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Derechos: Los personajes le pertenecen a S.M., quien es la que nos hace soñar con cada uno de ellos, cualquier otro personaje que no sea identificado, es totalmente mío, como la historia.
シ Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Capítulo beteado por Shades Ƹ̴Ӂ̴Ʒ シ
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Capítulo Final: Parte dos
Edward suspiró entregándome a la bebe, para caminar hasta el sillón inclinable donde ella se había sentado con sus brazos cruzados.
Eli comenzó a gimotear pidiendo comida, aun con los ojos clavados en Mía y Edward corrí la bata para darle el seno a la bebe, Mía alcanzo a ver eso y abrió la boca asombrada, cualquier cosa que su padre estuviera diciéndole quedo relegado a segundo lugar.
Se puso de pie y con lentos pasos camino hasta llegar a los pies de la cama, apoyó sus codos en el duro colchón, sin quitar el contacto con mis ojos.
— ¿Está comiendo?—la suave voz resonó en la habitación, asentí sonriéndole e hice un ademan con la mano para que se acerque.
Ella volvió a dar unos pasos para subir y ubicarse a mi lado para observar mejor a su hermana alimentarse.
Desde que había nacido Elizabeth hasta ese momento, no nos había dejado ver sus ojos, siempre los tenia cerrados, así este despierta pero en ese momento ella los abrió y sus oscuros, aun sin color definido, ojos se posaron en los de Mía; con el pezón en la boca, sonrió y Mía la imitó.
Con la yema de sus deditos, Mía recorrió el contorno de la carita de Eli, sin quitar el contacto en sus ojos, haciendo que ella se estremezca por el contacto.
— ¿Ella me quiere? —los ojito de mi nena lagrimearon.
— Sí. Y mucho —contesté tratando de que mi voz no se quiebre.
Hace mucho tiempo ella había dejado de ser la niña insegura que llegó a casa. Había dejado sus preguntas de "¿si me quiere o no me quiere?" pero hoy me di cuenta de que muy en el fondo, lo seguía siendo y que nosotros continuábamos trabajando en eso, con ahínco.
— ¿Yo también me alimentaba así?—preguntó con un hilo de voz.
— Sí —asentí mirando a Edward que estaba con una gran sonrisa en sus labios y sentado en el sillón donde había estado Mía—. Siempre te mantenía en mis brazos, te acunaba, te canta mientras tú tomabas la leche.
— ¿Tienes leche?—el asombro volvió a cruzar por sus ojos cuando asentí. — ¿Como las vacas?
— Sí, mi amor, como las vacas; cuando una mujer tiene un bebe produce leche para su alimentación. —le explique lo más simple y entendible que pude.
— Okay, mama vaca —bromeó Edward sentándose a mi otro lado, dejándome en el centro. — ¿Cómo estás?
— Feliz—acaricie su rasposa barba— ¿Dónde está mi hombrecito?
— Esme lo llevo a cambiar de ropa, estaba sucio —arrugo la nariz.
— Mami, la bebe huele feo —los tres arrugamos la nariz al percatamos que así era; nuestra Eli se había hecho.
Como los cobardes que eran, Edward y Mía dejaron la pañalera sobre la cama y salieron a "buscar" a Esme que estaba tardando.
Negué divertida mientras limpiaba el primer gran "regalo" que me había dado mi hija.
A veces me preguntaba si en vez de tener 3 hijos, tenía 4 con Edward.
Al cabo de media hora entró mi hombrecito en los brazos de Edward, con una gran sonrisa y su chupón en la boca; negué divertida porque supuestamente, él lo había dejado. De seguro, engatusó a alguien de la casa, ya que tenía la misma sonrisa ladeada que su padre.
Joe se dio cuenta que lo estaba mirando y retiró el chupón rápidamente de su boca, entregándoselo a Edward para removerse en los brazos de su padre para que lo ponga en el suelo. Salió corriendo en mi dirección, mirándome con sus ojitos aguados.
