Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de S. Meyer, yo sólo sueño y me divierto con ellos.
Hola mis princesas. Siento mucho mucho la tardanza (saraes con gesto compungido), pero esta semana ha sido infernal. Por eso, a pesar de hacer un esfuerzo, me ha sido completamente imposible tener el capi hasta hoy. Espero que disculpéis si hay errores garrafales, os aseguro que a estas alturas y después de pasar mas de doce horas en la ofí, no me quedan ojos.
Pero lo bueno es que ya estoy aquí, y como sé que estáis deseando leerlo... No os entretengo más y os dejo con el capítulo. Espero que os guste.
¡Disfrutadlo!
"Si me olvidaras"
XXI. Descubierta.
Veinte minutos, veinte eternos y tensos minutos nos llevó llegar a la entrada del hotel donde se llevaría a cabo la cena. Me quedé admirando a través del cristal la impresionante edificación; el Sheraton era un moderno hotel de lujo que poseía una de las salas de celebraciones más grandes de la ciudad; justo el escenario perfecto para tan resonado evento.
"Tortura," esa sería la palabra justa que describiría perfectamente lo que había sido el camino hasta llegar aquí, una verdadera tortura. Edward, con una sonrisa socarrona casi todo el tiempo, se la pasó rozando "accidentalmente" mi pierna cada vez que cambiaba las marchas, cosa que se me antojó hacía con más frecuencia que la requerida.
Sin duda sabía llevarme al limite de querer perder la cordura y acabar a horcajadas sobre él, sin siquiera molestarme en que parase el coche, para devorarle habrientamente esos labios que parecían gritar que lo hiciera.
¡Dios bendito! Sólo de imaginarme sobre sus fuertes piernas, frotandome sobre ellas sintiendo la enorme promesa que tenía siempre dispuesta para mí, mientras saboreaba su boca y enredaba mis dedos en su perlo, me hacía las piernas gelatina. Aunque, usando de mi mayor fuerza de voluntad y, para que negarlo, apretar mis muslos intentando mitigar la sensación de cosquilleo que tenía entre las piernas, traté de pegarme lo más posible a la puerta y evitar, en la medida de lo posible, su traidor intento de conseguir que flaqueara.
¡Bien por mí! Me felicité mentalmente orgullosa de haber conseguido pasar esos veinte minutos sin caer en la tentación. Lo que me permitió mostrarle una media sonrisa de triunfo y desafiante cuando paró el coche, y a él que achicara sus ojos antes de sonreir, mostrando esos dientes que tanto me enloquecían, para acabar negando divertidamente con la cabeza.
En cuanto llegamos Edward dio la llave de su volvo al aparcacoches antes de abrir mi puerta y ayudarme, caballerosamente, a salir del auto. En cuanto puse un pie fuera de él , los ojos del mozo se posaron en mí, no pasando desapercibido para Edward, que enseguida me tomó de la cintura acercándome posesivamente hacía él. No pude evitar sonreír al ver la cara del chico cuando Edward lo fulminó con la mirada.
- Edward... - le susurré acercándome a su oído -, no es que me vaya a comer o algo parecido- no podía dejar pasar la ocasión para burlarme de él -, además, sólo está disfrutando de una buena vista, ¿no? - dije pestañeando coquetamente.
- ¡Grrghh! - gruñó haciéndome sonreír-. Definitivamente esta noche va a ser muy larga - masculló mirando de soslayo al muchacho -. No sé cómo voy hacer para contener mis ganas de golpear a todo el que te mire de esa manera.
Yo reí aún con más ganas ante su comentario. Aunque sabía que no era lo apropiado, no podía evitar que me encantara esos arranques de celos de su parte. Me hacían sentir especial, me hacia sentir que me reclamaba como suya, aunque esa no fuese la realidad, a veces, era una hermosa fantasía.
- Anda vamos, o llegaremos tarde - le reprendí sonriéndole; él continuó andando pero en ningún momento apartó su mano de mi cintura, y de nuevo, las estúpidas mariposas revolotearon, ilusoriamente emocionadas, en mi estómago.
Cuando llegamos a la gran sala pude ver que ya estaba casi completa. De repente me sentí cohibida; todas las miradas se clavaban en nosotros y los cuchicheos eran bastante audibles; de pronto me sentí el centro de todo, algo que odiaba considerablemente.
