Este especial son partes de la historia contados desde el punto de vista de Goenji...Mas tarde el primer capitulo de Predestined
El Casillero
La única explicación era que el chico tenía que ser un idiota. Cuando Haruna no miraba hacia él, patéticamente le daba miradas lascivas. Luego, cuando ella lo miró, él actuó como si no hubiera estado jadeando por ella como un maldito perro, tan sólo dos segundos atrás.
Si no fuera por la racha posesiva muy extraña que sentía hacia la chica, le habría hecho ver a él, el error de sus actos. No me gustaba el hecho de que ella quisiera su atención.
Desde luego no le iba a ayudar. Mirar su pequeño ceño fruncido y la decepción en su boca, provocó un revuelo dentro de mí. No pude darle un nombre exactamente porque era una nueva emoción. No era algo con lo que yo ya estuviera familiarizado.
Haruna tiró su bolso de libros sobre su hombro mientras empujaba a través de los cuerpos de los estudiantes que llenaban el pasillo. No podía mantenerme al margen y verla tan infeliz. En vez de permanecer en el fondo, siendo su sombra, como he estado haciéndolo durante semanas con el fin de aliviar la tensión extraña en el pecho, que sólo su ausencia podía provocar, hablé.
—No lo mires la próxima vez. Va a volverlo loco.
Sus ojos se encendieron en una rápida mirada hacia mí, pero ella no se inmutó. No me gustó que su ceño fruncido se profundizara. Garantizado que la mayoría de la gente no estaba loca por mí, pero quería agradarle a Haruna. Admitir ese simple hecho era humillante y sacó el infierno fuera de mí.
Ella se detuvo frente a su casillero todavía ignorándome, a pesar de que me aseguré de que podía verme.
—Está tratando de jugar a hacerse el duro. Demuestra lo infantil que es, pero puedo ver que te está molestando.
—No estoy molesta. —Respondió, con los dientes apretados y abrió su casillero.
—Sí, lo estás. Hay una pequeña arruga entre tus cejas que aparece y mordisqueas tu labio inferior cuando algo te molesta.
Eso le llamó la atención. Ella se congeló y giró lentamente la cabeza para mirarme a través de su cascada de pelo rosa. Me recordaba a la seda.
Me gustaba la seda. El ceño fruncido se había ido y una extraña sensación de logro se apoderó de mí. He sido el único que hizo que esa pequeña sonrisa se formara en sus labios. ¿Por qué algo tan sencillo me hizo sentir como un jodido rey?
—Te estás perdiendo la exhibición pública de afecto entre tus dos amigos. Es posible que te necesiten para que lances un cubo de agua helada sobre ellos.
Yo apenas había mirado a Aki y Kazemaru. Todo lo que podía ver cuando Haruna estaba alrededor era... bueno... a Haruna. Pero sabía que hacer una broma acerca de la constante sesión de toqueteo de sus amigos, transformaría esa leve sonrisa en una risa completa.
—Así está mejor. Me gusta cuando estás sonriendo. Si el niño futbolista sigue haciéndote fruncir el ceño voy a tomar el asunto en mis propias manos.
¿Realmente acabo de decir eso? Iba a tener que cuidar mis palabras. Antes de que pudiera responder, me desvanecí. No iba a responder a ese desliz menor de mi lengua. No podía verme por más tiempo, aunque no me había movido. Sus hombros se levantaron y volvieron a caer cuando dejó escapar un fuerte suspiro de frustración. Se giró para caminar hacia su próxima clase y me alegré de que no podía oír mi risa. Estoy seguro de que mi diversión a costa de su frustración no le complacería.
Pero, maldita sea, esa chica me fascinaba.
La muerte rompe las reglas
Así era esto. El destino se había desarrollado según lo planeado y el chico idiota por el que ella se interesaba podía ser la razón por la que saliera hoy. Por primera vez en mi existencia, esto se sentía mal. La atracción de estar ahí. La atracción de tomar su alma. No era más fuerte que mi necesidad de mantenerla con vida.
