DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La saga crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la historia es de mi autoría. Está prohibida su adaptación parcial o total y su traducción a cualquier idioma.
Capítulo beteado por Manue Peralta de Betas FFAD.
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Playlist: Claro de luna - Claude Debussy; Plus que ma propre vie - Carter Burwell
Dedicado a: Atenaschan, por estar presente en cada capítulo; María Fernanda Toro, por su participación en el grupo, Jorgelina Moreno, por integrarse a esta historia, Alex Riveros por animarme a escribir cada locura que pasa por mi cabeza y en especial a Mimi y Manue que han estado conmigo, corrigiendo todos mis errores ortográficos y gramaticales.
Nos vemos al final.
Capítulo 17: Disminución de condena
Es como si hubiese recibido un balde de agua fría, internamente rogaba porque estuviese bien, pero el que no me haya contestado el teléfono fue un signo de advertencia de que no era así.
—Rodrick, intenta comunicarte con algún miembro de tu equipo —le ordené con mi voz temblorosa—. Necesito saber si Edward está o no está dentro del aeródromo.
"—Vamos a darle el paso a Melanie Harris, quien se encuentra en el lugar de los hechos.
—Estimados televidentes, las declaraciones de los ciudadanos de Port Angeles son claras; después del ataque del 11-S todo había estado relativamente normal en todos los grandes aeropuertos del país, sin embargo, se descuidó a los pequeños aeródromos.
Se dice que esto estaría siendo llevado por una red rusa de AlQaeda y que dicha situación sería absolutamente peligrosa."
En el momento en que la periodista expresó que ciudadanos rusos estaban involucrados, fue cuando entendí todo.
—Sean, miembros de incógnito de la MFA fueron los que tomaron el aeródromo —afirmé completamente segura de mis palabras—. Si alguno de los hombres de ustedes está a salvo, que le haga llegar esta información a las autoridades.
"—¿Hay un número aproximado de las personas retenidas en el interior?"
La periodista del estudio de televisión le consultó a la que estaba en terreno.
"—Hasta este minuto no hay un número exacto, se habla que son un mínimo de cien personas entre empleados, viajeros y familiares. Además, se presume que importantes empresarios están dentro, ya que hay un operativo de seguridad externo que está apoyando a la táctica SWAT.
—Estaremos pronto de vuelta contigo, Melanie, el presidente Obama emitirá una declaración en estos momentos."
Los periodistas eran astutos, sabía que llegarían rápido a esa conclusión; agradecí que Sean, Nathaniel y Rodrick estuviesen acá en casa, porque de lo contrario, el nombre de Edward ya se hubiese filtrado.
Una llamada telefónica interrumpió mis divagaciones.
—¿Hola? ¿Quién habla?
—Hola, Isabella, soy Chelsea. —Por un segundo pensé en colgar el teléfono, pero entendí que lo más probable era que preguntara por su padre—. ¿Se encuentra mi padre? Es que tiene su teléfono móvil apagado.
—No, Edward y tu padre son parte de los secuestrados del aeródromo en Port Angeles —respondí.
—Quédate tranquila, veré qué puedo hacer para sacarlos de ahí. —Antes de poder agradecerle, colgó.
Todo se veía oscuro, queríamos desenredar todo lo sucedido con Matt para que Nessie creciera segura, y hasta el minuto sólo habíamos conseguido que aumentaran los ataques. La desolación me embargó.
Como un minuto luego de que se comenzó a saber la noticia, mi celular y el teléfono de casa volvieron a sonar. Esme, Carlisle, mi madre y Emmett venían en camino.
Volví hacia el televisor, esperaba que hubiese un cambio en todo lo que este panorama de terror ofrecía, puesto que si no nos atacaban con armas, era algo como esto. Tenía claro que la MFA era vengativa, pero al punto de sacrificar a tantos inocentes por vengarse lo hallaba insólito. Además, Alistair estaba vivo.
Apenas entró mi familia por la puerta los abracé, buscando el apoyo que realmente estaba necesitando para mantener mi mente clara y mandarle fuerzas a Edward para que soportara todo y pudiese volver.
"—Hay posibilidades de que liberen a unos rehenes, un familiar de una de las personas que está dentro del aeródromo habló con SWAT y ofreció una cuantiosa suma de dinero para que les ofrecieran a los secuestradores a cambio de la libertad de algunas personas."
Quizá eso fue obra de Chelsea, pensé y esperaba a que aquellos hombres accedieran a tener aquel dinero.
