hola hola jeje ke tal vamos?
espero ke suuupr jejeje
Disfruuten
Recuerden de que nada me pertenece. La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capítulo 21
—Ahora escúchame...—comenzó a decir, pero Bella puso los ojos en blanco y cayó redonda al suelo antes de que él pudiera moverse—. Cielo santo —el cuchillo cayó al suelo con estrépito, el bote rebotó sobre las baldosas y las aspirinas rodaron por todas partes. Edward tomó a Bella en brazos, la tumbó sobre la mesa y mojó un paño en el fregadero—.Vamos, Bella, vamos, cariño, despierta.
Le mojó la cara y le frotó las muñecas mientras se maldecía a sí mismo. ¿Por qué la había gritado de ese modo, estando tan débil?
Al ver que ella gemía y se removía, se llevó su mano floja a los labios.
—Eso es, despierta —ella abrió los ojos parpadeando mientras Edward le acariciaba el pelo—. No pasa nada, Bella. Tranquilízate.
—Va a matarme —sus ojos estaban abiertos, pero ciegos. Se aferró a la camisa de Edward, aterrorizada, intentando respirar—.Va a matarme.
—Nadie va a hacerte daño. Yo estoy aquí.
—Va a matarme. Tiene un cuchillo. Si me encuentra, me matará.
Él deseaba abrazarla, tranquilizarla, pero Bella confiaba en su ayuda. Intentando infundir firmeza a su voz, Edward le apartó los dedos de su camisa y le sujetó las manos.
—¿Quién tiene un cuchillo, Bella? ¿Quién va a matarte?
—Él... él... —podía verlo, casi podía verlo, la mano golpeando, el cuchillo centelleando una y otra vez—. Hay sangre por todas partes. Sangre por todas partes.
Tengo que alejarme de la sangre. El cuchillo... Los truenos...Tengo que huir.
Eedward la sujetó y habló con calma.
—¿Dónde estás? Dime dónde estás.
—En la oscuridad. No hay luz. Me matará. Tengo que huir.
—¿Huir adonde?
—A cualquier parte —jadeó ella—. A cualquier parte, lejos. Lejos. Si me encuentra...
—No va a encontrarte. Yo no lo permitiré —tomó con fuerza su cara entre las manos y la miró a los ojos—.Tranquilízate. Tranquilízate —si seguía jadeando de aquel modo, se desmayaría de nuevo—. Aquí estás a salvo. Conmigo estás a salvo. ¿Lo entiendes?
—Sí, sí —ella cerró los ojos y se estremeció violentamente—. Sí. Necesito aire. Por favor, necesito aire.
Edward la tomó en brazos y la llevó al jardín. Depositándola sobre una tumbona del patio, se sentó a su lado.
—Cálmate. Recuerda, aquí estás a salvo. Estás a salvo.
—Sí, está bien —ella procuró regular el aire que parecía querer estallar en sus pulmones—. Estoy bien.
No, no estaba bien, pensó él. Estaba pálida como una sábana, cubierta de sudor y temblorosa. Pero el recuerdo parecía a flor de piel, y él tenía que intentar atraparlo.
—Nadie va a hacerte daño. Aquí no puede pasarte nada. Intentar aferrarte a eso y procura decirme todo lo que recuerdes.
—Sólo recuerdo retazos —intentó respirar sobreponiéndose a la presión que notaba en el pecho—Cuando te vi con el cuchillo... —el miedo se apoderó de nuevo de ella.
—Te asustaste. Lo siento —Edward le agarró las manos y se las apretó—.Yo nunca te haría daño.
—Lo sé —Bella cerró los ojos otra vez y dejó que el sol le calentara los párpados—. Había un cuchillo. Con la hoja larga y curvada. Un cuchillo muy bonito. Con la empuñadura de asta labrada. Lo he visto antes… Quizás incluso lo haya tocado.
— ¿Dónde estabas?
—No lo sé. Se oían voces, gritos. No entendía lo que decían. Era como el océano, todo ruido, un rugido violento —se tapó los oídos con las manos como si pudiera bloquear aquel ruido—. Luego había sangre, sangre por todas partes. Por todo el suelo.
— ¿Qué clase de suelo?
