High School DxD no me pertenece, pertenece a su respectivo autor. Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.

Tryndamer95: veamos qué piensas una vez lo leas.

Darius red: espero que te parezca bien cómo va a ir este :)

RedSS: yo no tengo prisas en cuanto al tiempo de dejar un review :) Veamos que tal queda este :D

Historiador21: yo no obligo a nadie a leerlo.

Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, lemon mas o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.

-comentarios.

-*hablando por teléfono, comunicador, etc.*


Os invito a leer mis demás historias, buscadlas en mi perfil


Capítulo 17:

JESUS DE NAZARET


Actualmente Tiberio era el Emperador dado que Octavio había fallecido años atrás. Y un tal Poncio Pilato era el actual procurador de Judea. Las cosas en esta parte del Imperio se habían estabilizado un poco. Pero a pesar de que oficialmente todo estaba más o menos estable, no se podía decir lo mismo de la moral de los judíos. Los romanos muchas veces hicieron cosas que no agradaron para nada a estos. Hubieron casos en que quitaron lapidas de los cementerios para sus construcciones. Tales actos solo provocaban que los ánimos se caldearan. Fueron muchas las veces en que casi hubo revueltas a gran escala.

Pero yo me mantenía al margen, estudiando la zona así como a sus habitantes y las costumbres de estos. Los judíos y su religión. Eran los primeros monoteístas que había visto. Hasta ahora, todas las religiones que he estudiado han sido politeístas, menos esta. ¿Y qué diferencia hay? Muy simple. El monoteísmo es la creencia en la existencia de un solo Dios mientras que el politeísmo es un sistema religioso cuyos seguidores creen en la existencia de múltiples dioses o divinidades, normalmente organizadas en una jerarquía o panteón.

No había nada más, así de simple. El rasgo principal de la fe judía es la creencia en un Dios omnisciente, omnipotente y omnipresente, que habría creado el universo y elegido al pueblo judío para revelarle la ley contenida en los Diez Mandamientos y las prescripciones rituales de los libros tercero y cuarto de la Torá al parecer por ser descendientes de un tal Abraham, creo entender que fue el primero al que se le apareció. Consecuentemente, las normas derivadas de tales textos y de la tradición oral constituyen la guía de vida de los judíos, La ley de Moisés creo que la llaman.

Según estudié, la tradición se remonta a Abraham, llamado el primer hebreo, por haber llegado a la tierra de Canaán, actual Judea, desde Mesopotamia siguiendo el llamado de Dios. Los judíos son denominados 'hijos de Israel' y, más adelante, se los llamó 'el pueblo de Israel' o 'israelitas'. El nombre de Israel le fue otorgado al patriarca Jacob, nieto de Abraham, por el ángel con el que se trabó en lucha, quien al bendecirlo lo llamó Israel. El término judío apareció solo con posterioridad, y proviene del Reino de Judá, que estaba formado por dos de las doce tribus del pueblo de Israel, las únicas remanentes luego de la escisión entre este Reino y el de Israel y de la destrucción del último exilio de las diez tribus que lo formaban a manos de Asiria hace poco más de setecientos años.

Era un pueblo interesante, pero a mi parecer demasiado duros respecto a sus leyes, con castigos, para mí, desproporcionados por cosas que en otros lares no darían más importancia. Pero bueno, toda civilización y cultura tiene sus pros y sus contras. Yo actualmente me encontraba en el Mar de Galilea, al norte del rio Jordán. Caminaba tranquilamente en dirección a un poblado cuando de pronto…

-¡!

Sentí un gran poder. Era sin duda del hibrido que había sentido hace casi treinta años. ¿Quién era ese Semidiós? Creo que ya ha pasado tiempo… es hora de conocer a este hibrido.

Caminé rumbo hacia el lugar donde había sentido el poder, asombrándome al ver como la tormenta amainaba y los vientos y poderosos vientos se calman. El Mar de Galilea, o más bien el inmenso lago, se volvió en calma. Las olas que podían haber hundido cualquier barco de la zona, ya no danzaban salvajes, sino que habían sido apaciguados. Las negras nubes que descargaban con gran fuerza, se calmaron. A pesar de que el cielo seguía negro, ni una sola gota de agua volvió a caer. Y el viento, que azotaba la zona como si fuera una gran tormenta de la mar, se había calmado hasta no ser más que una agradable brisa.

No estaba mal. Sin duda tenía gran poder para calmar una tempestad como esta. Tal control… no, control no… diría más bien autoridad… si, esa palabra queda mejor. Una gran autoridad sobre los elementos de tal manera… era un poder bastante grande. Después de que la tormenta se calmara, y habiendo ya amanecido, la barca en la cual iba el hibrido no tardó en llegar a tierra.

No me fue nada complicado reconocer al hibrido de entre los hombres de la barca. No solo su poder y presencia le delataban, sino que los otros hombres iban con él como un pastor guiando a las ovejas.

Nos encontrábamos en la región de los gerasenos, que estaba frente a Galilea. Yo me encontraba de paso en la zona, como de costumbre. ¿Es posible que fuera la casualidad la que hiciera que nos encontráramos en esta zona del mundo? Bueno, muchos dirían que no existen las casualidades ni los accidentes, pero supongo que depende de cada uno juzgar momentos como este. Yo creo que era una de las tantas posibilidades que existen. Mis acciones me han llevado a este lugar.

Yo estaba a punto de ir a su encuentro, pues tenía varias preguntas y mucha curiosidad sobre su persona. No todos los días podías encontrarte a uno. Pero, apenas el hibrido saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo
que moraba en los sepulcros. Este hombre tenía una inmensurable presencia demoniaca. Sin duda alguna había sido poseída por varios demonios. Bueno, los demonios de los judíos podían venir a la tierra con su cuerpo así como los ángeles, pero con la actual guerra que estos tenían, a veces era mejor poseerlos.

Según supe después, nadie podía tenerle atado ni siquiera con cadenas lo lograban, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver al hibrido, corrió y se postró ante él y gritó con gran voz.

-¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.

Así que se llama Jesús… ¿Hijo del Dios Altísimo? Espera, ¿acaso es hijo del Dios de los judíos? Esto se estaba volviendo más interesante.

-Espíritu inmundo, sal de este hombre. ¿Cuál es tu nombre?

Y él le contestó.

-Mi nombre es Legión, porque somos muchos.

Eso explicaba el motivo de que sintiera tanta presencia demoniaca en él. ¿Cómo era posible que un humano fuera poseído por más de un demonio? Esto es algo que nunca había visto. Y no parecía que este sujeto hubiera provocado las masacres que vi en otros lugares.

Entonces aquellos demonios se acobardaron ante la presencia del tal Jesús. Y no era para menos, pues a pesar de no mostrar su poder, este era sin duda mucho mayor al de todos ellos. Pero solo eran espíritus poseyendo un cuerpo humano. Me pregunto qué pasaría si esos demonios estuvieran aquí presentes, con todo su poder. Debido a la cobardía, comenzaron a suplicarle con insistencia que no los echara fuera de la región. Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron.

-Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.

Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas. Durante el tiempo que pasó entre que estos huyeran a la ciudad y los ciudadanos llegaran, ambos intercambiamos miradas. No dijimos nada, pero ambos compartimos una idea… aquel no era el lugar ni momento adecuado para poder hablar tranquilamente.

No pasó mucho hasta que los habitantes de las aldeas llegaron y vieron a Jesús y al endemoniado, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle a Jesús que se alejara de su término. Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo.

-Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.

Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados. Justo antes de alejarse en el lago, intercambiamos miradas otra vez. Esta vez me uní a ellos. Los otros hombres me miraron con desconfianza, pero al ver que su líder no decía nada, dejaron que me subiera en la barca.

El lugar al que llegamos era un poblado llamada Cafarnaúm. Cuando llegamos a la otra orilla, una gran multitud se reunió alrededor de la barca a espera de Jesús. Nada más poner un pie en la tierra, uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; se postró a sus pies, y le rogaba mucho.

-Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.

Jesús fue junto al hombre mientras la multitud les seguía muy de cerca. Eso llegaba a ser agobiante. Pero una mujer, que según me explicaron padecía desde hacía doce años de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.

Por un leve instante pude sentir como el poder de aquel hibrido surgía de pronto y sanó a la mujer, pues esta se incorporó de pronto con gran asombro, pues por su forma de moverse, supuse que no era el manto lo que quería tocar. Jesús, al darse también cuenta de que había usado su poder, se vuelto hacia la multitud y preguntó.

-¿Quién ha tocado mis vestidos?

Algunos de los hombres de la barca, sus discípulos, le miraron incrédulos ante tal pregunta.

-Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿quién me ha tocado?

Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho eso. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, fue y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Ante la muestra de sinceridad, Jesús le habló.

-Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

Mientras él aún hablaba, los otros discípulos no presentes llegaron de casa del principal de la sinagoga. Sus rostros mostraban tristeza por lo visto adentro.

-Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?

Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga.

-No temas, cree solamente.

Y no permitió que le siguiese nadie sino cuatro hombres, uno de ellos mi persona. Decir que aquel consentimiento asombró a los otros tres hombres seria quedarse muy corto. Y entonces entramos en la casa del principal de la sinagoga. El alboroto era mayor que el que había ocurrido cuando llegamos en la barca. Muchos de los huéspedes lloraban y se lamentaban por el fallecimiento de la niña.

-¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. – dijo Jesús dedicándoles una mirada.

Muchos fueron los que se burlaron de él y le increparon por supuestamente burlarse del dolor de aquellos que habían amado a la niña. Pero Jesús, haciendo uso de una autoridad que nadie osó enfrentar, echó afuera a todos, exceptuando a nosotros cuatro, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estábamos con él, y entró donde estaba la niña. La pobre no debía superar los doce años, así a ojo. Pero Jesús tomó su mano y le habló.

-Muchacha, a ti te digo, levántate.

Y dicho esto, la niña se despertó, sobresaltando a padres y discípulos. Luego se levantó y comenzó a andar con algo de torpeza. Tanto padres como discípulos se espantaron grandemente. Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.

Yo no podía decir que estuviera espantado por tal acto, pero ciertamente con esto terminó de ganarse mi total atención. Le había visto expulsar a quien sabe cuántos demonios que residían en un solo cuerpo, curar a una mujer de una enfermedad incurable para los médicos de aquí, y ahora le había visto resucitar a una niña. Pero la cosa no acabó ahí. A este milagro, durante largo tiempo, llegaron más y más a Jesús para pedir una curación: dos ciegos que volvieron a ver, un mudo que volvió a hablar…

Durante casi un mes recorrimos todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos.

-A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

Al final acabamos llegando a Jerusalén. El día en que los judíos reposaban y no trabajaban, Jesús comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y hablaban.

-¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?

Y se escandalizaban, pero Jesús respondía a sus cuchicheos.

-No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.

Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de los habitantes de la ciudad. Obviamente no duramos mucho allí, por lo que seguimos recorriendo aldeas.

Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Y no lo hizo solo con palabra, sino que con cada letra que salía de su boca, parte de su poder iba a cada uno de sus discípulos, aunque estos apenas y parecían notarlo. A pesar de darles poder, el suyo no menguó en lo más mínimo.

Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó. A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones: sanar, curar, resucitar, bendecir…

Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, por primera vez nos quedamos solos.

-No ha sido casualidad que nos encontremos, Issei Hyodo, Último Hijo de la Casa de los Grandes Hombres.

Alcé una ceja curioso ante el sobrenombre que me había dado.

-No creo en las casualidades, pero tampoco creo en un único destino.

-Lo sé. Al igual que no crees en Dios, mi padre, y que ese no es tu verdadero nombre, sino tu nombre adaptado a la lengua de allí donde naciste para ocultarte de los que asesinaron a tu raza. Pero si tú te has presentado todo este tiempo con ese nombre, entonces yo te llamaré por ese nombre, si gustas.

Entrecerré los ojos ante sus palabras. Me sorprendió enormemente que supiera lo de mi nombre y el motivo por el cual lo tradujeron al de mi tierra natal.

-He tenido experiencia con otros que se hacían llamar Dioses y nada tenían de ello. Pero no he venido a que me prediques sobre él ni tampoco estoy interesado en seguir a ninguna deidad. Tengo mis propias creencias y estoy contento con ellas.

-Tampoco es mi deber obligar a nadie a creer.

-¿Puedo preguntar el porqué del sobrenombre?

-Tú vienes de una casa de hombres superiores al resto, de una raza de hombres extraordinarios en todos los ámbitos.

Fruncí el ceño ante sus palabras.

-¿Sabes tú acaso quienes son los de mi raza?

-Así es. Y conozco tu sufrimiento por el no saber de ellos más de lo que hay en tus libros. Eres el último de tu linaje y aquello te corroe por dentro. Es una cicatriz que no sanara hasta dentro de mucho tiempo.

-Por tus palabras puedo suponer dos cosas: que eres conoces de todo y eres capaz de ver el futuro.

-Conozco mi destino y muchas otras cosas. Y la respuesta a tu pregunta la has contestado con tu segunda suposición, más el futuro es siempre cambiante salvo en algunos detalles. Pero no deseas conocer el posible futuro del que te hablo.

-No. Como bien dices, no estoy interesado en ello. Prefiero que todo transcurra paso a paso. Y respecto a mi gente, prefiero no saber. Ya no importa, pues seré el último de los míos y mi raza desaparecerá de esta tierra sin que nadie la recuerdo. Realmente me desanima, pero prefiero no saber ya nada de ellos.

-Como desees. Entonces pues nada diré de lo que sé.

Caminamos un rato en silencio hasta que nos encontramos con unas cuantas rocas de buen tamaño, así que nos dispusimos a sentarnos lo más cómodamente posible.

-Bien, creo que ahora podemos hablar más tranquilamente. – Comenté al no escuchar pasos cercanos – Eres un hombre culto, un hibrido y posees mucho conocimiento y sabiduría. Nunca he estado con alguien como tú.

-Y como tal tienes preguntas. Yo también deseo poder conversar con tranquilidad, pues hemos convivido muchos días y hasta ahora no hemos podido hablar. Pero me temo que no dispondremos de mucho tiempo, pues dentro de poco deberé volver a mí deber.

-Entonces no perdamos el tiempo. Primero de nada, ¿cómo lograste que el alma de aquella niña ya muerta volviera al cuerpo? Ese poder es muy distinto de la nigromancia. El alma era pura así como el cuerpo. Los nigromantes deben usar su Magia para poder mantener los cuerpos sanos o sino se pudren, pero no ha pasado en este caso. Lo mismo con el alma. Cuando es sacada de su lugar de descanso luego de apartarse del cuerpo, puede llegar a afectar mucho al como era antes de la muerte.

-¿Qué sabes sobre el lugar al que van las almas luego de la muerte?

-Eso depende de cada religión. Los griegos, por ejemplo, los hombres y mujeres virtuosos y los guerreros heroicos han de pasar la eternidad en una existencia dichosa y feliz, en medio de paisajes verdes y siempre floridos, bajo el sol en los Campos Elíseos, mientras que los condenados iban al Tártaro, y el Hades para el resto.

-¿Y sobre la nuestra?

-Hum… según tengo entendido, las almas de aquellos bautizados y creyentes en tu Dios van a un lugar llamado el Seno de Abraham, la de los niños sin bautizar van al limbo y el resto directamente al Infierno. Este último un poco exagerado a mi parecer, pero no es momento para discutir sobre opiniones personales en este ámbito.

-Tienes razón en eso. Bien, las almas…

Conversamos durante largo rato, pues el tema de las almas y la resurrección era muy difícil de comprender. Horas y horas, yo preguntando y el respondiendo, pero aun así las dudas seguían rondando por mi mente. Era demasiado complejo para entenderlo sin llevar tiempo estudiándolo. Ya llegada la noche Jesús se fue a descansar mientras yo pensaba sobre lo discutido con el hibrido. Sin duda alguna era un hombre extraordinario y su sabiduría me provocaba aquel sentimiento que siente un alumno al escuchar a su sabio maestro.

A la mañana siguiente ambos nos despertamos temprano y aprovechamos para seguir charlando durante el resto de día. El tema de las almas y resurrección duró hasta media tarde. Entonces, dado que ya tenía toda la información, decidimos dejar a un lado ese tema por el momento. Con lo que tenía apuntado era más que suficiente para comenzar a entender aquel dichoso tema. Pero fue entonces cuando recordé otra de mis preguntas largo tiempo sin respuesta.

-¿Qué te corroe por la cabeza? – me preguntó Jesús al ver como entrecerraba los ojos.

-Verás, es debido a un poder que observé hace casi doscientos años y desde entonces no hayo respuesta a lo que es. Pero ahora que me doy cuenta, parte de tu aura me recordó a la suya. No como si fueran iguales, sino que en un pequeño detalle son parecidas.

-¿Qué poder tenia?

-Aumento de capacidades físicas hasta igualas la de un Semidiós. El aura que le rodeaba tenía un toque sagrado, como el que despliegas cuando haces uso de tu poder. Por eso digo que son parecidos en ese detalle. Hasta ahora no he encontrado a otro ser que tenga la misma firma aural.

