Ni Kuroko no Basket ni sus personajes son de mi propiedad, todos ellos pertenecen a Tadatoshi Fujimaki.


21.

Aproximadamente tres semanas atrás…

Kiyoshi tarareaba alegremente una melodía mientras caminaba hacia la sucursal de Maji Burger que se hallaba cerca del instituto. No era que fuese un admirador de la comida rápida, pero la verdad era que, como punto de encuentro, aquel negocio resultaba ideal. Era amplio, siempre había gente armando barullo, y era relativamente barato.

Imayoshi estaba de acuerdo con él en ese aspecto.

Cuando el pívot de Seirin llegó al local, no lo sorprendió encontrarse con que el capitán de Touou ya se encontraba allí, inclinado contra la pared justo al lado de la entrada y de brazos cruzados. Sus ojos se hallaban ocultos detrás de sus anteojos, que reflejaban la luz del sol de la tarde; sin embargo, sus labios se hallaban curvados en una mueca bastante retorcida.

Kiyoshi hizo un gesto con la mano a modo de saludo, sonriendo al igual que siempre lo hacía. Imayoshi asintió como toda respuesta; tenía puesto el uniforme de entrenamiento de Touou, señal de que él también había venido directo desde la práctica —Kiyoshi vestía el equivalente de Seirin.

— KiyoshiTeppei. —Saludó el cuatro en cuanto el siete lo hubo alcanzado.

— ¿Qué tal? —Preguntó Kiyoshi con gesto amable. Abrió la puerta de vidrio y la sostuvo de forma tal que Imayoshi pudiese pasar.– ¿Entramos?

No tardaron demasiado en hallarse los dos sentados en una mesa, en un rincón apartado del local. Kiyoshi luego de reflexionarlo, había llegado a la conclusión que sentarse cerca de las ventanas no sería buena idea; aunque dudaba que ningún conocido suyo fuese a pasar por allí a esa hora, sería mejor que nadie de sus respectivos equipos de baloncesto los viese —especialmente del suyo propio, y más si se trataba de cierto individuo pelirrojo. De modo que, cuanto más desapercibidos pasasen, mejor.

Imayoshi se limitó a permanecer de brazos cruzados, observando al pívot desde el otro lado de la mesa y sin comer nada. Kiyoshi se había pedido un batido de fresa —al fin y al cabo, para sentarse allí debían ordenar alguna cosa, o de lo contrario los dueños del local los echarían.

— ¿Y bien? —Preguntó Imayoshi al fin, luego de un minuto entero en silencio, durante el cual Teppei se dedicó única y exclusivamente a sorber de la pajilla de su bebida.– ¿De qué querías hablar?

— Ah, es verdad. —Reconoció Kiyoshi como si recién se acordase de asunto. Si despegar los labios de la pajilla, preguntó:– ¿Cómo está Aomine–kun? —Su tono denotaba cierto interés.

Imayoshi alzó las cejas sin comprender. No se imaginaba un motivo por el cual Kiyoshi pudiese estar preguntándole por el jugador estrella de su equipo, a menos que fuese por mera cortesía —sin embargo, un rápido vistazo a Teppei le bastó para darse cuenta de que su curiosidad era genuina. Y, conociendo al siete, debía traerse algo entre manos para formular aquel interrogante. No tenía pinta de estar preguntándole aquello sólo para quedar bien o darle charla.

—… No lo sé. —Musitó al final.– No lo he visto. Los últimos cuatro días ha faltado a las prácticas. —Señaló con sencillez.

Kiyoshi se reclinó sobre el respaldo del asiento y asintió con gesto pensativo. Continuaba sorbiendo de su batido, mientras miraba a Imayoshi sin verlo, con los ojos entrecerrados como si tratase de descifrar algo.

— Ah, ya veo… ¿No les dijo nada de la fiesta? —Preguntó, con su eterna sonrisa todavía pintada en el rostro.

Imayoshi frunció el ceño.

—… No. —Admitió despacio. ¿En qué demonios estaba pensando Teppei? Optó por sonreír, aunque era una de esas sonrisas perturbadoras —que parecían ser las únicas que el rostro del capitán de Touou era capaz de dibujar– más que una expresión amistosa o alegre.– ¿Hay algo que debería habernos dicho? —Preguntó.

Kiyoshi soltó una risita y volvió a inclinarse hacia adelante.

— Oh, ya lo creo que sí. —Reconoció alegremente. No añadió nada más, sorbiendo de su batido mientras sonreía; momento que Imayoshi aprovechó para pensar a toda velocidad.

¿Aomine tenía algo que decir sobre la fiesta? Si se ponía a pensarlo, el peliazulado no había aparecido durante cuatro días seguidos en los entrenamientos —y aquello, si bien no era insólito, era extraño. Aomine solía asistir por lo menos una vez cada tres días, de forma tal que mantuviese las protestas de Momoi al mínimo. Además, casi siempre aparecía por allí para robarse parte de la comida de Sakurai, aunque luego se largase —y eso era algo que durante los últimos días no había hecho siquiera una vez. Era un hecho que Imayoshi no veía al jugador estrella de su equipo desde el día de la fiesta.

