Capítulo 20: "Temas delicados"

P.O.V. Bella

Mi voz estaba casi inaudible. Mis ojos amenazaban por derramar lágrimas contenidas desde el momento de qué abracé a Harry aquella noche donde confirmamos qué mamá y papá habían vuelto.

Cuando le dirigí la palabra a Fleur, mi voz sonó casi rota.

Desde qué le había dicho a Fleur y a Bill qué estaba embarazada, el silencio se volvió incomodo.

-¿Qué? – dijo con un hilo de voz la anfitriona, Fleur. Asentí, confirmándolo nuevamente. – eh... bueno... voy a pgepagag las habitaciones y listo.

-eh... –dijo mi papá, dudando. - ¿Nos podrían dar una habitación para hablar en privado con mi esposa e hijos?

-Pog supuesto, -dijo ella. – síganme, pog favog.

Harry, mamá, papá y yo, nos levantamos y seguimos a Fleur.

Subimos las escaleras, y nos hizo entrar en una habitación con un ventanal. Daba mucha luz y no le había prestado atención a cómo era el cuarto. Me limité a sentarme en una silla.

El silencio se hizo de nuevo. Y esta vez no pude soportarlo. Mis lágrimas descendieron, cómo un rio.

-Bell`s... – susurró Harry cargándome y consolándome. –ya... por favor... deja de llorar, hermanita... – al ver qué no le contestaba, me tomó el rostro, y me obligó a mirarlo a sus ojos color verde esmeralda hipnotizante. – Dime algo... por favor... – sus ojos mostraban una desesperación y una preocupación tan profunda...

Cerré mis ojos para no verlos.

-quiero irme... – dije entrecortadamente. – quiero irme lejos... quiero estar en paz... con E-E-Edward... – lloriqueé. – quiero estar sentada en el sillón de la sala de la mansión de los Cullen y estar planificando mi boda, Harry... pero no puedo sola, hermano...

-ya sé qué no puedes sola, hermanita... –dijo mi hermano. Mis ojos seguían cerrados.

Unas manos suaves y delicadas se posaron en mi cabeza, junto a otra qué estaba en mi hombro.

-No estás sola, hija... - dijo la voz de mi papá. Abrí los ojos para dirigirme a mis padres.

Instintivamente, abracé a mi padre, y me desahogué.

-No saben cuanta falta me hacían... – les dije entrecortadamente, dirigiéndome a mamá y a papá.

Había llorado tanto, qu no me di cuenta cuando me dormí.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Los rayos del sol que se colaban por la ventana, apuntaron a mi rostro haciendo que apretara mis parpados con más fuerza. Me removí un poco en la cama, y sentí unas manos cálidas y un poco toscas sobre mi cabeza. Abrí un ojo, y parpadeé.

Un par de ojos color avellana me miraban con ternura y preocupación. Hubo, también, un sentimiento más, qué no logré identificar.

-papá... – susurré con voz apagada. Me sonrió con cariño. - ¿Y Harry? – le pregunté.

-con tu madre. – me contestó. – para mí, quiere qué lo mime lo qué no pudo mimarle durante estos últimos dieciséis años. – me reí.

-pues en todo caso... – le dije con una sonrisa y un poco más despierta. – quiero qué hagas lo mismo. – me sonrió paternalmente y me abrazó, protegiéndome.

-sabes qué tenemos qué hablar, ¿No, Bella? – dijo por lo bajo. Su voz sonaba seria.

-lo sé... – musité. Una imagen se me cruzó por la cabeza: La de Edward. Me desesperé. Y papá lo notó. Sentí qué iba a hablar, pero no lo dejé. - ¿Qué hago? – busqué los ojos avellanados. Me miraban con preocupación. - ¿Qué le digo a Edward? ¿Y si dice qué es peligroso? – cada pregunta qué decía, me alteraba más de lo que ya estaba. – ay, papá... – le dije. – no sé qué hacer...

Cuando volví a fijar la vista a mi papá, su cara reflejaba preocupación y entendimiento.

