Capítulo XXI
El fuego fue perdiendo densidad y los tres chicos pudieron tranquilizarse. Takeshi dejó a Renkotsu custodiado por sus soldados y se acercó a InuYasha revisándolo de pies a cabeza.
–¡Basta Takeshi! ¡Estoy bien!
El capitán negó y señaló al hombre que miraba a los yôkai con furia.
–Ese tipo casi los cocina ¡¿Qué hacen aquí?! ¡¿Están solos?!
InuYasha colocó a Tessaiga sobre su hombro y se dispuso a explicar, mas…, un ruido extraño detuvo al pequeño y su relato.
Los arboles caía como palitos de madera al ir avanzando una especie de vehículo con rostro semi-humano. El tanque hombre sacó un par de sierras que no dudó en utilizar para despejarle el camino al espadachín que tenían rodeado los Inu. Renkotsu corrió y se subió en el transporte y este siguió atacando para retirarse del lugar.
Takeshi se movió hacia el frente y eso provocó que Ginkotsu –el vehículo– disparara. Los Yôkai Inu se movieron veloces evitando las ráfagas de proyectiles que para ellos eran algo extraños, que si bien sabían de su existencia nunca habían luchado contra ello. Takeshi se movió veloz evitando las sierras y atrapó una entre sus brazos, y usando toda su fuerza la arrancó de raíz haciendo aullar a Ginkotsu.
–¡No!
Los soldados y los otros capitanes, imitaron a Takeshi y se lanzaron en pos del hombre máquina. Con las facciones cambiando a caninas –pues usaban la fuerza de su forma original– desmantelaron en poco tiempo el tanque. Renkotsu aprovechó el alboroto y escapó sin mirar atrás, pues no pensaba ayudar a Ginkotsu arriesgando su vida, si este sobrevivía o por lo menos una parte de él lo hacía, trataría de ayudarle, mas para eso debía salir ileso de ahí.
Los guerreros yôkai vieron como del vehículo no quedaba más que trozos y aun con eso la cabeza parecía aun tener vida. InuYasha se acercó y miró el lugar… luego dirigió su mirada a lo que quedaba del hombre…
Alzó sobre su cabeza a Tessaiga y dejó caer el golpe cortando lo poco que quedaba de Ginkotsu. Cuando todo concluyó el pequeño de orejitas fue hasta Takeshi:
–¿Takeshi… eso era uno de los siete guerreros?
El capitán regresó a su forma de dos pies y asintió, comentando al pequeño, al cual se le habían unido sus dos amigos que miraban curiosos los destrozos de ese extraño ser.
–Lo es, y el que se fue también lo es. Si ellos están juntos, sus otros compañeros deben de estar cerca. Los habíamos seguido al otro lado del valle, pero ellos llegaron hasta aquí…
InuYasha de pronto notó al Lobo que estaba detrás de los soldados y capitanes y caminó presuroso hasta este, jalándole parte de su armadura para que el gigante bajara la vista para verlo.
–Yo soy InuYasha… hijo de Inu-no-Taisho y hermano de Sessōmaru, bochan del Ichizoku Inu.
El lobo se inclinó dejando que una de sus rodillas tocara el suelo.
–Es un placer y un honor conocerlo joven amo.
InuYasha se alzó de puntitas orgulloso ante la respuesta del gran lobo. Con su confianza por las nubes el niño se giró y avanzó colocándose frente a la pequeña, tropa ordenando.
–Regresemos, Naraku y Kōga se quedaron allá atrás combatiendo con otro de esos… uno muy raro que quería comernos.
Takeshi bufó divertido al aclarar.
–No se preocupe bochan, seguro que Naraku ya lo derrotó y… –El capitán agregó al ver los lobeznos esperar algo mas– y el bochan Kōga debió ser de gran ayuda.
–Si por eso es mi prometido –aclaró InuYasha.
El grupo se rió entre dientes y siguieron al pequeño hanyō que ya regresaba al lugar en el que habían dejado a Naraku y Kōga. Takeshi oteó el aire buscando el olor de sangre y precisamente la de alguno de los dos que les interesaba.
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El soldado notó que bajando por la montaña ya iba un grupo reducido de lobos por lo que se detuvo y preguntó.
