrojarme, mientras Alice me abrazaba casi asfixiándome y reía y gritaba histérica en mi oído, Emmett tuvo que sostenerme de la espalda para que no callera hacia atrás.
- ¡Eso ha sido magnifico! – Me grito al oído aturdiéndome más – ¡nunca pensé verte mover así el culo Bella! – exclamo mientras me soltaba sonriendo y riendo, y Jasper y Emmett chocaban puños de manera masculina y testosteronica, incómodos, supongo de abrazarse en frente de un público tan grande…
Hombres…
- ¡Bien nos quedan 30 parejas, den el máximo! – exclamo Edward exageradamente alegre mientras el público volvía a emocionarse, y una nueva canción comenzaba.
Emmett volvió a tomarme de la cintura, y volvimos a comenzar.
El shock inicial pasó para mí y para todos, y la música siguió, alegre y victoriosa de darnos tanta alegría.
En realidad no sé cuantas piezas pasaron, Emmett me envolvió en una burbuja de felicidad que me dificultaba siquiera pensar en cómo lograba mover el culo de la manera en que lo estaba moviendo, me dedique únicamente a sentir.
Sin embargo, aquella burbuja era rota por momentos, en que la cadencia de la música bajaba a un ritmo más tranquilo, y podía darme el lujo de mirar el lugar.
Cuando bailábamos la millonésima canción, con un ritmo mucho más lento que todas las anteriores, pasee mi vista por el lugar, y lo primero que capte fue una conocida cabellera rubia que se paseaba frente al escenario.
Eso fue lo primero, y cuando mi cerebro proceso que estaba acompañada mis pies se volvieron estúpidos y mi culo dejo de sacudirse como secadora.
Era de esperarse que Rosalie no estuviera sola, era Rosalie, pero la compañía que tenía era totalmente inesperada.
Enganchados del brazo, sumidos en una aparente amena e intensa conversación, Edward y Rosalie pasaban por delante del escenario, mirándose y hablando como si hubieran compartido pañal en la guardería.
Sin darme cuenta mis pasos se detuvieron, fijando la mirada en la pareja que parecía haberse olvidado de que alguien, alguien como la chica celosa y traicionada los podría mirar.
Apreté los dientes molesta, ¡claro que estaba molesta!, la única imagen que se asemejaba a la que estaba presenciando era de ellos dos conociéndose en la carretera del lago Michigan, coqueteándose y dejándome completamente olvidada, justo como ahora.
Como si el peso de mi mirada de verdad pesara, ambos se giraron a verme, Rosalie sonreía de medio lado como diciéndome "¡Ja, perdiste!" y Edward me miraba… ¡un momento!... me miraba triste, bueno, algo triste, pues tras dos segundos de conectar su mirada con la mía, sus lascivos ojos recorrieron mi cuerpo agitado y sudoroso.
Ok… eso había sonado demasiado perverso, demasiado lejano, demasiado… placentero.
Di dos pasos hacia enfrente confundida y enojada, y al segundo paso me tropecé con el pie bailarín de Emmett, propinándole tremenda patada en la espinilla.
Me apretó la mano, haciendo que me retorciera dolorida y girara a verlo, iba a reclamarle, pero en lugar de eso me eche a reír cuando vi su pucherito dolorido y una lagrima tipo Ranma y medio saliendo de su ojo derecho.
- Sabia que ibas a vengarte, pequeña rencorosa – mascullo agachándose para sobarse un poco – debí haberlo sabido cuando te detuviste con cara de boba – mascullo molesto mientras volvía a levantarse.
- No te metas con Bella Swan – le dije riendo divertida, volvió a tomarme de la mano, y como si nada hubiera pasado continuamos bailando, aunque a Emmett le costó un par de pasos adecuarse al ritmo sin cojear.
Cuando estuve de nuevo en posición, gire a la pista de nuevo, pero no encontré la rubia cabellera de Rosalie ni el rebelde cobrizo de Edward.
Habían desaparecido.
Mierda.
Emmett llamo mi atención comentando algo de lo que le gustaban los autos grandes, y que las casas rodantes eran como un sueño mojado para él.
Obviamente eso hizo que volviera a reírme, y siguiéndole la corriente, comencé a conversar con el de lo incomodo que era saber las intimidades mojadas de tu pareja de baile.
Y así continuamos por unas canciones más, la plática no era tan continua, pues teníamos que darnos la espalda o girar continuamente, pero logre sacar de ella una deducción.
No debía darle a Emmett un auto grande de navidad, porque mojaría sus pantalones.
La última canción termino, y agradecí mentalmente con un grito tipo Tarzan de victoria, estaba exhausta.
- Eso ha sido magnifico – exclamo Edward sorprendiéndome apareciendo en la orilla del escenario que le correspondía a Alice y Jasper, que lucían igual de exhaustos que nosotros, solo que demasiado sonrientes, ok, debía hablar con Alice con diccionario en mano para mostrarle el termino discreción, y un maldito momento, ¿Dónde demonios estaba Rosalie? – Tenemos a dos parejas, solo una será la ganadora, publico, miren esta última canción y elijan al ganador con sus aplausos – pidió Edward levantando la mano.
Por ambos lados del escenario subieron dos parejas, lucían acaloradas, pero bastante felices.
- Démosle un fuerte aplauso a Emmett, Bella, Alice y Jasper – exclamo Edward de nuevo, dando el pie para comenzar a caminar a la salida, pero Emmett me tomo de la mano, obligándome de nuevo a inclinarme en reverencia.
De verdad, tendría que inventarle un concurso del más idiota o algo así, solo para que agradeciera el solo como idiota.
Ok, cansancio mas pudor publico era igual a irritabilidad.
Después de la ovación, que en realidad fue muy agradable, Emmett me dio un empujoncito indicándome que ya podía esconder mi cabeza en cualquier agujero.
Y más valía, que el agujero fuera la boca de una botella de Whisky.
Emmett me llevo de la mano hacia la orilla contraria de la cabina, y mientras la última canción sonaba, la decisiva para que alguien por fin ganara esta bendita pulsera dorada la llave a una congestión alcohólica elegante, los cinco bajamos del escenario.
Nos detuvimos a un par de metros, Emmett me soltó y comenzó a aplaudir animando al público y animando a las parejas.
