Cuatro de la mañana, la propia luna había desaparecido del cielo, dejando solas a las estrellas. En estas horas de la noche, todas las personas de la ciudad, estaban durmiendo cómodamente en sus camas pero por supuesto que había unas pocas excepciones y una de ellas, se encontraba en la casa Flynn Fletcher. Phineas, Ferb y Candace dormían tranquilamente pero sus padres, no.
-Amor, deberían de descansar un poco – Insistió el padre de la familia.
Su esposa solo gruño un poco en respuesta, su cólera por saber que sus hijos estaban enamorados el uno con el otros, seguía vigente.
-Linda….
-No lo entiendo…. Sencillamente esto es imposible – Se agarró la frente con su mano derecha, no podía pensar en Phineas y Ferb como una pareja, la sola idea no cabía en su cabeza, no importa las veces que intentó al menos entenderlo.
El hombre castaño suspiró con pesadez, comprendía que su mujer estuviera enojada, descubrir que tus hijos se gustan, es una sorpresa muy grande para cualquier padre, a pesar que uno de ellos no sea genéticamente su hijo.
Para Lawrence, esto también era extraño pero no estaba enfadado, jamás podría estarlo con su hijo, lo quería mucho. Tampoco entendía sus sentimientos por su hermanastro pero no sentía la misma furia que Linda.
La ira y la confusión era todo lo que sentían los padres de los chicos individualmente.
-¿Por qué de pronto ellos hacen esto? Lo de los viajes a Inglaterra hace unos años y esto…. ¡Ellos no son así! – Le costó manejar el volumen de su voz para no gritar a todo pulmón. Golpeo el colchón de la cama unas cuantas veces para descargar su enojo.
-Linda, tranquila – Pasó un brazo por los hombros de su esposa, comprendo cómo te sientes pero no dejes que tu enojo crezca – Acarició suavemente el hombro de la mujer de cabello naranja –Hablaremos con ellos y aclararemos todo este asunto.
-¿Qué hay que aclarar Lawrence? ¡Ellos estuvieron escondiéndonos su noviazgo por quien sabe cuánto tiempo!
-Lo sé pero tenemos también que escucharlos a ellos, cuando hablaron con nosotros, solo hubieron gritos, ahora tenemos que tomar las cosas con calma y escucharnos mutuamente – Razono el señor Fletcher, esperaba que su esposa se tranquilizara un poco antes de ayudarla a recostarse en la cama.
Ella se volteo para acurrucarse cerca de su esposo, seguía molesta pero también estaba cansada.
Su esposo tenía razón, cuando los cuatro hablaron, no, solo se gritaron los unos a los otros, mañana tenían que tener una charla de verdad. Ella suspiró lo más hondo que pudo antes de intentar dormir junto con Lawrence.
El sol recién salió, apenas se había separado del horizonte cuando las personas de Danville comenzaron a levantarse de sus camas, ya había personas caminando por las aceras y otras conduciendo sus autos por las calles. También se veían algunos niños corriendo directamente hacia el parque a pasar un rato divirtiéndose con sus amigos.
Cerca de la biblioteca, había un par de chicos que estaban recién entrando a ese establecimiento, uno de ellos llevaba unos cuantos libros que iba a devolver mientras que su amigo, solamente lo acompañaba.
-Repíteme Jeet, porque no podemos ir a verlos – Refunfuño Buford esperando a su amigo cerca de la puerta mientras que el otro le daba los libros a una anciana que trabajaba allí.
-Ya te lo he dicho Buford, Phineas y Ferb tienen que hablar con sus padres y para eso, ellos tienen que estar solos, nosotros solo estaríamos molestando – Explicó caminando hacia el grandulón.
-Pero no creo que esos viejos vallan a escucharlos – El bravucón quedó al lado del moreno y ambos fueron caminando por un pasillo de la biblioteca – Seguro que solo van a gritar hasta quedarse afónicos antes de oír a los chicos.
-No hay que ver las cosas tan negativamente Buford, es cierto que los padres de Phineas y Ferb estaban enojados pero ellos no son esa clase de padres que dicen barbaridades solo por estar malhumorados – El chico indio se acercó a una escalera y subió por ella para alcanzar un libro de la repisa más alta.
