Gracias por su maravillosa lista de reviews, me hacen suspirar de felicidad. Gracias chica/os, de verdad espero que este capítulo les guste, me esforcé mucho con esto y de algún modo me siento satisfecha con el resultado de hoy.
Sin más disfruten.
Declaimer:
Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.
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Episodio
XXI
¿Un tiempo para la oveja?
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Yo sé que te herí en ese momento, así que no lo entendí.
Es porque eras tan amable ¿qué quisiste consolarme?.
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Respiró trémulo, con las aletas de la nariz agitándose rítmicamente al tratar de calmar sus niveles cardiacos de una manera normal, era como si de repente sintiese una presión en la cabeza que le quería fundir el cráneo contra el suelo para llevarlo hasta el mismísimo infierno. El cuerpo comenzaba a sentirse pesado y su mente continuaba siendo un caos, pero no podía pensar en los reproches que había recibido de sus amigos, ni en las amenazas de Naruto y el estúpido de Kiba, ya luego se encargaría de darle su merecido a Itachi por andar de boca floja en semejante sitio. El único pensamiento que le azoraba era el de alcanzar a su oveja que velozmente había emprendido una astuta retirada tras una vacilante reverencia en medio del bullicioso salón; ni bien fue consciente de todos sus movimientos ya había salido disparado dejando en la boca de sus amigos esa maldiciones bien merecidas para su persona, la persiguió firmemente con la esperanza de que ella prestara sus oídos para las palabras que a pesar de todo, continuaban atoradas en su garganta. Sus dedos se aferraron con fuerza a esa delicada muñeca, casi estaba seguro de que era capaz de herirla con ello. Su mano ardía por el tacto con la piel de Hinata. Pero lo cierto es que se sentía desesperado, aunque ella no había pronunciado ni una sola palabra, ya sea buena o mala, esa mirada, esos ojos, esa pose…
Le habían dado miedo.
Estupefacto había sentido ese terror recorrerle las venas, calar en sus huesos e impulsar sus pasos para alcanzar a la ojiperla. Era como si su silueta fuera desvanecerse en sólo un instante, como si fuera a perderla.
No quería eso.
Se rehusaba rotundamente a dejarla ir. Tenía que explicarle las cosas con calma, decirle que si bien la apuesta era su intención inicial, ahora eso le importaba un puto bledo. Él la amaba, la amaba como nunca creyó poder amar a otro ser humano, maldita sea, él detestaba a la gente, así que cuando decía que ella era lo más importante en su vida, no estaba mintiendo, no la estaba engañando. No obstante su voz parecía no ser capaz de alcanzarla ahora como si sus palabras fueran a volverse un débil susurro tragado por el viento.
Mierda, ¡Estaba tan frustrado!
—No te vayas—exclamó y su tono tembló un poco.
—…—ella no se giró.
La nieve caía lentamente, siguiendo un compás romántico junto a las preciosas luces que adornaban el jardín interno del corporativo.
—Déjame…déjame explicarlo—pidió dejando todo su estúpido orgullo de lado. De nada servía ser terco y cabezota, no quería echarlo a perder más de lo que ya lo estaba.
—…
—Es cierto, lo admito, la razón por la que me acerqué a ti fue por una apuesta con mi hermano—esas palabras parecían acido en sus labios—, yo… a mí nunca me ha gustado que me comparen y sé que no es una excusa, simplemente no quería…perder contra él—sus dedos se estaban lentamente entumeciendo—. Odiaba el sólo pensar en esa idea. Así que no lo pensé demasiado y fui tras ello como un estúpido; no tenía planeado quererte, sólo tenerte, eras mi objetivo en ese entonces—soltó y su quijada se tensó, los dientes le dolieron por la fuerza al prensarlos.
Maldición era tan despreciable.
