Capítulo 19
Natsuki y Shizuru estaban cada vez más cerca la una de la otra. Pasaban todo el tiempo que podían juntas, es decir, a parte de todos los momentos en los que tenían que estar en el mismo lugar dado a los cargos que tenían. Pero durante la mayor parte de todos esos momentos había muchas personas a su alrededor; gente del servicio, los guardas del palacio, los soldados que entrenaban en los cuarteles adyacentes, los miembros del consejo…Incluso los padres de Shizuru, los reyes eméritos que visitaban a su hija de vez en cuando en las estancias centrales del palacio. Ellos ahora vivían en el ala sur del palacio, la más alejada y tranquila de todas. De vez en cuando acudían también a las reuniones para aportar sus conocimientos y opiniones. Hasta el querido amigo Kyohime, el dragón rojo de Shizuru, también les robaba algo de privacidad. Aunque era el único que conocía la verdadera naturaleza de la relación de las jóvenes.
Así que la corajuda reina y su intrépida protectora tenían pocos momentos para estar a solas. Ellas se robaban miradas durante esos momentos mientras intentaban actuar con la mayor normalidad. Durante el día y a los ojos de todo el mundo eran simplemente la reina de Kyohane, quien cargaba con la responsabilidad de representar el segundo reino más grande de todo el continente, y su escolta personal, cuya responsabilidad era velar por la seguridad de la reina, dar su vida si fuera necesario.
Natsuki sentía que aquel ya no era solo su deber ligado a su cargo, era porque cada día, cada minuto que pasaba con Shizuru sentía que realmente daría la vida por ella. No ella no era solo su responsabilidad, era su prioridad.
Lo que no sabía nadie era que de noche se encontraban en los recovecos más escondidos de los jardines del palacio, por los laberintos que formaban los cuidados arbustos. Y en ellos sus manos recorrían el cuerpo de la otra como sus pies habían recorrido el suelo de los jardines. Cada noche se adentraban más en el laberinto, de la misma manera que cada noche se exploraban algo más de lo que habían hecho la noche anterior. Cada vez yendo un poco más lejos, pero sin prisa de llegar hasta el final, creían que tenían todo el tiempo del mundo. Así es como se sentían.
Solo las estrellas podrían dar testimonio de lo que pasaba allí.
De cómo Shizuru se abalanzaba sobre Natsuki una vez habían desaparecido lo suficientemente lejos en el laberinto. De cómo Natsuki la recibía en sus brazos cada noche, recordando una historia que había oído de niña que jamás había podido entender. Eso es, hasta ahora.
Natsuki recordó esa leyenda que había oído cuando aún vivía en su aldea natal, antes de ser destruida.
Los ancianos de la aldea se reunían con las demás generaciones en una de las festividades de verano, por grupos se sentaban en círculo alrededor de una pequeña hoguera.
"Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos siglos había un príncipe y una princesa de diferentes reinos se habían enamorado profundamente. Se habían visto por primera vez y se habían enamorado en ese momento, aunque no lo descubrieron hasta más tarde. Cada vez que se encontraban sus respectivas familias se preocupaban más y más. Pero ambos tenían destinos distintos, sus familias los habían prometido con otras personas, porque los reyes habían ideado el mejor plan para sus tierras, y la unión de ambos no era posible y no estaba de acorde con los objetivos de la realeza."
Natsuki recordaba como aquella historia era algo difícil de entender a su corta edad, pero cuando la recordaba ahora sentía algo en su corazón. Ahora comprendía cada palabra.
"¿Eran solo amigos o eran amantes?, se preguntaban los parientes. Decidieron no hacer nada al respecto. Hasta que un día descubrieron que la joven pareja había huido de noche y se había adentrado en un bosque, desobedeciendo las órdenes. El padre del príncipe, furioso a más no poder, decidió separarlos. El rey hizo crecer el cauce del río de tal manera que ellos no podrían cruzarlo. Por si fuera poco, los convirtió en estrellas y los mandó muy lejos. Separándolos en un mundo diferente a cada uno."
Recordaba como los ancianos habían contado esa historia, explicando que el gran río de la leyenda era el mismo que existía realmente separando los dos grandes reinos del continente, Ookami y Kyohane.
"Durante mucho tiempo no podíamos cruzar el río, pero nuestros antepasados lucharon en una gran guerra para que nosotros hoy en día podamos cruzarlo. Ahora nuestras naciones están en paz al fin."
Una sensación indescriptible recorrió todo el cuerpo de Natsuki al recordar más detalles de aquella historia. Aunque creía que faltaban algunos detalles que ahora parecían algo borrosos…
Natsuki no pudo dormir bien esa noche, ni siquiera pensando en Shizuru. A la mañana siguiente debía dar su testimonio para explicar todo aquello que pudiera recordar de su encuentro con la mujer que había estado a la cabeza de tantos ataques. La mujer que había destruido su aldea y había sido responsable directa de la muerte de sus padres, y de tantos otros.
