Ni la historia ni los personajes me pertenecen
De nuevo a bordo
Los días que les quedaban juntos ya estaban contados: alrededor de una semana. Bella recordó que Edward había dicho que el regreso sería más rápido que el camino de ida, porque en lugar de viajar en contra de la corriente lo harían a favor. Quería aprovechar cada instante que le quedara junto a él. Todo cambiaría en cuanto regresaran. Ella haría lo que tenía que hacer y luego regresaría a los Estados Unidos.
Ahora que estaban de nuevo en la lancha todo era mucho más fácil, tanto que durante los días siguientes Bella casi tuvo la sensación de estar de vacaciones. El baño, que antes le parecía tan inadecuado, ahora era un verdadero lujo. Cocinar sobre la cocina de alcohol era una delicia. Aun las limitadas variedades de comida resultaban satisfactorias, ya que podían tomarse todo el tiempo necesario para comerlas. Cada uno de ellos contaba con una muda de ropa que habían dejado a bordo como precaución, y Bella tenía también allí sus objetos personales. Contaban con lo elemental, pero era una buena vida.
Empezaron a pasar junto a casuchas hechas de cartón y de lata, edificadas sobre pilotes a la orilla del río, señales de "civilización". Por el momento esas chozas no eran muchas, pero a medida que remontaran el río su número aumentaría y se alinearían a lo largo de la orilla.
Dos chicos salieron corriendo de una choza aislada y saludaron con frenesí. Tal vez creyeran que Edward y Bella vendían algo, o quizá sólo los entusiasmaba ver la lancha. Bella les contestó el saludo. En su vida, esos niños no tenían muchas cosas excitantes.
-¿Se te presentan muy a menudo estos trabajos de guía? -preguntó Bella, imaginando lo que sería una vida vivida en forma casi permanente en la jungla y el río.
-Con tanta frecuencia como yo quiera. Por lo general me gusta tomarme un poco de tiempo libre entre un trabajo y otro, y la extensión de ese tiempo depende de la duración del trabajo que haya hecho. Cuando sólo se trata de una semana con algunos turistas que quieren experimentar lo que es el "verdadero" Amazonas, un fin de semana de descanso me basta. Pero por lo general los trabajos son más largos. El anterior a éste duró dos meses. Planeaba tomarme un mes entero de descanso antes de comprometerme para otro trabajo.
-¿Y por qué no lo hiciste?
-Por curiosidad. Sabía que Demetri no debía de andar en nada bueno y quería saber exactamente qué se proponía. Y además me pagó bien.
Bella se apoyó contra uno de los palos que sostenían el techo de la embarcación, con expresión pensativa.
-¿Qué sucedió esa última mañana en el Pueblo Perdido? ¿Por qué te disparó Demetri? ¿Qué fue lo que hizo que Felix empezara a matar gente?
Edward se sintió incómodo.
-Supongo que deben de haberlo tenido planeado, el disparo de Demetri debe de haber sido la señal para Felix.
-¿Pero qué inició el asunto? No encontramos ningún tesoro. No había motivo para que sucediera eso. Edward debió saber que cuando ella tuviera tiempo de pensarlo su mente ágil empezaría a unir las piezas del rompecabezas y notaría los detalles inexplicables.
-Me desperté temprano y salí del campamento. Demetri debe de haber creído que me proponía algo, porque me siguió. Le cayó muy mal que el diamante no estuviera en el templo y que tampoco encontráramos oro.
-Cuando yo salí gateando de la carpa, Felix no trató de dispararme. Simplemente me miró y sonrió.
-Posiblemente te reservara para el final -gruñó Edward, enfureciéndose de sólo pensarlo-. Literalmente.
-Ojalá se me hubiera ocurrido salir con la pistola en lugar de la linterna. No puedo creer que haya sido tan imbécil.
-En cambio yo me alegro de que no te hayas vista involucrada en un tiroteo con él -dijo Edward, estremeciéndose ante el pensamiento-. Hiciste exactamente lo que te pedí.
-Pero si yo hubiera salido armada de la carpa, tal vez James todavía viviera.
