Acto 21: Hidra 3 Parte 1.

New York, martes 18 de octubre del 2017.

Hoy es el cumpleaños de Peter Parker, ha cumplido dieciséis años y está complacido de que ha crecido un poco en estatura. Se mira al espejo, sonriente. Se siente tonto, se ríe. Toma un desayuno especial preparado con extremo cariño por May Parker, y le agradece con un largo abrazo y un beso en la mejilla. Está tan feliz que incluso se puso a bailar con ella. Ella rio, como pocas veces después del fallecimiento de Ben. Peter se siente más feliz. Le promete que verán muchas películas cuando regrese, como siempre lo hacen. Realmente lo desea.

La detective Yuri Watanabe abre los ojos, deja sus pijamas sobre la cama y se viste con ropas deportivas, es hora de sus ejercicios matutinos, y como siempre los hace mirando las noticias: no parece haber nada importante en ellas hoy día. Su entrenamiento es intensivo, no deja de moverse y lo hace a grandes velocidades.

Al terminar los treinta minutos, entra a la ducha y se baña con agua helada. Es bueno para la piel, para estar más relajado y para la pérdida de peso, lleva haciéndolo desde que era niña, aun en invierno. Yuri lleva una vida muy sana, y su aspecto lo demuestra. No posee un solo gramo de grasa en todo su cuerpo, no ingiere comida chatarra y siempre se mantiene hidratada. Es por ello de las mejores en el trabajo, en especial gracias a su gran estámina, es perfecta para las persecuciones.

Se seca el cuerpo cuidadosamente, su cuerpo —como su maestro de karate le enseñó— es un templo que debe ser cuidado minuciosamente. Se seca el cabello caminando por el pasillo hacia la cocina, pasando por las paredes donde están colocados sus cinturones de campeona juvenil y adulta. Enciende la televisión, las noticias continúan. Licua algunas frutas y bebe. Las noticias se ponen interesantes. Se enoja. No puede creerlo. Otra vez. Siempre es lo mismo. Siempre salen. No importa cuán duro trabaje para encerrarlos, siempre salen. Tal vez —como lo pensó en su momento—, tal vez él tenía razón.

Gwen se despierta de golpe, ha tenido otra vez la misma pesadilla. Rhino viene hacia ella en medio de la calle, dispuesto a hacerles cosas obscenas a plena luz del día. Piensa que tal vez no debió quedarse hasta tarde viendo películas de horror de alienígenas, pero a pesar de su regreso de viajar por el mundo, pocas veces tiene tiempo para pasarlo con Smythy. Siempre tiene mucho trabajo. Debía aprovechar.

Se sorprende de estar sola, Smythy debió irse muy temprano. Se pregunta si de verdad estaba triste, no parecía sincera cuando lloró al discutir sobre el encarcelamiento de Quentin, su prometido. A veces no la entiende, duda de ella. A veces le teme. Pero las personas lidian con los problemas de formas diferentes, así que decide no darle más pensamiento. Es su mejor amiga, no debería pensar cosas malas de ella.

La imagen de Rhino regresa a su cabeza. Recuerda que le echó gas pimienta en los ojos. Se ríe, no quiere tener miedo, piensa que la próxima podrá defenderse igualmente, o que el mismo Spider-Man volverá a salvarla. Siempre lo hace.
Otra vez. Le pareció ver un gato negro en su habitación. Y otra vez, eso no pudo ser posible. Un gato negro. «¿No solía tener uno cuando era niña? —pensó, confundida—. Sí, creo que sí. Me preguntó qué le pasó, era mi único amigo».
— ¿Te acuerdas de mi gato negro? —le preguntó a su hermano—. ¿Qué le pasó?
—Pues se murió, supongo —respondió con cierta indiferencia. Apenas y lo recuerda.
—Sí, obvio —Se ríe—. Los animales mueren.
¿Por qué no lo recordaba? Después de todo fue su único amigo. Tal vez esa sea justamente la razón. Debería preguntarle luego a sus padres, tal vez ellos recuerden mejor. Pero ahora debe ir a Alas, tienes clases que impartir.
— ¿Qué haces? —preguntó su hermano, confundido.
— ¿De qué hablas? —dijo deteniéndose en la puerta.
—Te has olvidado los zapatos.
—Oh… sí, que despistada —Y rio, e hizo una mueca tonta.

