Y para no perder la costumbre :P Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la increíble historia es de Drotuno, yo solo traduzco.
Gracias a mi Beta estrella y amiga Erica Castelo por ayudarme nuevamente.
CAPÍTULO 21
BELLA
No íbamos a lograr entrar a la puñetera casa. No pude contener mi risa cuando Edward prácticamente derrapó el Camaro en la entrada, estacionándolo. Todavía me estaba riendo cuando se volvió hacia mí.
Había estado provocándolo los últimos 32 kilómetros o algo así. Lo toqué, me acerqué a él y lo besé, pasé rozando con mi mano su creciente erección, y le susurré cuánto necesitábamos estrenar mi nuevo coche—de la forma correcta. No pude evitarlo, porque se sentía tan liberador el simplemente estar lejos de todo el mundo, al menos por un rápido viaje a casa por las herramientas de Edward y su helicóptero. No es que nos olvidáramos de todo o lo que se supone que debíamos estar haciendo, pero siempre habíamos aprovechado la oportunidad de joder con el otro cuando estábamos los dos solos.
"Dulzura," gruñó, sacudiendo su cabeza al mismo tiempo que las aletas de su nariz se ensanchaban. "Espero que lo hayas dicho en serio, porque este coche no volverá a ser el mismo." Bajó su cabeza, mirándome a través de sus largas pestañas, articulando, "Nunca."
Otra risita se me escapó, porque se veía hecho un desastre. Su cabello apuntando para todos lados de tanto que había tirado de él con sus manos para mantener la compostura, sus ojos eran de un negro ardiente, admirando cada centímetro de mí, y sus jeans parecían estar a punto de desgarrarse por lo duro que estaba.
Miré alrededor, encantada de no tener vecinos, sin testigos que vieran lo que estábamos por hacer. "Cada palabra, cariño," le dije, tirando de mi camiseta por encima de mi cabeza y arrojándola al asiento trasero.
Se levantó y estaba fuera del coche en un instante, azotando la puerta del conductor. De repente mi puerta se abrió, y bajó su mano para hacer que mi asiento se reclinara totalmente y lo recorrió hacia atrás tanto como se pudo. En alguna parte entre su puerta y la mía, había perdido su camiseta. Un vistazo rápido a través del parabrisas al montón de tela tirado encima del capó me dijo dónde había aterrizado, pero que me jodan sino se veía malditamente sexy cuando se trepó sobre mí.
Estirando mis manos solo para tocarlo, las subí rozando sus fuertes brazos y por sus hombros, levantándome para rozar mis labios sobre su tatuaje—mi tatuaje. Arrastrando mis uñas por su espalda, encontré donde sujetarlo justo debajo de la cintura de sus jeans, lo que provocó que nuestras caderas cubiertas por la mezclilla se restregaran juntas. Mis ojos nunca dejaron el verde profundo frente a mí mientras él me permitía hacer lo que quería.
"Te deseo," le susurré, mi frente arrugándose por cuan cierta era esa simple declaración.
Amaba a ese hombre, pero algunas veces, era tan malditamente sexy que no podía evitar morir de ganas de acariciarlo, de que me acaricie, de escuchar su mortal boca diciéndome cosas que harían que una prostituta se sonrojara. Y era porque él era mío. Todo mío. Veía a otras mujeres tanto como al hombre en la luna. Edward solo me veía a mí, y ese poder era tanto impresionante como aleccionador.
"¿No te alegra que no tengamos vecinos?" Ronroneó con una ligera risita, haciendo eco de mis pensamientos de hace unos minutos al mismo tiempo que subía poco a poco su mano para abrir el broche delantero de mi sujetador. "Mmm, aunque no me importa quién te escuche gritar mi nombre," murmuró sensualmente, su mano derecha extendida entre mis senos. Abrió sus dedos todo lo que pudo, su meñique apenas tentando un pezón, su pulgar tentando el otro, todo mientras apoyaba su mano izquierda en el respaldo del coche junto a mi cabeza.
"Edward," dije entre mi aliento, mi ceño frunciéndose y mi espalda arqueándose cuando mis pezones se irguieron al instante, más apretados bajo sus ligeras caricias.
"Sí," me dijo, asintiendo despacio mientras una sonrisa perversa subía lentamente a su rostro. "Justo… así."
Cuando su boca encontró la mía, abierta, húmeda, y reclamando, no quería algo gentil y lento. Lo quería duro, rápido y profundo. Y por una milésima de segundo, esperaba que pusiera el freno de mano, porque quería cada pizca del poder y la fuerza que mi esposo tenía para ofrecerme. Lo había tentado demasiado y por mucho tiempo durante el viaje en el coche, y ahora lo necesitaba. Muchísimo.
Dedos agarraron, tiraron y bajaron cierres, y apenas si bajamos nuestro jeans y ropa interior cayendo al piso del coche del asiento delantero antes de que él estuviera de vuelta entre mis piernas. Sus manos agarraron la parte superior de mi reposacabezas, su frente pegada a la mía.
"Sube más esas piernas, amor," me ordenó, mordisqueando suavemente mi mandíbula con sus dientes. "Quiero enterrarme en ti…"
Hice lo que me pidió, aunque todavía bajó su mano y enganchó una de mis piernas en la curva de su brazo. Mi boca se abrió, un lloriqueo se atoró en mi garganta, y sentí como se crispaba cada terminación nerviosa cuando cubrió su polla con mi humedad antes de alinearse en mi entrada.
"Oh, Dios," grité, enterrando mis uñas en su espalda y su trasero una vez que se enfundó totalmente dentro de mí.
"Mierda, sí," gruñó en mi cuello, y pude darme cuenta que estaba apretando sus dientes, cuando sus palabras apenas si pudieron salir. "Eres jodidamente sexy cuando me provocas, Bella," jadeó, saliendo casi por completo, solo para entrar de nuevo con fuerza.
Quería sonreír al sentir el pobre coche meciéndose, pero no podía ver, sentir o concentrarme en otra cosa además de Edward—su cuerpo encima de mí, su polla dentro de mí, y su boca en el punto débil justo debajo de mi oreja, susurrando cosas que hacían mis ojos rodaran dentro de mi cabeza.
Sabía que con el ritmo que llevaba, no íbamos a durar mucho tiempo. Estábamos muy excitados, demasiado necesitados. Su desesperada declaración de que deseaba que fuera la única mujer con la que había estado en su vida había provocado que se desencadenara algo dentro mí. Quería hacerlo pedazos, comerlo vivo, y besarlo hasta dejarlo estúpido, pero en vez de eso, lo había acariciado, flirteado, y provocado hasta que él ya no pudo contenerse.
Subiendo la mano por su pecho, alrededor de su cuello, y dentro de su cabello, lo sujeté con fuerza, llevándolo de mi cuello hacia mi boca. Nos besamos con la respiración agitada, las lenguas arremolinándose y las caderas encontrándose con rudeza. El eco de piel contra piel sonó a nuestro alrededor en los estrechos confines del coche. Edward gimió, echándose un poco hacia atrás, sus dientes arrastrándose por mi labio inferior.