—…
—Pero las cosas cambiaron, no quería admitirlo, estaba atónito, no podía creer que tú, la oveja que debía capturar, era más interesante de lo que pensé, eras tan diferente de la persona que mis ojos veían todos los días—recordó a la torpe muchacha indecisa de aquella época que solía sentarse a su lado con los hombros caídos y la cabeza agachada—, cada día tus respuestas, tus movimientos, tus expresiones tan malditamente atrayentes me fueron tendiendo poco a poco una trampa, a mí, el lobo que te estaba cazando y cuando menos lo supe, ya estaba…enamorado de ti. No podía esperar para verte, me desquiciaba pensar que alguien más podría tenerte, odiaba a las personas que siquiera pensaran en hacerte daño, me volví alguien que no reconocía en lo absoluto. Era detestable, no lo entendía y sencillamente un día dejó de tener sentido, ya no me importaba haber cambiado, yo sólo deseaba verte y estar contigo, tú te volviste lo más valioso para mí y sé que quien más daño te puede hacer soy yo. Sin embargo no soy capaz de detenerme, no tengo esa clase de fuerza, irónico ¿no lo crees?—pronunció amargo, sus hombros comenzaron a temblar a cada palabra dicha—. Sería mejor alejarme y dejar de herirte, pero yo no soy tan benevolente, aunque te hiera, aunque te haga tantas cicatrices, aunque sea la persona más horrible en toda esta tierra, yo sólo…no puedo permitirme soltar tu mano.
Sasuke respingó cuando ella se volteó lentamente hacia él. Sus ojos se encontraron. Los orbes azabaches se abrieron de par a par cuando sintió de improvisto la cálida mano libre de la Hyuuga sobre su mejilla. Acariciando gentilmente su rostro. Se desconcertó aún más al notar un líquido salado rodando por sus pómulos. El escozor era insoportable; su cuerpo seguía sacudiéndose, en qué momento él…
¿Había comenzado a llorar?
Su perfecto rostro se deformó en ansiedad y confusión.
¿Desde cuándo sus sentimientos se desbordaban a tal punto?
Hinata sonrió, de nuevo. Pero no igual a como lo hizo momentos atrás. Esta sonrisa era para él, más que un reproche o una máscara, era un silencioso modo de ella para decirle de forma única que no llorase. Apretó los parpados y las lágrimas se desbordaron por sus pestañas, dirigió su propia extremidad libre hasta el moflete ocupado para tocar esa pequeña mano tan frágil y a la vez tan fuerte.
¿Por qué lo consolaba, si era ella que estaba destrozada cayéndose a pedazos?
—…
—Golpéame—interrumpió el queriendo grabar ese tacto en su memoria para siempre, porque no quería que jamás desapareciera—. Golpéame… ¡Golpéame maldita sea! Chilla, grítame, pégame de patadas o lo que quieras, dime que me odias incluso, pero sólo di algo, ¡Mierda!—gritó furioso por el estatismo y soltó la muñeca de la peliazul.
Estaba volviéndose loco.
—Está bien Sasuke…—esa voz era tan clara como un cristal.
Y tan rompible al mismo tiempo.
Sus quinqués volvieron a expandirse cuando ella le sostuvo el rostro entre sus dos manos. Limpiando esas imparables y tontas lágrimas con sus pulgares. Sasuke se había inclinado por inercia debido al sufrimiento que cargaba en sus hombros.
—¿Por qué…?—se escuchó gangoso.
—Está bien, Sasuke, está bien—arrulló Hinata débilmente juntado su cabeza con la del lobo.
—¿Por qué?...—sus cejas se contrajeron con tormento—, ¡¿Por qué eres tan amable para consolarme?!—reclamó irascible—. En tus ojos… ¿qué clase de monstruo soy ahora?
Hinata simplemente no respondió.
La oveja silenciosamente confortó al lobo y cuando él hubo dejado de llorar por la rabia y el terror de perderla, ella se marchó.
No fue capaz de verla de nuevo luego de esa noche.
Año nuevo pasó y cuando menos lo pensaron las clases comenzaron otra vez. La nieve dejó de caer en enero, lo único que quedaba de ella, eran los pequeños montículos que se estaban derritiendo lentamente al igual que los sentimientos. El mundo continuó con su ritmo, yendo sin parar en la única y cruel dirección hacia el futuro, avanzando sin cesar una y otra vez dando giros al engrane del reloj, las personas eran ajenas y lo ignoraban por completo, las vidas de la gente podían ser cercanas unas a otras, pero sin duda a pesar de ello, no podían verse afectadas todas por un pequeño sobresalto del orden. Al iniciar el nuevo trimestre los alumnos del 2-F cambiaron de asientos, Sasuke terminó por sentarse a diecisiete bancas de Hinata. Él no hizo amago por acercarse, sólo se dedicaba a mirar por la ventana ignorando las miradas y cuchicheos de los demás, después de todo no pasaba desapercibido que la pareja más famosa de la escuela estaban distanciados desde la ceremonia de apertura; a algunos no les importaba mucho, a otras les parecía obvio el rotundo fracaso de la ecuación y a la mayoría no le agradaba nada la situación, es decir simplemente ellos no podían estar separados, ellos se amaban ¿o no era así? Al sonar el timbre el Uchiha se levantaba de su pupitre y desparecía del aula hasta que volvía a escucharse el campaneo; si ellos dos se encontraban en el pasillo pasaban de largo uno del otro, Sasuke mantenía un rostro estoico mientras la ojiperla sólo desviva la mirada al suelo.
