Disclaimer: obviamente, los personajes no son míos ni soy la Rowling, porque si fuera ella, estaría escribiendo lo que pasó durante esos 19 años intermedios hasta el epílogo. Yo solo los tomo prestados y trastoco sus vidas un poco, jeje.

Las canciones del capítulo son:

- Unchained Melody de The Righteous Brothers.

- Todo Cambió de Camila.

Ummm, casi se me olvida. Este capítulo contiene una escena lemmon y bueno más que nada avisar por si alguien no quiere leerla. Sinceramente yo no la considero ni lemmon porque realmente no lo pongo de una manera muy explícita, y si llega a lemmon es muy leve, pero bueno yo aviso igualmente. Se que muchos estabais esperando esa escena y bueno, espero haberla hecho bien sin abandonar mi estilo de escribir. No es lo mismo ponerlo por escrito, así que ya me diréis como salió, jejeje.

*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_

Capítulo 21:

La mañana del 25 de junio amaneció soleada, anunciando la pronta llegada del verano. Aun así, la temperatura no era alta ni mucho menos, y seguía siendo recomendable llevar una chaquetilla fina bajo el brazo. Con la nueva estación, también llegaba el florecimiento de la mayoría de las flores del jardín y el aumento de la frondosidad en el cercano bosque de Falls. Muchas especies nuevas de pájaros se instalaban bajo esas temperaturas temperadas, huyendo del bochornoso calor del Mediterráneo y haciendo las delicias de los niños del lugar.

Sin embargo, no fueron los rayos de sol los que despertaron a Hermione, sino más bien la sensación de sábanas frías al otro lado de la cama. Abrió sus ojos color miel muy lentamente e hizo una mueca de desencanto al comprobar que, efectivamente, Ron no se encontraba a su lado. Se había malacostumbrado los días anteriores y ahora no concebía empezar el día sin que fuera el azul de los ojos del pelirrojo lo que viera primero. Suspiró resignadamente y miró hacia el techo con los ojos aun abiertos.

Era en los momentos de soledad cuando más se acordaba de Harry y Ginny, y la realidad hacia mella en su cuerpo y en su mente. Estaban prontos a cumplir tres meses y todavía tenía la estúpida esperanza de que todo aquello fuera un sueño o una broma de mal gusto. Pero no, se repetía una y otra vez. El sufrimiento parecía ser la única constante en su vida y solo ahora, con Ron a su lado, había comenzado a vislumbrar un poco de la felicidad que conociera antaño.

El forcejeo de alguien para abrir la puerta de la habitación, la sacó de sus pensamientos e hizo que se enderezara en la cama. No hizo ademán alguno de levantarse y permaneció expectante con la misma mueca de disgusto en el rostro, la cual enseguida se transformó en una sonrisa cuando vio a Ron.

El pelirrojo había tenido sus problemas para abrir la puerta. Y es que en su afán de ser considerado y servicial, se le había olvidado por completo que podía haber utilizado su varita. Sacudió la cabeza negativamente cuando se dio cuenta de ello, pero ensanchó su sonrisa cuando se encontró con la de Hermione. En sus manos portaba una bandeja con el desayuno para su castaña. Los niños aun dormían, así que tenían tiempo de atenderse un rato el uno al otro.

Ron siempre había sido cariñoso y atento con Hermione, pero desde la historia de la cicatriz, esos sentimientos se habían visto aumentados. Quería compensarla de alguna manera por todo lo que había tenido que pasar, y no imaginaba que tan solo son su presencia era suficiente para ella. La relación que mantenían en esos momentos se podía calificar de más madura y ya no cabía que se comportaran como unos críos. Los dos habían sufrido durante el período separados, pero la naturaleza es sabia, y cuando dos personas han sido creadas para amarse...siempre acaban encontrándose.

Hermione enarcó una ceja y miró divertida la bandeja que portaba el pelirrojo. Ciertamente había comida donde elegir y bastante para tres o cuatro personas. Se subió el tirante del camisón celeste que se le había caído y atusó su enmarañado cabello castaño para apartarlo de la cara. Mientras tanto, Ron acudió a su encuentro y dejó la bandeja levitando sobre sus piernas; se sentó a su lado en el borde de la cama y se inclinó para besarla cuando ella aun tenía los brazos en su cabello.

Fue un beso de amor y buenos días, con el único deseo de demostrar cariño y preocupación por la persona amada. Hermione bajó los brazos y los enlazó en el cuello pecoso.

- Buenos días. –dijo él cuando se separaron.

- Umm…buenos días. –Hermione le sonrió, pero de repente cambió su expresión a la de una niña enfurruñada.

- ¿Qué pasa? –Ron enseguida se dio cuenta del cambio y la verdad es que se preocupó un poco.- ¿Ha ocurrido algo? ¿Estás bien?

Al ver la preocupación sincera en los ojos azules de Ron, Hermione se reprochó mentalmente por ser tan infantil. Cierto que le había molestado en el momento, pero no podía replicar nada después del detalle del desayuno y el beso de buenos días. Aun así, sabia que su relación ahora había cambiado, ya no eran más Ron y Hermione los adolescentes que siempre peleaban por todo y ocultaban sus sentimientos. No, ahora era adultos y estaban formando las bases amorosas de una relación intensa, profunda y de futuro.

Por eso, aunque Hermione sabía que era infantil, contestó a la pregunta del pelirrojo.

- Es una tontería. –dijo cogiendo sus manos entre las suyas.- Es solo que…que no me ha gustado despertarme y ver que no estabas a mi lado. Lo se, lo se, es tonto, ya te lo he dicho, pero es que me has acostumbrado mal estos días y…

- Mi amor, no es nada infantil eso. –dijo Ron mucho más relajado.- Al contrario, sirve para demostrarme lo mucho que me estimas. Es un gesto muy bonito que comparto totalmente. A mi también me gusta que seas lo primero que veo cada mañana al despertar.

- Te quiero. –dijo Hermione y él le contestó con un beso.

La castaña se corrió hacia un lado para que Ron pudiera sentarse a su lado en la cama. Ya iba totalmente vestido con unos tejanos azules y una camiseta blanca, y su cabello rojo estaba bien peinado. Hermione se dejó impregnar por la colonia masculina que llenó el ambiente y recostó la cabeza en el hombro de él.

Como si de un pajarillo se tratase, fue probando todas las cosas de la bandeja y al final se bebió medio vaso de zumo de naranja. Ron la observaba sonriente y maravillado, y cuando ella terminó hizo un movimiento de varita para desaparecer la bandeja y todo su contenido. El reloj marcaba las nueve de la mañana y en pocos minutos despertarían los pequeños bichitos que tenían por sobrinos.

Pero hasta entonces, Ron decidió seguir con sus mimos un poco más.

- Así que…te he malacostumbrado ¿no? –le preguntó divertido.

- Pues si. No tienes ni idea de lo que siento cuando abro los ojos y te veo durmiendo aun o mirándome.

- Umm…creo que si me hago una idea.

- Gracias por el desayuno.

- ¿Te gustó? –Ron sonrió.

- Si, pero me gusta más el camarero que lo ha traído.

- Con que ahora soy un simple camarero…

- No, no un simple camarero. –este fue el turno de Hermione de sonreír.- Eres mi camarero.

El tono posesivo de ella hizo reír a Ron.

- Tienes razón, este camarero es solo capaz de servir a una persona.

- Me alegra oír eso. –dijo ella acercándose más a él.

- ¿Qué hacemos hoy? –acarició el hombro derecho de Hermione.

- Annie me dijo que hoy había mercado de libros en el pueblo, sería interesante ir. Además hace tan buen día que…

- Libros, ¿eh?

- Si.

- Más libros. –volvió a decir él.

- Si. –Hermione se hacia la desentendida.

- Muy bien, si tanta ilusión te hace iremos.

Hermione se movió en su abrazo para mirarlo a los ojos.

- ¿Te he dicho ya que eres maravilloso?

- Unas cuantas. –sonrió él.

- Sin duda no las suficientes. –colocó una mano en la mejilla pecosa y atrajo su rostro hacia sus labios para besarlo.

Que momentos y gestos tan simples y que placenteros. Ron y Hermione estaban dando, poco a poco, los pasos que diferencian una relación pasajera de una relación con el amor de tu vida y para siempre. Los vínculos emocionales que se crean previos a la exploración física son los más importantes para una pareja, y aunque ellos ya habían hecho el amor anteriormente y se conocían a la perfección, no estaba de más tener ese período de cortejo y asimilación.

El beso de Hermione fue tomando forma e intensidad en los hambrientos labios de Ron, y moviéndose como las piezas de un reloj antiguo que ensartan a la primera, fueron profundizando ese gesto de amor. Las manos no se quedaron quietas y mientras Hermione seguía tomando a Ron por las mejillas evitando que se apartase de ella, él pasó sus manos por la cintura de la castaña. En un momento dado, Hermione se dejó caer en la cama arrastrando a Ron con ella y después de interrumpir por unos segundos el beso para tomar aire, volvieron a unir sus labios, sus bocas y sus lenguas.

El sonido de la puerta al abrirse, pasó desapercibido para los dos enamorados y no fue hasta que sintieron un pequeño peso hundirse en el colchón, que fueron conscientes de que no estaban solos. Lentamente se separaron, deseando haber podido prolongar ese nuevo beso, y miraron a la personita que les había interrumpido.

A través de los cristales redondos de sus gafitas, Brian miraba a sus tíos con una sonrisilla traviesa en el rostro. El niño tenia la misma expresión que su padre cuando en Hogwarts se enteró de que sus dos mejores amigos al fin estaban juntos.

Ron se levantó de encima de Hermione y volvieron a sentarse como al principio. Enseguida el niño fue a acomodarse en el regazo de la castaña y ahogó un pequeño bostezo mientras miraba a su tío con una chispa de diversión en el rostro. Obviamente, con cinco años, Brian era demasiado pequeño para saber que había interrumpido un momento íntimo entre los dos adultos, pero no podía evitar sentirse feliz. Solo había visto a otra pareja en esa situación, y habían sido sus padres.

- ¿Qué haces levantando tan pronto, cielo? –preguntó Hermione.

- Nero no deja de moverse en su jaula y no me ha dejado dormir mas. –el niño se encogió de hombros.

- Pues vaya con Nero. –rezongó Ron.

- Si.

- ¿Quieres desayunar? –como siempre la castaña se tomaba mejor y con más humor las interrupciones de los niños.

- Vale.

- Tío Ron te preparará el desayuno mientras yo te baño y te visto, ¿si?

- Vale. –Brian era un niño que se contentaba fácilmente.

- Hoy vamos al pueblo, hay mercado. –explicó Hermione emocionada.

- ¿Puedo llevar mi bicicleta amarilla?

- Claro.

- Vale.

- Pues manos a la obra; hay que despertar a Rose también. –Hermione le dio un beso en la cabecita y se levantaron con agilidad.

- Tío Ron...-Brian se paró cuando salían por la puerta.

- Dime.

- Ese beso ha sido muy largo ¿no?

- Bueno...esto...si.

- ¿Y por donde respiras?

- ¿Cómo? -Ron miró confuso a Hermione que tan solo sonreía.

- Si, porque tía Hermione tapaba tu boca, así que... ¿por donde respiras para no ahogarte?

- Ay, Merlín, ¿como se le ocurren estas cosas a los niños de hoy día? -le preguntó Ron a la castaña.

- Es un niño curioso, ¿qué esperas? -dijo Hermione adelantándose a la otra habitación.- Voy a despertar a Rose.

- Pero...Hermione... ¡Hermione! No me dejes solo.

Escuchó la risa de Hermione procedente del interior de la habitación, pero la castaña no salió. Por el contrario, Brian esperaba expectante la respuesta de su tío. Se parecía muchísimo a su padre, pero no era para nada lento en lo que se refería a darse cuenta de los sentimientos de los demás; en eso había salido a su madre.

- Esto… ¿quieres zumo o leche para el desayuno? –Ron intentó cambiar de tema aprovechando que los niños suelen olvidar enseguida las cosas que dicen.

- Leche.

- Muy bien. ¿Con cereales de chocolate?

- Claro. –dijo Brian como aquel que piensa que eso no había ni que preguntarlo.

- Perfecto.

Ron se dio la vuelta, pesando que se marchaba victorioso, pero…

- Tío Ron…-dijo Brian aun parado en medio del pasillo.

- ¿Si Brian? –Ron que ya estaba con un pie en la escalera, se dio la vuelta para mirar al niño.

- Estuvo súper el beso. –le sonrió inocentemente y entró corriendo a su habitación, donde de seguro le esperaba Hermione.

El pelirrojo no tuvo más remedio que menear la cabeza y reír por el comentario de su sobrino. Aunque mientras bajaba las escaleras hasta la cocina, no le quedó otra que reconocer que el niño tenía razón.

- Si que estuvo súper. –murmuró para si mismo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Ciertamente, el mercado de libros hizo las delicias de Hermione y sirvió para que los niños cogieran confianza con los habitantes del pueblo. Cuando Eric y Molly se enteraron de que Brian llevaría su bicicleta, ellos también se unieron y solo Rose rehusó llevar la suya. La pequeña pelirrojita estaba muy a gusto subida a los hombros de su tío y podía ver muchísimas más cosas que los demás. Leo iba sonriente en su carrito y se llevaba a la boca el morro del peluche con forma de ciervo que tenia entre sus manos.