Me quedé mirándola hablar con su amiga tonta. Haruna no escuchaba una palabra de lo que su amiga le decía. En cambio, sus ojos escaneaban el pasillo por el chico. Ver esto era más de lo que yo podía manejar en estos momentos. Tenía una pelea en mis manos y esta era la última cosa que necesitaba presenciar. Decidí esperar afuera. Tal vez sería más fácil de lo que pensaba, cambiar el cursor del destino.
Como en el momento justo, Haruna salió del edificio con lágrimas brillando en sus ojos. Esto se comenzaba a convertirse en un maldito tren fuera de control que no podía parar. ¡Maldita sea! Tenía que hacer algo. Cambiar las cosas de alguna manera.
—No te vayas. Él no vale la pena. —Oí la súplica en mi voz, mientras me eché a caminar a su lado.
—No me quiero quedar. Estoy enojada y me quiero ir. —Por supuesto que lo hacía. Ese era el gran plan. Tenía que detenerla.
—Por favor, Haruna, no entres en tu coche. Vuelve a entrar. Olvídate del estúpido chico y disfruta del resto de tu día. No permitas que ese idiota te haga salir corriendo.
Ella dejó de caminar y la esperanza se disparó dentro de mi pecho. Era una sensación extraña. Era…una emoción. Yo experimentaba una emoción. Una fuerte.
— ¿Por qué te importa si me voy? ¿Eres el nuevo monitor del pasillo y perdí mi nota?
Esto era. Yo podría cambiar las cosas. Podría mantenerla con vida.
—Te estoy rogando que vuelvas a la escuela.
— ¿Por qué?
— ¿Tienes que cuestionar todo? ¿No puedes escuchar, por una vez?
Un gruñido de frustración surgió de mi pecho. Era tan testaruda.
El enojo tomó el lugar del dolor en sus ojos y su postura se cuadró.
— Me voy de aquí. No puedes detenerme. No tengo que escucharte. Si no tienes una buena excusa, entonces no hay razón para que me quede.
Se dio la vuelta y se dirigió a su coche. Lo había intentado. Nada que no fuera agarrarla y mantenerla aquí le impediría entrar en el maldito coche e irse. La atracción seguía todavía allí. Nada de lo que yo había hecho cambio algo. Sólo lo había ralentizado.
Iba a tener que romper las reglas. No estoy seguro de cuál sería la sanción, pero no sería capaz de continuar si tuviera que tomar el alma de Haruna. Ella era tan joven. Había tantas cosas que no había experimentado todavía. Y…yo era egoísta. No estoy dispuesto a dejarla ir.
Vi cómo su coche salía del estacionamiento antes de unirme a ella para cambiar completamente el destino de su alma.
Me senté mirándola ansiosamente preguntándome en qué momento iba a suceder el accidente. Cómo iba a suceder. Ella no podía verme sentado en el asiento del pasajero a su lado. Me aseguré de eso. Si iba a alterar por completo su destino, por lo menos necesitaba mantener algunas cosas ocultas.
Ella no iba a parar. La señal de "Alto" se alzaba delante, pero Haruna se miraba en el espejo.
—Haruna, por favor mira la carretera. —Rogué, a pesar de que sabía que no podía oírme.
El camión de gran tamaño no estaba frenando.
—LA CARRETERA. —Rugí una vez más, deseando poder hacerme visible o por lo menos hablar con su alma, pero sólo empeoraría las cosas si lo hacía.
Así que en su lugar, hice lo único que podía hacer, agarré el volante y mantuve el coche rodando hacia el lado del terraplén. No quería que su cuerpo se dañara.
La bocina del camión sonó y el impacto no fue directamente en el lado de Haruna. Me aseguré de eso. La puse de frente, empujando el volante hacia su pecho. Rápidamente, desabroché el cinturón de seguridad, y la levanté con suavidad del coche.
