Nota: Cómo siempre, sus reviews son geniales y los agradezco de todo corazón. Aquí les dejo un capi nuevo, espero que no me maten por cómo termina jejejej. Cuídense, les envío muchos BESOTES!.
Crónica 18
Furia y Crueldad. La cuenta regresiva comienza.
El dolor era simplemente insoportable. Aunado a eso estaban los recuerdos pugnando por mostrarse ante sus ojos y su débil deseo de verlos, de superarlos, aplastado por su instinto gritándole que la situación podía ponerse mucho peor.
-¡Shun….!
Zoe lo llamaba, podía sentir perfectamente el miedo en la voz de la pelinegra, sus manos lo tomaban débilmente del brazo. El resto estaba parado, rodeándolo. No sentía a Hyoga por ninguna parte, pero tampoco podía levantarse, el dolor no lo dejaba y esas energías seguían resonando constantemente.
De pronto, para empeorarlo, los cosmos de los restantes diez Ángeles se encendieron involuntariamente, respondiendo a aquellas doce luces doradas e intensificando la resonancia.
-¡Basta!-gritó Shun, llevándose las manos a la cabeza.
-¿Qué está pasando?-preguntó Solange.
-Nuestros cosmos están respondiendo a esas energías, aunque aquellas parecen mucho más poderosas-respondió Selene.
Ella y Hyoga eran los únicos que parecían conservar la calma. En Mithrandir todos los ojos estaban enfocados en el cielo nublado y oscurecido, las nubes se arremolinaban alrededor de las columnas de luz, brindando un espectáculo casi espeluznante.
-Selene ¿Puedes hacer algo con Shun?- preguntó Hyoga.
-Puedo bloquear sus recuerdos, pero serán sólo unos minutos.
-Hazlo. Gabriel, llama a la torre de vigilancia del distrito trece, que confirmen si esas coordenadas corresponden a Atenas, Grecia-ordenó.
-Entiendo-respondió Gabriel.
-Adrian y Alain, llamen al hangar, que preparen los aviones, los seis. Ustedes tres, avisen a cada equipo de apoyo que transmitan el mensaje por los altavoces: Conserven la calma, no corremos peligro. Manténgase dentro de sus casas.
Las tres chicas, Solange, Esmeralda y Hannabi, asintieron y salieron corriendo a ejecutar sus órdenes. Hyoga volvió a mirar hacia la distancia, realmente no estaba seguro de que no corrieran peligro, no entendía por qué esas fuentes de luz despertaban de pronto, pero ya varias teorías nacían en su mente.
Aparentemente, aquellas doce no seguirían esperando a que él se armara de valor y las buscara, porque algo en su cosmos agitado le gritaba que debía ir inmediatamente.
Y estaba en lo cierto.
En Canadá, la orden ya estaba dada hacía un par de días atrás: Revisar y traer absolutamente todo lo que pareciera importante del Santuario de Athena.
Ahora, sin saberlo, los Ángeles estaban en una carrera a contra reloj por ver quién llegaba primero.
Finalmente, Selene logró bloquear los recuerdos de Shun, pero el dolor era tan grande que perdió la conciencia, cayendo así en brazos de Zoe.
-Tenemos que llevarlo hacia el distrito trece-dijo Selene.
En ese momento, Gabriel llegó con una de las camionetas que los había llevado hasta allá, mientras el resto ya se había movilizado por órdenes de Hyoga.
-¡Vámonos!
El rubio tomó a Shun entre sus brazos y dejó pasar a Zoe y Selene, para luego acostar al peliverde en el asiento trasero, junto a ellas. Cerró la puerta y se sentó en el espacio del copiloto, mientras Gabriel aceleraba a fondo y salía disparado por la superficie irregular de aquel terreno baldío.
-¿Qué demonios está pasando?-exclamó Gabriel.
-Son las armaduras doradas. Las doce armaduras de Athena.
-¿Por qué hacen eso? ¡Siento que tenemos que correr hacia ellas!
-Yo siento lo mismo, no sé qué está pasando, pero tenemos que ir-dijo Hyoga.
-Eso no es lo único que siento, Hyoga, no sé si será una locura, pero…
-¿Qué pasa?