-Ese poder es un poder concedido por mi Padre a los humanos. Se llaman Sacred Gears.

-¿Sacred Gears?

-Engranajes Sagrados. Mi Padre creó estos artefactos como parte de su Sistema para promulgar milagros en la Tierra. Cualquier humano puede ser portador de dichos Sacred Gears, aunque es posible que posea más de uno, pero nunca del mismo tipo.

-Ya veo. Así que poder para que los humanos hagan milagros. ¿Es posible que también fueran creados para luchar contra los enemigos de tu Dios? Es decir, los demonios.

-Ese es también uno de sus usos. Lo que me pregunto es el motivo por el cual cualquier humano pueda portar dichos Engranajes. Lo normal es que los Semidioses den poderes a los que creen en ellos, pero en este caso no es así.

-Mi Padre comprende más allá del resto de, como tú dices, Semidioses. Ellos tienen influencias en aquellos territorios donde sus habitantes tienen fe en ellos, pero mi Padre no. Su influencia es la Humanidad completa. Su pueblo escogido es el hebreo, pero hay más allá. Hay humanos que merecen más las Sacred Gears que muchos de mi pueblo. Por ese motivo no se limita solo a los hebreos, sino a todo el mundo. Ellos decidirán qué hacer con el poder que se les ha dado, para bien o para mal.

-Eres el primero al que oigo hablar así. Hasta ahora a todo hibrido o Semidiós que he escuchado no ha dado una buena opinión de los humanos. La mayoría nos ha calificado como ganado para el mundo sobrenatural, ya sea como alimento o como para suministradores de poder a través de la fe.

-Los humanos son una especie especial. El poder que guardan, el poder que pueden llegar a lograr, aterroriza a muchos de aquellos a los que llamas Semidioses, pues entienden que es mejor mantener a la Humanidad bajo su yugo que el ayudarles a avanzar y descubrir su potencial. Los necesitan más de lo que creen. Pero es comprensible ya que los humanos pueden ser peor que el peor de los demonios, pueden ser capaces de las cosas más horribles que alguien es capaz de imaginar, y desgraciadamente es mucho, pero también son capaces de hacer los actos más hermosos del mundo, cosas que maravillarían a cualquiera. Desgraciadamente la balanza esta desequilibrada en favor de los malos actos. Pero es por los buenos actos, por esa luz que brilla en la inmensa oscuridad, que mi Padre dio este don al hombre.

Sonreí al escucharlo. Como le había dicho, era el primero en escuchar decir algo bueno de los humanos.

Durante las siguientes horas hasta el anochecer hablamos sobre esos Engranajes Sagrados; que tipos había, sus nombres, sus funciones, sus límites…

Durante los siguientes meses viajamos por Galilea, Jesús enseñando y yo escuchando y aprendiendo sobre su persona. Cuando los doce súbditos regresaron de sus viajes, Jesús me presentó como un viejo amigo. Algunos me miraron recelosos y costó tiempo para que se acostumbraran a mi presencia. Pero después de todo no estaba siempre con ellos. No era uno de sus discípulos.

Al día siguiente de que volvieran, nos marchamos a un lugar en el desierto, apartados de las ciudades. ¿El motivo? No tenían ni tiempo para comer debido a toda la gente que iba y venía. La verdad es que era agobiante. Desgraciadamente muchos reconocieron a Jesús y sus discípulos y nos siguieron. Al final acabó por juntarse unas cinco mil personas sin contar a mujeres y niños. Todos juntos en una montaña al lado del Mar de Galilea. Obviamente Jesús tuvo compasión y les enseñó durante largo rato. Cuando llegó la hora para comer, sus discípulos se le acercaron para que les despidiera y llegaran a comer a sus casas, pero él se negó a ello.

-Dadles vosotros de comer.

-Pero no tenemos tanto.

-¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo.

-Cinco, y dos peces.

Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos.

Esto fue sin duda algo de lo más asombroso. Le había visto curar, resucitar y exorcizar… pero hasta ahora no había visto multiplicar de tal manera nada biológico. Por lo que sabía de las leyes del universo, la materia no se crea ni se destruye… se modifica. Mientras hacia la multiplicación de los panes y los peces, solo pude llegar a la conclusión de que su poder también le permitía modificar la materia. Debía reunirla y con ella creaba el pan y los peces, lo cual debía de ser algo tan complicado que no era capaz de imaginarme el como lo hizo.

Comieron todos, y se saciaron. Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces para que nada se desperdiciara.

En seguida hizo a sus discípulos entrar en una barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar. Yo aproveché aquel tiempo para estudiar profundamente las capacidades de Jesús así como el alcance de su poder. Y al llegar la noche, la barca estaba en medio del mar, y nosotros en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche, Jesús volvió a hacer uso de sus poderes, pues caminó sobre las aguas en dirección a sus discípulos.

No vi ningún círculo mágico ni la más mínima muestra de poder. Sin duda alguna Jesús usaba su inmenso poder de un modo totalmente diferente a todo el que hubiera visto, incluido el mío.

Por lo que pude oír, ellos se asustaron, seguramente por confundirlo con un fantasma, pero él les tranquilizó y subió con ellos a la barca, calmando el viento como hizo la primera vez que le vi. Hizo que la barca fuera hasta mí y me subí. Sin duda ambos pensamos que no sería buena idea que hiciera gala de mi poder.

Terminada la travesía, fuimos a la tierra de Genesaret, y arribamos a la orilla. Y nuevamente, nada más bajar de la barca la gente se arremolinó a su alrededor, haciendo traer a enfermos de sus lechos. Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos. Y también tuvimos problemas con los fariseos por varias declaraciones de Jesús que ellos opinaron eran herejía y blasfemia.

Así pasaron los días, las semanas y los meses. Viajes de aquí allá, viajando por toda Judea y causando sensación en por todos los lares.

Tiempo después, rehuyendo los dominios de Herodes y enemistado con los fariseos, Jesús emprendió un largo viaje misionero. En la región de Tiro y Sidón, accedió al ruego de la cananea. En Decápolis, curó con saliva a un sordomudo. De vuelta en Galilea, curó a muchos enfermos y realizó la segunda multiplicación de panes. Los fariseos le pidieron una señal: sólo se les dará la señal de Jonás; previno entonces a sus discípulos contra el fermento de los fariseos. En Betsaida curó a un ciego y seguimos el viaje hacia el norte. En Cesárea de Filipo, Pedro profesó su fe en Cristo, el Hijo de Dios y recibió la promesa de que suya serían las llaves del Cielo; enseguida, predijo su Pasión y Pedro se escandalizó. Seis días después, tuvo lugar la Transfiguración en el Monte de Jesús, ante Pedro, Santiago y Juan.

Al bajar, Jesús curó a un niño poseído. Retornamos a Cafarnaúm, donde predijo nuevamente la Pasión y accede a pagar el impuesto. Exhortó a sus discípulos a la niñez espiritual y condenó el escándalo; explicó la necesidad de la corrección y el perdón fraterno y terminó con la parábola del siervo sin misericordia.

Abandonamos entonces Galilea y emprendimos el viaje en secreto rumbo a Jerusalén para asistir a la Fiesta de los Tabernáculos. Ante la inhospitalidad de los samaritanos, nos desviamos por Perea, al este del Jordán. Durante este viaje, Jesús advirtió las condiciones para seguirlo, designó a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en y maldijo a las ciudades impenitentes. Una vez que los setenta y dos retornaron, Jesús bendijo a su Padre por haber llamado a los pequeños, invita a tomar su yugo y proclamó dichosos a los que lo ven.

Llegando a Judea, relató la parábola del buen samaritano. Fue recibido en Betania, en casa de Marta y María. En Jerusalén, en la Fiesta de los Tabernáculos, discutió con los judíos y proclamó; 'Si alguno tiene sed, venga a mí y beba'. Le presentaron a la adúltera y sentenció; 'El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra'. Prosiguieron las disputas con los fariseos; Jesús se proclamó luz del mundo y la discusión culminó con la frase inaudita 'Antes de que Abraham existiera, Yo soy' que escandalizó a los judíos.

Luego curó en sábado al ciego de nacimiento; los fariseos indagan al hombre curado y a sus padres. Jesús se llamaba a sí mismo 'el buen pastor' que da la vida por sus ovejas. Terminó esta estadía en Jerusalén con la parábola del amigo insistente.

