Cap. 23: Recuerdos y revelaciones.

AÑOS DESPUES

Tercera parte.

Los personajes de "InuYasha" pertenecen a Rumiko Takahashi.

Resumen capítulo 22: Shippo, llevado por la furia y subyugado por una energía oscura desconocida ataca a InuYasha, causándole gran daño. Parecía que la pelea terminaría mal para el hanyou cuando una fuente corriente de energía es despedida del bosque, y él percibe la presencia de Kagome en ella. Se lanza hacia el bosque seguido por un furioso Shippo, quedando sellado el bosque inmediatamente tras ellos por un campo de energía.



Abre los ojos.

La estudiante no quería despertar. Hacia tanto tiempo que no disfrutaba de un momento de paz en ese lugar. Aún así se levanto, y notó un peso en el bolsillo de su falda. Era la perla. Ahora que Naraku ya no existía el futuro de la joya era incierto. Tal vez "ella" se haría cargo de nuevo de la perla como antes. Tal vez la anciana Kaede sabría como devolverla a su cuerpo como en un principio y tal vez solo así no tendría que despedirse. Sin embargo su partida parecía casi inminente. Sabía que tendría que despedirse de sus amigos. Y de él.

Últimamente buscaba mucho la soledad para aclararse las ideas. Sus amigos lo habían notado, y tras un pequeño debate decidieron que lo más obvio es que se tratara de un problema de pareja y que lo más sano seria mantenerse aparte. InuYasha también lo había notado pero al igual que la chica, el tenia sus propios demonios internos contra los cuales luchar por lo cual la dejó en paz. Sabía que ya sin la escusa que Naraku le ofrecía para no pensar en ello, algo grande e irremediable pasaría entre ellos dos y necesitaba tiempo para estar preparado para enfrentarse a ello. Su decisión fue interpretada de mil formas diferentes por todos.

Pero finalmente llego el día en que la chica tendría que irse. Su abuelo había dicho que milagrosamente había curado a su nieta de todos sus males con sus poderes sagrados y que estaba lista para ir a la escuela. Esa aseveración atrajo a mucha gente al templo ante las delicias del abuelo y la vergüenza de la familia, pero bueno eso no nos importa.

En el Sengoku aún no habían decidido que hacer con la perla, por lo que la chica se la quedaría por el momento. Y así sin haber resuelto aún sus problemas entre ella e InuYasha, la chica regreso a su tiempo.

Varias semanas pasaron y Kagome los visitaba cada tercer día, pero poco a poco las visitas se fueron espaciando cada vez más. No pasa nada, les dijo a sus amigos cuando estos le preguntaron lo que sucedía. Pero lo cierto era que muchas veces había preferido quedarse con sus amigas de su tiempo a los del Sengoku. Lo cual era normal le dijo la señora Higurashi al exponerle la chica la situación, solo estaba tratando de recuperar el tiempo perdido con sus amigas, era todo. Eso no la convertía en una mala persona.

Y así pasaron varias semanas de visitas ocasionales al Sengoku y encuentros incómodos con InuYasha. No hay que malinterpretar, la chica lo seguía queriendo con locura. De hecho cada hombre de su época le recordaba algo de su Hanyou, incluso cuando llegaba al paroxismo de su amartelamiento, podía sentir su mirada y oír su voz. Pero cuando volteaba no lo encontraba.

Así estuvo un tiempo, ansiosa y con los nervios alterados, hasta que ya no lo resistió más. Obedeciendo a los impulsos que la caracterizaban se arrojó al pozo con el corazón desbocado. Y como si se hubieran puesto de acuerdo, lo primero que vio cuando salió al aire puro del Sengoku, fue a InuYasha. Se petrificó, y el vientecillo que soplaba estaba helado a comparación de la temperatura de sus mejillas.

InuYasha, por su parte, después de interminables viajes a su atribulado interior y de días enteros de reflexión, parecía que por fin había tomado una decisión. Sin embargo al ver al objeto de sus desvelos y pensamientos no supo que hacer. Y al igual que la chica solo atinó a observarla estúpidamente sin poder creérselo. Su instinto de hombría le decía le decía que tenía que dar el primer paso, pero el hueco de su estomago y las piernas de atole parecían burlarse de él y decir otra cosa. Y entonces vio, con pánico, como Kagome daba la vuelta, en un amago por escapar.