-Siento como si una de esas columnas me llama. Es tan fuerte…
-¿Y ustedes sienten lo mismo?
Selene y Zoe asintieron al mismo tiempo. Hyoga volvió a mirar al frente, sintiendo como cada músculo de su cuerpo se tensaba cuando una de sus teorías tomaba más y más fuerza.
Al llegar a las puertas del distrito trece, los que iban en la camioneta escucharon las voces de Solange, Esmeralda y Hannabi, repitiendo el mensaje de Hyoga por medio de los altavoces. Sin embargo, podían escucharse a través de las murallas los murmullos de la población inquieta y asustada y los equipos de apoyo tratando de calmarlos.
Pocos minutos después, Hyoga salió de la habitación donde había dejado a Shun, quien seguía inconsciente. El resto de los Ángeles, Misha y Mikael, el primer senescal, estaban afuera esperándolo. Zoe quería estar con él, pero sentía que la situación era, por ahora, más importante.
-Ya debería haber despertado. Pienso que es ese mecanismo del Shinigami que lo está protegiendo del dolor-dijo Selene.
-Eso no es importante ahora-dijo Hyoga.
Nadie cuestionó aquella afirmación. Prácticamente nada era más importante para Hyoga que Shun, así que si lo decía era porque la situación era mucho más seria de lo que ellos pensaban.
-¿Son… las armaduras?-preguntó Misha.
-Sí, tenemos que ir por ellas. ¿Están listos los aviones?
-Si-respondió Adrian.
-Tengo un mal presentimiento de esto-dijo Misha.
-…Lo sé, pero algo está pasando y no puedo pasarlo por alto.
Misha sólo asintió, igual que Hyoga.
-Bien, en marcha. Zoe, creo que…
-Yo quiero ir-dijo ella.
-No sé, estarás sola…
-Una de esas armaduras me está llamando también. Por favor, Hyoga, déjame ir.
La firmeza en la voz de la pelinegra lo dejó sin argumentos. Shun podría matarlo por acceder a su petición, pero ya se encargaría de eso después.
-Bien, pero no puedes ir desarmada.
Hyoga abrió la puerta de la habitación, algunos se asomaron, mientras Zoe entró con él. El rubio acarició la frente de Shun, pero éste parecía profundamente dormido.
-Te necesito aquí, Shun, me sentiría mucho más tranquilo si despertaras-dijo Hyoga, suavemente.
El peliverde no emitió el más mínimo sonido.
-…Pero no puedo esperarte. Zoe viene conmigo, así que necesitaré algo de ayuda.
Hyoga esperó un par de segundos, a sabiendas de que el tempo corría, pero él debía mantener la cabeza fría, la seguridad de todos ellos dependía de eso. Luego, bajó la mirada y subió la manga de la chaqueta de Shun. El tatuaje latía levemente, como llamando su atención. Hyoga pasó los dedos y extendió el brazo, un rayo violeta lo siguió, convirtiéndose luego en una de las katanas gemelas del Shinigami.
-Volveremos pronto.
Luego, rodeó la cama, le entregó la espada a Zoe, le guiñó un ojo y salió de la habitación.
-Al hangar, rápido-dijo Hyoga, sin detenerse.
Zoe se quedó unos segundos, apretando el arma contra su pecho. No quería dejarlo, tenía miedo de encontrarse con alguien, con aquel hombre y que Shun no estuviese ahí, pero su deseo de llegar hasta que aquella armadura era más grande.
-Pequeña, vamos, tenemos que irnos-dijo Gabriel, suavemente.
Sin esperar más, Zoe volteó una vez más hacia Shun, corrió hacia la cama, se inclinó y depositó un suave y tímido beso en sus labios, llevada por los deseos de su corazón. Gabriel la vio y sonrió cuando la chica salió de la habitación, mucho más determinada y segura que hacía sólo unos segundos atrás.
En el hangar, los equipos de apoyo ayudaban a los Ángeles, las turbinas de los aviones resonaban y la gente corría de un lado para el otro, despejando la pista. Shane, ahora miembro del equipo de fuerzas especiales de Shun, fue quien tomó el lugar del Shinigami como piloto del avión, llevando a Zoe a las coordenadas que Hyoga había indicado:
37°58'13.91"N 23°43'34.77"E, Athenas, Grecia.
