Título: DHM: Departamento de Homicidios Mágicos
Autoras: Caribelleih y A-lunática
Beta: Pami_li (¡muchas gracias!)
Género: Acción/Misterio/Romance
Clasificación: NC-17
Disclaimer: El mundo de Harry Potter y todo lo relacionado pertenece a J.K. Rowling. La idea está inspirada un poco en la serie Bones, lo demás es todo nuestro (en especial lo pervertido del asunto, que ya llegará, les aseguro).
Resumen: Draco Malfoy es especialista en analizar mentes criminales. Harry Potter es especialistas en atraparlas. Juntos, harán mucho más que combatir al mal.
Notas: Hoy es viernes… mañana no puedo, así que una horas antes no mata a nadie. ¿Están de vacaciones? ¡Felices vacaciones! Y a disfrutar del capítulo, aunque creo que terminarán odiándonos.
DHM: Scotland Yard vs DHM
Tercera parte.
Blaise caminó hasta la silla detrás de su escritorio, sentándose en ella mientras miraba a Draco con la ceja arqueada.
En cuanto habían llegado al Ministerio, Draco se había ofrecido para hablar con Blaise sobre los cuerpos que debía investigar. Harry, en cambio, iría a hablar con Hermione para que descubriera los trazos de magia que podrían haber quedado en la escena de los crímenes luego de todo ese tiempo.
Draco frunció el ceño.
—¿Qué?
—¿No crees que ese muggle va a pausarlos un poco con la investigación? —preguntó, apoyando el codo sobre la superficie del escritorio y su cabeza sobre su mano.
Draco se encogió los hombros.
—Sí, seguramente pasará eso. Pero nos lo pidió el mismo Ministro —explicó, extendiendo las piernas—. Sería estúpido negar la ayuda de los muggles y con eso ocasionar roces entre los dos Ministerios. Con las políticas de ahora, donde los muggles tienen más votos que antes, sería un suicidio.
—Igual, podría poner en riesgo todo —dijo Blaise mirándolo con las cejas arqueadas, seguramente un poco sorprendido—. Y me extraña que no le hayas dicho eso a Potter.
—¿Decirle qué? ¿Qué no quiero trabajar con muggles? Estoy muy seguro de que ya lo sabe, a juzgar por cómo me comporté en esa oficina —luego añadió, después de reflexionarlo—. O por lo que pienso en general de ellos. Puedo haber cambiado en algunas cosas, como sobre lo que pensaba antes de ellos, pero sabes que para mí, siguen siendo desagradables.
—Sí, lo sé —respondió Blaise con una sonrisa, bajando las manos sobre la mesa—, y él no intenta convencerte de lo contrario.
—¿Él quién?
—No te hagas el tonto.
—Yo nunca me hago el tonto. Mis habilidades de actuación no llegan tan lejos.
—Ahora estás cambiando el tema.
Draco rodó los ojos. Blaise se volvía pesado cuando comenzaba a hablar de Harry. No sabía por qué lo hacía últimamente, pero tenía una ligera sospecha. Luego hablaría con él sobre eso, ahora no era ni el momento ni el lugar.
—¿De qué quieres que me convenza? Sabe que hay cosas que son imposibles —miró a Zabini—. Sólo te conté esto para que estés preparado el lunes. Ropa muggle, actuación muggle, etcétera. No para otra sesión de tu amor por Potter.
—Ya. Ginny me ha contado algunas cosas, ¿sabes?
—No me digas.
—Sí, sobre cómo Potter ha estado más relajado desde que comenzó a trabajar contigo, como ahora no es tan difícil convencerlo de salir con sus amigos.
—No, en serio; no me digas.
—Draco —el tono de Zabini era casi de advertencia—. Sólo digo que…
—¿Desde cuándo te convertiste en Potter-amante? Sabía que salir con un Weasley iba a terminar afectando tu cabeza.
—No necesitas ser tan seco —Blaise se levantó y rodeó el escritorio, apoyándose en él, frente a Draco, quien levantó la mirada con calma.
—No tienes que preocuparte con arreglarme citas, Blaise. No sé por qué repentinamente te has convertido en el Doctor Corazón o lo que sea, o porqué escogiste a Potter, pero tampoco me interesa. No me gusta que me intentes obligar a hacer algo.
—No estoy intentando obligarte a hacer nada —suspiró, obviamente rindiéndose—. Está bien, de acuerdo. No volveré a hablar de Potter.
—¿Por cuánto tiempo?
—Draco —de nuevo ese tono. Draco comenzaba a aborrecerlo.
—Blaise.
Ambos se miraron fijamente.
—Te gusta Potter.
Draco se estaba hartando de esa conversación. Se levantó de la silla y lo miró.
—Hay cosas, Blaise, que puedo soportar en un amigo y otras que no. Entiendo que te preocupes, aunque no lo comprenda, pero intentar intervenir en mi vida privada y a quién escojo follar está saliéndose del límite.
Blaise desvió la mirada, pero la regresó a sus ojos casi de inmediato.
—Lo siento —no sonaba muy arrepentido, sin embargo. Pero Draco sabía que era lo máximo que iba a conseguir. El Blaise que alguna vez había conocido ni siquiera hubiese dicho ese 'lo siento'. Los tiempos cambiaban.