- Tranquila - me susurró al oído al notar mi nerviosismo -. Enseguida estaremos en nuestra mesa; además, es lógico que te miren Bella, estás realmente preciosa.
Yo me sonrojé y bajé tímidamente la mirada al suelo - Edward, por favor… - mascullé a media voz -, no me ayudas con esos comentarios- le reprendí.
Él volvió a pegarme más a él mientras nos encaminaba a nuestra mesa.
- No digo más que la verdad, Bella - volvió a susurrarme al oído -. Te pedí que no te pusieras tan guapa, ahora te tendrás que aguantar si me la paso admirándote - y sonrió al ver que me sonrojaba aún más.
- Eres un demonio. ¿Lo sabías? - le regañé entre dientes cuando me recompuse. Él siguió riendo mientras saludaba con la cabeza a sus conocidos sin aflojar su agarre en mí ni un segundo, lo que me hizo sentir un poco más segura.
- Lo sé, pero este demonio no tiene ojos nada más que para ti- susurró mirándome intensamente por una corta fracción de tiempo, antes de volver a saludar con un gesto de su cabeza a otro conocido, dejádome impactada mirándolo.
¡Dios mío!, haz que se calle. Supliqué mentalmente… Si sigue con esas cosas acabaré arrastrándolo a una habitación. Respiré profundamente intentando aliviar la tensión antes de llegar a nuestra mesa. Ya todos estaban allí; la organización nos había acomodado en la misma mesa que su familia, y Jasper, junto con Alice, la completaban.
- Bella, estás preciosa - me halagó Esme cuando se levantó a saludarme con un cálido abrazo, al igual que el resto de familiares -. Ven querida, he reservado este asiento para ti, ya tenía ganas de verte - me dijo con la misma ternura de siempre.
- Gracias por la parte que me toca, mamá - le reclamó Edward fingiendo estar dolido.
- Vamos cariño, tú siempre serás mi pequeño - respodió dándole un beso en la mejilla -, pero Bella es mi pequeña ahora, déjame disfrutarla un poco, ¿no? - ese comentario hizo que mi corazón se inflara; era tan agradable sentir su cariño, que me emocioné.
Edward sonrió al ver mi cara y la cara de su madre. Sabía que el sentimiento era mutuo, que durante el tiempo en que viví en su casa había estrechado mucho los lazos con ella. Unos segundos después, separó cortésmente la silla para que me sentase y se sentó a mi lado.
La ceremonia dio comienzo y fue muy emotivo ver a Aro recogiendo la placa. Su discurso fue breve aunque no por eso dejó de agradecer a todos por su trabajo y me sentí francamente orgullosa de formar parte de ese gran equipo.
La ceremonia continuó con los demás galardonados; una vez finalizada la entrega de premio, la cena dio comienzo. Todo el ambiente era agradable, muchos conocidos tanto de Edward, como de Carlisle, o de otros de la mesa, se acercaban a saludar. La cena fue muy amena y los platos verdaderamente exquisitos.
- ¿Te diviertes? - me susurró Edward acercándose demasiado a mi oído cuando su madre se levantó para saludar a unos conocidos.
- Sí, me alegra que nos sentaran con tus padres - contesté sinceramente sonriéndole -, no hubiese soportado estar con gente extraña - él me miró fijamente, pero de repente su mirada se desvio sobre mi hombro izquierdo y sentí que se tensaba.
- ¡Bella! - Una voz más que conocida me hizo voltear, y entendí enseguida el cambio en la actitud de Edward. James estaba parado a mi lado y me miraba de una forma extraña.
- ¡James! - casi grité con entusiasmo - ¡Guau!, ¡estas guapísimo! - le halagué sin pensarlo y la verdad, no mentía. Llevaba un traje de Armani negro´, al igual que Edward, pero su camisa en vez de blanca era también negra. Además se había peinado con gel y su cabello estaba correctamente recogido, realmente estaba sexy. Noté como Edward se removía a mi lado pero no quise darle importancia. James era mi amigo, muy a su pesar, y tenía que aguantar al igual que yo aguantaba el desfile de modelos que se habían acercado a saludarlo muy cariñosamente.