No, no habían terminado.
Pero tampoco podían decir que las cosas se habían arreglado, no lo habían hecho, ella no le había respondido nada. Simplemente estaba callada y él había decidido no presionarla, porque eso no significaría que el asunto sería distinto.
No era tan sencillo.
Sus amigos sólo podían observar la situación atados de manos. Sintiéndose impotentes por no poder decir ni hacer nada para ayudarlos.
Al fin y al cabo, Sasuke la había cagado.
—¡Mierda!—gruñó frustrado el Uzumaki estrellando un puño contra reja de la azotea. Sakura se acomodó una crin tras la oreja y sorbió un poco de su chocolate caliente al recargarse en esta.
—Haciendo eso no vas a hacer que las cosas cambien Naruto.
—Pero es que no puedo soportarlo-ttebayo—apretó los dientes—. Las cosas estaban bien, pero ese Teme tenía que ir a decir esas idioteces, ¿no podría haber mantenido la boca cerrada? ¿Por qué tenía que herir a Hinata-chan de esa manera?
—¿Crees que él realmente debería haberse guardo eso?—se acomodó la bufanda blanca mientras bajaba la lata tibia, desvió sus orbes jades hacia el cielo tratando de dibujar figuras en las nubes—, callarse y mantener la boca cerrada, ocultando la verdad tras esa cara de póker que siempre tiene mientras la ve y recuerda que hay algo que le oculta, ¿tú piensas que Sasuke-kun habría sido feliz a la larga?
—Ese imbécil bastardo—masculló chasqueando la lengua, pues aunque no lo pareciera, era capaza de entender el punto que estaba tratando de mostrar la Haruno.
—Herir a las personas, proteger a las personas, son cosas que están dividas por una delgada línea, frágil y borrosa, puedes pasar de una a otra sin querer y cuando menos lo piensas—dijo metiendo la mano libre en el bolsillo de su abrigo café—. Sasuke-kun seguramente no tenía la intención de lastimar a Hinata, pero si esa era la verdad, él debió estar preparado.
—¿No podemos hacer algo?-ttebayo—el ojiazul se apretó el puente de la nariz y giró para mirar en la misma dirección que la pelirrosa.
—¿Quieres golpearlo de nuevo? No creo que él vaya a hacer un movimiento porque le hagas algo otra vez—musitó suspirando al separarse de la cerca.
—Ese Teme… ni siquiera se defendió—profirió por lo bajo, apretó los nudillos al recordar la paliza que le había dado a su mejor amigo el día después del incidente al ir a pedirle explicaciones sobre porque había sido tan poco hombre y sinvergüenza con Hinata.
—Sólo podemos limitarnos a esperar a que ellos lo resuelvan—Sakura frunció los labios, a ella tampoco le gustaba esa idea, no quería ver al Uchiha como ahora.
No quería ver a un zombi.
Pero no era capaz de hacer nada para cambiarlo, el moreno no escucharía ni una sola de sus palabras.
Él era esa clase de persona.
El sonido nasal de la campana alertó a los adolescentes de que el almuerzo había terminado. Por lo que el rubio rezongó sabe Dios qué bajo su aliento antes de coger la mano de la chica y marcharse ambos de la azotea. La gélida brisa sopló en el lugar abandonado y silentemente una silueta se alzó en parte superior de la caseta de la azotea. El morocho estrechó la impávida mirada mientras se llevaba una mano a la nuca para sobar sus músculos por haber estado durmiendo en un sitio tan duro y frio desde el cuarto periodo. Ese era el sitio al cual todos lo día él escapaba. Naturalmente Naruto y Sakura no habían reparado en su presencia, por lo que no fueron conscientes de que había sido testigo de su conversación.
