Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, solo me gusta escribir cosas distintas con él.


Capítulo 21

"¡Harry!", gritó una voz femenina y el mencionado se giró al reconocer la voz de Astoria.

"¡Tory!"

Astoria se lanzó a los brazos de su novio, rompiendo a llorar. Hacía varios días que se había suicidado delante de su propio novio. Por fin volvía a verle, después de todo lo que había pasado durante su secuestro. Harry la llevó a su suite y la sentó en el sofá, pidiendo a uno de los elfos domésticos que trajeran té calmante y algo para picar.

Mientras la tenía en sus brazos escuchó cómo Astoria había podido escapar, qué había tenido que hacer para salir del agujero de piedra en el que se encontraba, de cómo había corrido por el sótano oscuro con solo un camisón conjurado, helada de frío y temblando de la adrenalina, muerta de miedo porque no sabía qué le había pasado al resto de su grupo de secuestrados. Cómo los encontró demasiado tarde, algunos ya se habían suicidado voluntariamente y otros no habían tenido la suerte de desaparecer antes de ser torturados. Le contó cómo robó varias varitas después de matar con repetidos golpes en la cabeza y una piedra de quilo y medio a los guardas. Cómo les había sacado de las celdas y cómo habían corrido hasta encontrar una salida en una de las puertas de la cocina del castillo, cómo ella se había esperado con unos pocos mientras vigilaba que los demás escapasen hacia el bosque y cómo había sido capturada de nuevo mientras intentaba darles tiempo a sus camaradas huidos peleando con los soldados.

"Estoy orgulloso de ti, Astoria. Hiciste lo que tenías que hacer, para eso nos preparan en Thanatos", le dijo su novio y Astoria, curiosamente, se sintió mucho más aliviada y reconfortada que cuando su madre intentaba consolarla. "¿Qué crees que habría pasado si Daphne en lugar de ti hubiera sido secuestrada?"

Astoria palideció. Sabía que su hermana no habría durado ni 5 minutos antes de ponerse a llorar, histérica. "En cierto modo estoy contenta de que me hubieran cogido a mí, ahora que lo mencionas…"

Harry sacudió la cabeza con resignación y asco. "Ves, por eso estoy feliz de que mis padres no me apuntaran a Hogwarts. No quiero ni pensar cómo habría sido la guerra, cómo habríamos sobrevivido de lo contrario".

Astoria, que veía que su novio volvía a pensar en cosas amargas, a juzgar por los labios rizados del asco, le besó. Después de 3 años su beso fue el más tranquilo y relajado desde hacía mucho tiempo. Ellos habían luchado para que su relación no se volviera distante o se rompiera, a pesar del tiempo que habían pasado lejos y en distintos países Astoria no podía dejar de querer a Harrison. Es más, ahora que habían superado semejante prueba sabía que le apoyaría en cualquier decisión hasta el final.

"Harry", habló cuando se separaron y mantuvieron sus frentes unidas. "Quiero iniciarme, contigo y con nadie más".

Miró el rostro sorprendido de su novio. Habían esperado 3 años sin tener relaciones solo para que ella pudiera gozar en su totalidad la magia sexual pero ahora Astoria parecía haber cambiado de opinión. Aun así Harry comprendía que las situaciones por las que habían pasado les habían cambiado; Astoria, aunque volvía a tener 15 años, tenía mentalmente 18. ¿Quería ella acostarse, fuera cual fuera la razón, con alguien a quien no amaba? Por eso la magia sexual se iniciaba en adolescentes, porque no tenían parejas o una relación estable. Llenos de hormonas a los niños de 14 o 15 años no les importaba tener sexo con más de una persona a la vez.

"No quiero estar con nadie más, ya eso no importa", susurró ella y cerró los ojos sin poder evitar recordar su secuestro. Harry asintió mentalmente al ver que tenía razón.

"Si eso es lo que quieres, Astoria, ya sabes que yo no tengo impedimento", Harry sonrió y luego se movió hasta su armario empotrado, abriendo ambas puertas y cogiendo algo que Astoria no pudo ver. "Estaba esperando el momento oportuno, pensando si no me estaría precipitando".