Como por encantamiento sus pies se despegaron del suelo y al instante se encontró tomando del brazo a la chica. Una corriente eléctrica se origino en sus dedos al momento de tocarla y recorrió todo su cuerpo alojándose en áreas susceptibles, asombrado bajo la mirada hacia la chica y al hacerlo la miró bajo una nueva luz. Algo que hasta ahora había permanecido dormido en lo más profundo de su ser eclipsado por otras emociones más fuertes (eliminar a Naraku, eliminar a Naraku, eliminar a Naraku) se abrió paso a codazos, y babeando salió a la superficie fieramente. Kagome percibió el cambio en InuYasha y se le secó la garganta al observar las emociones que se reflejaban en sus ojos. Ella también sintió lo mismo, y sabia de que se trataba, pues no era una niña, pero para ser sinceros nunca había pensado de esa manera su relación con el hanyou y entre tímida y entusiasmada se remojó los secos labios. Cierto sentido de caballerosidad se abrió paso y trato de poner orden en el afiebrado cuerpo de InuYasha pero al ver ese movimiento la caballerosidad también se lo pensó dos veces.

Su primer paso fue torpe, pues la inexperiencia se impuso ante todo. Ellos dos ya se habían besado antes, bajos otras circunstancias. Sin embargo el contexto en este beso fue diferente, debido a la separación auto impuesta por ellos mismos sentían ahora la urgencia de unirse en cuerpo y alma. Aún así InuYasha fue cuidadoso y gentil con Kagome y Kagome respondió siendo cálida y tierna. Los malos tiempos se borraron de un plumazo y la inquietud que tenían hace unas cuantas horas desapreció por arte de magia.

Y así InuYasha y Kagome acabaron haciendo lo que la gente venia haciendo desde que los dioses se habían reunido para tratar de encontrar una forma de perpetuación de especies que no fuera aburrida, y se les ocurriera la inclusión de las hormonas en la ecuación. Cabe mencionar que de aquella reunión los dioses salieron sonrojados y evitando mirarse los unos a los otros.

Más tarde ese día Kagome regresó radiante a su época. En su mente no existía la culpabilidad, pues estaba segura que InuYasha y ella se pertenecían el uno al otro, que eran almas gemelas, la prueba estaba en que ella tuvo que haber retrocedido en el tiempo para conocerlo, desafiando todas las leyes de la física y la probabilidad. Y simplemente estaban llevando su relación a otro punto, en el que se compenetraban y se entendían perfectamente. Y para que engañarnos todo mundo sabe que a una mujer enamorada le importa muy poco lo que la otra gente tenga que decir. Ya por la noche escuchó unos ruidos en su ventana y se encontró con un InuYasha totalmente loco por ella, pero a la vez increíblemente tímido que solo atinaba a observarla embelesado con esos bonitos ojos suyos. Esa mirada le llegó al alma a la joven y con una enorme sonrisa lo recibió con los brazos abiertos.

Los días pasaron sin que ninguno de ellos los notaran, tan ensimismados estaban el uno con el otro. E InuYasha hizo las visitas de rigor, como lo establecían las costumbres. Increíblemente su eterno rival de amores, Kouga, tomó la noticia sorpresivamente bien. Le dedicó a InuYasha unos cuantos gruñidos de aceptamiento y felicitaciones a los que InuYasha respondió con unos educados gruñidos de agradecimiento. Más tarde se le ocurrió pensar que ese inesperado comportamiento se debía a la loba que lo acompañaba últimamente, pero inmediatamente desechó la idea por absurda, nadie en su sano juicio se fijaría en un lobo sarnoso como aquel.

Cierto día InuYasha le comento a Kagome que para su raza, el punto en el que se encontraban en su relación equivalía a un matrimonio humano. Al oír esto la chica se turbó y no supo que responder e InuYasha en uno de esos raros momentos en que era capaz de darse cuenta de los sentimientos de otra gente, prudentemente calló y no volvió a mencionar el tema. El sabía que tendría darle tiempo a la chica para aceptar su situación y completar su unión de la manera adecuada.