Jadeando fuerte mientras la sostenía, me di cuenta de que ella no era capaz de respirar. Maldita sea, odiaba esto. Quería llevarla a urgencias al hospital, manteniéndola a salvo en mis brazos. Pero no podía. Ya había hecho demasiado.
La puse suavemente en el suelo y sostuve su mano susurrándole promesas que sabía que podía mantener mientras esperaba la ambulancia. Ella no se movió. Sus ojos ni siquiera aleteaban, pero respiraba. El corazón le latía. No tomaría esta alma hoy. Un murmullo de pánico se escapó de sus labios y me agaché para cantar en su oído. No me detuve cuando oí las sirenas.
No me detuve cuando comenzaron a trabajar sobre su cuerpo. No me detuve hasta que la levantaron y la colocaron de forma segura en la ambulancia.
Siguiéndola a casa
El miedo pesaba en el aire. Haruna no estaba al tanto de que la había seguido a casa. No confiaba en mi promesa de mantenerla a salvo. Esa simple verdad me enfureció. Sentir miedo era parte de mi vida. Mi presencia crea miedo. Yo era inmune al sabor amargo familiar que dejaba en mi boca.
Pero el miedo de Haruna me molestó. No me gusta.
Me quedé en la puerta de su casa viendo cómo se mordía el labio inferior con nerviosismo. Esta no era la forma en la que se suponía que debía ser. La había salvado de la muerte. El miedo no debía ser una emoción a la que tuviera que hacer frente más.
— ¿Qué pasa? —Pregunté.
Su grito murió casi instantáneamente, mientras sus ojos se centraron en mí.
—Goenji. —Jadeó ella, apretando su mano contra su corazón.
Podía oír la carrera dentro de su pecho a través del cuarto.
—Lo siento, no me di cuenta que estabas tan tensa sobre esto. — Caminé dentro de la habitación, mirándola de cerca mientras se dejaba caer sobre la cama, ella había dado un salto desde el momento en que la había sorprendido.
—Bueno, discúlpame si almas extrañas que aparecen en mi casa, hablan conmigo y me asustan un poquito. —Me lanzó una mirada acusadora—, Entonces, te pregunto sobre eso, y tú maldices en la oscuridad y te pones todo enojado.
Maldita sea. Siempre volvía a esto. Ella quería saber demasiado. Cosas que no podía decirle. Tenía que mantenerla a salvo. El conocimiento era peligroso. Necesitando estar cerca de ella, me senté a su lado en la pequeña cama. El olor de cerezas me calentó. Su cabello siempre olía totalmente comestible.
—Lo siento por eso. No debería de haberte asustado de esa manera.
—Bueno, ¿Puedes decirme lo que está sucediendo, quién es ella? — Negué con la cabeza, apartando mi mirada.
Si miro dentro de esos suplicantes pozos grises, me hundiría.
—No, eso es lo único que no puedo hacer por ti. Pídeme cualquier cosa en el mundo, Haruna, y me aseguraré de que sea tuya, pero eso no lo puedo hacer. —Suspiró y se enderezó.
— ¿Por qué estás aquí, entonces? —
Porque ellos tratan de arreglar lo que hice. Ellos no sólo la dejarían sola. Yo era la Muerte. Podría decidir permitir una vida. Era mi elección. Hice mi elección. Pero no podía decirle nada de eso.
—Hasta que no sepa que todo está bien... hasta que me ocupe de lo que debe hacerse, voy a pasar las noches aquí en tu habitación. —Volví mis ojos hacia ella y le sostuve la mirada. Quería que entendiera que no tenía nada que temer—. Tengo que protegerte —Me detuve a continuación, hice un gesto hacia la puerta—, Si quieres tomar esa ducha, me aseguraré de que estés completamente a salvo mientras lo haces. —El alivio llegó a su cara y luego fue rápidamente remplazado por una pequeña mueca.
— ¿Puedes leer mi mente? —No quería que leyera sus pensamientos.