- Gracias Bella, pero ninguna belleza como la tuya - me halagó tomando mi mano y besando el dorso con un suave beso -. Dios Bella, estás radiante - susurró sin soltar mi mano, lo que me hizo enrojecer -. Edward… - le saludó sonriente al ver como él tosía -. Desde luego eres envidiable, acompañas a la chica más linda del sitio - En el acto noté como Edward tomaba mi mano que reposaba sobre la mesa; James abrió los ojos sorpresivamente y soltó mi otra mano al fin. Por un momento no supe que pensar. ¿Eso había sido un mensaje entre machos? Pero al parecer, el mensaje no hizo más que avivar el juego ya que James no tardó en contraatacar -. Espero que me reserves un baile, preciosa - su voz sonó demasiado ronca, lo que me sorprendió, y en ese instante noté como la atmosfera se tensaba.
- Cla...claro, James - contesté aunque sentí en el acto el apretón de mano que Edward le dio a mi mano, lo que me hizo mirarlo.
- Bueno, os dejo… Me debes un baile, ¡recuérdalo! - me advirtió acercándose y dejando un suave beso, demasiado cerca de la comisura de mis labios, antes de retirarse sonriendo de un manera desafiante a Edward. Yo sentí que mi corazón se paralizaba, esto era demasiado raro; no es que su beso me hubiese gustado, sino que me sentí como el típico premio al ganador. Y para colmo Edward seguía apretando mi mano casi dolorosamente.
- ¿Se puede saber qué mosca te ha picado? - le reclamé cuando James desapareció.
- ¡Guau, James! ¡Estás guapísimo! - repitió imitando mi voz, lo que me hizo mirarlo con la ceja levantada. Se le vía tan molesto que no pude evitar reirme - ¿Qué? - inquirió él.
- A ti también te he dicho que estás guapo y no te has molestado - le contesté burlonamente, me encantaba verlo así.
- Te lo estabas comiendo con los ojos - me reprochó entredientes para mi asombro.
- ¡Yo! - exclame ofendida -. Es James, ¡por Dios! y es mono pero… - dejé la frase inconclusa.
- ¿Pero qué? - me preguntó fulminándome con la mirada. ¿De verdad no se daba cuentas que cuando él estaba a mi lado, no tenía ojos para nadie más? Estaba a punto de contestarle cuando una rubia nos interrumpió.
- ¿Edward? - preguntó tentativamente llamando la atención de éste, que enseguida se volvió a verla.
Era una chica espectacular, tenía un cuerpo de escándalo cubierto por un traje con una abertura que le llegaba casi a la cintura, mostrando más de lo debido. Él se envaró enseguida.
- Irina… - La saludó con un tono frío.
Al oír su nombre enseguida recordé lo que me había contado Ángela. "Irina…ella fue la primera. Era una chica bastante linda, con un cuerpo escultural. Supongo que Edward fue seducido sin darse cuenta y como hombre que es, cayó en sus redes" . Era ella, era la chica con la que por primera vez le había sido infiel, lo que me llevaba a pensar que le gustó considerablemente, ese pensamiento me hizo sentir un sensación de desasosiego en la boca del estómago, y no pude evitar tensarme.
- Me alegra verte - le dijo ronroneando. Se acercó a él, que ni siquiera se había levantado, y le dio un beso en la mejilla, también demasiado cerca de su boca para mi gusto. Yo sentí otro pellizco en el estómago; de pronto no quería otra cosa que salir de allí para no tener que presenciar la escena. Entonces vi como la chica se fijaba en mí y me dedicó una mirada despreciativa -. Veo que estás bien acompañado, como siempre - dijo la muy zorra mirándome de arriba abajo -. Supongo que será tu nueva secretaria, ¿no, Edward? Pobre Jessica, tiene que sentirse frustrada si ya la cambiaste.
¡Vale!, ya no aguantaba más. ¿Quién coño se creía ésta para hablar de mí de esa manera? Noté que Edward se tensaba más aún, y estaba dispuesto a contestarle cuando yo decidí intervenir.
- Isabella, Isabella Swan - dije tendiéndole la mano presentándome a mí misma -. Y siento la confusión, querida, pero soy la directora del departamento de publicidad. ¿Y usted es…? - pregunté con prepotencia.
- Yo... - susurró la chica titubeando, pero esta vez, fue Edward quién intervino.
- Perdona Bella, déjame que te presente - dijo tomando mi mano, lo que dejó a la zorra con la boca abierta -. Ella es Irina, mi ex-secretaria - dijo enfatizando el "ex", lo que hizo que la chica lo mirará con odio, de esa manera le dejaba claro que yo no estaba a su mismo nivel.
