• Capítulo XXI •
Estaba recostada en mi cama, llevaba horas sin poder dormir. La cabeza de nuevo me daba vueltas y últimamente estaba sufriendo de insomnio.
Bufé por lo alto girando sobre el colchón mientras escuchaba como Suigetsu hacía ruido otra vez dentro de su habitación. Odiaba que a veces él hablara tanto. Miré la hora en mi reloj de cabecera, faltaba muy poco para que amaneciera─. Maldición ─me quejé─. Ya no lo soportaba, llevaba demasiado tiempo tratando de conciliar un sueño que no podía gracias a mi pequeño tonto hermanito que no paraba de hablar.
Me puse de pie y camine fuera de la habitación dispuesta a callarlo aunque, una vez que estuve frente a su puerta algo llamó mi atención, me recargué y escuché. Suigetsu susurraba cosas sin sentido, parecía que hablaba con alguien más pero no pude escuchar alguna otra persona que lo confirmara.
Varias veces arrugué mi entrecejo, no comprendía nada de lo que él decía, eran oraciones cortas sin sentido o sonidos incoherentes. A veces parecía exaltado, otras confundido y triste y, muchas otras más decepcionado o enojado.
Por unos momentos me permití darle su espacio sin embargo, fue tanta mi curiosidad que terminé irrumpiendo en su cuarto. Abrí la puerta encontrándome con él sentado a los pies de su cama mirando hacia la ventana. No lo comprendía, Suigetsu odiaba estar a oscuras.
─Oye, ¿qué haces? ─le pregunté encendiendo la luz. Él me miró, sus ojos estaban vidriosos, rastro que significaba las inmensas ganas que tenía de llorar, aun así, conservaba sus lágrimas intactas. Al verlo así, me preocupe─. ¿Estás bien? ─me acerqué.
Él simplemente me dio la espalda, se veía enojado.
─Suigetsu, por favor. Ya no eres un bebé para que hagas este tipo de cosas ─le dije mirando cómo se cubría bajo las sábanas─. ¿Con quién hablabas? ─demandé.
─Con nadie ─me respondió de una manera tajante sin quitarse las sábanas de su rostro.
─¿Cómo que con nadie? ─espeté─. Llevas horas hablando. ¿Con quién lo hacías? ─halé las cobijas y lo miré.
Su rostro estaba transformado en el de un ser que yo no podía reconocer.
─Ya te dije que con nadie ─repitió y volvió a taparse.
─De acuerdo ─solté confundida─. Si no quieres decirme está bien pero, no puedes levantarte a mitad de la noche y hacer esto.
Lo escuché bufar, luego hablar.
─Tenía una pesadilla, ¿ya? ─cortó molesto.
Hice una mueca. No le creí, aun así le sonreí.
─Oye ─volví a descubrirlo─, si las tienes puedes venir conmigo siempre que quieras y meterte en mi cama igual que antes ─le dije mientras me acomodaba a su lado y lo abrazaba. Sin embargo, aquel abrazo ya no se sentía igual que antes, ahora, se había vuelto más frío y misántropo.
Él no me contesto por lo que suspiré sintiendo como un nudo en mi garganta comenzaba a formarse. Aguante las ganas de llorar y lo abracé aún más sin saber qué era lo que le pasaba.
Me quedé recostada junto a él por un largo rato en lo que se quedaba dormido.
Verlo e imaginar la clase de sueños que él podía tener me hacían pensar demasiado. Me preguntaba una y otra vez qué tipo de pesadillas, si es que las tenía, podían llegar a alterarlo tanto como para que él actuara de esa manera conmigo, en realidad no lo sabía aunque, pude suponer mil cosas.
Me sentía frustrada, desde que nuestros padres habían muerto muchas cosas habían cambiado y ni Suigetsu ni yo éramos los mismos. Resoplé cansada, aún sentía una pesada carga sobre mis hombros. Tallé mi frente y suspiré mientras me revolvía el cabello, imaginar cosas que ya no tenían fundamento sólo me desgastaban. Con cuidado me levante para luego depositar un casto beso sobre la frente de mi hermano, uno tan suave y tan lento que me pareció eterno.
Ahora que Sasuke me convirtiera iba a extrañarlo, demasiado. Sí, talvez estaba siendo demasiado egoísta al convertirme sólo yo pero, no era como si quisiera condenar a toda mi familia, de por sí el que me convirtieran solo a mí ya era un problema.
Sonreí apenas, sintiendo en la punta de mis labios un sabor amargo, estaba llorando.
─Ojalá supiera lo que atormenta ─dije sin dejar de mirarlo, fue entonces que el abrió sus pequeños ojos amatistas.