A media mañana, se les unió Beth y decidieron hacer un picnic en un rincón del parque infantil. No era nada descabellado, puesto que vieron a varias parejas y familias hacer lo mismo. La niña squib se sentía muy a gusto con los Potter y sus tíos y pudo hablar de varios libros con Hermione. La castaña prometió dejarle su gastado ejemplar de Historia de Hogwarts y Beth lo esperó con mucho entusiasmo y curiosidad. El hecho de que no fuera una bruja, no impedía que ese mundo le llamara la atención.

Decir que la actitud de Eric cambió desde la llegada de Beth, es quedarse corta. El niño atravesaba una fase de preadolescencia clara y sin duda había encontrado en Beth a la primera chica que le gustaba. El problema es que con once años no se es lo suficiente maduro como para saberlo y encontrarle la lógica a la situación, así que Eric estaba sumamente perdido en el tema. Lo único que él sabía es que cuando estaba con Beth era diferente a cuando estaba con Molly o con Hannah. Sentía una pequeña opresión en el pecho, los latidos de su corazón se aceleraban y deseaba que esos momentos no se acabaran nunca.

Pero… ¿era posible que se hubiera enamorado con tan solo once años?

No.

Eric tardaría unos cuantos años más en saber lo que significaba realmente estar enamorado. Pero si bien no era amor, era un sentimiento de agrado y protección muy bonito. Los ojos de Beth eran capaces de transmitirle cosas que los demás no podían y solo por ella se había atrevido a hacer algo que iba contra las reglas.

¿Impulso?

Puede ser, pero motivado por un sentimiento más profundo.

Equiparar la situación de Eric y Beth a la de Ron y Hermione seria imprudente y ridículo, pero si que había un elemento común y tal vez el más importante. Aquel que definiría su relación de futuro. Y es que como se ha dicho antes, Ron y Hermione estaban poniendo las bases de su amor…y Eric y Beth también.

Esos gestos tan simples y significativos como proteger y defender a aquel que consideras especial, sentir mariposas en el estómago y no dejar de pensar en esa persona…no son más que el preámbulo del enamoramiento. Todo en esta vida esta conectado con el pasado, y lo que ahora es presente, mañana dejará de serlo y en el futuro será pasado.

¿Significa eso que los sentimientos e impulsos de Eric quedaran en el pasado?

No.

Pero es por eso mismo que Eric se sentía tan confuso mientras miraba a Molly, Rose, Brian y Beth jugar a la pelota en el parque. Él había rehusado por el simple hecho de que estar al lado de Beth le había parecer torpe y acababa con su concentración. Aunque tampoco le servia de mucho estar separado de ella, y estaba dejando pasar las oportunidades de ganar en la partida que ajedrez que disputaba con su tío.

Beth estaba en su pensamiento a todas horas. Se había convertido en la pila del reloj que lo mantenía en funcionamiento. Pero demasiado pronto era para mostrarlo aun. Movió una ficha cualquiera y siguió pensando en la chica, ajeno a la mirada cómplice de sus tíos. Tal vez ellos fueron los únicos en darse cuenta de que estaban presenciando los primeros pasos de una bella historia de amor que se desarrollaría en el futuro.

Un suspiro de Eric tomó a todos por sorpresa, pero especialmente a él. La verdad es que las imágenes de su defensa sobre Beth la semana anterior, no dejaban de reconstruirse en su mente. Nunca había sido un niño temperamental, y sus demostraciones de magia siempre habían sido muy leves y discretas, pero esa tarde todo cambió.

Detestaba las injusticias, pero el que Beth se viera protagonista de una de ellas, añadía más coraje al asunto. Desde entonces no habían hablado, y no porque ella lo hubiera evitado, al contrario, había sido él. Tal vez si supiera que Beth también sufría por el silencio que ambos mantenían, se habría decidido a aclarar el asunto, pero…

De todos los niños Potter, Eric era el más enigmático en cuanto a sus sentimientos y solo él tenía la llave que abría el candado de su corazón. Y lo que más le asustaba, es que empezaba a comprender que Beth ya había encajado la llave en la cerradura, y él no sabía como. Pero Beth tardaría años en girar la llave y así liberarlo de su particular cárcel de amor.

De momento, solo podíamos ver a un Eric desbordado por unos sentimientos extraños hacia una chica. Su cabecita no dejaba de darle vueltas al asunto y siempre llegaba a la misma conclusión: tenia que hablar con ella, romper ese hielo que se había erigido entre los dos y aclarar lo ocurrido en el incidente de la magia.

Pero… ¿cuándo?

La oportunidad se le presentó dos días después de esa salida en familia donde se sintió más observado que nunca.

El tiempo se mantuvo apacible y soleado, pero Molly pareció no encajar bien el cambio y se resfrió. Era un simple catarro, aunque la pelirroja se mantuvo en cama esos dos días y disfrutaba de la actitud mimosa que le dispensaba su tía Hermione. Por la noche había tenido fiebre, pero ya estaba mejor.

Beth arribó por la tarde para visitarla y suspiró aliviada cuando no vio a Eric por ningún lado. Se colocó mejor sus gafas y rizó un mechón de su cabello castaño con un dedo mientras subía hacia la habitación de Molly.

La verdad es que ella también estaba confusa desde el altercado. Al contrario que Eric, ella no había pensado mucho en él en un principio y solo era el hermano de su mejor amiga. Las cosas comenzaron a cambiar poco a poco en su mente y sin ella saberlo…estaba desarrollando unos sentimientos hacia Eric.

Se había convertido en su caballero de la brillante armadura y quedó sumamente impresionada. Desde ese día no dejaba de pensar en él y en la forma en que sus ojos castaños se habían posado en ella o como le había preguntado si estaba bien. Se dio cuenta de que el rubor de sus mejillas acentuaba sus pecas y decidió que era un gesto que le gustaba. No se había confesado con nadie, y solo su diario sabía el vuelco que estaban dando sus sentimientos.

Lo que sentía Eric era más intenso, porque para él había sido atracción a primera vista. Aunque de nuevo hay que decir que él no lo sabía. A Beth le tomó más tiempo porque nunca había pensado en relacionarse con un chico mago. Hasta entonces todos sus amigos habían sido muggles y el trato de los niños magos del pueblo, había hecho mella en su corazón.

Pero sin duda, Beth también sentía el mismo cosquilleo en el estómago cuando estaba junto a Eric. Sentía la misma necesidad de hablar con él y el mismo acelere de los latidos del corazón.

Cuando llegó frente a la puerta de la habitación de Molly, se obligó a relegar todos estos pensamientos a un segundo plano y concentrarse en su amiga. Molly estaba recostada en el hombro de Hermione y se dejaba abrazar y arrullar por la castaña. Estaba algo pálida, pero nada grave. La recibieron con una sonrisa y Hermione se disculpó dejándolas solas durante un rato. Pasaron una agradable tarde charlando y jugando sentadas en la cama, de forma que Beth fue capaz de olvidar a Eric…

…hasta que llegó la hora de marcharse.

Ron todavía no había llegado de trabajar y Hermione no quería que se marchara sola. La castaña tampoco podía dejar a los niños solos para ir ella y Annie aun no había cerrado su consulta. La llegada de Eric del jardín fue como una premonición o la solución perfecta.

Encontró a Hermione y Beth sentadas en el sofá de la sala intentado buscar el modo de volver a casa. La niña insistía en que podía ir sola, pero la castaña no cedía en ello. Fue cuando vio a Eric, que pensó en ello y además así matarían dos pájaros de un tiro como suele decirse. No es que Hermione quisiera actuar de casamentera, y menos con su sobrino de once años, un niño, pero intuía que esos dos tenían algo de lo que hablar.

- Eric, mi vida, necesito que me hagas un favor.

- Claro. Lo que quieras, tía. -el niño se quitó la chaqueta.

- Verás, tu tío todavía no ha llegado y Beth ha de volver a casa y no quiero que vaya sola. Yo tampoco puedo irme y dejar a tus hermanos solos, así que me preguntaba si podrías llevar a Beth a su casa.

La niña bajó la cabeza algo incómoda, pero mantuvo sus oídos alerta para ver qué respondía el pelirrojo.

- ¿A...a Beth? -preguntó Eric enrojeciendo.

- Si, cielo.

- ¿Los...los dos solos?

- Si. Todavía es de día, así que no os pasará nada si vais juntos.

- Yo...esto...

- ¿Es que no quieres?

- Si...no...digo si...

- Decidido. -dijo Hermione levantándose.- Beth, cariño, ponte la chaqueta que ha refrescado. Eric te acompañará hasta tu casa, pero aun así quiero que me llames cuando llegues.

Beth también se puso de pie y se puso la chaqueta como la castaña le había indicado, mas su rostro tenía una mueca triste.

- No...no es necesario que Eric venga si no quiere. -dijo aun mirando al suelo.

- Si...si que quiero, Beth. -contestó Eric muy flojito, pero ella lo escuchó. El rostro de él era tan rojo como su cabello.

Beth levantó la cabeza y lo miró, a lo que Eric correspondió con una leve sonrisa. Ella también sonrió sonrosada.

- Muchas gracias por venir, Beth. –dijo Hermione abrazando a la niña.- Sabes que siempre eres bienvenida.

- Gracias. –sonrió Beth.

- Anda marchaos antes de que empiece a oscurecer.

Hermione se quedó plantada en la sala de estar y con una sonrisa en el rostro vio como los dos niños se marchaban. Le recordaban tanto a ella en sus primeros años en Hogwarts y su relación con Ron… No estaba segura de adonde les llevarían esos sonrojos, pero no podía evitar pensar que serían una linda pareja. Así como tampoco pudo evitar que a su mente regresara el rostro y el recuerdo de Ginny… Primero James, después Lily…y ahora Eric enamorado. Y su amiga nunca podría verlo.

Una lágrima se le escapó y rodó por su mejilla izquierda casi al mismo tiempo que unos fuertes brazos rodeaban su cintura. Apoyó el cuerpo en ese fornido pecho que había llegado a conocer tan bien y dejó que Ron repartiera besos por su cuello y su mejilla.

- Hola. –dijo él.

- Regresaste.

- Si, lo hice. –la volteó para besarle los labios, pero cual fue su sorpresa que ella estaba llorando.- ¿Porqué lloras? ¿Ha ocurrido algo?

- Si…ha ocurrido algo maravilloso. –Hermione sonrió y se limpió las lágrimas rebeldes que ahora empezaban a salir con más fuerza. Eran una mezcla de alegría y tristeza.

- ¿Qué…

- Eric esta enamorado. –explicó Hermione.

- Oh. Pero… ¿no es muy pequeño para eso?

- Tal vez. De todas formas no creo ni que él lo sepa todavía y es un poco arriesgado llamarle enamoramiento ya. Pero tiempo al tiempo.

- ¿Y quien es la afortunada?

- Beth. –suspiró ella.

- Lo sabía. ¿Ves? Hay que tener cuidado con las niñas responsables. –Ron parecía victorioso.

- Ron…-rió Hermione.

- ¿Y por eso lloras?

- Si. Porque James esta enamorado, Lily esta enamorada y Eric ahora también empieza a estarlo y…Ginny nunca lo verá.

- Oh, mi amor. –la abrazó fuerte.

- No pasa nada, es solo que…la echo mucho de menos…y a Harry.

- Lo se. –acarició sus cabellos suavemente.- Yo también lo hago.

- Es injusto.

- Cierto. –Hermione rompió el abrazo para mirarle.- Te quiero.

- Y yo a ti.

Se besaron tenuemente y volvieron a abrazarse.

En el exterior el sol había empezado a ocultarse, pero aun se podía ver la imponente esfera en el horizonte. El ambiente refrescaba y los animalillos que tenían vida nocturna comenzaban sus cánticos.

Eric y Beth caminaban el uno junto al otro en absoluto silencio. El aire del atardecer era más fresco que el de la mañana, así que Beth se arrebujó mejor en su chaqueta y respiró hondo antes de mirar hacia el frente con la cabeza en alto. Ese mismo aire había servido para disipar el sonrojo y las calenturas de sus mejillas y ahora volvían a lucir en un tono normal.

El chico caminaba unos pasos más adelante con las manos en los bolsillos y la verdad es que a Beth le costaba seguirle el paso. Así que se vio obligada a romper el silencio para hacer una apreciación.

- ¿Podrías ir un poco más despacio, por favor? –la voz de Beth era un bello susurro.

- Oh, lo siento, yo…yo estoy acostumbrado a andar así y…-Eric se paró en seco y esperó a que Beth lo alcanzara.- Lo siento.

Nuevamente a la misma altura, comenzaron a andar con más parsimonia. Beth se retorcía las manos y no parecía poder dejarlas quietas; la mirada de Eric era cansada y recelosa y estaba bastante serio.

- No…no tenías que haber venido si no querías.

- ¿De verdad piensas eso? –Eric volvió a detener la marcha, pero esta vez la miró a los ojos.

- Si, bueno…yo…

- Pues no es cierto. Si…si que quería venir contigo.

- Gra-gracias. –Beth vio que el chico estaba siendo sincero.

- No tienes razón para dármelas.

- Yo creo que si.

- Entonces acepto tu agradecimiento. –y mientras lo decía, Eric le otorgó una nueva sonrisa, pero esta más amplia que la anterior.

Beth sonrió también, mas enseguida bajó la cabeza sonrojada.

Era una situación complicada y extraña en la que se encontraban y no sabían muy bien cual era la forma correcta de reaccionar y comportarse.

Caminaron un poco más y consiguieron salir de Knox Street para doblar hasta Sacalm Street; a partir de ahí, eran pocos los minutos que los separaban de la casa de Beth en Main Street.

El sol había desaparecido casi por completo y los tonos rojizos y azulados del atardecer se habían apropiado del cielo. En el horizonte se pudo ver una bandada de pájaros volando todos juntos y el viento proveniente del norte movió las copas de los árboles.