Al salir de Jerusalén, para emprender un breve viaje alrededor de Judea, Jesús curó a dos ciegos y a un endemoniado mudo, lo que provoca las calumnias de los fariseos; Jesús se defiende con; '¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?'. Y habló del pecado imperdonable contra el Espíritu. Advirtió cuál era la verdadera alabanza de la Madre (¿Madre?) de Cristo y prometió el signo de Jonás. Tras el discurso de la luz interior, siguió otra dura imprecación a los escribas y fariseos, lo que ocasiona un nuevo intento de matarlo.

Jesús entonces aconsejó a los discípulos respecto de las persecuciones. Siguieron los discursos contra la codicia y la solicitud terrena, con la parábola del rico necio. Exhortó a la vigilancia y fidelidad y ansío el cumplimiento de su 'bautismo de fuego'. Pidió atención para ver los signos del tiempo y relató la parábola de la higuera estéril. Un sábado curó a una mujer encorvada.
Advertido de la persecución de Herodes, afirmó que el profeta debe morir en Jerusalén, adonde emprendimos el viaje de regreso para la fiesta de la Dedicación. Al acercarse, lloró sobre la suerte de Jerusalén.

Jesús asistió en Jerusalén a la Fiesta de la Dedicación, donde proclamó nuevamente su unidad con el Padre. Emprendió luego su último viaje pastoral. En Perea, visitó los lugares de Juan Bautista y luego fue invitado a un convite en casa de un fariseo; en esta ocasión curó a un hidrópico y relató la parábola del último lugar y la parábola de los invitados al banquete. Prosiguió el viaje y exhortó a dejar todo para seguirlo. Siguieron las parábolas de la misericordia: de la oveja perdida, de la dracma extraviada y del hijo pródigo. También de este tiempo fue la parábola del capataz astuto, la parábola de Lázaro y el rico y la parábola del buen servidor.

Jesús abandonó Perea y volvió a Betania donde resucitó a Lázaro. Esto precipitó la decisión de los fariseos de darle muerte, y Caifás profetizó; 'Conviene que muera uno solo por el pueblo…'. Jesús visitó Efraím: había expectación por la próxima Pascua, ante la violencia del enfrentamiento entre Jesús y los fariseos. Jesús penetró en Samaria, donde curó a diez leprosos, avisó sobre el Día del Hijo del Hombre y relató la parábola del juez inicuo y el caso del fariseo y el publicano. De vuelta en Perea, fue consultado sobre el divorcio y afirmó que el matrimonio es indisoluble. Siguió la bendición de los niños y el episodio del joven rico, que da ocasión para prevenir contra el peligro de las riquezas y prometer el premio de la abnegación.

Siguió la parábola de los obreros de la última hora, un nuevo anuncio de la Pasión y la petición de los dos Zebedeos. Al entrar en Jericó curó a un ciego y comió en casa de Zaqueo, jefe de publicanos. Siguió la parábola de los talentos confiados. En Betania, María ungió sus cabellos con perfume lo que ocasiona el escándalo de muchos y la aprobación de Jesús.

Y entonces llegó el momento final… el momento que Jesús había estado esperando desde hace mucho. Faltando pocos días para la Pascua, Jesús preparó su entrada en Jerusalén.

Fue el día anterior a la Pascua, Domingo de Ramos. Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos.

-Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. - Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo - Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga.

Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. Y unos de los que estaban allí les reclamaron. Pero ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. Trajeron la asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.

Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba.

-¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas.

-Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

Y vinieron a él en el templo, ciegos y cojos, y los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo; '¡Hosanna al Hijo de David!', se indignaron. Y dejándolos, salió fuera de la ciudad a Betania, y pasamos allí la noche.

Al día siguiente, Lunes Santo, volvimos a Jerusalén, pero Jesús sintió hambre y buscó una higuera, pero esta era estéril, por lo que la maldijo y aquella misma noche retornamos a Betania. En la mañana siguiente, Martes Santo, encontramos la higuera totalmente seca. En el templo de Jerusalén enseñó y disputó con los sacerdotes. Relató la parábola del hijo obediente y la parábola de los viñadores asesinos.

Los fariseos y saduceos lo interrogaron, pero a Jesús no le gustó el tipo de preguntas, pues les increpó con gran dureza. Tras el episodio del óbolo de la viuda y el pedido de los gentiles de ver al Señor, sucedió el anuncio de su Pasión y la voz del Cielo; 'si el grano de trigo no muere, no da fruto…'. Jesús pronunció entonces el Sermón Parusíaco, sobre la destrucción de Jerusalén, el fin del mundo y el retorno de Cristo. Continuó su enseñanza en el templo con la parábola de las diez vírgenes, la parábola de los talentos y el discurso sobre el juicio final.

Los Pontífices planeaban hacerlo desaparecer y al día siguiente, Miércoles Santo, Judas se ofreció a entregarlo a cambio de treinta monedas de plata. Jesús envío a preparar la Cena Pascual, Jueves Santo. Obviamente yo me enteré de aquello, así que avisé a Jesús.

-Lo sé. Sé que él me ha traicionado y el cómo lo hará. Pero así está escrito.

-Aun sabiendo lo que va a pasar, lo que me contaste sobre lo que te va a pasar de aquí hasta tu muerte… ¿no vas a evitarlo?

-Es mi misión. Debo cumplir para salvar al hombre.

Intenté convencerle de mil maneras, pero nada sirvió. Jesús sabía cuál era su destino y estaba decidido a aceptarlo por un bien mayor… salvar a toda la Humanidad.

-Por favor, no intentes evitar lo que está por pasar. Sé que posees el poder suficiente, pero no lo hagas veas lo que veas.

Y llegando el atardecer Jesús se despidió por última vez de mí y fue a reunirse con sus discípulos a lo que llamó la Última Cena. Aquella misma noche prendieron a Jesús y comenzó el mayor calvario, humillación y tortura que jamás había visto en mi vida.

XXXXX

Era ya viernes cuando le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo. Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote; mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro.

Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le respondió.

-Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho.

Cuando Jesús había dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada.

-¿Así respondes al sumo sacerdote?

-Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?

Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles, calentándose al fuego. Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban.

Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban. Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él.

-Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano.

Pero ni aun así concordaban en el testimonio. Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús.

-¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? - Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar - ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?

Y Jesús por fin respondió.

-Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.

Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, exclamó encolerizado.

-¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte.

Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos.

-Profetiza. – ordenaban con burla.

Y los alguaciles le daban de bofetadas. Y decían otras muchas cosas injuriándole. En un momento dado, Jesús volteó su rostro hacia Pedro, que lo tenía ceniciento por algo que no sabía. Este lloró y salió corriendo totalmente avergonzado. Entonces Jesús volteó hacia mí. Yo tenía mis nudillos blancos y mis palmas sangraban por la fuerza con la que apretaba el puño. Mi mandíbula estaba tan apretada que pensé por un momento que me rompería mis propios dientes.

Era injusto. Esto era una total injusticia. Lo que este hombre estaba pasando… después de todo lo que había hecho… La idea de descubrirme y destruirlos pasó como un relámpago por mi mente y cerca estuve de llevar a cabo tal idea, pero con su simple mirada, sin nada más, Jesús me hizo recordar la promesa que hice antes de que se fuera a cenar con sus discípulos. Así que tragué duro y no me moví.

Cuando era de día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le llevaron al concilio.

-¿Eres tú el Cristo? Dínoslo.

-Si os lo dijere, no creeréis; y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis. Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios.

-¿Luego eres tú el Hijo de Dios?

-Vosotros decís que lo soy.

-¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.

Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. Entonces salió Pilato a ellos, y les preguntó.

-¿Qué acusación traéis contra este hombre?

-Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.

-Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley.

-A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie.

Tragué duro al recordar cuando el propio Jesús nos dijo que tipo de muerte tendría. ¿Cómo es posible que este hombre aceptara este destino? Mi admiración por él ya era inmedible, así como mi pena y tristeza.

Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús. No sé de qué hablaron dentro, pero una vez salieron, Pilato habló.

-Yo no encuentro ningún crimen en este hombre.

Pero ellos porfiaban.

-Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.

Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo. Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén. Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia.

Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato. Debido a la noticia sobre estos sucesos, muchos vinieron de toda Jerusalén y la plaza del pretorio se llenó, por lo que tuvieron que traer más soldados por si la cosa se ponía aun peor. Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, les dijo.

-Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre. Le soltaré, pues, después de castigarle.

Ante sus palabras la multitud se encolerizó y los soldados tuvieron que colocarse en posición por si era necesario usar las espadas. Al ver como estaba la situación, a Pilato se le ocurrió una solución.

-Como todos sabéis, en esta misma fecha, siempre libero a un criminal. Este año os presento al infame Barrabás, un infame asesino.

