¡Hola gente hermosa! En la semana (lo más probable es que sea mañana mismo) contesto sus comentarios. Dejo el nuevo capi ahora, bien fresquito (lo terminé hace un minuto xD) ¡y me voy! Porque es sábado a la noche y hay que divertirse (?) jajaja, ¡Los amo!
Capítulo 21: En busca del tesoro perdido.
-Yo… puedo explicarlo –balbuceó la castaña, apartándose de Ron y acomodándose rápidamente el vestido -; no es lo que crees…
-No es a mi a quien deberías dar explicaciones –interrumpió Cho, girándose para salir de allí, agregando antes de hacerlo -. No conozco demasiado a Cedric pero puedo estar segura de que no merece esto…
Claro que no lo merecía y Hermione estaba conciente de ello. Se sentía profundamente avergonzada por su reciente actuar, no podía ser que Ron tuviera tanto poder sobre ella. Se había propuesto ir donde él para disculparse por su actitud desde que había arribado a la isla y con sólo una mirada suya había sucumbido nuevamente a sus encantos. El pelirrojo se mantenía en silencio desde que Cho los había interrumpido y la observaba con preocupación, tal vez porque sabía que después de lo que acababa de suceder, ella se iría de allí para no volver. Sintió que su mayor temor se hacía realidad cuando finalmente la castaña habló, aunque sin atreverse a mirarlo.
-Lo que acaba de suceder no era la intención que tenía cuando me acerqué hace un momento. Lo siento Ron, debo irme.
Luego de decir aquello, salió de allí, dejando al pelirrojo ahogándose en un mar de angustias. Se sentó en el frío suelo y escondió su pecoso rostro entre sus manos, sin poder impedir que las lágrimas, frías como gotas de lluvia en invierno, comenzaran a salir de sus azules ojos.
Hermione caminaba hacia donde la multitud se había reunido para despedir a los novios. Cedric la vio venir y sonrió, extendiendo su brazo para abrazarla a él cuando ella llegó a su lado. Miraba a la gente agrupada a su alrededor, gritando y despidiendo con emoción a los novios, que en ese momento subían al auto para partir hacia su luna de miel.
La cabeza de la castaña estaba invadida de cavilaciones. El mundo se estaba volviendo loco y ella, como toda su vida, intentaba mantenerse en el lado racional, correcto y estructurado. Esa clase de amor pasional, desbordante e hilarante no iba con ella. Sí, definitivamente su mejor opción era el hombre que en ese momento la abrazaba con protección y cariño, y no ese que había dejado atrás, aquel pelirrojo que la hacía perder la cabeza como si fuera una adolescente. Hermione era una mujer adulta, una profesional seria y respetable y su vida estaba bien así.
Ginny sacó medio cuerpo por la ventanilla, mientras observaba hacia todos lados y preguntaba a los gritos por Ron, intentando ser escuchada por encima del griterío que se había armado allí. El motor rugía, preparado para dar marcha y antes de que los novios salieran finalmente de allí, Hermione pudo ver un pequeño y fugaz atisbo de desilusión en el rostro de la pelirroja, antes de ser tirada del brazo por su nuevo marido para que entrara completamente al auto.
-Los novios han partido pero la fiesta continúa… ¡Música por favor! –gritó Bill, tirando de la mano de Fleur quien aceptó entre risas bailar con él.
Todos los presentes regresaron al jardín para seguir bailando, a excepción de Pansy que con la cabeza erguida y seria se había acercado a su novio para comunicarle que se retirarían de la fiesta porque tenían mucho que hacer. Draco se despidió de Luna, besando su mejilla con dulzura, lo que provocó que la morena frunciera el ceño sin poder evitarlo y que la rubia los mirara entre asustada y divertida.
La castaña pudo sentir la mirada juzgadora de Cho sobre ella, haciendo que se sienta aún peor. Ya sin poder soportar estar un minuto más en aquel lugar, se dirigió hacia Cedric conteniendo con todas sus fuerzas sus deseos de llorar.
-¿Podemos irnos por favor?
-Sí, por supuesto –dijo él con sonrisa amable -¿Te sientes bien? –agregó, cuando notó el pálido rostro de su prometida.
-Sí, como te dije antes, me duele la cabeza. Vámonos por favor.
