Zayn ft. Sia - Dusk till down
Hinata
Duele.
Es como un constante golpeteo en medio de los ojos, que se extiende a lo largo de mis párpados hasta atenazarme las sienes. Fruncir el ceño no es una solución, lo supe porque lo intenté. Suelto un suspiro e intento abrir los párpados nuevamente, lentamente, probando... hasta que la blanca luz me ciega unos instantes devolviéndome los recuerdos del último mes, el miedo, la angustia, la resignación y nuevamente... la esperanza.
Estoy sobre una cama, la suavidad de su colchón sostiene mis doloridos músculos y los olores limpios y característicos de un hospital llenan mis pulmones. Por increíble que sea, escucho el cantar de las aves, la cálida caricia de un rayo de sol en mi frente, pero sobre todo el contacto electrizante de aquel a quien amo, aquel que juró ir por mí y lo cumplió.
Dirijo lentamente mi mirada a la cabellera dorada que acaricia mi mano e inmediatamente lágrimas de alivio, felicidad y desesperación por ver a mi perdición de ojos azules me nubla la vista.
Aun no puedo creer que de verdad esté aquí, que me encuentre a salvo y que lo primero que mis ojos ven sea a él.
―Viniste ―susurro en voz ronca, mi voz siendo arrancada de mi adolorida garganta, sin embargo, ese dolor solo refuerza la certeza de que en verdad todo terminó.
Naruto levanta su cabeza y sus profundas ojeras y el azul oscuro de terror que oscurece sus ojos me hacen llorar mas. Trago saliva una y otra vez, intentando despejar el nudo que me impide sentir lo real de este momento, y eso duele. Quiero tanto poder abrazarlo, sentir su calor, su aliento que mis labios tiemblan de impotencia.
Pero es Naruto, mi Naruto, y él me necesita tanto como yo a él.
Se levanta, dejándome ver su ropa manchada de tierra, sangre y sudor, antes de que me rodee con sus brazos y meta su cara en mi cuello. Ignorando el dolor de las agujas metidas en mis venas, lo abrazo con la poca fuerza que me queda y lloro junto a él, como dos idiotas que buscan consuelo en alguien igual de roto, pero no es así, porque él es lo que me complementa, la otra mitad de mi alma, esa que muy pocos son afortunados de poseer.
―Dios mío... ―solloza en voz baja y luego sus labios besan mi cuello, mi barbilla, hasta mis labios. Tiene los ojos húmedos y eso me rompe el alma, cuánto debió preocuparse. Si siente lo mismo que yo, sé que su desesperación no tuvo comparación.
Se aleja y toma de vuelta mi mano, besándola, sin decir una palabra. Yo tampoco puedo hablar.
―Creí que... ―Empieza a decir, pero se detiene. Sé lo que quiere expresar.
―Oh, bebé... ―Extiendo los brazos y vuelve a abrazarme, ahora lo consuelo yo a él.
Permanecimos así por un largo período de tiempo, solo sosteniéndonos, cerciorándonos de que no era un sueño. Naruto me besa constantemente, pequeños roces de sus labios como si quisiera atesorarme, y hoy, después de tanto que hemos vivido puedo asegurarlo; soy su mayor tesoro... junto a Bolt.
Oh, mi pequeño bebé. Le extraño tanto.
―Avisaré que ya despertaste.
―No, todavía no, déjame abrazarte un poco más.
No se hizo de rogar, me rodeó nuevamente y me acarició con tanta ternura que sentí mi pecho encogerse de la emoción.
―Tenía tanto miedo... ―dije.
―Lo sé, yo también lo tuve ―Tomó mi cara entre sus manos―. ¿Te hizo daño?
Su voz sonó aspera, le daba terror mi respuesta.
―No... ―contesté suavemente―. No, no me hizo daño.
Suspira de alivio y acaricia mi cabello, levanto la mano y rozo su mejilla. Un pequeño resplandor atrae mi atención y al detallarlo bien, lloro una vez más.