Peter también sale de casa, se pone el traje en un callejón, y se balancea hasta la escuela. Esperaba ser felicitado por Gwen, pero eso no pasó, ella se mantiene firme a su decisión, le ignoró por completo. Mary Jane lo notó, se rio en silencio. Sorpresivamente Flash si lo saludó, y prometió no molestarlo por el resto día como regalo. «Oh que bien, no seré acosado hoy», pensó Peter, con sorna. También fue saludado por la propia Mary Jane, aunque el saludo de ella no pareció ir en serio y aún si lo fuera, no sería bien recibido, por más que ahora conozca sobre su secreto.

De casualidad se enteró de su situación en una de sus patrullas. No tenía nada mejor que hacer y siguió a Harry cuando iba a casa de ella, y espió un poco: no es algo de lo que se sienta orgulloso, pero la curiosidad le pudo más.

Un ambiente familiar tan complicado es una razón suficiente para que una persona tengas ciertos comportamientos poco agradables. Aunque eso no disminuyó su enojo hacia ella por lo que hizo, pero algo de empatía creció en él, tanto que se alegró de oír que su madre estaba pasando por un proceso de limpieza luego de que el padre decidió pelear por la custodia completa de su hija por razones que Peter no conocía, y que eran tan simples como el hecho de que se vio reflejado en Harry y que por ello deseó detener la tradición de odio y rencor que las mujeres de esa familia tenían debido a malos ambientes familiares: un horroroso circulo vicioso. Además de la obvia razón de no querer que su hija crezca para ser como su madre, su abuela, bisabuela, etcétera.

Una simple tragada de orgullo por parte de Phillip Watson hizo que una persona que se consideraba sin esperanza como Madeline Watson decidiera cambiar para bien. No perdería a su hija tan fácilmente. A pesar de todas las cosas que pueda decir de ella —en su mayoría calcadas de lo que su propia madre solía decirle—, en el fondo sigue siendo su carne y sangre, y la ama.

Tras salir de la escuela, en un intento de salvar su amistad con Harry, le ofreció que pasarán el día juntos, pero se negó, prefiriendo salir con Mary Jane. Peter tuvo que aceptarlo, ya casi perdiendo la esperanza. Quiso decirle lo que escuchó en su fiesta, pero si estar con ella lo hace feliz, no quisiera quitárselo.

«Nos va cada vez peor —pensó, entristecido—. Hemos sido amigos desde hace años. Pero supongo que una amistad no dura para siempre». Esto, sumado a sus problemas con Gwen, lo deprimen.

Una hora después, tras patrullar y no encontrar nada que requiera sus habilidades, Spidy sigue a Gwen, asegurándose de que este a salvo. Ella camina por las calles, vestida con su gabardina, disfrutando de la tarde. Se detiene para compra un helado, y al terminar de comérselo, continúa su camino. Pasa unas cuadras cuando su atención parece ser atraída por algo. Parece ser algo importante pues no teme chocar con otras personas para seguirlo. Pero es extraño, él no ve nada. Gwen de pronto se detiene, mueve la cabeza, confundida, parece preguntarse lo que estaba haciendo. Se disculpa con la última persona que atropelló. Sigue su camino.
—Qué extraño fue eso —musitó.
—Es definitivamente extraño —dijo una femenina voz distorsionada que reconoció perfectamente, y el miedo se apoderó de él, luego la furia.
—No te atrevas a tocarla, maldita —bramó al pequeño dron a su lado.
—Silencio, idiota. Me preocupo más por ella de lo que tú nunca podrás. —La voz se oyó normal. Spidy la reconoce rápidamente. Ella confirma—. Escúchame, gran imbécil. Tienes que decirle quien eres para que de esa forma no te odie y puedan estar juntos. ¿Me oíste?
—Supongo que no tengo que preguntar cómo es que sabes mi identidad secreta. Sobre lo otro, no puedo hacerlo, la pondría en peligro. Estoy seguro de que lo entiendes.
—Lo entiendo, pero nos tiene a nosotros, es suficiente protección, ¿no te parece?
—No pienso arriesgar. Si te importará tanto como dices pensarías lo mismo.
—Sí no se lo dices tú lo haré yo. Te he elegido para que seas su pareja, ya que eres la mejor opción que conozco para que ella tenga un brillante futuro, lleno de amor, donde sea comprendida, muy diferente a su maldita niñez. Eso no podrá suceder si te sigue odiando.
—Yo también quiero eso, pero aún no es el momento. Presiento muchos peligros, y aun no soy tan fuerte como debería. Hay demasiadas amenazas. Es mejor que se mantenga a oscuras por ahora. Por favor —rogó en voz lastimera.
—Bien —aceptó a regañadientes, chasqueando la lengua—. Te haré caso por ahora.