Pensé por un momento en mi papá, él también había ido a prestar apoyo al aeródromo y esperaba que nada le ocurriera.
Cuando ya habían pasado cerca de cuatro horas, liberaron a dos personas, dos abuelitos que, según la prensa, tenían 84 años. Mi corazón se debatía entre la tranquilidad de que aquellos adultos mayores estuviesen libre y la angustia de no saber cómo estaba Edward.
Estaban dando un reporte sobre los porcentajes de terrorismo desde el 2001 en el estudio de televisión a la espera de nuevas noticias, cuando lo que yo no esperaba sucedió.
"—Se nos acaba de reportar el nombre de dos importantes empresarios que estarían siendo rehenes en el aeródromo de Port Angeles: Edward Cullen y Aro Vulturi."
—Guarden sus vehículos dentro, la prensa llegará en un suspiro —decretó Esme preocupada. Carlisle y Emmett tomaron las llaves de los autos y rápidamente los dejaron en el garaje.
No alcanzaron a pasar diez minutos desde que la televisión había dado el nombre de Edward cuando comenzaron a llegar los periodistas. Empecé a ponerme nerviosa, los periodistas pedían una declaración y yo no estaba en condiciones de salir.
—No te preocupes, intentaré calmar a la prensa. —Las palabras de mi suegro me reconfortaron un poco, aunque sabía que los periodistas eran demasiado tercos y no saldrían fácilmente.
—Voy a ir arriba —anuncié, a lo que todos asintieron.
Pasé por la habitación en donde estaban las cosas de Renesmee y saqué una de las frazadas que mi mamá le había tejido, luego transité por el cuarto que compartía con Edward y saqué la foto de nuestra boda ubicada en mi velador y después de eso salí hacia la habitación de Matt.
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Era uno de esos días en que toda la tristeza salía a flote, pero para que nadie la viera llorar. Estaba encerrada en el cuarto que se hubiese criado mi pequeño angelito Matt.
Tenía en mis manos una ecografía y una frazada que ayudaba a mantenerme con calor en este lúgubre y frío diciembre. Como era costumbre, me senté en la mecedora, mirando al infinito por la ventana.
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Parecía que todas esas emociones volvían a dominar mi cabeza, sabía que estaba en espera de Renesmee, pero ignoraba qué haría si Edward no retornaba a casa.
Pese a que la ventana daba al sector posterior de la casa, aún podía sentir el ruido que generaban los periodistas. Con tal de aminorarlo, fui a encender el equipo de música; Claro de luna fue la melodía que escogí.
Estaba con mis ojos cerrados, ya comenzaba a oscurecer, era el efecto del invierno y de las nubes, siempre presentes, de Forks.
—¡Bella, ven! —gritó mi madre desde el piso inferior.
Al ver que en el televisor mostraban a Edward, Aro y cinco pasajeros más fuera del calvario, mis piernas se debilitaron; Emmett alcanzó a tomarme y me llevó al sillón.
Mi teléfono móvil comenzó a sonar y Sean lo acercó y respondí.
—Cariño, ya terminó la pesadilla. —La voz de Edward hizo que me emocionara. Era un verdadero alivio el volver a oír su voz—. Voy a tu encuentro, pequeña, la mafia pagará cada abuso cometido.
—Llega pronto. —Fueron las pocas palabras que pude decirle antes de dejarme caer en la oscuridad.
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Delicados toques en mi mejilla y mi cuello fueron los que me hicieron volver, parecía que verdaderas plumas me hubieran acariciado y Edward era quien las proporcionaba.
Sin meditar mucho, estiré mis brazos e hice que él permaneciera unos segundos ahí.
—Te amo, te amo, te amo —repetí unas cuantas veces.
—Yo también te amo, plus que ma propre vie —respondió—. Aunque ahora es tiempo de que nos arreglemos, hay que volver a los tribunales.
Cuando ingresamos, miré con ira a cada una de las personas que andaban vestidos como gangsters. Estaba segura de que todos ellos apoyaban las absurdas ideas de Lyov Petrov.
—Todos de pie. —Fue la orden del actuario—. El Juez Leach entrará en un minuto.
Cuando el juez entró a la sala, hubo algo que me advirtió que hoy sería un día clave, las declaraciones de Lyov eran las que ocuparían la mañana, junto con las declaraciones de los criminalistas que faltaban.
