Día 21. Un regalo para él
¡Hoy me levanté de muy buen humor! Por la mañana abrí mi pequeño santuario y me quedé observando las fotos por un buen rato mientras escuchaba la melodía de la cajita musical. Para cuando mi padre entró a despertarme y levantarme de la cama, yo ya estaba barriendo mi habitación. Mi padre se sorprendió, pero no me dijo nada. Me hizo una seña con su mano para que bajara a desayunar, y se fue, cerrando la puerta lentamente, ni siquiera la cerró con fuerza como acostumbra a hacerlo.
No hubo gritos y no hubo golpes. Eso sí que fue muy extraño.
Ordené a un koopa troopa para que le mandara avisar a Fire sobre la invitación de la cena; tengo un plan. Como no puedo cruzar hacia la parte del castillo donde se encuentra el equipo de béisbol de mi padre, pues no veo a Fire muy seguido cuando hago mis tareas; por eso mandé a un sirviente.
Mi padre dice que no puedo interactuar con ellos, con su equipo de béisbol, porque aparte de que son de Baja Nobleza, no puedo porque sería como... hacer trampa; claro, al menos que sea sólo para entrenar...
Iré al grano: no puedo invitar a Fire nada más porque sí, pero sí puedo invitar a todo mi equipo y al de papá. Sé que no me pondrá peros, pues yo sé que quiere que me una más a la liga de béisbol.
Por fin llegó la cena y todos entraron al Gran Comedor. Fire Bro se sentó junto a mí, pues yo me cercioré de que el koopa troopa le comentara eso a Fire, que se sentara junto a mí, muy aparte del mensaje de la invitación.
Fire me preguntó a escondidas que por qué lo quería a él sentado a mi lado, y yo le respondí que fue sólo para darle un regalo, pues no podemos vernos muy seguido, únicamente cuando nos topamos en nuestros labores o en los días de entrenamiento; oh, por cierto, mañana toca entrenar.
Por debajo de la mesa, le di una pelota de béisbol hecha de oro. Fire la tomó, observó qué era y sacudió su cabeza rápidamente a ambos lados con desaprobación, y yo le rogué, en susurros, que por favor la aceptara. Al final lo hizo.
Todos charlaban. Todos cotorreaban. Mi papá me miraba con una buena expresión; al parecer, le sentó bien mi idea; le agradó mucho y hasta comió doble ración, lo cual nunca hace, pues cada ración de mi padre es como del tamaño de una gran vaca.
Al terminar de cenar, nos fuimos a dormir. Mañana será día de entrenamiento y, según el ebrio de mi padre, «hay que descansar bien para jugar mañana con más energía». Hoy sí que se encontraba de buen humor.
Fire me dio las gracias cuando íbamos por el pasillo. El chico de mis sueños se miraba muy contento con su regalo. Me costó mucho conseguirlo, pues tuve que tomar un poco del oro de mi padre que tiene guardado en su Bodega Especial, y así mandar a hacerla.
¡En serio, Fire no paraba de sonreír!
Tengo mucho sueño, será mejor que ya duerma. Buenas noches, Diario. Te veré mañana.
Atte. Bowser Jr.