-Oh, tu ex-secretaria - proferí esta vez yo con un tono despreciativo. Hasta a mí me avergonzó hablar así, pero juro que las chicas como ella, que van de superiores por la vida, me pueden -. Pues lamento decirte querida, que Jessica sigue siendo su secretaria, al parecer hace el trabajo mejor que tú - contesté desafiándola con la mirada. Pero enseguida me arrepentí. ¿A qué coño venia contestar así? Me reprendí mentalmente. Ni siguiera supe porque lo hice y en ese tono casi de reproche. Pero lo había hecho y ambos me miraron sorprendidos. Los ojos de Irina fulgieron de rabia y los de Edward, se estrecharon mirándome tentativamente. ¿Se habría dado cuenta de que estaba al tanto de sus quehaceres con sus secretarias?
Lo cierto es que comencé a sentirme incómoda, aún no entendía cómo había respondido con ese ataque, así que me disculpé para ir al servicio dejándolos solos.
Me apresuré a recorrer el espacio que había hasta llegar a los servicios, entré a el y apoyándome en el lavabo, me miré al espejo.
-¿Qué coño te pasa Bella?- me reproché mirando la imagen que proyectaba.
Sentía vergüenza de mí misma, cómo pude actuar así, yo no era así… De nuevo miré la imagen que había frente a mí y dejé escapar un profundo suspiro. A quién quería engañar, claro que sabía lo que me pasaba, que estaba colada hasta el tuétano de ese hombre y no podía evitar sentirme celosa al saber que ella era una de las que, como yo, había disfrutado de él. De pronto la imagen de ellos follando se proyecto en mi cabeza. Ella jadeando, gimiendo extasiada ante las arremetidas de ese Dios y sentí como mi estómago se contraía.
-No, no, no…- comencé a murmurar mientras golpeaba la encimera. No podía permitir que eso me afectara. Tenía que hacer algo, él no era mío, ni lo sería, no podía sentirme tan poca cosas cada vez que una de sus amantes nos abordara. Yo era otra como ella, yo también había sido su amante y no quería sentirme así…
Volví a fijar la mirada en la chica que proyectaba el espejo- ¡No Bella! - dije mirándola severamente -, no puedes permitirte sufrir por él, no es tuyo, no te equivoques... -me reprendí a mí misma.
Pero sabia que esa lucha seria difícil de combatir. Era yo contra mí misma. Mi lado racional contra el emocional, el práctico contra el pasional, el sensato contra el aventurero. Muchas batallas, muchos yoes y un solo factor común… Él.
- Huye ahora que estás a tiempo - me sugerí a mí misma -, si dejas que siga entrando más en tu corazón, morirás por él... Pero…¿cómo hago?- me pregunté.
Definitivamente esto era una locura, yo hablando y discutiendo conmigo misma.
Tomé aire profundamente varias veces y volví a enfrentarme.
-Me alejaré de él. No permitiré que siga apoderándose de mi voluntad. Y si para eso tengo que desengañarlo, lo haré - me dije a mí misma.
Tomar esa decisión causó un vuelco en mi estómago. La batalla entre mis yoes daba comienzo; y en primer lugar entraban al Rin la sensatez contra mi corazón. Veríamos quien salía victorioso…
Después de refrescarme un poco y retocarme el maquillaje, hice el camino de regreso a la mesa. Mientras me iba aproximando pude ver que Irina ya no estaba, pero en su lugar otra chica diferente ocupaba mi sitio hablando animadamente con él, que parecía a gusto en su compañía. También habían regresado a la mesa Esme y Carlisle, que se mantenían al margen de la conversación hablando entre ellos.
No negaré que de nuevo una ola de celos me recorrió, y comenzaba a fastidiarme sentirme así. Aún faltaba unos poco metros para llegar a la mesa cuando la mirada de Edward se cruzó con la mía; de pronto sus labios se curvaron en una sonrisa con una expresión de alivio, como si se alegrara de verme; pero yo no me sentía igual, sino todo lo contario. Tenía unas ganas locas de salir de allí, alejarme todo lo posible de él y de ese remolino de emociones que me provocaba. Y debió darse cuenta de mi estado porque su sonrisa se fue desvaneciendo, y a pesar de que aparentaba escuchar a la chica, pude ver como su expresión cambiaba a otra más precavida.
Pero justo a dos mesas antes de llegar a la mía, James me abordó.