Pilotear a la perfección un avión tomaba años de entrenamiento, cosa que lo Ángeles no tenían y el tiempo apremiaba por lo que dejaron a Shane ir en la punta, como líder de la formación. El clima tampoco los ayudaba, cada vez estaba más nublado, las fuertes corrientes de viento dificultaban el mantener en perfecto equilibrio el avión y los relámpagos y rayos estallaban cerca de ellos.
-Hay una corriente eléctrica, a un par de kilómetros más adelante-dijo Shane, por medio de la radio del avión.
-Nos retrasaremos más si la atravesamos-respondió Hyoga.
-Podemos bordearla. Seguimos retrasados, pero no tanto como si la atravesáramos.
-De acuerdo.
Los seis aviones se ladearon y volaron a toda la velocidad tratando en lo posible de esquivar la tormenta que les impedía llegar al santuario. Las armaduras seguían brillando con fuerza, convirtiéndose así en el faro de luz que los guiaba hacia su meta.
Por fortuna, Grecia no estaba demasiado lejos de la antigua Rusia, ahora el distrito trece, por lo que tres horas después de haber despegado, los seis aviones llegaron a su destino.
Ya en tierra firme y al reunirse todos. Adrian y Alain sintieron inmediatamente la energía hostil que rodeaba esos lugares.
-Esto no es territorio de la Piedra Blanca-dijo Esmeralda.
-Y ha sido un error. ¿Pueden ubicar de donde emanan las energías?-dijo Hyoga.
-Están dispersas…-dijo Alain.
-…en aquella dirección-terminó Adrian.
-¿Cuántas son?
-Doce-dijeron los gemelos al mismo tiempo.
Los hermanos estaban conectados, por lo que su poder era mucho mayor.
Hyoga miró en la dirección que le indicaban: el corazón del Santuario. Suspiró, mientras su cosmos frio lo rodeaba y llenaba de valor lo corazones de los Ángeles.
-Vamos. Shane, te quedas aquí.
-Sí.
Los diez Ángeles corrieron detrás de Hyoga, siguiéndolo a una saliente donde se podía ver todo el Santuario y las casas de donde salían las columnas de luz.
-En cada una de esas casas está una armadura. Lo principal es obtenerlas a como dé lugar. Nos encontraremos en el coliseo. Pase lo que pase, no se les ocurra perder y no regresen sin esas armaduras-ordenó Hyoga, alzando la voz para que todos lo escucharan.
Jamás sintieron tanta fuerza y determinación en el rubio y eso les indicaba que no había espacio para la derrota, sin importar qué los estuviese esperando.
-Déjense ayudar por sus cosmos-terminó Hyoga.
-¡Ya escucharon, muévanse!-exclamó Gabriel.
En pocos segundos todos comenzaron a dispersarse. Sin Athena, el Santuario estaba completamente desprotegido, ya no había que correr escaleras arriba hacia el infinito, sólo sortear los obstáculos y llegar a la casa correcta.
Escondidos entre las sombras que las rocas o pilares daban, estaban las fuentes de energía hostil que se encontraban en el Santuario.
-Llegaron demasiado rápido-dijo Karin.
-Vienen por las armaduras. Da la orden, que ataquen inmediatamente-dijo Fallen.
La pelirroja asintió y encendiendo la radio, dio la orden del poder Alpha. Luego, regresó hacia él, quien estaba tranquilamente sentado debajo de un árbol, mientras el resto de los poderes se enfrentaba a los Ángeles.
-¿Y tú qué harás?
-El Shinigami no está aquí, pero la pequeña "Dos", mejor dicho, Zoe, sí.
-Entiendo.
Luego, Karin se esfumó, mientras Fallen sonreía con malicia. Lentamente, casi fastidiado se levantó y se puso los lentes negros. Cada célula de su cuerpo se llenaba de poder, fuerza y ansias de matar.
-A jugar-siseó.