Astoria tenía los ojos como platos cuando vio la pequeña caja negra aterciopelada y a su novio sentarse de nuevo a su lado, con una sonrisa encantadora que siempre reservaba para ella. Supo qué era al instante y su corazón empezó a latir rápidamente. A pesar de los años que habían estado juntos no habría imaginado nunca que Harry…

"Astoria… Te amo y nuestra relación ha sobrevivido una guerra en primera línea y otra que empezó muchos años antes de que naciéramos. No tengo duda alguna de que, si queremos, podemos estar juntos para siempre no importa lo que suceda a nuestro alrededor". Harry abrió la caja y se quedó sin respiración, viendo el anillo. "Astoria Greengrass, ¿me harías el honor de convertirte en mi mujer, mi esposa?"

"Sí", susurró Astoria con la voz entrecortada sin poderse creer que estuviera apunto de asegurar su final feliz con el hombre que amaba. Observó con los ojos húmedos como su ahora prometido le ponía su anillo de compromiso.

Era precioso, sin duda lo había comprado personalizado por los duendes, de ninguna otra manera el diseño sería igual de perfecto que los antiguos anillos de compromiso. Era de oro y la banda estaba entrelazada, recubierta de pequeños diamentes en su totalidad. La joya más grande era una esmeralda ovalada rodeada por oro con pequeñas puntas, formando un sol brillante con diamantes. Debía haber costado una fortuna. Observó su dedo anular izquierdo sin poder creerlo.

Miró a Harry, que sonreía ampliamente, y chilló de la alegría tirándose en sus brazos. Acabaron en el suelo, riendo y besándose como nunca antes.

James Potter gruñó bajo su aliento. Pensaba que ahora que habían regresado todos las cosas volverían a su antiguo caudal pero resultó que el Ministerio, en su ausencia, se había vuelto de lo más lento en sus procedimientos. Ni aun sabiendo que Voldemort estaba encerrado en la Mansión Malfoy con todos sus mortífagos les había hecho moverse de la oficina. Amos Diggory, el nuevo Cabeza del Wizenmagot, para sorpresa de todos, después de la muerte de Dumbledore, estaba más pendiente teniendo reuniones con los otros Ministerios Europeos que aniquilando a Voldemort.

Lord Potter sabía que algo estaba pasando pero cuando alguien, uno de los enterados, le dijo que Voldemort había liquidado a cerca de 50.000 muggles en menos de 2 meses se quedó de piedra. No podía creerlo.

"Ese imbécil", musitó para a sí mismo cuando comprendió, pálido, que los muggles debían estar investigando el asunto de las muertes por 'ataques al corazón repentinos'.

"Con razón está Amos intentando lidiar con los otros Ministerios", le envió una mirada oscura su primo, Lord Black. "Los muggles no se quedarán de brazos cruzados y con su avanzada tecnología…"

No acabó la frase pero no era necesario. James sabía, igual que aquellos que se habían molestado en investigar el mundo muggle, que era cuestión de tiempo que algunos no encontraran rastros de la magia si no se contenían. Lo que había hecho Voldemort era lo peor que podría haber hecho: llamar la atención de los muggles. La muerte de tantas personas era difícil de explicar y sobre todo porque habían muerto de la misma forma.

Esa misma noche recibió una carta de Amos Diggory y él, y todos sus aliados, se vieron en la Mansión Diggory en Escocia. Todos empezaron a susurrar, conversando en voz baja y de forma nerviosa. Sabían cuán fácil era iniciar una guerra.

"Gracias por venir", dijo Amos cuando todos se sentaron y repartió su elfo doméstico las bebidas y tentempiés. "Os he traído aquí para informaros, al completo, de nuestra situación. Debo decir que… es muy mala, la peor de toda nuestra historia".

Se hizo un silencio sepulcral. Eso era decir terrible. Nadie se atrevió a hablar.

"Los muggles como sabéis o imagináis han empezado a investigar el asunto con mucho detalle. Tenemos información de que algunos ya han descubierto el uso de magia y otros, como el Primer Ministro muggle británico, ya ha comunicado a más gente de su información sobre nuestro mundo".

Amos cogió la taza fuertemente entre sus manos, estaba pálido, mucho más pálido que cuando le vio combatir contra soldados rusos en una escabechina que se tornó a su favor.

"¿Qué podemos hacer?", preguntó finalmente Augusta, con el rostro demacrado. Ver tanta muerte la había tocado.