Edward disimuladamente… mal, se coloco rápidamente al lado de mí, cerrando el paso a Alice y Jasper, que sin inmutarse se colocaron detrás de nosotros.
Cuando comenzaba a apreciar los pasos de los finalistas, Edward y Emmett dieron un paso hacia atrás, igual de mal disimulado que Edward en un principio, y de nuevo, haciéndome sentir como un fantasma comenzaron a conversar con señas y en tono adecuado para que ellos pudieran entenderse, pero yo no tuviera una sola pista de que hablaban.
Cruzaron un par de oraciones, y después como si nada hubiera pasado, se colocaron de nuevo a mis lados, haciéndome sentir el jamón de un sándwich.
Ambos me miraron de reojo sonrientes, demasiado sonrientes, si no lo supiera pensaría que se reían porque tenía una rata caminando en la cabeza o algo así.
- Hey Bella, ¿lista para el segundo Round? – me pregunto Emmett levantando las cejas divertido.
Abrí la boca de par en par.
- ¿Me estas tomando el pelo, no? – solté entre enfadada, exhausta e incrédula, ¡estaba muerta!, y el no lucia mejor que yo, si bailábamos un solo acorde mas, el yeso de mi brazo se desintegraría por todo el sudor.
- No técnicamente – respondió haciendo que soltara un gritito de horror – tranquila, estaba bromeando, estoy muerto – dijo sonriéndome mientras me pasaba un brazo sobre los hombros.
Mierda, los esteroides también pesan…
- Pero para mi desgracia, todavía tengo deberes con el Bar, en cambio tu – dijo guiñándome un ojo sonriente, haciendo que frunciera el entrecejo confundida – estas libre, puedes disfrutar del Bar, yo entregare el premio a los ganadores, y después tengo un par de cosas que hacer, estaré libre como en una hora, y podremos irnos, te llevare a casa – dijo en demasía emocionado, tal vez el esfuerzo físico de verdad le había afectado.
- No te preocupes – medio grite extrañada, pues la música estaba comenzando a subir de volumen – traemos el auto, las chicas y yo podemos irnos, no quiero causarte problemas – le ofrecí, en realidad, la noche había sido fantástica, y todo era gracias a él, desde el hermoso lugar, las deliciosas bebidas, los suculentos meseros, el fantástico concurso de Salsa y el majestuoso y sublime maestro de ceremonias, sencillamente, me sentía una tramposa recibiendo más de él.
- ¡Oh no, de eso ni una palabra! – exclamo entre nervioso y enojado, fruncí el entrecejo cuando cruzo una mirada cómplice con Edward, que esperaba callado a mis espaldas, gire a verlo, y el sencillamente me dedico una sonrisa que trataba de ocultar algo más… extraño, realmente extraño – mira, deja que Edward te lleve a la mesa que tenemos, tomate unos tragos y disfruta del lugar, regresare por ti en una hora, y nos iremos todos juntos, ¿te suena bien? – me pregunto sonriendo con cariño, y un tanto nervioso.
Guarde silencio extrañada, sentía que algo se me estaba escapando, Emmett nunca estaba nervioso, era el ser más sincero que conocía, porque sencillamente no podía ocultar nada, y al parecer, algo estaba ocultándome.
Mi sexto sentido nunca fallaba… salvo, desde hacía un mes.
- Ahm… no quiero molestarte mas – respondí insegura, el se cuadro de hombro y se agacho para tomarme de los hombros fuertemente mirándome a los ojos con una expresión seria.
- Mira, necesito hablar contigo, y no planeo esperar más que la siguiente hora, así que por favor, deja que Edward te lleve a la mesa, ¿sí? – me pregunto con semblante decidido.
Me sacudí su agarre y asentí con la cabeza.
- De acuerdo, los veo luego – y sin más se dio media vuelta para avanzar hacia el escenario de nuevo.
Ok, podría ser que mi sexto sentido fallaba de nuevo, pero sentía que algo gordo estaba por venir.
Y lo primero era, tendría que compartir con Edward unos minutos mientras el fungía de Guía de Bar.
¡Pero que tonta!... claro que no tendría que compartir sola, Jasper y Alice estaban esperando.
Gire con una enorme sonrisa para pedirles que fuéramos a tomar unos tragos.
Obviamente, mi sonrisa se esfumo como un ovni avistado en la estatua de la libertad.
No había rastro de la pareja de azúcar por ningún lado, gire la cabeza a los lados, hacia atrás, pero nada.
Sin otra opción encare a Edward que nervioso hacia como que admiraba el baile de los finalistas, pero sentía claramente como había vigilado todos mis movimientos.
Al parecer nadie se había percatado de la ausencia de Alice y Jasper, o tal vez nadie quería reconocerlo, pues, yo tampoco lo haría, no quería una discusión por saber dónde encontrar a los tortolitos.
- Estoy muerta – susurre cansada.
Edward al fin me miro directamente, al parecer me había escuchado, con una sonrisa incomoda estiro el brazo para darme paso hacia las filas de mesas al lado de la pista – Después de ti – fue su respuesta.
Camine extrañada, ok, era lindo y caballeroso que me diera el paso, pero se suponía que él me guiaría a la mesa, no yo a él.
Aunque en realidad estaba exagerando, si la mesa era cerca de la pista, solo había una hilera, así que, podría sentarme en cualquiera que estuviera libre.
Tras unos metros de caminar, y sentir como Edward caminaba detrás de mi vigilante, sonreí animada cuando a un par de mesas mas, vi la cabellera rubia de Rosalie agitándose mientras esta, aplaudía y bailaba, o intentaba hacerlo al ritmo de la música.
Decidida, de terminar con la incómoda sensación de tener un traicionero y hermoso hombre pisando mis talones di un par de pasos más grandes que los anteriores, alertando a mi acechador que había encontrado el camino a casa.
Pero me frene de golpe, mirando la enorme sonrisa de Rosalie, recordando que hasta hacia un par de minutos, solo quería gritarle por coquetear con alguien que según sus propias palabras era el más grande cretino del mundo plano.
Me debatí, completamente estática, entre ir y pedirle a Rosalie que se dejara golpear por mí, y ser mala amiga.
Bueno, para el caso era lo mismo.
Sin embargo, decidí tomar su propio concejo, encararla y pedirle una explicación.