Así como Mía era la niña de papá, Joe era el niño de mamá. Siempre estaba conmigo y se ponía medio gruñón cuando Edward se acercaba a darme alguna clase de mimo.
Debería agregar que en ese aspecto Mía era muy madura, cuando yo me acerca a Edward a darle un beso o algo relacionado con los mimos, ella solo pone cara de asco y suelta un "guacala" para largarse a reír.
— ¡Mami! — chillo dando saltitos al pie de la cama con los brazos abiertos para que lo cogiera en brazos. Le hice una señal con el dedo índice sobre mi boca haciendo el sonido "shh" para que haga silencio, Eli recién se había dormido y con Edward habíamos descubierto que era un pecado despertarla.
— Ven campeón — Edward lo alzó y la colocó a mi lado en la cama. Mi pequeño hombrecito sonrió triunfante cuando estuvo entre mis brazos.
— ¿Te has portado bien? —pregunté, sabiendo que era un total terremoto y que lo que menos hacia era portarse bien.
— ¡Ship! —saltó mirándome con esos ojitos verdes delatadores. — Esme dio —señaló el chupón que Edward había dejado al lado de las cosas de la bebé.
— ¿Esme te lo dio? —entrecerré mis ojos, él se hundió a mi lado. Culpable—, Hablaré con Esme, quedamos que no mas chupones para ti. —toque su naricita haciendo que suelte una risilla. Era tan descarado que él no se iba a retractar de lo que había dicho, así amenazará con castigar a Esme. No lo iba a hacer.
Pasamos una bella tarde con los niños, quienes comieron nuggets de pollo, mientras yo me tenía que conformar con la sopa de pollo caliente que me había llevado Tanya. Al parecer la sopa era milagrosa, no solo con las gripas.
— Hola, cariño —Esme entro a la habitación con Carlisle pisándole los talones.
Los amaba tanto, no eran los típicos suegros que estaban encima de uno todo el tiempo, eran perfectos en todo y Esme siempre confiaba en mí en cada decisión, a pesar de tener 20 años y ser una "jovencita" como muchos me habían catalogado cuando fue el juicio de Renée, ellos me permitían llevar a mi familia como creía conveniente.
— Hola… —murmuré con lágrimas en los ojos.
Recordaba que cuando nacieron los mellizos, ni Rose vino a visitarme porque no me quería estar con su hermano; solamente éramos Edward y yo, luchando contra el mundo (como era nuestro dicho).
— ¡Es tan hermosa! —Carlisle se acercó a darle un par de palmadas en la espalda a Edward—. Se parece a Edward.
— ¡Lo importante es que esta sanita, ¿no?! —Esme le dio un manotón a Emmett que había entrado haciendo sus comentarios—. ¡Está bien! —Alzó las manos en forma de rendición—. Qué bueno. Bella, pusiste tu toque. ¿Imagínate a una niña igualita a Edward? —sacudió la cabeza teatralmente.
— ¡Tío, Emmett! —lo llamó Mía con una gran sonrisa. Ella había estado en el sillón más alejado de la sala observándonos detenidamente, Mientras Joe estaba con su dedo pulgar metido en su boca y a mi lado— ¿y Los chocolates? —se cruzó de brazos.
— No te los traje, princesa. Pero tengo algo mejor, conseguí que Ian venga con nosotros. —Y como sí se lo hubiera llamado, el niño entro de la mano de Rosalie, con un gran oso de peluche color rosado entre sus brazos.
Edward estaba que hervía, sería divertido ver eso. Me acomodé mejor en la cama, tomando a Eli que estaba gimoteando porque se levantó con el sonido de las voces.
— Son niños, hermano. No es como si se la vaya a comer —todos reímos, disimuladamente.
Pobre Mía el día que decida tener una cita, de verdad. Seguro, tendría que ponerme en medio para abogar por el muchacho.
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— Tu turno —le di un empujoncito a Edward en el hombro y volteé a seguir durmiendo.