El dron se retira. Spidy vigila un poco más, pero cuando la ve entrar a la comisaria a visitar a su hermano, decide seguir patrullando. Detiene unos cuantos robos, y se queja una vez más de que necesita ayuda. Hace mucho que no puede hacer tranquilo sus tareas. Es atacado por los pandilleros, y los derrota a todos con facilidad, dejándolo inconscientes.
—Pelear conmigo debe ser muy aburrido, todos se quedan dormidos.

Se balancea un poco más. Oye en las noticias que Hammerhead ha salido de prisión, y se apresura al lugar donde se le vio por última vez. Una vez ahí, no le es difícil seguir el rastro de hombres gravemente heridos, todos vestidos en costosos trajes italianos. Por la sangre que han perdido, morirán en poco tiempo si no son atendidos. Spider-Man pide que alguien llame a una ambulancia, pero las personas, sabiendo que son mafiosos, decidieron no hacerlo. La araña se dirige al final del camino de los próximos cadáveres, un callejón, y ahí se encuentra con una persona desconocida, enmascarada, y un derrotado Hammerhead.
—Nacido en el Bronx, hijo de inmigrantes —dijo la persona, apuntándole con su pistola—. Serviste como matón en tu juventud, rápidamente ascendiste por tu fuerza. Sufriste un accidente que casi te mata, pero algún doctor sin nombre te salvó, te puso una placa de acero en la frente. Te follas a la esposa e hija de tu jefe Silvio Manfredi, pero aun te consideras leal a él. —Suelta una risilla—. Eres un excelente asesino, y probablemente un gran amante. Eres carismático y respetado, pero mírate ahora, sentado, recostado contra la pared, asustado, solo. Tan solo… ¿Te sentiste alegre que cuando saliste de prisión? Apuesto que sí. ¿Qué sentiste cuando asesinaste a mis padres?
—Y-yo…
—Ya no me importa. ¿Reconoces esta arma? Es tuya. Con este pedazo de metal mataste a mis padres, y a muchas otras personas. ¿Y se supone que puedes caminar libre como si nada, sin pagar por tus transgresiones? No, no más.
— ¡Detente!
—No te metas en esto, Spider-Man. No te concierne.
—Me concierne, no dejaré que ma…

El grito del arma le interrumpe.
—No pensaste que esperaría a que termines, ¿verdad? Sonríe, araña. Una paria menos. ¿Vas a arrestarme por limpiar la ciudad, algo en lo que tú fallas? Cada idiota que metes termina saliendo tarde o temprano, y entonces debe volver a encerrarlos. No tiene fin. Martin Li tiene razón, ésta es la única forma de resolver los problemas.
— ¡No! —gritó—. Él está mal, matar nunca es solución.
— ¡Despierta, maldición! —rugió en furia—. Si te hubiera dejado encargarte él hubiera escapado de prisión una vez más. ¡Siempre es así! Hubiera cometido más muertes. ¿En serio es mejor dejar a la escoria vivir para mantener un estúpido código moral, poniendo en peligro la vida de cientos? Es mierda, ese discurso es mierda. El trato humanista para bestias como él es mierda. ¡No caer al mismo nivel que ellos y una mierda! Si debo convertirme en asesina para que el mundo sea un lugar mejor, para que esta ciudad tenga menos miedo, menos crimen, que así sea. ¿Algo que objetar?
—Matar no es…

Calla. No encuentra una respuesta. Traga saliva. Respira agitado, de pronto se siente más cansado que nunca. Suda. Siempre salen, es verdad.
—Tú mismo quisiste matar a Martin Li una vez.
— ¡Pero me detuve! Porque no es…
—Porque eso te enseñaron, a dar la otra mejilla y demás. Pero eso no pudiste responder antes, porque esa creencia no es tuya. Vives en base a los ideales de alguien más. Y lo entiendo, después de todo, eres un niño. El mundo es más feo de lo que crees, y lo sabes bien, y seguirá siendo verdad por más que intentes negarlo. Algunos pueden ser reformados, tal vez, en ese caso estoy a favor de tu aproximación, pero muchos otros merecen morir. Deben morir. Y no pienso esperar a que cometan más delitos para decidir a qué categoría pertenecen. No pienso arriesgar. Seguro lo entiendes.

