Disclaimer and notices eternals.
Dedicado a AlfDay. Te quiero, amiga. :)
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21
No me rendiré con nosotros[1]
El pie derecho de Sakura volvió a resbalarse en la rama, pero ella incrementó el flujo de chakra en sus pies para evitar la caída. No importaba la lluvia, ella tenía que continuar con el viaje. Sarada era mucho más importante que cualquier resfriado que pudiera obtener de esa actividad.
Empero, Sasuke sintió que la firmeza en el agarre de Sakura se hacía cada vez más fuerte, lo que le imposibilitaba en parte mantener el ritmo que había conseguido hasta ahora. Asimismo, comenzaba a dolerle la cabeza por forzar a sus ojos a ver un camino casi imposible. No recordaba haber corrido en una lluvia tan tupida como aquélla; si a él le parecía una tarea difícil el seguirse transportando, no podía imaginar cómo la estaría pasando Sakura, que no poseía ningún jutsu ocular que la ayudara.
Sostuvo a su mujer del codo antes de detenerse junto con ella. Sakura lo miró con los ojos entrecerrados, golpeados por las enormes gotas de lluvia.
— Debemos buscar un refugio, debo cuidar del sharingan para lo que encontremos en el camino. — explicó casi a gritos. La tormenta era tan fuerte que apenas podía escucharse a sí mismo.
Sakura, para evitar elevar la voz, asintió. Sasuke la abrazó para saltar con ella y que no corriera peligro de caerse si lo intentaba sola. Sakura se permitió el contacto frío del pecho de Sasuke sin decir o alegar una palabra. Tenía que comprender que en ese momento se trataba de rescatar a su hija; no necesariamente a su relación. Él necesitaba de un equipo y ella era su equipo, por supuesto que la protegería del mismo modo que ella a él. Eran dos padres que se habían unido para un fin común: salvar a Sarada.
Una vez aterrizaron y la copa de los árboles los cubrió un poco de la lluvia, Sakura se abrazó a sí misma mientras parpadeaba, eliminando las gotas de agua de sus pestañas. Sasuke, mientras tanto, se sumió en un viejo recuerdo del equipo que formó apenas se separó de Orochimaru. Por ridículo que pareciera, recordaba las rocas que estaban cerca de él y reconocía el enorme tronco en el que Sakura buscó refugio.
Ella lo miró perderse entre el diminuto espacio entre árboles, mirando y sintiendo la naturaleza que había a su alrededor. Con gesto asombrado, descubrió en él una diminuta sonrisa. Sin poder evitarlo le preguntó en qué pensaba. Sasuke, desviando el rostro al cielo, respondió:
— En mi cumpleaños número dieciséis.
Sakura recordó dónde se encontraba Sasuke a esa edad y tragó saliva para deshacer el nudo en su garganta. Cuando él tenía dieciséis años, casi todo el mundo ninja lo consideraba un criminal que debía ser exterminado. Incluso ella pensó en eso, le dio miedo lo que pudiera hacerse y prefirió terminar con su dolor, aunque no se atrevió.
Sin embargo, por la expresión de Sasuke descubrió que él no sentía esa clase de repulsión hacia sí mismo; al contrario, parecía creer que esa época fue maravillosa. Aun con su curiosidad, Sakura no preguntó la razón de su sonrisa ni de sus andares tranquilos.
— Jūgo adivinó que era mi cumpleaños y todos fuimos a una cafetería en un pequeño pueblo a unos dos kilómetros y medio de aquí. — relató, todavía con la mirada en el cielo, permitiendo que el agua resbalara en su rostro y cayera sobre su pecho. — También estaba lloviendo.
— ¿Todos? ¿Te refieres a Taka? — cuestionó Sakura, integrándose más en la conversación.
Sasuke asintió. Un momento más tarde miró a Sakura, preguntándose por qué nunca le había hablado de ese día. Ella siempre quiso saber todo de él, siempre se esmeró para que él le contara lo que hacía, lo que deseaba, lo que había hecho y lo que había deseado. Sasuke, después de regresar de su último viaje largo, no se opuso a las peticiones de Sakura y le contó todo lo que ella le preguntaba. Hablaron de su familia, de Orochimaru e incluso le habló de su encuentro con los kage y de las palabras que Gaara le dirigió.