Beth ahogó un escalofrío cuando el aire, más frío de lo que pensaba, le dio de lleno en la cara.

- ¿Estás bien? –preguntó Eric.

- Si…si, no es nada. –dijo ella subiéndose la cremallera de la chaqueta hasta arriba.

- Hace frío ¿no?

- Si. Pe-pero se te pasa al caminar.

- Si.

- Eric…-algo insegura, Beth había apoyado su mano derecha en uno de los brazos del chico. En cuanto se dio cuenta del gesto, se retiró rápidamente e incomoda. Aparte del consabido sonrojo, claro.- Lo siento.

- No-no pasa nada.

- Eric…-volvió a intentar ella.- ¿Por-porqué no me hablas?

- Si que te hablo. –dijo él nervioso.- Lo estamos haciendo ahora.

- No, no lo haces.

- Beth yo…

- ¿T-te arrepientes d-de haberme defendido? –Beth bajó la mirada como siempre, pero no antes de que Eric alcanzara a ver un deje de tristeza en sus ojos.

- ¿Qué? ¡No! No, claro que no. –repuso él algo alterado.- ¿Cómo piensas eso?

- Bueno…después de…ya no me hablabas.

- Lo siento.

- Yo también.

- ¿Te han vuelto a hacer algo? –Eric sonaba preocupado.- ¿Han vuelto a meterse contigo?

- No, no. Las cosas han estado calmadas esta mañana.

- Son unos idiotas.

- Pero en el fondo tienen razón ¿no?

- ¿Porqué dices eso?

- Bueno…no sirvo para estar en ninguno de los dos mundos. En el mágico porque no tengo magia y en el muggle porque se que existe la magia. Irónico ¿no?

- Beth, no digas eso.

- Pero es verdad.

- No. Con-conmigo has encajado bien. –esa frase acrecentó el sonrojo que llevaban encima.- Quiero decir con mi familia…que con mi familia has encajado bien.

- Lo se. Pero… ¿por cuánto tiempo? –ahí estaba el gran temor de Beth.

- No entiendo.

- Algún día cuando tengáis vuestras varitas y sepáis hacer hechizos…yo tan solo seré una carga. No se cuando será eso…pero el día llegará.

Por el tono de voz de Beth, Eric pudo deducir que ya había pasado por eso. Sin embargo, no era eso lo que más le importaba justo en esos momentos.

- ¿De veras piensas eso de mi? ¿De nosotros? –Eric estaba dolido.- ¿Qué te vamos a dar de lado?

- No será vuestra culpa, simplemente…será así. –se encogió de hombros como queriendo quitarle hierro al tema, pero sabia que cuando ese momento se produjera…le dolería profundamente.

- ¿Porqué me dices todo esto? Yo…yo solo…yo…

- Eric…

- Mira, siento haberme comportado mal durante esta semana, te di de lado y ahora es lógico que pienses que te voy a abandonar, pero no es así, Beth. N-no… -estaba tan disgustado porque ella pensara eso que no se dio cuenta de que tan solo habló por él.

- Vas a ser un gran chico, Eric.

Se quedaron callados y mirándose a los ojos durante un rato. El sonrojo ya parecía ser parte de ellos y casi que ya no le prestaban atención. Pero las palabras de Beth, si que hicieron mella en Eric y no solo las últimas sino también las anteriores.

Y así, sin darse cuenta, habían llegado al umbral de la casa de ella.

- Beth…eres mi amiga, y eso no va a cambiar. ¿Vale?

- ¿Lo prometes?

- Si.

- Te creo.

- Bien.

- Eric…gracias por lo del otro día.

- No tienes porqué. –Eric era un chico muy modesto.

- Si, si que tengo. Nun-nunca nadie había salido así en mi defensa. Y-yo ya me había acostumbrado a ser presa de sus burlas y…

- Eso no tiene porque ser así, Beth.

- El ser humano es así, Eric. Y siempre pierde el más débil.

- No digas eso.

- Pero…

- Beth, voy a tener que pasar mucho tiempo contigo para hacerte cambiar de opinión. –Eric intentó aflojar un poco la tensión. Era un tema serio el que estaban tratando, y a pesar de ser unos niños todavía, lo sabían.

- ¿L-lo harías? –preguntó ella insegura.

- Si. –dijo Eric sin dudar.

- Vaya.

- No se porqué te sorprendes. Eres mi amiga ¿no?

- Si.

- Además, tenemos que seguir jugando al juego ese para reunir el dinero de la casita del árbol. –le sonrió amigablemente.

- Cierto.

- Y para darles una paliza a Hannah y Molly. –rió él y consiguió que ella también lo hiciera.

- Mira que son malas.

- No, lo que pasa es que tu eres muy buena.

- Que va, tu si que lo eres. Pero gracias. –Beth bajó la mirada avergonzada.- ¿Y donde pondremos la casita?

- No se. –se encogió de hombros.- Era a ti a quien más le hacia ilusión.

- Bueno, será de los cuatro…y yo no tengo jardín.

- ¿La casa de Hannah? –propuso Eric.

- No, esta demasiado céntrica. Vuestro jardín es muy grande…y se vería el lago desde arriba…

- Podrías venir siempre que quisieras…-Eric quiso que sonara casual.

- Podría. –Beth levantó la mirada y se encontró con la de él.

- Hablaré con tío Ron para ver donde la podremos. –dijo Eric después de carraspear.

- Aun tenemos que reunir el dinero. –le recordó ella.

- Cierto.

El reloj de la iglesia marcó las ocho de la tarde.

- Bueno…muchas gracias por acompañarme, Eric.

- De nada. –Eric metió las manos en los bolsillos de su chaqueta.

- ¿Y-ya no estás…enfadado conmigo?

- Nunca lo he estado.

- Bueno, tu sabes. –Beth subió el escalón del porche de la casa.

- Siento haber sido tan tonto.

- No lo eres; eres muy valiente, Eric. –ambos sonrieron sinceramente.

- Buenas noches, Beth. –dijo Eric inclinando la cabeza.

- Buenas noches, Eric. –ella se dejó caer contra la puerta y vio como el chico se volteaba para volver a casa.

La verdad es que ambos sentían un peso menos encima después de haber hablado un poco. Y fue durante esos minutos que se dieron cuenta de lo mucho de menos que se habían echado el uno al otro. Era sumamente doloroso y confuso estar en un mismo sitio y no hablarse.

Y tal vez fuera esa necesidad de alargar el tiempo juntos o el agradecer de forma sincera sus palabras, lo que hizo que Beth bajara el escalón de entrada a su casa y corriera detrás de Eric. Cuando lo alcanzó, se puso de puntillas y le dio un besito en la mejilla derecha. Después se fue corriendo de nuevo hacia la casa y entró apresuradamente con el corazón latiéndole a mil por hora y las mejillas quemándole por el sonrojo.

Eric se quedó estático en medio de la calle, como tratando de asimilar lo que había pasado. ¿Había sido un sueño? El ardor de la mejilla donde Beth le había besado le confirmaba que no. Eric volteó para mirar a la niña, pero ella ya había entrado a la casa. Inconscientemente, se llevó una mano a la mejilla y sonrió.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

El sonido de la ducha, fue la señal que Ron estaba esperando para poner en funcionamiento su plan. Había estado preparándolo todo durante dos días, y comprendía que si no pasaba ese fin de semana, tendrían que volver a esperar a otra oportunidad. El martes volvían James y Lily, y para entonces Ron quería tener solucionado ese aspecto de su relación.

Veinte años era mucho tiempo, y aunque habían estado con otras personas, no era lo mismo. Tampoco iba a ser su primera vez juntos técnicamente, pero Ron quería que fuera especial. Hermione era el amor de su vida y merecía que le mostrasen su amor con ternura y pasión al mismo tiempo. Pero sin presiones y sin prisas.

Pero lo que Ron sabía con anticipo era su reacción. Al fin y al cabo, ella no se había mostrado recatada en sus pequeños encuentros que siempre eran interrumpidos. Hermione sentía el mismo amor y la misma pasión que él por ella. Y ahora, ajena a todo lo que le esperaba a la salida, se estaba dando una ducha reparadora.

Ese fin de semana iba a ser especial en todos los aspectos que puede serlo para una pareja igual de especial.

Ron llamó a los niños al salón y les dijo que había llegado la hora, No le hizo falta explicar nada más, puesto que habían sido sus grandes compinches. Pasarían la noche del sábado en La Madriguera y Ron y Hermione irían a buscarlos el domingo a la hora de comer. La señora Weasley no le había permitido negarse ante la invitación a comer, así que eso harían y pasarían la tarde tranquilamente.

La muerte de Ginny había traído consigo una consecuencia: Molly Weasley estaba sumamente pendiente de sus hijos, en especial de Ron. Había perdido una hija, pero no era descabellado decir que gracia s a ella había recuperado un hijo. El vínculo que se había formado entre Ron y sus padres el día del entierro de los Potter seguía fuerte y duradero. Después de años sin verse, la señora Weasley no iba a perder la ocasión de mimar a su hijo pequeño.

Por eso, y porque ansiaba estar con sus nietos, había accedido a quedarse con ellos ese fin de semana. Intuía lo importante que era para Ron y Hermione pasar ese tiempo solos, y también se daba cuenta del gran sacrificio que habían tenido que hacer para cumplir los deseos de Harry y Ginny.

Mediante la red flu llegaron a su destino. Primero Eric y Rose; a la pequeña no le había gustado la experiencia y miraba enfurruñada a su hermano mientras limpiaba levemente su capa rosa que se había llenado de hollín. La señora Weasley corrió a su encuentro y sonrió ante la copia en miniatura de su hija. También se dio cuenta de que Eric parecía mucho más maduro en su expresión, y meneó la cabeza resignadamente.

El segundo grupo lo formaban Molly y Brian; al contrario que su hermana, a Brian le encantó el viaje por chimenea y en cuanto estuvieron en La Madriguera gritó que quería hacerlo otra vez. Sus gafitas se le habían movido, pero con un torpe movimiento las puso en su lugar. Si Rose se quejaba por unos nimios restos de hollín, habría que ver a Brian. El moreno estaba cubierto por completo, y parecía no importarle. Molly, a su lado, sacudía su capa y tenia el mismo rostro de resignación que su abuela.

Ron fue el ultimo en aparecer y lo hizo con Leo en sus brazos, El bebe acababa de tomar su ultimo biberón y ya estaba como un tronco. La señora Weasley se apresuró a cogerlo mientras besaba a su hijo. Obviamente, no pudo pasar sin hacer el comentario de lo pálido y flacucho que se veía, y Ron solo sonrió.

- ¿Dónde esta papa? -preguntó Ron a su madre mientras dejaba las bolsas de los niños en el sofá.

Estos ya habían salido dispararos escaleras arriba en busca de la cama perfecta en la habitación de Ron. Antes de contestar, la señora Weasley los observó con ternura y tristeza. Era duro, pero no le cabía otra que sobreponerse al golpe que habían sufrido. Miró a Leo entre sus brazos y sonrió.

- Esta afuera en el cobertizo. -cambió su tono de voz y añadió con disgusto.- Dijo que había encontrado algo en casa de unos muggles que les encantaría a los niños.

A pesar de haber sucumbido a algunos detalles muggles como el teléfono, la radio o la televisión, la señora Weasley seguía sin ver con buenos ojos la fascinación de su marido.

- ¿Y que es?

- Oh, es como un balancín de jardín, solo que va atado a un árbol o yo que sé

- Es un columpio, mamá.

- Da lo mismo.

Ron sonrió.

- A los niños les gustará.

La señora Weasley puso a Leo en la cuna de viaje que Ron había traído y montado en el salón y se acercó para abrazar a su hijo como Dios manda. Tal vez al Ron adolescente le habría molestado el gesto, pero no al Ron adulto, que simplemente le correspondió con mucho amor.

- Se te ve tan feliz, cariño. -observó la señora Weasley.

- Es que lo soy, mamá. Se que...no es bonito decirlo cuando hace solo 3 meses que enterramos a Harry y Ginny, pero...

- Hermione es la única mujer que siempre me gustó para ti.

- Es maravillosa.

- Si, lo es, -la señora Weasley se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla a su hijo.- Anda ve, no la hagas esperar.

- Cierto. -Ron se agachó para volver a abrazar a su madre.- Gracias por todo, mamá

- Recuerda que mañana...-empezó a decir la señora Weasley conmovida por el gesto de su hijo.

- Estaremos aquí a las dos para comer. -acabó Ron.

- Bien.

Ron se metió de nuevo en la chimenea y regresó a Lily Cottage. Tan solo se había demorado quince minutos y no parecía que hubiera pasado nada en su ausencia. El sonido de la ducha continuaba, aunque ya de manera más pausada, señal inequívoca de que Hermione estaba a punto de salir.

Se quitó la capa apresuradamente y se autoaplicó un hechizo de limpieza para quitar los restos de hollín que pudiera haber. Lo que Ron le había dicho a su madre era cierto...era feliz. Hacia años que no sentía esa felicidad y por fin había aceptado que había llegado su momento. Sin hacer ruido, corrió hacia la ventana del jardín y observó que todo afuera estuviera en orden.

En el cielo, la luna brillaba más que nunca arropada por un manto negro, No había estrellas, pero ante tanto esplendor tampoco es que hicieran falta. El movimiento de los árboles indicaban una fina ventisca y la tranquilidad de las aguas del lago, le daba el toque romántico que necesitaba.