-Y tal vez no. No hay modo de saber lo que puede pasar cuando empiezan a silbar las balas. Hasta podrías haberlo herido tú misma, por accidente.
La lógica de Edward la hizo sonreír, aunque con cierta tristeza. Edward nunca perdería tiempo en lamentarse; sencillamente seguiría adelante, decidido y derecho hacia la meta. Su modo de ser juguetón a veces escondía esa faceta de su personalidad, la que ella consideraba más importante en él, la que nunca olvidaba. La gente que subestimaba a Edward no sabía lo que hacía; al principio ella lo subestimó, pero comprendió su error con rapidez y nunca volvió a olvidarlo. Edward era un hombre de otra raza, un aventurero, un explorador. Él dictaba sus propias reglas y estaba decidido a hacerlas obedecer. Durante el curso de la exploración, sus órdenes y sus advertencias fueron tan eficaces porque nadie dudó nunca de que haría exactamente lo que amenazaba.
El sol tropical caía de lleno sobre Edward, pero de repente no le pareció tan luminoso como lo que acababa de comprender. Se le dilataron las pupilas y el sol le dolió, prácticamente lo cegó. Aferró el timón como si se tratara de un salvavidas.
Hasta ese momento estaba decidido a mantener a Bella a su lado en Brasil, a mantener con ella una "relación", fuese cual fuere el significado de esa palabra. Para él era algo muy simple: quería tenerla cerca. Quería dormir todas las noches con ella. Lógicamente, eso significaba vivir juntos. Aunque nunca había llevado las cosas tan lejos, la idea le resultaba cómoda, hasta le gustaba. Pero en ese sobrecogedor instante todo se vio claro.
Quería a Bella para siempre.
"Vivir juntos" de repente le pareció algo muy poco permanente, muy poco confiable. Su mente jamás había formado la palabra "matrimonio" en relación con ninguna mujer en particular, pero con Bella era la única situación tolerable. Bella era suya, y lo sería para toda la vida.
La navegación continuaba cuando de repente Edward vio otra embarcación a distancia.
Bella se protegió los ojos del sol haciéndose sombra con las manos y miró la lancha, mientras Edward disminuía la marcha.
-Esa lancha es muy parecida a la nuestra -comentó-. Es idéntica a la que desapareció. -Entrecerró los ojos y estudió al piloto, un hombre enorme de hombros macizos y cabeza pequeña. -¡Felix!-jadeó con una mezcla de horror e incredulidad.
Edward tiró del acelerador y la lancha saltó hacia adelante. En el mismo instante también Felix aceleró a fondo.
-¡Agáchate! -ordenó Edward-. Y alcánzame la pistola.
-¡Maldición! -Cuando estaba en el río nunca tenía la pistola fuera del alcance de la mano; ésa era una de las raras excepciones. Deseó tener un rifle.
Felix disparó, pero se hallaba demasiado lejos y la bala pasó silbando por encima de la lancha.
Bella buscó la pistola de Edward, se le acercó gateando, fuera de la vista de Felix, y se la dio.
-Retrocede. Me disparará a mí, porque soy el único a quien puede ver.
-¡Entonces agáchate tú también, imbécil! -replicó ella, tironeándole los pantalones.
Las lanchas se acercaban a toda velocidad. Edward viró con violencia hacia la derecha, con la esperanza de ganar algunos segundos. El movimiento hizo que Bella perdiera el equilibrio y rodara por cubierta hasta ir a dar contra las cajas de provisiones. Felix volvió a disparar y esa vez la bala hizo saltar astillas de la borda.
Edward alzó la pistola y disparó, pero Felix se echó hacia un costado. Edward volvió a disparar. Con ambas lanchas saltando sobre el agua, dar en el blanco sería una pura cuestión de suerte, pero por lo menos conseguía mantener a raya a Felix.
Bella consiguió ponerse de rodillas. Dos balas atravesaron la borda, y ella se tiró al suelo. Edward devolvió los disparos y las balas rebotaron contra el agua del río.
Entraron en el canal quince metros antes que Felix. Felix se encontraba directamente detrás de ellos, y tan cerca que navegaba dentro de la estela que dejaba la lancha a la que perseguía. Edward disparó y le dio al timón, pero Felix había vuelto a agacharse.