"No lo sé. No podemos, ni tenemos la capacidad, para borrar las memorias de todos los enterados. Además, ahora que saben de nuestros poderes están intentando encontrar la forma de guardarse contra nuestros hechizos", comentó Amos y miró a Augusta, y luego a los demás, con el rostro preocupado. "Y me temo que eso no es lo peor…"

"Se están rebelando, ¿no es así?", preguntó calladamente Sirius, que comprendió lo que no sabía cómo decir Amos. Éste asintió.

Todos los demás estallaron a la vez, hablando y formando un caos incomprensible. James se quedó en silencio y cerró los ojos. Una vez saltara la chispa sería imparable el incendio. Voldemort había puesto la madera y sabía que no iba a parar hasta que cayera muerto, después de hacer el mayor daño posible.

Amos tragó fuerte cuando vio una cabeza aparecer por la entrada, era Macay. El nieto de su hermana mayor que había sido desheredada años antes. Todavía no podía creer que tuviera un familiar, un mago también, que hubiera nacido de la rama de su hermana squib. Lo peor de todo había sido encontrarse con su padre, violándolo en plena bosque y muerto debido a la magia accidental. Amos no sabía qué hacer, con cada caso de abuso que encontraba se ponía más y más iracundo pero nunca pensó que uno de esos casos estaría relacionado con él, y su familia. ¡Oh, cómo deseaba matar a ese vil hombre! De no estar muerto ya Amos le habría decapitado. Entendía, aunque le horrorizaba pensarlo y admitirlo en su mente, porqué Tom Riddle se estaba comportando de esa manera, matando a tantos muggles como podía.

Algunos muggles eran de lo más despreciables y repugnantes. Incluso su esposa, Julinda, había dado un cambio radical. Ella ahora se pasaba maldiciendo al menos un cuarto de hora cada vez que Macay se iba de la sala que ocupaban, luego lloraba al acordarse las fotografías que él le había mostrado cuando su esposa le amenazó con usar la magia para enterarse del daño que le habían hecho a su pobre sobrino. Esa noche, delante de todos sus aliados, perdió de nuevo los papeles.

"¡Muggles como estos deben morir! Tenía razón Voldemort al pensar que no podemos dejar que abusen de nosotros. ¡Mírale!", apuntó en la dirección del dormitorio del benjamín de la casa. "Llorando y duchándose 3 veces al día, incapaz de soportar los pasados abusos de su propio padre. Esa... basura, ese malnacido que le violó solamente por ser mágico y mató a su madre a pesar de ser ella una muggle. ¡Ignorantes todos ellos! ¿Si gente como él es capaz de torturar a su hijo y matar a su esposa aun sabiendo que ella no es una bruja, qué harían con nosotros?"

Y siguió gritando. Amos dio gracias por haber silenciado con anterioridad el salón y se quedó en silencio. No podía reprimir a su esposa por su vocabulario y comportamiento cuando él también quería maldecir y gritar en voz alta. La dejó desahogarse delante de todos hasta que finalmente rompió a llorar, como desde hacía semanas. Los demás miraron la escena con algo de tristeza. Rápidamente Amos les explicó cómo habían encontrado a Macay, su situación y cómo las autoridades muggles no habían hecho nada a pesar de ser todo muy sospechoso. Al parecer ese muggle tenía importantes contactos en varias ciudades, uno de ellos el alcalde del pueblo al que se mudó con Macay y su esposa, y donde acabó muriendo.

De repente se encendió la chimenea y habló Kingsley Shacklebolt, con voz nerviosa. "Ministra Bones, Lord Diggory, ha llamado el Ministerio francés. Al parecer una organización clandestina de muggles británicos en París han matado a 30 personas de un culto muggle wiccano, creyendo que eran brujas de verdad".

Amelia y Amos se dirigieron miradas y los demás callaron. Hacía menos de medio minuto que Julinda Diggory había estado despotricando de los muggles, algunos habían pensado que su comportamiento era parecido al sector oscuro pero ahora… Ahora muggles habían matado a más muggles solamente porque creían que tenían magia. James se preguntaba cómo iba a acabar toda la historia. Sintió algo revolverse en su estómago y supo que las cosas acababan de empezar y que irían de mal en peor. No tenían suficiente personal como para separarse y derrotar a Voldemort y sus compinches y evitar que la nueva situación muggle fuera a más.

Tantas personas muggle muertas implicaría responsabilidades y con los culpables en Artace o la nueva renovada Azkaban… Sabía que a algunos no les importaría encarcelarlos a ellos y James no pensaba pagar por los pecados de otros y sabía que no sería el único. Suponía que por eso Amos les había llamado, necesitaba consejo de inmediato pero él no sabía tampoco qué hacer.

