XX

FLOR TÓXICA

La copa de vino que Eros había estado sosteniendo cayó al piso quebrándose en varios pedazos.

―No es posible ―musitó con pánico.

En la imagen que veían, Nyx se había marchado y Agasha había aceptado su destino como Sỹdixx. Érebo le ordenó que cuidase del alma de Albafica de Piscis, lo liberase como Perséfone le indicó y se fuera de su vista.

―¿Alguien quiere explicarme? ―Gruñó Manigoldo―. ¡¿Entonces esa mocosa no va a regresar a la vida?! ¡¿Albafica se suicidó por nada?!

―Es imposible que una Sỹdixx vuelva a un cuerpo humano ―musitó Eros pensando en cómo debería estar la carne humana de Agasha en estos momentos.

Sasha, desde sus aposentos, vio con pena cómo Agasha (el cuerpo humano) envejecía con cada segundo que pasaba. Arrugas se habían asomado en su cara, varios cabellos se estaban poniendo blancos y ni qué decir sobre el resto de su persona. Cuando el cuerpo comenzara a pudrirse, sería el principio del fin. Gracias a la flor de Perséfone el procedimiento no había sido completado, pero eso ya no importaba pues Agasha había tomado su decisión.

«Espero que sepas lo que haces» pensó mirando a la mujer madura de aproximadamente 55 años.

"Mantén a salvo a Albafica de Piscis. No lo liberes hasta que sea el momento propicio".

Agasha despejó su cabeza luego de que Érebo se marchó desapareciendo del mismo modo que Nyx.

Sus órdenes fueron claras.

Recordando su encuentro con la araña gigante, descubrió que no era capaz de mentir y siendo que estaba en el infierno y todos querrían el alma que custodiaba, Agasha caminó hasta llegar a la telaraña que aún se mantenía fuerte en el suelo.

Tomándolo, lo analizó. Era resistente como grueso.

Ideal.

Un poco asustada como convencida de esta locura, Agasha convocó su arma, al tenerla en su mano derecha la empequeñeció hasta que ésta se convirtió en un alfiler largo.

Con sus dedos índice y pulgar, concentró su energía en la punta del alfiler una vez que pudo seleccionar bien la telaraña que usaría como hilo. Incluso se sentó, apoyando su espalda contra la pared.

«Este será mi último sacrificio por ti» no tuvo el valor de decir su nombre ni siquiera en pensamientos, «por favor. No te pido que me ames, sólo que no me olvides».

Podría decir su nombre en cualquier momento y entonces todo habría sido en vano. Decepcionaría a Albafica, a los Santos Dorados y a sus señores; eso era algo que ella no podía permitir.

Con todo eso en mente, Agasha se ayudó con su mano izquierda para tomar sus labios y estirarlos hacia enfrente. Suspiró llevando la punta del alfiler a su piel; entonces desde abajo, de forma brusca y rápida, penetró la carne con el alfiler.

Aguantando el dolor con los dientes apretados, Agasha jaló hacia afuera mientras la sangre escurría y la telaraña iba pasando por su carne hasta llegar al punto final.

Respiró agitada; una vez recuperando aire, volvió a repetir la ejecución.

Un pinchazo, dos pinchazos, tres pinchazos, ¡cuatro! ¡Y cinco! ¡Y más, y más, y más!

Agasha no se detuvo ni aunque sus dedos resbalasen por la sangre y la saliva; no hasta que de sus labios no pudiese salir ni un solo suspiro. Afianzando bien el amarre, Agasha cortó el hilo convocando su arma de regreso a la armadura.

Temblorosa, se llevó los dedos cubiertos de carmesí a la boca, sintiendo el hilo que los unía con fuerza, la sangre escurriendo por las heridas, y el dolor que aún palpitaba sobre su piel. Al tragar saliva ésta le supo a hierro.

Durante todo el tiempo que estuvo cosiendo su propia boca, Agasha mentalizó no sólo la misión encomendada por su dios, sino al rostro de la persona por la que lo hacía. Comenzaba a preocuparse por descubrir que la imagen del Santo de Piscis ya no aceleraba su corazón como antes.

Tragándose su debilidad, Agasha se puso de pie y caminó más decidida que nunca a la puerta que la llevaría de regreso.

El asunto entre Érebo y Nyx ya no le incumbía, sólo salir de ahí con el alma del señor Albafica lo hacía. Una vez que pudiese liberarlo ella trataría de disculparse con los demás Santos, con la señorita Sasha y sobre todo con la señora Tábata y sus hijos, a quienes ya empezaba a extrañar.

Entró a la puerta, esperó por un par de segundos y al abrirla no se encontró con el palacio de Perséfone ni con la diosa. Ante sus ojos apareció un campo rojizo de montañas de espinas enormes con gente viva empalada en ellos, unos sobre otros y numerosos enemigos que los atormentaban.

Al verla, los pequeños demonios se abalanzaron contra ella.

Sin temor ni duda, Agasha convocó su arma para deshacerse de ellos de uno en uno.

Nada podía detenerla ahora.