— Quizá no los soportaba mucho y sólo los acepté porque eran necesarios para mis planes, pero en verdad pasé un buen cumpleaños a su lado.[2] — le sonrió. — A veces lamento no haber pasado otro cumpleaños con ellos.
— Debiste decirme para que los invitara en alguna ocasión. — contestó Sakura respondiéndole con debilidad la sonrisa.
— No, ellos son insoportables. Además, Orochimaru se pegaría a ellos y nos llevamos de diferente manera cuando él está cerca. Acompáñame, hay una cueva cerca de aquí. — aseguró caminando justo hacia donde ella estaba. Sakura lo vio pasar a su lado antes de seguirlo, abrazada a sí misma.
Sasuke se detuvo frente a una enorme roca llena de maleza. Desenvainó su katana para cortar la maleza y tras ella encontró la entrada a la cueva donde años atrás había descansado con su equipo. Sasuke no perdió tiempo y se resguardó en el refugio. Sakura lo imitó. Se hincó a dos metros de él, juntó madera seca que encontró a su alrededor y los colocó en un pequeño montículo. Tomó un par de piedras para hacer fuego, pero Sasuke se adelantó y utilizó un jutsu de fuego para encender la fogata.
— Es más rápido así. — se explicó cuando Sakura lo miró con el entrecejo fruncido. Ella hizo una mueca de desagrado y él volvió a sonreírle. — Quítate la capa, vas a resfriarte. — sugirió obedeciendo a sus propias palabras.
Sakura desvió el rostro al pasto mojado que se veía desde donde estaba. Momentos más tarde, las capas de viaje de ambos y sus sandalias se encontraban extendidas frente a la fogata.
Después de un rato, en el que los dos permanecieron en silencio, Sasuke se percató de los temblores recurrentes en el cuerpo de Sakura. Si seguía así, era probable que se resfriara y en ese caso, no podría hacer mucho por rescatar a Sarada. Sasuke suspiró; tampoco quería que ella se encontrase mal. Así como estaba, pequeña, débil y temblorosa, le recordó a su época genin. Cuando ella le temía a los enemigos fuertes y se refugiaba inconscientemente detrás de sus compañeros de equipo. No obstante, la Sakura que tenía frente a él, prefería frotarse los brazos y alternar las piernas arriba del fuego para calentarse.
— Ven acá. — dijo estirando el brazo izquierdo.
Sakura se sobresaltó y encogió ambas piernas antes de mirarlo sin comprender lo que deseaba.
— Sólo ven. Tienes que recuperar el calor para cuando partamos de nuevo. — explicó insistiéndole con un gesto para que se acercara.
— Para eso está la fogata. — respondió dudosa. — Y tú también estás mojado hasta los huesos.
— Por eso también necesito calor corporal. Tranquila, no estoy tan mojado de los brazos, la capa me cubrió mejor de lo que esperaba. — afirmó.
Ella, todavía sin saber qué hacía, gateó hasta él cual niña pequeña y después permitió, con movimientos torpes, que él la rodeara con su brazo. Sintió sobre su mejilla el corazón de Sasuke y contó sus palpitaciones durante un minuto. Parecía nervioso; quizá incómodo por su presencia. Tal vez no estuviera bien ese gesto, quizá deberían haberse separado, dejar de preocuparse el uno por el otro y olvidarse de cuál era su relación sentimental. O quizá, debía disfrutar del pequeño momento íntimo que Sasuke le estaba regalando. Porque no podía engañarse, el calor que Sasuke aún emanaba era relajante, era dulce, era preciso. Y sobre todo, Sakura aún lo amaba y amaba estar entre sus brazos, amaba sentirse cuidada por él, amaba saber que él la quería. Porque lo sabía, sabía que Sasuke la estaba protegiendo, sabía que eso hacía desde antes de entrar a la cueva, sabía que lo hizo cuando le dijo que tenían que bajar, sabía que lo hizo cuando encendió la fogata para ambos, sabía que lo hacía mientras mantenía la mano enfundada en vendas sobre su brazo. Y también sabía que él la quería todavía porque hacía todo eso.