La persona da la media vuelta. La araña dispara una tela para detenerla, ella lo esquiva con un ágil movimiento y corre a gran velocidad. El trepa muros se balancea y le cierra el camino con sus telas.
—Te vengaste, de seguro estás feliz. Veamos cuanto te dura eso. No es tan sencillo, ¿sabes? Tengo un peso sólo por haber deseado matar a alguien, imagínate lo que es haberlo hecho. El camino por donde vas es peligroso.
—Déjame ir. —Se remueve la máscara, la araña se sorprende—. No puedes proteger esta ciudad tú solo, necesitas ayuda. Mi ayuda. Déjame ir.
Empieza a caminar.
—No me refería a esta ayuda. ¡Señorita Watanabe! Por favor.
— ¿Eso es lo mejor que puedes decir? —Él calla—. Me voy.
Inmóvil, deja que se vaya.

Gwen abandona la comisaria, decide regresar a casa. No nota que la están siguiendo. Abre la puerta de su casa, siente un escalofrió. Se vuelve, Miles Warren aparece ante sus ojos. Se invita a sí mismo, entra con una sonrisa. Ella tiembla ligeramente, intenta controlare, no quiere tener miedo, no más; prepara el gas pimienta en su bolsillo. Pero Miles no parece agresivo. Se relame los labios, pensativo, juega con sus manos, se le ve nervioso, sonrojado.
—Yo t… Gwen. —Suspira. Vuelve a empezar—: Me atraes mucho, Gwen, desde siempre. Sé que tal vez soy demasiado mayor, y estoy casado, pero mi amor es real, Gwen, te lo juro. Quiero estar contigo.
—Prof…
—Vamos. Déjame mostrarte algo. Hice esto por ti.

Se inyecta algo en el brazo. En unos segundos el cuerpo de Warren crece hasta los dos metros con once centímetros. Desarrolla musculatura, una piel dorada, su espalda se torna negra, le crecen pelos, una apariencia mitad humana mitad animal: un chacal.
— ¿Ves, ves? —dijo sonriendo como un niño, con los ojos grandes, incluso sacando la lengua, emocionado. Parecía un perro, uno asqueroso, monstruoso, babeante. Gwen palidece de miedo, suda frio, traga saliva, pierde el habla—. Soy grande, fuerte e inteligente. Mírame Gwen, soy un gran partido, ¿no crees? —La obliga a tocarlo, su mano es fuerte, caliente—. Sé que mis pelos pueden parecer un problema, pero de seguro te acostumbras. El amor verdadero lo puede todo, Gwen, a que sí. Vamos, Gwen, ¿qué dices? ¿Eh, Gwen? ¿Eh? ¿Qué dices?
—Yo…
— ¿No estás convencida? Bien, ya sé. Te gusta mucho Spider-Man, ¿no? Pues te probaré que soy mejor, voy a retarlo a una pelea y lo derrotaré. Así verás que tan buen partido soy. Ya verás.

Y antes de que pudiera oír una respuesta, abandona la casa como un rayo, saltando grandes distancias con ayuda de sus poderosas piernas.

El trepa muros se balancea, compungido, pensando en lo sucedido, en el hecho de que la dejó ir, a pesar de saber que matará más. Pero no pudo hacer nada, no tenía las fuerzas, ella le había ganado. El grito del sentido arácnido lo quita del mundo de los pensamientos y evade el ataque y aterriza en el techo de un edificio. Warren hace lo mismo a unos metros de distancia, sonriente.
—Hola, Spider-Man, vengo a retarte a una pelea para probar quien es el mejor. Así le probaré a ella, sí, a ella le probaré. —Se relame los labios con su larga y gruesa lengua, babea—. Soy mejor, más fuerte, más rápido. Sí. Le probaré.
—Entiendo —dijo extrañado—. ¿Me dejarías poner la cámara?
—Claro, por supuesto. Si está grabado es mejor, mejor, ¡mejor! —aulló, aún más emocionado. La araña sonríe, algo incómodo. Es la primera vez que alguien está tan feliz de pelear contra él. Era refrescante, y al mismo tiempo, inquietante.

