Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a la autora Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead, yo solamente me encargo de traducirla.
Este capítulo tiene algo de contenido adulto. Nada es demasiado gráfico o fuerte, pero hay escenas de desnudez. Sáltese la primera mitad si desea evitarlo.
Capítulo 21 "El Encanto de Lujuria"
—¿Rose? —pregunté, sin estar completamente seguro de que no estaba alucinando a la chica que estaba justo fuera de mi puerta.
Me hice a un lado un poco aturdido mientras ella se abría paso en mi habitación, sin dirigirme una mirada mientras hablaba—. Déjame entrar. Es Lissa.
Oh, Lissa, por supuesto—. ¿Qué sucede? —Mis instintos de guardián me hicieron avergonzarme de mí mismo por pensar que Rose estaría aquí por cualquier otra razón. Eso fue al menos hasta que noté la mirada en sus ojos.
Era una mirada que no reconocía en ella. Claro, había visto indicios de la misma de vez en cuando, pero la intensidad que su mirada tenía en este momento era abrumadora. Me estaba mirando con un deseo puro y salvaje.
Olvidé todo lo demás mientras miraba sus ojos recorrer mi cuerpo. No era la primera vez que una mujer lo había hecho, pero en lugar de sentir la habitual autoconciencia o vergüenza por su obvia admiración, me emocionaba saber que me anhelaba. Su respiración, que había sido trabajosa por su carrera anterior hacia aquí, ahora estaba llena de necesidad.
Me miró a los ojos por un breve momento, mordiéndose el labio inferior antes de mirar hacia abajo de nuevo. Una acción tan simple hizo que mi sangre se acelerara, tanto que no me di cuenta de que se acercaba hacia mí con la mano extendida hacia mi pecho desnudo. Apenas podía mantenerme bajo control, y sabía que su toque sería mi fin.
—¡Rose! —Salté hacia atrás, poniéndome fuera de su alcance—. ¿Qué estás haciendo?
Me miró como si fuera la cosa más obvia del mundo y quizás lo era. Podía ver que me deseaba tanto como yo la deseaba—. ¿Qué crees que estoy haciendo? —Dio otro paso hacia mí.
Retrocedí de nuevo, consciente de que me estaba acercando a la cama. De repente, maldije el hecho de que había escogido uno de los apartamentos más pequeños. Levanté mi mano, con la esperanza de mantener cierta distancia y mi cordura mientras continuaba moviéndose hacia mí.
¿Qué le está pasando? Me pregunté. De vez en cuando había hecho un comentario coqueto durante el entrenamiento, pero nada excesivamente inapropiado. Nunca había sido tan audaz conmigo. En muchas otras situaciones, podría haber disfrutado de sus intrépidos avances, pero esto... esto estaba mal. Tenía que seguir repitiéndome esto una y otra vez. Ella era mi estudiante, y era menor de edad. Esto estaba mal, y tenía que mantener el control.
—¿Estas borracha? —Seguía repitiendo mi mantra mentalmente, mantén el control, esto está mal, mantén el control.
—Eso quisiera —, respondió con una sonrisa. Hizo una pausa, comprendiendo de pronto mi vacilación—. Pensé que querías… —su confianza anterior se convirtió en incertidumbre—. ¿No crees que soy bonita?
Pude ver caer su autoestima debido a mi resolución. Creo que eres gloriosa. Creo que eres magnífica. Mantén el control. Esto está mal. Mantén el control. Respiré profundamente, reuniendo mis pensamientos racionales mientras luchaba contra mis instintos naturales.
—Rose, no sé qué está pasando, pero tienes que volver a tu habitación. —Me estremecí físicamente diciéndole esto, pero ella no podía saber lo mucho que deseaba que se quedara. Estaba apoyado contra mi cama ahora, sin otro lugar para ir. Esperaba que ella me escuchara y entrara en razón. En lugar de eso, se acercó.
Le agarré las muñecas para detenerla. Tenía la intención de levantarla, sacarla por la puerta y cerrarla detrás de mí si era necesario. Sin embargo, en el momento en que la toqué... estuve perdido.
