"No es esa la cuestión Quinn, sólo digo que si las cosas fueran como en los videojuegos todo sería más fácil" Era puck hablando por radio mientras iba en el asiento del pasajero mientras Sam iba atenta a la carretera.

A lo lejos se veía una enorme masa de nubes negras que descargaban toda su furia sobre la ciudad que iban a atravesar; era un espectáculo sin comparación, cómo sólo esa parte era atacada por la furia de la lluvia.

"Claro y entonces quisieras que hubiera boomers y spiters por todos lados, no? Que aparte corrieran y no sólo eso, tuviéramos que andar a pie por las calles de las ciudades"

Los demás escuchaban su conversación por la frecuencia en la que todos se habían sintonizado para cualquier percance que pudiera presentarse, la mayoría no sabía de lo que hablaban; a Samantha le parecía graciosa la discusión que se estaba llevando entre los dos, a Rachel le parecía increíblemente tierno que la chica cuyo cabello ya no era rosa (mas que en unos cuantos mechones) estuviera hablando de videojuegos con Puck.

Nunca la creyó una gamer.

"Bueno, pero en los videojuegos después del Game Over puedes volver a jugar".

En eso tenía un punto a favor, sin embargo la vida real no se basa en game over's, tal y como había dicho Rachel cuando salían del bunker, acá si pierdes no hay forma de empezar desde un saving point, no hay forma de hacer tus armas más poderosas o de cargarlas a diestra y siniestra, ellos sabían que una vez terminadas las municiones no tendrían más que las armas blancas para defenderse.

"Esto no es un videojuego Puck y más vale que estés alerta porque si te muerden no hay un antivirus y no está una sexy Alice que esté al pendiente de ti" Contestó Quinn que iba en el asiento trasero de la camioneta acomodando unas cosas, al volante Rachel.
"Imagina que me convierta en un Némesis"
"Imagina que no" Comenzó a escuchar las primeras gotas de llovizna sobre el techo del vehículo.
"No te gustaría tener una Alice o una Clair Redfield que vengan en tu ayuda?" Sonó del otro lado del radio.
"Me gustaría más bien una Jill" contestó en seguida y se volteó deprisa a ver a Rachel por el espejo retrovisor. "Pero sabes que tú eres la única a la que amo" Dijo mientras la morena le daba una mirada de reprimenda… en broma.

Santana iba hasta el frente, Britt iba con los pies subidos en el asiento y se abrazaba las rodillas, observando el panorama que se aproximaba; siempre le había gustado la lluvia, los relámpagos, el sonido de los truenos, pero se sentí a inquieta, echó un vistazo al asiento trasero donde iba un lord Tubbington más delgado acostado sobre sus patitas sin ronronear.

"Podrían dejar de actuar como estúpidos y tener conversaciones más entretenidas? Yo sinceramente no entiendo de qué están hablando" La voz de Santana era dura y mandona, pareciera que estaba harta de escucharlos hablar y en efecto, así era.
"Podemos hablar de chicas" Sugirió Puck.
"Yo creo que no" Contestó la morena.
"Mejor pongan atención al camino" Era la inconfundible voz de Hiram con un consejo mucho más atinado, poner atención al camino sería lo mejor.
"Entendido" Contestó Noah.

Nadie había roto la formación, el comboy seguía en hilera hacia su destino, sorteando de vez en cuando coches, pasando por encima de uno que otro zombie, pero nada que los detuviera, que hiciera que bajaran de los autos para inspeccionar.

Tampoco se habían encontrado con ningún sobreviviente, lo cual era muy extraño, sin embargo la mayoría lo agradecía. Tenían el presentimiento que, de encontrarse con otro ser humano, éste trataría de tomar ventaja y se crearía un conflicto en el grupo que si bien no era el más unido, se sentían cuidados por los demás.

No querían meterse en problemas ni encontrarse con nuevas pandillas que quisieran quitarles lo que transportaban en las camionetas; la verdad es que con todo lo que cargaban serían un punto de interés y seguramente tratarían de asaltarlos.

Tenemos que tomar en cuenta que en condiciones como esas el ser humano en realidad estaría desesperado, perdería la moral y la ética con tal de ganar un día más de seguridad y con ello, de vida; lo habían visto en miles de películas y eso sí se acercaba más a la realidad. Los humanos sometidos a un lapso grande de estrés se vuelven violentos y ellos no querían disparar contra nada que no fuera un caminante.