Sí, algo debía haber pasado durante aquel evento. Algo que había tenido algún tipo de repercusión en el se dio cuenta de que era evidente; podría haberlo notado por sí mismo antes, sin necesidad de que Teppei se lo hiciese ver, pero la verdad era que los últimos días había estado bastante ocupado con asuntos propios como para darle vueltas a aquello. Dedicó aquellos momentos a continuar pensando.

Vale, algo había ocurrido en la fiesta. Pero, ¿qué? Si Kiyoshi había ido a hablar con él, era porque en algo lo involucraba. Aunque no tenía por qué ser precisamente a él; bastaba con que involucrase a alguien de su equipo. De hecho, Imayoshi estaba bastante seguro de que era así: al fin y al cabo, Kiyoshi era algo así como un ángel protector de Seirin, que solía preocuparse más por el bienestar de sus compañeros que por el suyo propio.

No había que pensar demasiado para deducir cuáles eran los principales candidatos de Seirin a haberse visto involucrados en algo con Aomine. Por supuesto, tenía que tratarse de Kuroko o de Kagami. Aomine apenas había cruzado palabra con el resto de los integrantes de Seirin; no tenía motivos para haberlo hecho ahora.

Sin embargo, Imayoshi descartó a Kuroko en seguida. Aomine y él se conocían desde hacía bastante tiempo y parecían llevarse muy bien; Imayoshi no podía imaginarse una pelea ni ninguna otra clase de conflicto surgiendo entre ellos. Y, aunque así fuese, estaba seguro de que lo podrían resolver entre ellos, y no mediante la intervención de un tercero. Además, si se hubiesen peleado o algo así, Momoi ya se lo habría hecho saber a todo el mundo con un ataque de histeria y llanto, ya que difícilmente sería capaz de soportar que su amigo de la infancia y su adorado Tetsu–kun estuviesen peleados.

La mente del base de Touou arribó a la conclusión de que aquello debía tener que ver con Kagami.

—… ¿Pasó algo con Kagami–kun? —Preguntó el cuatro con cautela, luego de un minuto entero en silencio.

Kiyoshi soltó una risita.

— De verdad eres rápido. —Alabó.– Sí, algo pasó con Kagami.

Imayoshi volvió a fruncir levemente el entrecejo.

— ¿Por qué lo dices? —Preguntó. Si no tenía más información, no podía extraer ningún tipo de conclusión. Necesitaba algo sobre lo que trabajar.– Es decir, ¿cómo lo sabes?

Kiyoshi depositó el vaso de su batido sobre la mesa y suspiró.

— Últimamente, Kagami anda bastante agresivo, y distraído… —Empezó a explicar.– Ya sabes, no escucha cuando le hablan y–…

— Tengo entendido que Kagami no es del tipo que escucha cuando le dicen qué tiene que hacer. —Interrumpió el cuatro con una sonrisa torcida. Y la verdad es que era cierto: aunque era un poco más flexible que Aomine, Kagami se parecía bastante a él en ese aspecto.

— Sí, pero no, ahora es distinto. —Replicó Kiyoshi con gesto pensativo, con la vista clavada en el recipiente transparente que albergaba aquella bebida rosada.– Está como… en su propio mundo. Su baloncesto se volvió más agresivo y menos preciso; y si le mencionas la fiesta se pone muy nervioso, y lo que sea que esté haciendo en ese momento, le sale mal…

Imayoshi alzó las cejas con asombro. Aquello era raro, sin lugar a era del tipo que escuchaba pero no obedecía; no del que no escuchaba en absoluto, se distraía, y cometía errores por falta de concentración.

Consideró las posibilidades.

Si había ocurrido algo entre Kagami y Aomine… pero ¿qué? Imayoshi razonó y llegó a la conclusión de que no podían haberse peleado; en primer lugar, Aomine no tenía signos que indicasen que había estado envuelto en una pelea, tales como moretones o cortes. Y no importaba qué tan buenos fuesen sus puñetazos, Imayoshi sabía que no había manera de que pudiese hacerle frente a Kagami Taiga y salir completamente podía ser todo lo bueno que quisiera, pero Kagami tenía suficiente habilidad y masa muscular como para pagarle con la misma moneda.

Además, ninguno de los dos tenía motivos para esconder algo como eso. Ni Kagamipara ponerse nervioso ante la mención del tema. Al fin y al cabo, siempre estaban peleándose por tonterías, como si fuesen dos niños pequeños, y si no habían llegado a las manos era sólo porque entre Momoi y Kurokosiempre los habían frenado. No había nada de anormal en aquello.

¿Qué podía haber pasado, entonces? ¿Qué podría haber causado que Aomine desapareciese por completo de las prácticas, y que Kagami se pusiese muy nervioso y se negase a hablar del…?

¿… Oh?

Santo Dios.

Las comisuras de la boca de Imayoshi se elevaron lentamente hacia arriba. No podía evitarlo; una sonrisa perversa, cargada de cierto matiz de incredulidad, se dibujó en su rostro.

Bueno, en parte no lo sorprendía. Si lo pensaba de modo retorcido —algo en lo que él era un especialista–… tenía cierto sentido.