Entre las casas, Alain, Adrian y Aron fueron los primeros en encontrarse obstáculos. Dos hombres y una mujer se posaron frente a ellos. El primero tenía el cabello largo y negro, tez pálida como la cera, nariz perfilada y sus ojos de un rojo oscuro. Parecía viejo, como de otra época. El segundo de ellos, parecía un anciano, aunque sólo de apariencia, de cabello canoso peinado hacia atrás y siniestros ojos amarillos. La chica tenía el cabello castaño, largo, cortado en capas rectas y los ojos verdes.
-¿Y bien? ¿Se van a presentar?-preguntó Alain, cruzándose de brazos y sonriendo con sorna.
-Dudo que haya tiempo para eso- dijo Aron-¿Quién se queda aquí?
-Yo, la armadura que me llama está en la primera casa-dijo Alain.
-Yo me quedo en la siguiente ¿Y tú, Adrian?
-Más adelante, aún no estoy seguro, así que pelearé aquí, con mi hermano. Muy bien, trío dinámico, lo siento pero tendré que separarlos. Aron se encargará de Drácula, si es que no tiene problema-dijo Adrian, guiñándole un ojo.
El anciano chistó. Su voz salió tan ronca y siniestra como su mirada.
-Me parece muy buena idea, yo me encargaré del ciego. Sansa, tú encárgate del gemelo.
-Ser ciego no le impedirá patearte el trasero, abuelo, no lo subestimes por eso-chistó Adrian.
Dicho esto, los otros dos hombres desaparecieron, dejando a los gemelos solos. El anciano se cruzó de brazos, observando a un estático Ángel. Sansa, por su parte miró a Adrian con desdén, mientras éste se inclinaba haciendo una burlona reverencia.
-Soy Brom, el poder Iota. ¿Tú?
-Según el alphabeto griego, eres el noveno entonces.
-No me subestimes, niño. Yo soy aquel del que no puedes escapar.
-No lo hago. Y yo Soy el que reinará sobre tus emociones-Rezó Alain, mientras sus ojos se encendían de luz.
-¿Qué…?
No era una respuesta, sino una invocaciónparadespertar el poder del Ángel de las Emociones, Alain.
Mientras tanto, el resto del grupo continuó deteniéndose frente a la casa donde estaba la armadura correcta.
-Géminis, es aquí donde debo quedarme. Tú sigue, Solange.
-Sí.
La pelirroja no lo notó, puesto que no cruzó la casa, sólo la esquivó, pero en la entrada estaba sentando un hombre, con la cabeza rapada, de tez muy oscura, como el ébano y ojos blancos. Su aspecto, aunque intimidante, no amedrentaba a la peliplata.
-Bienvenida, hija de la luna llena-dijo él, con marcado acento francés.
Selene frunció un poco el ceño, mientras el pintoresco hombre se levantaba, apoyaba en un bastón y hacia una reverencia pronunciada.
-A ti te sigue la luna nueva-dijo Selene.
El hombre sonrió, mientras un aura negra cubrió su cuerpo, preparándolo para pelear.
- C'est vrai. Yo soy la magia negra que nace del retumbar de los tambores y el calor de la fogata. Yo soy el vudú.
Mientras tanto, en la casa de cáncer, Solange se dio la vuelta, sorprendida por hostil energía que atacaba a Selene. La risa sádica de la morena frente a ella reclamó por su atención.
-Ese es mi querido Noir, poder Epsilon. Tu amiga no durará mucho.
-Tampoco tú-respondió Solange.
-Cáligo, poder Zeta-dijo la morena, mientras su aura verde se expandía y extrañas raíces abrazaban las pilares caídos, manchando todo con una película verdosa y maloliente.
-¿Qué demonios es eso?
-Yo soy la que se roba la llama de vida. Yo soy la peste-rezó la morena.
La pelirroja sonrió un instante, encendió su cosmos y la casa pareció vibrar en respuesta.
Varias casas más adelante Hyoga, Zoe, Gabriel, Hannabi y Esmeralda seguían juntos, corriendo hacia donde las armaduras los llamaban.
-Aquí me bajo, chicos-dijo Gabriel-El león me solicita.
