-¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!- murmuraba infantilmente, dando saltitos en frente de su propia puerta. Taiyou se retrasaba pasos a veces, por eso siempre llegaba primero el menor, a esperar con algo de impaciencia el que le abrieran la puerta. El otro más bien le sonreía y abría siempre con la misma frase.

-Paciencia, paciencia tamborcito…- cargaba en su brazo una bolsa azul marino, algo llena, y era algo parecida a las de papel. El menor no se quejó en lo absoluto y sólo entró al lugar dando más saltos pequeños en su lugar. Esa mañana habían salido muy temprano por capricho del más bajo… A éste le encantaba tener todo tipo de prendas, no importaba si no se las ponía, él sólo las quería para usarlas tres minutos dentro de casa y luego volverlas a dejar como estaban… A diferencia que en Italia, allí no traía más que un par de mudas, por el viaje, y esa ropa no le servía mucho, debido al cambio de clima. Exigió ropa, siendo infantil y tonto, pero el otro le cumplió siempre sus gustos. Mucha ropa nueva que no usaría, pero su sonrisa y la tranquilidad de sus impulsos de personalidad.

-Taiyou- lo llamó sentando de cabeza en el sillón, con las piernas por los aires, y moviéndolas grácilmente. –Tengo hambre… ¿Qué vamos a comer? ¿Es algo rico?- viendo el mueble casi vacío de libros, al revés, se entretenía contando los espacios, y pensando en… otras cosas que sólo él sabría.

-Pues… Compré un poco de esa sopa de aquí… Es famosa en otros lados, supongo es muy rica…- habló tranquilo, aunque algo alto, pues estaba aun en el cuarto, colgando todo lo que el chico había traído de las tiendas. –Se llama Pechka… o creo que así se pronuncia… - asomándose un poco le mostró un suéter azul cielo con un muñeco de nieve en una de las puntas- Éste dijiste que usarías, ¿Verdad?

-¡Sip!- sonriendo, esperó a que el otro se fuera para de una marometa caer al suelo. Sólo se limpió el polvo ignorando el leve dolor de su espalda por hacerlo tan de repente y corrió a la cocina. –¡Tai! ¿La gente puede comer cosas liquidas?-

-Sí, sí puede…- caminó a la cocina con él, y de una bolsa más pequeña sacó el platillo que había comprado- Como comida completa no mucho, pero… Algunos usan licuados de ciertas cosas para complementar. – sacando dos tazones lo vio seguir buscando en el refrigerador- Como de zanahoria y ese tipo de cosas…-

-Entonces…- sacando todo un racimo los puso en la mesa frente a él, sonriendo- ¡Hazme uno, Tai! Que esté rico, siempre hay que ser corteses, ¿Sabes?- le vio algo extrañado pero aun así tomó el racimo de verduras y le empezó a lavar, observando atento cualquier cambio que pudiera haber en el castaño discretamente.

-¿Sólo comerás esto?- bueno, podía guardar todavía la comida para cuando le diera hambre más tarde y le empezara a pedir cena, ya le conocía, siempre hacia lo mismo los días en que se negaba a probar bocado alguno.

-No, no, no es para mi Tai- recargándose en la mesa, observó al peli naranja cortar en rodajas pequeñas la verdura y meterla en la licuadora junto a un poco de agua- Es para Taku-kun… Ya sabes… Además, en la mañana no le di de desayuno, debe tener hambre… Así que le serviré esto…

-No creo que esté bien que sólo le des esto… - susurró haciendo una mueca y accionando el aparato. No tuvo que esperar mucho para que terminara, y lo sirviera en un vaso de plástico grande. Nunca una bebida como esa iba a poder satisfacer las comidas de alguien. –Lleva aunque sea un poco de—

-No.- cortó fuertemente, sin pensar en los demás, ni en el castaño músico. – Él sólo puede comer esto…- le vio con una sonrisa mucho más amplia que antes, una más sínica y siniestra. –Gracias Tai- calmadamente tomó el recipiente y sin mediar una palabra más camino a ese cuarto. Ah… No se escuchaba nada desde afuera de esa habitación, así que probablemente el castaño había despertado después de haberse ido.