Clavó la vista en Kiyoshi, que seguía sonriéndose, alegre y con total despreocupación, y alzó las cejas.

— Oh… ya veo… —Murmuró despacio, haciendo un esfuerzo por no echarse a reír. La sonrisa del contrario se acentuó.

— Esperaba que lo entendieras rápido. —Sentenció Kiyoshi, dando el sorbo final a su batido y depositando el recipiente vacío sobre la mesa. Por unos segundos permaneció en silencio, y cuando Imayoshi estaba a punto de preguntarle qué relación tenía todo aquello con el motivo por el que lo había hecho ir hasta allí, continuó:– Verás, no podemos permitirnos que Kagami siga así. Tanto por el equipo, como por él mismo. No está bien… y me gustaría poder ayudarlo de alguna manera. —Colocó los codos sobre la superficie de la mesa y descansó el mentón sobre las manos, con expresión pensativa.

—… ¿Y cómo puedo yo ayudarte? —Preguntó Imayoshi despacio, aunque empezaba a intuir el camino que todo aquello estaba tomando.

Teppei se tomó su tiempo para responder.

— Bueno… —Lo pensó bien antes de hablar.– Pienso que sería una gran idea hacer que volviese a verse con Aomine… creo que eso lo ayudará a aceptar lo que ha pasado y… asumir que no es nada importante. —El de anteojos captó cierto atisbo de duda cuando el pívot dijo aquello último.

Imayoshi se limitó a esperar.

— Además… —Prosiguió el castaño.– Sus notas han bajado bastante. Es decir, siempre fueron muy malas, pero… esta semana fueron los exámenes y es casi seguro que los desaprobó todos… —Señaló; a Imayoshi no lo sorprendió demasiado, ya que había oído a Kuroko mencionarle a Momoi que el desempeño académico del pelirrojo era bastante malo.– Y los recuperatorios están cerca, pero si no estudia, no servirán de nada…

Imayoshi comprendió en el acto a dónde apuntaba Teppei. Al fin y al cabo, las notas de Aomine, últimamente, tampoco habían sido buenas: algo que el castaño, de alguna manera, parecía haber averiguado. El de anteojos optó por no preguntarle de dónde sacaba la información.

— ¿Sugieres que los hagamos estudiar juntos? —Inquirió con cautela.

Kiyoshi sonrió alegremente.

— ¡De verdad entiendes rápido! Sabía que sería una buena idea hablarlo contigo. —Imayoshi lo evaluó con la mirada y el pívot añadió:– Y claro, también podríamos sumar a Kuroko. Por lo de su lesión, perdió muchas clases, y por eso ahora también necesita un repaso. Aunque necesitaríamos un profesor…

Imayoshi suspiró audiblemente y se enderezó sobre su silla.

—… Yo puedo enseñarles. —Sentenció al final. El rostro de Kiyoshi se iluminó con alegría.

— ¿Eh, de verdad? —Inquirió con asombro.– ¡Eso sería fantástico! Pero… ¿seguro que estarás bien? —Preguntó algo inseguro.

Imayoshi asintió con resignación y Kiyoshi inició entonces un largo proceso de agradecerle y prometerle que algún día se lo compensaría de alguna base se limitó a asegurarle que no hacía falta, que no tenía problema en hacer aquello como un favor y que al fin y al cabo todos saldrían beneficiados.

Pero claro, Imayoshi no era del tipo que hacía las cosas a cambio de nada. Y estaba seguro de que Teppei, a lo largo de toda su conversación, había sido consciente del diálogo subliminal que había tenido lugar entre ellos. El base no era un lector de mentes —pero casi, y con ello bastaba para que comprendiese que el pívot de Seirin se traía algo entre manos que iba más allá de hacer sentir mejor a Kagami.

Algo le había hecho ruido desde el inicio de su conversación —y se había vuelto más palpable desde el momento en que Teppei se había apresurado a añadir que también podrían sumar a Kuroko a las sesiones de estudio. El de anteojos no tenía dudas de que las intenciones del contrario eran buenas; pero era plenamente consciente de que lo que Kiyoshi pensaba en realidad de todo aquello era bastante diferente de lo que parecía, y de que había algo que pretendía lograr.

Imayoshi no estaba haciendo aquello a cambio de nada, de forma gratuita. Les estaba cobrando un precio —y ese precio era poder ver, precisamente, qué demonios era lo que pretendía sacar Teppei a partir de todo aquello.

Presente.

El jueves, Aomine no apareció en la práctica de la tarde; de hecho, luego de que una preocupada Momoi le preguntase si sabía algo sobre el peliazulado, Imayoshi se enteró de que ni siquiera había asistido al colegio. El de anteojos decidió no darle demasiadas vueltas al asunto y esperar; aunque la verdad era que le daba curiosidad enterarse de por qué Aomine había decidido faltar, si al fin y al cabo no lo necesitaba: si no tenía ganas de tener clases, todo lo que debía hacer era saltárselas e irse a descansar a la terraza del colegio, como siempre hacía.

Cuando el viernes asistió al entrenamiento de la tarde, Imayoshi en seguida notó que había algo distinto en él. Era difícil decir qué, pero era como si… pareciese más satisfecho consigo mismo que de costumbre.