Cho, al ver que Hermione y Cedric se retiraban del lugar, decidió ir por Ron, no sin antes buscar a Lavender para que la acompañara. Sabía muy bien que la rubia era la mejor amiga del pelirrojo y que él la estaría necesitando más que nunca. Pudo notar que había acertado en hacerlo cuando llegaron hasta donde estaba el pelirrojo y lo vio más desalentado que nunca. El corazón de la oriental se detuvo cuando la rubia, sin decir una palabra, se sentó en el suelo al lado de su amigo y éste sin romper aquel angustiante silencio, sólo se limitó a apoyar su cabeza en el hombro de su mejor amiga y darle lugar a que la mano de la rubia acariciara su cabello, intentando darle algún consuelo que quizás no llegaría.
Sin poder soportar un segundo más aquella desoladora imagen que se presentaba ante sus ojos, salió de allí, sintiéndose incapaz de encontrar una respuesta a lo que sentía en su interior…
¿Acaso estaba triste porque su ex novio sufría por otra? Por un instante, pensó que aquello no era normal, quizás estaba perdiendo la razón… Aunque, racional o no, Cho deseaba ver a Ron feliz. Tal vez porque no pensaba en él como un ex novio, sino como un amigo. Sintió culpa por la manera en que se había dirigido a Hermione pero… Cedric no merecía aquel trato; si ellos querían consolidar su amor, tenían que hacerlo de la manera correcta y no a escondidas ni siendo desleal hacia el muchacho… Se sorprendió notablemente cuando cayó en la cuenta de sus inquietudes: ¿Por qué le importaba tanto lo que pudiera sentir Cedric? Después de todo, no era más que un extraño y ella no tenía por qué preocuparse por él.
-Oye, ¿Has visto a Ron? –Bill se había acercado a ella, al verla salir de la casa.
-Sí, eh… No se siente muy bien, está algo… indispuesto –notó que la novia del pelirrojo sabía algo de lo que sucedía, al ver su gesto de desconfianza.
-Espero que no haya bebido de más porque si no mi madre se pondrá insoportable –opinó el pelirrojo.
-No te preocupes, no está ebrio –agregó la oriental, intercambiando una rápida mirada de complicidad con Fleur y luego alejándose de ellos.
Hacía ya varias horas que se había retirado de aquella fiesta pero Hermione seguía con su vestido puesto. Tirada sobre el sofá y con el celular en la mano, la castaña intentaba por décima quinta vez borrar ese maldito mensaje que le había enviado Ron y que no se había atrevido a eliminar de su casilla de mensajes. Cada vez que pulsaba la opción "borrar mensaje" y aparecía la endemoniada pregunta "¿realmente desea realizar esta operación?" la castaña movía su cabeza negativamente y cancelaba, para volver a leer el mensaje. Lo único que la había alegrado en ese día es que su novio, luego de acompañarla una hora y contarle sobre todo aquello que había sucedido mientras ella no estaba, se había retirado al hotel en el que estaría residiendo, ya que su mejor amiga había negado con rotundidad la idea de que el castaño pudiera dormir en su casa. No es que quisiera a Cedric lejos, pero necesitaba más que nunca estar sola, necesitaba pensar. Maldijo para sus adentros cuando notó que su deseo no sería cumplido ya que la puerta se abría, dándole entrada a su -ex amarga y ahora enamorada –amiga.
-¿Qué demonios haces aún con el vestido puesto? –preguntó, extrañada.
-Nada Fleur, no tenía ganas de cambiarme, es todo.
-¿Estás deprimida?
-No… No estoy deprimida, gracias –contestó con molestia.
-Ok… ¿Dónde está el id… tu novio? –curioseó, mordiéndose el labio.
-Se fue a su hotel.
-¿Recién llegó y ya te abandonó? –preguntó, fingiendo decepción y Hermione supo que su amiga estaba buscando problemas.
-¿Tu no lo quieres en tu casa, recuerdas? Nos veremos esta noche, iremos a cenar.
-Yo dije que no quería que durmiera en mi casa, no que no viniera, ¿Cómo voy a impedirle la entrada? Después de todo, es tu prometido, ¿no? –opinó, intentando no sonreír cuando a Hermione se le contrajo el rostro al escuchar la palabra "prometido" –. Me alegro que vayan a cenar y que se pongan al día… A propósito, ¿hablaste con Ron?