De nuevo decidida di un paso, y cuando iba dar el otro, Edward súbitamente me tomo de la mano enyesada y con un movimiento brusco me jalo para escondernos detrás de un pilar, ocultándonos de la vista de Rosalie.
Asombrada y un poco dolorida lo mire a los ojos, su expresión era nerviosa, pero también arrepentida, esos ojos claros y transparentes gritaban remordimiento.
Sin estar completamente consiente de nuestra posición, pero sí de la incómoda proximidad, di un paso hacia atrás, alejándome de la cercanía no tan cercana de su atrayente ser, y chocando con la pared.
Paso, lo que a todos nos ha pasado, no solo una vez, sino demasiadas malditas veces, me di en ese maldito punto sensible en el codo, haciendo que un dolor tipo espasmo endemoniado recorriera todo mi brazo, provocando que me retorciera de nuevo dolorida.
Y mucho más que eso, maldita mi suerte, era el brazo roto, sudado y repleto de yeso.
Sisee de dolor, sobándome la mano, que en realidad era lo que más me dolía, malditos huesos rotos.
- Discúlpame – dijo él, en un susurro arrepentido, y fue ahí cuando note que estaba tan cerca como para decírmelo al oído.
Mierda…
- No fue tu culpa, fue la estúpida pared, los estúpidos huesos rotos, y mi maldita suerte – trate de reconfortarlo, pero el negó con la cabeza, rozando con su nariz repetidas veces mi mejilla.
Causando que otro tipo de espasmos recorrieran otras partes de mi cuerpo.
Y no, esas partes no eran un punto entre mis extremidades, era más bien arriba, un retortijón incomodo y repelente en mí estomago.
Algo que nunca había sentido producto de sus roces.
- No me refiero a tu brazo – dijo sombríamente levantando un poco la cabeza y mirándome.
Lo mire confundida, sus ojos seguían derramando arrepentimiento, pero yo estaba totalmente perdida.
El no se había dado cuenta que lo había visto con la rubia senos de pelota… ¿o sí?...
Porque si era así, y ese era el porqué de su disculpa, estaba muy equivocado si creía que con solo eso estaría satisfecha.
- ¿Hablas de lo de la rubia? – pregunte apretando los dientes, completamente segura que eso era, mientras ese retortijón repelente en mi estomago comenzaba a extenderse por mi cuerpo como escudo.
- ¿Rubia?, ¿Qué rubia? – pregunto a su vez extrañado.
- Tú y la rubia senos de pelota – masculle molesta, por el dolor de la mano y su cobardía, o su idiotez.
- Yo y… ¿Quien? – pregunto, pero con la palabra Quien, pareció darse cuenta a que me refería, empalideció de golpe – tu… tu… ¿nos viste? – pregunto alarmado.
- Si te refieres a que te vi restregándote en la falda de una rubia con pinta de la más fácil en la pista, pues si, los vi – respondí con un punzante tono sarcástico.
Trago saliva y nervioso se paso la mano por el cabello.
- Yo… yo… pensé que no estabas aquí – dijo confundido.
- Momento, si no sabías que te vi, ¿Por qué te disculpas?, ¿acaso eres de ese tipo de idiotas que se disculpa porque sabe que algo ha hecho mal, solo que no sabe que, y ni siquiera siente arrepentimiento? – pregunte mas enojada.
- Hey momento – dijo reaccionando de su estupefacción – no soy ningún idiota, y no, no estaba disculpándome por algo que no sepa, realmente siento arrepentimiento por eso – explico de nuevo miserablemente, pero visiblemente molesto.
¿Pues adivina, Cullen? Yo también estaba a punto de echar humo por las orejas.
- ¿Arrepentimiento de que? – solté molesta, estas platicas con frases de mas, me estaban volviendo loca - ¿de frotarte con otra cuando tenias una promesa que cumplir? – escupí sacando todo el veneno que pude en cada palabra.
- ¡No! – grito llamando la atención de algunas personas que estaba cerca, mi rostro debió reflejar la sorpresa y el dolor que ese No significaba.
No estaba arrepentido, no sentía nada por haberme traicionado.
Tal y como temía que sucediera.
Tal y como sabía que iba a suceder.
- Yo… ¡No!, no es lo que piensas, yo… ¡si estoy arrepentido!... – pero no lo deje terminar su trabado discurso.
- ¿De que carajos estas arrepentido? – le grite de vuelta, llamando aun más la atención, esta vez el pánico escénico no había acudido a mí, en su lugar mando la falta de pudor.
Y todo el cansancio e ira acumulados.
- ¡De creerte una habladora! – me grito de vuelta sobrepasado por la situación.
- ¿Qué? – pregunte perdida pero sumamente irritada.
Me sentía como la tetera de La Bella y la Bestia, iba a sacar vapor por la boca con un molesto ¡Piii! Si este inútil seguía confundiéndome.
- Rosalie me dijo que no le has contado nada, que todo fue un estúpido malentendido – dijo mas sereno tomándose el puente de la nariz, supongo que tratando de no ganarme mi papel de tetera.
Me quede callada, bien ahora no tendría que aclararlo, y como había predicho Rosalie, no había tenido que hacer nada, el solo había entrado a la boca del lobo.
- Yo… de verdad lo siento, siento haber pensado que me traicionarías así – explico con tono dócil mirándome con sus estúpidos ojos cristalinos, llenos de verdad y de remordimiento.
- Yo también lo siento – dije apretando los dientes, había pulsado el botón rojo, lastima por él, el té estaba listo – siento haber pensado que tu no me traicionarías – le dije en un siseo, y esta vez fue mi turno de destrozarlo con la mirada.
Sorprendido abrió los ojos de par en par, y tras un momento en que me dejo disfrutar de la masacre, entrecerró los ojos y se giro, para romper el contacto.
- No te traicione – murmuro enojado alejándose un par de pasos – solo bailábamos – dijo en tono sombrío.
- ¿A eso le llamas bailar?, entonces lo que tú y yo hicimos en el bosque debe ser como, un pecado mortal – escupí enojada y un poco más alto de lo debido, pues un chico que pasaba me miro con ojos lascivos, sin miramientos alce la mano buena con el dedo medio luciendo todo su esplendor.
¿Bailar?, ¿de verdad bailar?
Que le den.
Y que no sea yo.
Ni la rubia.