—Pansy ha estado hablando contigo —no era una pregunta. Draco sabía que Blaise no estaría acribillándolo con esas preguntas y comentarios si alguien no lo estuviera presionando a él.
—Podría decirse —Blaise sonrió, sacudiendo la cabeza—. ¿Sabes que no lo negaste, cierto? Sobre si te gustaba Potter… y eso es tan bueno como un sí.
Draco frunció el ceño.
—Eres un idiota.
—Lo mismo digo, Malfoy.
*
Luego de obtener una copia de los informes del nuevo caso, Harry se fue a su oficina a arreglar unos detalles. Draco seguramente había ido a hablar con Zabini. Aquello le recordaba que tenía que hablar con Ginny, probablemente no le diría lo que estaba sucediendo con Draco, pero si había alguien a quien podía confiarle aquello… era a ella, considerando con quien estaba saliendo hacía más de dos meses.
Llegó a su casa temprano, siempre había el mismo ambiente antes de enfrentarse a un caso difícil, estaba todo calmado y silencioso.
Harry se acostó pensando que sólo quedaba un día para que fuera sábado y aunque no lo aceptara, estaba nervioso por el resultado de aquello… en aquellos días se había dado cuenta de que ser rechazado por Draco lo iba a afectar bastante. Esperaba que no fuera el caso.
Se levantó sin querer pensar en el sueño de la noche anterior y sin pensar cuántos días llevaba sin follar con alguien. Se duchó y se fue al trabajo, esperando que aquel día pasara rápidamente.
Llegó a la oficina atrasado, eran más de las nueve cuando abrió la puerta y entró a su despacho.
La puerta de la oficina de Draco estaba abierta, seguramente ya había llegado.
Harry dejó su capa sobre la silla y tomó una taza para llenarla de café. Luego fue hacia la oficina de Draco, empujando la puerta con suavidad.
Draco estaba sentado en su silla detrás del escritorio, una taza de té a un lado y un informe abierto frente a él.
—Al fin te dignas a aparecer —dijo sin levantar la mirada.
—¿Me extrañabas? —preguntó Harry alzando una ceja y sentándose frente al escritorio.
En vez de responder, Draco le empujó algunos archivos para que agarrara.
—Lo mismo de siempre —respondió crípticamente, sonriéndole de medio lado.
Harry tomó un sorbo de café antes de abrir uno de los archivos.
—¿Llegaste hace mucho? —preguntó mientras dejaba la taza a un lado.
—Hace quince minutos —Draco levantó la taza de té humeante, mirándolo con los ojos entrecerrados—. Por lo general siempre llegas temprano.
—Me quedé dormido —explicó Harry mirándolo rápidamente antes de pasar una hoja en el informe que tenía en las manos. Ni siquiera se dio cuenta de que estaba dando explicaciones.
—Te quedaste dormido —repitió Draco con suavidad, tomando un sorbo de su té antes de sonreír—. ¿Qué estabas soñando?
Harry levantó la vista lentamente y esbozó una sonrisa. No recordaba qué había soñado, pero eso Draco no lo sabía.
—Que estaba en el Polo Norte —respondió ampliando su sonrisa.
Draco se rió, negó con la cabeza y comenzó a leer de nuevo el informe. Harry también dirigió su atención al informe y continuaron en silencio.
—Estaba pensando —comenzó Draco rompiendo el silencio que se había instalado mientras ambos leían. Dejó el informe sobre el escritorio, y se inclinó sobre él con entusiasmo—. El recorrido que hizo el asesino, la forma en la que viajó de país en país, y de ciudad en ciudad, me hace pensar en que siguió un patrón. Como una compañía de turismo.
—¿Suponemos que el asesino se integró al mundo muggle o que pasa inadvertido? —preguntó Harry mirando con atención a Draco.
—Seguramente pasa inadvertido —respondió Draco asintiendo, enderezándose de nuevo en la silla—. Sin embargo, no sé si está integrado al mundo muggle. Puede seguir una compañía de turismo por muchas razones. Porque trabaja en una de ellas, porque está en una de ellas, o sólo porque sigue a una de ellas. Puede ser algo diferente, un circo por ejemplo. O cualquier otra cosa que se encarga de viajar y seguir un patrón.
Señaló con el dedo el informe, pero no bajó la mirada hacia él.
—Lo que quiero decir, es que los lugares donde murieron estos estudiantes, son lugares conocidos por tener mucho turismo.
Harry murmuró algo que ni él entendió y dejó el informe de lado.
—Creo que tienes razón...—asintió Harry—, además que es común en los psicópatas permanecer en la escena del crimen, ver sus resultados. Tendríamos que averiguar si hay algo que realice el mismo recorrido.
—Exacto —Draco sonrió engreído—. Aunque, me sorprende que los muggles no hayan hecho esta conexión... lo que se puede interpretar de dos maneras; la primera, es que son unos inútiles (es muy factible, por cierto) y no se dieron cuenta, la segunda, nos están poniendo a prueba.
—Puede ser la segunda, porque es lógico pensar que existe aquella conexión entre los muertos. Además está el hecho de que la forma en que murieron las victimas cada vez es peor... es como si para el asesino no fuera suficiente con matar —dijo Harry tomando otro informe.