Decir que Ron estaba tranquilo y confiado, seria mentir. El pelirrojo estaba muy nervioso y algo muerto de miedo. El saber que tu amor es correspondido no implica dejar de lado esas pequeñas inseguridades que no hacen más que añadir ternura a la situación. Apagó las luces de la casa y realizó un complicado movimiento de varita que a su señal iluminaría el camino.

Para ese entonces Hermione había terminado su ducha y se vestía con parsimonia en la habitación. Mientras ella se secaba el cabello castaño con un hechizo, Ron se agazapó en su sitio y apretó un poco más de lo normal lo que llevaba en la mano, logrando que la palma le sangrara un poco.

Hermione no era una mujer que tardara mucho en arreglarse, así que en apenas siete minutos estuvo lista. Llevaba un vestido azul de corte sencillo que solía utilizar para estar en casa. Como era de tirantes, se puso una chaquetilla de mezclilla en el mismo tono que el vestido. En los pies, unas sandalias planas, que más que bonitas eran cómodas. Su cabello largo y rizado estaba suelto y en la cara cero de maquillaje. En resumen, era un atuendo muy natural.

Pero ella no sabía nada de lo que tenía planeado Ron y pensaba que darían de cenar a los niños y verían la televisión un rato antes de subir a acostarse, como todas las noches. Se había acostumbrado bien a la rutina y cuando abrió la puerta de su habitación tenia una sonrisa en los labios.

Sin embargo, le extrañó el silencio y la oscuridad que envolvían la casa.

Eso no era normal, pero algo le decía que no tenía porque preocuparse. Asomó la cabeza por el pasillo y miró hacia la escalera, pero parecía que en la planta baja tampoco había nadie.

- ¿Ron? -preguntó insegura.

Al instante la escalera se vio iluminada. Pequeñas velas flotantes indicaban el camino entre escalón y escalón y una región de pétalos de rosa marcaban los pasos que debía seguir. Hermione lo miraba todo maravillada, y ya las piernas comenzaron a temblarle cuando escuchó la suave melodía de su canción muggle favorita.

Como atraída por un imán, fue bajando las escaleras y recorriendo el camino de velas blancas y pétalos rojos. Lamentó no haberse puesto más bonita y elegante, pero ya no tenia ocasión de volver atrás. En la planta baja, el camino giraba hacia la izquierda y se metía entre los sofás haciendo un zigzag innecesario pero que ella realizó con mucha ilusión. Pudo ver que la chimenea esta encendida y que en la reprisa había mas velas y mas pétalo.

Enseguida supo que su destino final era el jardín y con una sonrisa boba se dirigió hacia él. Cercana ya a la puerta, algo llamó su atención. Apoyado sobre las teclas del piano, que había encajado en el hueco de las escaleras, había un sobre rojo y una rosa sobre él. Hermione cogió la rosa y se la llevó a la nariz para impregnarse de su olor embriagador; después abrió el sobre.

"Las palabras nunca son suficientes para decirle a alguien lo que sientes,

así que seré conciso y con un te quiero...te diré lo mucho que te amo."

Una lágrima emocionada rodó por la mejilla derecha de Hermione. Todavía en el fondo tenia el estúpido pensamientos de que ella no se merecía nada de eso, pero es que Ron era tan maravilloso… Ya nada tenia que ver con el chico malhumorado y testarudo que solo conseguía sacarla de quicio, no. Ahora Ron era el ejemplo más claro de lo que un hombre puede llegar a sentir por una mujer, y esa mujer era ella.

Carraspeó débilmente para recobrar el sonido de la voz que se le había ido momentáneamente y dobló el pergamino con mucho cuidado. No lo soltó y siguió caminando con el corazón en un puño. Junto a la puerta de salida al jardín estaba Ron; sostenía entre sus manos una rosa idéntica a la que había encontrado en el piano, y en sus labios la sonrisa más sincera. Ella se le colgó del cuello enseguida y se abrazaron.

- Oh, Ron. No-no tengo palabras. Yo…no merezco todo esto…

- Mereces esto y mucho más. –la contradijo él.

- Te quiero.

- Quiero que sea una noche especial para ti.

- Ya lo es. –dijo antes de besarle brevemente.

- ¿Quieres cenar?

- ¿Cenar? ¿Dónde? –Hermione estaba confusa.

El jardín, al igual que la casa, estaba totalmente a oscuras.

- Aquí. –sonrió Ron.

Al momento, la misma hilera de velas y pétalos que la habían llevado hasta él, se materializaron en el suelo del jardín y señaló el camino hacia una coqueta mesa para dos en el linde del bosque y con una inmejorable vista del lago a sus pies. Hermione ahogó un grito de emoción.

- Ron…

- ¿Me concede el honor de acompañarme esta noche? –dijo el pelirrojo muy galantemente.

- Si. –dijo ella con apenas un hilillo de voz.

Ron enlazó un brazo con el de ella mientras caminaban hacia su particular reservado, pero a medio camino decidió que quería sentirla más cerca y simplemente la abrazó atrayéndola hacia él. Cuando se detuvieron en su destino, la besó larga y profundamente, consiguiendo que ella perdiera el poco sentido que le quedaba.

Los sentimientos de los dos estaban a flor de piel y habían llegado al punto en que una pareja no puede hacer más que demostrarse lo mucho que se aman de la forma más bella. Decir que los veinte años separados estaban olvidados, sería mentirse a ellos mismos y a sus corazones. Pero hacían todo lo posible por sobrellevarlo de la mejor manera; aun había secretos por contar, pero no esa noche.

Como si estuviera flotando en una nube, así se sentía Hermione. Tan solo el brazo de Ron alrededor del suyo le daba la fuerza suficiente para seguir andando. De vez en cuando hacían un alto en el camino para mirarse, sonreírse y besarse. Parecían dos adolescentes recién escapados de la casa de sus padres para vivir su amor al amparo de la noche.

Todo aquello con lo que Ron había soñado sentir en ese momento, se hacia nimio a lo que ocurría en realidad. Siempre había sabido que Hermione era la mujer de su vida, pero lo que estaba a punto de ocurrir esa noche, se lo confirmaba con creces. Se sentía tan natural, tan propio de ellos. El sufrimiento del pasado valía la pena si después conseguía una sonrisa como la que no abandonaba a Hermione en ningún momento.

Arribaron a la mesa y Ron, como todo caballero, retiró una silla para que la castaña se sentase. Ella le dio las gracias con un breve beso y él corrió a sentarse al otro lado. La música que sonaba en la casa había terminado ya y ahora el silencio tan solo era interrumpido por sus respiraciones entrecortadas y anhelantes.

- No deberías haberte tomado tantas molestias. –replicó Hermione de nuevo.

- ¿Acaso no te gusta?

- ¿Bromeas? Estoy maravillada.

- ¿Entonces?

- Ron, nunca has necesitado hacer nada de esto para conquistarme, pero no te voy a negar que me encanta.

- Entonces no hay nada por lo que discutir. –enlazaron sus manos por encima de la mesa.

- ¿Dónde está los niños? –preguntó Hermione con curiosidad.

- En La Madriguera.

- ¿Así que estamos solos? –sonrió ella.

- Así es. –él le devolvió la misma sonrisa pero son un deje provocador.

- ¿Intenta seducirme, señor Weasley? –quiso ponerse seria, pero lo consiguió a duras penas.

- Tal vez. –dijo Ron llevándose una mano al mentón y provocando la risa de ella.

- Pues tal vez lo este consiguiendo. –contestó Hermione.

Se quedaron mirando durante varios minutos, dejando que sus ojos acariciaran el rostro del otro y que como si de las más bellas caricias se tratase, sus cuerpos se estremecieran. Encima de la mesa, sus manos entrelazadas tampoco se quedaron quietas y tenían una pequeña lucha amistosa para ver quien prodigaba más cariños.

- ¿Te he dicho ya esta noche que te quiero? –preguntó Ron.

- Creo que si, pero no estoy segura de haberlo escuchado de tus labios.

- Pues te amo; y aun más te voy a decir. Eres la única rosa que pobla mi jardín y la única que quiero para decorar mi ramo.

- ¿Porqué siempre me dices esas cosas tan bonitas? –ella lo miró totalmente enternecida.

- Por que a riesgo de parecer cursi, es lo que te mereces.

- Ron, no tienes que compensarme por algo de lo que tu no tienes ninguna culpa.

Hermione era la persona más inteligente que Ron había conocido, y acababa de demostrarlo de nuevo. No es que el pelirrojo estuviera haciendo eso solo como medida de compensación por todo el sufrimiento de ella, pero era una de las razones que lo movían a esforzarse un poco más y ser más atento y cariñoso. Aunque ellos significara rallar el hartazgo y ponerse cursi. Ron se sentía culpable, no lo podía evitar, y había hecho la promesa de pasarse el resto de la vida compensándola le gustase a ella o no.

- No lo hago por eso, Minnie. –negó él.

Ella enarcó una ceja y meneó la cabeza negativamente.

- Enserio, mi amor. No te negaré que siempre habrá una parte de mi intentando compensarte por todo, pero la principal razón que mueve todos mis actos y mi mundo, es el amor que siento por ti.

- Ron…-susurró ella emocionada.

- Quiero que experimentes la clase de amor que habríamos tenido si ese par de malditas y el destino no se hubieran interpuesto en nuestros planes. Perdimos veinte años por una razón inexistente y ahora tan solo vivo para recuperarlos y recuperar tu amor.

- Mi amor es algo que siempre tuviste, antes incluso de que te dieras cuenta. Fueron tres amándote en silencio. –dijo ella muy dulcemente.

- Lo siento, fui muy lento en darme cuenta. Todo el mundo me lo decía, pero yo estaba tan cegado por los celos a Krum que no…

- Tampoco ibas tan desencaminado; desde el principio que Viktor quería algo más conmigo, pero yo no…no podía hacerle eso a mi corazón. Claro que cuando en sexto comenzaste a salir con Lavender…ese cambió mi visión y decidí darle una oportunidad a Viktor. Pero en mi corazón ya estaba alojada la flecha con el dardo a nombre de Ronald Weasley desde hacia mucho tiempo.

- Luego dices que yo te digo cosas bonitas. –replicó él.

- No me arrepiento de haber estado con él, solo que habría preferido estar contigo desde el principio. Era algo que quería haberte dicho hace mucho tiempo, pero…

- Yo si que me arrepiento de haber estado con Lavender. Sobretodo sabiendo que mi error nos costó un precio muy alto. –Ron bajó primero la mirada y después la cabeza.

Hermione aprovechó para levantarse y acercarse a su lado de la mesa. Tomó con sus manos las suaves mejillas pecosas y lo obligó a levantar la cabeza para mirarla. Sus ojos azules como un cielo de primavera le transmitían un amor capaz de romper las barreras del tiempo y el espacio, de lo físico y lo real. Verse reflejada en los ojos de Ron era la sensación más completa que Hermione podía desear.

Pero antes de que ella pudiera hablar, él se le adelantó.

- ¿Sabes lo que realmente me fastidió de Krum?

- No.

- Llevabas casi 4 años conviviendo conmigo y compartiendo todo, y para mi tan solo eras mi amiga. Te veía como podía ver a Harry, aunque eso tampoco era del todo correcto. Harry siempre fue mi hermano, pero a ti no podía quererte como a Ginny. Así que supongo que muy en el fondo…

- A veces el corazón se da cuenta de cosas que nos cuesta más aceptar con la mente.

- Vaya un estúpido del que te fuiste a enamorar.

- Yo no creo eso. –ella acarició su mejilla derecha y él se estremeció ante el gesto.- Me fui a enamorar de la única persona capaz de anteponer mi seguridad a su amor; de la única persona capaz de hacer que mi mundo se tambalee con tan solo una mirada suya: de la única persona que sin proponérselo se hizo un hueco en mi corazón: de la única persona que incluso en la distancia nunca dejó de pensar en mi ni de amarme; de la única persona que fue creada para pasar la eternidad junto a mi.

- Vas a conseguir que me ruborice.

- No lo hagas…no todavía…

- ¿Todavía?

- Si, porque aun no he terminado. Ron eres una persona maravillosa, encantadora, valiente, con honor, tierno, cariñoso, respetuoso, algo infantil…-sonrió-…leal, el mejor amigo que alguien podría tener, el mejor novio que yo pude tener…

- Ya es oficial. Has conseguido que me ruborice. –sonrió él a su vez.

- Pues estás muy guapo, así que voy a tener que hacerlo más a menudo. –sonrió ella de nuevo y se agachó para besarlo dulcemente.

- No estamos haciendo las cosas bien; esta tenia que ser tu noche, no la mía.

- Es una noche para los dos, Ron.

- Pero…

- Yo no la quiero si no la compartes conmigo.

Ron apoyó la cabeza en el vientre de ella y dejó que Hermione mesara sus cabellos mientras él se prendía fuertemente de su cintura. El cabello de Ron le hacía cosquillas a través de la fina tela del vestido de verano, pero ella tampoco era consciente del efecto que tenían sus caricias en el pelirrojo. Este comenzó a besar el vientre plano de ella y a mover sus manos en su cintura. Hermione tenía los ojos cerrados, pero no descuidó en ningún momento las caricias que le prodigaba a Ron.

Unos minutos después, Hermione se encontraba sentada en las rodillas de Ron y por fin sus labios podían encajar de manera perfecta y permanente. Hacia demasiado tiempo que esperaban poder demostrarse de esa manera lo mucho que se amaban y ambos tenían claro que de esa noche no pasaba. Nada puede satisfacer tanto a una pareja que hacer el amor después de decirse lo mucho que se aman.