Esta había sido nuestra vida desde hace un mes. Eli nos había demostrado tener su carácter. Si necesitaba un cambio o tenía hambre, todo el barrio, incluido mis niños, tenían que despertarse con sus gritos. Si quería unas 6 veces nos levantábamos de madrugada a causa de sus lloros, con Edward habíamos comenzado a turnarnos y sí era asunto de comida, él regresaba a la habitación con la niña.
— Mami, yo dije que no quería tener una hermana bebe. —Mía se sentó en la mesa vistiendo su uniforme.
— Cariño, ya nada se puede hacer —acaricié sus rizos, sirviéndole una bandeja con Frut loops, por lo menos un poco de azúcar les caería bien.
— No pude dormir. La próxima mándala al patio a dormir —frunció los labios antes de meterse una cucharada del cereal a la boca.
Edward iba bajando las escaleras con un Joe divertido sobre sus hombros, jalándole el cabello y sacudiéndose entre risas.
— Buenos días —saludo dándome un suave rose de labios, antes de girarse a besar la frente de Mía—. Saluda a mamá, grandote —puso a Joe en el suelo y este salió corriendo a abrazarme de las piernas.
— Benos días, ma —me agache un poco a su altura a besar su frente. Edward lo alzo para colocarlo en su silla donde lo esperaba el desayuno.
— Apresúrense, niños. Luego me echan del trabajo —todos nos sentamos en la mesa a comer nuestro desayuno.
Había extrañado tener la mañana solo de nosotros, no es que Tanya sea un estorbo, ella ha sido de buena ayuda pero siempre por las mañanas yo me ocupaba de mi familia, ya que muchas veces era el único momento del día que podíamos hacer algo juntos, muchas veces los niños se dormían antes de que Edward llegara a casa y otras Edward llegaba de madrugada porque tenía que hacer algún viaje a otro estado.
— ¿Papi, podemos tener un cachorrito? —Mía batió sus pestañas inocentemente. Edward me miró esperando alguna respuesta, asentí suspirando; les habíamos estado postergando el asunto del cachorro porque estaba embarazada, pero ahora estaba lista para aceptar un nuevo integrante.
— Bueno —Edward suspiró sonriendo—. Te recogeré en el instituto para ir a buscar a la perrera.
— ¿No podemos ir a un petshop?
Edward negó— Es mejor adquirir un perrito que necesita hogar, mi amor.
— ¿Por qué no adoptaron un bebé, en vez de fabricarlo? —Edward abrió desmesuradamente los ojos, mientras yo estaba planificando como torturar a Emmett, últimamente él tenía mucha influencia sobre los niños—. Así sabríamos si lloraba mucho o no.
Tosí un poco, disimulando la risa, era tan gracioso ver las caras que hacia Mía cuando estaba contrariada, y no era para menos. Ellos tenían que madrugar para ir al instituto.
— Demasiado tarde —murmuró Edward cambiándole el tema. Se limpió la boca con la servilleta antes de ponerse de pie— voy a lavarme la boca. Apúrense niños que después les cantan la canción de la tortuga. – los niños dejaron sus platos a un lado para levantarse junto a él y seguirlo hacia el baño.
Recogí un poco la cocina, amontonando los platos en el fregadero para que Tanya los lave, enjuague mis manos y caminé hacia la habitación de Eli, quien me estaba esperando con sus grandes ojos abiertos.
La sostuve entre mis brazos, me senté en la mecedora que esta al pie de la cuna para poder darle de amamantar.
— Nosotros nos vamos, amor —Edward me dio un suave beso en los labios y luego beso la frente de Eli—. llevaré a los niños a elegir el cachorro y luego al parque un poco.
— Chao, mami —Mía y Joe se acercaron a darme un beso.
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Hoy Mía cumplía 3 años y por primera vez en mucho tiempo no me afectaba la fecha, estaba completamente feliz y exhausta.
Preparar una fiesta a lo grande, exigido por el padre alcahuete número uno en el mundo, no era fácil. Y eso que la fiesta tenía lugar en el patio de juegos del instituto donde asistían mis bebes.