-no te preocupes, hija. – me consoló abrazándome nuevamente. – tengo un plan.

primero: debo hablar con Bill para que Edwin – le di un codazo. –está bien, está bien, está bien, EDWARD – le sonreí. – para qué tu noviecito venga al refugio.

segundo: hablo con él junto a tu hermano, ¿OK? – asentí. – le explicamos todos los detalles. ¿Le pregunto si viene con nosotros a Forks?

En ese tema titubé un poco, pero asentí. No podía ser capaz de irme sin Edward y más, esperando un hijo suyo.

-bien... –continuó el Merodeador, mi padre. – tu madre, cuando esté hablando con el susodicho, se quedará contigo. – fruncí el seño, pero no repliqué nada. – al igual que los demás. Esto es una charla de Potter a...

-Cullen – le dije con una sonrisa. Me había olvidado qué no sabía el apellido de Edward y los demás.

-Cullen, bien. – dijo mi progenitor. - ... de Potter/Potter a Cullen... después, sea cual sea la respuesta de él, nos vamos por traslador a casa de Charlie... – al decir el nombre de mi tío, suspiró. – Hace mucho qué no lo veo, decime – cambió de tema. - ¿Cómo fue convivir con él?

Me reí, recordando qué la cocina no era su fuerte, pero me apresure a contestar su pregunta.

-digamos qué era cómo vivir sola... – papá me cortó.

-¿Vivir sola? – me preguntó con una ceja alzada. -¿no está casado con Reneé Higginbotham? ¿O se separó?

-no – dije rotundamente. En ese momento, la puerta se abrió. De la mencionada, se asomaron dos pares de ojos verde esmeralda idénticos. Sonreí junto a mi papá. - ¿Vienen a ver cómo papá cotillea conmigo con tío Charlie? – abrieron los ojos asombrados, para después, negar rápidamente.

-sí, claro – saltó papá. – si Lily era igual de metiche (perdóname, Lils, pero es cierto) cuando íbamos a Hogwarts junto con Belle, Alice y Darcy. – después, se echó a reír. De a poco, mamá, se iba acercando a papá con los ojos entrecerrados.

-James Charlus Potter – dijo lentamente. – Alias Cornamenta. – el susodicho, la miró con cara atemorizada. Súbitamente, mamá, sonrió. Se acercó a papá, y le besó en la mejilla. El pobre suspiró aliviado.

-¡Auch! – se quejó papá sobándose la nuca. - ¿Y eso porque, Evans? – dijo con añoranza.

-por hablar de lo qué no sabes.

-Bien. –Dijo Harry hablando por primera vez en el día (para mí) - ¿no estábamos hablando de tío Charlie?

-¡Cierto! –saltó papá, asustando a mamá, qué estaba al lado. – lo siento, Lils. – la aludida se encogió de hombros. – bueno... ¿Por dónde iba, Bella?

-Tío Charlie sigue casado con Tía Reneé. – le expliqué a papá. – Solo que la tía tubo que ocultarse un tiempo para qué la fachada qué inventó Dumbledore, qué a tía Reneé no le gustaba Forks, sea más creíble... – me detuve a pensar. – supongo qué el hechizo qué hizo Dumbledore se disipó, así qué todo Forks creyó qué tía Reneé, estaba de viaje. – finalicé. – por eso era qué parecía vivir sola. Tío Charlie se la pasaba en la comisaría para no pensar en la tía Reneé y disminuir su añoranza por tenerla a su lado... ¡Ah! –dije de repente. – Ti Charlie me comento qué cuando terminase la guerra se venía para Londres otra vez.

Papá, mamá y Harry sonrieron.

-Eh... ¿Bella? – preguntó Harry. Dirigí mi mirada a él. -¿Puedo hablar contigo?- Asentí.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Finalicé de escribir la carta para Lunático, siendo fría, explicándole todo, sin saltear ningún detalle, lo qué pasó desde la boda de Bill y Fleur, hasta ahora.

Lo qué más le expliqué fue lo de mamá y papá, y diciendo qué no vengan (Sirius y él) hasta nuevo aviso.

Estaba pensando en lo qué me dijo Harry cuando me llamó aparte, cuando mamá entró en la pieza con tres hojas en la mano.