Edward miró hacia adelante justo a tiempo para virar y evitar chocar contra un enorme madero flotante. Para Felix fue más fácil esquivarlo, pues la fuerza del agua que hacía la lancha de Edward alejó el tronco de su camino. Así que pudo acercárseles aún más.
Edward lanzó una maldición. No podía timonear la lancha a toda velocidad y al mismo tiempo dispararle a Felix. "Tenía que darle a ese desgraciado antes de que una bala lo hiriera en la espalda y dejara a Bella sola para enfrentarlo.
-¡Tendrás que hacerte cargo del timón, Bella! ¿Crees que podrás?
Sin vacilar un instante, ella se arrastró hasta el timón.
-¡Ten cuidado! -gritó sobre el rugido del motor.
-¡Ten cuidado tú! Permanece agachada y ponte hacia un lado para que Felix no te tenga en la mira. Bella obedeció; se agazapó a un costado, con una mano sobre el timón y la cabeza apenas levantada, lo suficiente para alcanzar a ver hacia proa. Edward se acercó a popa. Un tiro lo hizo tirarse al suelo y sintió que la lancha se estremecía. Se puso de rodillas y disparó tres veces en rápida sucesión. Felix gritó y cayó de costado, pero a Edward el instinto le indicó que no estaba gravemente herido. Había sido sólo un rasguño. Esperó, con los nervios tensos, y estaba preparado cuando Felix volvió a asomarse empuñando el arma. Ambos dispararon en forma simultánea. Felix volvió a gritar, aferrándose un hombro, y se desplomó.
La lancha se estremeció y el ritmo del motor cambió. ¡El muy maldito le había disparado al motor en lugar de a ellos! La otra lancha se les acercaba a toda velocidad, con el acelerador a fondo y el timón asegurado, de manera que no cambiaba de rumbo.
-¡Agárrate! -gritó Edward, saltando hacia proa-. ¡Ese desgraciado nos va a chocar!
Bella miró frenética por encima del hombro, y con un esfuerzo desesperado tiró del timón hacia un lado para tratar de alejarse del paso de la lancha de Felix. La lancha viró con lentitud, sin fuerza, y casi de inmediato la otra embarcación se estrelló contra ellos. El impacto lanzó a Bella rodando por la cubierta hasta quedar con la cabeza contra la borda. Alcanzó a ver a Edward aferrando uno de los postes que sostenían el techo, para no caer al agua.
Bella había logrado que la lancha virara un poco, de manera que no fue una colisión directa. La otra lancha los embistió desde atrás y a la derecha, haciéndolos girar con violencia. La proa de la embarcación de Felix continuaba avanzando, impulsada por el motor en funcionamiento. La madera se rajó; la proa de la lancha de Felix y la popa de la de ellos se unieron, las estructuras se derrumbaron y las embarcaciones quedaron pegadas como dos trozos de arcilla.
La fuerza del impacto destruyó el timón y el acelerador de la segunda lancha, y el motor enmudeció.
El repentino silencio fue total. Atontada, Bella, trató de ponerse de pie, pero todo giraba a su alrededor y cayó de rodillas.
Las provisiones estaban esparcidas por toda la cubierta. La fuerza del impacto obligó a Edward a dejar caer la pistola, que, por suerte, no había ido a parar al agua. Se apresuró a agarrarla y se volvió hacia popa, con todos los músculos tensos.
-¿Estás bien? -preguntó.
-Sí -contestó Bella, aunque no estaba muy segura. Pero se las arreglaría.
Edward avanzó con dificultad hacia la astillada popa de la lancha, sobre la que se había montado la proa de la lancha de Felix. Un agua negra empezaba a cubrir la cubierta. Ambas lanchas hacían agua.
-Busca el bote e ínflalo -dijo Edward por encima del hombro.
Bella luchó contra el mareo y cruzó la cubierta resbaladiza rumbo al bote. La lancha estaba cada vez más escorada. Sólo tendrían algunos minutos, como máximo, para abandonarla.
