CAPÍTULO XXI
また 生きてゆく君と
No obstante, pese a todo, se adapta rápido.
Este planeta recibe el mismo nombre que el suyo, así que, según sus hipótesis más certeras, posiblemente ha acabado en un universo similar, si bien no idéntico, al suyo.
Desde la aceptación de este hecho hasta poder sustentarse recorre aún un largo y penoso camino: vivir en refugios, vivir de caridad, vivir en las calles.
Aprende algunas cosas: como que está en un país enorme llamado Rusia.
Más adelante, consigue un trabajo por caridad del dueño de un bar: Yakov Feltsman.
Y es eso, caridad: Victor demuestra ser bastante inútil para las labores del bar.
―No sé qué es lo que a ti te guste, muchacho, pero nunca tengas tu propio local de comida; ni las ratas se quedarían a cenar.
A Victor el pensamiento le da risa. Nunca ha sabido cocinar, ni piensa ser lo suficientemente solvente como para lograr algo así alguna vez en su vida en este nuevo universo no del todo hostil, no del toco acogedor.
Tal y como su propio universo.
Esto cambia cuando Yakov le anuncia a Victor que le dará una semana libre.
―Lilia y yo vamos a ir de vacaciones el mes próximo. Consideramos la posibilidad de dejarte a cargo, pero eres tan inútil que decidimos que era mejor cerrar el restaurante mientras estemos lejos. Así que tendrás una semana libre.
Es un panorama algo desalentador: Victor no tiene adonde ir. ¿Tal vez a otra ciudad? ¿Tal vez a otro país? No tiene idea de qué debería hacer.
―Claro que podrías venir con nosotros… Es un monto un poco elevado, porque viajaremos al exterior, pero podría descontártelo en salarios posteriores…
Estas palabras llaman la atención de Victor. ¿Viaje? ¿Adónde? Aunque se ha pasado navegando en internet todas las noches, todavía conoce muy pocas cosas de este mundo.
La idea le interesa y, como realmente no tiene aspiraciones más allá del presente, el gasto no lo asusta.
―Eso estaría bien, Yakov.
El papeleo es monumental: en primer lugar, fabricar papeles para alguien sin memoria (como Victor ha alegado desde que comprendió su situación) y, en segundo lugar, fabricar papeles que de hecho permitan a alguien sin memoria entrar a los Estados Unidos de América.
(Victor tiene algo de miedo de preguntar a qué se refiere Lilia cuando dice «Déjamelo a mí; yo me encargo» y una semana luego aparece con todos los requerimientos necesarios).
La noche antes del viaje, mientras mira el cielo desde la ventana de la habitación que Yakov y Lilia le han cedido en su casita, Victor llega a la conclusión de que tal vez, pese a todo, su buena fortuna radica en seguir cruzándose con toda esta gente buena.
Cuando finalmente llegan a Nueva York, Victor no puede creer la ciudad. Es… imponente. Rebosa de pequeños mundos atrapados en personas. Y aunque ha visto ciudades en su mundo, nada parece compararse al espíritu particular que habita en esta urbe.
Victor observa todo maravillado: desde los carritos de comida en las esquinas hasta los altos rascacielos.
Pero lo que captura su atención una noche desde el balcón de su hotel lo obliga a vestirse y a salir corriendo, todo con tal de seguir el resplandor que lo obnubila.
El resplandor del Planetario Hayden por la noche.
No sabe exactamente qué hace allí: observa la explicación sobre el nacimiento del universo en una especie de teatro con efectos especiales que él no ha visto nunca en su vida.
No es que estas cosas no existieran en su universo; es que, en su vida privada de lujos, no las ha conocido.
Un hombre de piel oscura habla y habla a un grupo de adolescentes que aparentemente se encuentran de excursión. Sus alegres gestos dejan al descubierto su chaleco negro con el dibujo de un sol dorado.
Victor considera acercarse, mas se decanta por no hacerlo.
Este no es su lugar, después de todo.
Detrás de él, una voz extraña, como artificial, le dice:
―¿No vas a unirte al tour?
Victor se gira. Es un hombre anciano, deteriorado, en una silla de ruedas, pero con ojos azules que resplandecen con amabilidad. Habla lento, y Victor comprende que es el aparatito de su silla de ruedas el que le permite comunicarse. Como no le salen las palabras, solo niega con la cabeza.
―Hm, sí. Las explicaciones de Neil son siempre muy interesantes ―continúa el hombre, a su propio ritmo―. De qué están hechas las estrellas, lo que pensamos que hay en el interior de un agujero negro… Todo eso y más. Pero tal vez son un poco básicas, si ya sabes algo del tema.
Victor comprende lo que el hombre quiere decirle; es una invitación a hablar, a revelar cuánto sabe del tema. Sin poder evitarlo, sus labios le tiemblan.
Las palabras se le escapan, porque no sabe mentir, no realmente.
―La singularidad dentro de los agujeros negros es algo que conozco muy bien.
El hombre no mueve un músculo, y Victor sabe que es porque no puede.
Entonces, habla:
―¿Y qué hay allí?
―Una puerta a otro universo ―susurra Victor sin dudar.
El hombre no dice nada. Victor solo se arrodilla frente a él y toma las manos del hombre. Las manos están frías y sin signos de vida, mas esto no lo amilana.
―Una puerta que puedo mostrarle si me ayuda ―insiste.
Sigue temblando, mas no por el prospecto de revelar sus secretos.
No; es la felicidad de haber encontrado, en este universo, a alguien con quien hablar del cielo nocturno.
A partir de allí, la historia es obvia: Victor renuncia a su trabajo y, tras una emotiva despedida de Yakov y Lilia, se vuelve colaborador habitual de astrónomos y físicos como Neil deGrasse Tyson, Kip Thorne…
… y hasta el mismísimo Stephen Hawking.
El aura de misterio que lo rodea (¿de dónde ha aparecido este apuesto astrofísico, que nadie sino Hawking conoce?) y su facilidad para la divulgación científica de asuntos tan complicados lo elevan como centro de interés en muy poco tiempo.
Aunque tiene el papeleo (cortesía de Lilia, a pesar de que sigue sin atreverse a preguntar cómo lo ha logrado) para hacerse pasar por un graduado en Astronomía Mención en Física, no mucho se sabe de él y, extrañamente, nadie recuerda haber sido su compañero de universidad o trabajo.
Pero es obvio, ¿no? Su universidad es una casi desconocida, en un pueblito semirrural de su Rusia natal.
¿Quién lo recordaría allí?
Aunque ahora sea el reconocido astrofísico Victor Nikiforov, antes no era más que una sombra.
Un fantasma en el planeta entero.
AMO a Hawking. LO. AMO.
-Pekea.