Elizabeth todo lo que encontraba a su alcance se llevaba a la boca; era una bolita que comía por cuatro, ahora el seno no la satisfacía y tenía que usar leche de fórmula para saciar el hambre de la bebé, sus ojos eran una combinación perfecta entre los de Edward y los míos, tenían un tono marrón claro con destellos verdes que se volvían oscuros cuando Mía se acerca a su padre y ella estaba en sus brazos.
Nunca me imaginé que tendría que pelear por un poco de atención de Edward cuando ambas estaban cerca. El pobre ya no sabía cómo dividirse, Mía lloraba, Elizabeth lloraba y Joe disfrutaba de ser el único en mi vida para reclamar mi completa atención.
A mí solo me tocaba esperar a las noches, así poder tenerlo para mi solita, aunque muchas veces sea para tocar la almohada con la cabeza, enredar sus brazos en mi cintura y dormir hasta el día siguiente.
Los globos de muchos colores chillones flotaban amarrados en las esquemas del jardín, meciéndose con el viento; los diversos platillos de bocadillos esparcidos en las mesas de los invitados; el telón para los títeres descansaba en un rincón esperando a ser utilizado para la función; el salta, salta que habíamos alquilado para los niños estaba inflado y se balanceaba de un lado a otro con el viento veraniego y la gran mesa decorada de Sally y Rayo Macqueen —personajes de cars— se expandía a todo lo ancho de un lateral.
— Llegaron los de la carita pintada —dijo Esme ingresando con el gran pastel, en forma de auto, en sus manos.
— Ahí voy —suspiré pasando la mano por mi cabello y aflojando un poco la coleta que estaba por provocarme una migraña— ¿Qué te parece? Creo que esta todo en orden.
— Esta todo perfecto, Bella. No te estreses —bufe. Todo el día había escuchado él "no te estreses" que me estresaba más.
— ¿Cuidas a Eli?—Esme asintió dejando el pastel sobre la mesa para ubicarse en la mesa donde estaba la silla vibratoria con Eli.
Camine hasta los baños que habían sido asignados para que los animadores se cambiaran de ropa, Tanya iba llegando con una gran sonrisa en los labios y un gran postre en sus manos.
— Hola, Bella —me saludo animadamente—. Dime en qué me necesitas.
— Tanya… te invite en calidad de invitada no para que vengas a trabajar —la reprendí, ella negó con la cabeza y se encamino hacia donde estaba Esme, sin hacerme caso, ya que apenas dejo el postre sobre la mesa se puso a recoger la poca basura que había hecho.
Volví a mi caminata hasta llegar a donde estaban los animadores, logre coordinarlos y explicarles lo que deseaba de ellos.
— Bella, vete a cambiar —Me apresuró Edward—. Los invitado están por llegar, yo me hago cargo de todo.
— ¿Y mi beso?—me dio un rápido beso en los labios.
— Esta noche tendrás más —susurro juguetonamente en mi oído antes de darme una rápida nalgada, lo mire con fingida indignación.
No sé qué era más horrible, atenerme a planificar una fiesta de la noche a la mañana o enfrentarme a una Alice hiperactiva por las hormonas del embarazo.
Apenas ingrese al aula donde estaban todos reunidos arreglándose fui atacada por las garras de mi querida cuñada y mi hermana.
Lograron vestirme con un jean tejano, una blusa escocesa roja con azul, me hicieron dos trenzas a los lados y pusieron un sobrero vaquero… ¡Esperen! Faltaron las botas negras planas y hasta media canilla. Ahora sí, completa.
La fiesta, tenía como temática la combinación entre Cars y Texas. Digamos que Mía estaba obsesionada con la vestimenta de Betty (personaje de "Toy Story").
Los invitados fueron llegando, muchos caballos de madera, sombreros vaqueros, pañuelos, camisetas escocesas, jeans tejanos se veían por todos lados.
Mía estaba preciosa con su camiseta de algodón, la cual tenía estampada una Sally con un sombrero vaquero, su pañuelo escocés amarrado en su cuello, sus dos trenzas y el sombrero.