-toma, Bella. – me tendió las hojas. Fruncí el seño. – para Sirius y Remus. – me dijo al ver mi expresión. Asentí. – una es de tu padre, otra es mía, para qué crean. La otra es para Edward, explicándole lo qué sucede, con la letra de Harry. Ponlas en el sobre y después lo cierras.- finalizó. – te vengo a buscar luego. Falta poco para qué Bill regrese. – y cruzó la puerta.

Suspiré.

Me quedé pensando en Harry y lo qué Voldemort le había mostrado.

Cómo asesino a mis padres.

Ahora, Harry tenía una razón más para matar a Voldemort.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

- ¡Bella! – gritó Harry. - ¡Bajá qué volvió Bill! – me tensé. Esto se me iba a ser largo.

Baje con cuidado a la planta baja. Cada vez me sentía más nerviosa. Necesitaba tranquilizarme. Le podía afectar a mi bebé. Y yo no quería eso.

-Bella – dijo la voz de Bill cuando lo miré. - ¿Qué necesitabas?

Le tendí el sobre.

-son varias cartas qué tienes qué entregar, primero, Lupin. – le dije seria. – es importante. Cada una tiene un nombre. Dile a Sirius y a Lupin qué respeten la privacidad de uno. Dile qué lo mando yo. – asintió. – Y... – le dije unas palabras en francés para él. Sabía que Edward me entendería... Y Bill también. Así conquistó a Fleur. Yo sabía francés porque tomé clases avanzadas. – y díselo en ese idioma. Sólo él sabe hablarlo de los siete. Y qué venga Edward y Carlisle solamente... por si quiere salir de dudas.

Asintió. Se dirigió hacia la puerta, y cerré los ojos.

-¿Comemos? – preguntó Fleur. Mi estómago rugió. Todos entendieron, entre risas, qué sí.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Me había dormido en el sillón y me había despertado en la cama de la habitación qué usaba.

Me moví, y sentí pasos.

-Shh... – dijo la voz de mamá. – Edward ya llegó. – me explicó. Abrí los ojos. – está hablando con tu padre y tu hermano, al igual qué Carlisle. Puse un hechizo imperturbable con tu varita y sellé la puerta con magia... tranquila, hija mía... todo va a estar bien... – de pronto, empezó a cantar.

La melodía era conocida, pero no sabía de dónde.

Con la voz melodiosa de mi madre, me dormí nuevamente.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Sentí una mano fría tocando mi mejilla, mientras sentía mi cuerpo relajante.

Ese tacto lo conocía. Lo sentía todas las noches en Forks. Y me era tan conocido qué me sabía de memoria su piel dura y fría, pero cálida a la vez.

-Edward... –susurré sin abrir los ojos. Llevé mi mano hacia la de él y la apreté.

-Duerme, mi Bella... – dijo él con voz neutra. – duerme de nuevo...

- no quiero... – le dije abriendo mis ojos y mirándole.

Su semblante era de tortura, frustración, preocupación y melancolía.

-...quiero qué hablemos – le dije con una mano en su mejilla y la otra en su mano.

-no hay nada de qué hablar, Bella... – dijo antes de suspirar.- tu hermano me lo explicó todo con tu padre... – una diminuta sonrisa apareció en su rostro. – cuando leí la carta de tu hermano... creí qué me estaba muriendo... una mujer no-mágica hubiera muerto en un mes... – dijo torturado. –sin embargo... Carlisle cree qué tu condición de bruja ayuda a la gestación del bebé – cuando dijo bebé mi cara estaba un poco más relajada. Tomé la mano de Edward con la mía y la apreté. – No te imaginas lo aterrado qué estaba al enterarme... – dijo sacudiendo la cabeza.

-¿puedes... – empecé después de un silencio. – llamar a Carlisle? Tengo una duda.

Asintió. Se levantó de la cama y cruzó la puerta.

Segundos después, Edward entraba con el ya mencionado a la habitación. Le sonreí, a la vez qué él me devolvía la sonrisa.

-Dime Bella. – me dijo sin borrar la sonrisa.

-pues... veras. – dije un poco dubitativa. - ¿Has conocido un caso a relación de todo esto? – él, enseguida, interpretó qué le había preguntado si había pasado qué una humana estuviese embarazada de un vampiro.