— Ah, Aomine–kun… —Llamó el base luego de que el ala–pívot encestase 27 puntos seguidos, uno atrás del otro —Wakamatsu, que era quien se suponía que lo estaba marcando, no cesaba de gritar improperios y maldiciones en contra del moreno– ¿Qué ocurrió ayer, que faltaste a clase?

Aomine se rascó el cuello mientras se encogía de hombros. Su gesto parecía menos amargado y aburrido que de costumbre —y por la manera en que estaba jugando, quedaba claro que se estaba esforzando por lo menos un poquito más de lo usual.

— Ah, eso… es que por la tarde llovió y… el uniforme no estaba seco. —Aomine miraba hacia otro lado, pero más que intentar evitar su mirada, parecía un poco… disperso.

Imayoshi alzó las cejas, tomando el balón con ambas manos y subiéndolo a la altura de su pecho.

— ¿Ah? ¿Vas a decirme que tienes sólo una prenda de cada una del uniforme? —Le preguntó con incredulidad, pasándole el balón.

Aomine se encogió de hombros y, empezando a driblar la pelota, echó a correr hacia donde un enfurecido Wakamatsu aguardaba, listo para darlo todo y frenarlo como fuese. Cuando el ruidoso pívot empezó a los gritos de nuevo, iracundo porque Aomine había vuelto a pasarlo, Momoi se acercó a Imayoshi con una expresión de confusa felicidad.

— ¿Sabes? Anteayer Aomine–kun no volvió a casa. —Le informó con una sonrisita, mirando desde lejos cómo Aomine le daba palmaditas en el hombro a Wakamatsu, tratando de tranquilizarlo —aquel gesto era absolutamente impropio del ala–pívot, ya que solía limitarse a burlarse de él. De todas maneras, estaba teniendo el mismo efecto: sólo conseguía enfurecerlo todavía más.

Imayoshi se giró para mirar a la pelirrosa.

— ¿Cómo que no? —Le preguntó sin comprender.

Momoi asintió.

— Sí. Y cuando tratamos de ubicarlo, porque su madre estaba muy preocupada por él, ¡resultó que estaba en casa de Kagamin! —Exclamó la joven —aunque no lo suficientemente fuerte como para que nadie más que Imayoshi pudiese oírla por encima de los gritos de Wakamatsu.– ¿Puedes creerlo?

Imayoshi se dedicó a mirar al ala–pívot, haciendo una pausa antes de responder; y cuando habló, su murmullo fue tan bajo que estuvo casi seguro de que Momoi no pudo oírlo.

—… En otro momento, te hubiese dicho que no… pero ahora, la verdad es que no me sorprende.


— ¿Y quién es tu novia, Kagami?

— No tengo novia.

— Es esa mujer rubia que te entrenó en Estados Unidos, ¿verdad? Cómo era su nombre… ¿Alex? Es ella, ¿a que sí?

— Koga, ella ni siquiera estaba en la fiesta… —Susurró Izuki.

— ¡Alex tiene diez años más que yo! Además, no, ¿en qué demonios estás pensando? Es como si fuera mi madre o…

— ¡Entonces dinos quién es!

— ¡Vamos, Kagamiiii~! ¡Dínoslo!

— Bueno, creo que es momento de que lo dejen un rato tranquilo. —Intervino Kiyoshi, interponiéndose entre Kagami, y Koganei, Izuki, y Kawahara, que lo acosaban con preguntas.

Kagami suspiró con alivio, alejándose mientras los otros tres empezaban a protestar.

— ¡No es justo, Kiyoshi! ¡Tú sabes quién es, así que, ¿por qué no lo compartes con nosotros?!

Kagami se giró para mirarlo con una expresión mezcla de incredulidad y horror. ¿Cómo demonios se había enterado Kiyoshi que…?

Teppei se rascó el cuello con bochorno, alzando la mano restante a modo de disculpa —aunque era difícil saber si iba para el pelirrojo o para los tres que le recriminaban que él supiese algo que ellos no. Cierto, Kagami no se había enterado de que Kiyoshi… sabía.

— Lo siento, Kagami–kun. Me enteré… por ahí. —Kagami sintió que se deshacía a causa del terror. Si el imbécil de Aomine se lo había dicho a alguien…– Pero no te preocupes. —Se apresuró a añadir el pívot ante la expresión aterrorizada del pelirrojo.– Nadie más lo sabe, aparte de yo mismo. —Y como el diez todavía parecía poco convencido, agregó:– Confía en mí.

Era difícil no confiar en Teppei.

—… Vale. —Accedió Kagami al final, encaminándose hasta la banca para tomar un poco de agua. Kuroko, que observaba desde allí, se limitó a mirarlo sin decir nada. El pelirrojo se secó el sudor con una toalla, prosiguiendo a beberse todo el contenido restante de su botella de un trago.

Riko eligió ese momento para acercarse y dar algunos anuncios.