Reía emocionada y educadamente recibía sus regalos para dejarlos en una mesa asignada a eso, Joe estaba en brazos de Edward dormido y Elizabeth la tenía Esme en su cochecito, al parecer dormida también.
En la fiesta hubo de todo, desde un pequeño cuento de unos niños vaqueros hasta concursos de quien era el mejor tejano.
Los niños se rieron, conversaron, comieron, jugaron e hicieron de las suyas.
En una mesa grande se habían ubicado todos: Esme, Carlisle, Emmett, Rosalie, Alice, Jasper, Tanya, Ben, Irina (la novia de Ben) y los niños… no, los niños no. Ellos estuvieron correteando por todos lados menos sentados.
La fiesta fue un total éxito, pero que solo la planificaría una vez en mi vida. Creo que existen los organizadores, ¿no?
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La segunda navidad, teníamos a tres terremotos saltando en nuestra cama. Habíamos decidido pasar las vacaciones todos juntos en la casa de Alice en Cambridge, ya que recién había tenido a su bebe.
Emmett y Rose no pudieron unirse a nosotros, ya que ella estaba en los días y le prohibieron los viajes, sin embargo los extrañábamos mucho.
— ¡Voy! ¡Voy! —Edward saltó de la cama para llevarse a los niños a la sala, mientras yo me vestía.
Baje las escaleras y todos estaban sentados alrededor del árbol, los niños dando pequeños saltitos en sus puestos, emocionados porque papá Noel había llevado una buena cantidad de regalos.
— ¡Apúrate, mama! —Oh, sí. Esta navidad teníamos a una entusiasmada Mía, nada en comparación con la pasada.
Apresuré mi paso y me senté al lado de Edward, Eli se tiró a mis brazos.
Jasper y Edward se encargaron de repartir los regalos, la mayoría era de los niños, quienes saltaban emocionados rasgando los papeles.
— ¡Mami, mira! —Mía no cabía de la emoción, Edward había conseguido, a última hora, un carro a batería, con el volante del lado derecho. Muy británico.
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Dos mujeres peleando por mi esposo, lo único que podía hacer era cruzarme de brazos y esperar a que terminaran de hacerlo.
Elizabeth, a pesar de tener un año, gruñía cuando Mía estaba cerca de Edward, pero Mía no se quedaba atrás... sí Elizabeth gruñía, ella mostraba los dientes como lo hacía baby cuando se acercaban a él en la hora de su comida.
— ¡Por favor, papá! —se quejó Mía tirando del pantalón de Edward—, Prometiste hacer la tarea conmigo.
—Mi amor, recién llego a casa. Déjame jugar un ratito con Eli —Edward le acarició los rizos tratando de mitigar el enojo de la niña.
— ¡Siempre, Elizabeth! —cruzo sus brazos a la altura del pecho, frunciendo los labios y las cejas. Oh, oh... el labio temblaba.
— ¿Vamos por torta de chocolate, Joe? —susurré a mi hijo que estaba sentado en mis piernas viendo la televisión. El niño asintió clavando sus grandes ojos verdes en mí... él también sabía lo que avecinaba.
— ¿Torta? ¿De chocolate? —oh, sí. Había escuchado lo último. La cara de Edward comenzó a cambiar de color, primero se puso pálido, tan pálido que pensé que en cualquier momento se desmayaría, luego el rojo fue tan intenso que creí que iba a explotar en alguna convulsión en cualquier momento— ¡Nooooo! ¿En serio, Bella? —asentí mordiéndome el labio.
No es mi culpa que tenga un esposo tan irresistible, que últimamente llegaba más temprano de lo normal a casa, a alborotarme las hormonas.
— ¡Noooo! —Gritó Alice desde el marco de la cocina— ¡Son unos…! ¿No pueden mantenerse sin los toqueteos?
— ¿Qué pasa, Alice? —Emmett entró con su bebé en sus brazos— Hasta afuera se escuchó tu grito.
— ¡Pasa que Bella está embarazada! —Todos voltearon a verme con sus ojos muy abiertos.