-Tú se positivo, yo realista – Se quejó mirando al chico más pequeño subiendo por la escalera.
-Pero entonces dime Buford, ¿Qué cambiaría que nosotros fuéramos?
-Al menos podríamos impedir que los padres de esos dos los molieran a gritos.
-Hablas como si fueran a participar en un juego de football americano en vez de una junta familiar –Opinó Baljeet entrecerrando los ojos y viendo de reojo a su amigo. Tomó el libro que buscaba y bajó cuidadosamente las escaleras ahora que tenía el libro en sus manos – Mira, entiendo que estés preocupado por ellos pero no podemos ir a su casa, esto es algo entre familia, no podemos interferir en nada, solo podemos apoyar a los chicos – Razonó el moreno sabiamente.
Cuando estuvo a medio camino de las escaleras, se resbalo con el escalón, dio un grito sorpresivo cuando se dio cuenta que iba cayendo. Cerró los ojos con fuerza sabiendo que sufriría una dolorosa caída. Pero en lugar de eso sintió un par de brazos atrapándolo.
Abrió lentamente su ojo derecho para luego encontrarse con la cara de Buford.
-Ah… Gracias – Dijo tímidamente el chico de piel oscura.
-Me pregunto qué pasaría contigo si yo no estuviera aquí –De un movimiento rápido paso al más pequeño por debajo de su brazo y se lo llevo cargando como si llevara una maleta – Bien, sino podemos ir a ver que pasara, iremos a jugar football, tu idea me gustó – Dijo con cierto dejo de arrogancia mientras salían de la biblioteca.
-¡Buford! ¡Espera! No he pedido permiso para sacar este libro.
Los famosos hermanos, Phineas y Ferb ya estaban despiertos, se bañaron por separado y se vistieron, fueron a la cocina donde se encontraron a Candace y a Perry comiendo.
-Buenos días chicos, ¿Cómo están? – Pregunto amablemente la mayor de los tres.
-Estamos bien gracias… Ah, Candace.
-Dime Phineas.
-Hoy…. Pensamos en hablar con mamá y papá.
Hubo unos minutos de silencio, Candace miraba preocupada a los chicos.
-¿Están seguros que están listos? – Preguntó un poco angustiada.
Los dos se miraron por un segundo, sonrieron con confianza y asintieron con la cabeza. Lo cierto es que se sentían un poco nerviosos de la conversación que pronto tendrían con ellos pero decidieron que sin importar que pasara u opinaran sus padres después de todo esto, ellos no se separarían de nuevo, se mantendrán juntos aun cuando eso enfurezca a sus padres.
Candace sonrío con la misma confianza, conocía bien a sus pequeños hermanos y sabía que ellos eran capaces de conseguir lo imposible, solo tenía la esperanza que lo volverían hacer en esta ocasión.
-Muy bien – Se levantó, abrazó al pelirrojo y al peli verde amorosamente – Suerte hermanitos, yo me tendré que regresar a la universidad esta tarde así que no podre apoyarlos pero en serio espero que las cosas salgan bien para ambos – Sintió los brazos de los dos abrazándola también, los tres sentían una paz que no habían tenido entre ellos en muchos años, antes de que Candace se obsesionara por atraparlos.
Perry miraba esa escena con una sonrisa en el rostro, extrañaba ver tanta harmonía entre los tres hermanos, también deseaba de todo corazón que las cosas salieran bien para sus dos amos, jamás los veía tan felices que cuando estaban juntos, estaba convencido que ellos auténticamente se querían y si sus padres no entendían o veían eso, entonces Perry estaría profundamente decepcionado de esos dos humanos.
Escuchó el sonido de su comunicador, otra misión con Doofenshmirtz obviamente, tomó el broche que sujetaba su reloj alrededor de su muñeca y lo desabrocho. Sin importarle que dijera el mayor monograma, tiró el reloj por encima de su hombro.
Él no era de la clase de seres que desertaban de su trabajo pero este día era demasiado importante como para ocuparse de las locuras de su némesis.
Cuando los tres se separaron, Candace dejo la habitación.