Que sea un enorme afroamericano con un tatuaje de un tulipán en el brazo.
- ¡Basta Bella! – exclamo enojado dándome la espalda, me envare dispuesta a seguir con la masacre, pero el volvió a girarse y volvió a aprisionarme contra la pared, sin tocarme, solo colocando sus brazos a los lados de mi cabeza sin dejarme escapatoria, aparentemente, pues bien podría patearle la entrepierna y dejarlo gritando como si hubiera ingerido Helio en el desayuno – escúchame bien – siseo tan cerca de mi rostro que pude oler su aliento mezclado de menta y alcohol… y algo de comida chatarra… - solo bailábamos, eso fue lo único que hicimos – dijo molesto, pero volví a interrumpirlo.
- Te vi besándola – ataje con voz igual de amenazante que la suya, incluso más.
El pareció retroceder en su ataque un par de segundos, pero después completamente rojo apretó y relajo la mandíbula un par de veces para encararme de nuevo.
- Bailamos, la bese, tal vez fui mas allá, no podrás saberlo – dijo, haciendo que algo dentro de mí se rompiera y me incendiara con ira, si, más ira – y en dado caso que pudieras – siseo lentamente con voz ardiente, (y no del ardor que se disfruta) colocándose a dos centímetros de mi rostro, haciendo que la electricidad y el fuego explotaran en ese ínfimo espacio – tu, Isabella, no tienes ningún derecho sobre mi – aclaro tajante y con voz clara, dejándome completamente anonadada – Tu y yo no somos nada – remato.
Para darle más fuerza a su declaración se separo bruscamente de mí, llevándose el poco aire que me quedaba, haciéndome exhalar fuerte.
Estaba completamente herida y sorprendida, esto, era lo que menos esperaba de él.
Era lo que más temía.
Que fuera sincero.
No somos nada.
- Y escucha – volvió a hablar ahora medio metro alejado de mi – no vuelvas a… - pero volví a interrumpirlo, impulsada por el dolor y la ira.
- Cállate ya – masculle con voz amenazante, esta vez yo fui la que se acerco a él, haciendo que retrocediera hasta toparse con otro pilar.
Casi me reí cuando torció el gesto tomándose el codo, pero estaba sobrepasada por todas las emociones.
Cuando estuvo arrinconado, ya que yo no podía encerrarlo con mis brazos me limite a encararlo, como un león a una pobre cría de Ñu.
– Estoy cansada de este estira y afloja, estoy cansada de que el 90 por ciento de las veces que nos vemos uno o ambos gritemos, estoy harta de esto – le dije señalándonos – estoy harta de ti – aclare apretando los dientes, hundiendo mi dedo en su pecho, con demasiada fuerza.
Abrió los ojos sorprendido, y pude notar como aquellas palabras le dolían, y eso, a pesar de todo, me gusto – Así que sencillo, no tengo derechos sobre ti, y tu mucho menos sobre mí, no somos nada, estoy cansada de esto, olvidemos que algo paso, y por mi salud mental y tu bienestar físico, vete a la mierda – sin esperar su respuesta me di la vuelta, oí que bufaba, pero no dijo nada para detenerme, tampoco lo haría.
Camine, casi corrí a la mesa en donde Rosalie estaba cómodamente sentada bebiendo una copa de whisky mientras miraba hacia la pista con aire perdido.
Sin decir nada me senté a su lado, y sin miramientos le arranque la copa de las manos y me la tome de un trago.
- Estuviste fantástica – dijo sonriente me dio un abrazo que no pude corresponder, me sentía agarrotada, me soltó casi de inmediato, con el ceño fruncido.
Se sirvió otra copa y sin dejarla que la saboreara volví a tomármela de un trago.
Esperaba que el alcohol me despertara de este letargo amargo e iracundo.
- Lo grabe todo – intento de nuevo, todavía animada, aunque con una expresión calculadora y el entrecejo mas fruncido.
Gruñí en señal de respuesta y cuando ella volvió a servir un trago, dispuesta a arrancárselo de nuevo y beberlo de golpe, ella me dio un manotazo, obligándome a mirarla.
No era extraño que ella se portara como una madre regañona, en realidad, era cotidiano, ya que todas las veces que el extraño sentido moral y sobre protector de Rosalie salía a flote, estaba ebria.
Nos escudriñamos mutuamente, tratando de encontrar la respuesta a nuestras preguntas.
Y la mía era, ¿Qué tan ebria estaba?
Por el sonrojo de sus mejillas y nariz y la irritación de sus ojos, no podría llegar a la cama sin chocar con una pared.
Nota mental: Ponerle una almohada en la cara.
Tras dos segundos más de escrutinio ella encontró su respuesta, su semblante sonrojado se ensombreció.
- Peleaste con Edward – afirmo extendiéndome el vaso, esta vez solo le di un sorbo.
- En realidad, hice lo que me dijiste, lo enfrente – respondí aun furiosa.
- Y no fue bien, ¿Qué te dijo? – pregunto preocupada, pero con un tono zumbón que indicaba que su ebriedad no llegaba tan lejos, ebria podría repetir el alfabeto griego al revés mientras saltaba… sobria dudo que pudiera decir: "¿Quién demonios sabe el alfabeto griego al revés?", ¿extraño no?
- Que no somos nada – replique tratando de sonar enojada, pero mi voz se corto en la mitad de la frase.
Dolía, si, enfurecía, si.
Pero sobre todo, era la puñetera verdad.
- Pendejo – mascullo Rosalie, levantando la mano y haciendo una seña para que nos trajeran más tragos – ¿Qué más dijo? – pregunto tratando de que hablara, no necesitaba mucho, yo quería hablar, necesitaba hacerlo.
- Que no tengo derechos sobre el – respondí herida y furiosa – aclare que él tampoco tiene sobre mi – dije un poco orgullosa, esta vez, el no había ganado, yo había salido victoriosa.
Si es que de esto se podía cantar una victoria.
- Por cierto, gracias por aclararle lo del lobo – le dije a Rosalie un poco más calmada, ella me sonrió de medio lado entristecida.
- Esperaba que eso arreglara las cosas – confeso desilusionada – no me agrada, pero, quería evitarte una pena – me dijo entristecida.
