Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins, y la historia es parte de la maravillosa escritora Cecelia Ahern. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza que ha juntado estas maravillosas historias.
Música de acompañamiento: This Is What Makes Us Girls - Lana del Rey (voz, voz, enamora...)
CAPÍTULO 21
Eran más de las ocho cuando Katniss por fin aparcó frente a su casa. Aún había luz. Sonrió. El mundo era un lugar mucho menos deprimente cuando hacía sol. Había pasado la tarde con Prim charlando sobre sus aventuras en Australia. Su hermana había cambiado de parecer al menos veinte veces en cuestión de horas acerca de si debía o no llamar a Gloss a Australia. Para cuando Katniss se mar chó, finalmente había decidido de forma irrevocable que nunca más volvería a hablar con él, lo que con toda probabilidad significaba que ya le habría llamado.
Recorrió el camino de entrada hasta la puerta principal, contemplando el jardín con curiosidad. ¿Eran imaginaciones suyas o estaba un poco más arre glado? Todavía se veía abandonado, lleno de malezas y matas que crecían por todas partes, pero algo había cambiado.
El ruido de un cortacésped sobresaltó a Katniss, que se volvió y vio a su ve cino trabajando en el jardín. Katniss le hizo una seña de agradecimiento, ya que supuso que había sido él quien le había echado un cable, y el hombre le co rrespondió levantando la mano.
El jardín siempre había sido tarea de Peeta. No es que fuese un jardinero entusiasta, sólo que Katniss aborrecía la jardinería y alguien tenía que hacer el trabajo sucio. Habían acordado que por nada del mundo ella iba a desperdi ciar sus días de fiesta deslomándose en la tierra. Como resultado, su jardín era muy simple, poco más que un rectángulo de hierba con unos cuantos setos y flores. Dado que Peeta sabía muy poco de plantas, solía plantar flores duran te la estación menos indicada o situarlas donde no debía, por lo que al final se morían. Pero ahora hasta su pedazo de césped y arbustos parecía un campo abandonado. Cuando Peeta murió, el jardín murió con él.
Aquella idea hizo que Katniss se acordara de la orquídea que tenía en casa. Entró corriendo, llenó una jarra con agua y la vertió sobre la planta sedienta. Desde luego, no presentaba un aspecto muy saludable y Katniss se prometió que no permitiría que muriera mientras estuviera bajo su tutela. Metió un pollo al curry en el microondas y aguardó a que se calentara, sentada a la mesa de la co cina. Fuera aún se oía a los críos jugando felices en la calle. Siempre le habían encantado los largos atardeceres que anunciaban el verano. Sus padres los de jaban jugar hasta más tarde de lo habitual, placer que Katniss y sus hermanos disfrutaban con gusto. Katniss repasó lo que había hecho durante la jornada y decidió que había pasado un buen día, salvo por un incidente aislado...
Volvió a contemplar la alianza que lucía en el dedo anular y de inmediato se sintió culpable. Cuando aquel hombre se había alejado de ella, Katniss se había sentido fatal. La había mirado como si estuviera a punto de iniciar una aventu ra, cuando en realidad era lo último que ella haría jamás. Se sintió culpable has ta por haber considerado la posibilidad de aceptar su invitación a tomar café. Si hubiese abandonado a su marido por estar harta de él, comprendería que fuese capaz de sentirse atraída por otro hombre al cabo de un tiempo. Pe ro Peeta había muerto cuando ambos aún estaban muy enamorados, y no concebía olvidarse de él sólo porque ya no estuviera allí. Todavía se sentía ca sada, e ir a tomar un café con un extraño habría sido como traicionar a su ma rido. La mera idea la asqueaba. Su corazón, su alma y su mente todavía pertenecían a Peeta.
Katniss seguía dando vueltas al anillo en el dedo. ¿En qué momento debería quitarse la alianza? Hacía casi cinco meses que Peeta se había ido. Así pues, ¿cuándo sería apropiado que se quitara el anillo y se dijera que ya no estaba ca sada? ¿Dónde estaba el reglamento para viudas que explicara exactamente cuándo debía quitarse la alianza? Y luego, ¿dónde la guardaría, dónde debía po nerla? ¿Al lado de la cama para que le recordara a él cada día? ¿En el cubo de la basura? Se atormentó con una pregunta tras otra. No, todavía no estaba dis puesta a renunciar a Peeta. Por lo que a ella se refería, él seguía estando vivo.