—Tal vez busca un reto —reflexionó Draco apoyando la espalda en el respaldar de la silla con la taza de té entre sus manos—. Aún no sabemos por qué escoge a esas personas. Podemos suponer que elije muggles porque son más fáciles, al ser mago. Sin embargo, también puede elegirlos por muchos factores más.
—Sin embargo siempre se repite que matar, para ellos, es como un vicio... por eso tantas víctimas y cada vez peores forma de matar, necesita más, la muerte de sus víctimas no es suficiente. Por eso las mata en otros lugares —Harry se mantuvo en silencio por algunos segundos, pestañeando rápidamente—. Es como si necesitara el miedo de la gente —agregó—. ¿Viste las imágenes? Aquello debió doler.
Draco asintió, haciendo un gesto mientras tomaba más té.
—Las vi —respondió mirando los archivos frente a él—. Pareciera que estuviera probando formas de matar para encontrar la que más le gusta. Todas son diferentes. Fíjate en esta —le extendió el informe que estaba leyendo—. La joven que mató murió como si hubiese sido atacada por una bestia gigante. Mira estos rasguños, parecen hechos por un gato gigante. Un tigre o un león. Éste hombre sabe una gran variedad de hechizos.
—Mmm, ¿descartas absolutamente que aquello pueda ser realizado de forma muggle? —preguntó Harry analizando más de cerca la imagen.
—¿Quieres decir que si lo hizo un arma muggle? No lo sé, no las conozco. Pero si te refieres a que había un animal de ese tamaño que hubiese podido dejar esas huellas en la mitad de un suburbio muggle; entonces no, creo que lo hizo un hechizo.
—Es lógico, con razón estaban tan desconcertados. Hermione nos había hablado un poco de este criminal, pero en las noticias muggles no habían revelado información sospechosa, lo cual es de esperar —dijo Harry rascándose pensativamente la frente—. Y yo que quería tomar vacaciones —agregó casi en un suspiro.
Draco sonrió, ladeando un poco la cabeza.
—Pronto será diciembre. En Navidad al menos tendremos un día libre —frunció el ceño—. Aquí dan más de un día libre, ¿cierto?
—Depende. Cuando trabajaba solo, si no había nada qué hacer, no venía simplemente —comentó Harry apoyando los codos en la mesa y la cabeza sobre ellos.
—Nunca te he visto faltar —comentó Draco dejando la taza vacía sobre la mesa—. Aún cuando no tengamos nada que hacer...
—Cuando trabajaba solo —repitió—. Aunque en épocas festivas venía para que Hermione no me obligara a salir con ellos —declaró.
—¿Te escondías en la oficina? —Draco lo miró con una ceja arqueada—. Que agradable, Potter, huyendo de tus amigos en el trabajo. Tenía razón, eres un adicto al trabajo.
—Supongo que lo soy —dijo encogiéndose de hombres—, pero tal vez era porque no tenía nada mejor en que emplear mi tiempo —agregó.
—¿Y ahora lo tienes?
—Tengo algunas ideas —dijo sonriendo.
—¿De cómo emplear mejor tu tiempo? —preguntó Draco riéndose un poco—. Supongo que no se trata de leer un libro o golpear el saco.
—Supones bien —dijo dejando caer la cabeza sobre el escritorio evitando la vista de Draco. No es que en lo que quisiera dedicar su tiempo fuera en Draco... bueno, no todo el tiempo, pero al menos ahora tenía algo en lo que pensar que le parecía adictivo y atrayente.
Luego de algunos segundos en silencio, Harry se incorporó lentamente. Se sacó los lentes y los dejó con suavidad sobre el escritorio y se talló los ojos, después intentó a enfocar a Draco sin lentes.
—¿Por qué no te corriges la vista con un hechizo? —preguntó Draco, acercándose ligeramente a él.
Harry parpadeó un par de veces antes de responder.
—No lo sé, nunca lo he pensado realmente, estoy acostumbrado a usar lentes –respondió encogiéndose de hombros y cogiendo los lentes.
Draco hizo un sonido que pareció un 'mmm' y desvió la mirada de sus ojos para fijarla en los informes.
—Mejor seguimos investigando —dijo abriendo otra carpeta—. Entre más rápido salgamos de esto, más rápido podrás tomar tus vacaciones.
Harry se colocó los lentes, entrecerró los ojos y tomó otro informe.
—¿Te molesta trabajar con un muggle? —preguntó Harry a cabo de algunos minutos.
Mirándolo de nuevo, Draco pareció estudiarlo antes de responder.
—No me gustan los muggles.
—A mi me preocupa que puede ser una molestia si tenemos que luchar con magia —dijo Harry correspondiéndole la mirada—, sin embargo creo que podemos sacar cosas buenas de esto —agregó.
—¿Quieres decir experiencia?
—Sí, probablemente los muggles tienen ciertos sistemas que nosotros no tenemos y que pueden sernos útiles —explicó.
Draco reflexionó sus palabras, para luego encogerse de hombros.
—Tal vez tengas razón, pero eso no significa que me guste.
—Yo no he dicho que tenga que gustarte, Draco. Entiendo que no te guste, yo sólo decía el lado positivo de la situación —dijo Harry encogiéndose de hombros ligeramente.
