Esta historia no me pertenece, es una adaptación, su título original es " Amar una sola vez" de la escritora Johanna Lindsey, los personajes corresponde al anime " Candy Candy"
- ¿estás segura?
- Ya se lo ha dicho, Andreu.- afirmó fríamente Terry desde la puerta. - Y como esto es obviamente lo que viene s buscar, le agradecería que partiera.
Candy se puso de pie de un salto.
- ¡Terry!
Capítulo 21
- No te preocupes, Candy. - dijo Maxi, poniéndose de pie.
- Está dama es lady Grandchester, amigo.- dijo Terry con tono suave y ojos brillantes. - No lo olvides.
Candy apenas podía creer lo que oía.
- No debes irte, Maxi, de verdad no debes.
- Pero yo insisto que lo haga.- Terry se volvió y atronó en el vestíbulo.- ¡Arthur! ¡El caballero se va!
Candy se puso escarlata.
- Perdón, Maxi. Pero no hay excusa para esta grosería.
- No lo tendré en cuenta.- Maxi se inclinó sobre la mano de ella, ignorando por un momento al indomable hombre que estaba en la puerta.- Ha sido un placer volver a verte, por muy breve que haya sido.
Candy esperó sólo dos segundos, después de que Maxi saliera apresurado de la habitación, para empezar a gritar; sus ojos verdes esmeraldas lanzaron chispas contra Terry.
- ¿Como te atreves? ¿Acaso yo he echado a tus putas? ¿Acaso lo he hecho? .- Se interrumpió para tomar aliento.- ¡Eres insufrible, totalmente insufrible! .- rugió furiosa. - ¿Es ésta otra de tus ridículas reglas? ¡Primero no permites que mi familia venga a visitarme aquí, y ahora mis amigos no son bienvenidos!
- Yo no diría que un antiguo amor es un amigo.- replicó él.
- No es un antiguo amor. ¿Y como te atreves a hablar cuando cuatro de tus antiguas queridas durmieron aquí anoche? ¡Vamos, probablemente has estado con alguna de ellas... o con más de una! .- Al fin le dijo lo que la atormentaba desde anoche pasada.
- Si hubieras compartido anoche mi cama, sabrías dónde estuve.
Ella abrió la boca, y después la cerró, enfadada. ¿Compartir con él la cama tras haberlo visto abrazado a otra mujer? La molestaba deliberadamente. Bueno, había logrado enfurecerla.
Candy irguió los hombros.
- Tu desdichado comportamiento me ha ayudado a decidirme, Terrencce. Me niego a seguir viviendo un día más con un tosco patán. Vuelvo a mi casa.
Eso detuvo de golpe a Terry.
- Está es tu casa.
- Tal vez lo haya sido, pero ahora me es insoportable, me iré al menos hasta cuándo este terminada la obra, y pueda mudarme definitivamente allí.-. dijo esto refiriéndose a la casa que estaba construyendo en las tierras que le habían dejado sus padres, la casa era de una sola planta, pero bien espaciosa con tres habitaciones, con una sala amplia, el comedor, la sala de té y una habitación de juegos. las paredes de dos de las habitaciones eran de cristal, lo mismo que el salón.
- No te irás.- dijo secamente.
- No puedes detenerme.
- Claro que puedo. ¡Y verás si no lo hago!
Siguió un silencio. Se miraron enfurecidos y luego Candy se marchó.
Terry dejó caer los hombros. ¿Por qué diablos había perdido la cabeza de aquel modo? Él había querido convencerla de que volviera a ser la que había sido, y luego cortejarla para llevarla a la cama esa noche. Todo hubiera podido estar solucionado mañana por la mañana. Demonios eternos, ¿Que le pasaba? Ella tenía razón, su comportamiento había sido intolerable, y él ni siquiera se entendía a sí mismo.
Candy se encerró en su habitación, decidida a no dejarse ver, le importaba un comino lo que llegarán a pensar las visitas; Terry se había portado de una forma tan miserable.
- Ah... Terrencce te odio... como pudiste... ¡Eres un desgraciado!. .- Candy pasó un buen rato diciendo improperios en contra de su marido.
- ¿Candy estas segura que no vas a bajar a comer? Esto dará pie a habladurías...
Candy la interrumpió.- Y tu crees que me importa, No.. esto se acabó, mañana Dorothy nos iremos de aquí. Después de que se marche el último invitado. Así que ve arreglando nuestras cosas.