"Necesito que te corras, bebé," jadeó. "Quiero que te corras con fuerza para mí," me ordenó, levantándose un poco. La mano que no estaba sosteniendo mis piernas se deslizó entre nosotros, sus dedos largos y diestros encontraron mi clítoris en el punto perfecto. Conocía mi cuerpo casi mejor que yo. "Pero quiero escucharte… dime cuándo ese delicioso coño ya no pueda soportarlo, dulzura…"
Cuando su pulgar me masajeó a la perfección, presionando con fuerza sobre mi clítoris, todo mi cuerpo se contrajo en torno a él. Mis piernas lo acercaron, mis manos se aferraron a su espalda y su cabello, y mis dientes se prendieron a alguna parte entre su cuello y hombro, haciendo lo que podía por no gritar.
"Con fuerza, bebé," me ordenó una vez más.
"Ahora, ahora, ahora," repetí, mis ojos cerrándose con fuerza y mi cabeza se presionó contra mi asiento cuando sentí que todo mi cuerpo se rompía en mil pedazos. "Me estoy corriendo, Edward…"
"Sí," gruñó, impulsándose con más velocidad, con más fuerza, y más profundo, aunque su ritmo empezaba a interrumpirse, por lo que sabía que estaba cerca. "Joder, mierda… joder," dijo entre dientes, penetrándome con tanta fuerza que mi trasero se levantó del asiento cuando se derramó dentro de mí.
Con cuidado, liberó mi pierna de su brazo, acariciando el costado de mi muslo al mismo tiempo que plantaba besos en mi frente, nariz y barbilla.
"No puedo moverme," dijo con una risita, pegando su sudorosa frente en la mía. "¿Me ayudarías a empacar las cosas en el helicóptero después de que durmamos unas cuantas horas?"
"Sí, por supuesto," le dije, sonriéndole y haciendo una mueca cuando salió de mí. "Gracias por probar… mi coche," le dije en broma cuando se puso de pie, poniéndose sus jeans.
Soltó un resoplido, volviéndose para mirarme con una ceja levantada y una sonrisa perversamente sexy. "Fue un viaje placentero, bebé…"
Solté unas risitas, muy apenas pudiendo ponerme mi ropa de nuevo. "Dios, te amo…"
Se rio entre dientes, sacudiendo su cabeza y ofreciéndome su mano cuando al menos logré ponerme otra vez mis jeans y mi camiseta. "También te amo, Bella. Ven… vamos a dormir por unas horas, cargar el helicóptero y luego volveremos a la casa de seguridad para el almuerzo."
Pegué mi cuerpo al suyo mientras nos encaminaba hacia la casa, y de pronto, estaba ansiosa por realmente regresar a nuestra casa. Estaba lista para traer a Sammy y a Bethy de vuelta a su hogar. Estaba lista para terminar con este caso, para que Kyra estuviese a salvo, y para que Preston finalmente fuera atrapado.
~oOo~
EDWARD
Froté mi rostro con mis manos, tomé otro sorbo de café, y miré hacia afuera a la lona que cubría mi helicóptero. Era una mañana fría, mucho más frío de lo que se había sentido en la casa de seguridad, con la niebla casi tocando el suelo. Era el tipo de niebla que no iba a darme mucho problema para cuando despegara, porque era muy probable que se disipara para cuando el sol saliera completamente.
Apoyado en la encimera, dejé la mayor parte de mi peso en mis codos, tomando otro sorbo de café. Bella me había pedido que no comenzara sin ella, así que solo estaba esperando a que se vistiera. Estaba bien por mí. Sabía exactamente qué herramientas tenía que cargar, y no se necesitaría mucho tiempo el preparar el helicóptero.
Repasaba este último plan en mi cabeza como una larga lista. Tenía que ser perfecto, aunque tenía que admitir que no me preocupaba tanto como muchas otras misiones que habíamos enfrentado. La de Royce King había sido malditamente aterradora, porque la mierda de la mafia no era algo con lo que se podía jugar. Lilith estaba loca, lo que la hacía inestable. Eso fue lo que me preocupó. Preston era alguien de quien se podía esperar cualquier cosa… No estaba involucrado con nada parecido a lo que King había estado, pero no estaba loco como Lilith. Era un psicópata. Lo que sea que fuera, era algo que con lo que en realidad no habíamos lidiado antes.
Le habíamos quitado su refugio y a su chica, habíamos expuesto a su padre y desaparecido el que asumimos sería su último objetivo—Jordan. Continuamente checábamos al tipo de Londres, Ryan, y al exesposo, Roger, pero estaban a salvo. De hecho, Alice monitoreaba sus teléfonos móviles solo para estar seguros. Preston no podía llegar a ellos a menos que volara, y no podía volar, porque se le consideraba una amenaza. En el momento que tratara de subir a un avión, la seguridad del aeropuerto lo detendría por nosotros.
La única preocupación de mierda que tenía era cuando se trataba de intercambiar a Kyra por Bella. La vida de Kyra estaría en las manos de Alec y mi padre, mientras la vida de Bella descansaba únicamente en mí. Y esa era la parte atemorizante, porque seríamos el principal objetivo, al menos que Preston se diera cuenta de la trampa.
Labios cálidos tocaron el tatuaje en mi brazo, y me volví para ver a Bella recién duchada, su cabello recogido en una adorable cola de caballo. Le sonreí, porque se parecía un poco a Bethy con el pelo de esa forma.
"Preparé el desayuno," le dije cuando robó mi taza como siempre lo hacía y tomó un sorbo.
"En un momento," dijo con un suspiro, y no pude contenerme de cargarla y colocarla en el extremo de la encimera. Solo quería mirarla, pero su ceño se frunció. "Te ves… molesto," comentó en voz baja, levantando su mano para frotar la arruguita entre mis cejas.
"No estoy molesto… solo algo pensativo," dije con un suspiro, frotando la parte exterior de sus muslos cubiertos por la mezclilla al moverme para ponerme entre ellos. "¿Estás segura que es la forma en que quieres seguir con este plan?" Le pregunté, inclinando un poco mi cabeza para estudiar su expresión.
En lugar de responder a mi pregunta, respondió con otra.
"¿Sabías que en cualquier momento, hay por ahí veinticinco asesinos seriales activos no identificados?" Planteó, tomando otro sorbo de café. Cuando negué, continuó. "Este es el campo en el que se especializa Alice, pero aun así… Detuvimos a uno—uno importante, además. Ike Raulson pasará a la historia como alguien tan importante como Ted Bundy (1). Puede que su hijo haya acabado con su vida, pero nosotros fuimos los que lo descubrimos. Hasta ahora, Kyra ha sido la única víctima en darse a conocer como una sobreviviente. Sus otras víctimas que viven no lo harán."
"¿Pero Preston?"
"Solo incrementará sus asesinatos," me respondió en seguida. "Continuará donde su padre lo dejó. Solo que esta vez, no solo será violación y asesinato; puedes añadir tortura y sadismo a esa lista. Abusaron de él y estuvo expuesto a violencia desde el momento en que Ike lo aceptó en su casa a los diez años. Es socialmente inepto, ya que siempre se le dijo que no era lo suficientemente bueno. Y está muy, pero muy enojado. Intentó tener una relación normal una vez, y no se le permitió—por su padre y por Kyra. Él es idéntico a Miller," declaró, encogiendo un hombro.
"Entonces, te lo vuelvo a preguntar, dulzura… ¿Estás segura?" Prácticamente gruñí, porque la simple idea de un monstruo así pudiera ponerle las manos encima a mi chica me encabronaba como nunca.
"Sí, y te diré por qué," declaró con calma, acercándose para besar mi frente. "Porque confío en ti, y confío en nuestro equipo. Una vez que lo atrapemos, habremos removido otra amenaza de las calles."