La llave giró, volvió a cerrar con la misma, no quería que Amemiya viera su creación, no aun, porque probablemente le reprendería, y tendría problemas… Prefería ver él solo ese bello espectáculo. El castaño tirado en el suelo de nuevo, esposado de las manos encadenado de las piernas, sus mejillas aun pegajosas y brillantes por lágrimas que debió soltar por un buen rato… Las gotas de sangre seca en sus labios y quijada, producto de su negligencia, y esa mirada llena de odio, los ojos rojos y las cuentas castañas en él. Sí… Seguro que había odiado cuando se levantó y sus bellos labios estaban cosidos, con lindos y bellos hilos encajados en su piel que le impidieran sacar esa bella voz más que en gemidos de sufrimiento.

-No corazón, no debiste hacer eso… Jalarse las costuras sólo hará que el relleno salga… Tu sangre seca no te queda, de hecho se te ve horrible, como la mayoría de las cosas…- decía dejando el bote en su lugar y levantándolo al tomarle de los hombreo, al menos para recargarlo sobre la pared, mientras éste se removía queriendo golpearlo o algo por el estilo… El castaño logró esquivar varios de los golpes, mas cuando trató de quitar los rastro rojos de su quijada, los brazos del otros se movieron lo suficiente rápido como para golpear su torso y hacerlo caer, dejando tiradas las llaves en el suelo. –U-ugh…- se quejó por el golpe con una caja el menor, mientras el otro, como podía con sus manos, tomaba el llavero y buscaba con prisa cuál de todas ellas pertenecía a las cadenas en sus piernas…

El de ojos azules, al verle hacer eso, sólo rió tiernamente, maravillado con lo tonto e ingenuo que podría llegar a ser ese chico. Probó con las cinco que había allí, pero lo único que consiguió fue el odio a esa sonrisa que tenía el otro, recostado en el suelo observándole. Ninguna de esas era la correcta, ninguna funcionaba y lo único que obtenía era al menor riendo y levantándose como si nada hubiera sucedido.

-Muy mal, muy mal… Así no se trata a la gente, ¿Nunca te enseñaron modales?- preguntó, volviendo a limpiarse el polvo, aunque esta vez su camiseta blanca quedó algo manchada por todo el acumulado en esa habitación. –Para serte sincero, a mi tampoco, pero Tai luego me dijo que debo hacer cuando vayamos a lugares formales- tomando el racimo de llaves de las asustadas manos del otro, las guardó nuevamente en el bolsillo- Jamás traería las llaves con las que estás amarrado aquí, no seas tontito Shindou- apretando su mejilla con una sonrisa más grande, dio palmaditas en el cabello formado por sólo mechones disparejos.

–Eres un mal niño, que mal portado… Pero tranquilo- y sin esperar algo más, pateó con fuerza el estomago del otro…. Los pulmones se encogieron, y el aire se le hizo escaso. A pesar de que trataba de abrir la boca para poder respirar, sólo abría de nuevo las marcas que había dejado la aguja, y esa sensación de mareo le atacó de nuevo… No podía respirar. –Yo sé cómo castigarte- otras dos cadenas provenientes de la pared, las amarra cada una en las muñecas del otro… Ahora ejercían doble peso en sus manos, y estás no podían moverse más que para estar juntas. –Listo… Ahora ya no podrás moverte tan fácil… ¿Verdad?-

El castaño cerraba los labios con fuerza, soltando otro par de lágrimas de dolor y tal vez frustración, sin dejar que ese odio retratado se disipara… Era obvio que ese pobre chico estaba tomando todo como si fuera personal. –No corazón, yo no te odio… - habló acariciando esta vez su rostro, con cuidado, casi como si fuera de porcelana… Para después rasguñar con desprecio la misma. –Ésta sólo es mi venganza…- masculló. –Nadie te mandó de arrastrada con Kyousuke…- … El ceño fruncido y los ojos que miraban con deseo de querer asesinarlo ahora mismo cambiaron pronto, sólo para dar paso a una singular sonrisa preciosa que mostraba y acercaba el licuado. –Te traje un poco de comer, ¿Quieres? Tienes pequeñas aberturas, por allí puedes tomarlo, aunque con cuidado, no vayas a abrir más esas pequeñas heridas…- señaló viendo como nuevas gotas escurrían de sus labios. –Vamos…

Acercó el vaso a su boca, pero el chico simplemente volteó el rostro. No tomaría de esa infernal bebida, no sabía si quiera si había algo en ella… -Te digo que te la tomes…- trató de insistir sin caer en sus propios impulsos el más bajo, pero el otro volvió a removerse, sin intenciones de beberla. –Bien… Como quieras…- obligándole a abrir las manos, colocó la bebida allí y sostuvo las palmas lo suficiente para que no la tirara en un impulso. –No te traeré otra cosa hasta mañana en la mañana… Así que tú decides si te la tomas… O mejor te aguantas el hambre hasta cuando me dé ánimo-

El chico detuvo entonces sus movimientos ante esa amenaza. Sentía ya su garganta seca, y su estomago dolía ya… De cierta manera tenía que probar algo, y teniendo esa horripilante marca en sus labios no tenía otra cosa que hacer… No tenía opción. Cerró los ojos con odio y acercó el vaso a su rostro, tomando como podía, pues tan sólo rosar su boca, ya estaba teniendo corrientes de dolor en él.