— ¿Por qué no les escribiste? — preguntó Sakura acomodando la cabeza en la clavícula de Sasuke.
— ¿A quiénes? — cuestionó él recargando la barbilla sobre la cabeza de su mujer.
— A ellos, a Suigetsu, Karin y Jūgo; a Taka.
— Lo intenté, pero no supe qué contarles. Soy malo con las palabras y sólo pensaba en… — hizo una pausa que a los dos les supo amarga. —… en Sarada.
— Ella es un buen tema de conversación. Eres un padre orgulloso de su hija y eso es para presumirlo.
Sasuke afianzó su brazo sobre ella, agradeciendo el reconocimiento que pocas veces le hacía.
— Siendo Suigetsu, eso sólo sería una excusa para burlarse de mí. Siempre encuentra algo para reírse. En ocasiones es peor que Naruto; su sentido de humor es cruel, ya lo conoces.
— A mí me pareció de lo más agradable cuando fue a cuidar de Sarada junto con Karin y Jūgo. Además, nos dio un buen conjunto de pijamas en nuestra boda.
— Buena tela, mal diseño. — espetó Sasuke. Sakura dejó escapar una suave risilla.
— Prométeme que en cuanto estemos de regreso, les escribirás.
— No tengo idea de dónde viven ahora.
— Claro, pero aún tienes el comunicador que te dio Suigetsu, ¿no es así? — atajó.
Sasuke soltó un monosílabo afirmativo antes de introducir la mano libre en uno de los bolsillos de su chaleco. Sacó un pequeño silbato tallado en madera que Jūgo había hecho para todo Taka. Suigetsu se encargó de entregárselo antes de despedirse de él y hacerle jurar que nunca más le pediría que cuidara de Sarada. Le había dicho que lo usara cuando los necesitara en verdad.
Sasuke frunció el entrecejo, pensando en qué situaciones podría haber utilizado el silbato. Finalmente, decidió hacerlo en ese momento. El clan Kurogachi era bastante poderoso y capturarlos de la manera en la que lo habían hecho, debió ser muy difícil. Se enfrentaban a un enemigo muy grande, un enemigo que quizá necesitara de varios ninjas para ser derrotado. Y si Naruto no se apresuraba, Sasuke y Sakura tendrían que desvivirse por hacer algo al respecto.
— ¿Vas a llamarlos? — preguntó Sakura con un dejo de voz. Parecía que el cansancio provocado por varios días sin dormir como era debido, por fin la estaba arrastrando al sueño.
— ¿Crees que deba hacerlo?
— Sí, necesitamos de su apoyo. — contestó entre un bostezo. — Voy a cerrar los ojos un momento. — informó, acomodándose mejor sobre el cuerpo de su marido.
— Igual yo, aquí estaremos seguros durante unas horas. — contestó Sasuke antes de soplar en el silbato mudo. Sabía que el deber de un ninja era permanecer alerta todo el tiempo, aunque después de cuatro días sin dormir más de dos horas, no creía posible mantener la agilidad dentro de sí. Prefería descansar, tomar energías en base a eso y recuperar a su hija con toda la fuerza posible.
Después de unos minutos, Sasuke se recargó en la pared de la cueva y ciñó sus brazos alrededor de la cintura de Sakura, quien gimió desagradada por el movimiento continuo de Sasuke. Ella se aferró con ambas manos a la tela de la camisa debajo del chaleco de Sasuke y enterró la nariz en su torso, absorbiendo el aroma a lluvia que se había impregnado en él. Luego, recargó la mejilla sobre su corazón y, como si los latidos fuesen una canción de cuna, Sakura se durmió.