Y Ron y Hermione estaban en el camino. Los labios de la castaña estaban rojos e hinchados por la presión de los besos y Ron lucía acalorado por las caricias que ella prodigaba en su pecho. Ninguno estaba dispuesto a poner freno y tan solo se separaban cuando la falta de aire se les hacia insoportable.

Ni siquiera se acordaban ya de la cena y todo el romanticismo del principio había sido substituido por la pasión del momento. Todavía les quedaban algunas cosas de las que hablar y esa noche habían avanzado un poco. Pero sabían lo más importante: que se amaban con locura.

Locos, irresponsables, impredecibles, pasionales…así es como nos hacer ser el amor. Pero no importa, porque nada es comparable al placer tanto físico como emocional que sentimos cuando estamos enamorados. Parece que el mundo gira alrededor de nosotros y de esa persona a la que amamos, y eso era lo que estaban experimentando Ron y Hermione.

Claro que las interrupciones se habían vuelto una constante en su vida amorosa, y aunque esa noche los niños no estaban, no contaban con que el cielo no estuviera a su favor. Aun unidos por sus labios, sintieron como pequeñas gotas de lluvia caían directamente sobre sus rostros y rodaban por sus mejillas como si de lágrimas se tratase. Sabían que lo indicado seria trasladarse al interior de la casa, pero internamente se dijeron que un par de gotas no les harían nada y siguieron a lo suyo.

Ron trasladó sus besos al cuello de Hermione y ella introdujo sus manos por debajo de la camisa del pelirrojo. Casi sin esfuerzo consiguió llegar al pecho musculado y concentró sus caricias allí. Sus manos estaban frías, pero no importaba. Por otro lado, los besos de Ron ya no solo estaban en su cuello, sino que habían ido bajando hasta encontrarse frente a frente con los pechos henchidos de la castaña.

Las gotas de lluvia comenzaban a humedecer sus ropas y ya era más que evidente que la tormenta llegaría en cualquier momento. Pero obnubilados de deseo como estaban, solo atinaron a que Hermione se sentara mejor encima de Ron, adoptando una postura a horcajadas. El pelirrojo aprovechó su momentánea separación para quitarle la chaqueta de mezclilla y dejarla tan solo con el fino vestido azul.

Volvieron a besarse con la misma pasión que minutos antes, pero esta vez no pudieron evitar sonoros gemidos. Hermione movía sus caderas haciendo más intimo el contacto entre sus cuerpos y Ron apretaba sus pechos ayudado por sus dos manos. Las sensaciones que embargaban sus cuerpos eran nuevas, pues esa pasión que emanaba de ellos era creada por el amor.

Cuando los gemidos empezaron a ser continuos, el cielo decidió descargar la lluvia que llevaba acumulando durante todo el día. Pero a diferencia de las irregulares gotitas del principio, esta vez la tormenta fue de manera violenta. Tanto así que en apenas dos minutos, Ron y Hermione estaban empapados y se veían obligados a correr camino de la casa.

A ninguno le había hecho gracia tener que detener su momento, y a pesar de que la lluvia estaba helada, de sus rostros no fue capaz de borrar los sofocos provocados por las acciones previas. Habían llegado al punto de no retorno, pero al mismo tiempo se decían que no seria bonito entregarse por primera vez bajo la lluvia. No cuando Ron se había tomado tantas molestias para que fuera perfecto.

Corriendo llegaron a la puerta del jardín que conectaba con el salón. Empapados y pegajosos podrían ser las dos palabras que definían mejor el modo en que se encontraban. Apoyada contra el cristal de la puerta, Hermione no quiso eludir el deseo de seguir besando a Ron, así que eso hizo. Se colgó del cuello del pelirrojo y lo besó con la misma pasión que había demostrado en el exterior.

Las gotas que desprendían sus cabellos les hacían cosquillas y la humedad de las prendas mojadas, les provocaban escalofríos cada vez más seguidos. Pero se podía decir que ellos estaban en la gloria. Hermione hacia todo lo posible por profundizar el beso mientras que Ron la atraía por la cintura de manera que sus pechos quedaran pegados. Los latidos de sus corazones eran acelerados, pero no podían ni querían detenerse.

Aun así, Ron puso fin al beso y aguardó unos minutos para poder recrearse en el bello ejercicio de observar el rostro de Hermione. Para él estaba mas bonita que nunca y eso se lo transmitía con la forma en que la miraba. Tantas noches durmiendo a su lado, tantos días pasados junto a ella y era justamente ahora que se detenía a ver lo hermosa que era. Acarició sus mejillas casi con veneración y después de darle un casto beso en los labios, la cogió de la mano para conducirla al sofá que había delante de la chimenea.

Bajada la intensidad de la pasión, los dos comenzaron a ser conscientes del frío de sus ropas y pronto los dientes les castañearon. No había necesidad de decirlo con palabras, así que cuando Ron se acercó para besar de nuevo los labios de Hermione, ella no se sorprendió por lo que iba a hacer.

Con parsimonia se detuvo a besar su boca y lamer sus labios, dibujar besos a lo largo de su mejilla y mordisquear su oreja derecha. Las manos de ella aprisionadas a su espalda, dejándola a la expectativa. Cuando esos mismos labios bajaron hasta su cuello y se detuvieron en el comienzo del pecho, Hermione gimió. Ron sonrió aun con los labios presionando su piel, y muy gentilmente le indicó que se volteara. Ella lo hizo y casi al instante la cremallera del vestido fue abierta. Ron la estaba desnudando de una manera deliciosa, pero sobretodo con mucho amor.

El vestido desapareció dejándola en ropa interior, un conjunto de sujetador y bragas de encaje negro que encantó al pelirrojo. Pero no siempre iba a tener el control él, y Hermione decidió que había llegado su momento. Aprestó las manos de él, que se acercaban peligrosamente a la curva de sus pechos, y las retiró gentilmente mientras se daba la vuelta y quedaban cara a cara de nuevo.

El pelirrojo enarcó una ceja, sabiendo que todo formaba parte del juego y con un nuevo gesto decidió quedarse quietecito durante algunos minutillos. Hermione aprovechó para desabotonar su camisa de forma lenta y tortuosa. Ron intentaba por todos los medios acercar su boca a la de ella, pero la castaña siempre conseguía apartarse a tiempo. Claro que tampoco es que Ron tuviera motivos para quejarse, sobretodo cuando sintió los labios de Hermione recorrer su pecho y sus manos posarse en su trasero y se le escapó un gemido.

Ayudada por la lengua, la castaña extinguió todo rastro de agua del amplio y musculado pecho pelirrojo. Le quitó la camisa, deteniéndose y prestando atención también a sus brazos. El pantalón también estorbaba, así que más rápido de lo que pensaba, Hermione se deshizo de él. Ahora estaban en igualdad de condiciones y tan solo les restaba seguir prodigándose caricias y besos.

El cuerpo de Hermione se pegó al de Ron y pudo notar lo excitado que estaba. Ella se encontraba igual y deseaba con todas sus fuerzas que ocurriese ya lo que iba a pasar. Claro que como siempre, Ron tenia varios ases en la manga que no lograron sino maravillarla de nuevo.

El pelirrojo atrajo sus labios a los suyos y la besó con hambre renovada. Casi al instante de su unión, sus lenguas también se entregaron a la tarea y provocaron que ambos gimieran juntos. Las manos de Ron se movían con rapidez por la espalda de la castaña, mientras que ella lo hacia pausadamente en la de él, como queriendo memorizar cada músculo.

Afuera la tormenta seguía descargando y las gotas de lluvia se habían convertido en un manto transparente que lo cubría todo. En el horizonte, rompiendo la oscuridad del cielo, podían verse algunos relámpagos. El viento también soplaba con fuerza, haciendo que a pesar de estar a finales de junio, se hiciese necesario estar al calor de la chimenea.

Con mucha lentitud, nuestra pareja fue apoyándose cada vez más en el sofá hasta que Ron quedó encima de Hermione. La castaña acogió encantada el peso del cuerpo del pelirrojo y rodeó con sus piernas la ancha cintura. Ron no se hizo esperar y enseguida comenzó a acariciar los muslos de ellas mientras volvían a besarse. Dejándose llevar por el instinto, ambos movían las caderas, pero Hermione quería algo más.

En el momento en que sus cuerpos cayeron del sofá hacia la mullida alfombra iluminada por el fuego de la chimenea, comenzó a sonar una preciosa melodía que no podía ser más idónea. Ron sabía que era la canción favorita de Hermione desde siempre y le pareció muy natural que hicieran el amor siguiendo su compás lento y pausado. Encima de él, Hermione rompió el beso y lo miró interrogante durante unos segundos antes de sonreír tontamente. Después volvieron a besarse y acariciarse como habían hecho en el sofá.

Oh, my love, my darling

I've hungered for your touch

A long, lonely time

El movimiento de las caderas de Hermione encima suyo, estaban llevando a Ron hacia la locura. Y cuando el pelirrojo bajó con sus labios hasta su cuello, fue Hermione la que no pudo evitar gemir y arquearse. Ron aprovechó para deleitarse con la visión de sus pechos a punto de salirse de la tela que los cubría y los acarició son sus manos. Hermione volvió a gemir, pero esta vez reaccionó besando a Ron.

El cierre del sujetador cedió con facilidad y después de veinte años, Ron pudo volver a besar esos pechos que le habían traído de cabeza durante su adolescencia. El paso del tiempo no había hecho mella en ellos y reaccionaron poniéndose duros ante el contacto de la lengua del pelirrojo. Hermione quería devolverle el favor, así que minutos después era ella la que besaba y mordisqueaba el pecho de Ron arrancándole sonoros gemidos.

And time goes by so slowly

And time can do so much

Are you still mine?

Estaban a un paso de quedar totalmente desnudos y el deseo de hacerse uno, ya era insoportable. Parecía que habían estado esperando ese momento durante toda su vida, y ahora toda la energía acumulada estaba saliendo a borbotones. Hermione continuaba encima de Ron y sus piernas estaban pegadas a la los lados del cuerpo del pelirrojo. Cuando acabaron de reconocerse sus pechos mutuamente, volvieron a besarse ignorando la hinchazón de sus labios.

Ron llevó las manos hasta el trasero de Hermione, que reaccionó moviendo sus caderas. El pelirrojo gimió una vez más, sintiendo que su erección no podía alcanzar una cota más alta. Con cada movimiento de Hermione se sentía cada vez más en el paraíso, y aunque habría sido más prudente detenerla antes de que fuera demasiado tarde, no tuvo fuerzas. Se dejó llevar por la situación y gimió posando su boca cerca del oído derecho de Hermione.

I need your love

I need you love

God speed your love to me

Moviendo el rostro para volver a encontrar los labios de Hermione y devorarlos con pasión, Ron se impulsó para quedar él encima de ella. Las llamas de la chimenea proyectaron bellos reflejos oscuros en el rostro de la castaña cuando apoyó la cabeza en el suelo. Durante unos segundos, ambos pararon todos sus movimientos y se dedicaron a mirarse y hablarse con los ojos. Y lo que vieron en el rostro del otro fue un amor inmenso y puro que los empujó a seguir con lo que estaban haciendo.

Estando Ron encima, decidió hacer él el primer movimiento y de nuevo bajó su rostro para besar los pechos de Hermione. Ella se arqueó para acercar más esos labios a su piel y acarició el cabello rojo de la nuca de él. Pero los besos de Ron no se quedaron allí y fueron bajando por su vientre al tiempo que las manos se concentraban en los muslos. Hermione estaba que no cabía en si de placer y cuando Ron llegó al interior de sus muslos, no pudo evitar gemir entrecortadamente varias veces. El pelirrojo se deshizo de su última prenda de ropa casi sin que ella se diera cuenta.

Lonely rivers flow to the sea, to the sea

To the open arms of the sea

Lonely rivers sigh: "wait for me, wait for me"

"I'll be coming home, wait for me"

La contempló durante unos segundos con la misma admiración que un pintor siente por su obra maestra. Y es que el cuerpo de la castaña, a los ojos de él, era perfecto. Subió de nuevo hasta encontrarse con su rostro y la besó con más parsimonia y ternura que la vez anterior. Hermione bajó sus manos hacia los boxers negros y acarició el prominente bulto por encima de la tela. Ron intensificó el beso y cuando finalmente las manos de ella se colaron dentro, tuvo que interrumpirlo para dejar salir un gemido.

La mano derecha de Hermione se movía rítmicamente mientras envolvía el miembro del pelirrojo y con la izquierda comenzó a sacar esa molesta prenda que era la única que les impedía unirse en uno. Poco más tenía que hacer para estimularlo y podía sentir como el corazón del pelirrojo latía con fuerza. Cuando el bóxer estuvo totalmente fuera, fue una liberación para ambos.

Se besaron con mucho amor y las manos de Ron acariciaron el rostro de Hermione mientras se colocaba en su entrada y ella abría las piernas para acogerlo. Se detuvieron a mirarse a los ojos fugazmente y volvieron a besarse al tiempo que Ron la penetraba.

Oh, my love, my darling

I've hungered (hungered) for your touch

A long, lonely time

La magia que sintieron veinte años antes al hacerse uno por primera vez, volvió a invadir en esos momentos sus cuerpos. Hermione, que había cerrado los ojos durante el beso, los abrió de nuevo para perderse en ese mar azul que eran los ojos de Ron. Gimiendo quedamente, ambos comenzaron a moverse muy lentamente. Ella disfrutando de la sensación de sentirlo dentro y él dejándose engullir por la estrechez de ella.