Nyx no supo qué le dolía más. Si saber que su amado Érebo no había estado encerrado ni sufriendo como ella creyó, o escuchar de su propia boca que no quería volver a su lado.

―¿De verdad planeas quedarte con el alma de la humana para hacer renacer tu ejército? ―Le preguntó Psique a su lado.

Usando un vórtice gris en medio de los Campos Elíseos, Psique y Nyx veían a Agasha volviéndose cada vez más y más fuerte. A medida de que combatía, su cuerpo espiritual se iba mezclando a la perfección con la Armadura de Elecea y la alabarda.

―¿Tendrías algún problema con que así fuese? ―La retó dispuesta a evaporizar a Psique si llegaba a enfadarla.

―Te conozco, Nyx ―susurró la diosa―, y sé que esto no era lo que buscabas al mandarme a separar el alma de Agasha de su cuerpo.

La diosa lloró en silencio.

«Sólo quería dejar de estar sola, ¿cuál es el problema con que desee compañía?» Pensó enfurecida, entristecida. Su corazón estaba muy herido. Más no tuvo el valor de decirlo en voz alta. «Estoy tan sola», incluso su propio esposo había huido de ella.

La humana había elegido y se había resignado a quedarse como su nueva Sỹdixx; tan solitaria como ella, Agasha sería una buena compañera. Nyx estuvo segura que juntas podrían ser muy buenas amigas para aliviar la soledad de la otra.

Nyx no planeaba compartirla.

Para cuando se abrió paso entre los demonios y el páramo espinoso. Agasha ascendió hasta otros niveles infernales donde de igual forma, cortó en pedazos a sus enemigos.

Algunos bastardos se habían esmerado en hacerla hablar de Albafica; por suerte el hilo había resistido a sus intentos de abrir la boca. Tanto que toda su cara se hallaba ensangrentada.

Pegando el filo en el suelo, Agasha descansó en una colina oscura demasiado alta. Lo supo. Sabía que más allá se encontraba el punto final. Su meta.

―Así es ―le dijo Perséfone. Al girarse, Agasha la incitó a continuar con su mirada―. Admito que tu método para mantener tu boca cerrada fue ingeniosa; asquerosa pero ingeniosa.

Agasha entrecerró sus ojos.

―No me mires así. Ve allá ―señaló el monte―. Una vez arriba encontrarás una cueva, al entrar en ella estarás en camino para salir del Inframundo. Cuando veas el sauce gris, deberás abrir esa boca tuya y pronunciar el nombre del Santo de Piscis. ¿Lo recuerdas aún?

Extrañada por esa pregunta, Agasha asintió.

―Perfecto. Dado a que ya aceptaste tu destino como Sỹdixx, es probable que ya no necesites beber el agua del río Zoí. ¿Me la das? ―Perséfone extendió su mano hacia ella.

La Armadura liberó el frasco pero antes de que Perséfone pudiese tomarla pero Agasha se adelantó.

―¿Qué haces?

Sin la posibilidad de decir nada, Agasha le dio la espalda a la diosa y se adelantó a caminar.

―¡Oye! ¡No fue broma! Te ordeno que me des el frasco —exigió.

Indignada por la indiferencia de la humana, Perséfone se apareció frente a Agasha con un aire letal, pero dado a que el miedo y el respeto sólo se inclinaban a favor de los dioses que la crearon, la chica hizo aparecer su alabarda para empuñar en dirección al cuello de Perséfone.

El agua del río Zoí sólo podía ser usado con el permiso de su diosa Nyx.

Afianzando el frasco en su mano derecha, Agasha negó con la cabeza a la diosa mientras tocaba con el filo de su alabarda el fino cuello de la diosa.

―Por eso odio a las de tu clase ―farfulló irritada―. Ojalá nunca tenga que verte aquí otra vez.

Divertida por la amenaza, Agasha sonrió apenas con el hilo ejerciendo presión sobre sus labios. De haber podido hablar, Agasha le hubiese dicho algo como: "Ruega porque nunca tengas que volverme a ver", pero aún le quedaba algo de respeto a la diosa del Inframundo como para desafiarla una segunda vez.

En caso de que Nyx diga que la diosa pudiese usar el agua, se disculparía. De lo contrario no movería ni un solo músculo para "arrepentirse".

Agasha caminó haciendo caso omiso a Perséfone, quien la miró de reojo con enfado por su negatoria.

En otro tiempo a la antigua florista le hubiese dado curiosidad por saber para qué Perséfone usaría el agua del río Zoí. Ahora Agasha sólo sabía que Nyx cuidaba el lago Elefthería y el río Zoí por una buena razón. Eso era porque el agua de cualquiera de las dos fuentes, en manos equivocadas, podría ser sumamente peligrosa.

Perséfone odiaba a Hades más de lo que odiaba a su propio padre. Mejor no darle pie para crear más problemas.