- ¡Te encontré!…¿Dónde te has metido? - me preguntó sobresaltándome.
-¡James! - le reprendí - me has asustado.
- Me debes un baile y vengo a cobrármelo - exigió tomando mi mano y tirando de ella. Yo no pude evitar mirar hacia la mesa y vi que Edward nos miraba con rigidez. La chica también miró hacia nuestro lugar y regresó la mirada a él diciéndole algo, pero él seguía mirándonos con la cara tensa, lo que me hizo sentir violenta. James, ajeno a todo, continuó tirando de mí hasta que la mesa dejó de estar a la vista y pude al fin salir del la atracción poderosa de su mirada.
Me condujo hasta la pista donde otros invitados disfrutaban ya de la música, puso una de sus manos en mi espalda y tomó la otra para comenzar a balancearse conmigo.
- Estas preciosa, Bella - me susurró mientra nos hacía girar entre las demás parejas perdiéndonos entre ellos.
Yo me sonrojé, a pesar de que estaba más que acostumbrada a sus piropos y sus halagos, en esta ocasión estaba noblemente más sensible.
- Gracias James - le respondí y noté que él nos acercaba más hasta el punto de que mi pecho casi rozaba el suyo. Su perfume me turbó. No era ni mucho menos tan embriagador como el de Edward, pero lo suficiente como para dejarme llevar por nuevas sensaciones que, por un momento, me permitieron olvidar todo lo que Edward provocaba en mí.
De nuevo nos giró y ahí volví a tomar conciencia de dónde estaba y con quién - James... - lo llamé acercándome a su oído para que pudiera escucharme -, ¿a qué vino lo de la mesa? - le reclamé esta vez a él.
Él se separó un poco para fijar su mirada en la mía, como si quisirea leer en mis ojos lo que esperaba oír, pero yo lo miraba con verdadera curiosidad. De pronto dejó escapar un largo suspiro y fijó de nuevo sus ojos en los mío- ¿Qué es lo que te traes con Cullen? - preguntó dejándome asombrada. No era esa la respuesta que yo esperaba, precisamente.
- Qué.. - apenas dije con un hilo de voz.
-A mí no me engañas Bella, sé que algo está pasando entre Edward y tú. ¿Sabes dónde te estás metiendo? - inquirió furioso, aunque la serveridad se leía en sus ojos ya que su voz apenas era un susurro.
Yo alcé la vista tratando de saber con que humor me preguntaba y pude comprobar que era como un amigo, realmente preocupado. Al igual que él, dejé escapar un suspiro sintiéndome descubierta; no quería engañarlo, pero realmente no sabía que contestarle. ¿Qué es lo que realmente había entre nosotros? ¿Una fuerte atracción sexual?.. Edward me gustaba, demasiado sí, y me dolía verlo interactuando con otras pero, aún podía controlar esas emociones, al menos, es lo que esperaba.
- Entre Edward y yo no hay nada, James, no inventes - le contesté a la defensiva a pesar de no querer engañarlo -, él es un hombre comprometido, ¿recuerdas? - dije como si eso fuera suficiente explicación.
Él nos seguía meciendo al ritmo de la música. Sus ojos tanteaban los míos mientras me escuchaba. Y de pronto se acercó de nuevo a mi oído.
- Eso nunca lo ha detenido - me susurró dejándome impactada. Tanto, que no pude evitar separarme y mirarlo fijamente -. No me mires así, Bella. ¿Acaso piensas qué no sé que él no le es fiel a Ángela? Aunque reconozco que es la primera vez que se le nota - masculló casi más para él que para mí, dejándome estupefacta.
- No… no sé de que hablas - mi voz sonó titubeante.
- Quizás tú no te des cuenta, pero Edward no para de mirarte; se crispa si alguien se te acerca, me di cuenta el día de la barbacoa, y eso me hizo atar cabos.
- James, qué…- seguía sin entender. ¿Qué trataba de decirme?
- Al principio no lo entendía; ya me extrañó que reaccionara de esa manera cuando te conoció en el restaurante, él jamás hubiese tratado a una mujer así, al menos que se sintiera defraudado o dolido por ella, pero no encontraba la conexión. Luego llegaron esos momentos tensos, las reuniones, las miradas; en ellas había más, y para colmo… el día del partido, como nos atacaba, y cuando pasó lo del pie…
- James…- traté de hacerle callar, pero él no estaba por la labor y aún balanceándonos siguió contándome cómo es que había llegado a esa la conclusión.