No habían pasado por tanto, ni habían perdido a un amigo para nada, para dejarse amedrentar por un grupo de humanos hostiles. Por ello habían acordado que serían demasiado cuidadosos cuando se encontraran con algún sobreviviente o con un grupo de ellos.

Tampoco sabían si querían encontrarse con alguien llegando a su destino, si querían reunirse con más gente para formar una colonia y así como colonia crecer y sobrevivir, cuidarse, aprender. Estaban recelosos de su pequeño grupo, de la familia que habían formado.

La lluvia arreció, el viento golpeaba contra las carrocerías, era tan densa que debieron bajar la velocidad pues la visibilidad era de unos cinco metros y no más. El olor a tierra mojada se colaba por las ventanillas que iban ligeramente abajo.

"Recuerden que debemos estar alertas en todo momento" Moss daba las instrucciones más poderosas, habían aprendido a obedecerle y sin cuestionar demasiado.

Quinn se acomodó en su asiento y se puso el cinturón, llevando en su mano un arma de bajo calibre, con la mirada escaneando el luga menos lo que podía ver debido a la lluvia y ventisca.

Bajó el volumen de la música y acarició la mejilla de Rachel que sonrió sin quitar la mirada de la carretera.

Según tenían entendido, estaban a unas horas de que anocheciera y a un día de estar en donde se suponía que debían estar, en un día pueden pasar demasiadas cosas, accidentes en centros comerciales, locas sin medicación que se quieren pasar de estúpidas (claro, Spencer), hordas de zombies, humanos hostiles… bueno, seguimos? La verdad es que los peligros se encontraban por diez.

De Bennet no sabían nada, esperaban que los hubiera dejado en paz, en dado caso a quien quería era a Moss.

Sí se daban cuenta de que no iba a desperdiciar recursos en ellos, no iba a enviarles un misil ni una bomba de virus, para qué? Por dios, en serio que el mundo ya se estaba yendo al caño, desperdiciar tiempo y ganas en un grupo de quince personas era muy tonto.

Los coches iban a la misma velocidad y detrás de Chris iban Adam y Spencer.

"Estas sudando" Dijo él.
"No pasa nada" Contestó Spencer.
"Es por el medicamento Spencer, si no te lo tomas te pondrás cada vez peor"
"Ya no tengo medicamento, recuerdas?" Buscó entre la mochila que llevaba en los pies "No hay nada"

Hay cierta clase de psicosis que se detiene con medicamentos, una dosis bien administrada mantiene al paciente calmado, un paciente que deja de tomar sus pastillas comienza a ver cosas o es paranoico, pueden pasar del: he visto un conejo enorme en la cajuela, a un: todos quieren matarme.

Y Spencer a veces creía que el mundo entero quería eliminarla.

La decadencia a la que estaba condenada era irremediable sin los medicamentos, pronto comenzaría a ver cosas donde no las habría, pronto escucharía voces de gente que no existía y así de "calmada" como iba en el auto, sabía la realidad de la situación, luchaba por no hacer caso a lo que estaba pasando en su interior gracias a la falta de medicamento.

El sudor era obra de los nervios porque con ese clima era imposible que hiciera calor.

"Tu padre debe tener un poco" Dijo el conductor que se preocupaba por lo que pudiera pasar.
"No quiero que se lo preguntes por radio, espera a que lleguemos a donde debemos acampar" Un escalofrío le recorrió el cuerpo y tembló en su asiento.
"No puedo creer que te hubieras deshecho de tus pastillas"
"Intenta medicarte tú con eso a ver cómo te sientes, maldito idiota" Su tono de voz fue más agresivo de lo que en realidad pretendió pero supo que no estaba arrepentida de haberlo dicho de ese modo.
"Yo no soy el enfermo" Dijo éste con la intención de molestarla, de recalcar la condición en la que había estado Spencer desde la muerte de su madre.
"Más te vale que dejes de hablarme así".

Tienen dos sociópatas en el grupo y qué hacen? Ponerlos juntos… para que se maten el uno al otro?

No suena mal. Aunque dudamos que eso vaya a pasar.