–¿Mi lord Sessōmaru… donde…?
Uno de los vestidos de pieles respondió, señalando a la cima de la montaña.
–Sigue en nuestro cubil… ¿Qué sucede?
–Los Shichinintai, ellos están en nuestro territorio.
El Inu respondió solo eso. Este subió veloz el camino que faltaba y llegó en segundos a la planicie, buscando a su lord con la vista. Sessōmaru se encontraba sentado a un lado de Okamimaru y el concejo de lobos, por lo que ver a uno de sus soldados, fue algo sorpresivo. Sessōmaru se levantó y fue seguido por lo demás.
–¿Qué pasa?
–Mi lord… los Shichinintai han entrado al territorio de Royakan.
–Expúlsenlos de inmediato.
–Si mi lord, pero hay más. Su hermano y los amigos de este, están allá.
Sessōmaru no respondió, pero una fina arruga se formó en su frente. Okamimaru intervino, pues su hijo estaba con InuYasha.
–Naraku-san fue con ellos y nunca supimos que fuesen en busca de los Shichinintai.
El soldado se trasformó de nuevo y camino acercándose a sus oyentes.,
–De él no nos habló Royakan. Y en cuanto a que si los bochan fueron por esos humanos, lo dudo, pues estos iban del otro lado de donde notamos a los bochan, lo que si vimos es que había un campamento humano ahí cerca, mas –aclaró ante la mirada dura del Dai-Yôkai de cabello plateado– no creo que buscasen humanos, tal vez solo paseaban.
Sessōmaru frunció el ceño al escuchar eso, pues era una mentira por donde se viera, más no contrario al soldado y cuestionó con voz fría.
–¿Humanos…? –masculló el lord que se estaba molestando en serio y es que si su hermano había seguido a unos humanos, había mucho que este debía explicar– Iré a verificar, personalmente.
El líder de los lobos aclaró antes de que Sessōmaru se retirara:
–Si no se opone, yo también.
Exigió amablemente Okamimaru. El lord solo asintió con un leve movimiento y sin esperar remontó el vuelo. El soldado hizo una reverencia y se dispuso a seguir a su Lord, ya que este iniciaría el camino…
En las alturas, Sessōmaru no deseaba perder tiempo por lo que cambió su apariencia y se elevó en el cielo sin detenerse. Kuro se acercó al líder del Ôkami y lo invitó a subir en su lomo, sin embargo, este se negó:
–No, puedo hacerlo, si bien llegare un poco después de ustedes, no será por mucho, no menosprecien la velocidad de un lobo.
–Oh no lo hago Okamimaru-san.
Respondió el soldado y bajó corriendo en su cuatro patas por la montaña seguido de cerca del líder de la manada, al cual se le unió el primer grupo que ya había salido. Okamimaru relató velozmente lo acaecido, entrando en detalles que Kuro no había informado.
El camino inició y si bien ninguno de los Dai-Yôkai lo manifestaron, ambos estaban preocupados y furiosos a partes iguales.
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Jakotsu se internó en el bosque y busco algún indicio del combate, un ruido o algo más, sin embargo lo único que escuchó, fueron los sonidos naturales del lugar y eso le molestó, pues eso significaba que la mocosa lo había engañado.
El chico caminaba sin encontrar nada. Avanzó un poco más, pasando el riachuelo subiendo una pequeña cuesta y entre algunas rocas destrozadas… yacía lo que parecía fue el cuerpo de su compañero de armas.
–Vaya.
Fue la única palabra que salió de los labios de Jakotsu, considerando que a pesar de si el asombro había pintado sus facciones, después de todo Kyōkotsu no era un debilucho y si alguien lo había desecho de esa forma era porque la mocosa tenía raon. Jakotsu siguió su camino esperando que el perpetrador de ese asesinato, no estuviera muy lejos.
En la otra orilla del riachuelo, el grupo de las niñas y sus guardias seguían el paso del guerrero. Sango parecía medir cada paso y Miroku deseaba regresar de inmediato, sin embargo la decisión en Kikyō al avanzar sin perder de vista a Jakotsu les tenía verdaderamente intrigados, pues ella siempre había sido una niña juiciosa y eso de seguir a un asesino no era lo más sensato que hubiese hecho.