"¿Qué hay de ti?" Le pregunté, porque estaba muy consciente, había visto tanto de esos puñeteros videos como pude soportar—lo que no fue mucho—y sabía de lo que era capaz Preston; esa mierda era tan familiar que mi mayor preocupación era el estado emocional de Bella.
Sonrió, tomando mi rostro entre sus manos. "Tú me haces fuerte, Edward. Es tan simple como eso. Si tú eres mi 'guardaespaldas', entonces puedo manejarlo. Si no fuera así, no estaría tan segura."
Suspiré, rozando el dorso de mis dedos por la suave piel de su mejilla. Sacudí mi cabeza, pero le dije, "Muy bien," porque había planeado no dejarla fuera de mi vista.
Iba a bajarla de nuevo al piso de la cocina, pero me detuvo. "Oye," me susurró, acercándose, sus manos aun acariciando mi mandíbula. "No te prometo que esto no me asustará, pero sabes lo que pienso de hombres así, Edward. Ninguna mujer—"
"Se le debería quitar nunca su elección," terminé por ella asintiendo. "Lo sé, bebé. Es solo que… lo odio. El pensarlo me vuelve loco."
"Y probablemente eso es lo que nos sea de más ayuda," dijo con una risita, besando mis labios. "Tu… vigilancia me mantendrá concentrada."
Sonriéndole, al fin asentí, porque había usado la palabra "vigilancia" con un poco de ironía en su voz. Le estaba restando importancia a mi personalidad.
"Ahora," canturreó, dejando la taza vacía sobre la encimera junto a ella y dándome una sonrisa cálida y dulce. "¿Cuál es el plan para este asunto de las herramientas, entrenador?"
Echándome a reír, finalmente la puse en el suelo. "Vamos, te mostraré."
~oOo~
"Dios," Bella gimió, cayendo en el asiento del copiloto a mi lado. "Dime de nuevo por qué simplemente no trajiste a Emmett o Jazz contigo."
Sonreí en su dirección, riéndome un poco. Por lo general no era quejumbrosa cuando se trataba de trabajo físico, pero no me había pasado desapercibido que mi chica estaba adolorida por nuestro momento en el coche, y cargar el helicóptero y prepararlo para despegar no le estaba precisamente ayudando a Bella. Pero en realidad no podía resistirme a meterme un poco con ella. Era una venganza por la mierda que había hecho mientras estaba conduciendo.
"Porque no puedo follarlos en un Camaro nuevecito," le dije, guiñándole un ojo cuando su mirada de repente encontró la mía, su boca abierta. "Tú preguntaste." Encogí un hombro, riendo cuando resopló una adorable risita.
"¿Me trajiste aquí para un polvo?" Dijo riéndose entre dientes, rodándome los ojos. "Estamos casados, Edward. Puedes recibir un regalito cuando quieras."
"No… te traje aquí porque quería sacarte de la casa de seguridad por un rato… y quería conducir tu coche. El polvo dentro del mencionado coche fue un extra," le dije, sonriendo cuando estalló en carcajadas.
"Cariño, te juro…" Dijo con un resoplido, sacudiendo su cabeza y rodándome los ojos. "Eres muy descarado."
"Solo por usted, señora Cullen," dije la pura verdad con un suspiro. "¿Estás lista?" Le pregunté, dándole los audífonos.
Asintió, poniéndoselos, y ajustando su cinturón. "Sí, estoy lista."
Anuncié mi vuelo, dándole un apretón a la pierna de Bella, y tiré de la palanca.
Fue un vuelo sencillo, con muy poca turbulencia, y lo hice más bajo de lo que normalmente lo haría, simplemente porque volar sobre las malditas reservas de Oregon era hermoso. Tampoco pude evitarlo, porque los dulces ojos marrones de Bella admiraban todo. Había pasado algo de tiempo desde que volamos solo nosotros dos.
No había estado bromeando sobre sacarla de la casa de seguridad por un rato. Después de su ataque de pánico y lo que encontramos en la cabaña de caza de Ike, solo quería alejarla de todo, al menos por un día. Demonios, ni siquiera fue un día. Pero creo que recibió bien el descanso, aunque no le agradó dejar a Bethy y a Sammy.
"Creo que voy a aceptar el consejo de Alec," dijo de pronto justo cuando entrábamos a California. "Creo que voy a practicar con la nueva arma mientras ustedes empiezan eso del… escenario."
"Está bien." Mirándola, tomé su mano y la llevé a mis labios para besar el dorso de la misma. "¿Alguna razón en particular para hacerlo?"
"¿Además de que quiero jugar con mi juguete?" Dijo con una risita, mirándome. "No, pero un poco de práctica de tiro no me vendría mal. No creo que las chicas hayan disparado un arma en un tiempo."
A medida que la casa de seguridad se aproximaba, centré mi mirada en mi vista para aterrizar, pero le dije, "No es una mala idea, amor, sobre todo considerando que la mayor parte de ustedes estarán mezcladas con la multitud para esto. Lleven a Alec con ustedes."
"Está bien," aceptó con un gesto de su cabeza.
Bajé el helicóptero justo a un lado de la casa. Había mucho espacio entre la playa y la terraza trasera. Una vez que lo apagué, estiré mi mano para desabrochar el cinturón de Bella, los dos nos quitamos los audífonos.
"Gracias por la ayuda, dulzura," le susurré, besando sus labios rápidamente, antes de que toda la maldita casa nos interrumpiera para descargar el helicóptero.
"Gracias por el paseo, chico volador," me respondió con una risita, pero desapareció rápidamente. "Oye, ¿Edward?"
"¿Mmm?"
"Para que lo sepas…" Murmuró suavemente acariciando mi mandíbula con su nariz antes de apartarse. "Puede que no nos mantuviéramos en contacto como niños, y tal vez lo dos tengamos… pasados, ¿pero sabes qué?"
"¿Qué, amor?"
"Ninguna experiencia se acerca a como es contigo, incluso después de cinco años de matrimonio. Ninguna. Así que, en lo que a mí respecta, tú eres el primero," me susurró. "Y el último."
Me sentía exactamente de la misma forma, aunque no estaba seguro de poder pronunciar esas palabras sin besarla hasta dejarla sin sentido. Sin mencionar que toda la casa se acercaba, incluyendo a los niños. Pero mi siguiente declaración me dio lo que me encantaba escuchar—su risa.
"S-Sí, p-para m-mí t-también, B-Bella, pero ten seguro que te conseguiré esa camiseta de béisbol con el número diez," le susurré, al fin apartándome.
Su risa era plena y feliz, sus mejillas teñidas de rosa al abrir su puerta y deslizarse hacia la arena. Solté una risita, sacudiendo mi cabeza por lo ridículamente loco que estaba por esa mujer. Nunca dejaba de sorprenderme que siempre sabía exactamente lo que necesitaba escuchar.
Bajé de un salto a la arena, dándome la vuelta para abrir las puertas de carga. Me giré nuevamente cuando la enorme mano de Emmett se posó en mi hombro.
"¿Todo bien?" Comprobó, levantándome una ceja.
"Sip, estamos bien," le dije asintiendo, haciendo un gesto hacia las herramientas en la parte de atrás. "Vamos a descargar, y entonces podremos comenzar a construir esa cosa."
~oOo~
BELLA
"¡Elizabeth Renee!" La regañé, rodando los ojos ante el hecho de que mi hija mayor no paraba durante las veinticuatro horas de los siete días de la semana. "Ninguno de ustedes saldrá sin una chaqueta puesta. Punto. Sin discusiones, niña bonita."