-Si puedes evitar por un día no mencionarlo, te lo agradeceré –respondió, visiblemente molesta.
-Mmm… No, no puedo –respondió, poniéndose detrás de ella para ver qué era lo que su amiga observaba tanto en su celular -. No entiendo… Si no quieres saber más nada con Ron, ¿por qué sigues leyendo su mensaje? –curioseó, y Hermione tapó con su mano rápidamente la pantalla del aparato.
-No estaba… Voy a borrarlo, es todo.
-Ajá… ¿Cuánto hace que intentas borrarlo? –inquirió, levantando una ceja desafiante.
-No digas tonterías, es sólo un mensaje… Lo borraré ahora mismo –expresó, comenzando a enrojecer de rabia. Nuevamente pulsó la opción y se paralizó ante la maldita pregunta… ¡¿Por qué no había comprado un celular que hiciera las cosas al momento, sin intentar meterse en la conciencia de su dueño?
-Hermione… -se acercó a ella y apoyó su mano sobre el hombro de su amiga, mirándola con compasión -. Si no puedes borrar un simple mensaje, ¿cómo pretendes borrarlo de tu vida? –la castaña bajó su mirada sin responder -. Iré a cambiarme, especialmente los zapatos. Bill me pisó tantas veces mientras bailábamos que debo tener los pies como un ladrillo. Piénsalo –agregó, antes de dirigirse a su habitación.
Draco bostezaba por quinta vez cuando finalmente pareció que su novia recordó que él estaba allí y eso ocurrió cuando le preguntó que opinaba sobre alguno de esos aburridos temas que venía escuchando hacía varias semanas sobre la futura boda. Odiaba esas reuniones presumidas de la familia de Pansy pero si pretendía ser su esposo, tendría que acostumbrarse a aquello. A decir verdad, el rubio se aburría en todas las reuniones, cenas y fiestas a las que concurría con su novia; en realidad, en los únicos encuentros en los que se lo pasaba realmente bien era en los que estaban sus amigos…. especialmente, si estaba Luna. Le encantaba molestarla, era tan gracioso verla enfadada –aunque a veces su rostro adquiría un gesto de chiflada que asustaba- pero aún así, Draco amaba reunirse con sus amigos. No pudo evitar preguntarse qué pasaría cuando estuviera casado… A Pansy no le caían nada bien sus colegas pero aún así, nunca le había impedido que se juntase con ellos, aunque luego de lo que había hecho en la fiesta de la boda, quizás la morena no miraría con buenos ojos que su marido fuera a un lugar donde estuviera Luna.
-Bien, entonces ya está todo listo. El viernes tendremos la fiesta de compromiso –confirmó Pansy, con una brillante sonrisa -. Draco querido, ¿te encargas tú de enviar las invitaciones a tus amigos?
-Si Pansy –respondió, fastidiado y con deseos de irse lo más pronto posible.
-¡Perfecto! A ver, déjame ver… -la morena sacó unos sobres de una caja y comenzó a identificarlos uno por uno, entregándoselos luego a su novio -. Neville y Katie, Cho Chang, Ron Weasley, que pena que terminaron su relación, soñaba con que ambos estuvieran en una sola invitación –lamentó, continuando con su labor e ignorando el gesto de resignación del rubio -. Lavender Brown, Fred Weasley, George Weasley, Bill… ¿Amor, no era más fácil si poníamos a todos los Weasley juntos?
-¿Para ahorrar dinero? –ironizó.
-¡Claro que no! Es que es… olvídalo –expuso, continuando con la entrega de sobres -. Harry y Ginny… Bueno, esos dos no vendrán porque estarán en su luna de miel… Qué pena –acotó, levantando sus hombros y continuando -. A propósito, ¿En la invitación de Bill no deberíamos agregar a su nueva conquista? Dudo que sea su novia pero si se mostró junto a ella en la boda de su hermana… Aunque tratándose de Bill no me extraña demasia…
-Si Pansy, agrégala al sobre. Y también invita a Hermione y su prometido –interrumpió, comenzando a perder la paciencia.