En silencio me miro, toco mi rostro y lo limpió, luego, dijo que algo que no esperaba escuchar en un largo tiempo.
─Papá y mamá están muertos, ¿verdad?
En ese instante mi corazón se detuvo. ¿Cómo era que él… intuía eso? Sus directas palabras me calaron hasta los huesos. Sentí que mis labios se movieron pero ninguna palabra salió de ellos, no podía hablar, toda frase había muerto dentro de mi boca.
Su mirada llena de decepción al no responderle me hizo sentir culpable.
─¿De eso trataba tu pesadilla? ─estúpidamente pregunté.
Suigetsu entornó molesto los ojos en mí, torció la boca y en medio de un chasquido me dio la espalda. Yo quise tocarlo pero por alguna razón me contuve de hacerlo.
Cerré los ojos y presione la boca mientras sentía como mi corazón se apretaba y mis lágrimas comenzaban a reclamar nuevamente mi mirada.
Decirle la verdad no era algo sencillo, tampoco era algo que tuviera muy bien planeado. Sí, iba a decírselo, en algún momento lo haría pero, hoy no lo haría.
Había planeado tantos escenarios para confesárselo pero en ninguno de ellos yacía este momento.
¿Cómo iba a atreverme a decírselo sin pasmarme, sin temblar y temer por su odio?
Además, ¿cómo iba a explicarle a un niño de su edad que por mi culpa sus padres murieron en un terrible accidente?
No, no era nada fácil.
Deje escapar un largo suspiro para luego alejarme, apagué la luz y sin cerrar su puerta lo miré con pesar.
─Sabes que en algún momento tendrás que decirle la verdad, ¿cierto?
Di un tremendo salto al escuchar su voz. No esperaba que él estuviera a estas horas de la madrugada en mi casa.
─¡Sasuke! ─lo nombre mirándolo de mala gana, conteniendo mis ganas de querer golpearlo por asustarme─. Un día de estos vas a matarme ─repliqué sosteniendo mi pecho.
─Créeme que no es mi intensión hacerlo ─dijo serio.
Rodeé los ojos y caminé por el pasillo hasta llegar a la puerta de mi habitación─. ¿Qué haces aquí? ─pregunté con fastidio.
No estaba de buen humor sin embargo, en segundos lo tuve detrás de mí. Sentirlo llegar como lo hacía me ponía tensa y nerviosa.
─No podía dormir ─dijo con una pequeña sonrisa a lo que yo levanté una ceja. Me giré y lo vi confundida─. No es cierto ─añadió mientras se burlaba.
Hice una mueca tonta.
─Déjate de tonterías ─espeté─. Ambos sabemos que nunca duermes ─dije abriendo la puerta de mi habitación.
─Es cierto ─susurró deteniéndome. Enredo una de sus manos en mi pequeña cintura e impidió que yo entrara─. La verdad es que ya te extrañaba ─susurró bajo mí nuca.
Su aliento me estremeció. Sasuke me hizo girar. Sus ojos destellaban una prominente lujuria que resplandecía bajo la oscuridad maligna de sus siniestras pupilas.
Mi cuerpo se acaloro cuando él me recorrió de a poco, notando mi pijama y ahora era que me arrepentía de estar usando un pequeño short azul de puntos junto a una playera lisa de tirantes blanca que dejaba ver lo remarcado de mis pezones ya que no llevaba puesto el sujetador. De inmediato baje avergonzada la mirada a mis pies. Odiaba que él me mirará de esa manera sin hacer poder nada.
─Me encantas ─dijo de pronto y no sé porque diablos me sonroje todavía más.
Dirigí mi vista hacia él, Sasuke me observaba profundamente. Se acercó a mis labios tocándolos de una manera suave con los suyos mientras aspiraba mi cálido aliento, eso, creo una fuerte sensación que me recorrió toda hasta llegar a mi sexo, provocando que temblara entre sus brazos.
Cerré por unos momentos los ojos imaginado sus besos. Me estremecí por completo cuando sentí la punta de su lengua sobre mis labios. Los recorría con una extrema lentitud que me hacía querer golpearlo. Apreté los puños sobre mis piernas aferrándome a la poca tela de mi pijama.
Sasuke estaba jugando conmigo, siempre lo hacía y maldición, era divertido.
Gemí frente a su boca.
─Tú también me encantas ─dije extasiada─. Pero ya tienes que irte ─susurré sin abrir los ojos─. Amanecerá muy pronto y si mis abuelos te ven no quiero pensar en lo que me dirían.
─No me verán ─prometió.
Sonreí con ironía.