La campanilla del microondas anunció que la cena estaba lista. Katniss sa có la bandeja y la tiró directamente a la basura. Ya no tenía hambre. Aquella noche, Clove la llamó hecha un manojo de nervios.
- ¡Pon la radio en Dublín FM, deprisa! -Katniss corrió a la radio y la encendió.
- "¡SoyTom O'Connor y estáis escuchando Dublín FM. Por si acabáis de sin tonizarnos, os recuerdo que estamos hablando de gorilas. Visto el alarde de persuasión del que tuvieron que hacer gala las muchachas de "Las chicas y la ciudad" para ser admitidas en el Club Boudoir, queremos saber qué opináis acerca de los gorilas. ¿Os gustan? ¿No os gustan? ¿Estáis de acuerdo o com prendéis por qué son como son? ¿O son demasiado estrictos? Esperamos vues tras llamadas al número..."
Atónita, Katniss volvió a coger el teléfono. Había olvidado que Clove aguardaba al otro lado de la línea.
- ¿Y bien? -inquirió Clove, sonriendo.
- ¿Qué demonios hemos iniciado, Clove?
- Sí, es una locura. -se echó a reír. Era evidente que estaba pasándolo en grande-. ¿has visto los diarios de hoy?
- Sí, y todo esto me parece una tontería, la verdad. Vale que el docu mental fuera bueno, pero lo que han publicado es una estupidez-dijo Katniss.
- ¡Qué dices, querida, a mí me encanta! ¡Y aún me encanta más porque salgo yo!
- No me extraña -respondió Katniss.
Ambas guardaron silencio mientras escuchaban la radio. Un tío estaba despotricando contra los gorilas y Tom procuraba calmarlo.
- Oh, escucha a mi chico -dijo Clove-. ¿No tiene una voz sexy?
- Mmm... sí-masculló Katniss-. Deduzco que seguís saliendo.
- Por supuesto -contestó Clove, mostrándose ofendida-. ¿Por qué no iba a ser así?
- Bueno, ya ha pasado algún tiempo, Clove, eso es todo. -Katniss se apresuró a dar una explicación para no herir los sentimientos de su amiga- ¡Y tú siempre has dicho que nunca saldrías con un hombre más de una sema na seguida! No paras de decir cuánto detestas sentirte atada a una persona.
- Sí, bueno, he dicho que no podría estar con un hombre durante más de una semana, pero nunca he dicho que no lo haría. Tom es distinto, Katniss -añadió con voz entrecortada.
A Katniss la sorprendió oír aquello en boca de su amiga, la chica que que ría quedarse soltera el resto de su vida.
- Oye, ¿y qué hace tan distinto a Tom?
Katniss sujetó el teléfono con el hombro y la oreja y se sentó a inspeccio narse las uñas.
- Verás, hay una especie de conexión entre nosotros. Es como si fuera mi alma gemela. Es muy atento, siempre me sorprende con pequeños regalos y me lleva a cenar fuera, y no para de consentirme. Me hace reír continuamen te y me encanta estar con él. Además, no me he hartado como me pasaba con los otros tíos. Y por si fuera poco es atractivo.
Katniss reprimió un bostezo. Clove solía decir todo aquello de sus nuevos novios después de salir con ellos la primera semana, pero luego no tardaba en cambiar de opinión. No obstante, quizás esta vez hablara en serio, ya que al fin y al cabo llevaban varias semanas saliendo juntos.
- Me alegro mucho por ti -agregó Katniss con sinceridad.
Las dos chicas se pusieron a escuchar a un gorila que hablaba con Tom en la radio.
- Bien, ante todo quiero advertiros que estas últimas noches hemos tenido no sé cuántas princesas y damas de honor haciendo cola en nuestra puerta. Desde que se emitió ese maldito programa ¡parece que la gente cree que vamos a dejarla entrar si pertenece a la realeza! Y sólo quiero dejaros una cosa bien cla ra, chicas, eso no volverá a dar resultado, ¡así que no os molestéis en probarlo! -Tom no paraba de reír mientras procuraba recobrar la compostura. Katniss apagó la radio.