-Eso, que buen niño… Entonces, yo me voy… - simplemente le sonrió y dio palmadas de nueva cuenta en su cabello, sabiendo que con ello éste se sentía más que humillado. Dando media vuelta, caminó a la puerta con la tranquilidad de siempre. –Tengo que volver a casa, y hay un trato que tengo que hacer con Kyou-kun, ya sabes… Él siempre ameno a cooperar conmigo… Tú sabes- rió con la ironía que esto representaba y se estiró un poco para darle después sólo un rostro alegre y una despedida con la mano, desde lejos, justo como lo haría un niño- Nos vamos mañana Taku-kun, o… Eso esperemos que quiera tu noviecito…-

Derrotado, y sin tener la capacidad si quiera de contestarle, bajó su rostro para ver el suelo, sin soltar lo único que tendría para alimentarse. Se sentía tan mal… Pero llorar de nuevo, sólo le haría peor… Tomó el vaso escuchando la puerta cerrarse a sus espaldas, y con ese rostro, el de ojos azules, fue feliz al terminar de verle… Era perfecto el como sufría…

Aunque a espaldas suyas, observando esa sonrisilla estaba el peli naranja, observando sus actos. Escuchó un poco de lo que dijo, y le preocupaba. No sabía bien si ese ambiente le hacia bien o mal… Estaba casi seguro que lo segundo, pero cada vez que le pedía lo dejara, se olvidara de su asunto, él le veía de tal forma que él sólo sucumbía ante esa mirada azul llena de ternura. –Está sufriendo mucho…- dijo espantando al otro, que dio un pequeño salto en su lugar, apegándose a la puerta.

-A-ah… Eres tú Tai- acercándose a él lo abrazó del torso, muy fuerte, recargando su mejilla y sintiéndose cerca. -¿Ya ésta la comida? Después tenemos que ir a casa o Edgar se enojará y Fidio le meterá mas tonterías a la cabeza- acurrucarse más en su pecho era lo que le encantaba hacer cada que éste se veía serio, ya que después de unos segundos más, sonreía por el gesto. Taiyou, era cierto, lo hacía, pero esta vez era una sonrisa más que todo preocupada por Tenma. No todo estaba bien con él…

-Así que ésta es tu casa…- el moreno veía con algo de emoción, algo que no debía de merecerlo en lo absoluto, al parecer de Hayami. Era divertido ver su rostro rodeado de brillos al observar el sencillo inmueble de dos pisos, el pequeño jardín rodeado de ocasional nieve, y ese gran roble en una de las esquinas de éste, delimitando con la reja del vecino a su derecha.

-Siento si no es algo muy… llamativo. Como las casas en las que trabajas- amablemente, dejó pasar el detalle que tenía el observando todas las cosas a su alrededor, abriendo la puerta sin hacer mucho ruido. –Sólo que yo soy a lo que le dicen… ¿Una persona promedio?- preguntó viendo al cielo. –Sí, una persona promedio, algo así-

-Hum… ¿De que hablas?- murmuró distraído, aun viendo como se arremolinaban entre las ventanas de marco de madera la capa de nieve tan pequeña, que seguro se derretiría con tan sólo unos minutos en el sol… Era diferente, muy diferente al tipo de casas que había en Italia habría que decir, y también esa sorpresa se debía al largo tiempo en que no había estado en una casa normal de visita, y faltaba aun demasiado para que fuera una casa donde vivir… Añoraba eso.

-De… ¿Tu trabajo?- preguntó algo extrañado- Ayer me lo dijiste… - haciendo una pequeña seña respetuosa le invitó a pasar. –Sobre la protección…- le recordó al ver que estaba o seguía igual de perdido que cuando hizo el primer comentario. Era obvio que no tenía idea.