Quien también lo pasaba mal por su enfermedad era Emma, se sentía sucia, sudada sin siquiera haber sudado demasiado, las palmas de las manos, arenosas. El cabello poco manejable; se había descubierto un par de ojeras bastante marcadas, no era que le preocupara demasiado su físico, pero sabía que lo que estaba sintiendo por dentro se reflejaba en su exterior, no podía soportar un día más con la ropa sucia, sin tener una buena ducha, comer con cubiertos bien lavados.

Buscó en los bolsillos de su chaqueta por si acaso en algún rincón de ella pudiera encontrarse con una botellita de gel antibacterial… era obvio que no encontraría nada, desde la mitad del viaje que se había quedado sin él.

Es como pedirle a un claustrofóbico que se acostumbre a estar dentro de una caja, nada más por las circunstancias no lo hará, eso lleva un proceso, un tratamiento, así mismo Emma no iba a hacerse a la idea de que no podría limpiarlo todo a conciencia solo porque ya no habían los medios, su ansiedad crecía cada vez más y así de grande como era su desesperación, de grande era su voluntad para mantenerse tranquila.

"Estás bien?" Preguntó Will que la notó inquieta en su asiento.
"Sólo cansada" Su semblante no podría mentir y él creyó que esa era la única cosa que le molestaba a la pelirroja.
"Tal vez si te pasas al asiento de atrás puedas dormir un poco" Sugirió Judy.

A Emma se le antojo deliciosa la idea de recostarse un rato e ignorar la lluvia y el viento, cerrar los ojos e imaginar que estaba en cualquier otro lado menos ahí. Asintió.

Por inercia la madre de Quinn encendió el radio, sólo para darse cuenta que era inútil, las radiodifusoras no transmitían nada, ni siquiera una señal de estática. No tenían discos pero sí un lugar dónde ponerlos, de hecho las únicas que viajaban con música eran Rachel y Quinn gracias a que la rubia había viajado con un pequeño portafolio que contenía unos discos.

"Judy" Comenzó a decir Will "Piensas en tu otra hija?"
"En Francine? A diario y sólo espero que no sea una de esas cosas" Su voz sonaba quebrada pero no había señales de que fuera a llorar, sus ojos se mantenían secos.
"En dónde estaba?"
"La ultima vez que charlamos acompañaría a Jack a Texas" Se sobó las palmas de las manos con las rodillas, sintiendo la tela del pantalón en ellas y luego subió la mirada al frente.

La lluvia había disminuido dándoles un poco más de visibilidad al frente, el viento también había aminorado así que ya no se sentía chocar contra la carrocería de los autos.

"Entonces crees que ahí la alcanzó la infección" Parecía pregunta, pero en realidad era una afirmación.
"Si, de haber querido salvarla no hubiera podido llegar a tiempo y si sigue viva espero que esté tan bien como nosotros" Le atormentaba la idea de que estuviera viva, que tal que estaba sola, mal herida, sufriendo. Con un enorme esfuerzo se deshizo de ese pensamiento.
"Pero tienes a Quinn" Sonó como si hubiera sido el premio de consolación, pero no era así.
"Soy una madre con mucha suerte, no sé si la historia que tengo se hubiera repetido en el mundo". Pensó en Quinn encontrando a Beth, sería posible? Las probabilidades eran pocas.

"Necesito orinar" Se escuchó la voz de Puckerman.

Santana hizo una mueca de hartazgo, no quería detenerse sólo porque él tenía que orinar, Quinn se rió, sabía que si Puck bebía demasiada agua orinaría cada hora. Los demás también se sintieron fastidiados y nerviosos, no querían bajar y mucho menos con el clima.

Como él quedaba en medio de Quinn y Santana fueron ellas junto con Samantha quienes bajaron a hacer guardia.

Puck caminó hacia una orilla con mucho cuidado para cerciorarse de que no hubiera nada escondido entre los matorrales; sentía como poco a poco se le iba mojando el cabello y escuchaba las gotas golpear en su chamarra.

Se bajó el cierre y empujó un poco sin lograr que la orina saliera.