—"Herir a las personas, proteger a las personas, son cosas que están dividas por una delgada línea, frágil y borrosa, puedes pasar de una a otra sin querer y cuando menos lo piensas"
—Que ruidoso y molesto—expresó al recordar las palabras de la Haruno. Volvió a tumbarse sobre su espalda y fijó la oscura vista hacia el cielo.
Se veía tan solitario.
Era como si hubiera regresado a su antiguo yo.
—"Callarse y mantener la boca cerrada, ocultando la verdad tras esa cara de póker que siempre tiene mientras la ve y recuerda que hay algo que le oculta, ¿tú piensas que Sasuke-kun habría sido feliz a la larga?"
Sakura estaba equivocada al pensar que no habría sido feliz si hacia eso, pero una parte de su cabeza le dijo que dejara de mentir.
—Maldita sea—se viró sobre su costado, cerró nuevamente los ojos y trató de dormir nuevamente.
Realmente se merecía todo eso, por ser tan egoísta.
Recargó la cabeza contra el cristal frio de la ventana, mirando a través de esta el cielo pintado por los colores del crepúsculo, detrás de su espalda se podían apreciar un par de pilas de papeles que se supone debía estar revisando, pues era el material para la ceremonia de graduación de los de tercer año que se celebraría la primer semana de abril. Dejó que sus perlas apagadas divagasen en la infinita hermosura del firmamento morado y rosado. Intentó dibujar estelas en los escasos rayos del astro rey y al mismo tiempo distraer a sus pensamientos. Sus pestañas acariciaron la parte superior de sus pómulos al parpadear y sus facciones se grabaron en profunda melancolía. Se llevó una mano al pecho, justo en el sitio donde su corazón latía rítmicamente al compás de una triste canción de amor. No podía ahuyentar de su cabeza los recuerdos sobre esa desastrosa fiesta de año nuevo y las miles de lágrimas que había derramado al derrumbarse luego de consolarlo valientemente en ese jardín.
—"En tus ojos… ¿Qué clase de monstruo soy ahora?"
Las palabras de Sasuke la asaltaron sin previo aviso.
¿Un monstruo?
¿Él era uno?
—No…—negó lentamente y sintió un ligero escozor en sus orbes miró en el ligero reflejo de la ventana su rostro sonrosado lleno de pequeñas lágrimas.
Sí era cierto que sus palabras habían sido hirientes, que él había sido cruel para ocultárselo todo ese tiempo. Pero Sasuke no era un monstruo, porque esa clase de seres…
No podían amar.
Él simplemente era un lobo que la había mordido hasta sangrar. Sólo eso. Él la amaba y ella sabía que no había ni una pequeña mentira, aunque eso no restaba importancia a su farsa. No obstante no era como si lo odiase, no lo hacía. Sin embargo tampoco era capaz de plantarse frente a él y mirarlo honestamente para decirle sus sentimientos. Porque ella no tenía la fuerza de enfrentarse a esos ojos y pronunciar las palabras que tanto deseaba escuchar.
Tenía miedo.
No de él, sino de ella misma.
Una arruga apareció entre sus cejas y se mordió el labio. Ese sentimiento la había estado molestando justamente un segundo después de terminar de oír la declaración de Sasuke sobre la apuesta. Era una emoción que le provocaba terror y no sabía cómo asimilar, era algo completamente nuevo, más fuerte, más profundo, más distante al amor. Lo que ella experimentaba iba mucho, mucho más allá de ello.
Y eso la estaba asustando demasiado.
Se sobresaltó un poco al escuchar tres firmes golpes en la puerta. Dejó escapar un largo y sonoro suspiro antes de girar mecánicamente sobre sus talones para pronunciar un suficientemente alto pase, la persona que había interrumpido sus cavilaciones abrió la puerta de un tirón y un crespo cabello castaño se apreció en la entrada del consejo estudiantil. La Hyuuga sonrió apenas un poco para mostrar su alegría de verlo y el muchacho alzó una ceja.
—Kiba-kun—saludó un tanto animada.
—¿Aún no terminas con los deberes de hoy?—indagó el Inuzuka pasando directo hasta el escritorio donde la chica se encontraba instalada desde que tomó el título de presidenta.
—No, todavía me falta terminar, me estaba tomando un descanso—dijo volviendo a sentarse en la silla negra con ruedas—. ¿Necesitabas algo Kiba-kun?