La Armadura no decidía por ella, sabía que ésta sólo obedecía las órdenes de los dioses (por el momento) así que sería Agasha la que respondiese hasta que nada la detuviese salvo las órdenes de la nueva diosa a la que serviría. El frasco y el agua restante serían devueltos a la señora Nyx, si Perséfone quería agua proveniente de los Campos Elíseos que hiciera fila como todos los demás.

Agasha no se detuvo, ni siquiera cuando comenzó a atravesar la cueva oscura que Perséfone le había señalado.

La presión ahí era fuerte; las constantes voces que la llamaban, la distraían y la incitaban a liberarse del hilo que unía sus labios la fastidiaron como atormentaron. El aire empezó a parecerle insuficiente. Cansada, Agasha se arrodilló cuando creyó que no había recorrido ni la mitad del camino.

―¿Tienes dudas?

―Nosotros podemos ayudarte…

―Sólo pedimos un alma a cambio, je, je, je.

―Dinos su nombre.

―¿Cómo sabes que es el correcto si no lo dices?

―Quizás ya olvidaste cómo pronunciar su nombre.

―Vamos, dilo ahora.

Negando con la cabeza Agasha no claudicó y se levantó para seguir avanzando.

¿Y si realmente lo había olvidado?

«Su nombre» meditó hasta que vio el sauce gris. Frondoso, armonioso. Hermoso.

Con sus ojos ennegrecidos, Agasha frunció el ceño y el puente la nariz.

«¡¿Creen que con eso pueden engañarme?!» Llena de furia, Agasha convocó un guante color vino (en la otra mano se hallaba el frasco) y lanzó fuego a lo que sabía, era una ilusión para tratar de hacerla cometer una estupidez. «Dejen de joder».

Una vez terminado su trabajo, continuó caminando.

Sasha trató, con su cosmos, de mantener el cuerpo de Agasha tal cual había quedado con la edad de 68 años.

Anciana, arrugada, empequeñecida.

La diosa de la sabiduría comenzó a llorar por saber que una vez que la Sỹdixx Agasha liberase el alma de Albafica, el pequeño cuerpo humano se haría cenizas en la tina y no quedaría más que un resto putrefacto de los restos de lo que fue antes un ser humano.

Había llegado el momento.

Agasha paró sus pies cuando vio el verdadero sauce gris. Atrás de él, se hallaba un muro casi acuático y cristalino que le mostraba de manera espectacular el horizonte siendo iluminado por los rayos anaranjados del amanecer.

De inmediato supo que esa vista la había admirado muchas veces cuando salía con su madre o su padre a pasear cuando era niña; más tarde como mujer al querer un momento para ella sola. ¿Podría ver esa imagen tan seguido de ahora en adelante?

No queriendo pensar mucho en eso Agasha convocó su alabarda para formar con ella una navaja grande y alargada. Con ella, acercó el filo al hilo que unía sus labios, y de uno en uno, fue cortándolos.

Contó 14 obstáculos hasta que sus labios quedaron liberados con rastros de los hilos aun atravesándolos.

Inhaló anhelante, susurrando con lo último que le quedaba de amor:

Agasha… yo… —lo oyó intentando llamarla.

Agasha no claudicaría. Nunca más.

—Gracias por todo, y hasta pronto —inhaló profundo antes de susurrar con la máxima devoción de la que era capaz: Albafica de Piscis.

Exhalando y arqueando su espalda como si alguien le hubiese echado agua helada, Agasha se dejó caer su cabeza hacia atrás mientras de su pecho se liberaba un rayo de luz azulado que se impulsó adentro del páramo cristalino y la abandonó por completo.

Una vez que el alma de Albafica se fue a donde pertenecía.

Agasha miró por última vez el amanecer. Suspiró con el frasco entre sus manos, lo miró y en menos de un segundo su figura desapareció en una cortina de humo negro.

Eros se levantó a tiempo de su cómoda silla para acercarse a la tina donde se hallaba el cuerpo del Santo fallecido para alzar una mano al cielo.

Sin previo aviso el rayo de luz que abandonó a Agasha se postró en su mano derecha luego de traspasar el techo del Santuario; con maestría y galantería, Eros la sostuvo y sin miedo metió dicha luz adentro del pecho de Albafica de Piscis.

Una luz cegadora hizo que el resto de Santos Dorados cerrasen sus ojos, al abrirlos, vieron asombrados cómo su compañero caído permanecía sentado aún adentro de la tina con una débil cicatriz circular en su pectoral izquierdo.

Respirando agitado y con su mano derecha tocando la cicatriz, Albafica los miró como si no pudiese creer que estuviese vivo.

―Bueno ya está ―se vanaglorió Eros inflando su peco―. Por cierto, no te preocupes por ella ―le dijo a Albafica sabiendo que eso era lo que lo atormentaba ahora―, sólo se ha ido para permanecer eternamente como una marioneta de Nyx en los Campos Elíseos, quizás la vuelvas a ver si es que esa diosa loca la manda a destruirlos a ustedes. Nos veremos en la otra vida ―entonces desapareció.