"Qué pasa Puckerman? No tenemos todo el día" Gritó Santana.
"Me la espantan, no es sencillo orinar cuando tienes a tres chicas haciéndote guardia"
"Será mejor que lo hagas ya o te daremos una botella y orinarás en ella" Puck volvió a pujar, orinar en la camioneta no era una opción, no viniendo con Samantha como acompañante.

Movió las piernas en modo de desesperación, por más que lo intentara no salía, pero tenía muchas ganas. Entonces sintió cómo se relajaba y una oleada de placer lo invadió, por fin su cuerpo le había hecho caso y comenzó a orinar.

A punto de terminar escuchó un estruendo que lo dejó casi sordo en seguida, se llevó la mano al oído y corrió hacia donde ellas aún con el cierre abajo, cuando llegó ya estaba abotonado.

"Qué dem…" Dijo hacia Quinn que fue quien había disparado el arma.
"No se muevan" Dijo en tono bajo.

Los cuatro pegaron sus espaldas y se pusieron en posición de ataque, con los pies bien firmes sobre el asfalto y los brazos bien estirados, dedo índice en el gatillo del arma.

"Son ocho y uno estaba demasiado cerca de ti, a la de tres correremos a las camionetas y nos iremos de aquí y por dios Puckerman, deja de tomar tanta agua"
"Lo siento es que…"
"Una" Vieron un par de cabezas más que se asomaban de entre las hierbas y escucharon el arrastrar de unos pies cerca de ellos "Dos"
"Uno está al lado de Britt" Vieron que comenzaba a golpear la ventanilla en donde estaba la rubia que estaba asustada pero callada al principio.

Sólo cuando los golpes se hicieron más fuertes comenzó a gritar, tan sencillo como abrir la ventanilla y disparar pues la rendija no lo dejaría acercarse a ella. Pero el pánico la había invadido y no tenía idea de cómo actuar.

"Maldita sea" Dijo Santana.

Apuntó el arma y logró darle en un brazo, alejándolo un poco de la ventanilla.

El segundo estruendo atrajo la atención de los que estaban por los alrededores, saliendo de entre las hierbas, eran muchos más, lentos, pero habían crecido en número, en poco tiempo ya estaban más que próximos a los autos.

Chris abrió el quemacocos y comenzó a disparar deshaciéndose de algunos, Quinn protegía la camioneta donde estaba Rachel viendo el espectáculo con horror. Judy bajó la ventanilla para dispararle a los que estaban acercándose a ellos, así como debió haber hecho Britt.

Pronto había demasiadas detonaciones, demasiados miembros amputados, sangre coagulada en el piso, gritos de estar alertas, de disparar hacia la dirección correcta. Los que estaban en los autos ayudaban desde donde podían, bajarse no era una opción segura y los que estaban fuera debían ser demasiado rapidos y cuidadosos para no salir heridos.

Quinn se agachó y vio un par de pies tras su camioneta, se acostó en el piso mojado y con dos disparos bien atinados hizo caer al zombie que golpeaba la parte trasera. Con rapidez se levantó y se encaminó a su puerta, sacó un nuevo cartucho de su bolsa del chaleco y la metió en el lugar correcto, teniendo así una carga nueva de balas.

"Corran a los autos, corran!" Gritaba, ordenándole a los demás que ya que había dejado inmóviles a varios de los entes podrían así subir a las camionetas e irse del lugar.

A gran velocidad arrancaron, pasando por encima de los cuerpos. Los chicos tenían el corazón acelerado y la adrenalina corriendo por sus venas, estaban agitados y emocionados de haber salido ilesos.

A las chicas les goteaba el cabello y lo tenían pegado en la cara, pero se les notaba emocionadas de haber obrado cual comando. Puck estaba un poco avergonzado, de no haber sido por su necesidad de orinar no hubieran tenido que disparar sus armas y por ende gastar las municiones.

"Lo lamento" Le dijo a Sam.
"Descuida, estamos vivos y es lo que importa"
"Alguien trae algo en donde pueda orinar Puck?" Se escuchó a Santana burlarse de él.
"Que lo saque por la ventana para la próxima" Comentó Quinn con tono burlón, los demás en los coches rieron, después del estrés, eso que dijo Quinn los había distraído.

Él se había puesto rojo en su asiento y en silencio se puso el cinturón.