―Se lo quité antes de correr contigo, sabía que lo tendría ―Besa mis nudillos hasta detenerse en el anillo que pensé nunca lograría recuperar―, pero si quieres puedo darte otro, si este te trae malos recuerdos.
―Es perfecto, amor ―dije―, lloré mucho cuando pensé que lo había perdido.
Sorbí por la nariz.
― ¿Y Bolt?
―Pronto lo veremos, Sakura está de camino ―Vuelve a acercarse a mí, colocando su palma abierta sobre mi vientre ya un poco hinchado por el embarazo. Nos miramos a los ojos, ambos conteniendo las lágrimas. Su mirada azul brilla intensamente, exactamente de esa forma que me hace consciente de su felicidad, de que todavía no puede creerse que de verdad estamos juntos, y a salvo.
Me besa, pero esta vez sus besos son más apasionados, más demandantes, esa necesidad física de constatar que por fin estamos juntos y que todo peligro desapareció.
―Te amo ―dice sobre mis labios. Los míos, temblorosos, le responden igual, acariciando sus hombros gruesos y su cabello dorado como el trigo.
La puerta se abre media hora después en los que nos concentramos en abrazarnos y besarnos constantemente, un médico y una enfermera entran en la habitación, rompiendo nuestro momento. Naruto roza mis labios una vez más antes de alejarse, sin dejar de sostener mi mano.
―Señorita Hyuga, me alegro de que despertara. Es usted una mujer fuerte ―dice el doctor sonriéndome mientras la enfermera manipula la máquina que está a mi costado. Mira los papeles en sus manos y apunta un par de cosas―. Sus niveles están bien, solo un poco deshidratada y con algo de anemia, pero todo está bien. ¿Le gustaría ver al bebé?
Asiento, sintiendo la tensión de Naruto al apretarme los dedos.
―Luego le daré el alta. Le recetaré una dosis un poco más grande de hierro y vitaminas prenatales, procure descansar, ha sufrido un evento traumático y no me gustaría que sufriera más de lo que ya lo ha hecho.
La enfermera descubre mi vientre y coloca el gel frío sobre mi piel, el médico sostiene el sensor e inmediatamente la pantalla negra toma forma, un par de movimientos y soy capaz de verlo... es tan pequeño, pero indudablemente es mi bebé. Miro a Naruto, sus ojos fijos en la imagen de nuestro pequeño, su nuez de Adán no deja de moverse
―Nueve semanas de embarazo, la placenta está en perfecto estado y hay latido constante y fuerte del corazón.
Asiento una vez más, incapaz de pronunciar palabra hasta que mi vientre está limpio y el doctor fuera. Naruto vuelve a abrazarme, suspirando de alivio ahora que por fin estamos fuera de peligro. Sufrí demasiado las horas en que lo esperé, sintiendo verdadero terror cuando se llevaron a Kushina y Toneri nos llevó a mi hermana y a mí a la azotea, todavía podía escuchar las aspas del helicóptero acercarse, el grito de Naruto y todo lo que sucedió después.
Comencé a temblar sintiéndome ridícula por llorar de pánico una vez más, aunque fuese una reacción tardía. Mi amado rubio no tarda en darse cuenta y consolarme, en silencio.
―Naruto... ―gemí―. Dime que Han...
―Ella está bien, tranquila ―Me contesta mirándome muy de cerca―. Todo está bien ahora.
― ¿Y Kushina?
Arruga las cejas.
― ¿La mujer pelirroja?
Asiento, doliéndome una vez más reconocer el parecido y el descubrimiento que pronto impactará su vida.
―Sí... Naruto, ella me ayudó, ella... ella nos necesita, no tiene a nadie.
―Hina ―dice con firmeza―. Tranquilízate, respira.
Me muestra como hacerlo y lo imito.
―Ella también está bien, todo terminó.
―Nos necesita, no podemos dejarla sola.
―No lo haremos, lo que sea que pidas, lo tendrás.