-¡Ah! ¡Sí! Eso- que tonto, no debió de haber sido tan obvio al momento de no recordarlo. No iba a ocultarlo, el día anterior, todavía retuvo un rato al chico de castañas coletas, hablando con él, en la entrada porque si no Edgar lo regañaría dos días seguidos, pero allí pudo enterarse de algunas cosas de él… Y claro, inventar una vida falsa para que no sospechara nada… No era tan difícil, usaría la de siempre. Él era un guardaespaldas, de esos que tienen las personas importantes o de dinero. Podría parecer poco inteligente, y algo débil, pero lo que a Hamano le sobraba era astucia. Ese era su talento especial.

-Me alegro que tu jefe en turno haya venido a Rusia por un tiempo- cerrando la puerta, se recargó un segundo en ésta, sonriéndole al chico frente a sí. Sus mejillas se colorearon un poco de rojo mientras se le escapaban las ideas que deberían mantenerse en su mente. –Si te quedaras en Italia, probablemente nunca te hubiera conocido, y bueno… - mordió su labio y buscó rápido una excusa- Seguro que esos tipos terminaban robando mis cosas, y no quería que eso sucediera.

-¡Sí, yo también estoy feliz de venir aquí! Porque te he conocido Tsuru-chan- rió un poco, guardando sus manos en sus bolsillos y jugando con sus pies- Me salvaste, la verdad es que no quería venir a este país… Es tan… Diferente a lo que estoy acostumbrado a ver. – esperando a que el más bajo comenzara a caminar guiándole, observó los detalles que habían en él, minúsculos pero especiales… Todo en conjunto le daba una extraña obsesión por estar cerca de él. –Italia y Rusia son países muy diferentes… Más de lo que esperaba.

-Ya veo…- se detuvo un segundo y se asomó a una habitación, desde su ángulo sólo pudo ver una cama matrimonial, y un retrato, no muy claro. Probablemente era la recamara de los padres de Hayami. –Espero que al menos mi abuela haya preparado una comida que te agrade… Todo aquí debe ser tan nuevo a tus ojos… - ahora caminó con más prisa hasta otro lugar, una sala que se veía más amplia, y el murmullo del televisor era audible al menos hasta ese punto de la casa. El menor tocó un par de veces la madera del contorno, de esas que a veces estaban en las paredes, paciente por una dulce vocecilla de mujer. –Abuela, traje a un amigo como visita-

-O-oh, ¿Un amigo?- escuchó el moreno. Diablos. Rápidamente se puso tenso, se paró como era correcto, casi como si lo que fuera a saludar fuera a un militar o peor aun, a Edgar enojado, y esperó a que apareciera… Aunque ya con verla no le causa esa misma intimidación que sintió por su voz. Era una persona de estatura baja, por los finos cabellos blancos aun se veían leves toques de grises y marrones, perdiéndose entre la coleta baja que portaba, y sus ropas no eran más que las comunes, con un suéter rosado para complementar por las bajas temperaturas. –¡Ah! Es cierto, un amigo. Pasa, pasa corazón, estamos a punto de comer, siempre hay un plato para alguien más.- se ofreció sin preguntar si quiera algo más. Kaiji sólo vio confundido eso. No creyó que fuera tan fácil, después de todo había conocido a Hayami el día anterior. Si había observado bien las relaciones y las películas, se supone que primero eras su amigo y después te invitaba a comer con un interrogatorio de sus padres… Hump… Había sólo dos opciones que se le venían a la mente: Número uno. Ellos eran sus abuelos, así que el problema no venía con ellos. O la número dos. Era un suertudo que pudo saltarse varios de los pasos. Creyó tontamente en la segunda, era mucho más sencilla y positiva, justo como su comportamiento.

-Ahm… ¡Gracias!- aceptó contento, siendo guiado de nuevo, ahora por ambos familiares… Lo que había allí era efectivamente, un lugar más amplio. Por un lado, había varios sillones con la tele de frente, por el otro estaba una sencilla mesa de madera, con 4 sillas, algo pequeña diría él… Y finalmente se veía al fondo, una abertura en la pared, como un cuarto unido y a la vez no. Allí había otra persona más, esta vez era un hombre, y podía adivinar que era el abuelo, gracias a la misma condición en su cabello que la mujer, y por la "entrada" que poseía al medio de su cabello. Él, se volteó a verlo, y se quedo así por algunos segundos. Debía admitir que no se le ocurrió algo inteligente que decir. –Este…

-Saluda cariño, es un invitado, un amigo de Hayami- La amable mujer se acercó a la mesa donde su esposo terminaba de servir un tercer plato para la mesa. El hombre sonrió al oír eso y le tendió la mano con una amplia sonrisa.