Hyoga miró hacia el frente, observando la entrada de la casa de Leo. Por mucho que peleara era imposible evitar los recuerdos, aún sentía la poderosa presencia de Aioria en aquellas cuatro paredes, casi podía verlo.
-Cuídate-dijo Hyoga.
Gabriel asintió, mirando a Esmeralda. Zoe pudo ver el miedo en los ojos de la rubia y como el moreno trataba de consolarla con la mirada, pero no había tiempo para eso, así que los otros siguieron, dejando a Gabriel atrás.
Siguieron hacia Virgo y como Hyoga esperaba, nadie se detuvo, hasta que vieron la armadura brillando y orando hacia el cielo.
-¿Qué pasará con esta armadura?-preguntó Hannabi-¿Nadie se queda aquí?
-No, yo puedo encargarme de ella luego. Esta armadura le corresponde a Shun. Sigamos.
Las chicas obedecieron y todos siguieron corriendo hasta que unos cinco minutos después Zoe se detuvo abruptamente.
-Es allá. Yo me quedó ahí, yo protegeré la armadura de Shun también.
-¿Libra? ¿Estás segura?
-Absolutamente.
-Bueno, ten cuidado, ya hemos visto que no todas las casas están vigiladas, quizá no te consigas con nadie.
-¿No te parece extraño que no hayan dejado pasar los que ya nos hemos encontrado?
-Sólo están jugando con nosotros, pero ya sabemos lo que tenemos que hacer. Sigamos-dijo Hyoga.
Siguieron corriendo, acompañando a Zoe hasta la casa que parecía completamente vacía.
-No hay nadie-dijo Esmeralda.
-Esperemos que siga así. Zoe, quédate aquí, regresaré por ti y las armaduras.
La pelinegra asintió y los vio salir disparados de la casa.
Algunos minutos después, Hannabi y Esmeralda, ambas con las armaduras de Capricornio y Piscis llegaban hasta Hyoga, quien tenía en frente a Karin.
-Déjame pasar y no morirás aquí. Es la última vez que lo digo-dijo Hyoga.
-Ni siquiera sabes quién soy, precioso-respondió ella, sonriendo-Soy Karin, el poder beta, la segunda más fuerte. Yo hice el hilo de tu vida. Yo lo medí.
-Ese rezo…-pensó Hyoga, retrocediendo un paso.
-Y yo lo cortaré. ¡Yo soy la parca!
Karin encendió su cosmos y tres espíritus encapuchados apareciendo detrás de ella.
-Demonios.
Mientras tanto, Zoe, al ver que seguía sola se dio la vuelta, casi respirando de alivio y contempló la armadura por unos instantes, embelesada por su belleza.
-Hermosa ¿Cierto?
La voz llena de una falsa amabilidad hizo eco en las paredes.
Zoe se sobresaltó y se giró inmediatamente, mientras Fallen salía de entre las sombras con los brazos cruzados y la mirada más lasciva y perpetradora que Zoe hubiese visto jamás.
-¿Me extrañaste, preciosa?
-Tú…
-Soy yo, anda, ven con papi-dijo él, sonriendo y extendiendo los brazos.
Zoe estaba inundada por distintas emociones, sentía miedo por estar sola, precisamente con él y rabia al recordar todas las muertes que yacían en sus manos.
-Te estoy esperando. Llevo un buen rato esperándote, de hecho.
La mirada de Fallen destilaba tanto locura como ira. Zoe se sentía como acechada por un animal salvaje que podía atacar en cualquier momento. Luego, recordó cada palabra dicha por Shun, cada instrucción, especialmente las últimas.
-No le des la oportunidad de atraparte…
La sonrisa en el rostro moreno de Fallen se borró cuando vio la katana brillar con furia. Alzó la vista hacia la chica y ladeó el rostro.
-Tú lo has querido. Yo quería conversar un poco más, darle tiempo para llegar, pero a ti te gusta rápido ¿Verdad?
-¿A quién se refiere? ¿A Hyoga? No, no puedo permitirlo, a Shun no le gustaría eso-pensó ella.
-Bueno, presentemos antes de bailar-dijo él, haciendo una reverencia-Soy el poder Alpha del Loto Negro y La desgracia corre por mis venas. El odio anida en mi corazón y la locura es mi amante-rezó.