"Pero papi encendió un fuego afuera," argumentó.
"No me importa," canturreé en respuesta, poniéndole una sudadera a Samuel, solo para tomar sus rollizas mejillas y besuquear sus labios fruncidos—mi chico dulce y adorable. "Por favor, dame gusto, Bethy. ¿Está bien?"
"Está bien," dijo con un suspiro, y juro que se vio igualita a mí cuando puso sus ojos en blanco y se metió al armario.
Un tirón a mi sudadera me hizo bajar la vista para ver a Caleb sonriéndome con una chaqueta en su mano. "Ayúdame, tía Bewwa."
Me reí entre dientes, poniendo a Sammy en el suelo, solo para subir a Caleb a la cómoda en su lugar. "De acuerdo, muchachote. Vamos a arreglarte."
Los niños querían estar afuera con todo el mundo, y yo quería pasar unos minutos con ellos—todos ellos—mientras los chicos descargaban el helicóptero. Las chicas y yo íbamos a practicar tiro, mientras la mayor parte de los chicos habían empezado a preparar ese proyecto de construcción. Alec estaría con nosotros y ya estaba montando nuestros blancos, mientras Esme y Sarah dijeron que cuidarían de los niños. Sin embargo, el día se había puesto frío, por lo que tenía que asegurarme que los pequeños estuviesen vestidos adecuadamente, sobre todo con la brisa que venía del mar y el hecho de que no tenía mucho que Sammy había estado enfermo.
Le subí el cierre a la sudadera de Caleb, bajando la capucha sobre su rostro, solo para escucharlo reír. Se parecía tanto a Emmett, con sus adorables hoyuelos y su sonrisa feliz, que no pude evitar alborotar sus cortos rizos. Sus ojos, sin embargo, eran los de Rose—de un azul profundo, expresivos y simplemente penetrantes.
"¿Mejor?" Le pregunté, y asintió, rodeando mi cuello con sus brazos para que pudiera cargarlo y ponerlo en el suelo. "Vamos, chicos," dije con un suspiro, asegurándome que tanto Abby como Bethy hubiesen encontrado sus abrigos.
Cargué a Sammy, solo porque podía, dándole besos a su dulce mano que alcanzó mi rostro. Lo llevé así como a los niños más grandes por las escaleras, con risitas, chillidos y emoción. Bajé a Sammy en el comedor para que pudiera salir corriendo por la puerta con el resto de ellos, haciendo una parada en la oficina para sacar mis armas del cajón superior de un escritorio que estaba ahí. Mi arma nuevecita seguía en su caja, pero mi vieja nueve milímetros estaba justo encima de ella, junto con algunas cuarenta y cinco adicionales que habíamos traído de la casa en Forks. Tomando una caja extra de municiones, me uní al resto de las mujeres frente a las puertas corredizas de cristal.
"¿En serio?" Me burlé, levantándoles a todas una ceja cuando se dieron la vuelta para mirar en mi dirección. "Para su información, no es un reality."
"¡Cierra la boca!" Siseó Alice, girándose nuevamente hacia el área que los chicos habían designado como la zona de construcción. "También debería de hacer un DVD de esta mierda, aunque nada le gana al de cortar madera…"
Makenna se echó a reír, su cabeza cayendo hacia atrás. "¿En serio todavía tienen eso?"
Alice dijo con un suspiro, "Sí," al mismo tiempo que Rose y yo lo hicimos, lo que solo provocó más risa, pero fue al ver los rostros confusos de Kyra y Cassie que no pude hacer otra cosa más que empezar a explicar.
"Um, una casa de seguridad… en las montañas. Edward, Jasper, y Emmett estaban cortando madera. Eso fue antes de que cualquiera de nosotros estuviésemos realmente… juntos," dije riéndome entre dientes, haciendo un gesto hacia deliciosa vista que había iniciado toda esta conversación. "Alice decidió ser la genio que es y lo filmó. Lo convirtió en un DVD para nosotras. Creo que todas recibimos uno para la siguiente Navidad."
"Sí, así fue," dijo Rose con una carcajada, su cabeza cayendo hacia atrás.
Kyra me sonrió, solo para volverse una vez más hacia las ventanas. "He visto porno que ni siquiera se acerca a lo sexy que es esto…"
"Querido señor," dijo Cassie riéndose entre dientes, poniendo los ojos en blanco.
"No sientas celos," se burló Alice, agitando una mano por encima de su hombro sin apartar su atención de lo que era más importante por el momento.
Cassie se echó a reír, eché un vistazo al espectáculo más allá de los niños jugando en la arena con Esme y Sarah. Kyra tenía razón; era malditamente sexy.
A pesar del aire frío, la mayoría de los chicos se habían quitado sus sudaderas o sus chaquetas, desabrochado sus camisas de franela, o simplemente se habían quitado totalmente la capa de ropa superior, quedándose con camisetas interiores y jeans. Sacudí la cabeza al ver que levantaban, acarreaban y dejaban caer una madera, todos los músculos moviéndose a medida que usaban serruchos, martillos y cintas de medir, y al ver sus adorables y despreocupadas sonrisas al dejar que el trabajo que estaban haciendo se llevara el estrés de la verdadera razón por la que estaban haciendo el escenario.
Pero fue en la cosita guapa usando la gorra de béisbol al revés en la que se posaron mis ojos, porque nadie allá afuera se le acercaba—y sí, estaba siendo muy parcial. Los jeans de Edward colgaban de la parte baja de sus caderas, sus ojos estaban penetrantes y centrados en el uso de la sierra de mesa frente a él, y su ajustada camiseta gris resaltaba todos sus músculos. Todo su perfil era simplemente impresionante, incluyendo el tatuaje oscuro y sexy que se asomaba por debajo de su manga.
Sacudí mi cabeza, porque inocentemente me estaba excitando. Demonios, todos los malditos chicos estaban haciendo un buen trabajo en distraer a mis chicas. De hecho, la mayor parte de ellas le estaban tomando el pelo a Kyra con Jordan.
"Vamos jeans… solo un poco más abajo, y todas podremos leer ese tatuaje," dijo Mickey riéndose, dando golpecitos a la puerta de cristal frente a ella.
Kyra gimió, su ceño frunciéndose cuando la brisa voló hacia atrás la camisa desabrochada de Jordan, dejando al descubierto piel suave y un bronceado bastante decente, y joder, unos excelentes abdominales.
"Me está volviendo loca," bufó, rodando los ojos y apartándose de la ventana, pero todas nos sobresaltamos cuando nos atraparon en esa mierda.
"Me doy cuenta que no estoy allá afuera para contribuir a ese… escenario," dijo Alec riéndose entre dientes, recargado en la puerta lateral con los brazos cruzados, "pero damas, van a hacer lo que dijimos, ¿o qué?"
Le sonreí, besando su mejilla. "Eres un bombón, Alec. Nunca lo olvides. Vamos, chicas, antes de que Alec nos delate por estar comiéndolos con los ojos. Nunca nos dejarían olvidarlo."
Alec bufó, rodando los ojos, pero sus adorables mejillas rosadas me dijeron que estaba satisfecho por el momento y no nos "delataría", aun si los chicos lo chantajeaban. Le gustaba guardarse las risitas de sus chicas para él solo, sin importar que su corazón y alma le pertenecían a Sarah. Nunca dejaría de flirtear. Simplemente era su forma de ser. Lo de ahora, era solo un inofensivo ardid para recibir sonrisas, cuando solía ser una puñetera arma mortal.