Cierro los ojos y recuesto mi cabeza en la almohada, estoy tan cansada, física y mentalmente. El peso y el estrés de las últimas semanas está cayendo ahora sobre mí con todo su peso. La puerta vuelve abrirse y un carrito con comida ingresa empujado por otra enfermera, nos sonríe antes de dar media vuelta y cerrar.
―Tienes que comer.
Niego, soltando más suspiros, intentando drenar el pavor que todavía me recorre las venas.
―Por favor, amor. Tu y mi bebé tiene que estar bien. Me llevé un susto de muerte, compláceme con esto.
Puse mi mano en su rostro, delineando sus labios fruncidos de preocupación.
―Lo haré si buscas como descansar y comer ―Sonrío―. Te ves terrible, mi amor.
―Lo sé, pero necesitaba saber que de verdad estabas bien, que volvería a mirar tus hermosos ojos, nena.
―Te amo ―respondí sollozando.
―Y yo a ti ―dijo él besándome con todo el amor que siempre me brindó sin limitarse alguna vez.
Me dormí después de comer el último bocado, imaginé que Naruto se iría después. Cuando abrí los ojos otra vez, me encontré a Kushina. Ahogué un sollozo y la abracé.
Pobre mujer.
Lleva ropa diferente y el cabello rojo trenzado hasta el final, su ojo morado y su labio roto me rompían el alma y deseé con todas mis fuerzas que Toneri Otsutsuki estuviese pudriéndose en donde sea que esté. Todavía podía recordar el horror que sentí cuando se la llevaron de aquella forma, a ella, que solo quería ayudarme y sacarnos a mi hermana y a mí de allí. Me había sentido tan mal esos últimos días, tan resignada y agotada que mi salud física empezó a decaer. Ella, después de haberme proporcionado la forma de llamar a Naruto, al día siguiente no se presentó a la hora en qué acordamos, y luego esa espantosa mujer, esa maldita mujer que por años protagonizó mis peores pesadillas, apareció junto a ese hijo de puta para reírse en mi cara y restregarme que estaban torturándola por mi culpa.
―Kushina ―susurro―, ¿estás bien?
―Lo estoy ―Sonríe, su ojo cerrándose por la hinchazón.
― ¿Te atendieron? ―Asiente.
―Sí ―Se toca el cabello―, incluso me peinaron...
Mis labios tiemblan antes de esbozar una sonrisa.
―No te preocupes por nada, vendrás con Naruto y conmigo, ya no estarás más sola.
El médico ingresa en ese momento, pero se mantiene aparte, sabe que Kushina es una mujer maltratada y abandonada, y que por ahora solo me tiene a mí.
A ella se le humedecen los ojos, pero vuelve a asentir. Mi curiosidad pudo más, y aunque esta pregunta no debo hacerla, igualmente la formulo.
― ¿Es él? ―inquiero―. ¿Es Naruto tu hijo?
―Sí ―solloza―, si, es él... creí que...
―Shhh ―Tomo su mano y la aprieto―, todo se solucionará.
― ¿Y sí me odia?
Su incertidumbre me lastima.
―No, no lo hará. Es el hombre más maravilloso del universo, es incapaz de guardar rencor. Ama con todas sus fuerzas y protege a quienes necesita.
―Se nota ―ríe, limpiándose las lágrimas―, jamás creí que llegaría este día.
―Los milagros existen, Kushina ―aseguro―, lo sé porque cuando nada más existía, cuando nada tenía sentido, él apareció y lo cambió todo. Me hizo vivir.
―Aprecio tanto que lo ames, que le des lo que nunca pude darle.
Muerdo mi labio, deseando saber el porqué de las cosas, porqué dejó a su hijo en un orfanato, porqué nunca lo buscó, no obstante, no me corresponde hacer estas preguntas. Naruto y ella deberán sentarse a hablar, una vez todo esto termine.