Fallen aún no retiraba su reverencia, pero Zoe vio unas líneas negras subir por su nuca y rodear su rostro. Levantó la cabeza, mientras la oscuridad inundaba sus ojos completamente y parte de sus venas se marcaban sobre su piel. Se relamió los labios, manteniendo esa sonrisa siniestra que le helaba la sangre.
Zoe sintió como si perdiera todo el valor, la visión frente a ella resultaba demasiado espeluznante y amenazante.
-¿Lista, preciosa?
Sin esperar más Fallen salió disparado hacia ella. La pelinegra estaba aterrada y no podía mover un sólo musculo. De pronto, un cosmos dorado rodeó la armadura de libra y uno de los escudos voló hacia ellos, interponiéndose entre Zoe y el puño brillante de Fallen.
-¿Qué…?
Un destello de luz encandiló al moreno, obligándolo a pegar un brinco para retroceder.
-Interesante-susurró Fallen.
En la casa de acuario, Hyoga se volteo inmediatamente. Esmeralda y Hannabi lo esperaban sin poder intervenir ni adelantarse. Ellas habían encontrado las casas solas, pero el rubio evitaba enfrentarse, sin éxito a Karin, el poder beta. Ella parecía cansada y él solo tenía unos raspones en su rostro.
-Maldición, este sujeto…No logro que me ataque-pensó Karin.
-¿Sentiste eso?-preguntó Esmeralda.
-Hay explosiones de energía por todas partes, pero esa fue peor.
-Es Fallen, nuestro líder. Ésta aquí, teniendo una cita con Dos, aunque no creo que ella lo esté disfrutando-dijo Karin, sonriendo con sorna.
-Maldición, es Zoe…
-Ah, sí, así la llaman ustedes, Zoe.
-Lo siento, pero no perderé más tiempo contigo-dijo Hyoga.
En la casa de libra, Fallen aún miraba la armadura, como esperando que volviese a reaccionar.
-Nosotros no hemos podido tocarlas, ¿Sabes?, pero tampoco me importa-dijo Fallen, volteando a verla-Ya casi llega mi invitado especial.
Zoe frunció el ceño, Hyoga ya debía estar regresando.
Durante unos instantes miró a la armadura, el cosmos que la rodeaba titilaba lentamente, al mismo ritmo que la katana. Sintió que ya no estaba sola en esa casa, que cada pared respiraba con ella, incluidos los ropajes de Libra. Apretó la katana sobre su pecho y lentamente la sacó de la guarda, lanzando ésta a un lado, mientas miraba fijamente al moreno frente a ella, recordando cada rostro que no veía la vida por su culpa, cada lagrima derramada por su hermano. El cosmos blanco comenzó a rodearla y a llenarla de furia y determinación.
-Ayúdame
Mientras que en la casa de acuario…
Esmeralda y Hannabi no salían de su asombro. La casa estaba rodeada de una barrera que impidió a cualquiera que estuviese afuera escuchar algún sonido de destrucción. El piso de la casa había desaparecido bajo una onda de poder y Karin yacía en el centro, vencida definitivamente. Apenas logró levantar la cabeza para mirar al rubio acercarse hacia ella, flanqueado por las dos muchachas.
-Eres tú…-jadeó ella.
Hyoga sonrió y se agachó. La agarró por el cuello y le susurró, mientras ella lloraba de miedo.
-Soy el príncipe del ejército. El primero de los Ángeles. Soy aquel que siempre quedará en píe.
Ambos se miraron, ella lloró y él sonrió de nuevo.
-Tengo la impresión de que querías saber quién soy. Ya lo saber, pero lo que viste aquí no puede salir de este recinto.
Luego la soltó, colocó la mano en su cabeza y la dejó inconsciente.
-¿No recordará nada?-preguntó Hannabi.
-Nada. Ahora vámonos.
En la casa de Libra…
De pronto, Fallen vio como los ojos de Zoe se volvían completamente blancos y ella entraba en un especie de trance. Perdía completamente la expresión en su rostro y la katana brillaba de blanco.
-Pondré tu alma en una balanza y sabré el peso de tus pecados.