Interesante.
—No exactamente. Es más bien como que puedo sentir tus miedos con tanta fuerza que los puedo oír. —Me observó por un momento, como si recordara algo que la confundía.
—Ya me has oído en la cafetería cuando hablaba con Natsumi, no tenía miedo entonces.
Ah, sí sentí su miedo ese día. Me deleité con ese miedo. Sabiendo que ella se preocupaba por la morena coqueteando conmigo, aliviando el dolor en mí pecho, causado por la visión de ella acurrucada contra el costado de Fubuki.
— ¿No lo estabas? —Le pregunté, incapaz de mantener la sonrisa de mi cara.
Su rostro se volvió una sombra adorable de rojo, antes de que se diera la vuelta y saliera corriendo de la habitación.
La Habitación
—No me gusta el color rojo, casi tanto como odio el Caramelo.
Mi necesidad de tranquilizarla iba a destruir por completo mi plan de alejarla, pero verla molesta debido a que asistiría a ir a ese estúpido baile con Natsumi, era difícil. No me gustaba ser la razón de su infelicidad ¿No podía ver que esto era lo mejor para ella? El ceño fruncido en su rostro y la gama de emociones intermitentes en sus ojos, me dijo que no me creía. Por mucho que yo necesitara poner espacio entre nosotros, no podía dejarla así.
Poniéndome de pie, cerré la distancia que nos separaba, sólo por esta vez me olvidé del por qué tocar a Haruna estaba mal. Cuando mi pecho rozó su espalda, su pequeño cuerpo se estremeció. Cerré los ojos y reprimí una maldición. Ya no sería capaz de detenerme. Esta era una forma de control que nunca había ejercido. No estoy seguro de que siquiera supiera cómo hacerlo. Envolví mis brazos alrededor de ella, la presioné firmemente contra mi pecho.
El placer corría a través de mí y apreté mi abrazo. El temor de que nunca fuera capaz de dejarla en libertad ahora, me abrazó, filtrándose en mis pensamientos.
—Ella no significa nada para mí.
Su cuerpo se estremeció y mi necesidad de poseerla se volvió insoportable.
—Yo nunca te mentiría, Haruna —Susurré contra su oído.
Se recostó hacia atrás, para mirarme. Bajando la cabeza, le di un beso en la piel suave de la parte superior de su oreja. El aroma en ella era delicioso. A diferencia de cualquier cosa que jamás hubiera experimentado. Continué besando la delicada piel a lo largo de su rostro. Inhalando el aroma embriagador que tenía. Mis manos se encontraron con sus caderas y temí que el feroz agarre le provocara algún daño.
Pero no me podía forzar a soltar mi demandante abrazo.
—Tú me tientas. No puedo caer en la tentación. No estoy hecho para ser tentado pero, Haruna Otonashi, me tientas. Desde el momento en que vine por ti me sentí atraído. Todo sobre ti... —Necesitaba tocar más de ella.
Deslicé mi mano por la piel expuesta de su brazo. Se calentó bajo mi toque
— Me vuelves loco de necesidad. De deseo. No lo entendí al principio. Pero ahora lo sé. Es tu alma llamándome. Las almas no significan nada para mí. No se supone que lo hagan. Pero la tuya se ha convertido en mi obsesión. — En vez de asustarse de mí y salir corriendo, como un ser humano normal haría cuando la muerte está admitiendo la obsesión con ella, Haruna se apoyó contra mí, llena de confianza.
Su cuello al descubierto, mientras su cabeza caía hacia atrás sobre mi hombro. Esa piel sería cálida y delicada. Bajé la cabeza y besé la suave curva allí. Disfrutando de la emoción de su pulso acelerado bajo mis labios.