–Hasta aquí podemos llegar señorita.
Dijo con firmeza el monje. Kikyō se giró a verlo y aseguró:
–Debemos seguir.
–No, esta vez no permitiré que lo haga, ese hombre es un asesino despiadado y al seguirlo le estamos ofreciendo nuestras vidas en una bandeja de plata.
La niña se quedó un instante en silenció y sintió como su mano era tomada por su hermana. Kagome la miró suplicante y agregó:
–Miroku-san tiene razón.
–Pero ¿los sientes….?
Kagome dejó salir un suspiro derrotado y asintió sin decir más. Kikyō pareció recobrar la confianza y miró a los dos mayores que ya estaban por caminar de regreso al camino donde seguirían a los del campamento.
–Solo a ese grupo de árboles ahí nos esconderemos.
–Pero… –se negaba Miroku.
–Por favor. Necesito comprobar que no tendremos que huir más y que la gente estará a salvo –pidió Kikyō.
Los mayores se miraron y asintieron, pues la curiosidad y esperanza pudieron más que su sentido común.
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InuYasha se veía algo… tierno al encabezar el grupo de feroces soldados Inu con su pequeña figura caminando por delante, sin embargo como el protocolo no escrito decía, el bochan del clan era la cabeza de cualquier operación si el lord no estaba y a pesar de que el pequeño respetaba a los capitanes y no les ordenaría nada que estos mismos no sugirieran, no le quitaba el liderazgo. El de orejitas alzó su nariz y sonrió mostrando toda su dentadura, luego se giró hacia Takeshi –segundo al mando– y lo llamó a voces:
–¡Ya vienen, Takeshi!
El capitán asintió y el grupo se paró para ver aparecer detrás de un riscó a Naraku y Kōga. El bochan lobezno se irguió orgulloso ante ellos y mostró la sangre en sus ropas, como ejemplo de su pasada victoria. Naraku le dejó estar, pues a pesar de todo, el cachorro había sido muy valeroso y se merecía el crédito.
InuYasha corrió hasta su prometido y lo miró de arriba a abajo recorriéndolo…
–¿No estás herido?
Kōga se sacudió el polvo de sus pieles y negó categóricamente.
–¡No!
Naraku llegó hasta su amigo y este palmeó el hombro de hanyō pelinegro.
–Vaya que fuiste un buen soporte del bochan.
–No voy a negar que nunca vi tanta ferocidad en ese cachorro presumido.
Takeshi sonrió de lado y ambos capitanes notaron como era el turno de Kōga de revisar de pies a cabeza al de orejitas que se rió divertido.
–Lo ves, he ahí el porqué de su ferocidad.
Naraku sonrió asintiendo.
–Sí, la protección de su prometido, quien lo hubiese dicho.
Takeshi se encogió de hombros y agregó ya más serio. Y jalando a un lugar más apartado a Naraku en lo que los cachorros se reunían y se relataban todo lo pasado, explicó.
–Seguimos a los siete cerca del último pueblo a un kilómetro de aquí…. Arrasaron con todo el lugar, solo algunos humanos pudieron escapar.
–Ya y esos espadachines los persiguieron y dieron con el campamento de refugiados.
–Eso parece, mas nosotros encontramos a dos… acabamos con uno…
–¿Y el otro?
Preguntó serio Naraku que puso en un dilema a Takeshi si debía reconocer haber permitido la huida de uno de los enemigos. El hanyō pelinegro presionó al otro soldado…
–¿Lo dejaste ir?
–…
–Sabes que el lord no le agradan los errores.
–No fui intencional, que el bochan estuviese aquí y sin guardia me pareció prioridad.
Naraku negó cruzándose de brazos.
–Como excusa puede que te libre de un castigo.
–… ¿Y dime como es que InuYasha y los lobeznos están aquí?
–Oh, ellos venían solos para ver a… conocer a Royakan –mintió Naraku.
Takeshi arqueó una ceja y miró al gran lobo castaño que se encontraba muy cerca de los cachorros, pues InuYasha se lo presentaba a Kōga.
–Entiendo… ¿El Lord lo sabe?
–Sabe que ellos salieron; los lobos cuidan de los cachorros por muy crecidos o fuertes se crean estos, los han de haber visto, mas no creyeron que viajarían hasta aquí.