Se suponía que en la tarde vendría la declaración de testigos relevantes que no habían declarado en las oficinas de la comisaría, como el padrino de Edward. Cheiro Cortesi, el abogado de Aro, había solicitado que su representado declarara como testigo encubierto por miedo a las represalias.
—Pase al estrado Lyov Grigorich Petrov. —El rubio se levantó con calma y se dirigió a paso lento hacia donde yo había estado hace unos días.
Los abogados de Petrov hicieron ver que el dinero que ellos le "pedían" a los empresarios se usaba en orfanatos y albergues donde había población rusa con mala situación económica en el país.
—¿Fueron con un papel formal y con estos videos a pedir ayuda a la empresa del señor Cullen? —inquirió el señor Leach, y la respuesta fue negativa.
—Están intentado hacer creer que este dinero se ocupa en beneficencia, pero no hay papeles formales de solicitud —me dijo Igor en voz baja.
—Lo sé, los aportes a beneficencia los estoy viendo yo desde que renuncié a la editorial. —respondí y el señor Cudmore asintió.
Al ver que el tema de la beneficencia no estaba dando resultados, comenzaron a desviar hacia otros temas, y en su declaración, él expresó ignorancia respecto de que su abuelo estuviese con vida. Y pidió un perdón hipócrita hacia toda la familia.
El señor Cudmore y el abogado Merriman procedieron con la interrogación.
—Señor Petrov, según las evidencias y declaraciones previas de personas de su asociación, usted es quien dirige este auto, y el conductor es su medio hermano, el señor Moriz.
—Así es —afirmó.
—Entonces es necesario que explique a toda la audiencia por qué se encontraron casquillos de bala en su Hummer, pertenecientes a la pistola semiautomática registrada por usted, así como también por qué una bala dicha arma se encontraba incrustada en el cuerpo del señor Cullen, y es la bala fatal que se extrajo de Jessica Stanley.
—En el caso del señor Cullen, actué así por seguridad. —Lyov Petrov pestañaba continuamente y se atoró con su saliva—. Estaba seguro de que él mandaría a sus guardias a atacarme.
—¿Seguro? —preguntó nuestro abogado, y él, tartamudeando un poco, dijo que estaba completamente seguro—. Sin embargo, y para que quede en el acta, usted fue el primero en disparar, los comerciantes y habitantes de Forks lo declararon así.
Lyov no dijo nada y estaba segura que era por los nervios que se llevó la mano al cuello y se aflojó el nudo de la corbata.
Nuestros abogados fueron increíblemente cautos con todas las preguntas, y agradecí que hayan hecho ver que Lyov Petrov, su padre y su medio hermano sólo estaban actuando contra la familia por venganza.
Los criminalistas declararon y sabíamos que no se pudo esconder ninguna evidencia gracias a que el señor Cudmore, por su especialidad en análisis de evidencias, hizo que el juez lo autorizara para hacer notas sobre cada prueba entregada y procesada.
Una de las evidencias más fuertes que declaraban como culpable a Lyov Petrov, del intento de homicidio contra Edward y de la muerte de mi amiga, era que él poseía una malformación congénita en la mano derecha. Esta hacía que quedasen restos de su piel en el arma cada vez que disparaba.
—En los registros médicos del señor Lyov Petrov hay una atención por una curación en su mano derecha debido a una quemadura con un fierro. Esta atención se le hizo en el centro de salud que se ubica en La Push, media hora después de que ocurrió en la casa de la señorita Stanley. —Internamente me sentía casi feliz de que la muerte de Jessica tuviese un culpable, a pesar de ello, también me entristecía el hecho de que la misma era parte del ataque hacia mis cercanos—. En el acta médica quedó registro de que El señor Petrov dijo que se había quemado con un fierro de su Hummer negra; además, la enfermera que lo curó confirmó que el auto requisado al señor Petrov era el que ella vio aquel día.
—Para el acta, otorgue el nombre de aquella paramédico —ordenó el actuario.
—La enfermera que corroboró la información sobre el vehículo, fue la señorita Leah Clearwater. —El criminalista tomó agua y pasó a la ronda de imágenes de prueba—. En estas imágenes se puede observar la mano del señor Petrov. Esta imagen se tomó posterior a su detención.
—Solicito que se anule esa prueba —exigió Pávlov—. Fue tomada cuando aún no llegábamos a acoger al señor Petrov.
—Solicitud denegada —objetó el juez—. Esas fotos son medios de prueba legítimos porque fueron tomadas cuando se hacía la constatación de lesiones con un médico como ministro de fe.