Ahora era la voz de Zoe la que hacía eco en las paredes, que repetían su invocación al pie de la letra, apoyándola, luchando con ella.
-Está en el modo ofensivo de su poder: El vengador de almas que sólo se despierta cuando el guardián posee un terrible deseo de venganza-pensó Fallen.
-Pesa su alma, Seigi No Baransu
Zoe levantó la katana, dejándola en posición completamente vertical, frente a su rostro y con su mano libre realizó un pequeño corte en la palma. Una fina línea de sangre bajó por la hoja hasta llegar al piso. Fallen la siguió con la vista, pero el piso ahora parecía agua, ya que la gota creó ondas en ella. El piso ahora había desaparecido y Fallen se sentía flotar en el aire, hasta que se encontró en el plato de una enorme balanza blanca.
El poder y la ira que emanaban del cosmos de Zoe era simplemente asfixiante, pero lejos de atemorizarlo, Fallen sólo se echo a reír; una carcajada histérica y enloquecida.
-¡Tu ira es divina, Zoe, pero yo soy el odio que domina este mundo, a los dictadores que tanto daño hicieron a sus países, a los hombres que violan a sus hijas y matan a sus madres! ¡Todavía eres demasiado débil para combatirme!
Fallen encendió su cosmos lleno de oscuridad, descargas de electricidad salían de su cuerpo y rápidamente sobrepasó los poderes de Zoe. Esta frunció el ceño ligeramente, pero no retrocedió, la katana y la armadura la alentaban a continuar.
Los puños de Fallen volvieron encenderse y atacó velozmente a la chica que detuvo el golpe con la hoja de katana.
-La locura es mi amante-siseó Fallen.
-Nunca ataques con ira, úsala para que tus golpes sean más certeros-recordó Zoe.
La katana volvió a estallar de luz y pronto la chica comenzó a dar estocadas, obligando a Fallen a retroceder. Éste seguía riéndose enloquecido, jugaba con ella, poco le importaba si lograba lastimarlo.
De pronto, en un largo movimiento que Zoe hizo con la katana, ésta quedó sobre su cabeza y Fallen, siendo más alto que ella, la manoteó y envió la espada lejos. Inmediatamente después la tomó del cuello, cerrando fuertemente el puño alrededor de la garganta de la chica.
La armadura casi chilló de furia y una de las espadas salió disparadas hacia ellos, pero Fallen usó a Zoe como escudo y en el último segundo el arma se desvió, sólo rozando la cara interna del muslo derecho de la chica.
-Santa armadura dorada, me matas del aburrimiento-dijo Fallen, sonriendo con sorna.
El temor más grande de Shun acababa de hacerse realidad: Zoe estaba atrapada de nuevo, a merced de aquel hombre que ahora rozaba su muslo groseramente hasta llegar al corte. Pasó los dedos, llenándose de sangre, mientras ella forcejeaba con todas sus fuerzas para liberarse del agarre. Llevó los dedos a su rostro y los lamió bebiéndose el líquido rojo.
-Suéltame…
-Oh, belleza, si apenas estamos empezando-le susurró Fallen al oído.
-No…
El corazón de Zoe volvió a llenarse de rabia, impotencia y miedo. Fue incapaz de abrir los ojos y mirar la armadura que brillaba de furia. Le había fallado, igual que a Shun. Sus ojos se llenaron de lagrimas, mientras Fallen apretaba sus muslos con violencia, casi enterrándole los dedos.
-Sola antes y sola ahora. ¿Dónde está tu príncipe? ¿Ya te mostró lo que es el placer en los brazos de un hombre?
Fallen la mantenía fuertemente apresada contra su cuerpo, lastimando sus muslos con su mano libre y mordiendo su cuello con furia.
-¡Suéltame!
Obedeciéndola, Fallen la soltó, pero antes de que pudiese escapar, la obligó a darse la vuelta y justo cuando la tuvo enfrente la abofeteó con todas sus fuerzas, tumbándola al piso.
La fuerza del golpe casi le hace perder el conocimiento, sintió la sangre corriendo de su labio, pero el deseo de regresar junto a Shun, de vivir era mucho más grande que su aturdimiento. Se dio la vuelta y casi se arrastró a la salida, pero estaba demasiado lejos y Fallen se sentó sobre ella, poniendo la mano sobre su espalda y apresándola contra el suelo.