Mickey, Alice, Rose y Makenna se encaminaron afuera, pero Kyra y Cassie no se habían movido.
"Oh no, ustedes también," les dije, indicándoles que salieran con todas las demás. "Necesito que ustedes dos al menos sepan cómo dispara un arma. Es para su propia protección. No tengo tiempo para enseñarles cómo luchar, pero puedo enseñarles cómo manejar, cargar, y disparar un arma. Así que vámonos."
"Oh, Bella… no sé," gimió Kyra, mirando por encima de su hombro hacia mí. Se veía nerviosa y un poco temerosa. "La única arma que he tocado alguna vez fue una de utilería."
"Bueno, estas no son de utilería," dije riéndome entre dientes, levantando las tres pistolas semiautomáticas. "Estás son reales. Y necesitas saberlo," le recalqué, "porque si algo sale mal, al menos podrás defenderte. ¿Entendido?"
Asintió en silencio, sus ojos seguían incrédulos, pero nos siguió, a Alec, al resto de las chicas y a mí hacia el improvisado campo de tiro afuera.
Él había montado una buena cantidad de blancos—latas, botellas, y lo que parecían algunas dianas dibujadas de forma rápida y torpe. Las latas y botellas estaban encima de la cerca, mientras que los blancos en papel estaban pegados a los troncos de los árboles.
"Tengo muchos más, así que no se preocupen por que se agoten," nos dijo, riéndose al ver nuestra expresión, pero se volvió hacia mí. "Primero lo primero. Para empezar quiero que pruebes esa nueva arma tuya. Que la sientas. Aprendas de ella, porque Eddie no quiere que nada te detenga cuando exploté esta mierda."
Le di a Rose mi vieja nueve milímetros, a Alice la cuarenta y cinco, y por fin saqué el cargador de mi nueva arma. Era plateada, con una cacha de perla, y jodidamente hermosa. Alec se rio entre dientes a mi lado cuando la tenía cargada y lista.
"Vamos, Bellissima," me alentó, dejando a un lado las bromas y tonterías.
Asentí, levanté mi arma con las dos manos, y apunté al primer blanco de papel más cercano a mí. Apretando gentilmente del gatillo, disparé cuatro tiros rápidos. No pude contener la sonrisa, porque mis tiros no solo dieron en el blanco, sino que mi nueva arma era una excelente pieza. El gatillo no estaba tan duro al tirar de él, ni estuvo muy mal el contragolpe.
"¡Yuju!" Dije con una carcajada, mordiendo mi labio inferior. "Tengo mi preferida…"
Las chicas se rieron, y Alec sonrió al mismo tiempo que alborotaba mi cabello.
"Muy bien," canturreó, aplaudiendo una vez. "¿Quién sigue?"
Se necesitó de algo de ánimo el conseguir que Kyra de verdad tomara mi vieja nueve milímetros, ni hablar el que apuntara y disparara, aunque Cassie estaba muy entusiasmada con esa mierda. Logró manejar la cuarenta y cinco como una profesional. Rose era una buena tiradora, y joder, Alice y Makenna estaban justo detrás de ella. La persona de la que no tenía de qué preocuparme era Mickey.
"Usa las dos manos," le dije a Kyra, ayudándola a enderezar sus brazos después de que estuvo a punto de golpearse con el primer apretón del gatillo. "Sí, puedes disparar con una, y hacen que esa mierda se vea bien en las películas, pero el contragolpe hará fallar tu puntería si no estás acostumbrada a él. ¿Está bien?"
"Bien," dijo entre su aliento mientras apuntaba a una botella al final de la cerca. Tiró del gatillo dos veces. La primera vez falló, pero en la segunda se hizo pedazos.
"¡Excelente!" Mickey y Rose gritaron, chocando los cinco con ella.
Kyra solo mejoró después de eso. Mantuvimos ocupado a Alec, cambiando los blancos y recargando mientras el chachareo nunca se detuvo. Todas querían probar mi nueva arma, e hicimos apuestas y desafíos, estaba muy segura que la risa había hecho eco hacia la casa, porque pronto, no estábamos solas.
Mientras apuntaba con mi arma una vez más—siendo el desafío el derribar todas las botellas a lo largo de la cerca sin fallar—escuché resoplidos y risitas detrás de mí.
"¿Le enseñaste sobre las distracciones, amor?" La voz más dulce y sexy canturreó en mi oído al mismo tiempo que sentía el calor de su pecho pegado a mi espalda mientras estaba parada en una posición de lado, apuntando con una mano. Su tono era suave como la seda, acariciando la piel de mi cuello, al tratar de contener mi sonrisa.
"Lo intentamos," le respondí sin mirar hacia atrás, porque de pronto, una Glock apuntaba justo a un lado de mi nueve milímetros, un fuerte brazo la sostenía con músculos tensos y solo una pizca de aserrín todavía pegada a su piel.
"¿Qué tal velocidad, dulzura?" Edward preguntó, una vez más asegurándose de rozar sus labios junto en mi oído, y no era de ayuda que olía como a madera recién cortada, un toque de sudor y la exquisitez que era Edward.
"Te encuentro en el medio, cariño," dije con una risita. "¡Adelante!"
Había quince botellas alineadas—la mayoría de cerveza, gracias al equipo. Edward comenzó desde la izquierda, y yo comencé por la derecha. Ignoramos los gritos, los chiflidos, y las bromas detrás de nosotros. Y no pude contener la risa cuando los dos matamos la última botella en el medio.
"Mm, esa es mi chica," canturreó orgulloso en mi oído cuando al fin rodeó mi cintura con su brazo libre y plantó un dulce beso en mi cuello. "Solo tenía que tomar un descanso y ver cómo iba esto," se rio sensualmente.
Me eché a reír, mi cabeza cayó hacia atrás en su hombro. "Va muy bien," le dije, girándome en su abrazo. "Aunque estoy segura que es momento de terminar… el sol se está poniendo."
"Desearía poder decir lo mismo, pero los chicos instalaron unos reflectores a fin de trabajar de noche," me dijo con una adorable mueca. "Haremos un descanso para la cena, pero terminaremos para cuando sea hora de que los niños se vayan a la cama."
Asintiendo, me estiré sobre mis dedos para besarlo. "Bien," fue todo lo que dije contra sus labios.
Un dulce verde me miró como si hubiese colgado la luna, y podía darme cuenta que alejarnos de este lugar, incluso solo por el poco tiempo que habíamos estado fuera, le había ayudado. Sin mencionar el hecho de que sus habilidades de carpintería eran relajantes para él, sin importar lo que estuviera construyendo. De modo que tranquilidad, calma y sensualidad irradiaban de él en este momento. Así como el dulce aroma del que actualmente no tenía suficiente.
"Alec se quedará con nosotras," le susurré. "Puede ayudar con la cena."
Se rio suavemente. "Bien, quédense con el italiano. Trabajaremos hasta que esté listo." Por fin me soltó, dándome un dulce guiño y mi favorita sonrisa torcida.
"Maldita sea," bufó Alec, rodando los ojos. "Un hombre no puede descansar cuando tiene tanta demanda como yo," declaró pomposamente, levantándose el cuello de la camisa al mismo tiempo que sonreía al ver a sus amigos hombres rodándole los ojos. "Le gusto a las chicas."