—¿Eh?—el joven se sonrojó amenamente por haber sido pillado desprevenido con esa pregunta—, ¡Ah! Es verdad, Shino y yo estábamos pensado en pasar a la reserva cuando sus actividades en el club de biología terminaran, como el club de baloncesto está libre el resto de la tarde pensé en venir a ver si querías ir con nosotros.
—Tendría que avisarle a Neji-niisan, pero no creo que haya problema.
—Genial. Entonces le mandaré un mensaje a Shino para decirle que venga acá para irnos juntos—se sentó en la silla que estaba frente a ella, sacó su móvil de la chaqueta negra que utilizaba y se dedicó a hacer lo antes dicho. La Hyuuga asintió y se dispuso a retomar sus deberes para poder dejar adelantado el papeleo necesario.
El silencio se instaló entre ambos y el ligero olor cálido de la calefacción fue relajando el ambiente. Kiba se había recargado sobre una parte libre del mesón y jugaba con un lapicero dándole pequeños empujones con el dedo índice de su mano derecha, disimuladamente le lanzaba pequeñas mirada a la muchacha. Esos hombros ¿desde cuándo se veían tan pequeños y rompibles? También su piel estaba demasiado pálida y un poco reseca, sin mencionar que esos ojos tan claros parecían estar nublado con algo que sus manos no podrían ser capaces de espantar para que ella no fuera molestada.
—Hinata…
—¿Huh?—la susodicha le clavó la mirada al prestarle atención por su repentino llamado. El castaño cruzó los brazos y la miró intensamente con esos quinqués salvajes.
—¿Estás bien?—preguntó frunciendo el ceño y ocultando los labios contra sus antebrazos.
Hinata pestañeó aturdida por un par de segundo, esa pregunta la había sacado de balance.
—Sí…estoy bien—volvió a curvar sus labios y el de ojos oscuros le correspondió, después de todo desde que ese asunto había sucedido su mejor amiga no había estado sonriendo sinceramente, era más bien como si se esforzara para no preocuparlos. Pero sus ojos eran agudos, él no sería fácilmente engañado por la oveja.
Después de todo siempre la había observado.
—"Mentirosa"—pensó molesto.
Una parte de su corazón detestó profundamente a Sasuke Uchiha, ese estúpido bastardo, ¿Cómo había podido hacerle eso a Hinata? Sí él era consciente de la clase de persona que era la peliazul, ¿por qué le había lastimado de esa manera? Sí él la amaba tanto como parecía ¿Por qué no la cuidó de mejor manera? Sí siempre había estado al lado de su amiga…
¿Por qué él no había evitado esa herida?
Era simplemente un perro que no podía cuidar correctamente de la oveja para que no fuera lastimada por el lobo.
Tan irritante.
Abrió la tapa de su anaquel para zapatos y sacó el par para el exterior. A su alrededor la poca gente que quedaba en la escuela por las actividades extraescolares murmuraba cosas inentendibles o entablaban conversaciones que no le interesaban para nada. Se recargó en la estantería para sacarse los uwabaki* y dejarlos en su armario mientras el cordón de sus audífonos se mecía en el aire. En realidad su Ipod no estaba encendido todavía, pero no quería ser abordado por nadie en ese momento, sencillamente deseaba marcharse a casa para continuar con esa interminable rutina diaria que llevaba haciendo desde que comenzó el periodo escolar. En efecto se había vuelto como un zombi desde que él y Hinata habían dejado de hablarse, en realidad era más como que su viejo yo había estado esperando la oportunidad de volver, puesto que antes, cuando estaba al lado de su oveja, era más fácil verlo y acercarse, en cambio ahora, era tan o más difícil que cuando era un conocido chico que detestaba a la féminas por ser una molestia escandalosa. Se acomodó las correas de su mochila y extrajo el aparato reproductor de su bolsillo para buscar una canción y ponerle el botón de inicio. Avanzó lentamente por el pasillo de los anaqueles hasta la puerta de cristal. Sintió que alguien lo observaba y de soslayo distinguió a Naruto que por lo que escuchó en una de sus conversaciones unilaterales con él, dado que el Uchiha no contestaba, iba a esperar a la Haruno para irse juntos a casa luego de la reunión ésta con el comité disciplinario; también sintió otras presencias y al girar un poco la cabeza vio al primo de Hinata en compañía de Tenten y Rock Lee, lo cuales discutían sabe Dios qué mientras el Hyuuga le lanzaba penetrantes miradas interrogativas y recelosas. Seguramente estaría más o menos al tanto de lo sucedido el día de la fiesta. Sin embargo eso no le importaba. Chasqueó la lengua y presionó el botón de inicio sin ver la pantalla. Metió el aparato en su bolsillo y continuó con su camino.