-¡Vaya! Tsurumasa nunca había traído un amigo a comer- celebró. La sacudida que dieron sus manos le pareció algo exagerada al moreno, pero se dejó hacer riendo nervioso. Él también era exagerado en algunas ocasiones, tal vez ese señor entendería lo que era emocionarse como él se emocionaba. – ¡Anda, siéntate, siéntate, estás en tu casa! Ahm…

-¡Oh! ¡Sí! Mi nombre es Hamano Kaiji- respondió viendo que no le había dicho su nombre a los adultos frente a él en lo absoluto. –Conocí ayer a Hayami, siento si vengo tan de sorpresa- y de nuevo con esa pose de nervios, sacó una risa. Estas personas eran tan diferentes comparadas con las que siempre se relacionaba dentro del medio de los crímenes. Allí no tenía más opción que ser amable con quien les convenía, no importaba si en realidad quería ahorcarlos allí mismo… También significaba apuntar con un arma la frente de aquel a quien tanto apreciabas. Ese mundo era tan cruel, su mundo lo era… Y a pesar de eso, esa casa parecía tan inmersa en toda esa crueldad impuesta allá afuera.

La mujer reía, el hombre también, ambos abuelos, mientras contaban algunas cosas vergonzosas de su frágil nieto que sólo se sonrojaba ante cada tontería que soltaban, pero aun así le sonreía de vez en cuando. Él sólo pudo decir mentiras… Padres separados que le dejaban ese trabajo, entrenamiento falso, jefe inexistente y su familia, y creyó haber mencionado algo sobre un hermano en alguna ocasión. Pero era mentira… Él no era nada de lo que hablaba, en lo absoluto. A decir verdad, si no hubiera conocido a ese chico de coletas el día anterior, y hoy hubiese aceptado la invitación de ir a su casa… Probablemente estaría aglomerado de problemas proveniente de toda su mafia, y probablemente sobre las rosas que manejaban Rusia. ¿Por qué su vida no pudo ir por este camino? Al final borró esa pregunta de su mente, y se dedicó a seguir fingiendo que era un buen chico que pretendía ser amigo de Tsurumasa, por mientras, porque el pretendía algo más con ese castaño de grandes lentes. Era tan lindo…

Aunque debió admitir que si vio algo extraño en aquel hogar. Había mucha calidez en él, pero podía sentir un vacío en el ambiente… Era un vacío extraño, como si escondieran algo ellos también. Fue hasta que observó un poco su alrededor que lo notó, pero no quiso comentar nada. Había muchas fotos en las paredes, casi como una colección. Muchas de ellas eran de un pequeño niño castaño con una gran sonrisa, en los hombros de su padre, mientras su madre le sonreía sutilmente a la cámara. Y después… Después sólo había un chico de coletas tranquilo y callado, con una pequeña sonrisa de la mano de ambos adultos de tercera edad. Entendía a la perfección que sucedía…

¿Por qué a padres buenos como esos siempre les pasaba eso? Conocía tantas historias de niños que perdían a sus padres que tanto les amaban por cosas del destino, tantos casos diferentes, tantos finales tristes, tantos pretendiendo ser felices… Surcando con sus manos algunas cicatrices en sus brazos, debajo de esa playera delgada que llevaba ante el frio, sólo por flojera de no usar un suéter… Deseó que eso también le hubiera sucedido a él. Que fuera una mentira los gritos y los golpes de antes. Sonrió un poco más, en algún momento, esa sonrisa que había sido sincera desde un principio se pinto de tonos grises. ¿Por qué la vida que tanto deseaba… Era una absoluta mentira?

-No me gusta el cielo de aquí- se quejaba jalando el brazo del peli naranja de nuevo. Odiaba, odiaba ese estúpido cielo que siempre se mostraba gris… El sol no era del todo lindo, pero ya se había acostumbrado al vasto y limpio cielo que solían tener en Europa… Este estúpido país… A pesar de que antes siempre le quiso ver el lado amable a un cielo así, ahora mismo lo odiaba… Lo odiaba con todo su ser, le traía pésimos recuerdos acerca de ese país. –Un atardecer naranja sería bastante lindo- sugirió sonriendo. A pesar de ello, era más que imposible, aún era la tarde, faltaba un poco más para un atardecer.