Mirándolo intensamente, Draco suspiró.
—Ten por seguro que no diré nada inadecuado a los muggles —dijo moviendo una mano para quitarle importancia al asunto—. Ahora, mejor sigamos con esto.
—Lo sé —dijo Harry antes de volver a la lectura.
Últimamente llamaba a Draco por su nombre, tanto en voz alta como en sus pensamientos, a veces era algo tan inconsciente que incluso lo había dicho frente a Ron... quizás tendría que pensar un poco antes de hablar. O tal vez no, total, nunca se le había dado muy bien hacerlo.
*
Draco levantó la tetera con cuidado de no quemarse, vertiendo un poco de su contenido dentro una de sus tazas para el té. La cafetera de Harry se encontraba a un lado, y un poco del líquido oscuro aún estaba en su interior. Era extraño, y ligeramente agradable, ver las dos jarras juntas.
Otra de las diferencias que los separaban, suponía.
Miró el reloj. Aún faltaba una hora para el final del día de trabajo. El día siguiente sería sábado, y —mirando a Harry disimuladamente— el día en que tendría una cita con él. Harry nunca le había terminado de decir a qué hora debían encontrarse ni dónde. Pero Draco no tenía el estado mental necesario para preguntar eso ahora.
—Blaise me dijo que arreglaría todo para poder acompañarnos el lunes a esa comisaría muggle —le dijo al final, rompiendo el silencio que se había instalado en la habitación—. Está un poco interesado en cómo se las arreglan los muggles para descubrir cosas en los cuerpos de las víctimas.
—Es el edificio de Scotland Yard —corrigió Harry sonriendo ligeramente.
—Lo que sea.
Draco probó el té luego de agregarle el azúcar y la crema. Sí, estaba perfecto. Caminando pausadamente, se sentó de nuevo en la silla frente al escritorio de Harry y miró los archivos frente a ellos.
—Ya hemos revisado cada caso al menos dos veces —comentó.
—¿Crees que el asesino es un hombre? —preguntó Harry mirándolo.
—Bueno, un animal no es.
Draco tomó otro sorbo, dejando vagar la mirada por la oficina. Comenzaba a sentir una extraña sensación en su estómago que podría o no ser ansias y que le hacía sentirse incómodo.
—La mayoría de los asesinos en series son hombres, pero no he descartado el hecho de que también podría ser mujer.
—Mmm, yo creo que es hombre —dijo Harry desviando la vista hacia la foto que estaba viendo. Luego la dejó dentro de una de las carpetas.
—¿Y qué te hace decidirte por eso?
Harry se encogió de hombros y se recostó contra la silla.
—Intuición.
Draco sonrió. Muy Harry ese comentario.
—Nunca te pregunté —comentó mientras movía ligeramente la taza, el líquido moviéndose con ella—, pero siempre me dio curiosidad saber hace cuánto tiempo llevas haciendo esto. Investigando estos casos, quiero decir.
—Luego de terminar Hogwarts ingresé a la Academia de Aurores —respondió Harry tomando una taza entre sus manos y jugando con ella—. Aún siendo novato participé en una investigación de un asesinato. Decidí que investigar casos que no se relacionaran con Voldemort era lo mejor que podía hacer, además de que nadie se preocupaba demasiado por investigar —dijo levantando la vista y mirándolo—. Así que llevo cerca de cuatro años haciendo sólo esto.
—¿Por qué dices que era mejor investigar casos que no se relacionaran con Voldemort? —preguntó, frunciendo el ceño.
—Para mí —repitió—, creí que era lo mejor, una forma de luchar contra otro tipo de mal —agregó.
—Eres tan heroico —murmuró, terminándose el té. Por un momento estuvo tentado de agregarle un 'Harry' a esa oración, pero a Draco no le salía con tanta facilidad el primer nombre de Harry como a él.
—Di lo que quieras, pero hacemos prácticamente el mismo trabajo —replicó Harry dejando la taza de lado y jugando con sus dedos sobre la mesa.
Podría parecerlo, de hecho, la lógica de Harry tenía sentido. Pero no era cierta.
Harry lo hacía porque era lo que él hacía —trabajaba lo que trabajaba— para salvar gente, castigar a los malos. Sus morales y éticas eran sólidas y derechas, sabía cuáles eran. Era un Auror, había sido un Gryffindor.
Draco lo hacía porque era una forma de castigar. A él o a los asesinos, aún no sabía la respuesta, y no le interesaba. Era una forma de vengarse y sentirse mejor. Una promesa que se había hecho luego de aceptar que su madre había muerto. No tenía mucho de heroico.
Pero, por supuesto, eso no lo iba a decir. No aún. Lo extraño era que se veía, tal vez en algún futuro, explicándole eso a Harry.
—¿Me estás llamando heroico? —se puso una mano en el pecho, sin poder perder la sonrisa, lo que arruinaba un poco el efecto—. Guárdate tus ofensas.
—Yo no he dicho eso —corrigió Harry perdiendo ligeramente la sonrisa, luego volvió a sonreír ampliamente—, pero me salvaste, eso te convierte en un héroe —agregó divertido.