―Señorita Hyuga ―interrumpe el médico mientras una enfermera aparece para quitarme la vía y todo lo demás―. Todo está en orden, le he firmado el alta, procure cuidarse mucho y reposar, debe recuperarse de este evento tan traumático.
―Lo haré, gracias doctor.
Él me brinda una sonrisa amable antes de salir de la habitación conversando algo con la enfermera, llamándome la atención el haber echado un vistazo a un sujeto ahí fuera.
―Son los amigos de Naruto ―Me aclara ella―, dejó a unos cuantos por acá para que nos vigilen, también hay varios policías apostados fuera del hospital y según escuché, el FBI y la NCIS se hicieron cargo del caso ―Suelta un enorme suspiro―, recé tanto porque llegara este día, el imperio Otsutsuki por fin ha caído.
―No volverán a lucrar con el cuerpo de todas esas pobres mujeres, se pudrirán en el infierno, Kushina.
―Así es.
Una vez más el sonido de la puerta interrumpe nuestra conversación, pero esta vez sollozo de alegría cuando un pequeño nubarrón rubio corre hasta llegar a mi cama. Kushina logra apartarse en el último segundo, justo antes de que Boruto brinque y me envuelva en sus pequeños bracitos.
―Bolt ―gimo estrujándolo con fuerza, acariciando su cabello y besándolo una y otra vez.
― Mamá, no vuelvas a irte, por favor ―dice cuando se separa de mí―. No importa que sean cosas de mujeres, llévame contigo y la tía Han.
Sonrío mientras sorbo las nuevas lágrimas que se formaron en mis ojos. Creí que no lo volvería a ver, que no volvería a sentir sus dulces manitas en mi piel, su adorable aroma y la ternura que me trasmite sus ojos azules.
―La próxima vez te llevaré conmigo a donde sea ―Le aseguro, vuelvo a abrazarlo y miro a Naruto, que está de pie observándonos con ojos brillantes de lágrimas.
― ¿Te dieron el alta?
Asiento, pero desvío la mirada a Kushina que intenta con todas sus fuerzas no desmoronarse frente a él. Puedo sentir, aunque sea en una parte muy mínima, lo que ella está sintiendo y la compadezco, pero sobre todo muero porque Naruto la escuche y abra los brazos al regalo que la vida le tiene preparado.
―Es hora de irnos ―Él la mira y le sonríe, y soy testigo de un momento entre madre e hijo que jamás creí poder presenciar.
Es hora de irnos y ser la familia que desde un principio fuimos sin saber.
Toneri Otsutsuki murió por la hemorragia, lo que me alegra. Tuvo su final bien merecido, en manos de una de las personas que más sufrió entre sus manos. Al parecer, el FBI estaba tras su organización, que se encargaba de comercializar esclavas sexuales a multimillonarios europeos, con la tapadera de una empresa multinacional de logística. El bastardo exportaba más que materias primas a Europa, exportaba mujeres para ser obligadas a prostituirse y soportar cualquier tipo de trato que sus dueños decidieran otorgarle.
Como una fila de dominó, fueron cayendo todos los involucrados uno a uno, y el cuerpo de mi madre fue encontrado enterrado muy en lo profundo del bosque. No voy a negar que lloré por su muerte, a pesar de todo, dolía que la mujer que me dio la vida me odiara tanto. Lloré mucho después de que todo terminó y por fin me encontré en mi casa, con el amor de mi vida y los hijos de ambos. Agradecí a sus amigos lo mejor que pude, haciéndoles prometer que nos visitaran más a menudo.
Les debía mi vida.
Kushina vino con nosotros y ahora ocupaba la habitación de Boruto junto a mi hermana, incómodas en la pequeña cama, aunque sabíamos que todo había terminado, los necesitaba a todos cerca de mí para mi pobre paz mental.
Naruto lo comprendió.
― ¿Estás bien? ―preguntó desde la puerta.