—Quiero matar a ese chico cada vez que veo sus manos sobre ti. —
Dejé un rastro de besos a lo largo de su cuello, mientras ella se acomodaba más cerca de mí, llena de expectación—. Quiero arrancar los brazos de su cuerpo para que no pueda tocarte de nuevo. —Incapaz de retener el gruñido dentro de mí provocado por una posesiva emoción que solo Haruna había despertado en La Muerte. Esto estaba mal. Ella no me pertenecía. No podía tenerla.
Yo era La Muerte. Ella era humana. No podía reclamar su alma para mí.
La agonía me recorrió.
—Pero no puedo tenerte, Haruna. No estás hecha para mí. —Susurré con dureza.
Queriendo más que nada cambiar esta situación. Necesitaba dejarla. Esto solo iba a lastimarla más al final. Levantándola, la acuné contra mí solo un momento. Dejando atrás el recuerdo de cómo se sentía envolverla en mis brazos, la recosté sobre la cama y rápidamente me puse de pie. No podía continuar tocándola.
—Por favor. —Susurró.
No podía ser testigo de la súplica en su rostro. Cerrando fuertemente mis ojos quise explicarle todo. Hacerle entender. Pero no pude. Mientras menos supiera, más segura estaría. Así que, le dije la única que cosa que podía decirle.
—No puedo, Haruna. Nos destruiría a ambos. —Sin abrir los ojos para verla por última vez, me desvanecí.
El beso
Estaba defendiéndome. Inteligente, honesto, talentoso y compasivo. Nunca nadie me había defendido. La morena tonta en mis brazos dejó escapar un montón de risitas desagradables, similares al sonido de las uñas contra una pizarra. Este no era el lugar donde quería estar. Solo me quedé por Haruna.
Estar cerca de ella, mirarla, tocarla, eran todas las razones por la que había hecho esta elección. Aun así, aquí estaba forzándome a tolerar a esta molesta chica, cubriendo su cuerpo con el mío.
La puerta del gimnasio se abrió, mientras Haruna me disparaba una última mirada y luego desaparecía. ¿En qué pensaba? No necesitaba estar sola. Lo sabía. Miraba molesta hacia el chico que había dejado atrás, casi sentí simpatía por él. No había sido su intención molestarla. Pero el simple hecho de que su pelea fuera por mí, me daba una ridícula cantidad de alegría.
—Ve a jugar con tus amigas por un rato Natsumi. —Le ordeno antes de alejarme de sus garras.
Necesitaba proteger a Haruna.
Si no la conociera juraría que no era real. La brisa del golfo hacía bailar su cabello suavemente por los hombros, dándole un aspecto etéreo. La confusión, la tristeza, la ira daban vueltas a su alrededor. Saber que tenía algo que ver con esas emociones me dolió.
— ¿Por qué no estás dentro bailando con tu cita? —Pregunté.
Su cabeza se levantó y el alivio brilló en sus ojos, antes de que se encogiera de hombros y alejara su mirada de la mía para poder mirar a sus pies.
—Se veía bastante triste sentado solo en una mesa. —dije en voz baja, con la esperanza de calmar la verdadera razón por la que estaba aquí.
No tenía por qué saber qué tan desesperadamente necesitado por ella me encontraba. Se encogió de hombros y continuó estudiando sus pies. No pude evitar que escapara una risa divertida de mí. Su intento de actuar como si no estuviera tan contenta como yo, de que pudiéramos estar aquí juntos y tenerla toda para mí, solo era lindo.
— Así que ¿Has decidido intentar lo de ignorarme para ver si me voy, otra vez?
Mordiéndose el labio inferior, negó con la cabeza.
—Ya sé que no funciona contigo.
— ¿Por qué estás aquí, Haruna? ¿Qué pasa? —Quería oírselo decir.
¿Por qué? No estoy seguro. Sólo me torturaría más. Pero necesitaba saber que me deseaba también.
—Nada que te interese. —Respondió con acritud.
Sonriendo a su intento de actuar indiferente, cuando podía oír su corazón latiendo en su pecho, me las arreglé para evitar reír abiertamente.
— ¿En serio? —Le pregunté
—De verdad.