-Muy bien –tomó un bolígrafo para agregar el nombre pero se detuvo antes de apoyar la punta sobre el sobre -¿Cómo se llama la chica?
-Fleur.
-Bien… -La morena escribió el nombre y luego tomó otra invitación con su respectivo sobre para escribir el nombre de Hermione pero, al igual que hacía un momento, se detuvo para preguntar -¿Y el novio de Hermione?
-Cedric.
-Muy bien… Cedric, listo. Sigo: Molly y Arthur –no pudo evitar arrugar la nariz cuando los mencionó. A Pansy no le gustaban los Weasley, los creía de un nivel muy inferior para pertenecer a su circulo de amigos pero su novio los quería y no podía evitar invitarlos-, Sirius Black, Lunática Love…
-¿No habrás puesto eso en el sobre, verdad? –preguntó el rubio, alarmado.
-Claro que no –contestó entre risas-, estás un poco gruñón hoy –agregó, besando fugazmente su mejilla.
-Estoy cansado, es todo –objetó el rubio, tomando la invitación para la rubia y observándolo. No había caído en la cuenta de que Luna estaría en su fiesta de compromiso y ahora que lo pensaba, su estómago se encogió.
Pansy continuó en su tarea de entregar las invitaciones a Draco aunque éste ya no la escuchaba, estaba demasiado enfrascado en sus pensamientos. ¿Cómo no se había dado cuenta de que Luna estaría en su fiesta? No le gustaba nada la idea, pero no podía dejar de invitarla, ¿Qué pensaría Pansy y el resto de sus amigos? Por un momento, creyó en la posibilidad de que tal vez la rubia no asistiría y un destello de tranquilidad lo invadió. Sí, seguramente Luna no iría, no después de todo lo que habían pasado últimamente.
-Y… creo que eso es todo. ¡Será una fiesta perfecta! –exclamó, emocionada -¿No lo crees mi amor?
-Por supuesto querida –respondió el rubio, que comenzaba a pensar que esa respuesta sería la que lo acompañaría en todas las futuras conversaciones que tendría con la morena por… el resto de su vida.
-Ron, llevas casi todo el día encerrado en tu habitación… Vamos a dar un paseo, ¿Sí? –el pelirrojo la observó con desgana -. Por favor Ron… ¡Ya se! Te invito un helado, se que te encantan así que no me digas que no quieres –sugirió Lavender mirándolo con ojos suplicantes.
-No tengo ganas –continuó en su negativa, acomodándose aún más en su cama.
-Bueno, ¿sabes qué? Me importa un rábano que no tengas ganas, yo sí así que me acompañarás –determinó, tomándolo de la mano y tirando de él para que se levantara.
-Déjame en paz Lavender –protestó, resistiéndose a que lo sacara de la cama.
-¡No lo haré Ronald Weasley! No permitiré que te ahogues en un mar de lágrimas, te levantarás, saldrás conmigo y disfrutarás del helado que te invitaré –continuó obstinada en su determinación, mientras tiraba de él con más fuerza.
-¡Está bien, está bien! –respondió cansinamente, levantándose de la cama -. Vamos por el maldito helado –masculló y la rubia sonrió victoriosa.
-No te arrepentirás –aseguró, abrazándose a su amigo.
Media hora antes, cuando lo había ideado en su cabeza, había pensado que era un plan perfecto. Ron amaba los helados y siempre habían funcionado para él cuando no estaba de buen ánimo pero en ese momento y después de observarlo durante treinta minutos lamer el dulce con una lentitud tortuosa y con un gesto de desinterés total en su rostro, como si estuviera lamiendo una zanahoria, comenzaba a pensar que tal vez no había sido un plan tan perfecto como creía.
-¿Qué te parece si mejor nos vamos de aquí y tomamos un trago? –propuso, empezando a quedarse ya sin sugerencias.
-Lav… De veras valoro lo que estás haciendo por mí pero realmente quiero irme a mi casa. Puedes venir conmigo si quieres pero ya deja de invitarme a lugares porque honestamente no tengo ganas.
-Está bien –aceptó, derrotada -, pero iré contigo. Ni sueñes con que te dejaré solo.
-Ni se me había ocurrido la posibilidad –respondió, con una tímida sonrisa -. Vamos –determinó, tomando la mano de su amiga para que se levantara y caminara junto a él.