Bajando su mirada a su regazo, Albafica cerró los ojos sin poder aceptar que Agasha hubiese accedido a no regresar jamás. Abriendo sus ojos de golpe y esperando que aún hubiese algo que pudiesen hacer para regresar a Agasha, Albafica salió de la tina donde recibió una manta por parte de su Ilustrísima para cubrirse.

Sage lo vio dándole silenciosamente su pésame.

―Albafica ―lo detuvo cuando el Santo quiso ir con sus piernas temblorosas y débiles a la habitación continua.

De dicha alcoba, Sasha salió con lágrimas en los ojos.

―El cuerpo de Agasha no resistió más tiempo ―informó entristecida―. Su alma se negó a regresar; ya no hay nada qué podamos hacer.

Albafica sintió la mano de Shion sobre su hombro, más no estaba dispuesto a rendirse.

―¡Érebo! ―Gritó con su garganta adormecida por el tiempo que su cuerpo permaneció muerto―. ¡Érebo!

―Albafica… ―trató de decir Dohko sintiendo la desesperación de su compañero, más no hubo caso.

―¡Érebo! ¡Érebo!

Todos, incluida Sasha, consideraron inútil que se hiciera llamado al dios, sin embargo dado a todo lo que había pasado le dieron esa última consideración a Albafica quien no dejaba de exclamar el nombre de Érebo.

Pero aparentemente este fue el día de recibir deidades pues como si se hubiese compadecido de Albafica, Érebo con toda su gloria, se manifestó a un lado de Sasha, quien al verlo saltó en su lugar.

―Además de mi esposa, nadie había estado tan deseoso de verme.

Incluso Dégel tembló un poco ante el frío insoportable que emanaba el dios con su cosmos sin diluir. Su presencia era la muerte, su andar impecable y su sonrisa arrogante.

―¿Quieres recuperarla? ―Se burló―, ¿acaso no aprendiste nada?

―Ella aceptó ser parte de Nyx porque estaba sola…

―Y lo seguirá estando ―interrumpió chasqueó la lengua―. Si lo piensas bien, es lo mejor.

―¿De qué hablas? ―Se inmiscuyó Sasha―, Nyx podría…

―Iniciar una guerra, ―parpadeó rápido y se agachó a la altura de Sasha―. Disculpa niña, ¿y tú quién eres para quejarte?

―La diosa Athena ―dijo Sisyphus dispuesto a proteger a Sasha si es que Érebo intentaba algo contra ella.

Ante eso el dios primordial se rio. Su voz gruesa y tono burlón propagó un gélido miedo, el que fuese de aproximadamente 2 metros de alto no ablandaba la situación; muy para la desgracia de todos los presentes, este era uno de los dioses que podía destruir el mundo sin siquiera sudar.

―Así que la diosa Athena, sí —rio un poco más—, gracias por decírmelo, casi había olvidado lo sosos que son los dioses desde que Zeus obligó a todos a obedecerle. ¿Ahora quieres que te cuente un secreto, mortal infeliz? Yo soy el dios Érebo —gruñó—. ¿De casualidad entiende tu pequeño cerebro lo que eso significa?

Nadie habló luego de ver su mirada tétrica. Este dios pintaba para ser aún más voluble que Eros.

—Significa que soy uno de los pocos seres en este universo que se puede coger como quiera y cuando quiera a su papi, a su tío y a todo su panteón incluso a ella si son los suficientemente estúpidos como para cabrearme. ―Miró a Sasha con advertencia en su voz―. No tienes idea de lo mucho que extraño la época en la que solías enseñarles su lugar a los mortales que reclutabas; eran más respetuosos hasta que te volviste una hipócrita amante de la paz. Mejor educa bien a tus perros rabiosos antes de que algún otro intente interrumpirme cuando hablo y termine por castrarlos a todos.

Manigoldo hizo una mueca.

—Eso sería algo sumamente incómodo —masculló.

Érebo lo vio asintió con la misma cara oscurecida por el enfado.

—Eh… Sisyphus, amigo —tosió—. Quizás a ti no te importe tu anatomía pero algunos aquí sí valoramos nuestros testículos. Además de que este bien Señor Dios no ha venido a declararnos la guerra, entonces…. ¿podrías hacernos el favor de calmarte un poco?

Mirándolo, prometiendo dolor, Sisyphus vio a Regulus quien asintió pidiendo lo mismo así que respiró con calma. Sasha no dijo nada, sólo miró a sus Santos para prevenirles que el volátil dios no estaba bromeando.

—Bien, lamento mi comportamiento, señor Érebo —musitó el Santo tragándose ciertos grados de orgullo que Érebo notó.

―Da igual. Ahora tú ―centró su atención en Albafica―. ¿Sabes por qué no vuelvo con Nyx?

―Todo ese rollo acerca de ser usado era mentira, ¿verdad?

―¿Sabes o no? ―Inquirió demandante.

―Sí. Le temes.

Todos esperaron que Érebo golpease a Albafica por su respuesta, éste se limitó a sonreír.

―No a ella ―declaró―, sino lo que provoca en mí.

No queriendo interrumpirlo, Albafica se limitó a arquear el ceño.