Ron se movía pausadamente, deseando que ese momento no terminara nunca, y Hermione compartía el mismo pensamiento. Claro que las necesidades del cuerpo son otras y cuando la castaña envolvió las caderas del pelirrojo con sus piernas, él pudo llenarla del todo y volvieron a gemir y suspirar. Ron abandonó los labios de Hermione para besar su cuello y sus manos las llevó hacia sus piernas. La castaña estaba ocupada besando la nuca pecosa y afanándose por acariciar y empujar el trasero de él.

Parecía que nunca habían dejado de hacerlo, pues el ritmo impuesto por el pelirrojo era perfectamente seguido por Hermione. Las sensaciones que invadían sus cuerpos en esos momentos eran indescriptibles, y mientras fuera continuaba lloviendo con fuerza, ellos experimentaban la mejor noche de sus vidas.

And time goes by so slowly

And time can do so much

Are you still mine?

Cuando sus labios volvieron a unirse en un beso deseado y necesitado, Hermione hizo un movimiento que cambió sus posiciones. Ahora era ella la que se encontraba arriba, haciendo la penetración más profunda y alcanzando un placer mayor. Como siempre ocurría, Ron volvió a embobarse con el panorama de los pechos castaños cayendo directamente hasta su rostro. Los acarició y besó mientras esta vez era Hermione la que marcaba el ritmo.

La castaña producía unos movimientos más rápidos y desesperados que el pelirrojo, y pronto comenzó a gemir y jadear sonoramente. Se movía circularmente y hacia arriba y hacia abajo. Se sentía llena, completa y embriagadoramente feliz. Sin perder el contacto visual con Ron, bajó su rostro para besarlo y acarició su cabello, aun mojado por las gotas de lluvia del exterior.

Cuando Hermione se dejó caer sobre su pecho, Ron la abrazó al tiempo que movía sus caderas para esta vez ser él quien la embistiera. Jadearon extasiados, sabiendo que el fin estaba por llegar. Aun así, mantuvieron el ritmo durante unos minutos.

I need your love

I need you love

God speed your love to me

Ambos podían sentirlo al tiempo que las embestidas se hacían más profundas. El momento de venirse estaba a punto de llegar, pero Ron no quería que fuera así; quería ver el rostro de Hermione en todo su esplendor. Así que ahora fue él quien rodó sus cuerpos por la alfombra hasta quedar encima. Estaban cerca del fuego, y eso unido al esfuerzo, habían dotado a Hermione de un hermoso tono sonrosado en sus mejillas. Ron besó ambas antes de volver a sus deliciosos labios.

Hermione acariciaba la ancha espalda del pelirrojo mientras luchaba por contener el momento. Pero cuando Ron cogió sus manos con las suyas y las llevó hacia atrás, por encima de la cabeza, sin dejar de moverse en su interior, supo que estaba perdida. Lo mismo le ocurrió al pelirrojo, que alzó su rostro a tiempo para ver como ambos llegaban al clímax al mismo tiempo.

Respirando entrecortadamente, Hermione bajó los brazos y los abrió para que Ron recostara la cabeza en su pecho. Después, aun sintiéndolo en su interior, lo abrazó mientras besaba su cabello, su frente y su mejilla.

- Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. –decía ella entre beso y beso.

- Te quiero, Hermione. –dijo él pegándose más a su cuerpo.

- Mi amor…

- Mi vida…

Él alzó el rostro y le dio el beso numero mil de esa noche.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

En los terrenos de Hogwarts, el domingo previo al gran baile, amaneció soleado y caluroso. A las nueve de la mañana el sol había alcanzado ya su cuota más alta y se podía ver su reflejo en las aguas cristalinas del Lago Negro. En las profundidades del Bosque Prohibido se escuchaba el aleteo de un pájaro unido al suave batir de una mariposa. Así que se puede decir que la tranquilidad era absoluta.

Los estudiantes del milenario castillo aun estaban disfrutando de la posibilidad de dormir un poco más de lo normal, y por eso no era extraño ver los pasillos desiertos y exentos de las risas adolescentes. Pero fue quizás también por eso, que la cabizbaja figura de un chico rubio llamó la atención de los cuadros del castillo. No solo su presencia era irregular a aquellas horas, sino también su expresión.

Acostumbrados a los acelerados cuchicheos de las adolescentes y el entrechocar de palmas de los chicos, los cuadros prestaron sus oídos a los suspiros del chico. Faltaban poco más de veinticuatro horas para el baile y él no estaba nada ilusionado. Tal vez fuera porque no había conseguido pareja o tal vez no. No es que las chicas le hubieran rechazado, simplemente que él no se lo había pedido a ninguna.

El corazón de Ben Wise sabía muy bien lo que tenia que hacer, no así su lado racional. Pero es difícil para un chico guapo, popular y triunfador, aceptar que la única chica que te gusta es la única que no quiere salir contigo. Y más difícil aun es no poder mantener una conversación civilizada con ella sin acabar discutiendo.

Ben suspiró de nuevo.

Le había tomado años aceptar la verdad, pero los últimos meses habían sido una tortura agridulce para él. Todo había comenzado con la muerte de los padres de su mejor amigo, James. Y es que a pesar de no llevarse bien con Grace, junto a James y Alice formaban el cuarteto inseparable. Un cuarteto que durante los dos meses pasados se había dividido en dos y le había obligado a pasar más tiempo con Grace.

- Grace…-murmuró nadie en particular.

Era su alegría y su tormento, pero nada podía hacer para evitar sus encontronazos con ella. Reconocía que la mayoría de las veces lo hacían más que nada por seguir con la costumbre que otra cosa. Pero es que eran tan diferentes: él popular…ella discreta, él hablador…ella callada, él juerguista…ella aplicada, él con un gran sentido del humor…ella seria, él despreciaba los libros…ella los amaba…

Y aun así se había enamorado de ella. James se lo había hecho ver después de una de sus milésimas peleas. Y Ben sabía que tenía razón. Además aunque pelearan todo el rato, era agradable estar a su lado y siempre terminaba buscándola. Grace no sabia que él tan solo se conformaba con poder observarla y siempre acababan discutiendo.

Esa era la principal razón de la congoja de Ben.

El chico bajó las escaleras hasta llegar al vestíbulo. A la izquierda se encontraba el Gran Comedor, y aunque tenía el estómago vacío, no tenia hambre. Seguramente, si comía algo le sentaría mal. Pasó de largo las grandes puertas de roble y se dirigió a la salida. El hecho de que sus compañeros no se hubieran despertado aun, no le iba a quitar a él el privilegio de salir a pasear por los jardines. Se llevó una mano a la cabeza y echó su cabello rubio hacia atrás antes de caminar con paso decidido hasta el puente de madera.

Se detuvo justo en el medio y se apoyó en la apostillada barandilla para observar el paisaje en silencio. Le gustaba la quietud de Hogwarts los últimos días del curso, pues ya los nervios por los exámenes habían desaparecido y todo el mundo parecía estar mucho más relajado. Todo el mundo menos él; claro que tampoco había tenido nunca problemas para ir al baile de curso y no quería entender porqué ese año si.

Desvió sus oscuros ojos azules hacia el cielo despejado y se quedó embobado mirando el grácil aleteo de una gaviota. Él era de los alumnos que consideraba Hogwarts su hogar y no un colegio interno, y era muy consciente de su belleza.

¿Por qué es tan complicado estar enamorado?, se preguntaba una y otra vez.

Él que siempre se había jactado de ser valiente, de ser un Gryffindor, se estaba comportando como un cobarde. Pero su orgullo estaba en juego y no iba a permitir que nadie lo pisoteara. Sabia que si hablaba con Grace y le revelaba sus sentimientos estaría a su merced y eso era lo ultimo que Ben quería.

Porque Ben estaba convencido de que Grace no sentía nada por él. Bueno si, una antipatía crónica, pero nada más. Así que durante todos esos años luchó contra sus sentimientos y fue hasta cruel con ella, a veces queriendo a veces sin querer. No comprendía que ella no tenía la culpa de que él creyera que ella no le correspondía.

Se enderezó y después de echar una breve mirada hacia las rocas que conformaban el precipicio a sus pies, Ben siguió caminando y acabó de cruzar el puente. No tenía un rumbo fijado y caminaba más por inercia que por necesidad. Pero sabía que si paraba acabaría sucumbiendo a la pena y no quería derrumbarse cerca del castillo donde todos pudieran verle.

Estaba enfadado consigo mismo, porque el amor dolía y él había dejado que su red lo atrapara. Sin apenas darse cuenta. Así era como se había ido enamorando de Grace, sin darse cuenta. Por ella llegó a respetar las reglas y pasar horas de la biblioteca, y solo por ella había desistido de ir al baile de mañana por la noche. Porque sabia que si no iba con ella, no iba a estar a gusto.

Complicada visión tenia este chico del amor, pero lo cierto es que nadie le había dicho nunca "te quiero", ni siquiera los miembros de su estirada familia de sangre pura. Para ellos tan solo era el heredero de la fortuna y la posición de los Wise y ya está.

Llegó a una gran piedra redonda ubicada enfrente del Lago Negro y se dejó con caer con pesadez.

*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_

Hacia más de una hora que Grace daba vueltas despierta en su cama. El corazón le latía apresurado y no sabia porqué. Abrió las cortinas del dosel y vio que en la cama de su derecha, su amiga Alice dormía tan tranquila como un bebé. Deseó encontrarse en su situación, pero lamentablemente eso no fue así. Salió de la cama haciendo el mínimo ruido posible y sintió un escalofrío recorrer su cuerpo cuando sus pies descalzos se posaron en el suelo helado.

El verano en las Tierras Altas de Escocia seguía siendo frío.

Durante unos segundos estuvo sospesando la opción de cambiarse el camisón por ropa cómoda y abandonar la habitación. Sin duda un pequeño paseo le vendría bien para aclarar sus ideas; pero aun no era el momento. Con el cabello largo y negro cayendo láciamente por su espalda, Grace caminó hasta el lugar más solitario y apartado de la habitación.

Se trataba de un pequeño alfeizar de piedra escarbado en la pared. A una distancia prudencial estaba la ventana y más allá el hermoso paisaje de los jardines y el Lago Negro que bañaban los alrededores del castillo. Grace se sentó en uno de los mullidos cojines rojos y enseguida notó la llegada de su pequeña perrita. Hacia poco que el colegio había permitido la entrada de perros y Covet era de las únicas que habían llegado ese año. Los alumnos seguían prefiriendo a los gatos y a las lechuzas.

El suave pelaje del animalito corría por sus dedos en un movimiento mecánico que sabia que a Covet le encantaba. No había ladridos ni lloros cuando la perrita sentía que le prestaban la atención que necesitaba. Pero esa atención no era consciente, al menos no esa mañana. Grace tenia muchas más cosas en las que pensar y sentía que ese seria el único momento que encontraría en el día.

Empezó por el chico que le quitaba el suelo…Ben.

Oh, si. Grace no tenía ningún problema en aceptarlo para ella misma. Se conocía lo suficiente como para saber que estaba locamente enamorada del rubio y que no era un simple capricho de adolescente. Lo había llevado bien durante dos años, pero esa mañana sentía que se le venia el mundo encima.

Sus ojos violetas brillaron tenuemente y ella los apretó con fuerza intentando contener el llanto. Quiso gritarse a si misma "¡tonta!" Tonta por enamorarse de un chico inalcanzable, tonta por tener esperanzas, tonta por olvidarse de quien era ella. ¡Tonta más que tonta!

Ben Wise nunca podría fijarse en una chica como ella y lo más triste es que Grace lo sabía. Él había sido cruel con ella, se había burlado de ella y la había hecho llorar como nunca nadie lo había conseguido. Y aun así no podía sacarlo de su corazón.

Ella era una chica muy guapa, y si hubiera estado menos pendiente de él, se habría dado cuenta de que varios chicos del colegio suspiraban por ella. Pero nunca se puede engañar al corazón y esa era la razón por la que con dieciséis años, Grace nunca había salido con un chico. Si desde la distancia ya conseguían causarle dolor, no quería ni pensar si les dejaba entrar en su vida y en su corazón.

Covet se durmió acurrucada en las piernas de su dueña. Grace comenzó a mecerse y darse a si misma el consuelo que tanto necesitaba. A nadie le había extrañado saber que ella no iría al baile de fin de curso y que aprovecharía para quedarse a leer en la sala común. A menudo se preguntaba como alguien tan insignificante como ella, había llegado a formar parte del cuarteto de Gryffindor.

La amistad que compartía con Alice era casi de hermanas, pero había cosas que ni siquiera a una hermana podían contarse. Y sus sentimientos por Ben era una de ellas. Era preferible mil veces sufrir en silencio que ser objeto de compasión.

Al contrario que el rubio, ella si sabía muy bien porqué se había enamorado de él. Pues aunque a veces podía llegar a ser muy cruel, en especial con ella, Ben era muy gracioso y tenía una sonrisa encantadora. Sus ojos azules le recordaban a las profundidades del mar y la lealtad que sentía por sus amigos le demostraban que no era mala persona. Además esa extraña virtud que tenía siempre de sacarla de quicio. Al principio le pareció insoportable y pagado de si mismo, pero con el tiempo supo apreciar esos pequeños encontronazos diarios.

Pareciera que esa era su única forma de comunicarse.

Una lágrima escapó a la determinación de Grace y rodó por su mejilla derecha. Ella no hizo nada por removerla y suspiró resignada. Tan solo le quedaba un año por aguantar a Ben, después cada uno se marcharía por su camino y ella intentaría olvidarlo.

Dicen que el primer amor nunca se olvida, pero nadie avisa de que el amor no correspondido es más difícil de olvidar aun. Al menos si te corresponden tienes la dicha de poder guardar momentos felices y comunes, pero nada de eso existe cuando no te corresponden.