Él se merecía estar solo.
Extrañaba a Hinata y desesperadamente quería verla, pero él era el culpable de que las cosas se tornaran tan horribles entre los dos. Si solamente hubiese sido más sincero desde un principio, quizás ahora estaría tomando esa pequeña mano con fuerza para no soltarla jamás. No obstante, era realista, las palabras como los hubiera y tal vez no existían en lo absoluto. Sólo eran meras mentiras que los idiotas se decían para consolarse a sí mismos cuando se sentían culpables.
Sasuke en cambio, aceptaba lo inevitable.
Se detuvo.
Sus orbes azabaches se abrieron un tanto al toparse con la mirada que le atormentaba en sus sueños y la cual le huía recientemente. El viento congelado sopló y revolvió esos preciosos cabellos cortos azulados, la cara de ella mostró cierta sorpresa, además de una dolorosa angustia por encontrárselo sin previo aviso. El Uchiha la miró fijamente, casi como si su iris pudiera transmitir todas esas palabras que él nunca dejaría escapar con su voz. La tensión pronto se hizo latente entre los dos. El aire continuaba revoloteando alrededor, llevando hasta ellos un ligero olor a hierbas quemadas, probablemente los intendentes estaban incinerando algo en la parte trasera del colegio.
—¡Hinata!—la escandalosa voz de Inuzuka rompió el contacto entre ellos y la ojiperla se apresuró en desviar su atención al recién llegado que corría hasta ella desde el interior de la escuela siendo seguido por el otro chico que siempre había estado alrededor de ella hasta que fue robada por él.
—Kiba-kun, Shino-kun, ¿Terminaron el encargo de Kurenai-sensei?—esa voz fue como una agradable campana de viento y al mismo tiempo como una droga que reanimaba sus sentidos.
Tenía tanto sin escucharla.
—Sí, todo listo, vámonos—exclamó el castaño y miró de reojo al morocho parado cerca de ellos—, se nos hará más tarde, hay que apurarnos—intrépidamente cogió a la muchacha de la tela que envolvía su brazo izquierdo y comenzó a remolcarla para alejarla del causante de todo su sufrimiento—. Shino andando—apuró al de lentes dirigiéndose hacia la salida.
Sasuke permaneció quieto ahí, mirando fijamente esa mano que osadamente estaba tocando algo que le pertenecía tan libremente. Su estómago se estrujó y el fuego le corrió por las venas. Los celos eran terribles cuando ya no poseía el derecho para acabarlo y reclamar a su mujer de vuelta. Apretó los nudillos tan fuerte que se le volvieron blancos por el hueso.
Mierda.
La portezuela se cerró tras de sí con un diminuto y casi insonoro clic, se quitó elegantemente la chaqueta y los zapatos en la entrada, cogió sus pantuflas y dio un par de pasos sobre la suela de madera para encaminarse hacia el comedor y pasar directo hasta la entrada de la cocina. Del interior salía algunos sonidos de vajillas moviéndose y el fogón produciendo vapor en una cacerola. Una mujer de largo cabello negro se encontraba tarareando una nana de cuna mientras se movía de aquí a allá entre los diferentes guisados para la cena.
—Estoy de vuelta mamá—profirió monocorde bajando los audífonos para que le descansasen en el cuello.
Mikoto se giró, permitiendo así apreciar que sus facciones y las de su hijo mejor eran muy similares entre sí. Así como Naruto era parecido a Kushina, Sasuke era casi idéntico a su madre.
—Bienvenido, ¿tienes hambre cariño?—musitó afectuosa esbozando una dulce sonrisa maternal.
—No realmente, estaré en mi habitación, así que no te molestes en llamarme a cenar—contestó suavizando sus gestos. La mujer suspiró. Su hijo había estado un poco decaído últimamente y como madre, no saber la razón de ello, era realmente una preocupación.
—Vale, cuando tengas hambre baja, te serviré un poco, y aunque sea toma un tentempié, estas en crecimiento y debes tener fuerzas para tus actividades en el club mañana—pidió alejándose un poco de las ollas para coger una charola, una taza y un plato, sirvió unos cuantos bollos dulces y un poco de té de limón.