-si... – susurró. – en Brasil... lo único que sé es qué la madre no sobrevivió... y el embarazo duró alrededor de un mes... – al ver mi cara de terror añadió rápidamente. – claro qué... tú, siendo bruja, no sufrirás los mismos efectos.

-eso lo sabía... – dije más tranquila.

-nunca supe qué nuestra especie pueda ser capaz de procrear... al planteármelo, creí qué tendríamos qué volver a ser humanos para hacerlo. Pero cómo ves, no podemos volver hacia atrás.

-Por desgracia. – terció Edward. – no me gustaría nunca qué tú pases el dolor qué pasé yo en la transformación... pero hicimos un trato. – luego de eso, Sonrió. Me reí.

-me pregunto si puedes morirte tomando un vaso de filtro de muertos en vida... – le dije a medo broma a medio pensando. El levantó una ceja. – es un filtro qué si lo bebes, te hace dormir y, de apoco, te mueres. – expliqué con sencillez. El me miró asombrado. De repente, se me había acomodado una pieza, como si fuese un rompecabezas. Me golpeé en la frente a tal pensamiento. Carlisle y Edward me miraban desconcertados. ¿Y si realizo unos cambios en la poción? ¿Se podrá? - ¿Cómo no se me ocurrió antes? ¡Por los calzones de Merlín! – grité. De seguro mi grito lo escucharon los demás.

Escuché pasos acelerados y, por la puerta, aparecieron mamá, papá y Harry.

-¡Bella! – dijo papá. - ¿Cómo qué "¡Por los calzones de Merlín! – rió. - ¿Qué pasó?

-Eh... – dije sin poder explicarlo. - ¿Alguien tiene el libro de Elaboración de pociones avanzadas? – pregunté sin contestar a la pregunta de mi padre. Harry frunció el seño.

-¿Para qué lo quieres? – dijo un tanto molesto.

-necesito los ingredientes del filtro de muertos en vida. – Harry arqueó una ceja. Parecía aún más confuso. Mi madre se fue y volvió al cabo de unos segundos con el libro. – Gracias, ma. – le dije con una sonrisa.- uh... ¿Pluma y pergamino? – pregunté con una vocecilla. Papá transformó dos objetos en lo qué pedí. – gracias.

Me fijé en los ingredientes.

1-Asfófelo

2-Ajenjo

3-Raíces de Valeriana

4-Judías soporíferas

-esto va a ser difícil... – murmuré yo.

-¿Que intentas hacer, Bella? – preguntó mamá.

-veras, ma... – le dije yo. – se me ocurrió experimentar con esta poción y... creo tener la solución al problema inmortal. – le sonreí a Edward. Él me miró a los ojos, y entendió. Suspiró y me besó la coronilla. Vi qué sonreía.

-y... – dijo mamá, qué era la única qué me entendía. - ¿Cuál serían esos ingredientes?

Suspiré.

-Serían las mismas instrucciones para hacer el filtro de muerte... – le expliqué. – pero con distintos ingredientes... a excepción de uno... – dije mirando la lista. – entonces sería:

Raíces de Valeriana, Sangre de unicornio, Miel pura, Pétalos de fresias, Sangre humana.

Expliqué todo despacio. Al parecer, mamá entendía cada función de los ingredientes.

-¿S-sangre? – dijo Carlisle. Asentí.

-tanto humana cómo de unicornio. – afirmé. – y estoy casi segura de qué esa poción, les devolverá su humanidad. – anuncié con una sonrisa.

Los qué se enteraron recién de la poción qué iba a intentar hacer, abrieron desmesuradamente los ojos.

-te ganas mi respeto si consigues qué los Cullen se vuelvan humanos, Isabella Lilian Potter. – dijo papá desencajado.

Me reí cantarinamente.

-pues, supongo, papá, - le dije con una sonrisa divertida. – qué haré todo el esfuerzo... ya... quiten esas caras. – les dije a Carlisle y a Edward. – Edward...

Pestañeó desconcertado, y me miró.

-¿estas... – dijo sin dar crédito a lo qué había escuchado de mi boca momentos atrás. – ¿Estás hablando enserio, Bella?