- Clove -dijo Katniss muy seria-, el mundo se está volviendo loco.
Al día siguiente Katniss se obligó a levantarse de la cama para ir a dar un pa seo por el parque. Necesitaba hacer un poco de ejercicio para combatir la de jadez y también iba siendo hora de comenzar a pensar en buscar trabajo. Allí donde iba intentaba imaginarse a sí misma trabajando. Había descartado de finitivamente las tiendas de ropa (la posibilidad de tener una jefa como Clove bastó para disuadirla), los restaurantes, los hoteles y los pubs y, por descontado, no quería otro empleo administrativo de nueve a cinco, con lo cual le quedaba... nada. Así pues, decidió que quería ser como la mujer de la pelícu la que había visto la noche anterior, deseaba trabajar en el FBI para ir de un lado a otro resolviendo crímenes e interrogando a gente y finalmente enamo rarse de su compañero de fatigas, a quien por supuesto había detestado nada más conocerlo. Sin embargo, ya que no residía en Estados Unidos ni conta ba con ninguna formación policial, las probabilidades de que tal cosa ocurriera no eran muy prometedoras. Quizás hubiese un circo por ahí al que pudiera incorporarse...
Se sentó en un banco del parque delante de la zona de juegos infantiles y escuchó a los niños gritar de deleite. Ojalá pudiera ir a jugar en el tobogán y los columpios en vez de quedarse sentada mirando. ¿Por qué tenían que cre cer las personas? De pronto se dio cuenta de que llevaba todo el fin de sema na soñando con regresar a la infancia.
Deseaba ser irresponsable, deseaba que la cuidaran, que le dijeran que no tenía que preocuparse de nada y que alguien se encargase de todo. Qué fácil resultaría la vida sin tener que preocuparse de los problemas de los adultos. Y entonces podría volver a crecer y a conocer de nuevo a Peeta, y lo obligaría a ir al médico meses antes y así ahora estaría sentada junto a él en aquel ban co, viendo jugar a su hijo. Y si, y si, y si...
Pensó en el desagradable comentario de Plutarch acerca de no tener que preocuparse de todas aquellas tonterías de los hijos. Se encrespó sólo de recordar lo.
Ahora mismo daría cualquier cosa con tal de preocuparse de todas aquellas tonterías de los hijos. Ojalá tuviera un pequeño Peeta corriendo por el parque mientras ella le gritaba que anduviera con cuidado y hacía otras cosas propias de las madres, como escupir en un pañuelo para limpiarle la carita rolliza.
Katniss y Peeta habían comenzado a hablar de tener hijos unos meses an tes de recibir el diagnóstico. Se entusiasmaban con la idea y pasaban horas ten didos en la cama, tratando de decidir qué nombres les pondrían y montándo se películas de cómo sería su vida cuando fueran padres. Katniss sonrió ante la idea de Peeta ejerciendo de padre (lo habría hecho de miedo). Se lo imagina ba siendo infinitamente paciente mientras ayudaba a sus hijos a hacer los de beres en la mesa de la cocina. Lo imaginaba celosamente protector si su hija llevaba un chico a casa. Imagínate si, imagínate si, imagínate si...
Por Dios, de bía dejar de vivir su vida en la cabeza, recordando viejos recuerdos y soñando sueños imposibles. Así no iría a ninguna parte.
"Por cierto, hablando del rey de Roma", pensó Katniss al ver a Plutarch salir de la zona de juegos con Emily y Timmy. Parecía muy relajado, se dijo mien tras observaba sorprendida cómo perseguía a los niños por el parque. Katniss se irguió en el banco y se dispuso a mostrarse insensible a las críticas ante la in minente conversación con su hermano.
- ¡Hola, Katniss! -saludó alegremente Plutarch, aproximándose a ella por el césped.
- ¡Hola! -dijo Katniss a los niños que corrieron a su encuentro y le die ron un fuerte abrazo. Qué cambio tan agradable, pensó- Estáis lejos de ca sa -dijo a Plutarch-. ¿Qué os trae por aquí?
- He llevado a los niños a ver al abuelo y la abuela, ¿verdad? -contestó Plutarch, revolviendo el pelo de Timmy.
- Además hemos ido a McDonald's -dijo Timmy excitado, y Emily aplaudió con entusiasmo.