La guerrera soñó con todo aquello otra vez, después de haber tenido algunas buenas noches de sueño reponedor al haber estado son Shizuru. Solo estando con ella había conseguido dejar de tener pesadillas, pero esa noche volvían a su mente apresuradamente todas las imágenes de fuego y destrucción. De sangre…
En sus pesadillas aparecían imágenes inconexas, de su perrito Duran que había desaparecido poco después de la destrucción de la aldea, cuando ambos se habían intentado refugiar en las montañas. ¿Cómo había podido sobrevivir siendo tan pequeña en un lugar tan hostil? No lo recordaba, solo recordaba haber despertado al cabo de un tiempo, no sabía cuánto, en una choza. En una zona que estaba aún más escondida en las montañas, un lugar donde habían ido a refugiarse todas las personas que estaban huyendo de los ataques de la feroz mujer de la guerra. Todo aquello, y más, era lo que debía explicar mañana. Debía explicar, seguramente le preguntarían con todo detalle, cómo era la mujer que estaban buscando. Supuestamente Akemi Fujino.
Sin haber dormido ni una hora entera seguida, Natsuki se levantó de su cama y se vistió con su armadura ligera, notando cada centímetro de su cuerpo más pesado que nunca. Sin comer nada, se decidió a ir a la sala de reuniones, en la que normalmente esperaba a Shizuru desde una distancia prudencial.
Hoy por primera vez sería ella el centro de la atención. Decenas de ojos la mirarían detenidamente. La falta de sueño le provocaba un dolor extraño en los músculos. 'Pero he aguantado cosas peores', se reafirmaba a ella misma. Así era ella, se fortalecía después de cada momento difícil. Aquello no era nada, pensaba mientras erguía sus hombros y subía su barbilla con orgullo mientras caminaba por el gran pasillo. Su rostro frío, serio, imposible de interpretar. Sus ojos entornados, desafiantes. Caminaba con paso firme sintiendo cada una de las heridas que había tenido, con su mente repasó cada una de sus cicatrices que condecoraban todo su cuerpo, aquellas cicatrices que no dejaba ver nunca a nadie.
Al final del pasillo vio a la única persona a quien se las había enseñado. Aún con los ojos entornados y con el ceño fruncido, sintió como en su rostro se formaba una media sonrisa a la única persona que la había reconfortado. Ahora Shizuru lo hacía otra vez, incluso a varios metros de distancia, ladeando la cabeza viendo a Natsuki avanzar hacia ella. La miró con una ternura inmensurable en sus ojos y le regaló la más sincera de sus sonrisas que Natsuki pudo traducir perfectamente.
Una vez Natsuki llegó hasta la gran puerta que ya estaba abierta y se puso a un lado de Shizuru ésta le tocó el brazo y le apretó con cariño dejándole claro que ella estaba ahí, sin evitarlo y sin importarle la presencia de todas las personas del consejo esperándolas. Natsuki le sonrió orgullosa, agradeciéndole el gesto, hizo un pequeño gesto de reverencia con la cabeza antes de entrar delante de ella.
La joven guerrera entró con un porte elegante y casi imponente. Se sentó en la silla que presidía la mesa, todo el mundo la estaba esperando.
"Preséntese ante los miembros del consejo."
"Mi nombre es Natsuki Kuga.", anunció con un tono alto y claro, intentando enmascarar sus nervios.
Procedieron a hacerle más preguntas, sobre su infancia, donde se había criado. Sentía la presencia de Shizuru en la sala, pero no quería mirarla directamente.
La interrogación estaba conducida mayormente por dos personas del consejo. Uno de ellos hacía preguntas más generales, con un tono correcto pero amable. El otro era mucho más directo y agresivo.
"¿Qué edad tenías cuando tu aldea fue atacada?"
Ahora empezaba…
"Creo que tenía unos 10 años.", contestó, empezando a sentir punzadas en el estómago.
"Cuéntanos más, por favor. ¿Qué recuerdas de la supuesta asesina?"
"Eh, bien." Natsuki había intentado exprimir los detalles de aquella memoria la noche anterior para poderlos expresar con claridad en el momento presente. Pero se sintió incapaz de vocalizarlos.
"Aquella mujer era…su presencia es lo más amenazante que he sentido nunca. Sus ojos eran como…dos rubíes que brillaban como gotas de sangre fresca en el filo de una espada." Acabó la frase con mucha más decisión de lo que la empezó.
Recordó el bello tono de los ojos de su querida Shizuru; cómo eran de diferentes esas miradas, aun siendo del mismo color, de personas que compartían genes.