Phineas y Ferb se prepararon mentalmente para ese momento, no comieron nada esa mañana, tan ansiosos que se encontraban, no podían pensar en comida.
Fueron a la sala a esperar a sus padres, se sentaron en el sofá, uno al lado del otro. Phineas mantenía la mirada en el piso, trago un poco de saliva y apretó sus puños, sentía como el corazón quería abandonarlo. Ferb, notando el estado de su pareja, tomo su mano firmemente para tranquilizarlo y darle confianza.
El pelirrojo le regaló una tierna sonrisa pero en ese momento, escucharon unos pasos por el pasillo del segundo piso, ambos sabían que se trataba de sus padres, el agarre entre sus manos se hizo más fuerte.
Lawrence y Linda, estaban ya vestidos y se dirigían directamente a la sala, sabían bien que sus dos hijos varones estaban allí esperándolos, al llegar allí, tomaron asiento justo al frente de los hermanastros.
Los cuatro guardaron un silencio sepulcral, el ambiente estaba tan tenso, frio e incómodo que siquiera se podía respirar con tranquilidad. Todos tenían miedo, nervios, sus corazones se encogían con cada respiración dificultosa, sus estómagos también se retorcían, por un segundo ellos mismos creían que estaban enfermos.
Se miraban a los ojos, a pesar de su propia incomodidad, no apartaban la vista.
-Niños – Hablo la madre de Phineas – No les gritaremos pero lo que están haciendo es… - Intento buscar una palabra que no hiriera a sus hijos y que definiera bien esto.
-Por favor mama – Dijo Ferb interrumpiendo sus pensamientos – Queremos hablar nosotros antes, por favor.
Linda se acomodó un poco en su asunto antes de asentir con la cabeza y dejarles a sus dos hijos hablar.
-Primero que nada, no estamos enojados por la manera que reaccionaron cuando les dijimos la verdad –declaró el peli verde – No esperábamos que tomaran esto con calma, después de todo, cualquier padre se hubiera alterado, pero queremos también que entiendan que nosotros realmente nos queremos, al igual que ustedes dos.
Los dos adultos estuvieron un par de minutos callados, pensaron tranquilamente la pequeña explicación que dijo el mayor de los dos hermanastros. Linda quería hablar pero le cedió la palabra a Lawrence.
-Niños… -Calló por un segundo al dudar de sus propias palabras – Ustedes son como hermanos, sé que no sanguíneos pero ustedes siempre los vimos como si realmente lo fueran, son muy unidos, prácticamente desde que se conocieron se han llevado como los mejores amigos y… bien… ¿No creen que quizás estén confundiendo su hermandad por amor? – El sonido de su voz era suave y tenía cuidado con sus palabras, el señor Fletcher quería sin duda llevar las cosas con calma pero se notaba su temor a que las cosas volvieran a ponerse igual que en la primera charla que tuvieron.
- Papá, somos jóvenes, no tontos, Phineas y yo no confundiríamos nuestros sentimientos tan simplemente –Defendió Ferb.
-¿Y cómo lo saben? – Hablo Linda - ¿Cómo están tan seguros que no están confundiéndose? Ustedes dos son muy listos, eso lo sabemos muy bien, pero los sentimientos no es algo que se pueda analizar como una computadora, es algo mucho más complicado que eso.
-Pero mama, nosotros sabemos bien lo que sentimos – Dijo de pronto Phineas, inclinándose hacia adelante – Lo que sentimos no es para nada similar a lo que sentimos por un amigo o por alguien más de la familia, a mí me tomó mucho tiempo entenderlo pero ahora lo sé bien mamá, quiero a Ferb.
-¿Estas completamente seguro de eso? Pero ni siquiera has salido con otras personas, ¿Cómo sabes que esto es amor? – Dijo con algo de desesperación - ¿Por qué no intentas salir con otras personas? Quizás eso podría ayudar, ¿Qué hay de Isabella?
-¡Eso jamás! – Grito sin querer Ferb de la nada, provocando que los dos padres guardaran silencio.
Ninguno de los dos padres se atrevió a mover ni un dedo al ver la expresión de ira de Ferb. El peli verde, no había perdonado a Isabella por lo que le hizo a Phineas cuando fue hablar con ella, sabía que ella estaba celosa, el conocía bien lo que una persona podía llegar a hacer cuando era estimulada por ese sentimiento, pero dañar a su pareja, era algo que no podía perdonar con facilidad.