"Sí, claro, señor modesto," Sarah le dijo en broma. Eso lo tranquilizó un poco, y simplemente se rio entre dientes cuando todos entramos de nuevo a la casa.
~oOo~
"Entonces, este es tu verdadero color…" Makenna bromeó con Kyra mientras preparaba su cabello para pintarlo, pasando su dedo para separarlo y provocando que todas nos riéramos.
"Sí, sí," dijo Kyra con una sonrisa, tratando de no mirar hacia atrás a Makenna cuando comenzó a echar chorros de esa mierda en su cabello. "Castaño claro, rubio oscuro, color miel, castaño opaco… Como quieras llamarlo."
Tuvimos que coordinar toda la ropa, armas y maquillaje, porque los chicos estaban por terminar con el escenario. De hecho, habían terminado la parte de abajo; estaban trabajando en los detalles finales. Sin embargo, hoy se atrasaron por la lluvia afuera, sin mencionar que había un juego de fútbol.
"¿De cuántos colores lo has tenido?" Dijo Mickey riéndose, recargándose en la silla en la esquina de la habitación de Esme.
Todas las chicas estaban con nosotras, incluyendo a Abby y Bethy. Esme había sido lo bastante amable de no solo comprar los suministros, sino que también había lavado la ropa, de modo que entramos a su habitación y simplemente… nos quedamos. No que se estuviera quejando, porque estaba participando en la plática de chicas tanto como el resto de nosotros.
"De todos los colores," Kyra dijo con un resoplido, rodando los ojos. "Cuando un rol pide a una pelirroja, te conviertes en pelirroja. Sin mencionar que la mayor parte de los estilistas te cambian el color de cabello incluso casi sin preguntar. Es como decir que depende del color que esté de moda. ¿Saben?"
Arrugué la nariz al pensar en no tener opción en algo tan simple como el color de tu cabello mientras cepillaba el largo cabello de Bethy. Lo quería en una trenza francesa, viendo cómo el cabello era el tema de conversación en la habitación.
"Echa tu cabeza hacia atrás, niña hermosa," le susurré en su oído, besando su mejilla.
"Lo dices como si lo odiaras," dijo Rose riendo entre dientes mientras separaba ropa en la cama.
"Odio que mi vida ya no me pertenezca. Que todo lo que hago es difundido por todas partes para ser examinado por críticos, fans, y por los que me odian. Amo la música. Es algo que mi papá me enseñó a temprana edad," explicó Kyra, encogiendo un hombro lo mejor que pudo mientras Mack la mantenía quieta. "Ni siquiera puedo salir con alguien sin que todo el mundo piense que es algo más."
Levanté la vista hacia ella, y sus ojos la traicionaron, porque se movieron rápidamente hacia la puerta y luego de vuelta a su regazo.
"¿Alguna vez has pensado en renunciar?" Preguntó Esme, y sabía malditamente bien que estaba en plena modalidad de médico, convirtiendo esta simple conversación en una sesión de terapia.
Kyra estaba asintiendo antes de que siquiera terminara su oración. "Sí, en especial cuando las cosas estaban peor y cuando Jordan rompió conmigo."
Y ahí estaba. Por eso fue la mirada hacia la puerta. Tenía que ver con Jordan, aunque no podía imaginar por qué.
Cuando terminé con el cabello de Bethy, le estaban enjuagando el cabello a Kyra en el lavabo del baño, así que envié a las dos más jóvenes abajo.
"Bethy, ve a echarle un ojo a papi y a Sammy por mí. Asegúrate que esos chicos allá abajo no estén convirtiendo a tu hermano en un completo cavernícola, solo porque hay partido de fútbol," le dije, sonriendo cuando soltó una risita, junto con todas las demás en la habitación.
"Dijeron que no están permitidas las niñas, porque es fútbol," susurró Abby, sus cejas disparándose hacia arriba.
"Y que no se tupone que las niñas vean el fútbol," terminó de decir Bethy. "Pelo me gustan los tacleos."
"Y queremos frituras y salsa," añadió Abby.
"¿Quién dijo eso?" Dijo Alice riéndose, levantando la vista de su computadora.
"Caleb y tío Emmett," respondió Bethy, y su respuesta provocó que Rose chasqueara su lengua y rodara los ojos, murmurando algo que sonó parecido a "idiota."
"Bueno, díganles a ellos que yo digo que si ustedes quieren estar en la habitación, pueden hacerlo. Y que si tienen un problema con eso, pueden subir sus felices traseros por las escaleras y decírmelo," les dije, usando una falsa voz dulce.
Las dos niñitas sonrieron, y eran pequeñas sonrisas pícaras y malvadas, pero antes de que pudieran salir corriendo de la habitación, las detuve.
"Oh sí, ¿y niñas?" Las llamé, y se detuvieron y me miraron. "No se atrevan a servir a esos hombres. No les lleven una sola cosa de la cocina. Solo porque son niñas no significa que de pronto se convirtieron en sirvientas. ¿Entendido?"
Abby dijo con una risita "Sí, tía Bella" al mismo tiempo que Bethy dijo riéndose, "Está bien, mami."
Tan pronto como la puerta se abrió, Bethy salió diciendo, "¡Oye, Caleb… adivina qué!"
"Hay una parte de ti que quiere escuchar esa mierda a escondidas, ¿no es así?" Mickey soltó una carcajada, su cabeza cayendo hacia atrás.
"Sí," dije riéndome entre dientes, sacudiendo la cabeza. "A Edward no le importa. Le ha enseñado a Bethy todos los deportes. Ella cree que el béisbol es genial porque su papi lo jugó, pero en realidad le gusta el fútbol y el hockey."
"Nótese que son deportes violentos," dijo Makenna con una risita.
"Cierto, pero ella es la hija de su padre," murmuré, encogiendo un hombro cuando todas se rieron.
Fui a cerrar la puerta, levantando la vista cuando Jordan pasó por ahí. Sus ojos nunca me vieron, pero sí miraron a Kyra por un breve momento, eran de un marrón profundo, intenso y hambriento. Pero también se veían inciertos y arrepentidos. Con una sonrisa de suficiencia, cerré la puerta, girándome para ver a Kyra mirando hacia sus manos otra vez.
"Suéltalo, estrella del pop," le dije riéndome entre dientes, señalando con mi pulgar detrás de mí. "¿Qué fue todo eso?"
Todas las chicas se callaron y centraron su atención en nosotras. Kyra me miró, haciendo una ligera mueca.
"Él es… tan jodidamente complicado," gruñó, rodando los ojos. "Un momento, me está prometiendo que está ahí para mí; el siguiente, me aleja. O sea, lo entiendo. No fui precisamente la novia de ensueño la última vez que estuvimos juntos, pero…" Dijo con un suspiro, levantando la vista para mirarme y luego a Esme. "Pero ya no quiero alejarlo. Ya no quiero huir. Estoy tratando de mejorar…"
Froté mis sienes, pero mi mirada se posó en Esme, que estudiaba a Kyra mientras Makenna cepillaba su cabello.
Cassie iba a caminar hacia la puerta, pero la detuve, negando. La chica era muy protectora con Kyra, y no podía imaginar lo que estaba por decirle a Jordan.
"Kyra," Esme comenzó a decir, suspirando un poco. "Sabes cómo se siente. Te lo dijo. De hecho, lo dijo en nuestra última conversación."