"Tranquilo Puck" Samantha le brindó una sonrisa y le guiñó un ojo. "Por mí no hay problema si haces lo que dijo Q.".
"Creo que debemos dejar el tema de mi pipi y mi pipí en paz" Sam echó a reír.
"De acuerdo"
"Estamos por entrar a la ciudad" Informó Anthony desde el radio.
"Enterado" Fueron diciendo los que iban en los demás vehículos.

El principio de la parte poblada tenía moteles y hoteles que se hacían cada vez más lujosos conforme avanzaban, de un lado una gasolinera, del otro un restaurante con las puertas y ventanas rotas.

Seguía la lluvia, y los zombies que caminaban a los alrededores tenían los pies y el pantalón llenos de lodo, estaban empapados pero no se daban cuenta de su estado, quién sabe si pudieran sentir frío, tiritar bajo la llovizna.

Siguieron el camino indicado a ochenta kilómetros por hora. Casas destruidas, tiendas de electrónicos que parecía que habían sido saqueadas antes de que comenzara la verdadera infección. La gente entra en pánico y va y roba las tiendas como si en un holocausto zombie fuera a haber electricidad, como si fueran a seguir sus programas favoritos pasando en la televisión, en serio?! Yo robaría medicinas, agua, comida. Para qué robar un maldito estéreo o un teatro en casa?

Y luego, como si hubieran tentado demasiado a la suerte había un camino cerrado, no estaba destruido, pero había un fuerte muro de contención que sería casi imposible de romper con el pico de las camionetas.

Eran varias barras de concreto pesado y grueso, quizás un grosor de un metro, y eso definitivamente no ayudaba, sí, podrían cruzar a pie, pero dejar los vehículos no era uno de los planes.

Se detuvieron con las ventanillas arriba y alertas por lo que se les pudiera acercar.

"Qué hacemos ahora, señores?" Santana fue quien habló, pues era ella quien iba al frente.
"Buscar otra ruta" Contestó Moss.
"Claro, y cómo la marcaremos en GPS?"

Moss no quería usar más la señal del satélite para no llamar la atención de Bennet.

"Alguno de ustedes tiene un mapa de Canadá?"
"Tenemos uno" Contestó Puck, todo mundo esperaba que no lo hubiera dejado en el bunker.

Estaba rasgado y maltratado por el uso, pero estaba dentro de lo que cabe, en buenas condiciones, era legible y anunciaba por dónde podían pasar.

"Sólo tenemos que buscar el nombre de la siguiente ciudad en la señaletica de los semáforos y así podremos salir de la ciudad" Indicó.
"Bien, ahora tú irás adelante" Ordenó Anthony.

Samantha siguió al volante para que Puckerman pudiera darle las instrucciones de los caminos que debería de seguir; no todos los semáforos indicaban hacia dónde debían dirigirse, pero el tiempo en el que se mantuvieron en camino al búnker les había servido para hacerse de un poco de sentido de la orientación, aprendieron a calcular la hora de acuerdo a la posición del sol y un tanto la posición de las estrellas por la noche.

Sabían que estaban en Ontario, y que su próximo destino tendría que ser Albany, pero también sabían que no llegarían a ese punto hoy, la luz del sol se estaba apagando y pronto llegaría la oscuridad con sus respectivos peligros, las calles se llenaban cada vez más de zombies y como ya hemos dicho, eran lentos, pero en gran cantidad se convierten en una amenaza.

"Debemos dar vuelta por esta calle y si seguimos derecho saldremos de la ciudad". Contestó Puck con el mapa en sus piernas, tapando su visión del parabrisas por lo ancho y largo que era.

Luego entonces si no hubiera traído el cinturón de seguridad, lo más probable es que su cabeza se hubiera golpeado contra el vidrio, Sam había frenado en seco haciendo rechinar las llantas no sólo de su automóvil, sino el de todos los demás.

"Qué sucede? Cambio". Era la voz de Moss con un dejo de preocupación, todos los demás se sentían igual de inquietos, que había pasado que se habían detenido así.

Era una calle angosta, así que solo cabían los coches, parecía que era una de las primeras calles, de las más antiguas de la ciudad por el aspecto de sus edificios y el adoquín.

"Hay bastantes adelante y están atentos a nosotros, no se mueven, pero si nosotros nos movemos se acercarán" A Samantha le temblaba la voz y comenzó a notar que los brazos le fallaban de fuerzas, se sentían pesados y las manos le empezaron a sudar.