-Sí, sería más bonito…- comentó, tomado de la mano del castaño. Después de los alimentos, se habían alistado y salido con simpleza de ese departamento, cerrando con llave, despidiéndose de las personas de los pisos aledaños, ya que ellos eran los únicos que vivían en el último piso del edificio. Tenma terminó poniéndose otra ropa a la que había dicho, él sólo guardó algunas cosas que podrían traer para la mansión con su mafia, y preparó una excusa por haber estado todo ese tiempo ausentes en la casa, así no sospecharían, después de todo, se aseguraban que no los siguiera nadie, ni de su mafia, ni de las rosas, y mucho menos civiles.

El centro de la ciudad estaba concurrido hoy, eso era mejor, porque pasaban más desapercibidos. De vez en vez se detenían pues el menor se entretenía con alguna cosa, pero finalmente el camino era renaudado con brevedad. Había un lugar que no habían visitado aun, eso en el plan para no aburrirse por parte del castaño, un lugar un poco simple. La estación central de trenes. Ah, era un lugar bello, seguro que sería maravilloso ir en uno de esos trenes, lastima que su trabajo les impedía esto.

-Es tan grande- rió apretando sus mejillas al verlo. La próxima salida sería dentro de diez minutos, y las personas comenzaban su abordaje, algunas ya lo terminaban, pues ya estaban sentadas en el sillón. –Cuando me sentía triste venía siempre a este lugar… - susurró con cierta voz apagada a su novio, éste le miró. La expresión del oji azul se vio unos momentos perdida en sus recuerdos, en esos recuerdos que Taiyou no lograba lograr. –¡Pero!- gritó casi asustando al otro. –Ahora soy muy feliz, y la estación es mucho más, más hermosa. –sonrió con malicia metiendo las manos a los bolsillos de ese saco. –Apuesto a que Shindou-kun quisiera ir en ese tren con Kyou, aww… Aunque… Es una lastima que eso nunca llegue a pasar- sonreía tan dulcemente, pero su mirada seguía tan vacía… No había ni si quiera un poco de piedad en ella hacia el músico.

-Algún día tú y yo podríamos ir en tren- le sonrió un poco, tratando de ignorar la otra diferencia. Se sentía desplazado, la mayoría del tiempo, ese chico de graciosos rulos ocupaba la mente de Tenma. La preocupación de que ese amor que tuvo siguiera presente, ahora de un modo demasiado retorcido le aterraba… Matsukaze podía tener todos los problemas que pudieran ponerle, pero él lo amaba. Amaba cuando le sonreía sinceramente, cuando rodeaba su cuello y besaba sus labios. Cuando lo veía y deseaba ver en sus ojos un brillo que le confirmara su amor. ¿Qué tenía Tsurugi que no tuviera él? Él merecía a Tenma mucho más que ese tonto, es más, ese sujeto ni siquiera se lo merecía. Posando su mano en los cabellos castaños, los revolvió un poco para causarle una risa enternecida al menor. –Llama de una vez, para que podamos ir a casa-

-Está bien Tai- rió sacando ese teléfono celular de su bolsillo, tomando de la mano al peli naranja, guiándolo hasta una banca alejada del pequeño bullicio que había. A medio año no había tantos viajes, así que no había mayor problema. Tras una rápida vista, junto con su novio, se sentó en aquel lugar de madera, el mayor quedó de pie, con las manos en los bolsillos, viendo como si estuviera entretenido las salidas… Aunque sus cuentas más bien se aseguraban de que nadie más se acercara a ellos.

Dio un respingo, sacando el pequeño papel donde había conseguido ese número, el de Tsurugi. Había sido una estupenda idea el pedir que lo investigaran también… No supo cómo lo hizo, pero tener ese preciado número privado para negociar directamente con el chico… Era mejor que sólo darle indirectas por cursis mensajes. Los tonos de llamada fueron largos, muy largos. Llamaba, pero a primera instancia no contestaba… ¿Qué? ¿Era peligroso un número desconocido? Debía creerle, ahora mismo era lo más seguro que podía hacer, contestarle.

-Hable- se escuchó de repente por la bocina. Al castaño la sonrisa maliciosa le apareció por inercia en sus labios, observando ese tono. Demacrado, frustrado, incluso podría jurar que había un toque de tristeza. Aww, ¿No era tierno? La bestia enamorada de la bella princesa de lágrimas, eran tan tiernos y tan asquerosos a la vez, quería vomitar encima de ellos. Tan adorables y detestables esos dos. –Dije que hable-

-Ups, disculpa, me perdí en mí mismo- se excusó rápidamente, con ese tono. Se escuchó la tensión casi por teléfono, el corte de la respiración en algún segundo. Vaya, vaya… Así que para dejar sin aliento a un chico tenía que secuestrar a alguien preciado… Pero era complicado, resultaba maravilloso el que a Amemiya ya lo tuviera en el bolsillo. -¿Qué pasa? ¿No me saludas?-

-Tú…- susurró con odio y veneno en aquella frase. Era una lastima que ya no le hiciera daño en lo absoluto ese tono. -¿Qué es lo que quieres?- Bueno, no habían demasiadas razones por las que quisiera hablar con el chico de rulos, así que la pregunta era un poco tonta.