―Nyx cree que soy gentil —lo pensó mejor—. Bueno, lo soy; más que ella por supuesto. Pero cuando nos juntamos, tenemos ideas muy parecidas. Retorcidas y sanguinarias. Demasiado para el estómago de cualquiera que no piense igual que nosotros.

»Cuando me reuní con Hades le expuse ese punto. Más allá de su guerra contra Athena, no quería que Nyx se excitase lo suficiente como para inmiscuirse también así que le ofrecí un trato: quedarme en su hueco maloliente a cambio de que sus patéticos hermanos y él no se atreviesen a tocar a mi esposa. ―Sonrió malvadamente―. A pesar de que la dejé sola, me niego a soportar que alguno de esos cerdos le ponga un solo dedo encima.

»Luego le pedí también que inventase la versión de que "me había sometido" ―hizo comillas al aire― aprisionado —sonrió arrogante—, como si pudiese hacer eso sin perder ambos brazos. Por suerte Nyx lo creyó todo.

Albafica negó con la cabeza intuyendo bien por qué Érebo había tomado esa decisión.

—¿Por qué?

—Una vez fuera del alcance de mi esposa, las Sỹdixx comenzaron a perder fuerza hasta que se convirtieron en almas libres. Debo decir que me avergüenza ser el causante de su soledad, pues una vez liberadas, ninguna de ellas quiso quedarse cerca de Nyx por el temor infundado al que se habían visto atrapadas. Entonces le rogué a Nyx porque no buscase a Hades pues sabía que ella lo despedazaría y digamos que el Inframundo no puede ser gobernado sólo por un dios, Perséfone cada día está más harta de ese sitio y cada día hay más condenados.

»Pero ya no importa nada, después de siglos, Nyx finalmente pudo encontrar el modo de dar la vida a sus guerreras Sỹdixx sin la necesidad de tenerme a su lado.

Albafica comprendió a lo que se refería.

―Agasha fue su experimento, ¿no es así?

―Quizás no uno intencional… pero sí. Zeus la subestimó… al igual que yo ―Érebo alzó los hombros centrándose sólo en Albafica a pesar de que el resto de Santos Dorados, Sasha y el Patriarca estuviesen oyendo―. La humana fue el perfecto conejillo de indias para probar su teoría.

―¿Cómo pudo lograrlo?

―Empezó por ganarse el afecto del alma de la humana. Una vez logrado eso le entregó la Armadura de Elecea, la que básicamente originó todo. Sus ansias por salvarte y sus batallas ganadas le dieron la confianza de la que carecía para pelear. Luego estaba este collar ―lo tomó en su mano derecha sin quitárselo―, que guarda un poco de mi cosmos. Si yo hubiese estado realmente atrapado en el hades, ese collar me hubiese dado el poder para liberarme ―sonrió triste―. Nyx lo guardó e intentó auxiliarme como Agasha lo hizo contigo.

Albafica no quiso darle más peso del que el dios ya tenía, y aún con la probabilidad de ser castrado, inquirió:

―Pero todo fue una mentira. ¿No crees que fuiste egoísta con Nyx?

―¿Qué? ―El dios enfadado lo miró.

―Puedes regresarme al hades si quieres, pero piénsalo. Si Nyx sólo hubiese querido usarte no habría guardado esa cosa y sólo hubiese ido por ti arrasando con todo a su paso.

―No lo hizo porque no tiene el suficiente control sobre su poder como para evitar causar desastres innecesarios en sus arranques de ira.

―No lo hizo porque tú se lo pediste ―Albafica miró a los ojos al dios sin inmutarse―. No lo hizo… por ti. Lo peor es que sabes que te engañas. Toma el consejo de alguien que no ha dejado de huir toda su vida de lo que más desea. Al menos tú puedes tocarla sin hacerle daño.

Soltando un resoplido, Érebo desvió la vista.

―Si la amases o siquiera la respetases, al menos la hubieses dejado libre para estar con alguien.

―Jamás ―espetó Érebo―, Nyx es mi esposa.

―Y la abandonaste cuando tuviste la oportunidad por un miedo irracional.

Albafica suspiró cerrando sus ojos.

―Creo que ya fue suficiente. Tu relación con Nyx me ha dado a entender que debo aceptar cuando mi destino no es estar con Agasha.

―¿Qué demonios tiene que ver una cosa con la otra?

―Que ser egoísta nunca trae nada bueno ―se acomodó la manta sobre su cuerpo―. Que Agasha sea feliz con o sin mí ya no me importa más, el punto final es ese: que sea feliz. Además por lo que me acabas de contar sé que ella algún día volverá a ser la misma de antes ―sonriendo ante esa información Albafica suspiró agobiado―. Érebo sé que no soy nadie para decirte qué hacer pero mientras permanecí como un alma adentro del cuerpo de Agasha… pude sentir el dolor que Nyx le trasmitía a ella cuando te gritaba.

Con severidad, Albafica se atrevió a mirar al dios a los ojos.