—Una alfombra, una alfombra gris. Los relámpagos brillaban, y el cuchillo también.
— ¿Había una ventana? ¿Veías los relámpagos a través de una ventana?
—Sí, creo que sí... —se estremeció de nuevo, y la escena que intentaba reconstruir en su memoria quedó en blanco—. De pronto todo se queda a oscuras y yo tengo que huir. Tengo que esconderme.
— ¿Dónde te escondes?
—Es un sitio muy pequeño. No parece una habitación. Si él me ve, estaré atrapada. Tiene el cuchillo. Puedo verlo, su mano en la empuñadura. Está muy cerca, si se da la vuelta...
—Háblame de su mano —dijo Edward, interrumpiéndola suavemente—, ¿Cómo es su mano, Bella?
—Está oscuro, muy oscuro, pero de pronto se ven estallidos de luz. La luz casi me alcanza. Él sujeta el cuchillo. Tiene los nudillos blancos. Tiene sangre en las manos. En el anillo.
—¿Cómo es el anillo, Bella? —Edward la miraba intensamente, pero su voz se mantenía en calma—. ¿Cómo es?
—Es una banda gruesa de oro macizo. Oro amarillo. En el centro lleva un rubí cabujón, y a los dos pequeños diamantes tallados en forma de brillante. Y unas iniciales. Una T y una S estilizadas. Los diamantes están manchados de sangre. Está muy cerca, muy cerca. Puedo olerlo. Si mira hacia abajo... Si mira hacia abajo y me ve... Me matará, me hará pedazos, si me encuentra...
—No te encontró —Edward la abrazó, incapaz de soportar aquello por más tiempo—.Te escapaste. ¿Cómo conseguiste escapar, Bella?
—No lo sé —el alivio que sentía era tan intenso... los brazos de Edward rodeándola, el sol calentándole la espalda, la mejilla de Edward apretada contra su pelo... que sentía ganas de llorar—. No lo recuerdo.
—No importa. Ya es suficiente por ahora.
—Puede que matara a ese hombre —se echó hacia atrás y miró el rostro de Edward—. Puede que lo matara con la pistola que llevaba en el bolso.
—La pistola tenía el cargador lleno, Bella.
—Puede que la recargara.
—Cariño, si quieres que te diga la verdad, no creo que sepas cómo hacerlo.
—Pero ¿y si...?
—Y, si lo hiciste—Edward la agarró de los hombros y la zarandeó suavemente—, fue en defensa propia. Ese hombre iba armado y tú estabas aterrorizada. Lo que hicieras, fuera lo que fuese, estuvo bien.
Bella se retiró de Edward y miró, más allá de las flores y de los viejos y frondosos árboles, la pulcra valla del jardín.
—¿Qué clase de persona soy? Tal vez vi cómo mataban a alguien y no hice nada por impedirlo.
—Sé razonable, Bella. ¿Qué podías haber hecho?
—Algo, lo que fuera —murmuró ella—. No fui a llamar por teléfono, ni acudí a la policía. Sólo hui.
—Si no lo hubieras hecho, ahora estarías muerta —dijo él, y notó por la mueca de Bella que su voz había sonado demasiado áspera—. Pero estás viva, y poco a poco averiguaremos qué ha pasado —Edward se levantó y se alejó para no ceder a la tentación de abrazarla—. Estabas en un edificio, en una habitación con alfombra gris, seguramente junto a una ventana. Hubo una discusión, alguien sacó un cuchillo y lo usó. Sus iniciales podrían ser T.S. Te persiguió y todo estaba oscuro. Es muy probable que hubiera un apagón y el edificio quedara a oscuras. Algunos barrios de la parte noroeste de la ciudad estuvieron varias horas sin luz la noche antes de que me contrataras. Podemos ir a mirar allí. Está claro que conocías el edificio lo suficiente como para encontrar un escondite. Yo diría que era un lugar que conocías muy bien. Un lugar donde vives o trabajas —se dio la vuelta y notó que Bella lo estaba observando atentamente. Habían dejado de temblarle las manos y las tenía apoyadas sobre el regazo—. Puedo comprobar si hubo algún apuñalamiento esa noche, aunque no he visto nada en la prensa.