El agua lamía las botas de Edward mientras él hacía a un lado una parte de la proa deshecha. ¿Dónde estaba Felix? De haberse hallado en la proa debía haber muerto, porque toda esa parte de la lancha se había hecho añicos.
Además había recibido dos disparos. Vio un trozo de madera manchado de sangre.
Pero no había rastros de Felix, ni vivo ni muerto. Ningún movimiento ni sonido, aparte del crujir de las maderas cuando las embarcaciones se alzaban y caían movidas por el oleaje.
El impacto pudo haberlo arrojado al río. Si en ese momento estaba inconsciente, ya debía de haber muerto. ¿Sería posible que hubiera llegado a tierra sin que lo vieran y en tan corto tiempo? Edward observó la orilla con cuidado en busca de ramas que se movieran y denunciaran el paso de alguien. Pero todo parecía normal.
Se volvió hacia las lanchas, pero estaban ambas tan destrozadas y astilladas que resultaría imposible revisarlas en los pocos minutos que faltaban para que se hundieran. Sabía que existía la posibilidad de que Felix estuviera colgado del otro lado de la lancha, pero no tenía tiempo de averiguarlo. Debían inflar el bote, cargar alimentos y alejarse de allí.
La embarcación de goma tenía capacidad para seis personas, era tan grande que les costaba sostenerla. Con rapidez, Bella cerró la válvula mientras Edward aseguraba el cierre. Después ató el cabo del bote a uno de los palos que sostenían el techo de la lancha, y lo lanzó al agua.
-Salta -ordenó y Bella saltó dentro del bote. Después Edward le pasó la pistola. -Tienes que estar atenta -advirtió-. No pude encontrar a Felix. Quizá se haya ahogado, pero no lo sé con certeza.
Bella asintió; aferró la borda de la lancha con la mano izquierda para impedir que el bote se alejara, mientras en la derecha empuñaba la pistola.
Edward tomó su mochila y la arrojó dentro del bote. No pensaba dejar el diamante, y además volverían a necesitar la carpa. Después le alcanzó a Bella el pequeño motor fuera de borda. Pesaba unos buenos veinticinco kilos, pero ella consiguió recibirlo sin soltar la pistola. ¡Qué mujer! Edward buscó los tanques de combustible, los cargó y luego empezó a tomar cajas de provisiones, que iba tirando al bote mientras Bella colocaba el motor en su lugar.
De repente el bote escoró.
-Ya basta -dijo Bella-. Ven.
-Remos -contestó Edward y los arrojó al bote. Ella le dirigió una mirada furibunda.
-Debiste haber cargado los remos y el motor antes que nada. ¡Ahora, vamos!
Edward pensó que le convenía obedecer, así que desató el cabo que unía el bote a la lancha, pasó las piernas sobre la borda y se dejó caer.
Se movió con rapidez hacia la popa y aseguró los tanques de combustible al motor; luego bombeó.
-Saca un cargador nuevo de la mochila. La pistola está casi descargada.
Bella se acercó con cuidado a la mochila para no pinchar el bote.
-Están en el bolsillo de delante-indicó Edward. Tiró de la cuerda de arranque. El motor tosió. Volvió a tirar tres veces en rápida sucesión y el motor arrancó.
Bella encontró el cargador y lo sacó, pero al hacerlo tocó algo extraño dentro del bolsillo.
Mientras se alejaban, Edward, observó con detenimiento las lanchas, pero no vio ni rastros de Felix. Hizo un círculo completo con el bote alrededor de las lanchas, pero sin ningún resultado. Posiblemente Felix estuviera en el fondo del río.
Se instaló en el timón, pensando en la tarea que le esperaba para conseguir que llegaran sanos y salvos por ese gran río y en un bote inflable.
Bella estaba revisando la mochila. Edward sofocó una maldición cuando la vio sacar algo envuelto en un pañuelo y mirarlo con expresión intrigada. Abrió el pañuelo y el sol resplandeció en mil rayos rojos.
Bella lo miró.
-¡La Perla de Fuego! -exclamó-. ¡La encontraste!
Oh oh, me huelo problemas para Edward, jejejeje. Que opinan¿?