Me perdí en la sensación de su piel, en la profundidad de sus ojos, en la belleza de su pelo, su sonrisa, su cuerpo. Estaba total y completamente perdido, y en ese momento supe con una extraña certeza que Roza sería mi única salvación.
Aflojé mi agarre en sus muñecas y tracé la suave piel bronceada de sus brazos, disfrutando de la sensación bajo mis dedos. Oí su aliento agitado cuando la jalé suavemente hacia mí, sintiendo su cuerpo presionado contra el mío. Moví una mano por su espalda, sosteniéndola contra mí mientras la otra serpenteaba por su cuello y se dirigía hacia el cabello oscuro que nunca dejaba de fascinarme. Era tan maravilloso poder sentir finalmente esas hebras enredadas alrededor de mis dedos, pero sabía que había otro impulso que se sentiría aún mejor cuando cediera a él.
Incliné su cabeza hacia atrás mientras bajaba mis labios hacia los suyos, apenas rozando la suavidad de terciopelo de su boca. La electricidad que acompañaba cualquier contacto entre nosotros pareció sorprendernos a ambos y me retraí un poco.
Aún parecía un poco insegura de sí misma por mi rechazo anterior. Su voz sonó implorante e incierta cuando me preguntó de nuevo—, ¿crees que soy bonita?
No entendía cómo podía cuestionar tal cosa. Quería asegurarme de que nunca más dudara de sí misma y su belleza, así que hablé firmemente—. Creo que eres hermosa.
—¿Hermosa? —Mi respuesta pareció sorprenderla.
¿Realmente no sabía lo impresionante que era realmente? Era mucho más que simple atracción física, aunque eso era más que suficiente para considerarla hermosa. Su belleza incluía también la devoción feroz a los que amaba, su determinación de tener éxito, la forma en que podía cautivarme con una sola sonrisa...
—Eres tan hermosa... —pensé en cada vez que había querido tocarla, abrazarla, besarla. Cada vez que me había negado ese placer—, …tanto que a veces duele.
No podía negarme el placer de nuevo. La besé, como había querido hacerlo durante tanto tiempo. Al principio fue un beso suave, pero cuando sentí que se derretía en mi abrazo, me volví más ansioso. La oí y la sentí gemir ansiosamente de placer contra mis labios mientras la apretaba más contra mí, lo suficientemente cerca para que ella hubiera sentido el efecto que tenía en mí. El saber que ella podía despertar tal excitación en mí, y la idea de que yo podía ser capaz de hacer lo mismo con ella, alimentó el fuego entre nosotros.
Mis manos se deslizaron de su cadera hacia el borde de su vestido. Dejé que las yemas de mis dedos rozaran la piel lisa de su muslo antes de tomar la tela en mi mano y tirar de ella. No podía soportar ver su cuerpo cubierto, no cuando no quería nada más que explorar cada centímetro de ella. Tiré del vestido sobre su cabeza y lo aventé al suelo sin pensarlo dos veces.
Ella habló cuando nuestros labios se separaron brevemente—. Te… te deshiciste de ese vestido muy rápido. —Tartamudeaba por su falta de aire, y su pecho se alzaba contra el mío—. Pensé que te gustaba.
—Me gusta, —no pude evitar esbozar una sonrisa mientras pensaba brevemente en lo increíble que se veía en ese vestido, aunque no era nada comparado con lo hermosa que se veía ahora, casi desnuda—. Me encanta.
La levanté por la cintura, girándola antes de colocarla en mi cama. Estaba decidido a disfrutar cada centímetro de ella esta noche, a hacerla mía tanto como yo era suyo. Necesitaba actuar... poseerla. Cuando la puse debajo de mí, tomé el control.
Mis labios dejaron los suyos para trazar su mandíbula y luego su cuello. Mordí la suave piel cerca de su clavícula, y me sentí tentado a dejar una marca. Aunque no pudiéramos compartir nuestros sentimientos públicamente, una pequeña marca sería más que suficiente para decirle al mundo que le pertenecía a alguien, que me pertenecía. Tal vez valdría la pena para mantener a los otros indignos lejos de mi Roza.
Mientras seguía adorando su cuerpo con mis labios, comencé a besarla a intervalos mientras repetía su nombre una y otra vez. Sentí que se retorcía debajo de mí, aparentemente fascinada y alentada por mis palabras.