—Sólo saldé una deuda —lo miró con seriedad. Nunca había olvidado el día en que Potter le había salvado la vida en aquella habitación con el Fuego maldito—. Pero si quieres pagármelo de alguna manera, no está en mí negarme —agregó para aligerar la conversación. Ya lo había hecho varias veces, se preguntaba por qué Harry siempre lo enseriaba todo.
Harry frunció el ceño ligeramente, pero luego negó con la cabeza como descartando sus pensamientos.
—¿Se te ocurre alguna forma de hacerme pagar? —preguntó inclinando su cuerpo hacia Draco.
—Más de una —asintió Draco con una sonrisa.
—Y supongo que no me las dirás.
—Aún no —afirmó inclinándose sobre el escritorio, quedando cerca de Harry—. Pero si me convences, pueda que algún día.
Harry se lamió los labios y se alejó lentamente. Sonrió.
—Aquella es la mejor forma de darle la bienvenida a un Gryffindor.
—¿En serio? —preguntó Draco sin moverse—. ¿No puedes decirle que no a un reto, cierto?
—Depende de quién me rete y de los beneficios que pueda traerme —respondió.
—Oh, que exigente de tu parte.
Harry soltó una carcajada y volvió a apoyar completamente la espalda en el respaldar de la silla.
—¿Pensaste que te invité a jugar Quidditch para reírme de ti? —preguntó repentinamente.
Draco parpadeó, sorprendido por el repentino cambio de tema.
—¿Disculpa?
—Cuando te dije que iríamos a jugar Quidditch me miraste como cuando miras a los sospechosos, como si quisieras saber si mentía. Supuse que era por eso —dijo Harry mirándolo fijamente.
De hecho, Draco había pensado que podría ser por eso. Pero Harry era... bueno, Harry, y aunque muchos hubiesen querido salir con él para demostrarle muchas cosas con ese juego de Quidditch, estaba muy seguro de que Harry sólo lo había hecho porque era algo que ambos disfrutaban; volar.
Suspiró, admitir todo eso iba a durar tiempo.
—Algo así —respondió al final—. Pero supe que tu cabeza no podría planear ideas tan... retorcidas. Así que por eso lo pensé, en pasado. Ya no.
—¿Te das cuenta que siempre intentas buscar el engaño en las cosas? —preguntó Harry sin rastros de recriminación en su voz.
—Eso se llama ser un Slytherin, Potter —dijo Draco enderezándose en su silla.
Harry curvó los labios, sonriendo ligero.
—Lo sé y no me estoy quejando.
—Sonó como si lo hicieras.
—Draco, si me desagradara algo de ti no te invitaría a salir, es obvio.
—Lo sé —Draco suspiró, intentando relajarse—. Era sólo un mecanismo de defensa —luego pensó que lo mejor era incomodar a Harry como él lo había incomodado—. ¿A qué hora nos encontramos mañana?
—¿Está bien a las cinco? —preguntó descansando las manos sobre sus piernas—. A veces voy volar cerca de Hogsmeade, pensaba ir a allí.
—A las cinco está bien —coincidió Draco sonriendo quedamente—. ¿Cerca de Hogwarts, Potter?
—Quizás es porque tengo un secreto deseo de volver a tener once años —dijo Harry sonriendo.
—¿Quieres ser el pequeño héroe de nuevo? —preguntó con una sonrisa.
—Piénsalo, incluso puede que haya ido a Slytherin —dijo Harry como toda respuesta sonriendo de lado.
—¿Tú? ¿A Slytherin? No lo creo.
—El Sombrero no pensaba lo mismo, ¿recuerdas eso de que uno no puede elegir la casa que quiere?, es mentira —informó Harry desordenándose el cabello.
—¿Cómo así?
Harry dudó antes de hablar. Luego suspiró derrotado.
—El Sombrero me quería colocar en Slytherin. Y le dije que no.
—No me digas —dijo Draco arqueando las cejas. Dudaba mucho que Harry Potter hubiese sido, aún a los once años, o menos a los once años, un Slytherin. Pero dudaba que le estuviera mintiendo—. Y decidiste ir a Gryffindor en cambio, en serio, Potter. Desde el primer momento demostraste tener poco gusto.
Harry se encogió de hombros.
—No me gustaba la idea de ir a la misma casa donde estarías tú, es extraño que aún sin saberlo hayas influido en algo tan importante en mi vida —confesó Harry sin siquiera pestañear.
Draco no sabía si sentirse ofendido por ese comentario o elogiado. Decidió cambiar el tema de conversación.
—¿Entonces nos encontramos en Hogsmeade?
—Frente a las Tres Escobas.
Draco sonrió. Tal vez estaba cometiendo un error, pero en ese momento —con Potter viéndolo así— no parecía. Confiaba en la profesionalidad de ambos, o intentaba confiar en ella al menos, con que podrían trabajar y citarse al mismo tiempo sin arruinar la relación de compañeros que tenían.
*
Había sido un día agotador.
Informes y más informes, sin embargo estar junto a Draco, trabajando, compartiendo opiniones, bebiendo té y café… le mejoraba el ánimo.