Grace sentía como si una mano invisible exprimiera su corazón y frunció el entrecejo al notar como más lágrimas seguían el camino de la primera. Ya nada importaba. Mañana seria el baile, Ben iría con su amiguita de turno, todos se lo pasarían bien y nadie se acordaría de ella.

Apoyó la cabeza en la pared rugosa y suspiró al tiempo que luchaba por apartar las lágrimas. Que estupidez, pensó una vez más, llorar por un chico. No debería haber guardado la esperanza de que ese baile iba a ser diferente, que él lo iba a hacer diferente. Pero es que después de las últimas semanas…pensó que algo había cambiado.

Aun podía sentir los brazos de Ben envolviéndola y consolándola cuando se enteraron de la muerte de los Potter. Se había sentido tan bien que ni siquiera se atrevió a reprocharse su falta de tacto y sentimiento. Había sentido mucho la muerte de los padres de James, pero para ella significó su primer contacto físico con Ben.

Pero Ben no volvió a acercarse más. Y aunque su grado de discusión había menguado, no dejaba de pensar que el chico la tenia en poca estima.

Ir al baile de fin de curso le produciría tan solo dolor, así que no iría bajo ningún concepto.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Azul.

El azul más hermoso que había visto en su vida.

Eso es lo que pensó Hermione cuando abrió los ojos esa mañana de domingo. Pero aparte de ser hermoso, era el color de los ojos del hombre que más quería en el mundo. Ron la miraba en silencio mientras acariciaba su hombro y su brazo. Habían pasado una noche maravillosa juntos y en sus ojos podía verse una nueva chispa de felicidad.

¿Es posible enamorarte más aun de la persona que duerme a tu lado?

Hermione tenía muy clara su respuesta: si.

Tal vez nunca llegaría a demostrarle a Ron todo lo que significaba para ella y decir que era su vida…sería quedarse corto. Ni siquiera en sus tiempos de Hogwarts pensó que el pelirrojo se convertiría en la excepcional persona que era ahora. Siempre supo que Ron era maravilloso, no en vano se enamoró de él, pero lo ocurrido la noche anterior le demostraba cuanto más podía llegar a ser.

Y sus ojos azules que la miraban con tal adoración y que conseguían despertar en ella el mismo sentimiento que una caricia. Porque Ron podía atravesarla con la mirada y ella sentir la calidez de su piel. Alzó una mano para acariciar una de sus mejillas y él le besó la palma y los dedos.

Estaban totalmente desnudos, tan solo tapados por una fina sábana, y disfrutando de la presencia del otro. La noche anterior había sido intensa en muchos sentidos, pero ellos se encontraban estupendamente. Es una dicha indescriptible compartir esos momentos con la persona que sabes que ha sido creada para ti. Y Ron y Hermione lo sabían, desde hacia mucho tiempo, pero recién comenzaban a disfrutarlo ahora.

Sin perder el contacto visual, los labios de Ron se acercaron a los de Hermione y se besaron. No era su primer beso, ni por supuesto el ultimo, pero en cierto modo era especial. Esa noche habían abierto sus corazones y entregado su interior al otro. Pocas parejas son capaces de hacerlo, pero ellos ya habían pasado por suficientes cosas como para saber que ningunos otros brazos rodearían sus cuerpos.

La información espiritual compartida había sido casi tan importante como el momento físico. Con sus arreglos y sus atenciones, Ron había conseguido que Hermione se trasladara hasta su primera vez juntos, en el suelo de la sala de los menesteres de Hogwarts, y que marcara un punto y seguido en su relación.

Los años separados tan solo habían sido una pesadilla de la que despertaron por la necesidad de estar juntos. Y aunque también habían vivido momentos sumamente tristes y dolorosos en los últimos meses, nadie más que ellos se merecían experimentar la felicidad que los embargaba esa mañana.

Sus labios se movían de la misma forma que siempre, pero dejando claro ese nuevo vínculo que se crea entre dos personas después de hacer el amor. Hermione tenía los ojos cerrados y podía sentir como Ron se movía hasta quedar encima de ella. El pelirrojo en ningún momento retiró sus manos de las mejillas de la castaña y cuando ella abrió los ojos finalizado el beso, volvió a perderse en el azul de los ojos de él.

Para Ron, los ojos miel de Hermione tenían el mismo efecto que el sol sobre la tierra cuando salía cada mañana. Eran su luz y su guía, y haría lo que fuera para asegurarse verlos cada día a su lado. Su rostro era suave y su expresión tierna.

Ron apoyó la frente sobre la de Hermione y dejó que los brazos de ella lo envolvieran como la noche anterior. Ya llevaban diez minutos así y todavía no habían dicho nada. Pero es que no hacia falta. Se habían demostrado de todas las formas posibles lo mucho que se amaban y lo habían gritado a los cuatro vientos.

Afuera, en el jardín, todavía quedaban los restos de la mesa para dos y una cena que no habían tocado en absoluto. El olor a hierba fresca se percibía desde cualquier lugar, así como el frío del ambiente. En el bosque de Falls muchos animales salían de sus refugios y emprendían de nuevo la marcha hasta su destino.

Al contrario que en el exterior, Lily Cottage estaba caldeado y ninguno de nuestros protagonistas sentía frío alguno. Seguían con las frentes apoyadas la una en la otra y aspirando el dulce aroma que desprendía su compañero. Ron movió su nariz, que entrechocó con la de ella en un gesto tierno y cariñoso. Hermione sonrió y besó muy brevemente sus labios.

- Te quiero. –fue el saludo de esa mañana.

- Te quiero. –correspondió Ron.

- Gracias.

- ¿Porqué?

- Por ser como eres. –Hermione subió una mano para retirar el cabellos pelirrojo de él hacia atrás.

- Tonta. –sonrió Ron.

- No, mi amor. No soy tonta, soy afortunada de tener un hombre como tu a mi lado. –acarició de nuevo su mejilla.- Y "te quiero" o "te amo", son dos palabras que se han quedado cortas para describir lo que siento por ti.

- Yo siento exactamente lo mismo.

- Anoche fue perfecto y significó muchísimo para mí…y…-los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas.

- No llores. –dijo Ron borrando todo signo de lágrimas de su rostro.- No llores, Minnie. No me gusta verte llorar.

- Lloro de felicidad, Ron. Porque eres un hombre maravilloso y porque no había sido tan feliz en toda mi vida.

- Tonta. –repitió él besando su mejilla.

- Afortunada. –repitió ella.

Se besaron con intensidad por primera vez esa mañana y las manos de Ron comenzaron a bajar por los costados de ella. Hermione también movió sus manos y recorrió la espalda de Ron con sus caricias. Ninguno de los dos podía creer que al fin estaban juntos en todos los sentidos. Se habían convertido en dueños de las palabras y los actos de los otros.

El reloj de la mesita de noche marcaba las diez de la mañana, pero ellos lo ignoraron olímpicamente y procedieron a amarse una vez más. Acariciaban sus pechos, el abdomen de él y el vientre de ella, con los ojos cerrados. Y es que apenas unas horas habían conseguido gravar en su mente la hermosura del cuerpo del otro.

Hermione no dejó que el pelirrojo abandonara sus labios y se colgó de cuello por enésima vez. Le encantaba sentir el movimiento de sus labios y las sensaciones que le provocaba su lengua al contacto con la de ella. Ron no tenía ningún reparo en seguir besando esa boca que había catalogado en silencio como suya, así que no se quejó.

Y a pesar de que las palabras se habían quedado pequeñas para describir lo que sentían, está en la naturaleza del ser humano comunicarse mediante ellas.

- Te amo, Ron. –dijo Hermione separándose solo para que el sonido saliera de su garganta.- Te amo.

- Y yo a ti, mi vida.

Volvieron a besarse, pero esta vez con más dulzura que pasión.

El poder del amor es extraño y el destino caprichoso. Si hace veintisiete años alguien hubiera predicho que aquel niño pelirrojo y testarudo iba a acabar amando tan profundamente a esa niña castaña y sabihonda que no soportaba…nadie se lo hubiera creído.

Pero ahí estaban, formando la pareja más perfecta que dos seres humanos pueden crear. Disfrutando de un amor que nunca debió de ser interrumpido. Olvidando por unas horas las cosas que les habían hecho daño. Y reconociendo, sin pausa, el cuerpo del otro. No había riesgo al cansancio o hartazgo y solo tenia cabida la satisfacción en todos los sentidos.

Ron había descubierto que el punto débil de Hermione se encontraba en su cuello, así que procedió a besarlo…sin piedad. Ella sonrió antes de suspirar y después comenzó a bajar sus manos y detenerse donde terminaba la espalda del pelirrojo. No es que no disfrutara de las atenciones en su cuello, pero cuando Ron volvió a apropiarse de sus labios, no pudo estar más feliz.

Claro que el destino parecía creer que una noche entera sin interrupciones era suficiente y no les iba a conceder la mañana también.

El sonido del teléfono rompió la burbuja particular en la que se encontraban, y como muchas otras veces, Ron puso fin al beso con frustración. Apoyó la cabeza en el hombro izquierdo de ella mientras emitía sonidos de disconformidad que a Hermione le parecieron muy graciosos. Alargó una mano por encima de sus cuerpos y sin molestarse en mirar hacia la mesita, comenzó a remover todo lo que había tanteando donde estaba el dichoso aparato.

Muchas cosas cayeron al suelo y otras, simplemente, rodaron por la superficie plana de la mesita, pero al final arribó hasta el teléfono. Mientras se lo llevaba a la oreja, Ron dijo una frase que a Hermione le valió una carcajada.

- No le gustan los trastos muggles, pero cuando se trata del teléfono es la primera en utilizarlo. Esta tarde se lo desconecto.

- Ron…

- O le hago una lista de las horas en las que puede llamar.

- No seas infantil, mi amor.

El pelirrojo le dedicó una mirada significativa antes de contestar.

- Hola mamá. –Ron se dejó caer en la cama de nuevo y miró al techo mientras rodaba los ojos.- Si, mamá. Muy bien…si…estupendamente… ¿se portaron bien los niños? …aja…si…es que lleva un par de días resfriada…si…

Hermione miraba a Ron hablando con su madre y sintió como el corazón le dio un vuelco. Y es que, a pesar de refunfuñar, el tono de voz que Ron utilizaba para hablar con la buena señora no podía ser más tierno y paciente. Denotaba mucho amor y eso le gustó. Apoyó una mano en el pecho del pelirrojo mientras se incorporaba lentamente. Acercó sus labios al oído libre de Ron y le dijo lo siguiente:

- Estoy en la ducha, no tardes.

Le dio un beso en la mejilla acompañado de un suspiro y salió de la cama. En ningún momento sintió vergüenza y fue muy conciente de que Ron no le quitaba ojo en su recorrido de la cama hasta el baño. Antes de entornar la puerta, le dio una última mirada y sonrió.

En el cuarto de baño. Hermione abrió la mampara de la ducha y giró el grifo del agua caliente. El agua comenzó a salir con fuerza, pero demasiado caliente, así que lo reguló con el grifo del agua fría. Cuando tuvo el grado que ella deseaba, entró.

El contacto del agua con su cuerpo fue placentero y se le escapó un jadeo. Se sentía como si miles de manos invisibles masajearan cada parte de su cuerpo y la dotaran de una paz y tranquilidad que ella ansiaba. De lejos aun podía oír la voz de Ron, pero era muy tenue. Antes de sumergir la cabeza, cogió el gel de ducha y echó una buena dosis en la esponja rosa que sostenía en su mano izquierda. Enseguida el baño se llenó de un olor a rosas, orquídeas y fresas.

Cuando Hermione sumergió la cabeza bajo el chorro de agua, sintió un escalofrío y abrió la boca para respirar. Con movimientos mecánicos y circulares enjabonó su cuerpo con la esponja, deseando que Ron no se retrasara más y pudiera compartir ese momento con ella.

Como cada vez que pensaba en él, una sonrisa invadió su rostro. Aun no podía creer que tan solo tres meses antes su vida no tenia ningún sentido, ni ningún amor que la llenara completamente, y ahora… Cierto, se había enfrentado al dolor más grande con la perdida de Harry y Ginny, pero de alguna forma lo llevaba mejor con Ron a su lado.

Abstraída como estaba en estos pensamientos, no fue consciente de la presencia del pelirrojo hasta que desde atrás, la manos de este rodearon sus pechos. Hermione recostó la cabeza hacia atrás y pudo sentir la tranquila respiración de Ron contra su oído. Soltó la esponja y elevó los brazos para rodear el cuello del pelirrojo con ellos.

- ¿Qué quería tu madre?

- ¿Aparte de interrumpirnos?

- Ron…

- Nada, recordarnos que nos esperan a las dos para comer.

- ¿Los niños están bien?

- Si. Molly volvió a tener algo de fiebre anoche, pero nada preocupante.

- Pobre, habrá que ir a visitar a Annie de nuevo.

- Si.

- ¿Y tus padres? ¿Todo bien?

- Perfectamente, pero no quiero hablar de mis padres ahora.

Ella se volteó para poder mirarlo a los ojos y sonrió.

- ¿Y qué quieres hacer exactamente?

- Quiero hacerte el amor apasionadamente aquí y ahora.

- Oh.

- ¿Algo que objetar?

- Nada, absolutamente nada.

- Bien.

- Te amo.

- Te amo.