Como la demanda que habíamos interpuesto era "contra todas las personas que resulten responsables", el juez decidió que en el puesto de acusado no solo estaría Lyov, sino todas las personas que hayan estado involucrada con cualquier tipo de amenaza contra la familia.
Después de que otro criminalista terminara de declarar, el juez dio el respectivo receso para almorzar. Sentía un antojo enorme de comer pizza española con mucho queso. Por costumbre se lo comenté a Edward y él me llevó hasta el restaurante y se encargó de solicitar pizza para todo el grupo familiar.
—Propongo brindar por mi hija y su marido —expresó Charlie—. Porque han sabido superar cada una de las pruebas que la vida les ha puesto y aún así se siguen amando como el primer día.
—¡Salud! —Todos contestamos a coro, cada uno con un vaso en su mano.
Fue un momento agradable, en el cual se evitaron comentarios sobre el juicio para desconectarnos un poco de aquel proceso judicial agotador.
El teléfono de Igor Cudmore comenzó a vibrar, él había dejado su móvil encima de la mesa, al lado de su plato, disculpándose ante los presentes, pero era por si se le presentaba cualquier tipo de problema judicial. El abogado, al ver quien era, se excusó, se puso de pie y se alejó para mantener esa conversación.
No sabía por qué, pero tenía una rara sensación en el pecho de que hoy, al terminar el día judicial, nos encontraríamos con sorpresas que cambiarían el rumbo de todo este proceso. No sabía si serían nuevos testigos o nuevos culpables, pero estaba lo suficientemente alerta como para sobrellevar lo que podía venir.
Habíamos terminado de comer. Carlisle y Esme mencionaron que se harían cargo del postre y el señor Cudmore le pidió a Edward que fuese con él para hablar un minuto. Algo sucedía, probablemente Edward lo hablaría conmigo en cuanto volviese. Intuía que aquella llamada de teléfono era el motivo por el cual ellos se habían apartado a conversar.
Cuando Edward regresó tenía su rostro sereno, pero sus ojos reflejaban todo el enojo que sentía. Corrió la silla con más fuerza de la necesaria, y en cuando estuvo sentado, acerqué mi silla lo más posible y pasé mi brazo por su espalda, acariciándole el hombro.
Fue disimulado, sin embargo, igual noté cómo sus puños se cerraron y sus nudillos se notaban más de la cuenta.
—No es necesario que te enojes —susurré en su oído—. Lo resolveremos juntos.
Sonrió y besó mi frente, se disculpó por su actitud y dijo que me explicaría todo lo que el abogado le había dicho cuando estuviéramos camino a tribunales para la jornada de la tarde.
El mesero dejó frente a nosotros una copa de helado y dos cucharas. Edward tomó una y sacó un poco, me lo ofreció y yo tomé la cuchara en mi boca.
Un flash de cámara me hizo pestañar. En cuanto miré a la familia para ver quién había sido, mi papá dio vuelta el teléfono y murmuró un "lo siento".
—No tienes por qué hacerlo —expuse mirando la foto—. Está hermosa, te la pediré en un rato para imprimirla hoy en la noche.
Edward y mi suegro pidieron la cuenta en cuanto todos estuvimos listos. Me puse de pie y le pedí a Esme que me acompañara al baño. Nessie se ubicaba sentada sobre mi vejiga.
Me estaba retocando un poco el maquillaje, porque al lavarme los dientes, se había salido un poco.
—¿Sucedió algo con Edward? —Sabía que Esme me haría esa pregunta, conocía a su hijo tanto como yo.
—No me lo dijo, pero sé que algo pasó con la llamada que el abogado recibió hace un rato —contesté—. Él dijo que me lo contaría en el trayecto al tribunal.
Cuando nos subimos al auto, Edward comenzó a narrar lo que había sucedido.
—Lyov quiere llegar a un acuerdo con la fiscalía, una rebaja en su pena por información importante sobre el caso de Matt. —Comprendí entonces qué era lo que lo tenía acomplejado.
—Es decir, que si él entrega la información sobre lo que sucedió en el accidente se le rebajará la pena por el intento de homicidio —afirmé y mi esposo asintió.
—No quiero que te sientas presionada por esto, pero el fiscal quiere conversarlo después de la sesión de hoy por la tarde.
—Siendo sincera, sabes que para mí es importante cerrar el ciclo y que con los de la MFA podríamos llegar a un acuerdo monetario después, pero que lo de Matt sólo ocurrirá ahora. —Tenía absolutamente claro que Edward todavía dudaba y lo entendí. Me quedé en silencio y esperé a que me abriera la puerta del auto.