- Y lo hiciste – respondí sonriéndole como podía mientras le tomaba la mano – ahora está todo claro, no tengo porque hacerme más ilusiones, y por lo tanto en el futuro no tendré una más grande desilusión – le explique, sintiendo que en verdad decía la verdad.
Era eso, el me había decepcionado, pero, mejor que había sido más temprano que tarde.
- Lo siento Bells – dijo Rosalie abrazándome.
No respondí, porque en realidad también lo sentía, sentía dolor, ira, todo lo que un ser humano semi enamorado y decepcionado podía sentir.
Ya sobreviviría.
Igual que las veces anteriores.
El mesero llego, era pelirrojo de una enrome sonrisa y unos hermosos ojos azules.
Consigo trajo una deliciosa botella sudorosa de Whisky.
- Tenemos una hora para disfrutar del bar, así que empecemos – le dije a Rosalie mientras le guiñaba el ojo al mesero y este me servía un trago, el me devolvió la sonrisa y alejándose como si le hubiera dado una propina de mil dólares se perdió entre la gente.
Rosalie frunció el entrecejo y apretó mi mano con precaución.
- Estoy segura que debería disuadirte de no beber y no coquetear con nadie – dijo ella insegura – pero lo que en realidad quiero es que bebas, te diviertas y te ligues al mejor partido de este lugar – dijo sonriendo ampliamente – algo que también hare yo – dijo levantando su copa.
- Nunca estuve mas de acuerdo contigo – acepte estirando la mano para que chocáramos nuestras copas.
Soltamos risitas aguadas, y bebimos la primera copa en silencio, un cómodo silencio mientras ambas analizábamos el lugar.
Tal vez, esta vez, aunque decisiva me había lastimado menos.
Edward, de cierto modo me tenia acostumbrada a hacerme rabiar, por la cosa más pequeña podía surgir una pelea épica para escribir un libro y hacerlo película.
Pero esta vez, el guion era insustancial, lo visto, ya había sido visto, ambos gritándonos, diciéndonos verdades, peleando y separándonos, la única diferencia es que esta vez, no existía ninguna duda.
Definitivamente el no era para mí.
Como decía Papá, "Cuando algo es para ti ni aunque te quites, cuando no es para ti, ni aunque te pongas", y esa era la filosofía a seguir, el no era para mí, no lucharía mas.
Sospechaba que otra de las razones por las que no sentía el impulso de ponerme a llorar como bebe y buscarlo para besarlo y desnudarlo, era la combinación de cansancio y alcohol en mi sistema.
Es decir… ¡en realidad no sentía ni un miligramo de ganas para pervertirlo en mi mente!
Eso si era decisivo, y nuevo, era el punto final.
Por fin, después de una odisea de una semana que parecía un milenio, había terminado.
Y como todos sabemos, para quitarse de la mente los problemas, para dar un adiós como Dios manda, se necesita un hombre.
Otro hombre.
Extrañada, me percate que la pista que escudriñaba en busca de mi nueva presa para la despedida, estaba de nuevo repleta de gente, pero ya no era parejas, eran grupos bailando música electrónica o trance… en realidad no me agrada mucho esa música, así que nos sabría cómo definirla.
El caso es que, la Salsa había terminado, el lugar volvía a parecer un hervidero de hormonas sexosas buscando algo en lo cual fundirse.
Es decir, todos buscábamos lo mismo.
Varios meseros pasaron frente a mí, con sus charolas repletas de bebidas y botanas ataviados en esos sexys trajes negros que todo el personal llevaba.
Una cosas más para agradecerle a Emmett, todo el personal lucia como un bombón elegante, tan suculento como para comértelo de un solo mordisco.
O tostarlo con la intensidad de mi fuego interno.
Sin embargo, y para mi maldita desilusión, ninguno me atraía lo suficiente para ligármelo.
Rosalie bufo divertida, para después soltar una risa amarga, que hizo que la mirara extrañada.
- Estamos jodidas – dijo algo malhumorada.
- Creo que esa frase me corresponde a mi – bromee tratando de hacernos reír, mal chiste ninguna rio - ¿Por qué lo dices? – pregunte decepcionada de mi misma, ok sabía que no era la gran cómica que el mundo esperaba, pero Rosalie como mi amiga pudo haberse reído para no herir mis sentimientos, ¿cierto?...
Estaba más sensible de lo normal… tal vez mis días melancólicos del mes estaban por visitarme.
- No vamos a levantar ni una servilleta usada en este lugar – dijo con una mueca disgustada sin mirarme, tenía la vista perdida hacia enfrente.
- Nunca fuiste de las que dudan en levantar algo en un bar – le dije preocupada – no te preocupes, solo súbete un poco el vestido y muestra más el escote – sugerí divertida, aunque un poco preocupada, tal vez había evaluado mal y había llegado a ese punto de ebriedad donde todo parece una plasta de vomito en tu vida.
Iuj… mala definición.
Bueno, en realidad muy cercana a la realidad.
- No dudo de mis habilidades para ligar – aclaro mirándome divertida, fruncí el ceño molesta – tampoco dudo de las tuyas – aclaro leyéndome a la perfección – dudo que nos permitan usarlas – dijo entre molesta y apesumbrada.
- Creo que sería una mala jugada decirle a un chico si nos permite ligarlo – respondí divertida, en realidad, mi amiga no estaba tan ebria, estaba siendo ella misma, un total enigma.
- No me refiero a eso, - volvió a aclarar sonriéndome – nos tienen vigiladas – dijo levantando la mano y señalando hacia enfrente.
Levante la mirada, claro, muy predecible.
Rosalie señalaba justo a un privado, el privado donde se encontraba Emmett, con copa en mano hablando con personas que no podíamos ver, seguramente los ganadores del concurso.
Eso no era importante, lo importante es que, desde el privado se tenía una vista perfecta y sin obstáculos de nuestra mesa.
Nos tenían completamente vigiladas.
- ¿Por qué te sentaste aquí? – masculle molesta.
- El cretino de aura endemoniada me dijo que esta era nuestra mesa, - supe que se refería a Edward, obviamente - lo planearon todo – mascullo a su vez dándole un gran sorbo a su trago – piénsalo, solos eran los hermanos feos sobre protectores, juntos son como el clan de los Corleone*, no podremos acercarnos a mas de dos metros de un chico, alguno de ellos aparecerán para llenarlo de balas – dijo enojada.
Maldita sea.