"Amos, ¿te importa si hago que Lily, Severus, Harrison y Remus vengan?", preguntó él y vio como Amos asentía distraído.

Media hora después Harry y los demás habían sido puestos al día. James sabía que al día siguiente todo el Ministerio estaría al tanto de un posible inminente conflicto con los muggles.

….

"Me temo que ha habido un nuevo número de muertes en Escocia", le informó una de las personas a su cargo.

Ni siquiera sabía quién era, demasiado ocupado estaba leyendo todos los informes que sus múltiples equipos de científicos y policías, así como militares, le habían enviado. El antiguo Primer Ministro, que había muerto de una embolia cerebral, había tenido la oficina hecha un caos con tantos papeles. Para él habrían tenido un orden pero para su sucesor, es decir, para su persona, no existía tal cosa. Era un desastre de proporciones épicas. Los muertos robaban ya los 65.000 en número y no sabían qué estaba pasando. Algunos decían que era una enfermedad, un virus mutado en una de las Islas Británicas, otros decían que era envenenamiento del agua, contaminación global… Ya no sabía qué creer.

Otros decían que era magia. No sabía cómo habían llegado a esa conclusión pero el pueblo parecía haberlo creído; de repente una organización de más de 500 personas en toda Europa parecía haber cobrado vida, matando a más personas por su cuenta. Algunos habían sido detenidos y otros habían escapado de la justicia. Era la selva. No sabía si era cosa de magia o no pero los familiares de los asesinados pedían sangre y él se encontraba presionado por todos lados. En menos de 3 días había tenido 17 reuniones. Ahora no solo había muertos de ataque al corazón sino asesinados; prendidos fuego, a balazos, estampidas en supermercados, apuñalados… Incluso hubo un vecindario entero en una zona gótica de Londres que fueron colgados dentro de su propio piso.

La gente estaba perdiendo la cabeza y no sabía que hacer. No sabía la causa de tantas muertes, no sabía cómo parar el caos, no sabía cómo hacer que esos grupos nuevos terroristas dejaran de existir… Simplemente estaba desbordado y sabía que no era cosa de un solo hombre poner orden. Sin embargo incluso los que querían rectificar la situación le ponían trabas y hacían que las cosas y su maldita burocracia fuera lo más lenta posible. A veces juraba que lo hacían aposta.

Si el Primer Ministro hubiera sido omnipotente se habría dado cuenta, desde el principio, que que lo estaban haciendo aposta. El Ministerio mágico, del cual su predecesor no le había dado tiempo a contarle después de una embolia muy misteriosa, había decidido por fin tomar cartas en el asunto. Habían tenido que deshacerse de los altos cargos que sabían de la magia, de formas lo más sencillas y habituales posibles, y habían puesto bajo su control a los otros presidentes y altos funcionarios de Europa. El Reino Unido lo iba a tener muy difícil para pedir ayuda sobre su situación pero eso les daba tiempo al Ministerio británico mágico para intentar solventar el caos que había provocado Voldemort.

"El Departamento de Misterios quiere prepararse para cualquier cosa", les informó Lily Potter, una de las siguientes noches que quedaban para reunirse en la residencia Diggory.

"¿A qué te refieres con 'cualquier cosa'?", preguntó John Davies viendo su rostro serio y severo.

"La mejor de las posibilidades sería convivir con los muggles como hasta ahora", se encogió de hombros Lady Potter y luego miró a los ojos de los demás antes de mirar a Amelia, la Ministra, "la peor posibilidad sería vivir sin los muggles".

Nadie habló durante minutos hasta que finalmente Sirius abrió la boca. "¿Sin ellos? Es decir… ¿matarlos a todos?"

"¡Menuda absuridad!", gruñó Moody, quien extrañamente estaba reunido con ellos. "¡Nos superan en número 1 a 100!"

"O más", contestó Lily, cortante, demostrando que el Departamento había pensado mucho sobre ello. "En el mundo entero hay casi 7.000 millones de personas; de todas esas personas solo 230 millones son magos y brujas y otros 150 millones criaturas mágicas. Matemáticamente eso solo supone un 5.5% de la población total".

"Imaginad si ahora todos esos muggles se volvieran contra nosotros", bufó Julinda y todos se giraron a mirarla. "Más de 6.600 millones de personas, buscando matarnos a todos. No, no, por supuesto que no".