Los abucheos no tardaron en resonar en todo el lugar mientras el asesino aparecía encadenado, gruñendo, siseando y escupiendo. Cualquier mínima esperanza por Jesús murió en aquel momento.

-¿A quién queréis que libere, al asesino Barrabás, o a Jesús el Mesías?

Entonces el Sumo Sacerdote habló por todos,

-Ese hombre – señaló a Jesús – no es el Mesías. Es un impostor. Libera a Barrabás,

Yo cerré los ojos y suspiré, maldiciendo la promesa que le hice a Jesús. Los presentes volvieron a repetir las tres últimas palabras del Sumo Sacerdote, aclamando cuando este corrió hacia la salida contento.

-¿Y qué hago con Jesús?

-¡Crucificadlo!

Todos asintieron con gritos ante la respuesta. Pilato seguía sin creer lo que oía, ni yo tampoco. Una sed de sangre surgió de mí como pocas veces, pero me contuve.

-Pero ¿qué mal ha hecho? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte.

Más ellos seguían gritando con más fuerza.

-¡Que sea crucificado!

-¡No! – Exclamó - ¡Será azotado como castigo!

Y Jesús fue llevado a una pequeña plaza donde había un pequeño pilar, donde le encadenaron y azotaron. Pero esto fue llevado hasta el extremo, pues la sangre de Jesús formó un pequeño charco. Fue azotado en todas partes del cuerpo. Pude ver a María, su madre. Pobre mujer. No debe haber nada más doloroso para un padre o una madre que presenciar una escena como esa.

Puedo asegurar que vi el rostro de aquellos que demandaron la crucifixión mostrar ahora el horror por el castigo desmedido que los romanos le estaban dando. Al final ordenaron un alto, pues en caso contrario acabarían matando a Jesús. Mientras se llevaban el cuerpo ensangrentado, pude ver como María, junto a alguien más, se acercaba al lugar y con una toalla recogía la sangre.

Fue llevado nuevamente a Pilato, que se asombró del castigo. Apreté mis dientes al ver su lamentable estado, pero aún más al ver una corona de espinas en su cabeza y un manto purpura en señal de burla.

-Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él. Aquí tenéis al hombre.

Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron.

-¡Crucifícalo, crucifícalo!

-Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él.

-Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios.

Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. Volvió a entrar en él una vez que salió Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron.

-Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace Rey se enfrenta al César.

Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dijo Pilato a los judíos.

-Aquí tenéis a vuestro Rey.

-¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!

-¿A vuestro Rey voy a crucificar?

-No tenemos más Rey que el César.

Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Era aproximadamente medio día cuando comenzó la última parte de su Pasión… el camino hacia su muerte. Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota. Y junto a él fueron dos malhechores que también serían crucificados.

Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les habló como pudo.

-Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron.

Pero debido a sus heridas provocadas por el excesivo castigo con los látigos y no látigos, Jesús apenas si podía llevarla. Dado que el tiempo se agotaba, los romanos se enfadaron por el largo camino, así que comenzaron a buscar a alguien que llevara la cruz. Yo me adelanté a todos y se puse disimuladamente al frente, a lo que un soldado apareció y me agarró.

-¿Tú quién eres? – me preguntó de mala manera.

-Mi nombre es Simón. – mentí.

Empujándome hacia la cruz, pude ver claramente el estado de Jesús. No pude evitar gemir al ver su lamentable estado. El me miró como pudo, pero no dijo nada. Yo le quité la cruz de encima y la coloqué sobre mi hombro. Era pesada, aunque no resultaba una molestia. Era grande mi sorpresa el ver cómo aquel hombre tan lamentablemente herido y con la misma fuerza que un humano promedio, había sido capaz de cargar esta cruz, muy pesada para la mayoría, durante todo este largo camino.

Entonces, durante el trayecto, pude sentir varias presencias demoniacas bastante poderosas. Pero a pesar de ser varias, solo pude ver a una… un hombre que sonreía con diversión, regocijándose en las penurias de Jesús.

-¿Quién es ese? – Le pregunté a Jesús en un susurro - ¿Es Lucifer?

Me aventuré a decir el nombre y Jesús asintió. Estaba seguro de que se trataba de él porque el mismo Jesús me contó las veces que intentó tentarle en el desierto después de ser bautizado. El mayor de los demonios de los judíos… el antiguo ángel tan poderoso como Miguel… el primero de los demonios… Apreté los dientes mientras le dedicaba una mirada furiosa, pero él sonrió aún más… Ya arreglaría cuentas con él más tarde.

Una vez llegamos a Gólgota, le crucificaron allí de una forma cruel con lazos y clavos, no para someterlo, sino para hacerle sufrir todo lo posible, y también crucificaron a dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y encima de su cabeza había una inscripción que debía 'JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS'.

Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. Muchos se quejaron por ello, pero Pilato lo dejó como estaba.

Pude escucharle decir 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen'. No pude evitar llorar al ver cómo había acabado, el escucharle decir eso… no pude soportarlo. Yo no hubiera consentido todo esto.

Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo y se la echaron a suerte para no romperla. Y se quedaron sentados para custodiarle.

Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza.

-Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!

Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él.

-A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: 'Soy Hijo de Dios.'

De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él. Uno de los malhechores colgados le insultaba.

-¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!

Pero el otro le respondió temblando y balbuceando por el miedo y el dolor.

-¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho. Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.

Con gran esfuerzo, Jesús ladeó su cabeza hacia este.

-Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso. – dijo con esfuerzo sobrehumano.

Y junto a Jesús aparecieron su madre, su tía, María Cleofás, María Magdalena, la que intentaron lapidar tiempo ha y su primer discípulo, Juan. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo, les habló.

-Mujer, he ahí tu hijo. – Y luego a Juan – He ahí tu madre.

Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. ¿Casualidad? No, no lo creo. Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz.

-¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?

Su grito fue en hebreo, por lo que muchos romanos no entendieron que gritaba '¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?'

Al oírlo algunos de los que estaban allí seguían con su burla. Las horas pasaron hasta llegar las primeras horas de la tarde. Las presencias demoniacas seguían allí, burlándose y disfrutando, pero aun no era el momento. Pero entonces comencé a sentir un gran poder de categoría divina, uno que dejaba el de cualquier otro Semidiós que me haya encontrado como una simple mota de polvo frente a una montaña.

Entonces Jesús dijo de pronto.

-Tengo sed.

Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.

Cuando tomó el vinagre, habló.

-Todo está cumplido. – Y entonces gritó con gran fuerza – Padre, en tus manos pongo mi espíritu.

Y, dicho esto, expiró. Ahora si había fallecido, entre gran sufrimiento. Incliné mi cabeza y me dispuse a marcharme, pero entonces…

PROOOMP

Un fuerte terremoto asoló toda Jerusalén. Tuve que agacharme para poder mantener el equilibrio. El velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo. El cielo mismo se oscureció de forma total, los poderosos relámpagos estremecieron la tierra, y la lluvia limpió la sangre de Jesús. Entonces me vino a la mente una parte de la profecía que hablaba sobre el Mesías: 'el derramamiento de sangre tiene un significado hermoso, y es que él Mesías tenía que derramar hasta la última gota de su sangre para limpiar al mundo del pecado.'

Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, habló con incredulidad.

-Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.

Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era muy solemne, rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. Todo ello cayó sobre el rostro del soldado, el cual cayó de rodillas y lágrimas cayeron de sus ojos.

Vislumbre a Lucifer, que observaba el cielo con gran furia y luego observó a Jesús con la misma ira. Entonces se marchó corriendo de allí, pero yo fui en su persecución a las afueras de la ciudad, lejos de aquel lugar.

Fue una larga carrera, pues Jerusalén llegó a verse pequeña. Pero entonces el tal Lucifer debió darse cuenta de mi presencia, pues se detuvo de pronto, volviéndose y mirándome con disgusto.

-Humano, ¿sabes acaso donde te estas metiendo?

-No me asustas Lucifer.

-Ohhh. ¿Sabes quién soy y no me temes? No sé si eres valiente o estúpido. – me insultó sonriéndome con arrogancia.

Yo me acerqué lentamente hacia él hasta estar prácticamente frente a frente. Obviamente me estaba subestimando, pues ahora mismo no podía notar ningún tipo de poder en mí, pues yo los suprimía. Pero entonces…

PAAAM

Liberé una gran cantidad de Touki en mi puño, golpeando el estómago del Rey Demonio.

-¡Buaj!