El ánimo y algunas cosas más. Al día siguiente tendrían una cita, y si Harry comenzaba a pensar en eso no se lo creía. Era bastante extraño y podía imaginarse claramente la cara de Ron si se enteraba, porque seguramente Hermione le sonreiría misteriosamente, diciéndole un silencioso "lo sabía."
Harry suspiró y entró a su casa, había decidido caminar… hacía tiempo que no lo hacía, últimamente estaba utilizando más magia que de costumbre, suponía que era influencia de Draco.
Draco… Harry sabía que relacionarse con él de forma personal era un peligro para la relación de trabajo que tenían, pero era un riesgo que estaba dispuesto a tomar. Definitivamente no podía quedarse con el sabor de lo que podría ser, necesitaba probarlo completamente.
Pensando en eso se dio una rápida ducha antes de acostarse deseando que el día siguiente pasara rápidamente hasta las cinco de la tarde.
Se despertó sudando. Aquello era tan común últimamente que no le prestó más atención que a su erección matutina; en las últimas semanas solía soñar con Draco. Si le contara a Draco las cosas que soñaba probablemente lo cruciaría. Aunque quizás algún día se arriesgaría, cuando estuviera seguro que el castigo sería otro más placentero.
Sonrió al notar que había pensado en Draco a futuro.
Se duchó, tomó desayuno y almorzó. Las horas pasaban más lento de lo que deseaba, pero al menos pasaban.
Ordenó un poco el departamento e intentó dejar de pensar en el caso que investigaban, lo que menos necesitaba aquel día era pensar en trabajo.
Cinco minutos para las cinco llegó a Hogsmeade, vestido con ropa de Quidditch, una escoba en la mano y una snitch en el bolsillo.
Miró más de tres veces su reloj preguntándose si Draco asistiría. Lo más probable era que sí, elegantemente tarde o algo así de snob.
A las cinco en punto Draco llegó a su lado.
Estaba vestido con colores marrones y beige, llevaba una escoba en su mano y lo vio enseguida, sonriéndole mientras se acercaba a él.
—¿Esperaste mucho? —preguntó con voz seductora, inclinándose ligeramente hacia él.
Harry se inclinó también, tentado con rozar sus labios a modo de saludo. No lo hizo, prefería no acelerar las cosas... por ahora.
—No lo suficiente como para pensar que no vendrías —dijo irguiéndose otra vez.
—La puntualidad es un don —fue la respuesta de Draco, enderezándose también pero sin alejarse demasiado del cuerpo de Harry.
Harry comenzó a caminar, empujando ligeramente el hombro de Draco mientras avanzaban.
—Lo he notado, siempre llegas puntual a todos lados —comentó Harry mirándolo.
—No siempre —murmuró Draco, sus labios curveándose en una sonrisa—. A veces me gusta jugar antes de llegar.
Los ojos de Harry se abrieron un poco, asombrados. Aquella era un indirecta bastante poco sutil, pero muy aceptada, claramente. Sonrió divertido.
—Lástima que aún no tengo la oportunidad de participar en tus juegos —replicó.
Draco se encogió de hombros.
—Ya veremos —dijo crípticamente, mirándolo de reojo—. ¿Y qué piensas que hagamos?
—Liberar la snitch y atraparla, el mejor de tres, gana —dijo sacando la pelotita dorada de uno de sus bolsillos.
—¿Y qué gana? —Draco miraba la snitch con atención.
—No lo sé, yo sólo pensaba volar por hacerlo, pero si quieres apostamos algo... —propuso Harry cerrando el puño en torno a la pelota.
—¿Miedo, Potter? —preguntó con una ligera sonrisa, sonaba igual que el mocoso que había conocido hacía años.
—Eso quisieras, Malfoy —respondió sin poder evitarlo. La escena era, en apariencia, idéntica a sus conversaciones cuando niños, pero en esencia era todo radicalmente distinto. No había malas intenciones ni burlas en sus palabras, era sólo una conversación amigable.
—¿Entonces apostamos?
—Vayamos a cenar después, el que pierde invita —propuso Harry encogiéndose de hombros.
—De acuerdo —accedió, montándose en su escoba en cuanto llegó al límite de Hogsmeade, mirándolo desde el aire—. ¿Comenzamos?
Harry sonrió porque la vista era adictiva. Detallar lo que le provocaba ver a Draco montado sobre una escoba, con el pelo rubio ligeramente desordenado por la brisa y la mirada retadora... era bastante fácil e intuitivo; era una mezcla de ganas de lanzarse sobre él y besarlo hasta que olvidara todo, y de subirse a la escoba para enfrentarlo.
Se preguntó si siempre serían así sus reacciones frente a Draco, una mezcla entre deseo y lucha.
Se subió a la escoba y se acercó a él.
—Comenzamos —afirmó liberando la snitch.
Harry giró la escoba y voló de forma ascendente hasta tener una vista completa del pequeño pueblo. Sentía sus mejillas coloradas, seguramente por el viento. Miró a su alrededor buscando a Draco y luego algún rastro de la snitch, pero si quería ganar, tendría que cambiar sus prioridades.
Draco rodeaba a pocos metros de él, más abajo y visiblemente buscando la snitch. Su técnica seguía siendo buena y sus ojos de vez en cuando se fijaban en Harry y lo que éste estaba haciendo. Cuando sus miradas chocaron, le sonrió.