"¿Por qué creíste que era Azuka Fujino al principio?" La reina emérita, quien también se hallaba presente, se puso visiblemente nerviosa al oír su nombre, al recordar la situación tan incómoda que había vivido con Natsuki. Recordó la sed de venganza en esos ojos y lamentó que ahora la estuvieran poniendo en esa situación. Parecía no llegar a ninguna parte.
"Aquella mujer— me dijo aquel nombre, me dijo que así es como se llamaba. Aquello es lo que mejor recuerdo, su voz diciéndome su nombre. También dijo que me dejaba vivir para que yo pudiera llevar el mensaje de su destrucción a otra parte…"
Al consejero le pareció extraño ese último comentario.
"Qué extraño, las aldeas que fueron atacadas en aquella época no tuvieron supervivientes." Parecía no creer la historia de Natsuki. La tensión se incrementó entre ellos. Prosiguió con otra pregunta al ver el silencio con el que la peliazul lo contemplaba.
"Danos una descripción más completa. Sino no servirá de nada que hayas venido aquí hoy."
Natsuki intentó evitar la mirada de odio que quería lanzarle a aquel hombre.
"No recuerdo nada más…Durante mucho tiempo intenté suprimir esa memoria." Explicó, notando como la voz se le quebraba levemente.
"¿Qué más te dijo?"
"Eso es todo…" Concluyó Natsuki, pero él no estaba satisfecho.
"Tuvo que decir algo más. Haz memoria." Pedía tajante.
"¡Es suficiente!" Se escuchó una nueva voz en la interrogación, a la par que el sonido de la silla arrastrándose de golpe hacia atrás.
Todos giraron la cabeza sobresaltados en la dirección de la que provenía la voz. Natsuki hizo lo mismo.
Vieron a una reina visiblemente enfadada pero que continuaba manteniendo su elegancia y buenas maneras, Shizuru se había levantado y miraba al consejero directamente a los ojos.
"Consejero Saionji, creo que debería entender que mi guarda personal, Natsuki Kuga, que está aquí presente regalándole su tiempo y absteniéndose de sus labores, era solo una niña cuando ocurrieron los trágicos eventos."
Natsuki la observaba con los ojos más abiertos que nunca, con los labios partidos como queriendo decir su nombre en voz alta.
"Es evidente que les ha podido dar la poca información que ha recuperado, y eso debería ser suficiente para ustedes."
"Pero, Alteza…"
"Está claro que la persona que buscamos es la hermana de mi madre. Así es como ya se empezó la búsqueda y así es como seguirá. No creo que merezca la pena seguir con esta interrogación, a no ser que el propósito del consejo sea causarle daños psicológicos a mi escolta. La necesito en sus plenas facultades."
Observó la sala y todos los consejeros afirmaron con la cabeza, excepto uno.
Justo unos instantes antes de que se diera por finalizada la sesión, la puerta se abrió de par en par sin previo aviso. Uno de los mensajeros entró en la sala.
"Sus disculpas, Majestad."
"¿Qué ocurre? Espero que sea importante..."
"Su alteza, el rey de Ookami, requiere su inmediata atención. Ha venido sin visita y los guardas no están seguros de sí deben dejarlo pasar."
"¿Byakuya?", preguntó Shizuru, totalmente desconcertada.
Salió a paso rápido de la sala, mirando a Natsuki al pasar. Le hizo una señal para que la siguiera, y ambas se dirigieron a las puertas exteriores principales del palacio.
"Esto es muy extraño, no es típico de él…", murmuró Shizuru mientras caminaban apresuradamente.
Natsuki no contestó, sintió algo parecido a celos. Ella no conocía muy bien qué relación tenían ellos dos, normalmente habían tenido reuniones en privado. Quería preguntarle a Shizuru pero…No encontraba el momento, y ciertamente ahora tampoco era el momento.
Cuando llegaron finalmente observaron al joven rey con aspecto inquieto. Era un hombre que sabía mantener cualquier tipo de emoción enterrada dentro de sí mismo.
Por primera vez Shizuru lo vio con un semblante algo más pálido de lo normal, y en sus ojos casi se podía decir que había cierto grado de inquietud.
"Shizuru, lo siento por presentarme así." Empezó a hablar con su grave y elegante voz.
Los guardas de las puertas bajaron sus lanzas al ver que la reina se aproximaba hacia ellos. Se hicieron a un lado, mientras Shizuru y Byakuya se acercaban para poder hablar. Natsuki se quedó unos pasos a un lado de Shizuru, dándole la espalda, como había sido entrenada para ese tipo de ocasiones, para dar algo más de sensación de privacidad.
"Qué…¿Qué ocurre? ¿Por qué has venido sin avisar? Debe ser algo grave.", preguntó Shizuru empezándose a preocupar.
"Ha habido ataques en nuestras fronteras."