Sasuke, semi inconsciente, percibió cada gesto de Sakura y sonrió, deseando no volver a dormir sin sentirla, sin abrazarla. No quería perderse de eso una vez más, no quería perder cada detalle en ella, no quería volver a ser un extraño para ella, dejar de verla crecer, dejar de verla madurar, dejar de verla. No toleraría nuevamente la soledad, porque aunque ella había afirmado que se sentía sola cuando él no estaba, la realidad era que Sasuke no podía sentirse verdaderamente acompañado hasta que tuviera al menos a una de sus mujeres. Y no estaba dispuesto a perder a alguna. No estaba dispuesto a renunciar a Sarada o a Sakura. No importaba lo que hubieran pasado, no quería volver a separarse de ellas.
Así, inconsciente como estaba, se prometió no darse por vencido en su relación con Sakura.
Chōchō trastabilló con una piedra, pero Shikadai la sostuvo del brazo para evitar que cayera. Llevaban corriendo largas horas y sus cuerpos exigían un descanso. Después de todo, no estaban acostumbrados a recorrer esas distancias. Bolt seguía usando los kunai de su abuelo: los entregaba a una de los sabuesos de Inojin, mucho más veloces que los perros normales, y éste corría bastante lejos mientras los niños lo seguían. Una vez Bolt creía que el perro de tinta se encontraba bastante lejos como para desorientarse, usaba el jutsu de transportación mientras sus amigos tomaban un pedazo de tela en su ropa. Bolt también se sentía agotado por utilizar tanto chakra en su ninjutsu, mas no planeaba detenerse hasta acercarse lo suficiente a los padres de Sarada para no perder el contacto con ellos.
— ¡Con un demonio! — farfulló Inojin. — Mi sabueso se está mojando mucho. Bolt, vamos para allá antes de que desaparezca.
Bolt obedeció sin rechistar. Una vez aparecieron a un lado del perro que escurría en tinta, Inojin se encargó de darle fin a su pobre existencia. Los demás apenas podían verse unos a otros, lamentándose porque ninguno poseía un poder ocular que los ayudara a identificar el lugar donde estaban.
— La buena noticia es que mi sabueso olió a los Uchiha algo cerca de aquí, a ocho kilómetros de aquí. — dijo Inojin.
— ¿Ocho? — repitió Shikadai. — Hace unas horas estaban a más de treinta. Creo que a este ritmo llegaremos a rosarles los talones.
— Deben haber tomado un descanso. — contestó Chōchō.
— Sí, eso parece, dattebasa. — dijo Bolt recargando las palmas en sus rodillas y respirando acompasadamente. Pudieron ver en su expresión que el chakra estaba agotándosele.
— Utilizaremos la ventaja que llevamos para que Bolt se recupere. — objetó Shikadai.
— No, si seguimos usando mi ninjutsu…
— Nos descubrirán y entonces Sasuke-sama nos mandará de regreso a Konoha con uno de sus trucos visuales. — completó Shikadai cruzándose de brazos. — Está bien mantenernos a esta distancia.
— También sería bueno encontrar una cueva, ¿no creen? — preguntó Inojin dibujando un enorme paraguas sobre su pergamino. — Este paraguas no servirá en un rato. — advirtió haciendo un par de sellos.
Los genin se acercaron a Inojin para protegerse un poco de la lluvia. Incómodos por la cercanía, caminaron hasta que encontraron una diminuta cueva donde también estarían apretujados unos a otros.
Chōchō corrió hacia ella para sentarse lo más lejos posible de la entrada. Shikadai permaneció bajo la protección de la sombrilla por falta de energías mientras que Inojin y Bolt estaban lo suficientemente cansados como para invitar a sus músculos a correr.
Una vez se encontraron rodeando una fogata que Shikadai había hecho con cierto esfuerzo, Bolt le ofreció una píldora a cada uno.
— Son píldoras de comida. Sakura-sama las prepara para misiones largas, 'ttebasa.
— Ésta no será una misión larga. — replicó Chōchō tomando la píldora sin dudar. — ¿A qué sabe? — cuestionó admirando la pelotita al mismo tiempo que la hacía girar sobre su mano.
— Seguramente tiene un mal sabor porque ella prefiere llenar estas cosas de vitaminas y eso, pero nos ayudará, estoy seguro de eso. — dijo Bolt mordiendo animadamente la píldora. De inmediato, sus pupilas se dilataron y su rostro se contrajo en una mueca de desagrado. — Sabe horrible. — afirmó después de tragar el bocado. Shikadai sonrió.