"¡Eso no quiere decir que todos los muggles sean iguales!", defendió Amelia, aunque débilmente puesto que estaba viendo cada día todos los horrores y matanzas de éstos, peores que las suyas.

"¿Y cómo pensáis matar a todos? Incluso suponiendo que parte de esa cantidad de muggles no quieran acabar con nosotros, ¿cómo separar a unos de otros?", preguntó Moody, a quien los muggles no parecían importarle particularmente.

"La magia ofrece muchas posibilidades pero se está estudiando una enfermedad, una de verdad sin hechizos ni maldiciones", respondió Lily y luego cogió su taza de té para ordenar sus pensamientos. "Existen guardas que pueden repelir a personas basadas en la intención de éstas, estamos intentando reproducir ese factor en un virus que solo afecte a las personas sin magia".

"¿Y qué pensáis hacer con ello?", preguntó Alexander Greengrass, que muchas veces había sido neutral pero que ahora tenía un odio especial contra los muggles. Habían quemado una de sus plantaciones en España después de matar a la pareja squib encargada de ésta.

"Si todo va de mal en peor… Lo usaremos".

"Tenemos que cortarles la comunicación", dijo de repente Harry, que había sido una ayuda importante en las reuniones, "ahora se comunican instantáneamente, mucho más rápido que nosotros a pesar de que ellos no pueden aparecerse tan velozmente como los magos y brujas. Si le cortamos la comunicación tendrán que hacerlo todo a mano".

"¿Y si les cortamos la electricidad?", preguntó Remus, que al haber presidido Mugglemon estaba muy enterado del mundo muggle.

"¿Cómo le vamos a cortar la electricidad a todos a la vez?", preguntó Sirius con el ceño fruncido; otros no sabían ni que era la electricidad.

"Fácil, si organizamos a todos los Ministerios del continente podremos destruir las centrales eléctricas y demás en un momento. Les costaría años volver a construirlas", habló por primera vez Severus.

Amos miró a todos, igual de confundidos que él, y preguntó. "¿Qué es la electricidad?"

Los Potter-Black evitaron rodar los ojos con frustración y exasperación pero los siguientes días informaron con todo lujo de detalles cómo funcionaba el mundo muggle y por qué les llevaban tanta ventaja en algunos sectores. Mientras tanto, Voldemort seguía con su ola de destrucción y recibiendo más seguidores, sorprendentemente, de todo el mundo. Al parecer había una organización muy secreta anti-muggle que se dedicaba a causar fenómenos atmosféricos anuales con tal de equilibrar la población mágica con la muggle (aunque sin mucho éxito). Varios tsunamis y huracanes habían sido provocados por los IM, que traducido al inglés era algo como 'Furia Mágica' con siglas en latín.

La ristra de muertos ya alcanzaba los 100.000 muertos y otro tsunami de enormes proporciones había sido provocado en la costa este de Estados Unidos que Voldemort suponía serían otros 50.000 muertos al menos. Todos los aparatos de alerta habían sido desvalijados mágicamente y las alarmas desvanecidas. Voldemort estaba eufórico, en la Mansión Malfoy, acompañado por todos sus camaradas que parecían de mejor humor ahora que podían cazar muggles en lugar de magos y brujas. Estaban tan festivos que no se dieron cuenta que las guardas habían dejado pasar a un grupo de personas ajenas a la causa; lideradas por Draco Malfoy-Black.

"¿Puedes cambiar las guardas para separar a Nagini de Voldemort?", preguntó en un susurro James y Draco asintió cerrando los ojos.

En menos de 5 minutos las puertas se abrían por arte de magia para el grupo y se cerraban detrás de Nagini, que había salido de caza, sin que se diera cuenta.

"Está al girar la esquina", susurró Draco aunque sabía que estaban solos y que solo él podría dejar salir a los mortífagos del comedor.

Harry cogió la espada de Gryffindor, que había aparecido en su habitación poco después de la muerte de Dumbledore, y que había sido mojada con veneno de basilisco con la ayuda de Severus, y la alzó.