Se besaron y cumplieron lo dicho por el pelirrojo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Hacia media hora que el baile de fin de curso había comenzado y Grace creyó que había llegado el momento de bajar a la sala común. Se había hecho la enferma delante de sus compañeras de habitación, y todas se lo habían creído menos Alice. La rubia le había insistido para que abandonara esa actitud tan derrotista y fuera al baile con James y con ella, pero Grace estaba decidida.

No se había arreglado, ¿para qué? Así que bajó las escaleras con su libro favorito en la mano; llevaba puesto un vestido veraniego en los mismos tonos violetas que sus ojos y el cabello recogido en una coleta alta. No se equivocó y la sala común la recibió con un silencio sepulcral. La chimenea estaba encendida y hacia que a pesar de la soledad, sintiera el ambiente acogedor.

Al bajar el último escalón Grace suspiró. Otro año más llegaba a su fin y ella seguía sin tener el valor necesario para hablar con Ben. Al menos el año anterior había ido con otro chico y se había divertido, pero este año no podía quitarse de la cabeza a Ben. El rubio estaba encadenado a su mente y ella ya estaba cansada de luchar contra ella.

Se sentó en el sofá que quedaba frente a la chimenea y abrió el libro. Un esfuerzo inútil pues sabía que no se iba a concentrar lo suficiente en la lectura. Se puso sus gafas y se acurrucó en uno de los laterales del sofá y desvió la mirada hacia el fuego. Deseó por enésima vez ser como el resto de chicas y haberse reunido con sus amigos en el baile.

¿Por qué tenia que sentir ella eso?

¿Por qué tenia que ser ella la que sufriera?

Una lágrima de rabia y pena escapó de sus ojos y ajena a que no estaba sola en esos momentos, la dejó estar. Ya ni siquiera la lectura de su libro favorito podía hacerle evadirse de la realidad. Muchos pensarían que era una tonta porque estaba dando por hecho que sus sentimientos no eran correspondidos sin haberse atrevido a comprobarlo. Pero Grace había llegado a apreciar esa amistad tan extraña que habían forjado Ben y ella y lo menos que quería era perderla.

Sus lágrimas no significaban nada comparadas con la sonrisa diaria de él.

Pero Grace estaba equivocada, sus lágrimas eran importantes, y si Ben las hubiera visto, en ese momento se le habría partido el corazón. Él tampoco había ido al baile esa noche, fiel a la promesa que se había hecho a si mismo. No quería experimentar esa sensación de soledad en un espacio repleto de gente. Seria muy triste.

Así que se había ido a pasear por los jardines. Llevaba dos días comportándose extrañamente y su amigo James lo había notado. Pero Ben no quería agobiarle; James estaba dando un paso muy importante al ir a ese baile después de lo ocurrido con sus padres y necesitaba su apoyo más que otra cosa. El moreno lo dejó pasar, pero no se creyó ni por un momento las excusas del rubio.

A menudo se preguntaba porqué se había ido a enamorar de la única chica que no estaba dispuesta a corresponderle. Pero siempre se topaba con el silencio como única respuesta. Quería estar solo y tener el tiempo suficiente para que se le aclarasen las ideas. Ben era muy lanzado y extrovertido, pero en los temas que realmente le importaban podía ser extremadamente reservado y tímido.

Y Grace le importaba; le importaba mucho.

Cuando a las once de la noche entró cabizbajo por el hueco del retrato de la sala común de Gryffindor, a quien menos esperaba encontrarse era a Grace precisamente. Parecía una broma del destino, pero Ben reconocería ese cabello negro en cualquier parte. No pudo ver sus ojos porque le daba la espalda.

Enseguida adoptó una pose de despreocupación total, queriendo dar a entender a todo el que lo viera que se encontraba perfectamente. Y como siempre que estaban juntos, el cerebro de Ben se encargó de erigir el muro de ladrillos que contenía todos sus sentimientos en secreto.

Desde la zona de estudio, donde había dos largas mesas y cuatro estanterías con libros, Ben se preparó para atacar a la chica.

- Ey, Parsons. -su voz se escuchaba alta y clara.- ¿Que ha pasado? ¿No has conseguido atrapar al chico de tus sueños para que te lleve al baile?

Sin saberlo, había dado en el clavo.

Grace se sobresaltó al escuchar la voz de él y se volteó para mirarlo con una expresión dolida. Demasiado tarde se dio cuenta de que las lágrimas seguían bajando por sus mejillas. Ben esperaba el contra-ataque de ella, siempre había sido así. Pero vio su error cuando sus ojos se encontraron con los enrojecidos de ella.

Y se le partió el corazón.

Estaba preparado para todo menos para eso.

Aun en shock vio como Grace apartaba la mirada, se quitaba las gafas y eliminaba los restos de lágrimas de su rostro apresuradamente. No quería que él la viera llorar; nunca había sido buena para mentir cuando se derrumbaba. Pero Ben salió rápidamente de su trance y en tres zancadas se puso a su altura. Se arrodilló en el suelo, cerca del sofá, y con una expresión de arrepentimiento total volvió a hablar.

- Grace, yo…lo siento…lo siento mucho. No pretendía…

Ella levantó la cabeza y sus ojos violetas penetraron en los azules de él. Ben estaba siendo sincero y con eso solo conseguía hacerle las cosas más difíciles a ella. Estaba en un momento en que no podía controlar sus emociones y las palabras de él solo consiguieron que llorara con más ganas.

El rubio no sabía qué hacer; deseaba poder consolarla de alguna forma, pero él tan solo era un amigo, y no precisamente el mejor, y había cosas que no podía hacer. Como abrazarla, por ejemplo. Decidió que lo mejor era sentarse a su lado y darle su apoyo de una manera silenciosa.

- El amor es un asco. –dijo ella unos minutos más tarde.

- Sobretodo cuando no es correspondido. –contestó él.

Grace volteó una vez más para mirarlo. Ben tenía la vista fijada en el fuego y como minutos antes había hecho ella, tenía una pose contenida y miraba sin ver. Decidió pasar por alto el comentario, al menos de momento.

- ¿Cómo es que no has ido al baile?

- No encontré a la chica adecuada.

- No te burles y dime la verdad.

- Es la verdad.

- Cualquier chica habría estado encantada de ir contigo al baile.

- Menos la que yo quería.

- Pues que chica más tonta. –se sonrojó un poco al decirlo.

- Yo no creo que sea tonta; pero ya ves, el amor duele. Tú lo has dicho.

- Si.

Se quedaron en silencio durante unos minutos hasta que ella volvió a hablar.

- ¿Enserio tienes un amor correspondido?

- Si.

- ¿Cómo es posible?

- ¿Cómo?

- Quiero decir, mírate. Eres un chico guapo, listo y popular, nadie debería poner pegas a la hora de salir contigo, Tu no eres como yo, aburrida y sosa.

- ¿Crees que soy guapo?

- Bueno yo...-Grace se puso rojísima.

- Porque yo creo que tu eres muy guapa, y para nada sosa y aburrida. Se que discutimos mucho, pero a veces es divertido.

- Si.

Grace se quedó sin palabras, ningún chico le había dicho nunca que era guapa, y precisamente tenia que ser Ben el primero. Además pensaba que era divertido discutir con ella. Una sonrisa tonta se dibujó en sus labios.

- ¿Sabes una cosa? Ninguna chica debería estar aquí sentada durante el baile de fin de curso. -dijo Ben levantándose.

Echando mano de un valor que no sentía, Grace se arriesgó a preguntarle una cosa. Para nada descabellado seria decir que su corazón pendía de un hilo dependiendo de la respuesta de él.

- Ben, ¿quién es la chica que según tu no te corresponde?

El rubio abrió los ojos desmesuradamente, no se esperaba esa pregunta y el corazón comenzó a latirle con fuerza. ¿Debería decírselo o no? Sabía que no encontraría ningún otro momento más adecuado, pero el miedo a veces puede ser mal compañero.

Aun estaba de pie cuando ayudado por su varita, encendió la radio muggle que había encima de la chimenea. Grace esperaba su respuesta pero él mantuvo el silencio durante un minuto. Después alargó una mano y se permitió coger la de ella.

- Baila conmigo, Gracie.

Todo cambio cuando te vi,

De blanco y negro a color, me convertí,

Y fue tan fácil quererte tanto,

Algo que no imaginaba

Fue entregarte mi amor con una mirada

Los ojos de Ben se tornaron hipnotizantes para ella. La forma en que acababa de llamarla…había soñado muchas veces con escucharla. Se levantó del sofá con la misma cadencia con que flotaría en una nube. Porque así se sentía. Miles de mariposas revoloteaban en su estómago y el tacto de la mano de Ben era tierno y cariñoso.

Caminaron de la mano hasta el centro de la sala. Los ojos azules fijos en los violetas. Él colocó su mano izquierda en la cintura de ella; un escalofrío recorrió sus cuerpos. Unieron sus manos y se movieron al lento compás de la música.

Parecían tan coordinados, que en vez de una pareja, eran una sola persona. Ben bajó su mano derecha y la colocó al otro lado de la cintura. Grace colocó sus brazos alrededor del cuello de él, rozando apenas el desordenado y esponjoso cabello del chico.

Todo tembló dentro de mi

El universo escribió que fueras para mi

Y fue tan fácil quererte tanto

Algo que no imaginaba

Fue perderme en tu amor

Simplemente pasó

Y todo tuyo ya soy

Involuntariamente sonrieron. Se sentían en las nubes. Querían congelar el tiempo en ese momento.

Las palabras sobraban. Era el tiempo de las sensaciones.

Grace cada vez se hundía más en esa mirada azul tan penetrante, tan bella, tan inocente, tan sincera…

Entre movimiento y movimiento empezaron a rozarse, al principio sin querer, luego tal vez queriendo. Queriendo volver a sentir esos escalofríos, esas mariposas en el estómago, ese latir acelerado del corazón…

Anonadados el uno en el otro no rendían cuentas a nadie, pero eran conscientes de que ese baile rebasaba los límites de su amistad. Ese baile todo lo cambiaba. Ese baile significaba el principio de un amor…correspondido.

Antes que pase más tiempo contigo amor

Tengo que decir que eres el amor de mi vida

Antes que te ame mas escucha por favor

Déjame decir que todo te di

Y no hay como explicar,

Para menos si tu no estas,

Simplemente así lo sentí,

Cuando te vi

Hay tantas cosas que se pueden decir con los ojos…Y Ben y Grace las estaban diciendo o gritando más bien. Ya no había vendas ni muros erigidos contra el dolor. Ahora tan solo estaba la pureza de sus corazones y su valentía. Sin palabras habían sido capaces de declararse y ahora todo cobraba sentido.

Una de las manos de Ben fue subiendo por su cintura, recorriendo su espalda y parándose en su mejilla. Grace cerró los ojos al contacto y se perdió la sonrisa radiante que asomó a los labios de él. Todos necesitamos en algún momento ese tipo de caricia fugaz e inocente, pero que significa un mundo.

Ben acercó los labios al rostro de Grace con la intención de susurrar un par de palabras bonitas en su oído, pero cual fu su sorpresa que Grace se movió. En cuanto sus labios estuvieron pegados, supieron que estaban perdidos. Comenzaron a moverlos como los dos inexpertos que eran, y sintiendo un cosquilleo que iba desde la base de sus pies hasta el último cabello de la cabeza. Ben volvió a rodear la cintura de Grace con fuerza y ella movió los brazos de su nuca hasta su espalda.

Me sorprendió todo de ti

De blanco y negro a color me convertí

Se que no es fácil decir te amo

Yo tampoco lo esperaba

Pero así es el amor

Simplemente pasó

Y todo tuyo ya soy

Para ninguno era su primer beso, pero si el más esperado y especial. Y pensar que un día antes estaban convencido de que aquello nunca iba a ocurrir…Pero el destino guarda muchos ases en la manga, y la sala común de Gryffindor había sido testigo de muchos a lo largo de los años.

Ben y Grace seguían en ese burbuja tan particular de la que no querían escapar. Pero loa falta de aire se impuso al deseo y tuvieron que separarse. Lo hicieron muy lentamente y fue entonces cuando abrieron sus ojos y se miraron fijamente.

- ¿Aun tengo que decirte el nombre de la chica que me gusta? –dijo él muy dulcemente.

- ¿Aun piensas que esa chica no te corresponde? –respondió ella de la misma forma.

Ambos sonrieron con complicidad.

- ¿Desde cuando? –preguntó él.

- Desde hace más tiempo del que puedo recordar.

- Tonta. –le dijo mientras acariciaba su mejilla.- Tonta adorable.

Antes que pase más tiempo contigo amor

Tengo que decir que eres el amor de mi vida

Antes que te ame más

Escucha por favor

Déjame decir que todo te di

Y no hay como explicar

Pera menos notar

Simplemente así lo sentí

Cuando te vi

Volvieron a besarse mientras daban una vuelta completa. Disfrutando de ese amor callado que empezaba a hacerse realidad esa noche, no eran conscientes de que dos pares de ojos los miraban desde el pasillo del hueco del retrato. Estos, con la misma sutileza con que habían entrado, se marcharon.

Cuando se separaron estaban algo sonrojados, pero no tuvieron reparos en abrazarse estrechamente. A través de sus ropas, pudieron sentir los latidos acelerados de sus corazones y eso les dio el empuje para llegar al siguiente nivel.

- Gracie…te quiero.

- Yo también te quiero, Ben.

- Es la primera vez que se lo digo a alguien y me alegra que seas tu.

- Yo también es la primera vez que lo hago y me alegra que seas tu.

Sonrientes y ya conscientes de su amor correspondido, se besaron durante el resto de esa noche en que todo cambió entre ellos.

Todo cambió

Cuando te vi