No solo escupió bilis, sino que también sangre. Le había dado con mucha fuerza. No pensaba acabar con el… al menos no tan rápido. Necesitaba sacar de mí toda la ira que tenía guardada por lo que he acontecido estas últimas horas… y él era perfecto para ello.

-Tsk… eso eran Artes Sabias… - siseó mientras se incorporaba.

Fue entonces que sentí otras presencias… más precisamente tres. Liberé mi Magia y creé la más poderosa barrera que era capaz de invocar. Afuera de esta nadie notaria nada, pero aquí dentro… iba a poder liberarme.

-… tú no eres un humano normal. – Murmuró Lucifer observando la barrera, mirándome esta vez con seriedad y furia – Pero has osado golpearme… ¡golpearme a mí, el Rey de los…!

PAAAM

No dejé que terminara, pues su voz solo me enfurecía más. Golpee su rostro, mandándolo a estrellarse contra la barrera al mismo tiempo que tres distintos ataques demoniacos iban hacia mí.

BOOOM

La explosión fue grande. Sin duda estos tres son categoría suprema. No por nada son poderosos demonios.

-¡Asmodeus! ¡Beelzebub! ¡Leviathan! ¡Matémosle! – chilló furioso Lucifer.

Me importaba muy poco que estos fueran los líderes de los demonios, y menos aún su guerra contra Grígori y el Semidiós hebreo… Habían osado burlarse de mi amigo en su dolor… y se lo haría pagar con creces.

BROOOM

Libere todo mi Touki, mi Magia e invoqué mi armadura y mi lanza. Aquello sin duda les sorprendió, pues se alejaron de mí. Un demonio en cada punto cardinal. Pero poco importaba. Mi poder les superaba, y mis armas me otorgaban la ventaja.

-Puede que salgáis vivos de aquí… o puede que no… pero tened por seguro que vais a sufrir más que nunca. – siseé furioso.

Acumulé aura en la lanza y realicé un movimiento horizontal completo, enviando una onda de corte hacia ellos. Estos invocaron sus más poderosas defensas, logrando bloquear con problemas el aura cortante de Ame-no-nuboko.

Aprovechando eso, ataqué al del título Leviathan, logrando tomarle por sorpresa.

PAAAM

CRASH

La barrera cayó bajo el poder de mi Touki, el cual siguió su rumbo hasta golpear en el rostro del demonio. Como si fuera una flecha, salió disparada hasta chocar violentamente contra mi barrera. Los otros tres no tardaron en reaccionar, atacándome desde tres lugares distintos.

Me cubrí con una barrera y los ataques impactaron con fuerza contra ella, provocando otra gran explosión. Asmodeus sonrió y aplaudió con fuerza, y pude notar como una vibración llegaba hasta mí. Tuve que taparme los oídos, pues un fuerte pitido llegó a mis tímpanos y pude notar como mi barrera vibraba con violencia.

-¡Veamos cómo puedes resistirte a mi poder, escoria humana! – exclamó con brío Asmodeus.

Tsk. Esto… ¿manipula el sonido? Eso explicaría el pitido… pero no es exactamente eso. El sonido solo se produce por las vibraciones, y se necesita un medio para transmitirlo, en este caso el aire. Así que para ser más específicos, se podía decir que controla las vibraciones. Eso es algo muy molesto.

-¡Sufre alimaña!

Esta vez fue el llamado Leviathan el que atacó con un poderoso torbellino de agua.

SPLASH

CRAS

La barrera, debilitada por las constantes vibraciones, fue destruida por el poderoso ataque de Leviathan.

BZZZ

Alcé una ceja al ver un enjambre inmenso de moscas en mi dirección. Pero estas no eran simples moscas… eran moscas del infierno. Las moscas del mundo humano transmiten enfermedades que pueden llegar a matar a cientos de miles de personas… pero estas son mucho peores. No solo pueden transmitir peligrosas enfermedades, sino que ellas mismas pueden ser sumamente peligrosas. No por nada las criaturas de los infiernos son peligrosas. Son criaturas basadas en las del mundo humano modificadas con Magia Demoniaca, dando origen a seres aún más peligrosos.

Cargué mi puño con Touki y lancé un puñetazo hacia el enjambre, acabando con todas ellas. Pero Beelzebub no dejaba de sonreír con arrogancia mientras más y más aparecían al hacer uso de su canalizador.

Rápidamente bloqueé con mi lanza un ataque directo de Leviathan, que tenía su puño recubierto de hielo. Hum, así que es capaz de usar el agua en todos sus posibles elementos. Eso podría llegar a ser un problema grave.

Intentó congelar la lanza, pero esta usó su propio poder para alejar al demonio. Esquivé una onda vibratoria de Asmodeus al tiempo que Lucifer atacó con un torrente de oscuridad. Usé mi Magia para convocar un hechizo de luz para contrarrestarle al tiempo que enviaba un pilar de poder desde la punta de Ame-no-nuboko al nubarrón de moscas infernales.

Entonces me di cuenta de algo. Mientras Asmodeus, Lucifer y Beelzebub me enfrentaban, Leviathan aprovechaba para intentar crear un agujero en el suelo para poder salir por debajo. Ingenuo, como si no hubiera pensado en eso. Esta barrera es esférica, así que cuando cabes seguirás encontrándote con ella.

Pero es interesante el ver que han decidido escapar a enfrentarme. ¿Acaso me tienen miedo o será por la guerra? Bueno, después de todo, su mayor odio es hacia el Semidiós hebreo ahora que Jesús ha fallecido. Quizás no quieran morir sin haber acabado con él. Hum, bueno, no es como si realmente importase. Iban a salir vivos de aquí… pero con un recuerdo no muy agradable, eso seguro.

Invoqué mi Touki y destruí una serie de criaturas oscuras creadas por Lucifer al tiempo que clavaba mi lanza en el suelo, liberando una onda de aura en este, provocando que grandes rocas se alzaran en el suelo y el polvo cubriera toda la zona.

Asmodeus usó su poder vibratorio para despejar el polvo, pero yo ya estaba preparado. Abrió los ojos alarmado al ver como una serie de dagas de luz iban a gran velocidad hacia él. Rápidamente invocó su supongo más poderosa barrera, la cual le protegió de los primeros impactos, pero no de los últimos.

BZZZ

Beelzebub tuvo que enviar sus moscas para proteger a su compañero.

SPLASH

Leviathan invocó un torbellino de agua a mi alrededor para luego congelarlo al tiempo que lo derruía formando estacas de afilado hielo. Yo rápidamente creé un hechizo de fuego, derritiendo el hielo. Pero al salir de mi prisión pude ver un nuevo ataque conjunto y perfectamente sincronizado del cuarteto demoniaco desde todas direcciones, incluido arriba.

BOOOM

Se produjo una explosión que provocó nuevamente que el suelo se destrozara y el polvo cubriera todo. Había creado una barrera al tiempo que invocaba el aura de Ame-no-nuboko. Al final no hizo falta la barrera, pues con el poder de la lanza fue más que suficiente.

Nuevamente Asmodeus usó su poder para disipar el polvo, y los cinco nos miramos fijamente, estudiándonos. Los demonios ahora estaban serios, aunque la ira de sus ojos y su sed de sangre solo me provocaban risa.

-¿Continuamos? – pregunté con burla mientras balanceaba mi lanza.

Los cuatro apretaron sus mandíbulas al tiempo que se envolvían en Poder Demoniaco. El suelo vibró con violencia debido a que los cuatro expulsaron sus máximos poderes. Tenían toda y clara intención de acabar conmigo y seguramente hacerme lo que me hizo aquel dragón hace tanto tiempo.

Pero esta vez yo fui el primero en atacar. El combate se alargó bastante tiempo, pero el equilibrio seguía ahí. Obviamente yo no mostraba todo mi poder, pues dudaba que la barrera pudiera aguantar un combate si yo también diera mi todo.

Al recibir sus ataques tantas veces he podido darme cuenta de algo curioso. Hasta ahora, todo no humano al que me he enfrentado, usaba un tipo de Magia para aumentar su poder. Puedo percibirlo en los ataques. Cada uno tiene una mayor o menor proporción mágica. Sin duda sus ataques poseen el poder propio de su raza, pero también puedo detectar poder mágico mezclado. Ese poder mágico que está mezclado de forma natural con su Poder Demoniaco, es usado para aumentar sus otras habilidades; el control de las vibraciones o del agua.

Bien… veamos que pueden hacer sin eso… Me enfundé en mi armadura y apreté con fuerza mi lanza. Lo que estaba a punto de hacer posiblemente no sería una buena idea, es más, me expandía, pero si funciona, habré logrado una información sumamente valiosa que tendría que corroborar en otro momento.