"Sí, que no quiere lastimarme," gimió, rodando los ojos. "También entiendo eso, pero no soy de cristal. Me han herido, sí, pero la persona en quien busco confort apenas si puede abrazarme."
"Oh maldita sea," dije con un suspiro, sentándome hacia adelante y descansando los codos sobre mis rodillas. "Tiene miedo de tocarte."
"Sí," Esme y Kyra dijeron al mismo tiempo.
"¿Sientes pánico cuando te toca?" Le pregunté.
"No, en lo absoluto. El tacto no es mi problema," murmuró Kyra.
"Tienes suerte," dije con un suspiro, echándome un poco hacia atrás. "Al principio Edward no me tocaba tampoco," declaré, y toda la habitación se quedó en silencio, porque rara vez—si es que lo hacía—hablaba de mi pasado con alguien más que Esme. "Verás… sentía pánico cuando me tocaban o descubría ciertos lugares. En verdad tuvimos que trabajar en eso, hacer las cosas verdaderamente despacio. Y además, estaban mis cicatrices. Las odiaba. Tenía miedo de que ahuyentaran a Edward."
Los bufidos y chasquidos de lengua que se hicieron eco en la habitación me hicieron sonreír.
"Ese chico no se iba a ir a ninguna parte," dijo Alice riéndose entre dientes, sacudiendo la cabeza. "Jazz me contó que trató de hacer que Edward renunciara a tu caso, que te dejara, pero me dijo que por primera vez en su vida, creyó que Edward lo golpearía por siquiera sugerir tal cosa."
Solté unas risitas, sacudiendo la cabeza. "Tal vez lo hubiera hecho. Edward estaba… completamente desorientado en ese entonces." Tomé una respiración profunda, dejándola salir lentamente. "Edward tuvo que hacerme comprender que él no veía las cicatrices, porque había visto las heridas cuando me encontró. Para él, siempre se verían mejor que la primera vez que me vio."
"Creo que he lastimado mucho a Jordan," susurró Kyra, sacudiendo su cabeza. "No tienes idea de las cosas que le hice pasar en ese entonces. La bebida, drogas, fiestas… siempre llamándolo cuando me metía en algún tipo de problema."
"Estabas gritando por ayuda, K," Cassie interrumpió, su expresión fiera.
"Jordan lo sabe ahora," dijo Esme, su voz calmando la entera habitación. "No puedes compararte a Bella, Kyra," le dijo, sacudiendo su cabeza. "Es como comparar manzanas con naranjas. Y definitivamente no puedes comparar a Jordan con Edward. Los dos son hombres fuertes, nobles, pero piensan de diferente forma. Mientras que no habría fuerza en la tierra que separara a Edward de Bella, Jordan es diferente. Te quiere, pero tiene miedo que cualquier cosa que haga te lastimará. Se preocupa por ti… casi demasiado."
"Tal vez ya no me quiere después de averiguar que he sido… violada," susurró Kyra, las lágrimas llenando sus ojos.
"No estaría caminando si fuera así," declaré, encogiéndome de hombros. "Edward hubiese dicho algo… incluso tú lo sabes. De verdad creo que tiene miedo de tocarte." Sonreí con tristeza, pero la miré. "Hay algo similar en ellos, porque apostaría a que Jordan cree que tocarte es egoísta. Edward se sentía así. Yo estaba, lastimada, asustada, perdiendo los estribos todo el tiempo, pero no podíamos detener lo que sentíamos. Él se frenó constantemente. Sigo sin saber cómo lo hizo."
Kyra asintió, su ceño frunciéndose ligeramente. "Lo extraño."
"Díselo," declaré sin pensarlo dos veces, encogiendo mis hombros. "No lo sabrá a menos que se lo digas. De hecho, hablar es la clave. Ya sea que lo hagas con Esme en la habitación o en privado." Esa declaración fue más que para Kyra, porque le levanté una ceja a Mickey antes de darme la vuelta para salir de la habitación. Justo antes de salir al pasillo, le dije, "Sé cómo es eso… querer algo que no sientes que merezcas. La parte difícil es aceptar el hecho de que te lo mereces. Todo ello."
Hablar de mi pasado me hizo necesitar a Edward, incluso si solo lo veía sentado en la sala con los chicos frente a la televisión. Era algo que no podía resistir si lo intentara, porque desenterrar todos esos recuerdos simplemente… dolía. No era culpa de Kyra; simplemente era así."
Bajé las escaleras, mirando la sala. Se veía justo como la había imaginado. Los chicos estaban sentados en los diferentes sofás, sofás de dos plazas, y sillas, los niños acampando en el suelo, excepto por Sammy, que estaba felizmente dormido en los brazos de su Poppy. Botellas de cerveza, latas de refresco, y botanas estaban esparcidas en todas las mesas. Edward estaba recostado en un sofá de dos plazas, sus brazos cruzados detrás de su cabeza mientras su mirada estaba fija en la televisión. Llevaba unos jeans, una camiseta interior sin mangas, y se había quitado sus botas. El absoluto confort de solo verlo casi me deja sin aliento. Se me escapó un profundo suspiro, girándome hacia la cocina. Agarrando una cerveza del refrigerador, la abrí, tomando un largo y profundo trago.
"Sabes que no tenías que mandar a las pequeñas representantes de la liberación femenina a la habitación," escuché detrás de mí. La voz de Edward estaba mezclada con una risita, hasta que vio mi rostro. "¿Dulzura?" Me preguntó, caminando hacia mí. "¿Qué pasa?"
Sacudí mi cabeza, pero me cargó, colocando mi trasero sobre la encimera frente a él. Tomando mi rostro entre sus manos, me observó, sus dulces y preocupados ojos verdes se movían de un lado al otro entre los míos.
"Dime," me ordenó suavemente, metiendo mi cabello detrás de mis orejas.
"¿Cómo lo hiciste, Edward?" Le pregunté, mirándolo, pero mis dedos encontraron en seguida el tatuaje en su brazo, trazando cada voluta, cada curva. "¿Cómo es que no simplemente… te volviste loco por cómo era cuando fuiste por mí? ¿Cómo fue que no simplemente… te fuiste? Tuvo que haber sido muy difícil."
Me sonrió, rodando los ojos, y besó mi frente. "Te deseaba, amor. Difícil y todo. Luego el deseo se convirtió en amor, Bella. ¿Qué quieres que te diga?" Soltó una risita, encogiendo un fuerte hombro.
Envolviéndome con su cuerpo, pegué mi oído a su pecho, dejando que su latido intenso y tranquilizador calmara mi mismísima alma. Sonreí cuando dejó intensos besos en la cima de mi cabeza.
"¿A qué se debe todo esto?" Me susurró, rozando un beso en mi mejilla antes de echarme hacia atrás para que pudiera mirarme.
"Kyra y Jordan están…teniendo problemas. Con sus sentimientos de baja autoestima y el miedo de él a lastimarla, solo están… forcejeando," le dije en voz baja de manera que mi voz no se escuchara en la sala, no que los chicos pudieran escuchar algo más por encima del rugido de la multitud en la televisión.
Edward frunció el ceño, asintiendo una vez. "Y hablaste sobre nosotros," declaró, trazando mi rostro con el dorso de sus dedos mientras asentía. "¿Le ayudó?"
"No sé. Solo creo que tuve suerte," le dije, sonriendo cuando se rio entre dientes.
"¿Ah, sí?" Dijo con una risita, besando mis labios rápidamente. "Creo que es al revés."