–Por eso te envió el lord con ellos.
–…
Naraku se mordió los labios, pues no sabía si decirle a su amigo que su cabeza estaba a punto de rodar y que no tenía idea del motivo.
Takeshi chasqueó la lengua al ver que su amigo siempre ecuánime y frio se derretía ante la mención de Lord Sessōmaru.
–Eres un saco de enigmas.
–¿Qué?
–Comprendo que combatiste con uno de esos guerreros y que supongo este se acercó mucho a ti… lo huelo… hiede…, mas… hay otro olor que…
Naraku miró con curiosidad al otro capitán e incluso olisqueó sus brazos y su ropa sin saber de qué hablaba su amigo, que si bien el asqueroso olor e Kyōkotsu se le había pegado, lo otro que mencionaba Takeshi…
El ruido de ramas rompiendo fue una señal, más como ambas clases de demonios ahí reunidos eran caninos el olor del intruso ya los había alertado. InuYasha desenvainó Tessaiga y se paró retador, Kōga gruñó amenazador en cambio Ginta y Hakkaku optaron por correr de regreso a donde los adultos estaban.
Jakotsu salió de detrás de un par de arbustos y miró a los cachorros que lo observaban sin amedrentarse…
–Mocosos nos son de mi interés…
Al pequeño hanyō le molestó, pues eso le sonó a insulto y…
–¡Kaze no Kizu!*
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Ya bajaban en la ladera del bosque y sintió la fuerza de su otouto… Sessōmaru entrecerró los ojos, pues si InuYasha era herido varias cabezas rodarían. El Dai-Yôkai… caminó veloz por el terreno oteando el aire y sintió como algo asqueroso inundaba sus fosas nasales. El de lunar en la frente se detuvo y giró a ver hacia el camino. Alzó la mano para que los que iban algo rezagados le vieran. Kuro que iba delante del grupo del Ôkami, vio a su lord y se detuvo parando a los demás.
Con los lobos, Okamimaru se emparejó con el capitán Inu y preguntó.
–¿Qué sucede?
Kuro le señaló hacia el bosque mas adelante…
–Mi Lord ha pedido que esperemos.
–¿Por qué?
–Un enemigo…
–¡Pues vamos a…!
–Con todo respeto, Okamimaru-san, si él ha pedido que no interfiramos es porque es algo que no podemos manejar.
El gruñido amenazador del líder del Ôkami reverberó en la garganta de este, más aceptó la decisión de Sessōmaru.
De regreso con Sessōmaru, este se quedó estático y llamó con voz tranquila.
–Sal de tu escondite, tu olor no se pierde con tu veneno.
Algunas ramas de la cima de un árbol, se movieron y un hombre con marcas guindas en el rostro, cayó de pie frente al lord, sin medir consecuencias y con la intención de ver de rodillas al orgulloso yôkai que lo miraba con desprecio. Mukotsu soltó todo su veneno frente a este.
Sessōmaru cortó el flujo de este con las garras y luego encaró a Mukotsu…
–Mi propio cuerpo posee veneno, soy inmune a cualquiera…
Mukotsu casi chilló aterrorizado:
–¡¿Quién eres?!
El de luna en la frente miró de arriba a abajo al sujeto y agregó con voz helada y amenazadora:
–Humanos inmundos. Invaden mi territorito y tienen la desfachatez de no conocerme…
Mukotsu abrió los ojos al máximo y murmuró con un hilo de voz.
–El Yôkai… Sessōmaru. Piedad mi señor…
Mukotsu se alejó, más aun hizo un intento de envenenar al Yôkai y… Tokijin salió de su funda y rebanó al sujeto, luego las garras del Lord se deshicieron de los restos de veneno, dejando el lugar libre para su capitán y el clan de los lobos. Caminó de regresó a la orilla del bosque e hizo una señal de que el lugar estaba libre para que siguieran.
El de cabello plata siguió su andar dejando que el grupo que le seguía detrás, avanzara un poco más lento.
…
*Viento cortante
Muchas gracias.
Alba marina, Ying Fa Malfoy de Potter, dnanne, sakura1402, cefiro marino -Muchas gracias-, kane-noona, Aome-Hime y karo aoi chan.