Invoqué otra poderosa barrera, la cual fue atacada instantáneamente. Los oídos me pitaban por culpa de Asmodeus, así que tuve que modificar un poco la barrera para impedir que el sonido llegara hasta mí. Eso me dio tiempo suficiente como para concentrarme adecuadamente.

Me arrodille y puse mi mano hacia el suelo mientras ampliaba la barrera exterior varias decenas de metros. Entonces comencé con mi prueba. Escribí un hechizo mágico con mis runas maternales y, una vez finalizado, todo poder mágico y todo aquel que tuviera un mínimo de Magia, pudo notar como esta era consumida. Incluso yo mismo pude notar como el poder mágico de mi lanza y mi armadura eran absorbidas hasta convertirse en armas normales sin algún tipo de poder mágico. Cerré mi Circuito Mágico para evitar que absorbiera más. Este hechizo se alimenta de Maná, así que se activara cada vez que alguien use Magia, este se activara.

Bien, pues tengo media hora para derrotarlos definitivamente… es el tiempo cronometrado. Espero no necesitar más. Alcé mi cabeza al notar que los anteriores ataques habían terminado. Pude ver como los cuatro demonios se miraban las manos sin entender que pasaba.

-¡¿Qué has hecho basura?! – chilló furioso Beelzebub.

Bien, parece que incluso les ha afectado.

-No… no siento mi Magia. – siseó Leviathan abriendo y cerrando los puños.

-¿Cómo ha logrado anularla? – cuestionó Asmodeus.

-No la ha anulado… la ha absorbido. ¿Acaso no lo habéis notado? Pero ya apenas y se siente, pues no tenemos. – analizó Lucifer mirándome con el ceño fruncido.

¡Increíble! ¡Realmente ha funcionado!

-¿Qué has hecho? – siseó Beelzebub, haciéndome la misma pregunta, pero sin el basura.

-Quería probar una teoría. Y parece ser que tenía razón.

Ciertamente la tenía. Ahora estos demonios no podían hacer uso de su poder mágico, y por lo tanto tampoco de su Poder Demoníaco, pues este se canalizaba con la Magia Demoníaca. Pero ahora la pregunta es qué pasaba con sus otras habilidades.

-¡Desgraciado! ¡Te destrozare! ¡Te voy hacer sufrir! – exclamó Leviathan mientras invocaba su poder de agua.

Pero entonces sucedió… la respuesta a mi segunda cuestión.

SPLAS

Creó un torbellino de agua, pero tal y como pensaba, este no tenía ni el control ni la fuerza que tenía antes. Es más, no me fue difícil esquivarlo.

-¡Maldición! – siseó.

Es tal y como pensaba. Usan su poder Mágico Demoniaco como canalizador para su Poder Demoníaco, y este mismo para mejorar y manipular más eficientemente sus otras habilidades. Por eso, sin el canalizador, su control sobre las otras habilidades disminuía notablemente. Sonreí victorioso, pues este hechizo tiene un rango de efecto casi tan amplio como la barrera. De este modo logro inutilizar su Magia y al mismo tiempo evito que la barrera se debilite y así puedan escapar.

Mi lanza ya no tenía su poder, pero seguía siendo sumamente peligrosa. Lo mismo que pasaba con mi armadura. Ya no podía modificarla, pero su resistencia seguía impune. Así que…

BROOOM

Liberé mi Ki y Touki. No necesitaba mi Magia para derrotarles en su actual estado, pero mis Artes Sabias me darían un plus.

-¡Matadlo! ¡Lo quiero muerto! – exclamó Lucifer.

Levanto las manos apuntando al cielo y de pronto todo se volvió oscuridad… pura oscuridad… ni el más mínimo atisbo de luz. Los demonios son capaces de ver en la más absoluta oscuridad, pero yo no. Con la mínima luz soy capaz de distinguir, pero en este caso nada tenía. Por eso cerré los ojos y dejé que el Ki me guiara.

Estos cuatro podrían cegarme, pero seguían teniendo energía vital, y a menos que inutilicen mi Senjutsu, sigo pudiendo defenderme.

SPLASH

Una serie de pequeñas esferas de agua concentrada atacaron a mi costado, golpeando directamente la armadura con fuerza. Tsk, estas habilidades no necesitan de Magia para ser usadas y no son perceptibles con el Senjutsu, así que esto complica más las cosas.

Modifiqué mi Touki para usarlo como si fuera otra armadura, de este modo lograba bloquear sus ataques sin que me lastimara, dándome el tiempo suficiente para ver como de predecibles o complicados eran sus movimientos.

BOOOM-BOOOM

PAM-PAM

SPLASH

Los ataques iban y venían desde distintas direcciones. Leviathan y Asmodeus no dejaban de dar vueltas a mí alrededor, atacándome a cada momento. Cuando intentaba atacar a Lucifer, que estaba concentrado para que su habilidad sobre la oscuridad no menguara en lo más mínimo, Beelzebub se interponía usando sus moscas demoniacas. La buena noticia era que dichas moscas iban menguando rápidamente en número, así que no tardaría mucho en cambiar de posiciones.

-¡Cambio! – exclamó.

Tal y como esperaba, su utilidad defensiva ya no existía. Ahora no podía defender a Lucifer. Asmodeus fue el que le reemplazó y Beelzebub fue al ataque. Al contrario que Asmodeus, Beelzebub no tenía una habilidad para enfrentarme a distancia, por lo que iniciamos una lucha cuerpo a cuerpo… pero aquí yo tenía la ventaja. Puedo no ver, pero como ya dije, soy capaz de ver sus siluetas vitales.

PAM

Con el Ki fui capaz de golpear a Beelzebub en uno de los puntos vitales, cerrándolo al instante.

-¡Buaj!

Se arrodilló y vomitó. El olor de la sangre llegó a mi nariz. No desaproveché aquello y seguí golpeándole en zonas vitales, provocando que vomitara y se quejara de dolor hasta que Asmodeus y Leviathan me apartaron de él usando sus habilidades.

-¡Beelzebub! – exclamó Leviathan mientras cargaba a su compañero demonio y lo llevaba junto a Lucifer.

El susodicho le examinó con dificultar, provocando que la oscuridad perdiera fuerza.

-Tsk. Este desgraciado… - siseó furioso el demonio al notar lo que le hice al demonio moscón – Tened mucho cuidado. Como os toque os quedareis como él.

Leviathan, furioso, lanzó un poderoso torrente de agua a gran presión que envolvió gran parte de la esfera, pero con mi Touki fui capaz de crearme un hueco en medio de dicha agua a presión.

-¡Cuidado! – exclamó Asmodeus mientras enviaba una onda vibratoria hacia mí, pero la destruí con un puñetazo de Touki, logrando ponerme frente a Leviathan, golpeando con rapidez y precisión en las mismas zonas que a Beelzebub, incapacitándolo también, pero sin matarlo.

Lucifer dejó de concentrarse en mantener en completa oscuridad este lugar, así que se sumó a Asmodeus y ambos me atacaron, uno con ondas vibratorias y el otro con una esfera de oscuridad absoluta. Pero yo ya había decidido acabar de una vez con esto.

Nuevamente con mi Touki desvié ambos ataques al tiempo que corría hacia ellos. Pero esta vez primero les golpee con fuerza, estrellándolos contra la barrera, para luego usar la misma técnica que contra Beelzebub y Leviathan, dejándolos completamente indefensos.

Respire agitado e intenté calmar mi respiración. La batalla había acabado y había podido dejar salir mi ira. Podría matarlos, pero otro con más derecho se ocuparía de ello. Retrocedí unos pasos hasta colocarme encima del hechizo Anti-Magia, el cual desapareció al cumplirse el tiempo establecido. Observé a los cuatro Reyes Demonios completamente derrotados y me sentí más que satisfecho.

-Vosotros, demonios, que siempre menospreciáis a los humanos… vosotros, que os vanagloriáis de tentar a los humanos, de ser superiores, decidme, ¿qué se siente el no haber podido con Jesús? ¿Qué se siente no haberme podido ganar? ¿Qué se siente ser menospreciado por un humano? – les pregunté con tono arrogante, el mismo que antes habían usado ellos.

Los cuatro, tirados en el suelo, totalmente derrotados. Mascullaban, siseaban, murmuraban… no eran capaces de derrotarme. El ser derrotados por un humano… debía dolerles en el orgullo más que ser derrotados por los ángeles o su Jefe.

Guardé mis armas y mi poder, restaurando con anterioridad el terrero para luego deshacer la barrera.

-Largaos con el rabo entre las patas antes de que sea yo quien acabe con vosotros.