"Retrocedan! Retrocedan" Gritó Puck en el radio en cuanto vio que comenzaron a ir hacia ellos.

Moss puso reversa a la camioneta y pispo el acelerador con fuerza, sin embargo las llantas parecieron pasar un bulto y al voltear para tras se dio cuenta que de ese lado también estaban rodeados, lo que era seguro es que con calles tan angostas pudieron haberse acercado sin que ellos se dieran cuenta.

Así que estaban atrapados.

Todos tenían los ojos bien abiertos, los corazones acelerados, Moss no sabía si seguir retrocediendo hasta donde las llantas se lo permitieran, Samantha no sabía si acelerar a toda velocidad e intentar pasarlos.

"Qué hago?" Gritaba ella desesperada, revolucionando el motor pero sin avanzar aún. "Qué hago Puck?!"
"Retrocedan!" Gritaba Santana.
"No, no! Avancen, pisen a fondo!" Gritaba Quinn.

La rubia que iba en el asiento del pasajero se quitó el cinturón y quitó el de Rachel.

"Te necesito en este asiento" Se le notaba desesperada y nerviosa y Rachel accedió a cederle el volante porque Quinn tenía mucha más experiencia. Ella apenas tenía un año de haber comenzado a manejar mientras Quinn lo hacía desde los quince años.

Con rapidez cambiaron de lugares.

"Acelera Samantha, carajo!"
"He dicho que retrocedan" Ordenó Moss.

Pero esta vez no iban a hacer caso a lo que dijera, estaban rodeados y sólo tenían que pasarlos para poder salir de la ciudad; retroceder haría que los que estaban delante de ellos los alcanzaran y los que estaban detrás pudieran causar daño a los vehículos. Manejar en reversa no era la opción.

Samantha apretó las manos en el volante, hizo lo posible por quitarse el miedo y aceleró.

Algunos cuerpos volaron con el impacto estrellándose contra las paredes, el golpe en la cabeza los había dejado inmóviles en el pavimento, pero cuando el grupo se hizo más grande no había modo de aventarlos cual pinos de bolos, por más que acelerara el automóvil la velocidad disminuía un poco.

"Acelera y yo te empujo" Dijo Quinn en el radio.

Puck y Samantha sintieron un golpe en la parte trasera y así, la fuerza de dos autos comenzaba a tener resultados.

Los demás se quedaron quietos, hacerlo todos podría crear una carambola en la que unos autos quedaran encima de otros.

El problema era que los que estaban sobre el cofre de la camioneta estaban golpeando las rendijas que habían soldado y con la furia y la fuerza que tenían estaban desoldándola.

"Disparen" Dijo Adam.

Rachel desenfundó su arma y comenzó a disparar, arriesgándose con la ventana abajo, Britt y todos los que estaban en el copiloto hicieron lo mismo, los pocos que cabían por los costados de los autos comenzaron a caer uno a uno.

Samantha vio un hueco, como que los entes se hubieran replegado a las calles laterales.

Con un nuevo acelerón logró deshacerse de la masa que le bloqueaba el paso y así, pasando otra vez sobre ellos se sintió más aliviada.

Puck volteaba hacia atrás para cerciorarse de que sus compañeros podían avanzar también como ellos, seguía viendo los cuerpos caer al suelo, algunos arrastrarse hacia las llantas y perder los miembros debajo de ellas, Rachel disparaba y Quinn decía algo, lo seguro es que estaba gritando.

Perplejo veía cómo la rubia tomaba el volante con una mano y disparaba con la otra y, se sintió aliviado cuando vio que el vehículo de Quinn se libraba de la horda, esperaba que ya que ella estaba libre, los demás tendrían más probabilidades de salir con mayor rapidez.

Y lo lograron, pero al menos su protección del parabrisas estaba algo dañada y la carrocería aboyada de algunos lugares, lo mismo que los demás vehículos. Cerca de los límites de la ciudad el sol se había ocultado lo que les daba otro punto en contra, levantar el campamento de noche los tendría a expensas de los caminantes que pudieran estar cerca.

Mientras unos hacían guardia otros armaban las tiendas y sacaban la comida de la camioneta donde venían Puck y Samantha. Habían latas de atún y de pollo con verduras.