—Vale—tomó la merienda, realmente no le apetecía ponerse sus moños ahora. Le dedicó una pequeña reverencia a la Uchiha mayor—. Gracias mamá.
—Cariño—llamó antes de que el pelinegro cruzara el lumbral para irse a su cuarto, el susodicho viró medio cuerpo.
—¿Hmm?
—¿Sucedió algo?
Las madres eran muy agudas, pensó el morocho.
—No.
—¿Seguro?
—Sí.
—Bien…
—Con permiso.
Y se fue.
…
Miró fijamente el techo de su habitación, mientras se colocaba los brazos sobre la frente y dejaba escapar una larga y cansada exhalación, su pecho subía y bajaba; las pupilas de sus globos no se movían y parecían estar dibujando espejismos en el aire. Su boca era una línea recta y perfecta, un poco de sudor frio le recorría la nuca y mojaba la almohada, sentía pesadez en el cuerpo, pero decidió restarle importancia. Realmente no le apetecía cuidar de sí mismo. Porque, ¿de que servía hacerlo? Antes que a él, antes que pensar en su propio bien, él debió estar pendiente de Hinata, debió haberla protegido.
Debió alejarse de ella antes.
Se giró sobre su costado, apretó los dientes y cerró los orbes. La cobija de patrones rayados color azul se le enroscó en las piernas cuando las pegó más a pecho, formando un delineado ovillo sobre el colchón.
Su cabeza iba a explotar por todos esos febriles sentimientos.
—Sasuke—no se movió ni un milímetro al auscultar la voz de su hermano interrumpiendo en la alcoba sin anunciarse.
—…
—Mamá preguntó si vas a cenar después de todo—exclamó observando la espalda del morocho menor, los ojos de Itachi reflejaban cierta culpa y tristeza.
—…
—Sasuke.
—¿Qué?—su tono fue ligeramente amargo, aunque él mismo era consciente de que el mayor no tenía la culpa por su infantil comportamiento y que ambos habían hecho la apuesta, no podía evitar estar molesto con Itachi por ser tan fastidioso con revelarle la verdad a Hinata. Si no hubiese sido por él, quizás habría sido capaz de sostener un poco más la mentira y saborear la felicidad de tener a su oveja.
Pero sólo era su inmadurez hablando.
—Lo siento—musitó aferrándose con fuerza al pestillo, su siempre calmado rostro se frunció por la impotencia que sentía al ser capaz de hacer nada por su hermano menor.
Sasuke no contestó, aunque quiso decirle con madures que no era su culpa, sin embargo en ese momento era más como un mocoso tratando de culpar a otros por sus errores que un hombre consciente de sí mismo, por lo que sencillamente atinó a morderse la lengua, tan fuerte que saboreó un poco de sangre en su paladar.
Itachi estrechó la mirada y dejó escapar un pequeño suspiro.
A veces desearía que Sasuke se apoyara más en él, que fuera más sincero, así como cuando eran niños, pero desde que los ojos del mundo se centraron en ellos, un gran muro los separó, las expectativas eran crueles y los adultos más. Quisieran o no, los jóvenes oídos podían ser heridos con unas pocas y duras palabras, así como con una simple comparación entre congénitos podría significar un gran obstáculo para ellos. El menor siempre intentando alcanzar al mayor, brincando, estirando las pequeñas manos, ocultando su lágrimas, volviéndose una persona que no mostraba su verdadero ser porque en ello se pecaba de debilidad. El destino podía ser verdaderamente despiadado, y mutilaba con brutalidad las personalidades tan puras, consumiéndolas para volverlos seres duros y supuestamente irrompibles. No obstante pese a que él no era capaz de atravesar las corazas que lo distanciaban de su hermano, Itachi se permitía tener un irascible sentimiento de fe en Hinata, pues ella, con esos hombros tan frágiles, había sido capaz de llegar a Sasuke.
Quizás no fue que el lobo pudiera entrar en el corazón de la oveja, sino completamente al revés. La Hyuuga había atravesado esos muros que protegían a Sasuke y con su amabilidad hizo que él le mostrara sus propias heridas para ser curadas con gentileza. Sutilmente el Uchiha se había abierto a ella. Por lo tanto, entendía completamente los sentimientos que estaban atormentándolo al estar en un borde donde podía rozar con sus yemas el perder a la muchacha por un pequeño error. Sin embargo Itachi estaba seguro de una cosa.