Empezó la declaración de cada uno de los testigos que estaban involucrados con el caso; Aro pasaría al final, según su abogado.
—Se procederá a llamar a un testigo que viene encubierto por toda la información que tiene que otorgar. —Fue lo que el actuario dio a conocer a la audiencia—. Para el acta, necesitamos su nombre y su edad.
—Mi nombre es Félix. —Todos los gangsters estaban con los ojos abiertos, supuse que no esperaban que hubiésemos encontrado a la persona con dicho nombre—. Tengo cuarenta y ocho años de edad.
—Dé a conocer las pruebas que trae para apoyar este caso —ordenó el juez.
—Comenzaré con lo siguiente. —La voz del padrino de Edward estaba levemente distorsionada. Él se encontraba en otra habitación, la cual comunicaba con el estrado mediante un vidrio por el que para la audiencia era imposible distinguir—. Hace poco más de tres años, supe que los demandantes habían perdido a su bebé y que la justicia dejó libre a la persona que cometió el incidente. A razón de esto, me tomé la libertad de acudir a un grupo de abogados, quienes me guiaron en el tema legal. Además, fui encontrando grabaciones telefónicas y conversaciones en varias sintonías de radioaficionados, en las cuales se comentaban cómo hicieron para perder pruebas y que el imputado saliera libre. —Me apegué a Edward, quien se dedicó a sostenerme y acariciarme la espalda para que mantuviera la calma.
—¿Entregó esas pruebas para este juicio? —inquirió el juez.
—Primero se las hice llegar al matrimonio Cullen-Swan, y ellos se encargaron de entregarlas —explicó Aro—. Lo que entregué personalmente, fue cada una de las amenazas que a mis manos llegaron y que iban firmadas por la MFA.
—¿Es por eso que quiso declarar como testigo encubierto?
—Exactamente, soy bastante conocido e incluso los integrantes de la MFA podrían llegar a conocerme, es un riesgo que se conozca quien soy por toda la información que puedo otorgar sobre las cosas que fui recolectando en estos últimos tres años.
—¿Conoce la identidad de quien le pagó al señor Newell?
—No, sólo sé que es un miembro a honores e inactivo de la asociación que dirigen los Petrov aquí presentes.
Lyov estaba con su rostro contraído, pensando, parecía como si se oyera sus neuronas pasar la información.
—¿Estaría dispuesto a que se le cuestione cada una de las cosas que el matrimonio Cullen Swan recibió de su parte?
—Sí, haré todo lo que esté en mis manos para que la verdad se haga pública.
Cuando Aro terminó su declaración, el juez dio por terminada la jornada del día y nosotros le explicamos a la familia que el fiscal quería reunirse con nosotros por una información que podría ser relevante.
—¿Por qué no les dijiste que se trataba del juicio de Matt? —pregunté.
—No es algo definitivo, por lo que prefiero guardar silencio ahora —manifestó Edward—. Sin embargo, después de conversar con el fiscal, podemos contar lo que está sucediendo.
La conversación con el fiscal se extendió por casi dos horas y media, en la cual llegamos a la conclusión de que el juez decidiera si aceptaba la oferta de Lyov Petrov a cambio de una condena más baja.
Salimos en completo silencio de los tribunales. Nuestro equipo de seguridad estaba atento a todo y cuando nos subimos a nuestro vehículo, nos encaminamos hacia la casa de mis suegros, donde se había planificado aquella reunión familiar.
—¿Qué quería el fiscal? —Carlisle fue el que hizo la pregunta en nombre de todos los presentes.
Cuando le contamos el tema principal de aquella reunión, se escuchó un bufido general. Tenía claro que todos tenían su opinión sobre el tema, pero fueron mis palabras las que hicieron ver que aquella información sería relevante.
—Sé que ustedes pueden no estar de acuerdo y que Lyov con todo su grupo se merecen estar en prisión el mayor número de días que se pueda. —Todos estaban atentos a lo que estaba diciendo—. Pero creo que merezco cerrar este ciclo. La muerte de Mathew sigue siendo un tema que me produce dolor y una que otra pesadilla de vez en cuando, así que por eso le pedí a Edward que accediera a que el juez decidiera si valía la pena o no darle esa oportunidad a Lyov Petrov.