— Mamá intentó hacer algo así una vez. — contó Inojin metiéndose la píldora a la boca. — Esto sabe mejor de lo que preparó mamá: le echó varias flores medicinales y un tanto de clavo. Papá le sugirió que dejara ese pasatiempo por uno menos dañino para su familia y ella le respondió que podía dormir en el sillón esa noche. — rió. — A veces papá no es nada sutil.
— A veces te pareces a él. — le dijo Chōchō molesta.
— Sí, eso dice mamá. ¿No es genial eso? Papá es un gran ninja y dibuja muy bien. Es un gran artista.
Bolt lo miró con cierta culpabilidad. Inojin en verdad admiraba a su padre y ahora estaba obligándolo a arriesgar su vida sólo para salvar a Yūyin y a Sarada. Bolt no se arrepentía de sus actos, sabía que sólo eso podría acelerar el rescate de Sarada y Yūyin, pero sí deseaba haber tenido otro plan que no involucrara a sus amigos.
— Creo que tu madre se refería a que en ocasiones no sabes lo que dices. — corrigió "sutilmente" Shikadai. Por supuesto, él había heredado la poca paciencia de Temari. — Mamá dice que cuando me conviene soy como papá y cuando no, me parezco al tío Kankurō. Ambos son geniales, me dejan decidir lo que quiero hacer y tío Kankurō suele entrenarme para convertirme en un buen marionetista. Como no tiene hijos, yo seré el que heredará las marionetas primas del maestro de las marionetas.
— ¿Maestro de las marionetas? — cuestionó Inojin. — ¿Quién es y por qué no te entrena él?
— Porque está muerto, Sakura-sama y la abuela del marionetista lo mataron.
— Sí, era un Akatsuki. — musitó Bolt dibujando con una vara un círculo. — Una vez papá me habló de todos ellos, cuando todavía no era hokage. Incluso me enseñó el libro bingo donde venían todos, dattebasa. Sasori, Deidara, Kakuzu, Hidan, Itachi-sama, Kisame, Konan, Yahiko, Nagato, Zetsu, Obito y en una ocasión Orochimaru. Grandes ninjas y con grandes aspiraciones… a veces creo que fueron ellos quienes consiguieron que el mundo de llenara de paz. — sintió la mirada de sus amigos y supo que no lo entendían. — Si no hubiera sido por todo lo que hicieron, las aldeas no se habrían juntado, Konoha no sería tan amigable con Suna y tal vez Shikamaru-san y Temari-san no se habrían casado. Papá no sería el héroe universal y tampoco tendría el chakra de las nueve bestias sobre él. Y… y yo tendría a papá en casa, como siempre lo he querido.
— Sí, pero en ese caso yo tampoco habría nacido. — alegó Chōchō. — Si Obito-san no hubiera provocado la guerra, mamá y papá jamás se habrían conocido y, por lo tanto, no seríamos quienes somos ahora. Inojin estaría solo porque Sarada, Yūyin y tú serían equipo, como si nada. Y no quiero que ninguno de mis amigos esté solo.
— Además, Waraziya natto se creó bajo la inspiración de la guerra. — intervino Inojin. — Sin Akatsuki, no habrías comido un natto tan delicioso como el del señor Nagasawa.
— Sí, eso es cierto. — aseveró Bolt. — También dice papá que mamá se le declaró cuando estaban peleando contra Pain.
— Mamá dice que el único que no sabía que Hinata-sama estaba enamorada del hokage-sama era él mismo. — respondió Inojin. — Pero si lo quieres ver como algo tierno, está bien.
Shikadai rió ante la insensibilidad de Inojin y el gesto enojado de Bolt como respuesta. Pronto, Chōchō lo imitó. Inojin preguntó un par de veces por qué se reían, pero ellos no contestaron. Al contrario, las carcajadas aumentaron considerablemente.