Sin decir nada, pues no podían por el sobreesfuerzo que les suponía, solo me dedicaron miradas asesinas, pero poco me importó. Desaparecieron a través de círculos mágicos demoniacos. Y ahora, una vez que logré sacar toda mi ira, volví a Jerusalén. Ya era casi de noche.

Por lo que supe cuando terminé el asunto con los demonios, al atardecer, como era la Preparación, es decir, la víspera del sábado, llegó un tal José de Arimatea, miembro respetable del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extrañó Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo. Informado por el centurión, concedió el cuerpo a José, quien, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro.

María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto. Y regresando, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según el precepto.

Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato.

-Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: 'A los tres días resucitaré.' Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: 'Resucitó de entre los muertos', y la última impostura sea peor que la primera.

-Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis.

Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. De ese modo se asegurarían de que nadie hiciera nada con el cuerpo del fallecido.

El sábado pasó sin pena ni gloria y llegó el domingo, el día en que supuestamente Jesús resucitaría. Me pasé temprano por la mañana, antes del amanecer, por el sepulcro, pero los guardias seguían allí haciendo guardia, por lo que decidí marcharme. Pero ya estaba lejos cuando sentí una presencia sagrada y al mismo tiempo hubo un leve terremoto que alarmó a los ciudadanos de la ciudad, pues recordaron el que hubo el viernes cuando Jesús falleció. Yo sonreí abiertamente, pues ahora no tenía duda de que ciertamente había resucitado.

Los días fueron pasando y pasando. Los sacerdotes sobornaron a los guardas para que mintieran y dijeran que los discípulos habían robado el cuerpo. Obviamente muchos les creyeron, pero muchos otros si creyeron en la resurrección.

Durante casi todo un mes fue apareciéndose a sus discípulos, además de los doce, a su madre, a tu tía, a María Magdalena… Yo esperaba paciente el que se apareciera ante mí, pues en verdad lo esperaba antes de que ascendiera hasta el mundo de su Padre. Y así sucedió un día. Yo me encontraba sentado tranquilamente frente al río Jordán cuando sentí su presencia a mi lado, sentado.

-Ya pensaba que no vendrías a despedirte de mí. – sonreí sin desviar la mirada del rio.

-Y gracias te doy por aguardar hasta ahora.

-He podido notar tres poderosas presencias sagradas, pero no pertenecían a ti o a otros seres vivos. Eran presencias parecidas a las de mi lanza.

-Son Longinus.

-¿?

-Fueron creadas por mí gracias a la sangre que cayó sobre ellas.

Fruncí el ceño al intentar recordar cuales eran.

-La lanza del legionario, la cruz… y la copa.

-Así es.

-¿Para qué has creado tres armas tan poderosas? Oh, no me digas. Has visto el futuro y serán necesarias.

-...

Pero él no me respondió. Dudo que fuera porque no supiera las respuestas. Seguramente era porque yo no debía conocerla.

-¿Puedo preguntar el porqué del nombre?

-Por el soldado de la lanza. Se llama Longinus. La lanza fue la primera en crearse, y por ese motivo esta categoría se llama así.

-Cuando tu sangre y agua cayó sobre él, pude notar un cambio en él.

-Porque vio la verdad. Por eso cayó y lloró.

Nos quedamos en silencio unos segundos, hasta que hice la pregunta que más en ascuas me tenía.

-Dime, ¿Por qué dejaste que todo esto pasara? ¿Por qué te sacrificaste a pesar de saber que tanto daño ibas a pasar? Por mucho que lo intente, no consigo entenderlo.

Aun siendo estos nuestros últimos momentos juntos, ese instante no se sintió como si estuviera hablando con el hijo del Dios de los judíos, ni con el Mesías o mucho menos el profeta destinado a morir en la cruz.

No… Esto era diferente.

Después de todo este tiempo, y a pesar de que lo he conocido todo este tiempo.

Por primera vez…

-Hump.

Por primera vez en toda mi vida… Vi una sonrisa amistosa y feliz en él.

-Es complicado, incluso para ti entender. Pero la respuesta es simple…

Miro a los cielos como señal definitiva, y, respirando hondo mientras sentía como el tiempo pasaba muy despacio.

-Porque amo al ser humano. – Lo dijo con una gran sinceridad, la cual me golpeo muy duro en mi corazón – Amo al ser humano y sé que mi sacrificio no será en vano. Mi carne y mis huesos dejaran de existir, pero mi palabra no pasara… Aquellos hombres que busquen la verdad del día de mi muerte sufrirán y clamaran al Padre y él les ayudara; y aun en la agonía de la muerte… Ellos no serán desamparados, cuando cumplan su misión en vida como yo lo hice. Mi casa será su hogar, mis ángeles los servirán para toda le eternidad, pero para ello… Para salvar esas almas… Para entender que este mundo no es para ellos…

-Era necesario morir y sufrir como un hombre para entenderlos.

Ya lo comprendo… Ya lo comprendo todo.

-Todo este tiempo… Desde el momento que naciste tú como hombre…

-Solo quise saber lo que ellos sentían al vivir.

No puedo dejar estar asombrado de este hombre. El simplemente miraba al mundo por última vez como hombre. Durante todo este tiempo el usaba parábolas para enseñar a los demás la conducta que debería tener un cordero de su Semidiós, pero esta fue directo y claro.

-Un Dios que todo lo tiene, que todo lo puede y que todo sabe… Quiso vivir de la forma más humilde posible, solo para comprender y enseñar al hombre el buen camino.

Fue el primero y tal vez fue el único en hacer eso.

-Yo no quiero que me teman o que sirvan como si fueran cascaras vacías sin sentimientos. Quiero que el hombre sea fuerte y me sirva por su propia elección, aunque para ellos, posiblemente sea el camino más doloroso.

Pudo eliminar a todos los que le hicieron daño, pero no lo hizo.

Pudo demostrar su poder y hacer temblar al mundo, pero no lo hizo.

Pudo hacer que sus ángeles pelearan por él, pero no lo hizo.

Pudo tenerlo todo y gobernar sobre el mundo, pero no lo hizo.

El pudo haber hecho todo así como otros Semidioses quisieran hacer para gobernar, pero el simplemente no lo hizo. El solo quiso vivir como ellos para entenderlos, y luego enseñarles el camino para que aquellos humanos vayan y enseñen a los demás que puede vivir sin maldad alguna.

Y aun sabiendo que iba morir… El no quiso dejar de derramar su sangre por el bien de la humanidad hasta su muerte. Y aun así… El seguía feliz por todo lo que le había pasado.

-Gracias por todo, por enseñarme tanto y permitirme estar contigo incluso en tus últimos momentos. Espero no te moleste lo que hice con aquellos demonios, pues se bien que lo sabes.

Tengo que disculparme, aun sabiendo que tú ya me has perdonado.

-Nada he de reclamar por aquella acción. – Entonces sentí como su presencia iba desapareciendo – Esta es la última vez que nos veremos, mi amigo Issei Hyodo… o debería decir…

Mi sonrisa aumentó al escuchar sus últimas palabras. Je, después de todo, sí que sabía mi verdadero nombre.


Antes que nada, quiero dar las gracias a mi colega y amigo WeLoveGb por su ayuda en este capítulo. Una ayuda que me ha venido perfecta y me ha ayudado para dejarlo, en mi opinión, perfecto :D

Creo que ciertamente era fácil de adivinar que este nuevo arco iba a comenzar con Jesús. Obviamente me estoy basando en la Biblia para ciertos momentos, dado que Issei es un observador de Jesús, más por su estudio sobre el híbrido y por el asombro que este le provoca ante su actuar. Ya se que Jesús era hombre, pero lo de híbrido es porque a pesar de ser un hombre, un humano, su poder no es para nada humano. Solo por eso.

Respecto a lo de la Magia Demoniaca y el Poder Demoniaco, tengo que decir que es diferente una cosa de la otra. El Poder Demoniaco es el propio de los demonios así como el Poder Sagrado el de los ángeles, pero la Magia Demoniaca es lo que usan para canalizar y usar dicho poder.

Otra forma de explicarlo sería con este ejemplo; imaginad que el Poder Demoniaco es una central eléctrica y la Magia Demoniaca son los cables. Estos son necesarios para llevar la energía hasta las bombillas, por ejemplo. Pues lo mismo. Los demonios tienen su Poder Demoniaco, pero no pueden usarlo sino poseen la Magia Demoniaca.

Espero haberme explicado :)

El próximo capítulo será el inicio del ciclo Pendragón… sep, Arturo y compañía, aunque en este caso un poquito antes :D