Las garras atacan sin deseos de sangre, así que la araña pensó que no era un villano después de todo, por más espeluznante que fuera su comportamiento, no debería juzgar tan fácilmente a las personas. Esquiva los ataques directos con movimientos de boxeo. Y mientras más esquiva, aquella sed de sangre que no parecía existir, apareció de pronto, como un relámpago.

Bloquea con un escudo, pero éste es cortado al instante. Recibe una patada al pecho y por poco es empujado fuera del edificio. Warren le pisa el pecho, con mucha fuerza. Clava sus garras en su brazo izquierdo, busca morder. Spidy logra detener las fauces con sus manos, contraataca con un rodillazo, envuelven la cara de Warren en una tela y le golpeó la nunca contra el techo. Rápidamente, sin perder tiempo, lo golpea hasta siete veces en la cara. El animal ruge, brama y atrapa con sus piernas el torso de la araña, le golpea con un cabezazo y hunde sus garras en sus hombros.

Spider-Man golpea al cuerpo con todas sus fuerzas hasta que logra liberarse. Se aleja, dispara sus balas. El animal-hombre las esquiva saltando y se lanza cuál bestia. Derriba a la araña, le muerde el pecho, pero el trepa muros logra sacárselo de encima antes de que pudiera arrancar carne. Warren quedó con la boca llena de tela y kevlar. Spider-Man lo golpea con un rodillazo en la mandíbula, un derechazo al ojo izquierdo, y finalmente encierra su cabeza en una tela y lo golpeó contra el techo hasta cuatro veces. Lo carga, salta y lo golpea una última vez contra el techo.

Pero Warren se pone de pie y lo golpea con otra patada al pecho: la araña escupe sangre, no obstante, se mantiene en pie. Esquiva otra patada, se adentra en el espacio de su enemigo y conecta un fortísimo gancho ascendente a la mandíbula. Warren queda confuso. El trepa muros mantiene los puños en alto, dispara una tela, acerca el rostro de su rival y le conecta un derechazo, dispara otra tela y lo golpea con un zurdazo. Repite el proceso varias veces hasta que el animal-hombre finalmente cae para bien tras una patada voladora.
— ¿Terminamos? —jadeó—. Te pusiste muy violento con el pasar de los segundos. Querías matarme. No puedo dejarte libre, debes pasar al menos un tiempo en la cárcel, donde vigilarte. Eres peligroso. Lo siento.
—No, no. Sólo quería probarle a ella, a ella, a ella… No, cárcel no. Por favor.

Algunos pueden ser reformados.
Sí.
—Está bien.

Y tras ello, comete el error de darle la espalda al desequilibrado rival, quien desea probarle a ella, sí o sí, por cualquier medio, que es mejor. Por suerte, posee un sentido arácnido que le avisa del peligro, así que evita el ataque y contraataca con una patada. Warren gime de dolor y miedo y escapa dando largos saltos, cruzando por una esquina. La araña lo persigue, pero termina perdiéndolo en la multitud al regresar a ser humano. Parece tener completo control sobre la transformación.
— ¿Quién rayos era ese? Me recuerda al doctor Connors de alguna forma.

Llega la noche. Warren deja de sufrir, de llorar, de vomitar, de sudar mares. Transformarse le cuesta mucha energía y le causa mucho dolor. Sus órganos mutan, sus músculos se estiran. No está completo, debe hacerle algunos cambios a la formula, si se transforma más, puede morir. Se pone de pie con dificultad, se ducha. Devora y deja vacía su nevera. Bebe litros y litros de agua.
¿Qué esperas? ¡Hazlo!
— ¿Qué? —gimió, asustado.
Deja de llorar, ya estás listo, has comido, te has recuperado. Regresa a por Gwen.
— ¿Por Gwen?... Sí, debería volver por ella… No, fallé con Spider-Man, no soy digno.
Lo eres. Lo eres. Hazla tuya. Debería ser tuya. Debería.
—Sí… debería —sonrió—. La deseo mucho… Pero sí ella no quiere —se deprimió.