-estoy hablando enserio. – le dije adaptando mi rostro a mi tono de voz. – Es más, -añadí. - ¿Puedes analizarlo, mamá? – la miré.

-por supuesto, hija. – dijo acercándose a mí. Se sentó al lado mío, y tomó mi mano derecha con cariño. Suspiró. – no sabes cuanta falta me hacías, mi niña.

De repente, olía a quemado. Respiré y, conociendo inmediatamente lo qué pasaba, reconocí enseguida el olor a comida quemada.

Me levanté de un salto y me dirigí hacia la cocina.

Bill estaba tratando de quitar el humo de una olla. Me espanté.

-¡WILLIAM ARTHUR WEASLEY! – grité como loca detrás de él. El se giró, con cara de desconcertó.

-nunca, si eres un hombre sin experiencia, cocines con una mujer. – le oí decir a mi papá. – y más, si es pelirro... ¡Auch! – se quejó. - ¿Y eso, mi peli-peli? – preguntó.

-¡Cállate, James! – dijo mamá. Pude oír la risita de Harry.

-¡TÚ TAMBIEN! – le recriminé. - ¡IGUAL QUÉ RON! ¡DEJA LA COCINA PARA LAS MUJERES! – lo aparté de la hornalla con un movimiento brusco. – y ay de ti, hermano, de soltar un comentario respecto a mi... qué tú tienes un carácter igual... solo qué, gracias a dios, qué sabes cocinar.

-¿Sabes cocinar, Harry? – preguntó mamá, extrañada.

-échale la culpa a tía Petunia, madre.- dije tranquilizándome. – obligaba a Harry a cocinar para la morsa de Vernon y al cerdo de Dudley.

-¡Lily! – dijo mi hermano. Lo miré, y levanté una ceja. - ¡Cállate ya! – le sonreí inocentemente.

-¡Auuuuuu! ¡Lils! ¡Mi hombroooo! – aulló papá. Lo miré. Tenía cara de dolor. Entonces, reparé en su hombro, y entendí. Mamá se lo estaba apretando, por lo furiosa qué estaba.

-¿Que Petunia QUÉ? – preguntó agarrando furiosamente la varita y el hombro de papá.

-Gracias, Isabella Marie Lillian. – me espetó furioso. – Pero... – dijo bajando la voz al ver la mirada de mamá dirigida hacia él. - ¿No podemos centrarnos en otra cosa? – Preguntó cambiando totalmente de tema - ¿Van a irse o no?

Pestañé, atónita. Miré a mi prometido en busca de una respuesta o solución.

-tengo una duda respecto a ESE día, hermano. – le dije yo señalando a mamá y a papá.

-¿Si, Libel? – dijo él.

-exactamente, ¿Qué viste cuando Hermione hizo el hechizo?

-uh... – dijo dudando. Entrecerré los ojos. – vi... vi un aura azul rodeándote, ¿Por qué?

-nada... – le dije quitándole importancia. ¿Será por colores? Lo averiguaría después. – no es nada...

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

-¿están todos sosteniendo el traslador? – preguntó Bill después de qué Harry se desapareciera junto con Ron y Hermione con una llorosa despedida de parte de mamá y mía.

En el traslador, íbamos mamá, papá, Edward, Carlisle y yo. Carlisle volvería después.

Habíamos planeado ir, primero, a casa de tío Charlie. Harry le había mandado una lechuza horas antes de este momento. Después, pasaríamos a la mansión Cullen, que era más espaciosa.

A segundos de aparecernos cerca de la casa de tío Charlie, tragué saliva.

No me iba a gustar la sensación del traslador. Sabía las consecuencias.

-Si...- dijimos todos. Después, le seguí yo. – no me va a gustar la sensación, y mucho menos, después de aparecer allá. – hice una mueca.

-Tranquila, mini-Lily – dijo papá con una sonrisa. – te ayudaremos, ¿No? Por algo estamos acá.

Le sonreí.

Fijé mi vista de nuevo a la plancha de enchufe. Estaba titilando luz azul.

Instintivamente, cerré los ojos, y luego, un tirón de ombligo hacia delante, hasta despegar mis pies de la tierra de El Refugio.