Pero cierto atardecer una figura entró a la aldea con paso lento y estudiado, con el sol a su espalda. Kagome entró con una sonrisa a la choza de la anciana Kaede y de golpe desapareció. Kikyo estaba frente de ella mirándola. Había ido a decidir el destino de la perla, pues rumores de que se encontraba en ese lugar ya circulaban y la fama de InuYasha por haber eliminado a Naraku no seria suficiente para evitar las hordas de Youkays que se les venían encima. Kagome nunca supo como resistió aquella tortura. La Miko la examinaba adivinando los obvios cambios en su cuerpo y con una mirada que paseo de InuYasha a ella, supo inmediatamente que ya se había dado cuenta de lo que pasaba entre ellos dos. Y una sonrisa de suficiencia, burla y crueldad se dibujó en la cara de la sacerdotisa. Kagome se encogió en su lugar y no volvió a abrir la boca ni a levantar la mirada. Después de horas interminables salió de la choza con una cefalea taladrándole la cabeza, y con todas las ganas del mundo de desaparecer. InuYasha, extrañado, intento hablar con ella, pero la chica reaccionó violentamente, molesta por el hecho de que él ni se enterara de la mala situación por la que había pasado. InuYasha la dejó molesto e indignado y ella regresó a su tiempo de buena gana. Un par de días pasaron y ella postergaba el momento de regresar y asumir su deber, temerosa de la decisión que pudieran tomar. InuYasha no había a buscarla pero eso no le preocupó. Cuando por fin supo que no podía retrasarse más, regresó al Sengoku. En la aldea no encontró a nadie y ninguno de los lugareños supo darle razón. Frustrada y un poco molesta caminó de regreso hacia el pozo cuando sintió que alguien la observaba. Lentamente dio la vuelta y se encontró a Kikyo mirándola con sus ojos muertos y su mirada fría, sonrió y extendió la mano hacia ella. Kagome retrocedió e instintivamente llevó la mano hacia el cuello donde tenia colgada la perla, negando con la cabeza.

La sonrisa de la Miko se hizo más amplia.

"Este no es tu lugar" Kagome no respondió. "Tu lo sabes muy bien. Lo mejor es que me entregues la perla y termines con esta farsa."

"No, yo quiero estar aquí, quiero estar con InuYasha." Dijo cuando por fin le volvió la voz.

"No perteneces aquí, este no es tu mundo"

"¡No me importa!

"Me estas hartando niña, estoy siendo demasiado paciente contigo. Dame la perla"

"¡NO¡Y no me llames niña, ya no soy una niña!"

"Te llamo como me da la gana. Obtendré esa perla de la manera que sea así que para tu bien te recomiendo que me la des por las buenas. No me pongas a prueba."

"¿No entiendes¡Nunca te la daré¡Me quedaré con él! No me importa lo que me digas. ¡No te la daré!"

"Si InuYasha esta contigo es por lástima, es por que no puede tenerme a mi, tu solo eres un remplazo, una vulgar copia". Kikyo callo y observó el rostro de Kagome.

Algo caliente, oscuro y básico recorrió el cuerpo de la chica al escuchar estas palabras y de repente quiso hacer daño, mucho daño.

"¡Cállate¡Maldita víbora¡Estoy cansada de ti, por que no te mueres y nos dejas en paz! Una sonrisa de suficiencia se dibujó entonces en los labios de la adolescente "InuYasha me ha escogido a mi" dijo burlona "A quien realmente quiere es a mi no a ti. Y me importa poco lo que tengas que decirme, lárgate y no me molestes más"

Kikyo palideció aun más de ira y apretando los dientes dio un paso más hacia la chica, quien perdió un poco de su compostura y comenzó a ponerse nerviosa de nuevo.

"¿Por que te engañas a ti misma de esa manera tan estúpida? Tal vez convenzas a alguien más con lágrimas y tú pose de mujer enamorada, pero tú no sabes lo que es el amor. Tú todavía no puedes ofrecer un amor total y desinteresado. Yo puedo ofrecerle a InuYasha todo aquello que no te atreves a dar por cobardía."

"¡Que sabes de mi para hablar de esa forma!"

Kikyo sonrió irónicamente.

"No te olvides que aunque a ninguna de las dos nos guste estamos inevitablemente unidas, somos una. Yo soy tu y tu eres yo"

"¡Yo no soy como tu¡Nunca!"

"No estés tan segura chiquilla" Dijo lentamente y arrastrando las palabras.

"¿Qué quieres decir?"

Kikyo la miró intensamente.

"Tu ya has elegido lo que quieres, solo que por capricho te niegas a darte cuenta de ello. Tal vez de verdad ames a InuYasha como tanto dices, pero no dejas de pensar lo que dejaras atrás. InuYasha no se merece eso. Con tus caprichos y necedades solo estas lastimando a aquellos que son inocentes. InuYasha puede encontrar finalmente la felicidad conmigo, a quien realmente quiere."

"Eso no es cierto el me ama y me lo ha demostrado." Dijo Kagome con la voz ahogada.

"¡Por favor! El nunca dejó de quererme, solo basta para que yo aparezca y se olvide por completo de ti. Tú lo has visto, tú lo sabes."