Hinata no lo abandonaría.
Aunque Sasuke no fuera capaz de verlo por sí mismo, él si podía hacerlo y lo que se reflejaba en sus ojos… no era más dolor. Simplemente ella necesitaba tiempo, tanto como para asimilar la mentira del lobo, como para darse cuenta que la verdad era más poderosa.
Necesitaba tiempo para comprender que Sasuke la amaba más de lo que realmente decía.
¿Cómo lo sabía?
Sencillo, él era su hermano.
Se plantó frente a la oscura puerta del despacho, los moldes elegantes de figuras de león adquirieron cierto aire aterrador por culpa de la luz del candelabro. Inhaló y exhaló cuatro veces para calmarse, desde que Hanabi le había dicho que su padre le llamaba para verse su corazón no había estado quieto ni un segundo. Había estado tan sumergida en sus pensamientos mientras hacia los deberes silenciosamente en su habitación que ahora estaba inquieta y por no mencionar también distraída por culpa de todas las cosas que estaban sobre ella. Sin embargó se golpeó las mejillas para despabilarse y ordenarle a sus sentidos que volvieran en sí. Ella tenía que sobreponerse a ello más rápido.
Ya no quería preocupar a nadie.
Levantó la mano izquierda y un poco dubitativa dio tres golpecitos a la madera. La profunda voz de su padre casi de inmediato le otorgó el pase. Se animó a si misma dentro de sus pensamientos para dar un paso al frente cuando tiró del pomo para entrar. Sus perlas cayeron rápidamente en la imponente figura de Hiashi cuando se hubo posicionado exactamente a un metro de su escritorio, le dedicó una pronunciada reverencia y los cabellos se le arremolinaron en el cuello.
—Buenas noches padre, ¿me has llamado?—dijo educadamente mientras se enderezaba y cuadraba los hombros inconscientemente. Su progenitor clavó en ella esa aguda mirada que caracterizaba a los Hyuuga.
—Sí, debo informarte de lo que se ha decido entre los ancianos de la familia y yo respecto a tu futuro—comenzó sin rodeos.
A su lado se encontraba Neji, quien siempre le hacía compañía a su tío para ayudarle cuando estaba en casa, más estaba vez Hinata pudo notar que su querido primo evitaba mirarla. Manteniendo sus ojos cerrados en una serena expresión.
—¿Mi futuro?—se atrevió a cuestionar.
De alguna forma tuvo miedo.
—Así es, dado que descaradamente te has atrevido a sabotear y rechazar todas y cada una de las propuestas de matrimonio, he decido que es una pérdida de tiempo realizar más. Pese a que Hanabi es oficialmente la heredera de nuestra corporación, no puedo permitirme tener una hija desobediente que no se preocupe por ésta familia.
—¡Te equivocas yo…!
—¡Silencio!—gritó severo y la peliazul se mordió un labio casi hasta perforárselo, sus manos se encresparon sobre la tela de su falda beige—. Por esa actitud tan impertinente, he decidido que ésta vez, no te daré la oportunidad de negarte. O aceptas un compromiso con la persona que nosotros te designemos—Hinata supo que algo parecido a una bomba estaba a punto de salir de la boca de su padre—, o después de graduarte el próximo año entras a una universidad en el extranjero para prepararte y tomar la responsabilidad de la sede en Estados Unidos.
Abrió los ojos como platos y su cuerpo quedó completamente quieto. El sonido de todo se apagó y solamente sus latidos se apreciaban en el lugar.
¿Qué era lo que acababa de decir?
.
Continuara
.
Terminé… (La autora corre lo más lejos posible) ¡Whaaa! Realmente lo siento por cortarlo ahí, mi cerebro está completamente exprimido por hoy. Lamento la demora y espero que les haya gustado el capítulo, perdonen las faltas de ortografía, las iré corrigiendo. Así mismo trataré de actualizar más rápido la próxima vez.
1*Uwabaki: El uwabaki (上履き), es un tipo de calzado japonés hecho para ser usado en ambientes interiores de casas, escuelas, algunas empresas y algunos edificios públicos, donde está prohibido el uso de zapatos que hayan pisado la calle.
Jejeje estoy haciendo sufrir a mis niños, pero yo sé que su amor triunfara XD. Dejen sus comentarios, de igual forma agradezco a los que lo hacen y a los que no.
Akari se despide
Yanne!