— Tengo dos noticias. —Avisó en voz alta. Mitobe, Tsuchida y Hyuuga, que se hallaban practicando juntos cerca de la canasta, se aproximaron entonces para escuchar. Las protestas de Izuki, Koganei y Kawahara cesaron, ya que ellos tres y el pívot se dieron media vuelta para prestar atención a su entrenadora. Kagami, Kuroko, Fukuda y Furihata escuchaban desde el banco.– La primera, es que a partir del lunes que viene, Kuroko–kun se reintegrará a los entrenamientos.

Todos rompieron en sonoros aplausos y chillidos de alegría. Koganei y los tres suplentes de primero rodearon al peliceleste en un abrazo, cayendo los cinco al suelo mientras Kagami sonreía satisfecho. Por fin podría volver a jugar junto a Kuroko.

Cuando el barullo causado por la felicidad de todos cesó un poco —y Kuroko, bastante despeinado y dolorido, consiguió incorporarse desde el suelo–, Riko prosiguió:

— Obviamente, no seguirá el mismo entrenamiento que los demás. Le tomará un poco ponerse a tiro con el resto, pero lo bueno es que muy pronto estará jugando de vuelta con nosotros. —A nadie pareció importarle demasiado que la recuperación de Kuroko todavía no estuviese completa, pues la idea de que volviese a entrenar con ellos los había llenado de una inmensa alegría.

La entrenadora hizo una pausa antes de darles el otro anuncio; ella también sonreía por la emoción de tener a Kuroko de vuelta. La recuperación había sido más rápida de lo previsto.

— Lo otro que deberían saber es que, faltando poco para las vacaciones de verano, con los otros entrenadores estuvimos evaluando la posibilidad de organizar un campamento de verano…

La recepción de aquella noticia fue más heterogénea: los de primero en seguida empezaron a celebrar, pero los de segundo permanecieron cautelosos, estudiando a su entrenadora con la mirada. La expresión de Hyuuga era de absoluta desconfianza, y Koganei parecía preocupado —se había olvidado del asunto de Kagami, y en su lugar no podía evitar pensar en los mortales programas de entrenamiento que Riko podía estar planeando para aquel viaje.

— Cuando mencionas a los otros entrenadores —empezó Izuki–, te refieres a…

— Shuutoku, Kaijou, y Touou. —Completó la joven con gesto serio. Lo pensó unos segundos y añadió:– Incluso puede ser Yousen, y, me atrevería a decir… que hasta Rakuzan.

El entusiasmo de los de primero se apagó cuando todos se miraron unos a otros con incredulidad. Aquello era absolutamente inesperado.

— ¿Rakuzan? —Murmuraron, mirándose los unos a los otros. Hasta Kuroko parecía un poco sorprendido.

Riko asintió.

— Así es. Todavía no tenemos muy bien definido el lugar, ni la fecha… Sí sabemos que la duración sería de más o menos una semana… y, probablemente, vayamos al principio deagosto, pero eso todavía está por definirse. —Los evaluó a todos con la mirada, juntando las cejas al final.– Tienen que saber que vamos a entrenar, no a vaguear por ahí. No es un viaje de vacaciones y nada más… sobre todo si está Rakuzan de por medio. —Remarcó.– Y más vale que todos aprueben los exámenes de fin de curso, porque el que tenga que quedarse para las clases intensivas de verano no podrá ir.

Kagami tragó audiblemente ante esto último, pero asintió.Riko suspiró, y cruzándose de brazos, finalizó:

— Eso es todo. Cuando estemos más sobre la fecha les daré los detalles… todavía faltan como dos meses, pero es bueno que vayan haciéndose una idea de cómo será.

Después de aquello, dieron el entrenamiento por concluido. Koganei y los demás empezaron a comentar aquel evento entre ellos, de forma que se olvidaron por un rato de Kagami —de modo que el pelirrojo aprovechó para tomar sus cosas y largarse de allí lo más rápido posible.

Mientras volvía a su casa, reflexionó sobre aquello. Así que irían de viaje junto a las otras escuelas —escuelas que, además, albergaban cada una a un miembro distinto de la Generación de los Milagros… E incluso Rakuzan estaría allí —aquel equipo había declinado tantas veces las diversas ofertas que Seirin le había hecho, que ya se habían resignado ante el hecho de que nunca conseguirían un "sí" por respuesta… de modo que aquello era una completa novedad.

Sonaba genial. Aquel era el tipo de evento que entusiasmaba a Kagami —un evento en el que pudiese enfrentarse a oponentes fuertes.

Y aunque faltaba tiempo para las vacaciones de verano, no pudo evitar encontrarse a sí mismo ansiando que esos dos meses pasasen rápido.


Aomine chasqueó la lengua con irritación cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Era lunes y acababan de terminar un partido de práctica contra Shuutoku —en el que, para el gran disgusto de Midorima, Touou había vencido– y lo último de lo que tenía ganas era de hablar con Kise. Porque sí: aquello que sonaba era el inconfundible ringtone que había seleccionado para las llamadas de rubio.

Molesto, rebuscó en el interior de su bolso y tomó su celular. Podía limitarse a no atender —pero sabía que Kise no lo dejaría en paz hasta haber hablado con él. Por ello, decidió ir por el camino más fácil y contestar la llamada.