Comieron poco pues el estrés y la adrenalina les había quitado el hambre, pero cada uno se había terminado su botella con agua y habían acordado que por la mañana revisarían el agua del lago que estaba a unos trescientos metros de ellos para rellenarlas con ella.

El turno de hacer la guardia era para el grupo en el que había quedado Quinn, sin embargo pidió a Hiram que la dejara estar con Rachel.

Los ruidos eran los propios de la noche, los grillos, el viento pasando por las ramas de los árboles haciendo música con las hojas. Rachel estaba en silencio, se le notaba cansada y aturdida por lo que acababa de pasar, Quinn sin embargo tenía otros planes.

Volteó hacia atrás y se dio cuenta de que Hiram y Moss se marchaban juntos, los demás no se veían por ningún lado y la luz de la casa de campaña estaba apagada.

Sin decir nada tomó a Rachel de la cintura y la puso contra un árbol besándole en seguida el cuello que le supo salado por el sudor, le pareció exquisito.

"¿Qué haces?" Preguntó Rachel perdiendo el aliento casi al instante.
"¿Qué crees tú que estoy haciendo?" La abrazó por completo pero no se separó de su cuello.
"Creo que estas a punto de hacérmelo en el bosque"
"Así es, ya no puedo esperar un minuto más para tocarte"

Desabotonó su pantalón con una mano y metió la otra debajo de su playera para estrujarle un seno, Rachel gimió y luego abrió los ojos para ver si nadie las estaba observando, aguzó el oído también por si escuchaba pasos próximos a donde estaban.

No podía creer lo mojada que estaba ya y tampoco podía creer lo desesperada que se sentía por que Quinn dejara de jugar sobre su ropa interior.

Nunca lo habían hecho de pie, nunca en un espacio abierto con más personas que pudieran acercarse y verlas, pero era emocionante, excitante, peligroso y por ser peligroso le gustaba más.

Quinn le bajó los pantalones hasta debajo de las nalgas y metió la mano por debajo de su ropa interior, cuando Rachel sintió la caricia en su clítoris, gimió, y Quinn gimió cuando se dio cuenta de lo excitada que estaba Rachel.

Por hoy no lo harían con penetración, pero la rubia sabía perfectamente que de ahí no se irían hasta que su novia tuviera un orgasmo. Comenzaron a besarse desesperadamente, se extrañaban, sus cuerpos se necesitaban con desespero.

Rachel sentía que las rodillas se le doblaban y comenzaba a mojarse más y más con cada caricia, con cada beso. Se quitó de los labios de la rubia y se abrazó a su cuello poniendo la barbilla sobre su hombro, cerró los ojos y se mordió el labio inferior.

Quinn sintió el abrazo fuerte que le daba, cómo sus manos se aferraban a su playera y muy cerca de su oído escuchó "No pares, estoy por llegar" palabras que solo la alentaron a seguir con sus movimientos. El abrazo se volvió más fuerte y Rachel se cubrió la boca para tapar el gemido fuerte que indicaba que había llegado.

Se quedaron abrazadas, respirado agitadamente; Quinn le subió los pantalones y los abotonó mientas le daba un beso largo y profundo.

Entonces se separaron en seguida, alertas del ruido que habían escuchado, algo o alguien se movía entre la hojarasca, ambas sacaron sus armas y comenzaron a inspeccionar el lugar con cautela.

Caminaron cincuenta metros, siguiendo el sonido de algo que parecían sollozos y Quinn regresó a la plática que tuvo con puck, suspiró pensando: Con que no sea una Witch; en referencia a un videojuego de zombies.

Lo que encontraron fue mucho más impresionante que una Witch, mucho, mucho más. En el suelo estaba un cadáver, no parecía que estuviera herido por mordidas, sino más bien como que hubiera muerto de causas naturales, ya fuera hambre o sed, y junto al cuerpo, una niña de dos años.

Quinn se sintió mareada, casi con la sangre helada dentro de sus venas, por un momento en la oscuridad aseguró que era Beth sin embargo, aunque la complexión era parecida y el cabello del mismo color, la niña que lloraba junto al cuerpo de su madre no era Beth.