―¿En serio crees que te llamé para que me dieses una fórmula mágica para traer a Agasha de regreso? No, te llamé porque necesitaba saber que ella estaría bien al lado de tu esposa. Y porque me siento personalmente en deuda con Nyx al igual que Agasha. Dado a que respondiste a mi llamado… quería informarte que Nyx en verdad te ama y sufre por tu indiferencia ciega. Te lo suplico. Hagas lo que hagas o decidas lo que decidas, sólo deja de hacerle daño… ella es… una buena mujer. Y goza de una amabilidad y un corazón que dudo que conozcas como crees hacerlo.

Sin más que decir, Albafica emprendió camino abajo en las escaleras del Santuario.

No fue hasta que llegó hasta su propia casa y vio el desastre ocasionado por su cosmos cuando estuvo afectado por la flecha de odio de Eros que se permitió derramar lágrimas silenciosas.

Érebo le dijo que a la larga, sin él, posiblemente Agasha volviese a ser un alma pura en los Campos Elíseos.

Sea como sea no la volvería a ver nunca más.

Ese debía ser su castigo por tomar su cuerpo y corazón para luego abandonarla, ahora ella se había ido de su lado para siempre. Albafica dudaba poder ingresar a los Campos Elíseos con una cuenta pendiente con el Bosque de los Suicidios.

Sabía que su destino estaba sellado.

No sabía si Agasha estaba consciente de ello o no, pero él recordaba gran parte de lo sucedido cuando (en forma de niño) ella lo sacó de las ramas y lo acompañó hasta el palacio de Perséfone. Donde le dio una sonrisa sincera, un abrazo cálido y una seguridad palpable. Una sensación que en una época, él deseó con todo su infantil corazón.

Con sangre envenenada o sin ella, nunca se sintió tan desolado. Tan miserable; tan vacío.

Con una mirada muerta, Albafica se abrió paso hasta sus aposentos donde se dejó caer sobre la cama. Aún húmedo por el agua negra que ayudó a su cuerpo a recibir nuevamente su alma maldita, cerró los ojos no por sentirse cansado, sino para tratar de aliviar el dolor que sentía recorriéndolo de pies a cabeza.

Su estómago dolía; su garganta punzaba. Su corazón ardía hasta el infinito. Si alguna vez Albafica pensó que estaba solo, ahora veía lo que realmente era sentirse sin deseos de vivir.

«Perdóname, Agasha». Intentó llamarla, deseó con todo que ella rectificase y volviese a Rodorio donde pudiese hacer su vida como todas las chicas de su edad.

Esperó a que ella al final tomase otra decisión y no caminase por el mismo camino espinoso que todos los guerreros de los dioses. Por más que gritó no logró nada pues ella ya no quería escucharlo. Ya no más.

Aunque su relación de una noche había sido sólo eso, Albafica sintió que había vivido más que sólo 24 horas con ella. Recordarla sonrojándose y mostrándose nerviosa ante él, fue doloroso. Porque ella se había ido por su voluntad al pensar que nadie la extrañaría. Qué nadie sufriría por ella.

Sin darse cuenta Albafica contribuyó a empujarla hasta donde estaba.

Malditos fuesen los Destinos por hacerle esto. Maldito fuese él por permitirlo.

Agasha se había ido porque estaba convencida de que su vida no valía nada siendo una florista en Rodorio. Ella se había ido porque pensaba que no significaba nada para él ni para nadie.

Si ahora mismo Albafica no planeaba lanzarse del primer risco que se le viniese a la mente era porque vivía gracias a que Agasha se había esforzado mucho en salvar su alma. Darle una segunda oportunidad para hacer las cosas bien. Por ello la honraría del único modo que podía hacerlo: pelear, y tratar, con ayuda de su deseo cumplido gracias al agua del lago Elefthería, de ser mejor persona. Salir y recibir el sol, dejar de cerrar sus emociones y tratar de convivir aunque sea un poco con el resto del mundo.

Un deseo insano por gritar hasta quedarse afónico lo embargó.

Agasha… Agasha no volvería por mucho que él quisiera mover cielo y tierra. Ella así lo había decidido y él tendría que respetar su decisión.

Aunque hacerlo lo matase por dentro.

Para evitar que este terrible sentimiento de culpa se implantase en su espíritu de lucha e influyera en sus ataques, Albafica volvería a encerrar el espíritu y el corazón que ella había salvado. Todo él le pertenecía a Agasha. Que ella no lo supiese o no lo quisiese no cambiaba nada. Después de todo, sólo ella había logrado despertarlo de su letargo; lo había acobijado, regresarle la vida. Alimentarlo. Nutrirlo. Confiar en él.

No importaba que ella estuviese en otro lado lejos, muy lejos de él, donde no pudiese reclamar o destruir el corazón que ella había embrujado con su amabilidad y calidez.

Albafica de Piscis era solo de Agasha, de nadie más.

Apenas la vio llegar, Nyx recibió con un gran abrazo a su nueva Sỹdixx.

Usando su cosmos, la diosa curó las heridas de la joven hasta que pudo tenerla entre sus brazos completamente libre de sangre.