-Estas faldas son bastante ventajosas, para los hombres al menos-comentó Fallen-¿Le gustan tus piernas al Shinigami?
El moreno miró hacia la entrada, como si algo hubiese captado su atención repentinamente. Sonrió con franca alegría y malicia al mismo tiempo, mientras levantaba la falda.
En todo el santuario había focos de lucha. Adrian y Alain peleaban fieramente contra Brom y Sansa, destruyendo todo a su paso; Noir sostenía entre sus manos un muñeco con un cabello plateado y recitaba un hechizo, mientras Selene se retorcía de dolor en el piso. Ignea luchaba contra la ilusión de Solange y Gabriel corría escaleras arriba hacia la casa de Virgo con la armadura de leo a cuestas.
De pronto, cuando Noir estuvo a punto de cortarle el cuello al muñeco, algo lo impactó con tanta fuerza que lo estrelló contra la pared, destruyéndola. Selene jadeaba de dolor en el piso, sentía los músculos adoloridos, estaba segura de que su rezo no la había sacado de aquel hechizo porque ella no tenía mas fuerzas para luchar. Sintió una presencia y la reconoció inmediatamente. Levantó la cabeza como pudo, su salvador le extendía la mano para ayudarla a levantarse.
-Gracias…te debo…mi vida-jadeó ella.
Luego, volvió a quedarse sola, Noir yacía absolutamente inconsciente y sangrando profusamente.
Más adelante, Solange vio la sombra marcarse sobre el piso, algo volando sobre ella. Levantó la vista, pero la velocidad a la que iba sólo dejaba ver un destello. Gabriel ya había llegado a la casa de Virgo, cuando el mismo rayo negro pasó a su lado como una exhalación. Él también lo reconoció.
Hyoga y las chicas seguían corriendo lo más rápido posible para reunirse con Zoe.
-Hyoga, ese cosmos…-dijo Hannabi.
-Lo sé, vamos.
Fallen tenía las manos de Zoe apresadas con una de las suyas, delante de l-a cabeza de la chica, mientras que con la otra acariciaba la suave piel de los glúteos.
-¡No! ¡No me toques!
Tan concentrado estuvo en su acto, que por unos segundos olvidó vigilar la entrada. Segundos que casi le costaron la vida cuando una katana giró horizontalmente hacia él, pasando a centímetros de su verdadero objetivo y sólo rozando y causando un profundo corte en su cuello.
-¡Mierda!
Inmediatamente brincó para alejarse de Zoe, mientras la katana se clavaba en la pared detrás de él y la chica se perdía de vista.
Lo primero que Zoe pensó, fue en apartarse de aquel cuerpo con toda la fuerza que le quedaba, pero los brazos la alzaban con firmeza y dulzura al mismo tiempo. Acto seguido, reconoció la calidez y el aroma propios del único ser con el que se sentía realmente protegida, aquel que cada día se ganaba un espacio más grande en su corazón, el que ahora era todo para ella. Abrió los ojos y vio el cabello largo y negro, la banda del mismo color y las alas enormes, hermosas y negras, una de ellas casi acariciando su mejilla. Sin embargo, el perfil era el mismo y el sentimiento que le generaba su presencia también lo era, así que ella lo supo justo antes de cerrar los ojos y caer en la inconsciencia:
Shun era el Ángel de la muerte.
De pronto, unos burlones aplausos inundaron la estancia. Él tensó la mandíbula, pero no se movió un milímetro.
-¡Ya te habías tardado demasiado, Shinigami!
Bajó la cabeza, mirándola sólo unos segundos, mientras sentía como la furia corría por sus venas, reemplazando su sangre. Se giró hacia la entrada, Gabriel ya estaba llegando.
-Protégela, por favor-dijo él con la característica voz doble del Ángel negro.
-Pero…
Se dio la vuelta con la misma tranquilidad, pero sus movimientos no eran prueba de su estado de ánimo, el Shinigami hervía por dentro y sólo tenía un objetivo en mente: destrozar a Fallen.