Bolt ya no pudo permanecer enojado con ellos. Mientras los veía como equipo, divirtiéndose y bromeando entre ellos, se preguntó cómo se veía él cuando estaba con Sarada y con Yūyin. Ellos pocas veces habían conversado en conjunto; preferían entrenar para alcanzar sus sueños y las pláticas las dejaban para la noche, desvelándose en las pocas misiones largas que habían tenido. Konohamaru nunca se opuso a eso, le parecía adecuado que los miembros de su equipo se conocieran a profundidad: crear lazos entre ellos era la mejor forma de asegurar que se protegerían a pesar de cualquier peligro. Así que, a pesar de no expresar públicamente lo que sentían, gracias a lo que habían pasado como equipo y a la humildad que Yūyin siempre les había dedicado, Bolt sentía esa necesidad de rescatarlos. Era por esos recuerdos por los que Bolt no se rendiría hasta encontrarlos, hasta salvarlos y hasta que volvieran a ser un equipo. Haría lo necesario para quitarle el dolor a Sarada y para que Yūyin se sintiera más seguro consigo mismo. Incluso los apoyaría si decidían mantener una relación amorosa, sólo quería volver a verlos. Y no se rendiría, no con ellos.
Sarada caminó, agotada por no haberse detenido a descansar el tiempo que tenía acostumbrado. Sus piernas y brazos le dolían por la cantidad de árboles que había saltado y trepado para llegar hasta ahí. El mapa indicaba que justo entre las enormes rocas encontradas en un gran espacio seco de un color rosáceo se ubicaba su guarida. Sarada siguió avanzando hasta encontrar un enorme portón de piedra. Alzó el brazo para empujarlo, mas éste se abrió apenas sintió la presencia de la niña.
Sarada permaneció quieta hasta pasados unos segundos. Cautelosa, se adentró a un enorme pasillo con pinturas rupestres en las paredes. Conforme avanzaba, sus ojos descubrían cuerpos humanos encerrados en cápsulas enormes llenas de agua con químicos para evitar así una descomposición. Sarada paseó su mirada por los diversos cuerpos cubiertos con capas color vino.
Detuvo sus pies en cuanto vio en uno de esos cuerpos el rostro de alguien que había conocido a través de fotografías. Ese hombre, de cabello negro y un collar en el cuello, era su tío fallecido, Itachi Uchiha.
— ¿Cómo demonios…?
— ¿Sarada-san? — preguntó alguien al fondo del pasillo. Sarada de inmediato reconoció esa voz. Por supuesto, la reconocería bajo cualquier circunstancia.
— ¡Yūyin! — gritó antes de olvidar los cuerpos encapsulados para apresurarse hacia la voz del chico al que había ido a buscar.
Corrió, sin importar el dolor en sus piernas, hasta entrar a una sala cuadrada tan grande como presumía ser el campo de peleas en los exámenes chunin. Tras darle un vistazo a la sala, se percató de la ausencia de Yūyin, por lo que siguió corriendo hasta encontrarse con una puerta igual de grande que la principal, también abierta. La traspasó sin siquiera pensar en que cometía un error al ser tan imprudente. El siguiente cuarto estaba pintado de un rojo carmesí, y en él sólo se encontraba un cubo, un cubo en el que estaba lo que Sarada más ansiaba ver.
— ¡No! ¡No, Sarada-san! — gritó Yūyin detrás de las rejas de una celda de metal con barrotes rodeados de un chakra negro. Yūyin miraba a Sarada acercarse, pero negaba con la cabeza mientras las lágrimas recorrían su rostro. — ¡Vete! ¡Vete, Sarada-san! ¡No! ¡A ella no, por favor! — suplicó aferrándose a los barrotes, sintiendo cómo éstos absorbían su chakra y restándole importancia a la debilidad que poco a poco lo rodeaba.
— ¡Yūyin! ¡Yūyin, resiste! — suplicó Sarada acercándose a los barrotes.
— No, no los toques, por favor. — dijo Yūyin sin dejar de llorar. — Absorberán tu chakra.
— ¿Y crees que eso me importa? — contestó ella abrazando los dedos de Yūyin con los suyos a través de los barrotes. Sintió su chakra drenarse al contacto del chakra negro, pero lo ignoró. — No te dejaré aquí, ¿me oyes? He venido por ti y no me iré hasta que estés a salvo, Yūyin.