Tiro de la cadena y me incorporo del suelo del baño, las náuseas habían regresado y continuaba sintiéndome mal. Según el médico, desaparecerían pasadas las catorce semanas y aunque me había recetado medicamentos para controlarlas, odiaba el sueño que me provocaba y que me mantenía drogada todo el día.
―Lo estoy ―Naruto se acerca a mí, pone pasta dental en mi cepillo y luego toma mi barbilla. Le dejé cepillarme los dientes, luego nos quitó la ropa y nos metió en la ducha. Recuesto mi cabeza en su pecho, mientras le dejo lavarme el cabello con suaves masajes que me adormecían cada vez más.
Llevábamos en casa apenas dos días, pero seguía estando tan agotada... después del interrogatorio de Han y yo, de Kushina, de Naruto y sus amigos, las constantes llamadas de los medios, las continuas visitas de la policía, todo lo que se avecinaba...
Necesitaba la paz que solo su toque me brindaba.
Me lavó y secó, luego me puso una de sus camisas y me metió en la cama. Le di la bienvenida a las suaves sábanasque cubrían mi colchón y a sus dulces brazos rodeándome. Inmediatamente su mano se metió bajo su camisa, acariciando mi abdomen, sintiendo a nuestro bebé.
Siento lágrimas en los ojos, pero sonrío de todos modos. Soñaba con esto cuando era Boruto quien estaba dentro de mí, con su felicidad y expectación, con sus suaves cuidados mientras continuara sintiéndome mal. Estaba viviendo lo que creí que solo en sueños ocurriría, y era mucho mejor de lo que imaginé. Era tan devoto a mí, cuidando mis comidas, obligándome a descansar, a tomar las vitaminas y estar al pendiente de cualquier cosa que necesite.
Naruto es el mejor hombre del mundo y es todo mío.
―Te amo, nena ―susurra sin dejar de acariciarme, envuelvo su mano con la mía y entrelazo nuestros dedos, la suave brisa que entra por la ventana nos acaricia y el susurro de las aves me tranquiliza todavía más.
―Lo sé...
Escucho risas y sonrío para mis adentros; Kushina está jugando con Boruto, se ha encargado de él completamente, dándonos nuestro espacio para recuperarnos de toda la conmoción. Cuando ella debería concentrarse en descansar y sanar sus heridas; prefirió abrir los brazos a todo lo nuevo que está experimentando, aprovechando el tiempo con Boruto, cuidándolo y ganándose su cariño. Se ve tan entusiasmada que preferí no inmiscuirme, pronto llegaría el momento en que le revelara a Naruto quien era ella en realidad, pero mientras tanto, se veía feliz por compartir con su nieto, acompañarnos, convivir con nosotros.
Hemos pasado envueltos en una nube de tranquilidad post tormenta, y aun dudo de que realmente todo se acabara, aunque sé que es así, pero aquí, sostenida por el amor de mi vida, siendo acariciada por él y las dulces risas de mi hijo y su abuela, sé que por fin ha llegado a ese final feliz que siempre soñé, la familia amorosa que siempre deseé.
Una hora más tarde, dejé a Naruto dormido en nuestra cama y salí de la habitación. Boruto y Sarada jugaban con sus juguetes en el medio de la sala en su búsqueda personal del One Piece, mientras Kushina, Sakura y Hanabi tomaban café en la mesita, conversando y riendo. Sonreí, toqué la cabeza de mi hijo y me senté junto a ellas; sonreían entusiasmadas y tenían una libreta llena de apuntes abierta sobre el mantel.
― ¿Qué hacen?
Hanabi rodea mis hombros y besa mi mejilla. Está como nueva y me ha sorprendido su entereza al atravesar toda esta estresante situación, ha demostrado ser la chica fuerte que siempre me apoyó.
―Planificar tu boda, hermanita.
―Oh ―Mis mejillas se sonrojan―, ¿en serio? ¿no es mejor esperar?
―Por supuesto que no ―exclama Sakura indignada―, vas a casarte cuanto antes.
―Por si no lo sabían, tengo una panza de embarazada ―Acaricio mi vientre sin dejar de sonreír.