Si Lavender creía que ya nada podría empeorar… estaba muy equivocada. A sólo unos metros, en el puesto de flores que estaba llegando a la esquina, estaba nada más ni nada menos que el novio de Hermione comprando unas flores. La rubia sólo atinó a cerrar los ojos con resignación, como si todo aquello no fuera más que una pesadilla de la que no podía despertar. Ron masculló por lo bajo una maldición y Lavender notó que se debía no sólo a que el pelirrojo ya se había percatado de ello, sino que el muchacho ya los había visto y caminaba hacia ellos con una sonrisa amable.
-Diablos, diablos, diablos –continuaba murmurando el pelirrojo a medida que el chico se acercaba a ellos -. Esto es tu culpa Lavender, te mataré en cuanto lleguemos a casa.
-Lo siento Ron… ¡Demonios! –la última palabra la dijo elevando su voz sin poder evitarlo y enrojeció notablemente cuando advirtió que el castaño la había escuchado y se detenía bruscamente, comenzando a cambiar su sonrisa por un gesto de sorpresa. El pelirrojo apretó su mano advirtiéndole su descuido y la rubia sonrió, completamente avergonzada.
-Hola… Eh, ¿te encuentras bien? –preguntó el castaño, estrechando su mano para saludarla.
-¡Si, perfectamente! Es sólo que… me mordí la lengua –quiso pegarse en la frente cuando notó lo estúpida que había sido su excusa, pero Cedric hizo un gesto de empatía.
-Ay, sí, eso duele mucho… ¿Te encuentras bien ahora? –se interesó y Lavender no pudo evitar notar que era un hombre muy atento y eso, muy al contrario de lo que debería hacerle sentir, le provocaba deseos de golpearlo.
-Estoy bien, gracias.
-Hola… ¿Ron, verdad? –preguntó con amabilidad, estrechando ahora la mano del pelirrojo.
-Así es, ¿Cómo estás? ¿Disfrutando de la isla? –respondió, devolviéndole el saludo e intentando ser amable.
-Sí, realmente es un lugar estupendo. Ahora mismo iba a buscar a Hermione para ir a cenar –expresó, mostrándole el ramo de flores.
-Qué bien… entonces no te detenemos más –interfirió Lavender, intentando terminar con ese encuentro por demás tenso para su amigo -. Un placer nuevamente –se despidió, tirando del brazo de su amigo.
-Eh, igualmente –contestó el castaño, alzando un poco la voz ya que ambos se habían alejado rápidamente de él.
-¿Todavía sigues creyendo que no me arrepentiría de esto? –soltó Ron, mientras se alejaban a paso rápido e ignorando el sentido suspiro de su amiga.
Hermione llevaba ya más de una hora encerrada en su habitación y Fleur comenzaba a preocuparse. No tendría nada de raro en su caso ya que ella solía tardar más de eso en arreglarse pero ese no solía ser el caso de su amiga y además… se escuchaban muchos ruidos raros que provenían de allí, como si la castaña estuviera corriendo muebles o algo por el estilo. Ya sin poder seguir aguantando las ganas de saber que sucedía en aquella habitación, la rubia golpeó la puerta de su amiga y esperó impaciente a que ésta la invitara a pasar. Decidió que entraría de todas maneras cuando lo único que recibió por respuesta fue un grito angustiante.
-¡Maldición! –pudo escuchar antes de empujar la puerta y entrar.
Abrió los ojos y la boca de par en par una vez que estuvo adentro. La imagen que se presentaba ante sus ojos era aterradora. La cama de su amiga estaba completamente revuelta; había cantidad de objetos desperdigados por el suelo y la castaña, aunque estaba muy elegantemente vestida, se encontraba arrodillada, con la cabeza prácticamente metida bajo la cama y no paraba de proferir improperios.
-Hermione… ¡¿Qué demonios ha sucedido aquí? –exclamó, al ver aquel caos.
-No puede ser, ¡Diablos, esto no puede estar pasando! –sollozaba la castaña, que se había levantado y caminaba por toda la habitación, removiéndose furiosamente el cabello con una mano.