―Bien hecho, hija mía ―la felicitó poniendo la mejilla sobre la cabeza de la joven en un afectivo susurro—. Bienvenida.

Agasha sintiendo a la armadura liberarla para abrir paso a la antigua toga color rosa que había usado. Sonrió correspondiendo el gesto de la diosa sintiéndose ligera y realizada por haber cumplido su deber. Nunca en su vida se había sentido tan orgullosa.

Un poco lejos, la diosa Psique miraba con tristeza cómo Nyx tomaba la mano de Agasha para admirar juntas el espacio y sus constelaciones. De no ser porque la chica se veía tan feliz como la diosa aun sin la armadura, Psique habría pensado que Nyx la había arrancado por completo de su voluntad como dictaba la raza de Sỹdixx original, pero no. Para poner las cosas peor, la propia Agasha deseaba estar ahí pues sin la armadura su alma podía escoger por sí misma entre quedarse o no.

¿Sería posible que Nyx comprendiese que el amor y el respeto no se ganaban esclavizando? ¿Sería Agasha una Sỹdixx diferente a las otras, bendecida con el don de poseerse a sí misma? Psique tuvo que verlo para creerlo. Aceptar que alguien estaba dispuesto a estar con Nyx aun sabiendo que su volátil carácter era peligroso no sólo para quien estuviese con ella sino para el mundo entero.

Sin remordimientos ni ideas nubladas, la humana había accedido a quedarse con Nyx como algo más que su guerrera, como una hija, cosa que a la diosa de la noche encantaba de sobremanera. Psique pocas veces la veía sonreír así, como cuando Hémera la visitaba en los atardeceres y aún su propia hija temía a su ira. Pero no así Agasha, ella de verdad se sentía feliz al lado de Nyx; en el corazón de la humana no había dudas.

―¡Señorita Psique! ―La llamó Agasha viéndola con sus ojos verdes.

Los ojos verdes eran la prueba de que Nyx confiaba completamente en que la chica no la abandonaría y por ende no necesitaba amarrarla a su lado. Psique suspiró tratando de sentirse cómoda sabiendo eso.

―¡La señora Nyx va a mostrarnos el interior de los planetas de esta constelación, venga a ver! ―Pidió la chica sonriendo emocionada, como si no acabase de dejar a Albafica de Piscis con el corazón completamente quebrado en el mundo de los humanos.

Ella jamás sabría que había enamorado a ese hombre como había sido su deseo. Psique estaba segura que Nyx desaparecería de la faz del universo a cualquiera que intentase decírselo.

―¡Señorita Psique, empezaremos sin usted si no se da prisa!

―¡Ya voy, ya voy! ―Caminó hasta ellas donde fue recibida con una sonrisa genuina de Agasha―. Te ves muy feliz.

Perspicaz, Nyx la miró por encima del hombro, era probable que hubiese visto la intención de Psique por hacer a Agasha dudar. Como era evidente, Nyx no iba a permitirlo.

―Por supuesto que está feliz ―contestó la diosa por Agasha―, está de regreso en casa.

La chica asintió.

―El señor Albafica ha regresado a la vida, su maldición fue retirada lo que le dará la oportunidad de acercarse al señor Shion y a todos los Santos Dorados ―sonrió soñadora―. Confío en que no estará solo nunca más —desvió la mirada esperanzada de lo que decía—. Ojalá sea feliz.

Psique no quería oírla diciendo eso cuando Albafica lo último que hacía era celebrar su nueva vida, pero quería mantener su cabeza sobre su cuerpo así que por el momento se encargaría de vigilar de cerca a ambos. Nyx estaba muy contenta con su nueva adquisición, quizás cuando se aburriese de consentir a Agasha la dejaría visitar a Albafica de Piscis… claro, si es que los sentimientos entre ambos no se marchitaban primero.

«¿Pero en qué estoy pensando? Soy la diosa Psique, puedo hacer muchas cosas y evitar que el amor se marchite entre un par de humanos es una de ellas» pensó vanidosamente.

Pobre Psique, parecía no haber captado que nadie (ni dioses ni humanos) deseaban su ayuda. Suficiente mal ya había causado con la última vez que lo hizo como para que los mortales tuviesen que soportar una segunda ocasión.

—CONTINUARÁ—


Pobre Albafica, ¿no es así? Siendo honesta me dolió escribir su parte. Ambos tuvieron mucha conexión cuando sus almas se unieron, pero Agasha se cerró a la voz de Albafica y por eso ya no podía oírlo.

Apenas pudo hacerlo en el límite del Inframundo (espero no les moleste el modo en el que lo representé) pero eso fue porque ella estaba a punto de dejarlo ir.

¿Acaso a Psique se le habrá ocurrido algo para reunir a Agasha y Albafica otra vez? ¿Creen que haga algo por ellos o mejor debería apartar las narices? Yo digo que mejor se quede atrás pero a ver qué pasa, ¿no?