— ¿Qué pasa, Kise? —Fue su saludo. Estaba transpirado y bastante cansado —después de todo, Midorima era un oponente formidable. El resto de su equipo, sentado en el banco junto a él, también parecía exhausto, ya que todos sudaban y bebían el contenido de sus botellas de agua con fervor. Y lo mismo podía decirse de Shuutoku —el único que todavía parecía albergar algo de energía en su interior era el base rival, que revoloteaba alrededor de Midorima tratando de consolarlo por haber perdido —algo que, resultaba obvio, hacía muy poca gracia al peliverde.

¡Aominecchi! ¡Es terrible! —Exclamó el modelo desde el otro lado de la línea, con un tono melodramático que daba a entender que algo horroroso había pasado. Gritaba tan fuerte que todos los que se hallaban cerca podían oír sus palabras; el resto de Touou alzó la cabeza para contemplar al irritado Aomine con curiosidad.– ¡Kurokocchi ya se ha recuperado del todo, y por eso ha vuelto a jugar!

Aomine frunció el entrecejo sin comprender al oír aquello.

— ¿Hah? —Soltó sin creerlo.– Vale, Kise, y luego el egoísta soy yo. ¿Qué es lo malo de que Tetsu esté jugando de vuelta? —Inquirió el ala–pívot con cierto resentimiento hacia el alero de Kaijou. La noticia lo había tomado por sorpresa, pero lo alegraba que Kuroko por fin se hubiese recuperado. Sin embargo, ¿qué demonios le molestaba a Kisede que Kurokopodiese volver a jugar?

No, no, Aominecchi, ése no es el problema. —Se apresuró a corregirlo el rubio.– Por supuesto que me alegra un montón que Kurokocchi juegue de nuevo. Pero, ¡no puedo organizar una fiesta en casa para celebrarlo, porque después de la última mis padres me prohibieron dar fiestas por seis meses! —Exclamó Kise con un tono que evidenciaba su profunda angustia.

Aomine sintió ganas de echarse a reír. Una sonrisa leve se dibujó en su rostro, mientras se daba una palmada sobre éste.

— Joder, Kise, ¿tanto problema es eso? ¿Para qué otra fiesta, de todas formas? No creo que Tetsu–…

— ¿Una fiesta? —Intervino Takao que, atento desde el otro lado del campo de juego, había captado las palabras de Aomine —o, por lo menos, ésa palabra. Se acercó brincando, evidentemente entusiasmado.– ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Puedo ir?

Aomine suspiró y, luego de mirar al de los ojos de halcón por unos segundos, negó con la cabeza. Volvió su atención al teléfono, dispuesto a terminar aquella llamada cuanto antes.

— Mira, Kise, estoy cansado, hablaremos luego…

¡Aominecchi! ¿No entiendes lo grave del problema? ¡Tenemos que dar una fiesta por Kurokocchi! —Chilló Kise desde el otro lado, implacable.

El peliazulado chasqueó la lengua con irritación. Quería sacarse a Kise de encima cuanto antes. Estaba todo pegajoso y quería bañarse; sin embargo, el rubio no parecía dispuesto a rendirse con tanta facilidad.

— A ver, Kise, yo no puedo ayudarte. Arréglalo con otra persona… —Miró a su alrededor, y sus ojos volvieron a toparse con el base de Shuutoku, que parecía más que entusiasmado por saber qué estaba pasando. Le pasó el teléfono y, sin darle tiempo a reaccionar, le dijo:– Resuélvelo tú. Yo voy a ducharme.

Y, sin mirar atrás, se alejó a través del campo de juego, con el bolso al hombro en dirección a los vestuarios.

— Eh… ¿hola? —Preguntó Takao con tono dudoso, llevándose el auricular al oído y aguardando la respuesta desde otro lado del teléfono.

¿Quién es? ¿Takaocchi? —Inquirió la voz curiosa de Kise.– ¿Qué pasó con Aominecchi?

— Él… fue a ducharse. —Respondió Takao con tono inseguro. Reponiéndose a la sorpresa inicial, se apresuró a preguntar:– ¿De qué fiesta estaban hablando?

Kise prosiguió entonces a explicarle a Takao lo que no había tenido tiempo de contar a Aomine. Como Kuroko había terminado su rehabilitación, pensaba que sería una buena idea dar una fiesta por él —algo así como para celebrar su recuperación. Sin embargo, luego de la fiesta anterior, la mansión de Kise había quedado tan sucia y desordenada que había sido muy complicado limpiarla y volver a ponerla en orden —y, lo que era más importante, sus padres le habían prohibido organizar otra fiesta por un largo período de tiempo, a modo de castigo por haber sido tan irresponsable en la tarea de mantener el orden durante el evento.

Era por eso que, por más que quisiese, Kise no podía organizar la fiesta por su amigo. Pero el rubio no estaba dispuesto a resignarse así como así: pensaba conseguir otro lugar donde pudiesen celebrar todos juntos.

— Oh… ya veo. —Musitó el base de Shuutoku al final, cuando Kise acabó de explicar la situación. Takao, al igual que Kise, parecía entusiasmado por la idea de la fiesta.– ¿Y no conoces a nadie que tenga un lugar grande al que podamos ir?