- ¡Mmmmm... qué rico! -dijo Katniss, relamiéndose-. Qué suerte te néis. ¿A que vuestro padre es el mejor? -agregó sonriendo. Plutarch se mos tró complacido- ¿Comida basura? -cuestionó luego a su hermano
- ¡Bah! -Plutarch restó importancia al asunto con un ademán y se sen tó a su lado-. Todo con moderación, ¿no es así, Emily?
Emily asintió como si a sus cinco años hubiese comprendido perfecta mente a su padre. Lo hizo abriendo mucho sus grandes ojos verdes y el gesto agitó sus rizos rubios rojizos. Se parecía espantosamente a su madre y Katniss tuvo que apartar la vista. De inmediato se sintió culpable y volvió a mirarla sonriendo... para desviarla de nuevo. Había algo en aquel pelo y aquellos ojos que la asustaba.
- Bueno, una comida en McDonald's tampoco va a matarlos -convino Katniss.
Timmy se agarró el cuello y fingió que se asfixiaba. Su rostro enrojeció mientras fingía vomitar, se desplomó sobre la hierba y quedó inmóvil. Plutarch y Katniss rieron. Emily hizo pucheros como si fuera a llorar.
- ¡Vaya por Dios! -bromeó Plutarch-. Creo que nos hemos equivoca do, Katniss, la hamburguesa de McDonald's ha matado a Timmy.
Katniss miró asombrada a su hermano al oír que llamaba Timmy a su hijo, pero optó por no hacer ningún comentario, pues sin duda se trataba de un lap sus. Plutarch se levantó y cargó a Timmy en el hombro.
- En fin, tendremos que enterrarlo y celebrar un funeral. -Timmy rió colgado boca abajo del hombro de su padre.- ¡Oh, está vivo! -exclamó Plutarch.
- No, no lo estoy -protestó Timmy.
Katniss contemplaba complacida aquella escena de vida en familia. Hacía tiempo que no veía algo así. Ninguna de sus amigas tenía hijos y ella rara vez se relacionaba con niños. Se dijo que algo raro le estaba pasando si tanto ado raba a los hijos de Plutarch. Y desde luego no podía decirse que fuese una sa bia decisión permitir que le despertaran el instinto maternal cuando no había un hombre en su vida.
- Bien, es hora de irse-dijo Plutarch-. Adiós, Katniss.
- Adiós, Katniss -repitieron los niños, felices y afectuosos.
Observó a Plutarch alejarse con Timmy colgando de su hombro derecho, mientras Emily brincaba y bailaba agarrada a la mano de su padre. Katniss contempló a aquel extraño que se marchaba del parque con sus dos hijos. ¿Quién era ese hombre que afirmaba ser su hermano? Desde luego, se dijo que nunca había visto a aquel hombre hasta entonces.
Fin del capítulo veintiuno
Capítulo VEINTINUO :D ¿qué qué qué tal, todo OC? Esta capítulo es corto y como de paso, prepararos para el sigueinte pues se avecina una llorera incréible. Espero que os esté gustando esta historia, y sí os gusta leeros el libro original. Contestaré reviews por PM, gracias a los que dejáis su opinión por estos lares
Para quien no lo sepa ya, nos vemos en mis TRES FICS (guat? Tres? YES, IM YOLO) SIEMPRE(SINSAJO DESDE EL PUNTO DE VISTA DE PEETA MELLARK), ALL ABOUT US(mi pequeña obra maestra), y en ANTESDE AAU (one shots dedicados a este fic, éxito mayor)
Y, como no, hoy este capítulo va dedicado para la grandísima Jennifer Lawrence y por ese Oscar que se ha llevado. No puedo decir más que gracias a ella, las personas que nos gusta el teatro o en cine nos ha dado fuerzas para seguir haciendo lo que nos gusta, para cumplir nuestro sueño. Porque se lo merece no sólo por LJDH sino porque realmente en SLP hace un PAPELÓN, y porque ha demostrado a todo el mundo que en estos premios todavía se valoran a los actores de verdad. GRACIAS JENN, gracias por demostrar a todos lo que vales y hacer que el resto podamos seguir soñando con un futuro así.
¡Nos leemos and may the ods be ever in your favor!
Peeta Mellark.