Siguió volando en círculos sin ningún objetivo más que atrapar la pelotita dorada. Recordó la primera vez que había volado, y claro, había sido gracias al insoportable Slytherin que ahora le gustaba. Aquella vez había sido algo totalmente irresponsable, como muchas de las cosas que había hecho y aún hacía en su vida. Eran comportamientos inevitables.
Harry no tenía técnica para volar, no más que seguir a sus instintos. Y Draco... Draco volaba con elegancia, con movimientos medidos y efectivos. Harry había detenido su vuelo momentáneamente y sus ojos estaban fijos en los movimientos de Draco; en la forma en que sus piernas rodeaban al mango de la escoba, la posición de sus manos sujetándolo... todo en él le atraía y le era imposible no traspasar aquella descripción a pensamientos sexuales. Seguramente en el sexo ambos se comportaban de la misma forma en que volaban. Harry esperaba descubrirlo pronto.
Volvió a retomar velocidad disminuyendo un poco la altura, ahora estaba frente a Draco que volaba a unos metros de él, quizás podría acercarse y perseguirlo, o tal vez ir en picada hacia el suelo como una falsa señal. Decidió que no haría nada más que volar buscando la snitch y observando a Draco.
Se preguntó si el Slytherin le habría hecho algo para dejarlo tan estúpidamente atraído hacia él. Luego desechó ese pensamiento; Draco siempre le había atraído.
Quizás se notaba demasiado que estaba observando cada detalle del rubio, porque sin darse cuenta, Draco estaba frente a él.
—¿Ves algo que te guste? —preguntó con una sonrisa, inclinándose ligeramente hacia él. El sol comenzaba a ocultarse, y los rayos de luz que caían sobre ellos ahora eran de color rojo.
Harry se inclinó también antes de responder. Sus rostros estaban cerca, tanto, que Harry podía ver en detalle los ojos grises de Draco. Se lamios los labios y miró los del otro.
—Veo a alguien que me gusta —respondió en voz baja.
—Me doy cuenta que te gusto lo suficiente para ignorar la snitch, Harry —sus ojos estaban serenos, pero había aún un rastro de reto en ellos.
—Pero eso no significa que te dejaré ganar —dijo Harry sonriendo—, un reto es un reto.
—Cierto —admitió Draco alejándose y dando una vuelta a su alrededor—. Pero por eso mismo, espero una competencia.
—De acuerdo —dijo Harry más para sí mismo que para Draco. Volvió a subir y dio un par de vueltas en círculo viendo por el rabillo de ojo a Draco volando en círculos también.
Pasaron algunos segundos antes de ver el rastro de la snitch, aunque tal vez era el reflejo del sol, lo que fuera, Harry aumentó la velocidad y se dirigió al lugar donde había visto el reflejo.
Sin perder tiempo, Draco lo siguió, girando en el aire para ganar más impulso.
Harry sentía Draco detrás de él aprovechando su velocidad para impulsarse. El destello dorado volvió a aparecer dando un giro de noventa grados. Harry giró instantáneamente, pero Draco tenía mayor espacio y tiempo para virar, quedando delante de Harry en la búsqueda.
*
Conteniendo un suspiro relajado, Draco extendió las piernas debajo de la mesa, teniendo cuidado de no llevarse a las de Harry por el medio. No recordaba la última vez que se había divertido tanto con algo tan vano como salir a montar una escoba… Y por supuesto no recordaba la última vez que eso lo había excitado tanto. Claro, estaban los juegos que había mantenido contra Harry cuando ambos estaban en Hogwarts, pero a lo largo de los años se había dado cuenta que esos partidos habían estado llenos de una competencia negativa (si es que existía una competencia positiva), llenos de resentimiento y, al menos para él, de fracaso.
En cambio esa tarde, Draco realmente se había divertido jugando contra Potter. Se había divertido sin pensar en humillarlo como hacia tantos años. Aunque, por supuesto, debía admitir que gran parte de su diversión seguramente se debía a que había ganado.
Sonrió al recordarlo.
Por supuesto, Harry decía que había hecho trampa, y él lo llamaba tácticas necesarias para asegurar la victoria. Él no tenía la culpa que parte del juego Harry se había distraído mirándolo, no al extremo de sentirse ofendido al pensar que lo estaba dejando ganar o que no se estaba tomando en serio lo que hacía, sino justo la cantidad de miradas necesarias para sentirse deseado. Sólo una mirada de reojo. A veces sólo un brillo en sus ojos le había indicado a Draco lo que pensaba al verlo sobre una escoba. Y Draco había, cómo no, aprovechado esa oportunidad en el último momento, cuando aún ambos estaban empatados, llegando a su lado y pasándole una mano por el muslo, distrayéndolo.
También había hecho otras cosas, y cuando la pelotita dorada había caído justo entre sus dedos, algo dentro de él pareció sanar.
Por eso —y por más— era que se encontraba de tan buen humor en ese momento, en un pub —era la primera vez que lo llevaban a una primera cita a un pub— con Harry frente a él, hablando, charlando y sonriendo. Draco tampoco recordaba la última vez que había sonreído tanto.