Se apresuró a cargarla y cuando se alejaron el llanto se volvió más fuerte, Rachel podía ver cómo estiraba las manitas para no alejarse de su madre. Parecía irreal la escena, con Quinn cargándola y llevándola al campamento.

Cuando escucharon el llanto, los que estaban en la tienda salieron, los que estaban haciendo guardia se acercaron.

Tenía el rostro y la ropa sucios. Algunos raspones en los brazos y había perdido un zapato, cuánto tiempo llevaba ahí? Lo ignoraban, pero tenía los labios partidos lo que indicaba que estaba deshidratada.

"Puck, agua" Ordenó Quinn. Rápidamente le acercó una botella de agua y Quinn la invitó a beber, cosa que hizo aunque no dejara de llorar del todo.
"Dónde la han encontrado?" Preguntó Moss.
"Estábamos haciendo guardia cerca del lago y escuchamos los sollozos" Explicó Rachel sin ver a Moss, tenía la mirada fija en la niña. "Estaba cerca del cadáver de su madre, no se veía que estuviera infectada, más bien como que murió de otra cosa"
"Cuál era el estado del cadáver?" Cómo iban a saberlo?
"Estaba…" Recordó entonces el aspecto y el olor y fue cuando le dieron nauseas "Estaba un poco hinchado y comenzaba a oler mal"
"Anthony, me acompañas?" Él asintió y se marcharon.

Quinn comenzó a mecerla en sus brazos para tratar de calmarla, cosa que logró a los diez minutos, luego se quedó con ella, sentada en la tierra con la espalda pegada al tronco de un árbol.

Vieron venir a los hombres que se notaban tranquilos.

"Es difícil decir si la muerte fue por falta de alimento y bebida, pero no tiene señales de mordidas, suponiendo que murió hace dos días y que la niña estuvo con ella todo este tiempo, de haber sido mordida se hubiera convertido, podemos casi asegurar porque está sana, a excepción de la desnutrición y la deshidratación" Dijo Anthony.
"Creí que sería ella" Comentó Judy, es tan parecida. Quinn la miró y se dio cuenta que en verdad tenía un parecido con su hija.
"Pero no lo es" Y apretando la mandíbula ahogo el sentimiento que se le formaba en la garganta.

Will y Judy estuvieron dispuestos a cederles su tiempo de sueño para que cuidaran de la pequeña y armaron otra pared haciendo otra "habitación".

Rachel se acercó y la vio dormida aún entre los brazos de Quinn, le sonrió pero notó la tristeza en los ojos de su novia, no dijo nada, se sentó a su lado en el colchón inflable y la abrazó, poniendo si cabeza contra la de la rubia.

"Todo estará bien" Quién sabe por qué lo había dicho… pero esperaba que lo estuviera.

Quinn suspiró, cansada mentalmente y con cuidado puso a la niña sobre el colchón y la cubrió con un sleeping bag.

Se volteó hacia Rachel y le dio un pico en los labios.

"Te amo" Le dijo.
"Te amo también".

Las dos volvieron a ver a la pequeña, pensando en sí había sido un premio de consolación, qué propósito tendría haberla encontrado.

Abrieron el otro saco de dormir y se acostaron sobre él, abrazándose para crear calor entre las dos, cerraron los ojos e intentaron dormir.

Por la mañana, con todo recogido volvieron a tomar su camino.

Antes de subir a la camioneta Moss se les acercó y les entregó un par de credenciales.

"Su madre era Elizabeth Fox, la niña es Amy" Esta vez Rachel era quien la tenía en sus brazos, la pequeña estiró las manos y tomó las credenciales en sus manos jugando con ellas.
"Es un milagro que esté viva para ser tan pequeñita" Se acercó Hiram a decir y a verla. Ahora que estaba alimentada y descansada podían ver que era muy tranquila.

El padre de la morena le abrió los brazos y la niña se inclinó hacia él para que la cargara.

"Hola amy" Dijo.

Tal vez un miembro tan joven le traería esperanza al grupo, todos estaban fascinados con ella. Quizás Quinn podía sentirse triste por recordar a Beth, pero sabía que tenía que cuidar de Amy para de alguna forma compensar que no estaba con su hija.

Hiram volvió a dársela a Rachel y subieron a las camionetas. Siguiente parada Otawa.