- ¡Pero Candy! .- se la quedó mirando por un momento dudando, Estaba al tanto de los sentimientos que ella albergaba para su marido, pero al ver la resolución y la seriedad en su rostro, sabía que hablaba en serio.- Bueno, hijita no se que decirte. Sabes muy bien que cuentas con nuestro apoyo, y no hace falta decirte que tus tíos jamás te darán la espalda en lo que decidas.- Dorothy suspiro.
Se escucharon toques en la puerta, acto seguido se abrió. Era Bea con Robert en los brazos.
- Candy, Robert está muy inquieto. Te lo he traído para ver si tu puedes calmarlo.
Candy cogió al niño en sus brazos, Robert la miró, con sus ojitos llorosos.
-Pero que ocurre mi cielo... A que se debe esa carita.- el bebé le hizo un puchero, y grito, llorando a todo pulmón, Candy jamás lo había visto así.
- Ah, no se Candy, pero yo creó que Robert extraña al Duque, él no ha pasado en lo que va el día a verle.
- No digas tonterías Bea. Eso es imposible, apuesto que no sabe ni siquiera quién es ese hombre, ¿ verdad mi niño? .- Candy caminaba con el niño en sus brazos, tratando de calmarlo.
- Yo no estaría tan segura, aunque sea un bebé, ellos son capaces de darse cuenta de todo. Si tu lo vieras cuando el papá lo coge en brazos, empieza a reírse a carcajadas el muy bandido.- dijo esto Bea sonriendo, ella aún no estaba al tanto de las nuevas.
- voy a preparar agua de manzanilla, no vaya ser un cólico.- Dorothy abandonó la habitación.
Cuando Dorothy regreso el niño ya se había dormido, a pesar de la rabieta de Candy, terminó aceptando la idea de Bea. La niñera se entró a las habitaciones de Terry y regreso con una camisa de él, con la cuál cubrió una almohada, la que sirvió de apoyo mientras Candy le daba el seno, quedando profundamente dormido.
Después de que se llevarán a Robert, Candy le ordenó a su niñera que arreglará los baules tanto del niño como los de ella. Que ya Dorothy arreglaría las de las dos. Mientras Candy espero que le subieran la comida ayudó en la labor a Dorothy, no habían guardado mucho, pero al menos un par de baules ya tenían hechos.
Candy estaba tan cansada y aunque no lo quería admitir desanimada, después de la siesta tomó un largo baño de rosas, con sales relajantes que le había preparado Dorothy, eran la seis de la tarde, despidió a su mucama diciendo que ya no la necesitaba, que esa noche no pensaba cenar.
La puerta se abrió de golpe con un ruido resonante. Candy, sentada ante el tocador, se dio la vuelta, todavía con el cepillo para el pelo en mano.
- ¿ Como? ¿Aún no están hechos los baúles?.- Preguntó Terry en tono ronco, mirando al rededor de la habitación.
Candy lentamente dejó el cepillo
-Estas borracho, Terrencce.
- No del todo amor. Lo suficiente como para darme cuenta de que sin motivo, me he estado dando la cabeza contra la pared.
- Si tanto te interesa los baules que se han echo, están en la otra habitación con las cosas que tenía allí, aún tengo el día de mañana para recoger lo que me queda aquí.- dijo esto poniendose de pie, señalando con los brazos extendidos la gran habitación.
Él cerró la puerta y se apoyó contra ella, clavando en Candy sus ojos azules.- Amor no juegues conmigo.- cruzó la habitación hacia la otra puerta que conectaba la habitación en común, se quedó paralizado con la vista fija en el equipaje, Lego volteó hacia ella cerrando la habitación tras él.- No te irás de aquí amor y si insistes en irte yo me iré contigo.
- Terry, tú no puedes..
- Claro que si, ponme a prueba amor...me quedaré aquí junto a ti.
- Tu no puedes hacer eso... Es mejor que te vallas de mi habitación.. no tienes ni un derecho de estar aquí.- la voz de Candy era inquietante, la cercanía y la voz tan posesiva de él la asustaba.
- Ten en cuenta una cosa, la casa es mía. El cuarto es mío. La mujer es mía. No necesito permiso para llevarla a la cama.
- Yo...
- No discutas, amor.- argumento él.
Es mejor que te vayas antes de que...