"Tal vez," admití, sonriéndole y alcanzado mi cerveza. Tomé un largo sorbo, ofreciéndole a él. Tomó su trago cuando pregunté, "¿Cuánto tiempo más se llevarán en ese escenario, cariño?"
Sacudió su cabeza, devolviéndome la cerveza. "No mucho. Un día más, creo. Entonces lo planearemos, iremos a ver el almacén, y nos reuniremos con los extras."
Con reunirse con los extras, se refería a una reunión para decirles lo que se esperaba de ellos. Teníamos que hacer que pareciera que se les había elegido al azar, incluso yendo tan lejos como para alinearlos afuera del almacén para "hacer la prueba". Teníamos la esperanza de que atrajera a Preston para que lo eligiéramos también, dejando entrar a todos a la filmación.
"Si el tiempo coopera, entonces lo terminaremos mañana," me dijo en voz baja, señalando con su barbilla hacia el pared de ventanas detrás de mí. "¿Vas a trabajar con Kyra otra vez?"
"Sí, una vez más. Es una tiradora bastante buena, pero todavía no se siente cómoda con el arma en su mano."
"La vas a enviar con paquete, ¿verdad?" Me preguntó, y no fue con humor. Estaba hablando completamente en serio.
"Así es," declaré. "Si algo sale mal, entonces la quiero armada y capaz de defenderse. Punto, Edward."
"Muy bien, pero solo si se siente cómoda," cedió. "¿Qué más?"
"Chips GPS. Alice los tiene listos," le dije, encogiendo un hombro. "Estoy cubriendo todos los ángulos."
Asintió una vez, su rostro tomando una expresión seria. "¿Qué pasa si esto no funciona? ¿Si no atrae a este pendejo?"
"Consideramos con Esme cómo redactar cada anuncio, cada vez que se filtre esto," comencé a decir, tomando otro sorbo de cerveza. "Nos dijo que redactáramos el anuncio para extras de forma profesional, pero las filtraciones, los tuits, y la publicidad en internet como si fuera un escándalo… Ya sabes, antiguos amantes trabajando juntos de nuevo, a pesar del nuevo hombre de Kyra," dije riéndome entre dientes, pellizcando su mejilla cuando puso los ojos en blanco.
"Joder, voy a estar feliz cuando esta mierda haya terminado," gruñó, haciendo un puto puchero muy parecido al de sus hijos, lo que fue simplemente adorable. "La única mujer a la que quiero pertenecer es a ti."
"Sí, lo sé, cariño," dije con una risita, acariciando su rostro indignado. "Como sea, ella dijo que la parte del escándalo atraería a Preston como una abeja a la miel. Quiere eliminarte y a Jordan, porque está removiendo todo rastro de su pasado y presente en hombres."
"Puede… intentarlo," declaró Edward amenazadoramente. "De hecho, espero que lo haga. Ese pequeño cabrón aprenderá una lección rápida."
"Sí, estoy segura," suspiré, señalándolo con mi botella de cerveza. "Es por eso que tú y Jordan también van a portar los chips GPS."
Me sonrió con suficiencia, encogiendo un hombro, y riéndose entre dientes. "Lo que tú digas, amor. Personalmente, no creo que vaya a sobrevivir al conocerme."
"Tal vez no, pero no voy a tomar ningún riesgo contigo, más de los que tú has tomas conmigo. ¿Entiendes?" Dije con brusquedad, mirándolo con el ceño fruncido. "Puedes ser todo lo engreído que quieras, y confío en tus capacidades, Edward, pero no confío en Preston. Ese cabrón es inestable."
"Está bien, está bien, está bien," me tranquilizó, una vez más tomando mi rostro entre sus manos, solo que esta vez, me besó hasta que casi olvidé mi nombre. "No quise parecer un pendejo, bebé. Solo quiero decir que estoy preparado para él. Eso es todo. Pero no lo estoy subestimando… no más de lo que subestimé a Lilith. Tienes razón, dulzura; el que sea inestable significa problemas." Dijo con un suspiro, pasando una mano por su cabello. "J-Joder, s-solo qu-quiero qu-que e-está m-mierda t-termine. Quiero a mi familia de vuelta en casa."
Le sonreí, porque simplemente adoraba ese sonido de la mezcla perfecta de un nervioso pero sincero tartamudeo combinado con su sexy tono demandante. Balbuceaba sus sentimientos, pero sus órdenes eran tan claras como el agua. Era el perfecto sonido de mi Edward. Y me encantaba esa mierda.
"Yo también," dije con un suspiro, todavía sonriendo cuando presioné mis labios a los suyos.
Los chicos vitorearon desde la otra habitación, gritando sobre interferencia y dejar caer el balón. Y tuve que reírme por la forma en que la cabeza de mi esposo se giró de golpe hacia la habitación. Su conflicto concerniente a reconfortarme—lo que siempre era primero—y querer ver el juego era casi cómico.
"Ve," le dije riéndome, empujándolo. Lo señalé con un dedo. "Pero mañana, volvemos al trabajo," le ordené, tratando de sonar sincera, pero se veía demasiado lindo de la forma en que estaba actuando, porque parecía inseguro en si estaba bien dejarme o no. "Estoy bien. ¡Vete!" Me eché a reír cuando su sonrisa torcida típica americana, dulce y moja bragas, subió lentamente a su rostro bien parecido.
"Sí, señora," dijo riéndose entre dientes, besándome rápidamente. "Mañana, terminaremos y comenzaremos el principio del fin, dulzura. Y tú…" Gruñó, señalándome con su dedo. "No te alejarás de mi vista una vez que empecemos."
Sonreí, agarrando su dedo. "Sí, señor."
(1) Theodore "Ted" Robert Cowell Bundy (Burlington, Vermont, 24 de noviembre de 1946 - Bradford, Florida, 24 de enero de 1989) fue un asesino en serie de mujeres. Los analistas estiman que el número de sus víctimas podría rondar las cien mujeres, muy lejos de los números oficiales de alrededor de treinta y seis. Fue condenado a muerte y ejecutado en la silla eléctrica el 24 de enero de 1989.
¡Pobre Kyra! Con semejante espécimen como Jordan y que no la toque ufff Con ganas de sacudirlo hasta que entre en razón. Pues se le acerca su momento a Preston, todo está planeando, falta terminar el escenario y los últimos detalles. Veremos si funciona el plan para atrapar a Preston. ¿Qué creen ustedes? ¿Creen que funcione y puedan atraparlo? ¿O se desencadenará un problema mayor? ¡Teorías, teorías!
Este tardó un poco pero llegó y ya estoy traduciendo el siguiente, quiero concentrarme en terminar esta historia para ustedes, por su paciencia :) Gracias por seguir leyendo y sobre todo gracias por dejarme sus comentarios, por animarme a seguir: ValenNSwan, Kabum, Ali-Lu Kuran Hale, Laura Katherine, YessyVL13, mechi, vickyange, Yoliki, Gissy Cullen Swan, Sei, Nayuri80, Angel twilighter, Manligrez, Antonia, Tecupi, Pam Malfoy Black, lagie, tulgarita, Shikara65, Wawis Cullen, lizdayanna, Nadia616, Sully YM, May Cullen M, pili, alejacipagauta, EmDreams Hunter, maribel, PEYCI CULLEN, Ericastelo, glow0718, tsuruga lia1412, paosierra, Mafer. Saludos y nos leemos en el próximo capítulo.