Siendo clara también quisiera resaltar que en mi fic, Érebo y Nyx poseen rasgos africanos. Piel oscura, altura y complexión. De hecho, me basé en la apariencia del actor Terry Crews para Érebo y Beyoncé para Nyx. Por si les daba curiosidad sobre ellos dos. 7w7

¡Bueno, muy pronto el siguiente capítulo!

Saludos a todos.

Muchas gracias por leer, comentar y apoyar la historia.

En especial agradeciendo por los más de 80 reviews voy a contestar los comentarios de uno en uno:

dianix96: Jejeje, de hecho debo decir que me imaginé a sus guerreras cuando le otorgó la armadura a Agasha. Tuve que maquillar toda la historia y quise declarar que sus "Santos" son únicamente féminas como un toque suyo. Jajaja supongo que tienes razón, si Nyx y Athena deciden enfrentarse dudo mucho que Sasha/Saori pudeda ganar jejeje.

De verdad me gustó el resultado, me agrada saber que la idea te pareció buena. ¡Gracias por comentar!

MacrossLive: "Una máquina de guerra" así es. No por nada se necesita también del cosmos de Érebo para crearlas. Quise que ambos estuviesen implicados en el asunto para darle énfasis a lo peligrosas que pueden ser, además de que como esposos creí justificable que tuviesen a su propia legión. La única buena noticia fue que Agasha dejó libre a Albafica sin problemas aunque eso significase no poder volver a verlo, en serio los pensamientos de él me derritieron el corazón, espero que el capítulo no te haya decepcionado. ¡Gracias por comentar!

moonwalk r: Jajaja, cierto, medio revuelto y enfermo su árbol genealógico, ¿o no? Jejeje. Jajaja en serio me duele a mí también todo lo que les pasa a Agasha y Albafica. En serio fue una verdadera pena que ella no recordara nada de lo que vio en su alma; ahora que ella lo dejó ir y él se ha resignado, quién sabe qué se pueda hacer por ellos.

Muy pronto las razones de Érebo (porque las hay) serán reveladas, no te preocupes.

Lykan-GTX: Wow, primero que nada te agradezco los aplausos! En serio estoy muy feliz de que el fic te haya gustado.

Por supuesto, puedes llamarme así XD no tengo inconvenientes. ¿Me creerás si te dijese que en un principio esta historia sólo se iba a limitar a narrar la primera y única noche de Albafica y Agasha? Fue una sorpresa que el fic se expandiera tanto. En serio. Yo todavía no puedo creérmelo pero tampoco me disgusta el resultado.

Jejeje, no sé si este sea el mejor long-fic AlbaGasha ya que por ahí he leído algunos muy buenos, pero me alegra saber que no es tan malo como pensé que sería con tanta vuelta y tanta desgracia pasando de un lado a otro. De hecho, ellos son mis favoritos de TLC seguidos de Shion y Yuzuriha jejeje, otra pareja imposible pero con la que me gusta soñar también.

El viaje de Agasha y Albafica está a punto de llegar a su verdadero final. No me gusta hacer spoilers y menos de mis propios fics pero sólo puedo decirles que después de la tormenta viene... más tormenta y un poco de calma jeje. Me alegra no salirme tanto de lo que es la esencia de Saint Seiya; es difícil tratar de no perder dicho objetivo, lo que me dice que podré seguir haciendo historias en este fandom.

En serio agradezco tus palabras.

¡Wow! ¿También me lees en el fandom de DMC? :O Eso sí no me lo esperé, ojalá el fic en ese fandom te agrade también. El VergilxLady es una pareja crack casi imposible pero creo que ya quedó claro que me gusta hacer fics uniendo personajes que hubiesen tenido química (según yo). 7w7

¡Gracias por leerme y ojalá el capítulo haya sido de tu agrado! Saludos.

Cristal-Libra: Las sorpresas vienen y vienen y seguirán llegando hasta donde el fic llegue, mi estimada Cristal. Ojalá todos y cada uno de ellos sean de tu agrado. En cuanto a los recuerdos de Albafica en Agasha sólo puedo decir que ella misma se cerró a él por temor a claudicar en su decisión de quedarse con Nyx. En el fondo ella sigue amándolo pero cree que él está mejor sin ella. Todos sabemos que Albafica se está muriendo por ella pero bueno... no hay peor sordo que el que no quiere oír, ¿verdad? ¡Pero no nos desanimemos! En esta historia aún hay mucho por contar. ¡Saludos y ojalá el capítulo te haya gustado!

Guest: Ay muchas gracias por tu comentario, en serio aprecio que te haya gustado el fic. ¡Saluditos! ;)

Ariscereth: Estoy agradecida de que el fic te haya gustado. Es todo un placer que la historia logré otorgar las emociones que posee. A decir verdad Agasha está muy confundida; entre la gentileza de Nyx, la sensación de poder proteger lo que ama y la triste realidad que tiene que pasar como un débil ser humano. Esperemos que pronto entre en razón. ¡Saludos y gracias por comentar!

Agradezco de todo corazón su apoyo y sus mensajes de aliento.

¡Saludos y gracias nuevamente por leer!

JA NE! ;)


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