- ¿Por qué los presentamos? – Pregunte también enojada – espera, ni siquiera los presentamos, carajo – solté frustrada.
- Es nuestra culpa – dijo Rosalie de nuevo divertida – no deberíamos dejarlos vivir en el mismo estado, tal vez ni el mismo país – reflexiono con sabiduría – es como dicen, los dioses los hacen y ellos se juntan, son como ratas – dijo riendo de su propia, ¿broma?
- Carajo… si – solté como respuesta.
- Podemos evitarlo – dijo con esperanza renovada, atrayendo toda mi atención – ellos son los hermanos feos, nosotras podemos ser las hermanas guapas – rio, y claro también reí con ella – somos lindas, este es un bar, sabemos ligar, yo te cubro, tú me cubres, y ¡listo!, puede que salgamos con el numero de alguien, o una marca en el cuello y las bragas mojadas – dijo, solté un "iuj", pero su proposición me pareció bastante interesante.
- Ok, acepto, hagamos el club de las hermanas guapas, ¿ya tienes a tu victima? - pregunte ilusionada.
- Obviamente – respondió Rosalie bebiendo de su copa para terminarla y mirando a mis espaldas, gire, y vi como un enorme chico de cabellos tan rubios como los de ella y pectorales de Míster Universo se acercaba sonriéndole seductoramente.
- Te cubro – dije divertida, me sentía como en misión imposible, tome el último trago de la copa y me levante, llamando a un mesero que estaba a unas mesas de distancia, me coloque frente a la mesa, ante la atenta mirada de Rosalie – maniobra evasiva, creare una distracción así que aléjate de aquí cuanto más rápido puedas – dije sonriéndole, ella sonriente se levanto, pero su sonrisa titubeo en medio segundo.
- ¿Y tú? – pregunto con remordimiento.
- Estoy demasiado cansada por el concurso, así que me dedicare a llamar la atención de nuestros acechadores desde la mesa, coqueteare con algunos meseros, tal vez pueda sacar tragos gratis – dije divertida.
Rosalie rio, pero asintió acercándose al tipo, que estaba a escasos dos metros mirándola con una enorme sonrisa incitadora – Los tragos son gratis para nosotras tonta – me recordó riendo y mostrándome la pulsera dorada.
- Tal vez saque otras cosas gratis – dije con voz lasciva, ambas reíamos, y entonces el mesero llego.
Para mi suerte era corpulento, así, que lo gire, para que mirara hacia la pista, cubriendo con su cuerpo a Rosalie, que ya se alejaba un tanto encorvada hacia su chico.
- Que desea señorita – pregunto educadamente mientras me sonreía con una dentadura en extremo blanca.
- Deseo que te quedes aquí un par de minutos, y me sigas la corriente – dije mirándolo con otra sonrisa, el frunció el entrecejo, levante la mirada, y como sospechaba, no solo Emmett, sino también Edward miraban atentos hacia nosotros, buscando a Rosalie.
- ¿Disculpe? – pregunto confundido, se paso la mano desocupada por la garganta (ya que en la otra llevaba una charola con platitos de botana vacios) en un gesto, bastante afeminado a decir verdad.
- Te daré una gran propina si me sigues la corriente – aclare desviando la mirada hacia él, volví a girarme y Edward señalaba a mi derecha, donde seguramente debían estar Rosalie y el chico, así que era momento.
Sin más, como si fuera un espasmo involuntario le di un golpe a la charola que llevaba el chico, la bandeja dio una voltereta en el aire y los platitos de cristal salieron volando en distintas direcciones.
Casi todas golpearon el piso, rompiéndose en mil pedazos, pero una de ellas dio de lleno en la cabeza de un incauto mesero que pasaba por ahí.
Me lleve la mano a la boca sorprendida de mi misma, mientras mi cómplice forzado despotricaba angustiado.
- ¡Esta loca!, me cobraran todos los platitos, ¡son de cristal cortado!, ¡no podre pagar la crema hidratante anti arrugas que pedí por internet! – exclamo asustado, gritando como una niñita.
Ok, ahí comprobé que era una desgraciada buena amiga, y que el mesero era gay.
- Yo. Lo siento. – exclame alzando las manos sobre actuadamente, el daño colateral, es decir el incauto mesero que pasaba frente a nosotros en un mal momento, paso por mi espalda y se sentó en la mesa.
Estaba preocupada por él, pero negligentemente me importaba mas llamar la atención de dos de los Corleone, así que no lo mire, solo miraba de reojo a unos anonadados hermanos feos.
El mesero gay se agacho para comenzar a recoger los platos que habían sobrevivido al golpe, mientras otro mesero se acercaba con un recogedor dorado.
Vaya, las escobas debían ser de pelos de unicornio…
Levante la mirada, y un tanto molesta comprobé que mi táctica de distracción había funcionado, Emmett y Edward reían divertidos señalando el caos que había armado.
Se habían olvidado por completo de Rosalie.
Gire a la derecha, y vi la mitad al pobre chico sentado en la silla, agachado frotándose la cabeza que estaba cubierta por un gorrito tejido.
Pero en realidad en este momento, seguía sin importarme si lo había descalabrado, bueno no mucho; busque a Rosalie con la mirada.
Inteligente, se había escabullido hasta la mesa más lejana pegada a la pared, que era cubierta de la vista de los hermanos feos por el pilar con el que había chocado hacia un rato.
Así que, misión cumplida.
Ahora a reparar los daños.
Me estire por mi bolso que reposaba en la orilla de la mesa y después me agache a ayudarle al pobre mesero traumado con la edad, las cremas y gay… vaya cliché.
- No te preocupes, te pagare – le dije abriendo mi bolso escondida obviamente de la mirada de los acechadores, con alguno que otro problema saque unos cuantos billetes, mañosamente los conté frente a su cara, para suerte del chico, eran 500 dólares – creo que eso cubre los platos rotos y tu propina, lo siento, tenía que distraer a alguien – dije más divertida que apenada.
Asombrado, por la cantidad que le ofrecía abrió la boca y reticente siguió recogiendo los platitos sin hacerme caso.
- Vi en internet una crema para las arrugas, costaba 200 dólares – dije para llamar su atención, sonrojado me miro con el ceño fruncido – de acuerdo, me pase, te pagare la crema también – y volví a abrir mi bolso, esta vez sacando un billete de 100 – ¿con eso me perdonaras? – le pregunte divertida.