- ¿Es él, verdad? - me preguntó de pronto.
- No entiendo, no sé… que…- cada vez me sentía más nerviosa, estaba dando en el clavo con todo.
- Es por él que no te sientes atraída por nadie.
- James no…
- Él no es bueno para ti Bella, él no te tratará como te mereces -dijo mirándome furioso.
Esta vez su afirmación me dolió demasiado, ya sabía que no podría, pero que me lo dijese él aún dolía más.
- James por favor…-rogué temblorosa, ya no me esforzaba en desmentir nada, me sentía abatida, sólo quería que callase.
- Lo siento Bella, pero no puedo dejar que te destruyas así, él no te merece… tú no tienes que ser nunca la otra- afirmó rotundamente.
- James…- le pedí con un hilo de voz -, no sigas…- no me di cuenta que habíamos parado de bailar hasta que sentí como sus manos me levantaban la cara para mirarlo.
- Lo sabía… estás enamorada de él - afirmó con los ojos apenados -, pero él no te hará feliz Bella, siento decírtelo, pero no lo hará…
Ya no tenía sentido negarlo, era cierto y sabia que tenía la razón - Lo sé… - confesé derrotada.
Pero cuando pensé que él me rechazaría, me daría de lado, hizo todo lo contrario; me abrazó fuerte, tan fuerte, que no puede evitar dejar caer algunas lágrimas al sentir que él no me dejaría sola a pesar de todo.
- No te preocupes preciosa, siempre podrás contar conmigo. Siento mucho que te hayas enamorado de la persona equivocada…- su tono se volvió de nuevo más bromista, como si supiera que lo que realmente necesitaba era apoyo, y no una reprimenda.
- Ojala hubieses sido tú él que conociera en Miami - le confesé mirándolo para que supiera, que en cierta manera, me hubiese gustado que así fuera, como él decía, no estaría sintiendo lo que siento por Edward.
- Te aseguro que si hubiese sido yo, ahora mismo no estarías bailando con otro - me contestó con una radiante sornisa - Aunque, me temo que me queda poco tiempo.
- ¿Qué? - pregunté confundida mientras él limpiaba esas insolentes lágrimas que se habían atrevido a asomar.
- Pues que ese hombre por el cuál suspiras, está pensando de qué manera asesinarme, y te advierto, viene hacía aquí- yo abrí los ojos sorprendida y él de nuevo se puso serio -. Bella, piensa en lo que te he dicho ¿de acuerdo?, tú vales más que para…
Pero no pudo terminar la frase ya que su voz cargada de reproche lo interrumpió.
- Ya va siendo hora de que te encargues de tu acompañante, ¿no crees, James? - le sugirió Edward taladrándolo con la mirada.
- Pues sí, supongo que deberia- contestó devolviéndole la mirada antes de volver a mirarme a mí - Es que cada vez que estoy con Bella se me olvida todo… - añadió de una manera tan sugerente... que hasta yo misma me sorprendí. No pude evitar mirar de soslayo a Edward que enseguida se había situado a mi lado. Y que al escuchar el comentario se envaró. Aún sin estar en contacto podía sentir la tensión traspasar su cuerpo. James me soltó y sonrió con malicia -. Cuando te aburras con él me buscas, princesa…- se burló guiñándome un ojo antes de soltarme y dejar otro suave beso en la mano.
- Siéntate a esperar - masculló Edward clavando los ojos en él desafiante.
No pude evitar negar con la cabeza, de nuevo los dos gallitos con el pico en alto.
James rió pero se marchó, no sin antes hacerme la señal de que nos llamábamos. Yo asentí con la cabeza y enseguida noté como las manos de Edward me rodeaba por la cintura.
- Pensé que habías venido conmigo, no con él - me reprochó Edward mirándome con dureza, mientras dejaba una de sus manos en la parte baja de mi espalda y tomaba la otra para comenzar a bailar. Aunque su tono y su confianza me molestaron, no pude evitar que al sentir su mano en mi espalda una corriente comenzara a recorrer mi espina dorsal estremeciéndome a su paso.
- Te vi muy distraído, no quise interrumpir - mi respuesta también iba cargada de reproche. Edward estrechó los ojos pero comenzó a bailar atrayéndome un poco más a su cuerpo.