Atrajo hacia sí su botella de cerveza y tomó un sorbo mientras miraba a Harry. Hacía unos momentos se habían quedado callados, una especie de confortable silencio mientras ambos acababan su comida y bebían un poco más. El cabello de Harry no podía estar más desordenado, pero sus ojos no podían estar más brillantes tampoco. Sintió una calidez llenar su bajo vientre y se preguntó qué tendría pensado hacer Harry, si es que tenía algo pensado.
—Debo admitirlo —dijo cortando el silencio, jugando con la botella en su mano—. Es la primera vez que me llevan a un partido de Quidditch, jugando en vez de cómo espectador, como primera cita.
Harry dejó la botella sobre la mesa y sonrió una vez más.
—Es primera vez que llevo a alguien a jugar Quidditch como primera cita —declaró.
—¿Entonces me debería sentir especial? —preguntó, ladeando ligeramente la cabeza.
Harry negó con la cabeza.
—Si digo que no, pensarás que sí, porque eso es lo que crees.
—Estás suponiendo lo que podría llegar a pensar, y no me has respondido.
—Digo que no necesitas respuesta, porque ya la sabes. Si no fueras especial no arriesgaría la relación de trabajo que tenemos por una cita —dijo Harry un poco más serio.
Draco tomó un sorbo de su botella, desviando la mirada de los ojos serios de Harry. Por un momento se había sentido… no lo sabía, sólo sabía que cuando Harry no respondió su pregunta, algo extraño se le había atorado en la garganta. Sacudió la cabeza ligeramente.
—Lo imagino —necesitaba aligerar el ambiente. ¿Cuántas veces lo había hecho? Harry siempre tendía a enseriarlo todo—. ¿Sabes qué también fue especial? La forma en la que gané. Te gané.
—Hiciste trampa —dijo Harry falsamente ofendido—, pero hacía mucho tiempo que no me divertía tanto volando.
—No hice trampa —Draco rodó los ojos para darle énfasis a su exasperación—, ya te lo expliqué —se enderezó en la silla, apoyando los codos en la mesa e inclinándose ligeramente hacia él, sonriéndole antes de añadir—; pero en algo tienes razón, hacía tiempo que yo tampoco me divertía tanto volando.
—Claro, hacías lo necesario para ganar —dijo Harry acercándose a Draco también—, supongo que no tiene nada que ver con querer tocarme —agregó ampliando su sonrisa.
—Para nada —mintió Draco, regresándole la sonrisa—. Aunque debo admitir que no resultó un tormento exactamente. Más bien lo contrario.
—Me alegra saber que no te desagrada la idea...
—Utilizando tus propias palabras; si no fuera así no arriesgaría la relación de trabajo que tenemos por una cita —Draco pensó que tal vez los grados alcohol que contenía su cuerpo eran suficientes, porque comenzaba a darse cuenta que se sentía confortantemente avispado, lo que tal vez no era lo más inteligente.
Harry se quedó en silencio. Se lamió los labios y miró con ansiedad a Draco.
Draco le regresó la mirada.
—Creo que tengo derecho a cobrar el hecho de que hayas utilizado técnicas de distracción para ganarme —comentó Harry—, no me parece justo que sólo tu hayas... disfrutado de tu maniobra —agregó sonriendo cómplice.
—¿Acaso tú no la disfrutaste? —preguntó Draco sacando casi imperceptiblemente el labio inferior.
—Quizás no duró lo suficiente.
—Entonces —dijo Draco dejando la botella de vidrio a un lado, y mirando intensamente los verdes ojos de Harry—. Cuéntame cómo tienes planeado cobrar esa… maniobra, como la llamaste.
Harry ladeó un poco el rostro y pestañeó lentamente.
—Primero tendríamos que salir de este lugar.
—¿Y luego? —exhaló Draco conteniendo las ganas de inclinarse un poco más y besarlo.
—¿En tu casa o en la mía? —susurró sin dejar de mirar los ojos de Draco.
Draco no pudo reprimir una sonrisa.
—Qué cliché, Potter.
Harry se encogió de hombros. Sonrió.
—Es lo que preguntaste, pero responde, que puedo seguir contándote lo que quiero hacer... o puedo mostrártelo.
Draco reflexionó su respuesta. Por un lado, seguir a Harry a cualquiera de las dos casas llevaría obviamente a follar, lo que realmente deseaba, pero que tal vez era demasiado pronto. Por otro lado, ¿a quién engañaba? Llevaba semanas, tal vez hasta meses coqueteando con Harry de una manera o de otra, ya fuera a propósito o sin ser intencional… Y ya habían llegado hasta allí, ya habían admitido que ambos se sentían atraídos y hasta que podrían comenzar… algo.
¿Afectaría eso su relación de trabajo? Probablemente, pero tal vez no fuera para mal.
Lamiéndose los labios, le sonrió.
—Creo recordar que el perdedor tiene que pagar la cuenta —susurró.
Harry se alejó un poco de Draco y llamó a un mesero. Pagó la cuenta y se levantó. Draco se levantó también, recogiendo la escoba en el suelo.
—Tu casa.
Salieron del local, Harry sostenía la escoba en una mano y sostuvo un brazo de Draco con la otra.
—¿Listo? —preguntó.
—Listo.
*
Continuará...