—Pero fue hace días. Alguien debe de haber encontrado el... el cuerpo, si es que lo había.
—Quizá no, si fue en una casa particular o en una oficina que cerraba por el puente. Si hubiera habido alguien más allí cuando ocurrió, seguramente habría informado a la policía. Lo más probable es que estuvieras sola —se le encogió el estómago al pensarlo: Bella sola en la oscuridad con un asesino—. La tormenta empezó después de las diez.
Todo aquello parecía lógico, y el simple paso de la teoría a los hechos fehacientes tranquilizó en parte a Bella.
— ¿Qué hacemos ahora?
—Daremos vueltas por la zona del apagón, empezando por el hotel donde te alojaste.
—No recuerdo cómo llegué al hotel, si fui en coche o a pie.
—Tuvo que ser a pie, en metro o en autobús. Ya he llamado a las compañías de taxis. Esa noche no hubo ningún taxi que dejara a un cliente en un radio de tres manzanas alrededor del hotel. Vamos a partir de la idea de que ibas a pie, estabas aturdida y demasiado conmocionada como para pensar en meterte en un autobús, y, dado que el metro sólo funciona hasta medianoche, el margen es muy reducido.
Ella asintió y se miró las manos.
—Siento haberte gritado antes. No te lo mereces, después de todo lo que has hecho por mí.
—Sí que me lo merecía —él se metió las manos en los bolsillos—. Me niego a admitir el término «encabronado», pero reconozco que estaba un poco enfadado —Edward vio con satisfacción que los labios de Bella se curvaban en una vacilante sonrisa.
—Supongo que los dos lo estábamos. ¿Te he hecho daño al tirarte de la hamaca?
—Sólo en mi orgullo —él ladeó la cabeza con cierta arrogancia que se reflejaba también en el brillo de sus ojos—.Y en la pista de baile no intenté seducirte, Bella. Te seduje.
El pulso de Bella se aceleró levemente. Edward estaba tan guapo allí parado, bajo el sol brillante de la mañana, con el pelo revuelto y una sonrisa arrogante que desvelaba los hoyuelos de sus mejillas, que a cualquier mujer se le habría hecho la boca agua, pensó Bella .Y, además, estaba segura de que él lo sabía.
—Tu orgullo parece estar en perfecto estado.
—Podemos volver a probar, si quieres.
Ella sintió un hormigueo en el estómago al pensarlo, pero logró componer una sonrisa.
—Me alegro de que ya no estés enfadado conmigo. Creo que no se me dan muy bien los conflictos.
Él se frotó el codo que se había arañado en la caída.
—Pues a mí me parece que te las arreglas muy bien. Voy a recoger un poco todo esto. Luego iremos a dar un paseo.
Había tantas clases de edificios, pensó Bella mientras daban vueltas en coche por la ciudad. Viejos, nuevos, hileras de casas ruinosas y mansiones reformadas, altos edificios de oficinas y casas ocupadas...
¿Se había fijado alguna vez antes en la ciudad?, se preguntaba. Los muros de piedra en declive, los árboles que brotaban de las aceras. Los autobuses con frenos neumáticos que resoplaban y gemían. ¿Siempre había tanta humedad en julio? En verano, ¿era siempre el cielo de color papel? ¿Y siempre había flores tan lustrosas en los lugares públicos, agrupadas alrededor de las estatuas y a lo largo de las calles? ¿Había comprado ella en alguna de aquellas tiendas o comido en aquellos restaurantes?
Los árboles flanqueaban las calles, altos y majestuosos, de modo que parecían estar cruzando un parque en vez de una ciudad populosa.
—Es como si lo viera todo por primera vez —murmuró ella—. Lo siento.
—No importa. Puede que reconozcas algo o puede que no.
Pasaron frente a hermosas mansiones antiguas de ladrillo y granito y dejaron atrás otra hilera de boutiques elegantes. De pronto, Bella dejó escapar un leve gemido y Edward pisó el freno.
— ¿Has visto algo?
Sera ke Bella reconocio algo? jummmm jejeje kieren saber ke es?
Bueno dejenme algunos reviews y les digo jeje
byeee