-¡Hermione, por Dios! ¿Puedes decirme que sucede? –preguntó, preocupada, acercándose a su amiga y tomándola por los hombros para que se calmara.
-¡No está por ningún lado! ¡No puede ser! –continuó, mientras las lágrimas bañaban su rostro.
-¿Qué es lo que no está? ¡No entiendo Hermione, cálmate por favor y explícame!
-¡La pulsera! ¡Perdí la pulsera! ¡Dios, esto no puede estar pasando! –se lamentó, sentándose en la cama y comenzando a llorar amargamente.
-¡¿Qué pulsera? –Fleur comenzaba a temer la posibilidad de que su amiga podría estar perdiendo la razón… Jamás, desde que la había conocido, la había visto ponerse así por algo tan insignificante.
Hermione sólo se limitó a sollozar con más fuerza y Fleur creyó que la situación se le estaba yendo de las manos. Y como si aquello no fuera suficiente, el timbre sonó, recordándole a la rubia que Cedric estaba por aparecerse en cualquier momento. La castaña pareció no enterarse de que su novio ya había llegado y Fleur tuvo que salir a atenderlo, cerrando la puerta de la habitación tras ella una vez que hubo salido para que el castaño no escuchara los lamentos de su prometida.
-Hola Fleur, ¿Cómo estás? –la saludó con amabilidad, recibiendo la acostumbrada respuesta monótona y antipática de la rubia.
-Bien. Pasa, Hermione está terminando de arreglarse.
Cedric se sentó en el sofá que le había señalado Fleur y ésta regresó a la habitación de la castaña, percibiendo una vez que estuvo adentro que efectivamente su amiga no había notado que su novio ya había llegado. La rubia decidió no informárselo para no alterarla más y poder ayudarla –o al menos, intentarlo-. Hermione continuaba sentada en su cama llorando, tal como la había dejado hacía un momento.
-A ver… Hermione, quiero ayudarte pero realmente no entiendo que es lo que sucede… ¿Podrías calmarte y explicármelo por favor?
-Perdí la pulsera de oro… -respondió, entre sollozos.
-¿Por eso lloras? Ay Hermione, no es para tanto… Tengo mucho dinero, te compraré cinco de ellas si quieres –intentó consolarla.
-Es que no entiendes… Esa pulsera era parte de mí, de mi niñez… Era mi tesoro Fleur y ya no está, la busqué por todos lados y no está –con cada palabra la castaña gemía más fuerte y Fleur comenzaba a temer que Cedric pudiera oírla.
-Hermione, tienes que calmarte por favor… Ven, te acompañaré para que te laves la cara y te termines de arreglar para salir con Cedric. Cuando regreses, juntas buscaremos tu pulsera, ¿Sí?
Si Fleur creía que aquello consolaría a su amiga… al terminar de decirlo, se dio cuenta de que estaba completamente equivocada. El rostro acongojado de su amiga cambió por uno de furia absoluta, a tal extremo que la rubia comenzó a temer que tal vez recibiría un puñetazo por su comentario.
-¡No lo entiendes! ¡No puedo salir sin esa pulsera! –Hermione había comenzado a gritar, a pesar de los constantes gestos desesperados de Fleur porque bajara la voz -¡Debo encontrar esa pulsera!
-Hermione… Cedric…
-¡Me importa un demonio Cedric! ¡No quiero salir a cenar con Cedric, no quiero ver a Cedric y por un demonio, no quiero casarme con Cedric! ¡Sólo quiero mi pulsera! ¡La pulsera que me regaló Ron! ¡¿No entiendes, maldita sea? ¡No quiero a Cedric, lo quiero a Ron!
Hermione empalideció de pronto y la rubia, aunque debía alegrarse por lo que su amiga acababa de decir, no pudo evitar que el sonido de la puerta de la habitación abriéndose tras ella, le hiciera sentir escalofríos en todo su cuerpo.
-¿Buscabas esto? –Cedric, parado junto a la puerta abierta, extendía un dedo del que colgaba la pulsera de su novia. Luego de dejarla sobre uno de los muebles y sin decir una sola palabra más, giró sobre sus talones y abandonó la casa con paso seguro, dejando aquel lugar invadido por un angustiante silencio.
En el próx capi estará la luna de miel de Harry y Ginny, ¡Besos!