-Bueno, yo sólo quería conversar contigo acerca del clima- bromeó con esa dulce y cizañosa risita que tenía. Era sarcasmo, por supuesto, Kyou tuvo la oportunidad de hablar sobre el clima con él mucho antes, no era su culpa si éste no quería verlo. –Hablo por lo que te había dicho… Tranquilo, no he matado a tu "precioso" músico… Es demasiado lindo, cuesta un poco de trabajo. – bostezó con simpleza y siguió escuchando atento cualquier reacción por parte de éste. No había mucha, sin embargo se movía en el cuarto donde estaba. –Necesito que hagas algo… A menos que quieras que me deshaga de ese chico.

-¿Qué mierda quieres?- interrumpió. La sonrisa, ante cada frase que soltaba el de ojos dorados, se ensanchaba. Tenía justamente a Tsurugi donde lo quería, donde lo necesitaba, donde anheló tenerlo tanto, tanto tiempo.

-No, no… Que mal niño eres. Las malas palabras no deben decirse- regañó aun sonriendo. Eso era… Debía desesperarse, desesperarse al grado de no saber que hacer y sentir la agonía de saber que podía hacer lo que quisiera en el momento que quisiera. –Escucha bien, porque de esto depende el bienestar de tu princesa- el silencio expectante se dejó ver, también un suspiro del castaño. Tanto silencio le llegaba a aburrir, siempre era tan callado, siempre lo fue. – Kazemaru Ichirouta… - susurró esto, casi como un secreto. –Ese chico de cabellos azules, ya sabes, ojos rojos, lindas pestañas…- seguía hablando.

-Por supuesto que se quien es… ¿Qué quieres con él?- El chico ya había pensado previamente en el asunto del peli azul, por lo tanto, sería un poco más sencilla la petición si tenía que ver con él, ¿No era así?

-Bueno… Quiero que lo traigas a la estación central… - sonriendo un poco se recargó por completo en el asiento. –Aquí estarán personas, debes entregárselos, ellos sabrán que eres tú- rió un poco pensando en lo gracioso que debía verse Fidio con lentes negros. Ah, ese estúpido italiano. –Y si… No lo haces… Sabes bien que no tendré contemplaciones con Taku, ninguna…

-¡No te atrevas a hacerle daño!- subió su tono de voz, algo alto, pero eso no fue lo que le llamó la atención a Matsukaze… Más bien, fue un ruido al fondo de la llamada, de algo caer y romperse.

-¿Hay alguien contigo?- la voz dulce desapareció al decirlo. No, ¿Acaso no había escuchado sus reglas? –Te dije que nadie debía enterarse… Absolutamente a nadie se lo podías contar… ¿Buscas que muera Shindou?

-Por supuesto que no, no estoy con nadie… - el chico tuvo que mentir. El decir que Kirino se encontraba con él, que tenía ya conocimientos sobre el secuestro, sería la perdición del chico de la rosa blanca, encerrado y torturado por algo que no había hecho eso.

-Si llego a enterarme… De que se lo has dicho a alguien… No me importará nada. – estaba que destrozaba el celular entre sus manos. ¿Acaso creía que sólo por ser tan lindo iba dejar vivir a ese chico. –Lo mataré… Lo mataré, rápido o lento, fácil o difícil, pero acabaré con su vida… ¿Escuchaste?- apretando el saco que llevaba puesto, lo estiró un poco tan sólo para calmarse. No debía perder los estribos tan rápido. –Hoy a media noche te esperarán aquí, apresúrate que tan sólo tienes unas horas- rió, y sin esperar una nueva respuesta colgado. Respiró rápido y entrecortadamente. Tenía que calmarse, calmarse ahora… Pero no podía, no podía, imaginar que alguien se enteraba de esto… Quería volver a ese departamento y enterrar un cuchillo en la garganta de Takuto y dejarlo allí… Solo.

-¿Qué sucedió?- preguntó con una sonrisa su novio, mientras se sentaba a su lado. Sonriéndole. Tenma buscó como siempre, una salida en él. Frunció las cejas, hizo un puchero leves lagrimitas querían salir de sus ojos. -¿Q-qué pasa?- preocupado tomó sus hombros, pero el chico rápidamente se aferró a él con fuerza, en un abrazo algo desesperado.