"¿Qué essstá passsando?", siseó una voz y supo que Nagini estaba muy cerca. Dio un paso y la pilló desprevenida, Nagini se alzó. "Malditasss sssabandi-!-"

Se escuchó en el pasillo oscuro el aire chocar contra la afilada hoja mágica de metal plateado, tintineando. La cabeza de Nagini cayó con un sordo 'tud' al suelo y una nube negra, espectral, salió gritando. Escucharon un chillido iracundo a lo lejos y supieron que era Voldemort. Draco abrió paso, siempre con la varita en mano, y Harry vio como las puertas se abrían y se cerraban tras ellos, impidiendo la salida. Supo también que Draco había prevenido la huida de los mortifagos cuando sintió las guardas fuertemente en su sitio.

"¡TÚ!", gritó Voldemort cuando vio aparecer a Harry Potter, Draco Malfoy, James Potter, Sirius Black y Regulus Black. "¡QUÉ HAS HECHO CON MIS MORTÍFAGOSSS! ¡QUÉ HASSS HECHO CON NAGINI!"

Harry observó impasivo como Voldemort perdía la cabeza. Sacó su varita pero antes de que pudiera hacer nada le dejó indefenso con un rápido Expeliarmus. Los mortífagos habían sido arrastrados mágicamente a las celdas de la propiedad, a voluntad de Lord Malfoy; incluido Lucius.

"La serpiente está muerta", le informó cortante Harrison y observó, por primera vez de antemano, la monstruosidad en la que se había convertido Riddle.

"¡TÚ-TÚ-GRRRRRRRRRRRRRR!", y explotó en ira, cogiéndose la cabeza.

"Hoy vas a morir", le dijo Harry y Voldemort recobró los papeles y soltó una risita que les dejó a todos con la ceja alzada.

"¡Imposible! Yo Lord Voldemort he ido más allá de la mortalidad, ¡no podéis matarme!", gritó triunfal y no vio que Harry había enviado la espada a la otra punta del comedor, desvaneciéndola. "¡No sois más que un incordio! ¿Por qué no puedes morir, Harry Potter?"

"¿Te refieres a cómo te liquidaron mis padres hace años? ¿O a los otros horcrux?", preguntó con impasividad él y vio el rostro de Voldemort ponerse pálido. "La diadema, el guardapelo, la copa, el diario, Nagini…"

La espalda detrás de Voldemort se elevó silenciosamente, sin que éste se diera cuenta. Había empezado a reír cuando él calló.

"Eres inteligente, chico, pero no lo suficiente como para matarme", sonrió macabramente el Señor Oscuro.

"¿Te refieres a esto?", preguntó él, sacando su guante de cuero negro y dejándole ver el anillo Peverell que los Gaunt habían robado hacía años y que había sido un horcrux también. El rostro de Voldemort era como aquel que ve su muerte aparecer de repente. "Me temo que no".

Y con un gesto de su dedo índice, la espada se clavó en su cuello, decapitándole. Había sido la arrogancia, la creída superioridad, lo que había matado realmente a Voldemort. Si no hubiera robado las pertenencias de otros nadie hubiera sospechado que reliquias importantes como el guardapelo de Slytherin, la copa de Hufflepuff, la diadema de Ravenclaw y el anillo Peverell hubieran sido parte de su preciada colección de anclas. De haber guardado el diario en un sitio remoto, sin decirlo a nadie, todavía seguiría con vida. Vieron el cuerpo del antiguo mago oscuro convertirse en cenizas, desapareciendo poco a poco y Harry sintió algo en sí desvanecer también. La profecía ya no existía.

"Bien hecho, hijo", le sonrió James y todos asintieron dándole palmadas en la espalda.

"¡Así se hace Harry!", rio Sirius con una amplia sonrisa.

Bajaron las escaleras al sótano y vieron las varitas puestas sobre una bandeja junto con otros objetos sospechosos. Al parecer Dobby había sido precavido.

"No tenemos nada más que hacer aquí", dijo Sirius y luego meneó su varita y observaron todos como el grupo de mortífagos, inconscientes, se desvanecían con un simple Portus. "Deberíamos ir a hablar con Amelia y con Amos".

Los demás asintieron y, cuando Draco abrió las guardas para desaparecerse, dejaron la Mansión Malfoy atrás. Tendrían que enseñarle las memorias de la derrota de Voldemort, a falta de un cuerpo. Harry suspiró cuando vio la entrada del Ministerio, a pesar de ser mucho menos corrupto seguía siendo siniestro y oscuro. Caminaron con Sirius en Cabeza y esperaron delante del escritorio de la secretaria de la Ministra.