No… —Respondió el rubio.– No que me lo pueda prestar. Podríamos alquilar un salón, pero cuesta muy caro y creo que no tiene mucho sentido…

— Hmm… —Takao reflexionó unos segundos y asintió, aunque Kise no pudiese verlo. Levantó los ojos y evaluó a los jugadores de Touou con la mirada, que lo observaban en un intento por comprender la conversación que estaba teniendo lugar. Fue entonces cuando el base se giró y su vista se clavó en Midorima. Sus ojos se abrieron con sorpresa, y su rostro se iluminó con una enorme sonrisa.– No te preocupes, ¡conozco a alguien perfecto que podría ayudarnos!

¿De verdad? —Preguntó Kise; y en su tono emocionado casi podían notarse las lágrimas de alegría que caían por sus ojos.– ¡Eres lo mejor, Takaocchi! ¿Quién es?

— Ya verás, ya verás… —Replicó el de cabello se había dado cuenta de que lo estaba mirando, y le devolvía la mirada con suspicacia y el entrecejo fruncido.– Me tomará trabajo convencerlo, pero no te preocupes, lo lograré. —Sentenció con tono seguro.

Le tomó un minuto entero tranquilizar a Kise, que desde el otro lado del teléfono había roto en un sinfín de palabras de agradecimiento hacia el base de Shuutoku. Cuando por fin cortó la comunicación, dejó el celular sobre el banco de Touou y se acercó al peliverde.

—… Espero que no estés mirándome por nada en especial, Takao. —Sentenció Midorima, carraspeando y mirando al contrario con gesto solemne.

El base soltó una risita baja.

— Oh, no… claro que no, Shin–chan…


Midorima era un tipo sensato, disciplinado, y muy obediente de las reglas. Rara vez tenía problemas con nadie —excepto con sus compañeros de equipo, quizás, que se irritaban bastante por su actitud egoísta y ególatra– y tenía las mejores calificaciones de todo el colegio. Además era muy bueno en el baloncesto; las autoridades institucionales estaban encantadas con él, por su actitud responsable, su seriedad, y su capacidad de actuar racionalmente en cualquier serie de circunstancias.

Hacía su máximo esfuerzo por responder a la voluntad del destino. Cumplía siempre con las recomendaciones del Oha–Asa, siempre llevaba su objeto de la suerte consigo —el de aquel día era una cintita roja que en ese momento tenía atada en la muñeca izquierda–, y daba lo mejor de sí para dar a las fuerzas del destino lo mejor que podía ofrecer. Realmente, su reputación y su comportamiento eran intachables.

Por esos motivos, el peliverde no tenía idea de cómo había llegado a la situación en la que se encontraba ahora.

— Por favor, Shin–chan…

La ceja izquierda del escolta palpitó. Tenía los ojos entrecerrados, y se hallaba de brazos cruzados, reclinado con la espalda contra los lockers del vestuario —ellos dos eran los únicos que quedaban allí.

Agradeció a las fuerzas del destino que así fuera, porque de ninguna manera hubiese podido soportar ser visto por otras personas en aquella situación.

Takao se hallaba frente a él, con las rodillas en el suelo. Las manos hábiles del base de Shuutoku bajaban lentamente los pantalones cortos del peliverde —sin embargo, el diez miraba hacia arriba, con sus ojos de halcón clavados fijamente en los orbes verdes del contrario.

— He d–dicho que no. —Midorima se odió a sí mismo al darse cuenta de que tartamudeaba. Su intento por sonar serio y decidido había fracasado estrepitosamente debido a aquello.

Pero era difícil mantener la compostura ante algo así.

— Shin–chan, qué pervertido… —Murmuró el base, terminando de bajar la prenda del contrario hasta donde consideró correcto y procediendo a hacer lo propio con sus bóxers.– ¿Acaso buscas que te convenza de otra forma…?

— Y–yo no… —A Midorima no le salían las palabras, enrojeciendo hasta la médula. Se sintió traicionado por su propio cuerpo cuando su miembro comenzó a erguirse por debajo de la tela oscura de su ropa interior, de manera que ni siquiera él mismo lo podía controlar. Pero era imposible no excitarse ante una cosa como aquella.

Takao deslizó sus finos dedos por debajo del elástico de los bóxers y comenzó a bajarlos, dejando al descubierto lo que los mismos trataban de cubrir en cuestión de segundos. Midorima desvió la mirada hacia la puerta, nervioso por la posibilidad de que alguien pudiese entrar —y sintiéndose incapaz de mantener la compostura al ser consciente de la cercanía entre su miembro y el rostro de Takao.

— Shin–chan… ¿ya estás así de duro sólo por mirarme…? —Le preguntó el de los ojos de halcón, contemplando el pene erecto de Midorima con una expresión de anhelo tal que, cuando el peliverde volvió la vista hacia él, sintió —para su propia perturbación– que era capaz de eyacular sólo por mirarlo contemplar su erección con tanta avidez. Quiso decir algo —que podía entrar alguien en cualquier momento, que nada de aquello estaba bien, que estaba cansado y transpirado por el entrenamiento y todo lo que quería era irse a bañar–, pero todo lo que consiguió emitir fue un jadeo ahogado al que Takao no prestó atención.– De veras eres un pervertido…

Y, dicho aquello, el diez cortó la distancia entre la erección del seis y su rostro, primero rozando la punta de la longitud con los labios, y luego introduciéndola lentamente en su boca.