─Sí, claro ─dije alejándome de su boca─. Igual que la última vez, ¿no? ─reclamé y él sonrió.
─Eso fue un pequeño descuido. No volverá a suceder ─dijo arrinconándome contra la pared.
Podía sentir el libido alrededor de su cuerpo y lo excitado que él estaba por tenerme.
─Sí tal vez pero… ─pero no alcancé a culminar mi frase porque él se apodero de mi boca.
Sentir sus labios recorrer la comisura de los míos me hacía temblar. Besarlo me desconectaba de todo. Me hacía perderme en un perverso mundo lleno de oscuridad y malicia. Gemí sobre su boca y entonces, se detuvo, mi respiración estaba agitada pero aun podía sentirlo cerca.
Abrí mis ojos un poco, él sonreía, a su manera pero lo hacía. Pocas veces lo veía sonreír como ahora.
Respiraba con dificultad y Sasuke parecía divertirse con eso. Entorné mis ojos en él reprimiendo mis ganas de querer volver a besarlo, él me atraía demasiado. Llevábamos un par de días haciendo esto, nos provocábamos él uno al otro sin llegar a nada más que a esto y ya, no estaba dispuesta a continuar con su juego. Necesitaba tenerlo.
Sasuke me miró una vez más y en un abrir y cerrar de ojos me vi estampada contra la pared.
Con una de sus manos apreso las mías sobre mi cabeza mientras que con la otra comenzó a recorrer el perfil de mis piernas desnudas hasta llegar a la parte interior de ellas y subir. Sentía sus fríos dedos recorrer un tortuoso camino. Mordí mi labio inferior al tenerlo en mi centro, Sasuke sólo me estaba tocando y yo parecía que me estaba desmoronando. Sus agiles dedos eran majestuosos y si esto era lo que él podía llegar a provocarme con sus manos no imaginaba lo que sentiría cuando él y yo...
─Sólo tienes que pedirlo ─dijo y yo accedí.
Lo sentí sonreír frente a mi boca, libero mis manos y me cargo. Yo enrede mis brazos en su cuello y mis piernas en su cintura mientras jugaba con su cabello y me dejaba llevar por sus frenéticos besos.
Ambos estábamos tan concentrados en lo que hacíamos que no note todo el ruido que estábamos haciendo. Él y yo éramos uno solo, así lo sentía.
─Sakura ─lo escuché llamarme entre jadeos.
Abrí mis ojos y lo miré. Por unos instantes me permití mirar mi reflejo sus ojos rojos que estaban marcados por el placer. Eran tan hermosos cuando cambiaban de color. Me preguntaba si así se verían los míos una vez que me transformara.
─No serán mejor que los míos ─dijo.
A veces odiaba su arrogancia pero, había veces en que la amaba.
Él me miró una vez más y el color de sus pupilas se apagó.
─¿Qué sucede? ─pregunté y su rostro se tornó serio.
Estaba confundida, hace un par de segundos estábamos radiando fuego y ahora parecía que toda esa pasión se había congelado.
Él me bajo y sin alejarse demasiado me hablo rápidamente.
─Mis padres quieren conocerte.
Creo que deje de respirar cuando lo escuché decir eso.
─¿Es enserio? ─cuestioné minutos luego.
No es que no quisiera conocer al resto de su familia pero, aún era muy pronto para hacerlo. Digo, ni siquiera sabía con exactitud lo que había entre él y yo, habían sido solo unos besos, unas cuantas caricias y quizá hasta algo de química pero, no era como si hubiera algo formal entre Sasuke y yo como para que él quisiera presentármelos. Tampoco es que no quisiera tener una relación con él porque si la quería pero… ¡Demonios! ¿Qué estábamos haciendo? ¿Qué estaba haciendo yo? ¿Quién era para él?
Lo escuché refunfuñar, al parecer lo que había pensado no le había gustado y eso lo noté cuando puso una cara de disgustado.
─Es enserio ─dijo apartando la mirada─. Ellos quieren conocerte ─afirmó con una total seguridad bajo la luz de la luna que se colaba a través de la ventana─. Recuerda que eres mi otra mitad, mi fortaleza y, la mujer que me complementa.
Su fortaleza, su otra mitad, la mujer que lo complementa. Aquellas palabras sonaban perfectas dentro de su boca.
─De acuerdo ─dije y su mirada volvió a encenderse.
Él se acercó. Pensé que de nuevo me besaría, cerré los ojos y esperé por sus labios.
─Más tarde vendré por ti ─susurró a mi oído.
Iba a responderle pero cuando abrí los ojos él ya había desaparecido.
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Continuará...