— No, no, Sarada-san, no lo hagas. — rogó él llorando con más potencia. — Él-él no te quiere a ti, no eres su verdadero objetivo. Sa-Sarada,san, por favor, aléjate antes de que él te vea.
— ¿A qué te refieres? ¿A quién quiere, entonces? — cuestionó asustada, aferrándose más a él.
— A tus padres. — chilló Yūyin asiéndose aún más a los barrotes.
— ¡¿Qué?! ¡No! No… ¿dónde está tu padre, Yūyin? ¿Qué hizo con él?
Irremediablemente, Yūyin se dejó caer de rodillas al suelo mientras seguía llorando. Sarada también se hincó para tratar de animarlo. No podía creer que Orochimaru se hubiera atrevido a matar a Hideo, no quería creer que lo había hecho. Mucho menos quería que el mismo destino lo sufrieran sus padres. Ahora más que nunca se esforzaría por derrotarlo, por derrotar al hombre que entrenó durante dos años a su padre.
— Yūyin, Yūyin, escúchame bien. — dijo una vez llamó la atención del lloroso niño. — No vine hasta aquí para ver cómo mueren mis padres, ¿entiendes? No vine hasta aquí tampoco para verte sufrir. No me rendiré, te sacaré de aquí, salvaré a mis padres y regresaremos a Konoha a patearle el trasero a Bolt, ¿de acuerdo?
— Sarada-san, no…
— Nada de "no". Yo te quiero y no me rendiré con nosotros. Saldremos de ésta, ¿oíste? — insistió con vehemencia.
Yūyin alzó la mirada hacia ella, pero antes de poder decir algo, visualizó al responsable de esa desgracia justo atrás de Sarada, a cinco pasos de ella.
— ¡No a ella, por favor! — suplicó en un grito desgarrador.
[1] Título y capítulo inspirado por la canción "I won't give up" de Jason Mraz.
[2] Acontecimiento basado en el one shot que hice para el cumpleaños de Sasuke: Un equipo de amigos.
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¡Hola!:
Ahora, con el capítulo: La primera parte me gustó por la interacción como de "novios a mano sudada" que tuvieron Sakura y Sasuke. Es obvio que no pueden decir: "Sí, ya, rescatamos nuestro matrimonio" y volver a ser la pareja feliz de un día para otro. Ustedes saben - y eso me da mucho gusto porque no me siento presionada - que esto requiere de tiempo y sucesos que los marquen. Por eso, empezaron con cositas triviales como lo de tomar la capa de Sasuke y ayudar a Sakura a bajar. Cosas así. Pero ya llegará "ese" acontecimiento. De que hay esperanza, la hay y es mucha.
Ahora, respecto a los niños. Alguien me dijo que le gusta más ver a los adultos que a los niños. Mi corazón hizo crack. Yo adoro a los niños y amo escribir sobre esos enanos. Bolt me gusta mucho - a pesar de todo lo que revuela a su alrededor. No sé, no es que me identifique con él, sino que lo entiendo porque algo así le sucedió a mi hermanito cuando papá trabajaba mucho. Naruto me tiene molesta por eso, aunque no lo juzgaré hasta ver The Last.
En fin, por eso me centré en lo que Bolt quería y quiere, eso de tener un padre cerca de él. Sin embargo, también mostré que el papel de un amigo siempre es animar. No sé, ellos entienden, pero también lo ayudan a no sentirse mal. No sé, adoro a esos enanos.
Por último, también alguien me dijo que se extrañaba a Sarada. Lo sé, yo también la extrañé cuando no escribía sobre ella. Aquí la tienen, con toda su valentía de por medio - y un encuentro algo creepy con su tío. Sí, todo lo que aconteció con Sarada es de mucha relevancia. No hubo mucho YuuSara como me lo pidieron, pero... es algo.
Les mando un abrazo.
PD. El siguiente capítulo se llama: La cabaña y la anciana. Tiene título de relleno, pero no lo es.
Andreea Maca.