― ¿Y eso qué? ―dice Kushina, los moretones en su rostro cada vez más tenues―, me casé embarazada y fue perfecto, me veía tan hermosa vestida de blanco y con mi pancita...
Hanabi y Sakura, que mas o menos saben quién es ella y qué lugar ocupa en nuestras vidas, abren sus ojos, sorprendidas y entusiasmadas.
― ¿Oíste? ―inquiere Hanabi―, tu pancita no debería ser motivo de vergüenza, deberías lucirla el día de tu boda, es su segunda oportunidad ¿no? Tú y Naruto, con su nuevo bebé... qué hermoso ―suspira al final.
Se me humedecen los ojos. Tienen razón ¿Por qué ocultar mi embarazo? ¿Por qué esperar a que nuestro bebé nazca para casarnos si lo que más deseo lo puedo tener cuanto antes? Naruto y yo casados... es mi más grande sueño, nuestra familia tan unida profundamente por ese lazo irrompible, ese lazo que podemos reforzar ya si queremos.
―Sí, tienen razón, además, nunca fui una embarazada gorda...
―Lucía tan adorable con la pancita de Boruto, hay embarazadas hermosas y tú eras una ―musita mi hermana.
―Estoy muriendo por ver eso ―interrumpe otra voz más grave y masculina. Sonrío a Naruto, que nos mira en la entrada del pasillo. Luce tan apuesto y viril, con su cabello despeinado, sus ojos brillantes, sus brazos desnudos y sus placas militares en el centro de su amplio pecho.
―Oh, cuñado, vas a ver. Hinata embarazada es la cosa más tierna del mundo ―Hanabi toca mi pequeño vientre―. Espera nomás, quedarás embobado.
―Eso espero.
Un pequeño movimiento llama mi atención; Kushina retorciéndose las manos mientras mira a mi futuro esposo. Sus ojos se fijan en los míos y una neblina de anhelo los esclarece; ha llegado el momento ¿no? Le dedico una sonrisa y agito la cabeza, me agradece con la mirada y toma aire, preparándose para lo que viene.
― ¿Qué tal si vamos por un helado?
― ¡Sí! ―exclaman los niños. Miro a Sakura y Hanabi y les hago señas con los ojos. Quiero que el amor de mi vida se sienta completo antes de casarse conmigo, que descubra los secretos de su existencia y se quite ese enorme peso de encima, es hora de que se revele toda la verdad.
Las chicas empujan a los niños, que no caben del entusiasmo. Me calzo los pies y me detengo junto a Naruto, que me mira extrañado. Es para tanto, sé que Kushina le causa compasión y las veces que los he visto conversando, congenian muy bien. Va a amarla, quiero que lo haga, necesita de ese cariño que siempre anheló, y esa fuerte mujer que vivió desgracias inimaginables a manos de sus captores, merece el amor que solo un hijo puede brindar.
― ¿Sucede algo?
Sacudo la cabeza y me levanto en puntillas para besar su boca.
―Solo... mantén tu mente abierta, y pase lo que pase, sabes que te amo.
Él suspira y luego mira a Kushina, que se mantiene un poco aparte antes de acercarse. Me alejo y los miro desde la puerta, y sonrío entusiasmada cuando ella le pide hablar y él accede.
En este mundo existe felicidad y dolor, angustia y tristeza, nostalgia y melancolía, pero también existen esos lazos irrompibles de amor y cariño que unen las almas de aquellos que deciden abrir sus brazos al destino que se han forjado, oportunidades y casualidades que llevan a un solo camino; seres que aman con todo el corazón.
Ay, qué lindo quedó al final. Penúltimo capítulo, solo queda el final y el epílogo, que espero traerles la otra semana. Ya se acaba Siempre Contigo, una historia que me ha sacado más de un dolor de cabeza, pero una de las que más me ha gustado escribir.
Nos leemos pronto y espero les guste el booktrailer