En cuanto sentí que mis pechos se rozaba con el de él, un latigazo de placer me atravesó en el acto; su aroma tampoco ayudaba y la atracción de su mirada me estaban creando serios problemas… Recuerda el propósito Bella, no te dejes llevar por lo que te hace sentir, me decía a mí misma… Él no es tuyo… no es libre, no… no..
- Odio cuando se acerca a ti - dijo de pronto sacándome de mi debate mental - Odio saber que él si podría merecerte - enseguida clavé mi mirada en él y lo que ví en sus ojos me desarmó. Sus ojos se veían tan tristes, como si esa afirmación le estuviese partiendo el alma.
- No es él quien me hace sentir, Edward - susurré sin pensarlo mirándolo fijamente. El volvió a clavar la mirada en mis ojos pero me sonrió con tristeza y sin decir nada, sólo mirándome, siguió meciéndome al ritmo de la música.
Podía sentir como sus dedos se clavaban en mi espalda provocando que toda mi columna fuera recorrida por un escalofrío electrificarte; de pronto era consciente de cómo su cuerpo estaba casi en completo contacto con el mío; la mano que sujetaba la mía la tenia cerca de su pecho, tanto… que podía sentir los latidos de su corazón, que extrañamente, latían aceleradamente.
Cerré los ojos intentando disfrutar al máximo de su cercanía. Todo él me hacía estremecer. A quién quería engañar; mi cuerpo se volvía gelatina entre sus brazos, y mi raciocinio dejaba de existir para entregarme de lleno a las sensaciones que me provocaba.
¿Cómo haría para no dejarme llevar? Tan pronto me propuse luchar contra la fuerte atracción que este hombre ejercía sobre mí, antes me dejaba envolver por ella. Pero es que no encontraba un lugar mejor donde estar que entre sus brazos; mi cuerpo se adaptaba perfectamente al suyo, como si hubiésemos sido hechos a medida.
De pronto sentí como el deseo se abría paso en mi interior, mis latidos comenzaron a acelerarse, mi respiración se volvió más pesada, y mis labios comenzaron a picar deseosos de ser calmados por los suyos.
Abrí los ojos después de inspirar profundamente tratando de controlar el deseo desmesurado que comenzaba apoderarse de mí. Pero ese fue otro gran error. De lleno me encontré con esos labios que tanto deseaba, y esa mirada; esa mirada oscura y cargada de deseo, que parecía querer traspasar mi alma.
Quise musitar su nombre, quise susurrarlo en un gemido que atoraba mi garganta tratando de salir. Sus labios se entreabrieron y su aliento entrecortado impactó contra mi cara. Cerré de nuevo los ojos, ¡Dios! No podía desearlo más; mi sexo comenzó a palpitar ansioso, e involuntariamente, me estreché más a él tratando de buscar algo de fricción...
- Dios mío, Bella - susurró acercándose a mi odio cuando giré mi rostro tratando de liberarme de su embrujo -, no tienes ni la menor idea de lo que me estás haciendo - y clavando con más fuerza sus dedos en mi espalda, me pegó a él completamente dejándome sentir su gran erección.
- Edward…- su nombre se escapó de entre mis labios al sentir un latigazo de placer en mi bajo vientre.
- Bella…- su voz ronca me hizo temblar de pies a cabeza mandando una orden directa a mi sexo que no tardó en humedecerse- Vámonos de aquí…
Continuará…
N/A. No, si en una de estas, estos dos salen ardiendo...ajajajaja y unas cuantas de nosotras a su paso..ajajajjaja No se vale matar a la autora que os quedáis sin el siguiente ;)
Ains mis niñas. Siento de veras no poner los agradecimientos pero eso require más tiempo aquí delante del ordenador y estoy realmente agotada. Ahora mismo son las 3:31 am. Espero que lo comprendáis.
Bienvenida a todas las que os incorporáis a la historia, espero que me acompañéis hasta el final y que todas juntas podamos desfrutar de esta apasionate historia.
Gracias de nuevo por todos esos comentarios, que de verdad, conseguís que mis largas horas de trabajo hayan sido, aunque sea, un poquito más amenas. Para el próximo capitulo no faltarán los agradecimientos. Palabrita.
Y sin falta el proximo domingo actulización. Espero que os guste.
Un beso a todas, en especial a mis reques. Os he extrañado mucho. Gracias por vuestras palabras de ánimo en estos días que han sido tan duros. Os amo.
/(^_^)\saraes.