Cerré la distancia entre nosotros.
— ¿Verme bailar con Natsumi no te molesta?
Negó con la cabeza y su pecho comenzó a subir y bajar de forma errática con cada respiración. Dejé a mis ojos viajar por su vestido y disfruté el simple hecho de que ella lo había comprado para mí. Porque yo había sugerido este color. Este vestido no había sido comprado para el mariscal de campo. La necesidad de gruñir mi aprobación fue abrumadora.
—Sabía que el rosa pálido te sentaría bien. La mayoría de las chicas no pueden llevarlo, pero en ti se ve perfecto.
La piel de su garganta se contrajo mientras tragaba saliva. Yo lograba afectarla. Me deleité con ese conocimiento.
— ¿Crees que no te quiero tocar de la misma manera en que toco a Natsumi? Tienes razón.
Pagan dio un paso atrás. El dolor en sus ojos casi me puso de rodillas. No tenía intención de hacerle daño. Inmediatamente, extendí mi mano y, agarrando la suya, la atraje fuertemente contra mí. Esto era lo que había tratado de evitar que ocurriera con todas mis fuerzas. Mientras más nos tocábamos, más fuerte se volvía mi necesidad de poseerla. Pero en este momento, necesitaba borrar esa mirada en sus ojos. Nada más importaba.
—Cuando toco a Natsumi, mentalmente me estremezco al tener que seguir manteniendo la farsa de estar interesado en ella. Cuando no puedo controlar mi necesidad de ti, si me permito tocarte, se enciende un monstruo dentro de mí, sobre el que tengo miedo de perder el control. Tú me haces sentir cosas que nunca he sentido antes. Algo pasa, —me detuve y dejé que mi mirada cayera sobre sus labios llenos de color rosa—. Cuando estoy cerca de ti, de esta manera. —No podía detenerme. Necesitaba más. Suavemente deslicé mi pulgar sobre su labio inferior.
La sedosa textura provocó que una fuerte, cálida y dolorosa necesidad se apoderara de mí. Cerré los ojos de la vista embriagadora de su boca y traté de luchar por el control—. Y cuando reaccionas de la forma de en qué lo acabas de hacer, siento en mi interior el arrebato de tomar lo que quiero.
Las suaves y cálidas respiraciones contra mi pulgar bien podrían haber sido barrotes de hierro envolviéndose a mí alrededor, tirando de mí hacia ella. Haciéndome suyo.
Abriendo mis ojos la miré directamente. Necesitaba que entendiera. Para dejarme ir.
—Tú eres lo único que más quiero en el mundo y sin embargo lo único que no puedo tener. Porque tenerte completamente sería imposible. No puedes ir hacia donde voy. —Incapaz de alejarme siquiera un paso, acuné su rostro entre mis manos—. El propósito de mi existencia no es tener una pareja. Es solitario y frío. Hasta ahora ha sido todo lo que he conocido. Entonces te convertiste en el designio y todo cambió.
Algo irreparable sucedía. No podía hacerle daño. No estaba destinado para ella. Aterrorizado, había ido demasiado lejos, arriesgué su vida con mi obsesiva necesidad, rápidamente me aparté de ella. Desesperado por salvarla de mí mismo.
—Vete, Haruna. Corre, por favor, corre. No soy lo que tú crees que soy. No soy "inteligente, honesto, talentoso, y compasivo", aunque oírte decir esas palabras en mi defensa, se sentía como calor líquido fluyendo a través de mis frías venas. Quieres saber lo que soy y no puedo decirte. Si lo supieras, no tendría que pedirte que corras.
Tenía que irme ahora. Esto fue un error. A medida que caminaba lejos, la oí corriendo detrás de mí. ¿No me escuchó? le había dicho mucho más de lo que debería saber. Deteniéndome, lentamente me volví y la miré. Tal vez el miedo era la única solución. Pero en el instante en que lo vi parpadear en su rostro, retrocedí. No podía asustarla. Las almas me temían. Pero ella no.