Phineas intentó calmar al mayor posando su mano en el hombre del joven británico y acariciarlo un poco, logró que su hermanastro lo viera a los ojos y le sonrió suavemente. Después de unos cuatro minutos, Ferb logro tranquilizarse y se relajó en el sofá.
-Perdonen – Se disculpó con sus padres.
-Mamá, yo jamás he visto a Isabella más que una de mis mejores amigas, no podría considerarla como mi novia nunca – Dijo sin querer hablar mal de la chica, solo deseaba explicar sus razones – Hace unos pocos días entendí que yo le gustaba a ella, admito que me sentí como un tonto al no darme cuenta de eso antes, ahora ella está enojada conmigo y no puedo culparla.
Sus padres tuvieron unas expresiones tristes y un poco perplejas, habían notado vagamente el distanciamiento entre el pelirrojo y la morena pero no pensaron que sería por algo tan grave.
-No sé cómo arreglar ese problema pero encontraré la forma que seamos amigos de nuevo, pero… - Miró a sus padres directamente a los ojos – No pienso ver a otra persona.
Nuevamente el silencio calló sobre la familia, Linda y Lawrence parecían pensar en todo lo que dijeron los chicos. Lo cual, le dio a Phineas y Ferb un pequeño rayo de esperanza. Pero pronto las expresiones de profunda duda aparecieron, con Linda, había un dejo leve de frustración al no sentirse segura con nada de lo que pasaba ahora. Comenzaba a durar de lo que pensaba en un inicio.
-Mamá, Papá… ¿Esto en verdad les parece tan extraño?– De pronto cuestionó Phineas a sus padres, los cuales levantaron la vista para fijarla en el más joven de la habitación - ¿Qué nosotros nos gustemos es tan raro?
Los padres se vieron entre sí por un segundo antes de volver a mirar a Phineas.
-Hijo, no es que pensemos que son raros, es solo que…
-Papá, ya les dijimos que aunque siempre nos vieron como hermanos, no lo somos, no hay ninguna línea sanguínea que nos una, por eso no deberían sentirse tan incomodos.
Es verdad que al verlos a ellos por tanto tiempo como auténticos hermanos, se les olvido que lo único que les unía era la ley de matrimonio de sus padres pero aparte de eso, no tenían parentesco de ninguna clase.
-¿O es porque somos chicos? – Pregunto algo triste Phineas.
-¡Claro que no hijo! No es por eso – Dijo un poco alterado el padre – Phineas, Ferb, no es que sea malo que ustedes se gusten, ni por ser hermanastros o por ser hombres.
-¿Entonces, es porque les asusta lo que podrían pensar de ustedes si la gente se entera que alguno de sus hijos tiene una relación? – Volvió a preguntar Phineas, casi igual de alterado que su padre.
-¡Tampoco!, niños, a mi jamás me importaría que pensaran las personas de nosotros, pero ¿Qué me dicen de ustedes? ¿Están seguros de estarán bien? No todo el mundo acepta las diferencias como ustedes – Dijo con total y clara preocupación por sus hijos, si las personas de pronto los vieran como si fueran bichos raros o si fueran como gérmenes y se apartaran de ellos, les rompería el corazón, sería demasiado doloroso.
En ese momento una sonrisa de compresión y ternura apareció en los labios de Ferb.
-Papá, entiendo bien que estés preocupado por eso, también sabemos que habrá personas que verán esto como lo más raro del mundo pero no importa eso, nos las manejaremos.
-Pero…
-No importa lo demás, nosotros somos felices y eso es todo lo que importa. Por eso no quiero que te preocupes por nosotros – Se paró del sofá y caminó hasta estar al frente de su padre que mantenía la cabeza agachada, puso su mano en el hombro izquierdo de su padre – Te prometo que todo va a estar bien, protegeré a Phineas de todo lo que pueda suceder y si sucede algo ten por seguro que vendremos por tu ayuda si la necesitamos.