- Esta loca – dio asombrado, agitaba frente a su cara 600 dólares, no entendía como seguía sin tomarlos.
- Lo sé, ahora acepta el dinero antes de que me arrepienta – dije sonriéndole tratando de lucir en verdad loca, no ocupo mucho esfuerzo.
Los tomo con mano temblorosa, y como si fuera medicina una sonrisa enorme se extendió por su cara.
- Ahora, no se te ocurra decirle a nadie de esto, ¿ok? – pregunte levantándome y volviendo a fingir vergüenza.
- Ni una palabra – respondió levantándose también, ya no había nada en el piso, así que inclinando la cabeza regreso por donde venía.
Soy una agente secreta excelente.
Mire de reojo al privado, ambos estaban expectantes mirándome, así que finalizando mi actuación, me senté con aire deprimido en la silla en la que había estado Rosalie y me puse las manos en la cara, como si estuviera en verdad avergonzada.
Como tenia los dedos entreabiertos, mire como ellos se quedaban mirándome con diversión, y tras un momento se dieron vuelta, regresando a los que sea que estuvieran haciendo en el privado.
Reí divertida y feliz, tenía que repetir esto.
Busque en mi bolso, disimuladamente conté el dinero que me sobraba, tal vez tendría que sobornar a otro mesero…
- ¿Te gustaría bailar? – pregunto una voz frente a mí.
¡Claro!, el mesero lesionado, ok, no iba a bailar, los pies me ardían, así que tendría que desembolsar antes de que al chico se le ocurriera llevarme a la fuerza a la pista.
- No gracias, no puedo – dije sin mirarlo, estaba muy concentrada contando los billetes, calculando cuanto tendría que darle a este.
Carajo, Rosalie se había sacado el premio a la mejor de las mejores amigas.
- Bailas muy bien, en el escenario estuviste excelente – dijo de nuevo, con voz divertida, fruncí el ceño.
Esto iba a ser más difícil.
- Estoy agotada, y vigilada – agregue, podría ser buena idea bailar, pero, ya sentía a Emmett reclamándome por pervertir a sus meseros, o a Jasper que podría aparecer de la nada y arrancarle la cabeza, o a Edward y… bueno a el que le den.
- Emmett no se molestara si bailas conmigo, yo también te estoy vigilando – dijo jovial.
Extrañada levante la vista, y el puñado de billetes que sostenía en la mano se cayó de nuevo en el bolso.
- ¡Oh por dios! – exclame impresionada, por primera vez mirándolo.
No era un mesero, al menos no uno que me diera igual, solté la bolsa, y sin más lo abrace.
- ¡Bella, también me da gusto verte! – exclamo divertido frotándome la espalda.
- ¡Quil, que haces aquí! – grite en su oído riendo.
- Aquí trabajo – respondió divertido mientras volvía a tomar asiento.
- Claro, no es extraño que los siameses trabajen en el mismo lugar – dije sonriendo irónicamente.
Ok, lo explicare, Quil Ateara y Emmett eran los mejores amigos en el colegio, eran como la uña y la mugre, como una papa con cátsup, como un borracho y su tequila, eran inseparables, los mejores amigos que alguien podría ver.
Ambos eran parecidos, corpulentos y enormes, y en aquella época de colegiales, sus caras de matones eran idénticas, algunos decían que eran hermanos gemelos separados al nacer.
Yo misma lo creería sino era porque Emmett era casi tan blanco como el papel y Quil moreno como chocolate con leche.
A fin de cuentas, y lo que importaba es que siendo el mejor amigo de Emmett, también era mi amigo, uno muy antiguo, y muy querido también.
Y también algo más que eso.
- Me sorprende que seas mesero, yo imaginaria que trabajas en la barra, o de bailarín exótico – dije riendo, el también rio y se sirvió una copa, estire la mano y le di la mía para que la llenara.
- No soy mesero, soy el Dj – aclaro sonriente – y también soy dueño – dijo pavoneándose.
Me reí, no solo de su actitud de "Tengo juguete nuevo" sino también de reparar en que más temprano me había fijado en lo lindo que era el DJ.
- ¿Dueño?, pensé que el lugar era solo de Emmett – dije extrañada.
- Bueno, el lugar pertenece a Emmett, pero le compre unas acciones, lo que me hace dueño también – aclaro de nuevo pavoneándose, si, era igual de soberbio que mi hermanito.
- Deberían de casarse ya, así lo suyo es tuyo y lo tuyo de el – bromee, eran tan unidos que no sabía porque no había sospechado que Quil estuviera por aquí.
- Lo único que quiero de él, no se deja – dijo mirándome con una sonrisa arrogante.
Ah sí, en esa pequeña introducción olvide decir, Quil siempre estuvo enamorado de mi.
En realidad no siempre, solo desde que un día, en una fiesta infernal con alcohol ilimitado nos enrollamos.
A él pareció quedarle ese recuerdo grabado y muy placentero, para mí, estaba todo borroso, pero igual, cada que teníamos oportunidad y necesidad nos reuníamos en algún lugar a darnos cariño un rato.
Claro, a espaldas de mí sobre protector roble golpeador.
Quil era lindo, más que lindo, era demasiado guapo, atento y durante mucho tiempo había mostrado un interés en mí.
Y yo como adolescente hormonal, había aprovechado ese interés.
No puedo negar, que durante un tiempo, también mostré mucho interés por sus… habilidades motrices.
- Vamos Quil, Emmett está aquí – le dije incomoda, pero divertida.
- Lo sé, ¿no es genial?, esa adrenalina de escondernos – ofreció guiñándome el ojo.
Trague saliva indecisa, nunca, obviamente, nos habíamos acostado, no es que no quisiera, pero aquella adrenalina de la que él hablaba llegaba a su punto máximo inmovilizándome, cuando estábamos a punto de.
Siempre pensando en la reacción de Emmett.
- Me tomas el pelo – le recrimine molesta - ¿podrías ser un amigo normal y tomarte unas copas conmigo? – le sugerí bebiendo de mi trago.
- Podría, pero no soy un amigo normal – dijo bebiéndose el suyo de un trago – me da tanto gusto verte, que quiero saludar de cerca ese lunar tuyo en forma de hueso de la suerte en tu hombro – me dijo bajito con una mirada seductora.