-Odio al mundo, estúpido mundo- maldijo en voz baja. Amemiya reaccionó un poco, e hizo lo que siempre resultaba bien. Consentirlo. Pasando sus dedos entre sus hebras, acomodo su cabello, con cariño y paciencia para que éste se recuperara. Cuando estaban solos sus ataques eran más controlables, a diferencia de a cuando alguien le observaba.

-Tranquilo… Estoy aquí- susurró. Alzó su rostro con suavidad por el mentón y le sonrió. Eso siempre calmaba a Tenma. –Aquí estoy- besó sus labios suavemente, y el castaño se rindió ante él, borrando esa preocupación de su rostro y tomando las manos de su amor sobre las mejillas. Era fácil el imaginar por qué Tenma amaba tanto al peli naranja. –Ti amo- susurró en italiano, apretando con simpatía la nariz del más bajo. Este rió travieso y besó una vez más su mejilla.

-Quiero ir a casa… Tengo sueño, vamos a casa Tai- sugirió con esa sonrisa entre sus labios. El mayor sonrió y se puso de pie junto a él, sólo que en vez de avanzar, se quitó su bufanda azulada y la pasó por el cuello del contrario. También tomó el celular entre sus manos y lo dejó en la banca. No sabían si intentarían rastrear el equipo, era mejor dejarlo allí.

-Te advertí que te abrigaras bien, el frio seguro que va a aumentar- y tras ello, dejó que jalara su brazo para ser guiado a casa. Tenma era casi como un niño pequeño en algunas ocasiones. –Vamos, compremos algo caliente en el camino, y llegando puedes dormir todo lo que quieras, yo le daré la información a Edgar, ¿Sí?- y de repente el agarre que tenía en su brazo se volvió a tensar. Esta vez no entendió por qué.

Tenma, temeroso y sorprendido veía hacia el frente, escondiéndose detrás del brazo del mayor. Su mirada se dirigía hacia una bella chica, bajando del tren que acababa de arribar. Cabello corto y azulado, una amplia sonrisa amable, un vestido largo y una maleta sencilla a su lado. Esa chica era algo conocida en esa ciudad por su dulce voz, lo vio en un panfleto, el mismo que el menor había destruido al primer segundo de ver la foto. ¿Qué pasaba? –Tenm—

-Vámonos- ordeno rápido, apretando el brazo del otro. –Dije que vámonos- repitió sin darle tiempo si quiera. El agarre se hizo agresivo, y pronto se llevó a rastras, apretando en exceso esa piel por la puerta de a lado, antes de que los viera esa chica. ¿Qué tenía de especial? Era… Aoi… Aoi algo, no lo recordaba… Pero tan sólo era una persona… Sin embargo, eso no parecía con su novio… Este lucía aterrado… Y lo único que podía hacer cuando no sabía que sucedía, era tomar su mano muy, muy fuerte.

-¡Tenma!- gritó la peli azul corriendo a él. Éste, sentado en el pasto observaba como a lo lejos, recargado en el árbol, Tsurugi revisaba su celular sin mucho interés.- Tenma- se sentó a su lado con una sonrisa.

-Aoi- rió volteando a verle.

-No me digas… Le has vuelto a pedir que almuerce con nosotros y se ha negado- el evento se había repetido ya por al menos 3 semanas. El castaño se empeñaba y empeñaba, pero el oji azul siempre lo despreciaba. –Aun así, ¿Por qué no fuiste con nosotros? Te estamos esperando.

-B-bueno- rió algo avergonzado, con sus mejillas levemente sonrosadas- Decidí estar aquí un rato, tal vez se decida a venir.

-No mientas- sonriendo de forma complicitiva picó la mejilla del castaño, sonriente. –Estoy completamente segura de que ese chico te gusta.

-¿E-eh?- su sonrojo se hizo aun mas grande al escucharla- ¿Tan obvio soy?- preguntó, dando una respuesta sin desearlo.

-¡Lo sabía! Era mucha tu insistencia con él- sonrió y apretó las mejillas del chico con simpatía. –Eres lindo y él es muy malo, apuesto a que harían una adorable pareja-

-¿En serio?- sonrió y observó a lo lejos al chico, aun sin ver la presencia de ambos, o fingiendo al menos no hacerlo. –Bueno… Tal vez…

Creo que lo intentaré.