¡Al demonio lo que ella quiera! Siempre has retrocedido por miedo, Warren, toda tu vida lo mismo. Eres débil. Pero no cuando eres el Chacal, ahí eres fuerte. La primera transformación no fue exitosa del todo, tu estúpida personalidad se mantuvo, fue incluso exagerada. Pero ahora, ahora va a funcionar. Sí, lo hará. Serás lo que realmente deberías ser, un ser superior, fuerte e inteligente. Si ella no quiere ser tuya…
Se transforma, sufre, se llena de energía. Warren se pierde entre los pelos.
—La forzaré —ladró.

Bebe un té de hierbas, ya más calmada. Ha sido un día extraño, New York es una ciudad de locos y abominaciones. ¿Por qué? ¿Serán los alienígenas? …Llamó a sus padres, le recordaron que su gato murió atropellado. Fue su culpa, eso cree, piensa que debió haberlo vigilado, ya estaba viejo, no veía bien. Debió haber estado ahí para él. Por eso lo olvidó, no podía soportar ese peso. Pero ahora es una adulta, debe aceptarlo y no volver a cometer el mismo error.
—Parece estar a salvo —dijo la araña—. El capitán Stacy llegará en cualquier momento. No sé a qué se refería Smythy. Debería dejar de vigilarla y concentrarme en los demás.

El Chacal aterriza, toca la puerta, babeando. Gwen se asusta, tiene miedo de abrir la puerta, se queda quieta. La puerta es derribada. Un grito. Spider-Man lo patea en la espalda. El Chacal gruñe, ladra, brama. Clava sus garras en la espalda del héroe, lo lanza contra el techo, lo pisa tras caer, lo patea fuera de la casa. Se concentra en Gwen, ella amenaza con un cuchillo, no sabe que más hacer. No quiere huir, no quiere tener miedo, pero sus piernas le tiemblan y no tiene fuerzas para correr, por más que lo desea. No puede más que fingir mantener estabilidad frente al horror que babea hacia ella.

Las telarañas le capturan las piernas, lo derriban. El trepa muros jala con todas sus fuerzas, pero el Chacal se niega a irse y clava sus garras en el suelo. La araña decide atacarlo, sus puños conectan, pero no causan el daño de la tarde: se ha hecho más fuerte. El Chacal rasga su pecho y lo patea fuera de la casa una vez más. En el aire, Spider-Man se niega a caer y dispara dos telas al cuerpo de la bestia, se impulsa, pero las telas son cortadas y cae al suelo tras perder el equilibrio.

El Chacal sale de la casa, dispuesto a matar. Gwen le llama por su nombre, le ruega que se detenga, que no lo lastime, pero eso ya no funcionara, ya no es Warren, no le importan sus sentimientos, se importa él mismo y sus deseos, y el primero de ellos es matar al contrincante amoroso. El trepa muros se pone de pie, se cubre las heridas con telas, gruñe. El Chacal salta sobre él, la araña lo evita con una pirueta, dispara telas a la cara, pero la bestia se las arranca con facilidad. Las garras crecen.

Spider-Man dispara sus balas: no causan daño. Dispara una granada, el capullo atrapa al animal, pero se libera haciéndolo pedazos. No quiere dañarlo, es el doctor Warren, es amigo del doctor Connors, y si bien nunca le ha agradado, no quiere causarle dolor, necesita reducirlo y curarlo, está enfermo.
—Doctor Warren, escúcheme. La fórmula lo ha corrompido.
—No. Me ha liberado.

Spider-Man dispara una granada al rostro del Chacal, le entretendrá el segundo que necesita. Salta, y cuando se encuentra justo sobre él, dispara una tela a un brazo y antes de que pueda ser cortada dispara otra al otro, los jala y los amarra en la espalda del enemigo. Dispara tres granadas para reforzar el nudo. La posición incómoda no le permitirá usar su fuerza. Atrapa las piernas de igual manera. Se ha quedado sin cartuchos, pero lo ha detenido. Se pone frente a la bestia, le pide que se rinda. Se niega.
—Haré a Gwen mía y no podrás evitarlo —bufó.

La araña saca una tapa de desagüe y con ella lo golpea una y otra vez en el rostro hasta dejarlo inconsciente. Suspira, cansado. Gwen le agradece, ya no tiene miedo, intenta bromear con lo del beso, no le sale bien. Ambos ríen. El capitán Stacy finalmente llega, la araña se retira trepando por las paredes de un edificio. La bestia regresa a ser Warren. Es llevado a la comisaria, no se resistió. Será transportado a Rikers a la mañana siguiente.

FIN DEL ACTO.