"No, eso no…"

"¡Claro que es verdad¡Por que te niegas a reconocerlo! Tú nunca debiste haber venido a este lugar, nunca debiste haberlo liberado. Solo alteraste el curso normal de la naturaleza. Por tu causa muchas cosas que no debían de haber pasado pasaron. Incluida mi resurrección. Y ahora por tu culpa InuYasha va a sufrir nuevamente. Pero ahora yo lo curaré de verdad, el sanara todas sus heridas a mi lado. Tendremos la felicidad que se nos negó. La verdadera felicidad que solo yo puedo ofrecerle."

Kagome no dijo nada, oculto la cara bajo su pelo. ¿Acaso era verdad todo aquello?

"El me ama a mi. Y tu sabes que no puedes darle todo lo que el merece. Tu lugar te llama, te espera. Sabes que no serás completamente feliz aquí. En el fondo quieres otras cosas. No estas preparada."

"Yo… yo lo quiero mucho. Lo amo con todo mi corazón" dijo sollozando.

"Entonces apártate de su lado"

Kagome no supo cuanto tiempo estuvo en ese lugar llorando, cuando levanto la cabeza ya estaba cayendo la tarde, el bosque estaba silencioso. A tono con su estada melancólico y deprimido. Kikyo no se encontraba por ningún lado, estaba completamente sola. Se sentía engañada, pues sabía que todo lo que le había dicho Kikyo era verdad. El la seguía queriendo. Pero inexplicablemente, al mismo tiempo sentía que un gran peso se quitaba encima de los hombros.

Entonces oyó su voz llamándola. Kagome se levantó y se seco las lágrimas con toda la dignidad que pudo, y esperó. Cuando InuYasha llegó a su lado. Se paró en seco. Pudo intuir que algo andaba muy mal. Intento hablar pero su garganta se encontraba oprimida por un nudo invisible. Vio como Kagome se acercó a él.

"Ahora lo entiendo" susurro sin mirarlo "Esto no puede ser de otra forma."

InuYasha abrió los ojos. ¿Kagome se estaba despidiendo de él¿¡Lo estaba abandonando!?

La chica tomo su mano y depositó algo. La perla de Shikón.

"Lo siento" dijo y finalmente alzó la mirada hacia el rostro del joven, y sin poder evitarlo lo beso por ultima vez. Cuando abrió los ojos no supo leer lo que vio en sus ojos. Estaban vacios, carentes de toda emoción. Supo que no la retendría.

Dio la vuelta y se dirigió hacia el pozo.

"Adiós" Dijo cuando llegó sin mirarlo y segundos después la luz rosa la envolvió por ultima vez.

InuYasha reaccionó y corrió hacia el pozo, pero cuando salto nada pasó, no lo transporto a la época de Kagome. Se quedó allí quieto, mientras la noche caia y la luna se reflejaba en las paredes de tierra. Y entonces dando un rugido de rabia golpeó la pared con el puño. Dio un salto y se alejó de ese lugar a toda velocidad, sin voltear ni una vez hacia atrás.

Siete años después, Kagome despertó sollozando y temblando inconteniblemente, recostada sobre la fría nieve. La atmosfera a su alrededor era pesada. La nieve caía en gruesos copos y había lucecillas volando por todas partes dando un aspecto de irrealidad al lugar. No sabía en donde estaba pero no le importó.

Finalmente había recordado todo. De alguna manera ahora lo sabía todo había sido ella, con su cobardía e inmadurez que lo había abandonado. Todos estos años había estado albergando rencor hacia InuYasha. ¿Pero por que no la había intentado retener? Intuía la respuesta: tanto como a ella, su decisión había tomado por sorpresa a InuYasha y sabia que él era orgulloso, tal vez se sintió tan herido que no quiso mostrarse vulnerable ante ella. Un terrible pinchazo en el pecho le hizo olvidar momentáneamente su sufrimiento. Gimió de dolor. Sentía que algo quería salir de ella. Un enorme vacio de soledad, tristeza, amargura y rencor se extendió por todo su ser. Nunca en su vida había sentido esto. Sintió unas terribles ganas de vomitar, llorar, gritar.

¡Que diablos me esta pasando!—Gritó desesperada a la nada.

Y entonces para su sorpresa una voz que conocía muy bien le respondió.

—Una vez te dije que yo era y tú y tú eras yo. Eso es lo que se siente siendo yo.

Kagome abrió los ojos sin poder creerlo. Kikyo la observaba con sus ojos muertos y su mirada fría, exactamente como una terrible tarde años atrás la había mirado.

Tzu su ku...

Continuara...


Cap. 23

Recuerdos y revelaciones.

AÑOS DESPUES