Nunca ella. Eso no era lo que quería.
—No me importa lo que eres. —Afirmó con fuerza, dando un paso hacia mí—. No puedes asustarme, no voy a salir corriendo. ¿Qué es lo que dice la canción que me cantas?
"Sin embargo, te quedas. Aferrándote a mí, sin embargo, te quedas, extendiendo la mano que empujo lejos. El frío no es para ti, sin embargo te quedas, te quedas, te quedas. Cuando yo sé que no es justo para ti"
Había memorizado mis palabras para ella. Mi pecho se sentía como si alguien lo hubiera partido en dos.
—Vete, Haruna. Ahora. No me puedo controlar mucho más tiempo. — Me las arreglé para susurrar a través de mi dolor.
En cambio, dio un paso cauteloso hacia mí. La mirada suplicante de sus ojos era mi perdición. ¿Cómo podría resistirme? Un gruñido surgió de mi pecho y me apoderé de ella en un movimiento rápido. Mi boca estaba sobre la suya al instante. Necesitaba conocer su sabor. Experimentarlo. Esta era la única oportunidad que tendría de probarla y lo quería todo.
Mordisqueé su labio inferior luego, suavemente, calmé la mordida con mi lengua. Era deliciosa. Era exótica. Necesitaba más. Sus pequeñas manos agarraron un puñado de mi camisa y quise rugir en señal de triunfo. Ya no tenía el control de mis decisiones. Haruna lo hacía. Haría cualquier cosa para quedarme con ella. El dulce sabor al que no podía darle ningún nombre porque era exclusivamente suyo, me consumía.
En algún lugar de la bruma del éxtasis sentí el peligro. Pero ahora Haruna me controlaba. Su alma me pertenecía. Empecé a saborear la suave piel a lo largo de su cuello mientras las palabras.
—La muerte nunca debería comprometerse con nadie—se derramaban de mis labios.
El toque de sus manos envió un temblor a través de mí mientras agarraba mi cara y reclamaba mi boca. Más. Necesitaba más. Mía. Era mía. Entonces me di cuenta del peligro. Su alma se había liberado de su cuerpo. Con cada toque hambriento de La Muerte, renunciaba a sí misma por mí. El terror se apoderó de mí mientras salía de su abrazo y daba un paso atrás.
—No puedo, Haruna. Quiero esto tan condenadamente. Pero no puedo.
Antes que pudiera detenerme, desaparecí.
Aquí les tengo el resumen del siguiente libro.
Predestined
Pensarías que después de ayudar a salvar a su novio de una eternidad en el Infierno, las cosas regresarían a la normalidad. Bueno, tan normal como puede ser la vida cuando ves almas y tu novio es la Muerte. Pero para Haruna Otonashi, las cosas son incluso más extrañas.
El popular y rompecorazones mariscal del instituto, Fubuki Shiro, ha desaparecido. Mientras que la ciudad está loca de preocupación, Haruna es un manojo de nervios por otras razones.
Aparentemente, Fubuki no es un adolescente normal. Ni siquiera es humano. De acuerdo con la Muerte, Fubuki no tiene alma. El mariscal puede estar desaparecido, pero sigue apareciéndose en los sueños de Haruna… sin ser invitado.
Goenji sabía desde el principio que Fubuki no era humano. Pero no le preocupaba una simple criatura sin alma. Ahora, se da cuenta del grave error que cometió. El alma de Haruna ha sido marcada desde su nacimiento como una restitución para un espíritu tan oscuro que ni siquiera la Muerte puede acercársele.
Goenji sabe que salvar el alma de Haruna no será fácil, pero Haruna es suya. Y ya desafió al Cielo para quedarse con ella.
Si el Infierno también quiere un trozo de él, entonces que venga.
Perfecto ahora quiero comentarios para continuar y podrían pasarse por la adaptación de Easy?
Gracias y besitos...Andre