- Antes de que... ¿ que grites amor? ¿Para que los criados y las visitas vengan corriendo? No se atreverán a entrar ¿sabes? Y tu sufrirás mañana una muy aguda vergüenza. - el muy libertino le sonreía, las mejillas de ella se tiñeron de rojo intenso, el muy bruto estaba logrando enfadarla.
- No te saldrás con la tuya, Terrencce Grandchester.
- Me saldré con la mía. - corrigió él amablemente.- Y no te pongas histérica.
Ella guardó silencio y él lo interpretó como una señal de abastecimiento.
- Me alegro de que seas razonable, amor. Vamos ¿por qué no te quitas esa bonita prenda que llevas?
- ¿Por qué no te vas..? .- Candy trató de conservar la poca cordura que le quedaba, que se creía él, que por estar en su casa podía hacer lo que le diera su bendita gana.
- ¡Señora! .- parecía molesto.- Si no puedes ser cortés...
- Terrencce. - grito Candy.- No estoy de ánimo para tonterías.
Avanzó hacia ella, y ella corrió al otro lado de la gran cama, poniéndola entre ambos. Él avanzaba, daba ya la vuelta a la cama.
- No te acerques más. - su voz se elzaba en cada palabra, pero el siguió avanzando.
Candy saltó sobre la cama y rodó por ella. Lo miró y le vio sonreír. La casa lo divertía.
- ¡Quiero que salgas de aquí enseguida!.- Su voz se quebró de furia.
Él saltó sobre la cama, agachándose para que el dosel no le molestara,Candy corrió hacia la puerta. Pero el crujiente ruido de Terry al Saltar de la cama le hizo tambalearse en sus pasos. Él aprovechó ganando ventaja hacia la puerta, la atrancó, después puso la llave sobre el recordé del dintel, fuera del alcance de Candy.
Candy miró el dintel hasta el que no podía llegar y luego miró a Terry. Tomo un libro de una mesa cercana y se lo arrojo. Él lo esquivó limpiamente, riendo ante los esfuerzos de ella, y se quitó la casaca.
- Si persistes, Terry, te juro que te arrancaré los ojos a arañazos.
- Puedes intentarlo, amor.- sonreía, se acercó al diván, donde ella había corrido a refugiarse. La sacó de un tirón, sujetandola con fuerza.
- Terr...
Sus labios la silenciaron. Un momento después la dejaba caer sobre la cama y la apretaba contra el colchón con su largo cuerpo. Su boca devoraba la de ella, sin dejarla respirar, mucho menos insultarle. Los dedos de ella, que le agarraban del pelo, no lograban retirarle la cabeza, ni sus movimientos le hacían perder el equilibrio. Ella le mordió el labio y él retrocedió, sonriendo.
- No debes hacer eso amor. ¿Cómo quieres que te bese como es debido si me arrancas un pedazo de labio?.- Candy le dio un fuerte tirón de pelo y gruño.- Debí volver a emborracharte. Eres más agradable cuando estás ebria.
Mientras él volvía a besarla, los ojos de Candy se dilataron. ¿Emborracharla? ¡No había sido un sueño! En realidad él le había hecho el amor aquella noche en la posada. Como se había atrevido, lo había planeado todo... La conocía lo bastante para engañarla... La deseaba lo bastante para darle mucho vino... La deseaba.
- Eres un maldito tramposo.. Como pudiste, no tenías derecho.
- Lo sé amor... Pero eres tan apetecible, aunque no lo creas, contigo soy capaz de atragantarme. Y te amo.. mi señora, te amo tanto que no me arrepiento. No sabes cuantas veces desperté buscándote en mi cama... Y no pude resistir a la idea, pero lo disfrutaste amor tanto como yo... .- No dijo más, volvió a besarla con pasión,insitandola a que le correspondierá.
- Dios mío.- Candy no sabía ya ni que pensar, ni que sentir. Esa confesión la desequilibraba en toda su lucha,sus besos la desarmaba, por más que ella se resistierá. - maldita sea.- estaba cayendo en un pozo sin fin.- me ama.. me desea... .- se repetía. Aquellos sentimientos la embargaban. ¿Hasta cuando podría resistir?
El volvió a mirarla con ojos ardientes
- Amor. - dijo con voz ronca.- ámame. Ámame como me has amado antes.- murmuró apasionado, y las defensas de ella se desmoronaron. Súbitamente empezó también a besarle, con toda la pasión que poseía. No estaba hecha de piedra. Era carne y sangre, y su sangre era ahora fuego.