En ese momento, el padre del chico de cabello verde, se puso de pie, pasó su mano por debajo de su ojo derecho para secar una lágrima furtiva, miró a su hijo y le dio una gran sonrisa.
-Has madurado mucho hijo, siempre me he sentido muy orgulloso de lo listo y responsable que eres – Ambos, padre e hijo sonrieron y de la nada, Lawrence abrazó a su hijo, acto que también hizo Ferb.
Linda miraba la escena con las cejas arqueadas, su esposo y a hijastro se venían auténticamente contentos y pacíficos, casi igual como es el ambiente después de una tormenta pero…
-Mamá.
La joven voz de su propio hijo llamo su atención, él estaba parado delante de ella, con una frágil sonrisa adornando su cara.
Linda llevó su mirada al suelo, no tenía la fuerza para ver a Phineas a los ojos.
-Lamento si te asusté o te preocupó mucho en estos últimos años mama, no quería alterarte así, solo quería estar cerca de Ferb – Esperó a ver si su madre decía algo pero al ver que solo mantuvo silencio, siguió hablando – Me dolía demasiado pensar que por esa academia en Inglaterra, Ferb y yo nos separaríamos, no solo por la distancia, sino que entre nosotros…. Cuando entendí que ese dolor era porque quería a Ferb, te confesare que nunca me sentí más feliz – Notó como Linda levantó muy ligeramente la cabeza – Como tú, detesto sentirme inseguro, por eso, cuando entendí mis propios sentimientos, sentí mucha paz y mi deseo de ver a mi hermano se hizo más fuerte.
Linda levantó finalmente la vista, muy cautelosamente para ver a su hijo.
-No hice nada de eso por querer lastimarte o asustarte, solo quería verlo… Pero no me puse a pensar en ti y papá… Perdóname mamá – Sus ojos se humedecieron un poco – Te prometo que no volveré a asustarlos de nuevo pero tampoco me apartare del lado de Ferb…. Sé que mi relación te irrita pero…
Fue acallado por un fuerte y potente abrazo de su madre, que se paró tan rápidamente de su silla que la tiró al suelo, abrazó con todas sus fuerzas a su hijo, no pudo evitar que sus propios ojos comenzaran a llorar incontroladamente.
-Todo esto me aterra… Todo lo que hacían, las decisiones que de pronto tomaban, tenía tanto miedo que se hicieran daño pero… No me di cuenta que… - Sus palabras se ahogaban por sus sollozos – No quiero ser la culpable de su infelicidad, quiero que sean felices y se cuiden mutuamente y…. y…
Sin poder pronunciar más palabras, solo se dejó llorar en el hombro de Phineas. Su hijo, la consolaba acariciando suavemente si espalda.
Todo estuvo en calma por fin, no más miedo, no más inseguridad, no más confusión, todo ahora estaba en paz.
Afuera de la casa, Buford estaba sentado a la orilla de la calle, ahorcando a Baljeet con su ante brazo, estaba tan tenso que decidió deshacer un poco de su presión en su enclenque amigo. Habían estado allí sentados casi una hora entera, esperando que algo pasara, lo que fuera.
Cuando Baljeet no pensó que podría resistir la falta de aire, él y el bravucón se dieron cuenta que la puerta se estaba abriendo Y de la casa salían los reconocidos Phineas y Ferb.
Sin esperar, Buford se puso de pie y corrió, arrastrando consigo al indio.
-¡¿Y bien?! ¡¿Y bien?! –Grito cuando estuvo al frente de ellos.
-¿Y… bien? – Pregunto con dificultad Baljeet.
Los chicos solo les sonrieron ampliamente, se veían tan radiantes y felices, igual que cuando eran niños.
Entonces lo entendieron perfectamente.
-¡Sí! – Gritó Buford, alzando los brazos al aire en señal de victoria, soltando por consecuencia a su amigo, que también celebro la relación de sus amigos… en el suelo.
Candace sonrió desde su ventana, mientras veía a sus hermanos con sus amigos, podía marcharse con calma sabiendo que ellos estarían bien.
Por su parte, Phineas se volteo para ver a Ferb, el británico tenía su serenidad clásica pero con una sonrisa en los labios.
-Ferb, ya sé que vamos hacer hoy.