No supe que responderle, en realidad en mi cabeza unas risas locas nublaban mis pensamientos.
No había querido ligar y aquí lo tenía, haciéndome proposiciones seductoras y llamativas, y animándome a que lo dejara seguir.
Una musiquita, un tono como de pajarillos vino de mi bolso, así que usándolo de pretexto, saque el celular.
Era un mensaje de Rosalie.
"Tengo un tercer plan, lígate a ese morenazo de fuego, Edward te ve del privado, hazle ver que tu puedes ser tan libertina como él, veras como se pone de mil colores y se arrepiente de haberte dicho eso, además, el tipo esta tan bueno, sino te lo ligas iré yo a ofrecerle un trió" dictaba.
Me reí y alce la mirada, Rosalie me miraba mientras el rubio corpulento, muy al estilo de Emmett y Quil se le embarraba en el cuello.
Mire ahora al privado, donde ahora solo se veía Edward mirándonos con una mirada de hielo, y la quijada trabada.
¿Acaso debía pensarlo?
De todos modos, tanto alcohol no me lo permitía.
- Recordemos viejos tiempos, - le propuse mirándolo a los ojos, su sonrisa se extendió por todo su rostro mientras hacía amago de levantarse, pero lo detuve tomándolo de la mano – me haces sentir como una prostituta – le dije algo cohibida.
Me sentí como una pizza, en menos de 30 minutos y completamente gratis.
- Sabes que para mí, eres mucho más que una chica cualquiera, todo mundo sabe lo que me gustas y lo que siento por ti, festejemos el reencuentro – dijo mirándome con ojos tiernos.
Si, Quil me deseaba, pero como dije antes, había estado enamorado de mí desde hacía mucho.
Suena muy ególatra ¿no?... pero es oportunamente cierto.
- Lo sé – dije sonriéndole, el sabia también, que mis sentimientos no eran los mismo que los suyos, siempre supo que mi corazón tenía un dueño, y no era el – y nada ha cambiado – aclare dispuesta a que entendiera que mis sentimientos seguían igual, pareció captarla al vuelo, eso era de lo más genial de Quil, no necesitaba decir mucho, el siempre entendía – recordemos viejos tiempos – repetí sirviéndome más whisky – emborráchame, emborráchate y busquemos un lugar tranquilo y veremos cómo se dan las cosas – propuse cruzándome de piernas, y deliberadamente acariciando con mi pantorrilla desnuda su muslo interno, el dio un pequeño brinquito en el asiento - ¿te suena bien? – dije sonriéndole.
- Me suena a gloria mi Bella – respondió levantando su copa para chocarla contra la mía.
- A gloria mi Quil – repetí extasiada.
Chocamos copas, me sirvió un trago más, que me hizo beber de un solo golpe, y entre risas bebimos cuatro tragos mas así.
Con suma sutileza aparte mi copa, no quería estar tan ebria, no como para no recordar lo que venía.
El entendió mi indirecta y sirviéndose él, otro trago se lo bebió de golpe, luciendo tremendamente sexy, me tomo la mano sobre la mesa, y con la otra tomo la botella.
Tome mi bolso, y me levante, dejándome guiar por aquel demasiado fraternal amigo de la adolescencia.
Sin poder evitarlo mire hacia el privado, Emmett volvía a estar a la vista dándome la espalda y abrazando a uno de los chicos que había bailado la final, también Edward estaba a la vista, sin despegar la mirada de nosotros, completamente furibundo.
Mañosamente me pegue un poco al costado de Quil, y el correspondiendo me tomo de la cintura, acercándome más a él, llevándome hacia un lugar seguramente mucho más tranquilo, y que no estaba a la vista de nadie.
Bien, de verdad esta noche había sido un carnaval, lleno de demasiadas emociones, y demasiado alcohol.
No iba a desperdiciarla.
De hecho, ahora la noche en verdad prometía.
*Dimensión Desconocida, es un programa, ya viejo, recuerdo que mi Mamá lo veía cuando yo era chica, en ingles se llama The twiligth zone, irónico no? Jejeje, el caso es que en el episodio que trate de citar, y que en realidad recuerdo poco, porque era una mocosa de unos 5 años, un señor entra a una habitación, y cuando cierra la puerta esta desaparece, dejándolo encerrado en un cuarto que solo tiene un ojo que lo mira… me traumo, la verdad jaja, y por eso lo digo, porque si lo han visto, alguien que me diga en que quedo todo… sigo traumada… jaja.
Y bien?... espero que les haya gustado!.
Muchas gracias por los reviews que me enviaron en la entrada pasada, todos y cada uno me ayudo, y sacaron una sonrisita, de verdad no encuentro la manera de agradecer tanto cariño, y tantas bonitas palabras que necesitaba.
Estoy, infinita y eternamente agradecida con todas, mil millones de gracias.
IDTA, BARUCA, LUNATIKACC, YOLABERTA, JEZIIK, CULLEN-LEMMON, .CULLEN, FLIKAGSR, GEORGINA, NAOBI CHAN, KATYCULLEN, BARBARA, , KLAUDIA T, MAR-LOVE-EDWARD-CULLEN, , CAROUSELAMBRA, PATATORREZ, ELLIZABRANDON, LAMB'STOWN, PATITO PATTZ, NAIARA23, LOVE-TOM-FELTON, CREPUS96, MARICLAU, AMERYTOH, LOLISGOF, LAURA1988, ESTELIOLO, ALICE9CULLEN, ALEA JACTA EST, BELLA-NYMPHA, PRINCESSDECRISTALL, FRAN ARANEDA, TINACULLENSWAN, KRISTENST, JAZMIN CULLEN, FER, JAZZ CULLEN-SWAN, PAULA05CULLEN.
Y Bien, creo que esta de sobra decir, que segire publicando continuamente, aun no me decido que hacer con Cenit, tengo unos proyectos en el horno que veran luz pronto, y les agradezco que sigan la historia, a pesar de las multiples fallas de la autora jaja.
Actualizacion siguiente: Entre el Lunes y Miercoles de la proxima semana!, se viene una sorpresita, pero no les dire mas.
Asi que espero leerlas de regreso, y nos leemos la proxima semana!
Beshotes, Millones de Gracias, y Buena vibra!