Los dedos de Candy cambiaron de dirección, acercando a ella la cabeza de él. Sus gruñidos de placer eran como música para los oídos de ella. Terry la deseaba.. la deseaba de verdad.. como ella a él. Fue su último pensamiento, antes de que ya no le quedará tiempo para pensar.
Ninguno de los dos fue consiente, de las veces que se amaron. Terry le hablo palabras de amor que jamás a ella se le hubiera ocurrido que un hombre pudiera decir, llenando su corazón con un sentimiento tan fuerte, a hora se sentía completa, verlo desnudo a su lado, con sus piernas entrelazadas, recostada en su pecho, cerró los ojos con fuerza, deseando si esto era otro sueño, no despertar nunca.
- Buenos días amor.- Los dientes de Terry mordieron suavemente el labio inferior de Candy.- ¿ Te ha dicho alguien alguna vez que por la mañana, eres un delicioso revoltijo?
Candy sonrió con picardía.
- Dorothy es la única persona que me ve al amanecer, y no suele decir cosas que puedan subirse a la cabeza de una muchacha.
Terry río, y la abrazo más a él.
- Tu indómita Dorothy no me quiere, ¿sabes? y no sé por qué. Soy un tipo muy simpático.
- Eres un tipo insoportable y lo sabes.- se separó de él para ver la hora.
- Un simpático tipo insoportable.
Candy río, no le contestó.
Que manera maravillosa de despertart, pensó Candy, acomodandose contra la sólida longitud de su marido. Y no estaba cansada, aunque había sido ardientemente amada en las horas previas alba. No estaba cansada. Se sentía maravillosamente bien. Tenía que lograr que él la forzará a hacer el amor con frecuencia.
El llanto de Robert era lo único que podía turbar su idilio, y ella lo oyó en aquel momento.
Cómo ya lo esperaba. Era la hora de la primera toma que le daba desde que había empezado a dormir toda la noche.
- Me preguntaba cuando iba a empezar.- dijo Terry mordisqueado su oreja.
Candy sonrió. - Es mejor que me ocupe de él.
- volverás pronto ¿verdad?
- claro que si, pero ya sueltame, si no temo que terminará con despertar a la casa entera.
Cuando Candy regreso, media hora después, el dormitorio estaba vacío. Ella busco la habitación en común, después fue al dormitorio de Terry. Ambos cuartos estaban vacíos. Volvió a su cuarto esperó. Él no reapareció.
¿Donde se había ido? ¿Y por qué? ¿Quería acaso usarla, y después tratarla con indiferencia? Pero se apresuraba a sacar conclusiones. Tenía que haber una buena explicación para esa desaparición.
Candy apresuró en arreglarse, nisiquiera llamó Dorothy para que la aayudará en ese menester. Salió corriendo del cuarto y bajo las escaleras. Las voces del cuarto de desayuno la llevaron a esa dirección. En la puerta se detuvo de pronto, petrificada. Terry vestido sólo con los calzones y una corta bata de terciopelo azul, estaba ante la mesa del buffet. Le daba la espalda a ella, al igual que Susana Marlong. Susana estaba tan cerca de él que el hombro de ella tocaba su brazo. Él inclinaba la cabeza hacia ella y Susana reía por algo que él estaba diciendo.
Ante los ojos de Candy pasó una llamarada roja.
- ¿Vuelvo... a molestar?
Se dieron la vuelta. No había nadie más en la habitación, ni siquiera un lacayo, pero Terry no pareció avergonzado.
-No era necesario que bajarás amor. - sonrió. - Estaba preparando una fuente de dulces para llevarte.
- No lo dudo.- contesto ella, helada, sus ojos clavados en los de Susana.- señora le agradecería que hiciera la maleta y partiera de aquí antes del medio día.
La agradable expresión de Susana se convirtió en un gesto de fastidio.
- No puedes hacerlo, no puedes echarme. Soy invitada de lady Margaret.
- Lady Margaret no es la dueña. Lo soy yo. Y los Grandchester somos famosos por echar a la gente de nuestra casa.
Continuará...
Lo he subido en el receso de mi trabajo jrjej
Disculpen cualquier error..
Les agradezco los mensajes...
Luz Rico... Jamás sentí que me hayas criticado ni nada por el estilo, al contrario te estoy agradecida... que por ti me percaté que debería haber sido más clara en hacer una observación. Saludos...
Bendiciones chicas, muchos saludos...