Midorima tuvo que hacer un esfuerzo por mantenerse en pie debido al shock inicial causado por el contacto de los labios —y después de la lengua– de Takao, con la punta de su pene. Aquello era algo que nunca había experimentado antes, y el contacto húmedo por encima de su glande causaba que sintiese que se derretía allí por donde Takao pasaba. Depositó su peso sobre su espalda, dependiendo completamente de los lockers detrás de sí para no caer al suelo.

— T–Takao… —Farfulló, tratando de hacerse oír por encima de su propia respiración entrecortada. El base, regocijándose ante el hecho de que Midorima apenas podía hablar por lo que él estaba haciéndole, curvó las comisuras de los labios levemente y prosiguió a meter todavía más el miembro del peliverde en el interior de su boca.

Midorima soltó un jadeo cuando los labios de Takao se cerraron en torno a su erección —su lengua jugueteando sobre su piel desde el interior de su boca– y éste succionó con insistencia el fragmento de su longitud que cabía en su boca. El base se daba cuenta de que Midorima era considerablemente grande —bastante más que él mismo– y que difícilmente podría abarcar su pene entero con su boca. Fue por ello que rodeó la zona que quedaba por fuera de la misma con los dedos y comenzó a frotar con movimientos rápidos, fluidos debido al rastro de saliva que se había derramado al exterior y que se deslizaba por la base del miembro del de anteojos.

El escolta cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás. Las piernas le empezaban a temblar, y era consciente de que no podría permanecer mucho tiempo más en aquel precario equilibrio. El interior de la boca de Takao era tan cálido y húmedo que sentía como con cada movimiento se deshacía de placer —tanto que llegó un punto en que incluso él, el disciplinado y responsable MidorimaShintarou, se olvidó de que se hallaban en medio de los vestuarios, donde cualquiera podía verlos u oírlos, y emitió un gemido bajo y profundo que fue perfectamente audible para la figura que se hallaba arrodillada ante él.

Takao se apartó por un instante, murmurando:

—Shin–chan… mírame. —Le pidió —pues Midorima todavía tenía la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados.– Quiero que me veas mientras lo hago.

Incapaz de negarse a la petición del diez —que había sido formulada en un tono endemoniadamente seductor–, el peliverde abrió los ojos y dirigió la mirada hacia éste. Takao, conforme, retomó lo que estaba haciendo —consciente de las oleadas temblorosas que sacudían las piernas de Midorima, y de que no podía faltar demasiado para que alcanzase el orgasmo.

Aquello se confirmó instantes más tarde. El de anteojos, incapaz de contenerse demasiado al ver como Takao—Takao, y no otro– succionaba su miembro de aquella manera, causándole un gozo infernal mediante sus actos, no tuvo tiempo de advertir al contrario antes de notar cómo se derramaba en el interior de la boca del joven.

Takao se apartó e hizo un esfuerzo por incorporarse. Tenía rastros de semen en los bordes de los labios, que se apresuró a limpiar con la primera toalla que encontró. Midorima volvió a subirse sus prendas de vestir y, tambaleándose, se dejó caer sobre un banco que allí había.

Miró al base con gesto inquisitivo, incapaz de comprender cómo hacía para permanecer tan imperturbable después de —y durante– algo como aquello. Vale, tenía las mejillas tintadas con un leve tono rosáceo, pero no se hallaba ni por lejos tan rojo como él mismo.

— ¿… Takao? —Preguntó el de anteojos con tono levemente inseguro. Si se había corrido en su boca, y Takao no había escupido en ninguna parte, eso significaba que…

Hizo un esfuerzo por pensar en otra cosa —no fuera a ponerse duro de nuevo.

Cuando hubo acabado de limpiarse, Takao le sonrió como si nada.

— ¿Y bien, Shin–chan? ¿… Piensas seguir diciéndome que no? —Le preguntó alegremente, acercándose al escolta y mirándolo con las cejas alzadas y los ojos muy abiertos, en una mueca que fingía ser inocente.

—… No es justo. —Replicó Midorima, desviando la mirada y sintiendo como si sus mejillas estuviesen en llamas.

Takao dio un saltito, alzando el puño en gesto triunfante.

— ¡Genial! Voy a avisarle a Kise–kun, entonces~ —Sentenció, acercándose a su bolso y tomando su celular de su interior.– Aunque… —Dirigió la vista hacia Midorima una vez más, y sus mejillas adquirieron un tono rosado un poco más opaco que antes, algo de lo que el de anteojos no pudo evitar asombrarse.–… Realmente eres un pervertido, Shin–chan.

Mientras Takao se alejaba hacia el exterior del gimnasio, seleccionando el número de Kise de su lista de contactos y aguardando a que atendiese la llamada, Midorima se cubrió el rostro con las manos, haciendo un vano esfuerzo por ocultar el rojo tomate con que se había ruborizado ante aquello último.


Gracias por leer~ Subiré el próximo capítulo entre el martes y el miércoles de la semana que viene.