"Pueden pasar", les indicó.

Harry ya había visto la oficina de Amelia así que se contentó con mirar a la propia Ministra; tenía el cabello rubio rojizo y los ojos azules, la tez pálida y ojeras marcadas. Parecía exhausta. Suponía que lo estaba, la situación con los muggles iba de mal en peor y por si fuera poco se habían creado nuevos grupos muggle y mágicos de fanáticos, cada uno deseando que el contrario fuera totalmente aniquilado. Lo único que podía hacer Amelia era distraer la atención de los muggles con desastres como un reactor nuclear con fugas, borrados de memorias a altos cargos, edificios tambaleantes… pero todo era inútil cuando había demasiados muggles dispuestos a investigarlo todo.

Amelia no había tenido más remedio que hacer que el Departamento de Misterios tuviera más recursos para seguir adelante con su investigación. Por lo menos así tendrían un as bajo la manga. Amos, que estaba cada vez más iracundo con el mundo no mágico, muchas veces se había abstenido en sus discusiones de cómo hacer que los magos y brujas pudieran convivir con los muggles de forma pacífica. A Harry le parecía obvio que Amos Diggory quería cualquier cosa menos dejarlos vivir en paz aunque después de la historia de Macay se encontraba algo resentido él también… Realmente a él los muggles nunca le habían agradado del todo; su educación en Thanatos le había puesto al corriento de todos los trapicheos muggles, de sus monstruosidades, de los conflictos que habían provocado; él sabía cosas que incluso los propios pueblos muggles desconocían. Guardar un secreto a alguien que puede leerte la mente sin que lo sepas es ridículo, e imposible; y en Thanatos querían saberlo todo.

Lo cierto es que se estaba contagiando el humor entre los magos y brujas; muchos para empezar no querían tener nada que ver con los muggles y otros más neutrales estaban empezando a tomar partido y no precisamente a favor de los mundanos. Salió de su ensoñación cuando entró Amos Diggory.

"¿Es cierto que Voldemort está muerto?", preguntó con poco entusiasmo. Voldemort, aunque no era querido, había ganado las simpatías de muchos por su actuación contra los muggles.

"Sí, es cierto".

Amos solamente asintió, ni siquiera lo celebró ni sonrió. Harry se dio cuenta de que la falta de alegría era un símptoma, es decir, ¿qué puede ser más claro que quedarse indiferente frente a la muerte de un asesino en serio? De magos y brujas y muggles también.

"Y volviendo al tema de los muggles, ¿qué vamos a hacer con ellos?", preguntó Regulus y los demás se miraron.

"Podríamos tener un equipo preparado para actuar; cortarles la comunicación y eso…", dijo pensativo Amos pero Amelia y Sirius se miraron.

"No tenemos tanto personas para cubrir el Reino Unido", afirmó la Ministra poco después en el tenso silencio.

Harry entonces tuvo una idea de genio, "¿Y si usais a los mortífagos?"

Los demás se giraron a mirarle, algunos más incrédulos que otros. Él se encogió de hombros.

"¿A quién mejor para luchar contra los muggles que mortífagos sedientos de libertad?"

La sonrisa de Amos Diggory lo decía todo. Miles de kilómetros en la distancia Bellatrix Lestrange estaba cogiendo fuertemente los barrotes de su pequeña prisión impecable, mucho mejor que Azkaban pero demasiado segura como para albergar una ínfima esperanza de ser liberada. Y sobre todo ahora... Miró su tatuaje, que había perdido color y seguía desapareciendo progresivamente y supo que su amo y señor estaba muerto del todo. Ya no había vuelta atrás, estaba encerrada de por vida. O eso creía...


Cosas que quería comentar:

1) Voldemort está muerto del todo. Ya no habrá más Tom Riddle.

2) Esta historia tendrá un final alternativo (ya tengo el final pensado y quizá es algo drástico para algunos).

3) En cuanto acabe la historia, que sé exactamente cuánto más me va a durar, la dejaré por completada y la editaré totalmente.

4) Para los que leéis también Chimaera, una vez acabe con ELP me pondré con ella a fondo. Espero tener algo más de tiempo libre para adelantar capítulos antes de acabar ELP, aunque no los cuelgue. NO LA HE ABANDONADO. (Hay gente que me lo pregunta).

5) Como no, podéis encontrar imágenes en photobucket, buscad en mi perfil.

R&R.