—No te preocupes, pequeña. —Esme vino hacia mí y me apretó en un abrazo maternal—. Todos vamos a estar ahí, otorgando todo el apoyo que requieran. —Miró a todos los que estaban en el salón—. Porque todos queremos que Renesmee crezca sin peligro.
Fue en ese minuto, en el que todo el soporte de mi familia se sintió más fuerte que nunca, y si bien no todos lo expresaron en voz alta, me sentí totalmente acogida.
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Después de la cena, sentí cómo el cansancio se apoderaba de mi cuerpo. Edward tenía absolutamente claro de que era difícil que nos marcháramos así, por lo que subió conmigo hasta su antiguo dormitorio, el cual tenía todo listo para que yo descansara.
Buscó uno de los pijamas de invierno que había dejado aquí, pero sólo los pantalones me quedaron, porque no estaban hechos para tolerar un vientre de siete meses de embarazo.
—Bells, no te duermas —dijo Edward—. Le preguntaré a Esme si puede prestarte algo.
Pese a eso, no supe en qué minuto me quedé dormida, mi conciencia sintió a Edward y Esme colocándome una polera, pero no reaccioné más allá.
La mañana siguiente desperté con unas caricias en mi vientre e inmediatamente sentí los movimientos de Nessie.
—Lleva casi unos cuarenta minutos así —me explicó Edward—. Supuse que estabas tan cansada que no reaccionaste a sus movimientos.
—¿Qué hora es? —pregunté con voz adormilada, no había aclarado del todo.
—Son las ocho de la mañana.
—Nos queda media hora para regalonear. —En un par de movimientos lo abracé y me acomodé en su pecho, pude escuchar claramente sus latidos cardíacos, que parecía una música realmente relajante.
Edward trazaba dibujos imaginarios con sus dedos por toda mi espalda, yo me sentía totalmente plena.
La media hora pasó rápido, el tono celeste se fue del cielo para dejar el color grisáceo de las clásicas nubes de Forks, aquellas nubes amenazantes del mal clima. Estaba segura que si comenzaba a llover, el suelo se convertiría rápidamente en una masa de hielo por el frío.
—Espera aquí, dejaré que el baño coja un poco de temperatura y no te mueras de frío. —Esos eran los gestos que adoraba de Edward, siempre preocupado por mi comodidad.
Todos aquellos momentos en los que he sido feliz, Edward ha estado a mi lado. También cuando sufría todas aquellas abrumantes crisis de pánico o de angustia. No importaba la hora que fuese, siempre que tenía una pesadilla, tomaba el teléfono y la voz de Edward era la que permitía que el miedo se evaporara.
La sesión del Tribunal comenzó a las diez de la mañana. El juez Leach dio a conocer a la audiencia que, dependiendo del tipo de información que Lyov Petrov pudiese otorgar con respecto al caso de Mathew, incluyendo las pruebas de sus dichos, se evaluaría de aquí al término de la jornada del siguiente día si se le rebajaba la condena.
—Señor Petrov, pase a declarar. —Fue la orden del actuario.
—Juez Leach, audiencia presente, en mis manos tengo pruebas suficientes como para dar a conocer el nombre de la autora intelectual de los ataques en que la familia Cullen se ha visto envuelta, y el por qué la MFA ha encubierto aquel nombre durante todos estos días en que se ha llevado a cabo el juicio en contra nuestra. —Con Edward nos miramos, ambos estábamos demasiado sorprendidos con todo lo que Lyov Petrov estaba diciendo—. Señor Ivanov, hágale llegar los documentos al actuario y que él se los otorgue al juez.
El actuario miraba muy concentrado cada documento u objeto que había en ese archivador. Mi corazón latía rápido y fuerte, tenía la sensación de estar corriendo una maratón.
¿A quién encubrían los gangsters?, me preguntaba.
El actuario se los hizo llegar al juez, quien también procedió a revisar todo con una precisión inigualable.
—Todo aquí está bien documentado, pero al estar evaluado por criminalistas externos, necesito que los criminalistas que pertenecen al estado de Washington corroboren todo lo que hay aquí —afirmó el juez—. Se levanta la sesión por el día de hoy. Mañana se certificará la información y se dictará sentencia contra la asociación liderada por Grigori Petrov y su hijo Lyov.
El siguiente capítulo estará basado en la verdad que se ha ocultado y que "Félix" no pudo descubrir. Estamos llegando al final quedan dos capítulos y el epílogo. Les agradezco infinitamente cada comentario.
Un abrazo y espero sus críticas.