El suspiro suave que escapó de su boca mientras la mía exploraba la curva superior de su pecho me alentó aún más y exploré con mis manos su espalda para desabrochar el sujetador de encaje que ocultaba sus hermosos pechos. Su sobresalto me desanimó un poco antes de darme cuenta de la razón de su vacilación. Al apartarme de ella, reconocí la mirada en sus ojos. Era timidez hacia lo desconocido. Lo había visto antes en otra chica en otro momento, y en ese instante me di cuenta que la reputación de Rose era inmerecida. Ella era virgen.
El descubrimiento me hizo detenerme un momento antes de que mi mente y mi corazón se aceleraran con la emoción del pensamiento. Sería el primero en verla, en tocarla, en mostrarle un placer más allá de su imaginación. La idea provocó un sentimiento primitivo dentro de mí.
Roza sería mía, y si fuera por mí, nunca sería tocada por alguien más.
Mientras retiraba la pequeña prenda de encaje negro de su cuerpo, movió los brazos para cubrirse.
—No, —le exigí suavemente, tomando sus manos y sujetándolas por encima de su cabeza—. Nunca debes sentir la necesidad de ocultarte de mí.
Disfruté la expresión de agradable sorpresa que cruzó su rostro por un momento antes de tomar un seno en mi mano. Su suave carne encajaba perfectamente en mi palma y le di un suave apretón mientras rozaba la cima rosada de su pezón.
Cerró los ojos mientras se arqueaba contra mi mano. Me encantaba verla responder a mis atenciones y no podía esperar a ver cómo reaccionaría a todo lo que tenía intención de hacer con ella esta noche. Me excité aún más con sólo pensar en ello.
Deseando probar esas reacciones, llevé mi boca a su otro pecho, rodeando rápidamente su punta con mi lengua antes de morderlo levemente. Su profundo gemido provocó un gemido en mí mientras presionaba mis caderas contra ella con gran satisfacción.
Quédate con ella, dijo una voz desde el fondo de mi mente. Finalmente es tuya. Olvida todo y cede a tus instintos. Sostenla, poséela, quédate con ella. No necesitaba más estímulo. Me rendiría antes todos mis deseos esta noche, y cumpliría todos los suyos. Sin embargo, no tenía prisa. Había esperado tanto tiempo para este momento, y quería que durara.
La rodé encima de mí, sosteniéndola por las caderas para ayudar a guiarla sin despegarla de mi cuerpo. Devolví mis labios a los suyos, besándola profundamente y asegurándome de dejarle muy claro lo maravillosa que era. Nuestras lenguas bailaron en una batalla por el control antes de tomar su labio inferior entre mis dientes para reclamar mi victoria. Su sumisión sólo me emocionó más.
Me encantaba la manera en que ella se aferraba a mis hombros y pasaba sus dedos por mi cabello. Me encantaba la forma en que me miraba y me hacía sentir que podía hacer cualquier cosa. Amaba la forma en que su cuerpo encajaba con el mío, era como si hubiera sido diseñada para mí.
Se separó de mí para recuperar el aliento, y aproveché la oportunidad para recorrer con mi boca la sensible zona de piel detrás de su oreja. Su cabello oscuro colgaba como una cortina que nos protegía del resto del mundo. Mientras volvía a levantar la cabeza para colocar otro beso en su cuello, oí su suave jadeo acompañado por el suave cosquilleo de sus dedos en la parte posterior de mi cuello.
—¿Realmente mataste a seis Strigoi?
Emití un suave gemido y asentí con la cabeza, totalmente encantado por la sensación de su piel contra mis labios.
—¡Wow!
El asombro en su voz me excitó, pero no tanto como la presión de su cuerpo contra el mío. Juro que ya podía sentir su calor contra mí, incluso a través de las pocas prendas restantes entre nosotros. Deseoso de terminar nuestra conversación a favor de una forma más física de comunicación, le dije—: No te preocupes, tendrás mucho más marcas que yo algún día.
Seguimiento besándonos, y nuestros besos se volvían más ardientes con cada segundo que pasaba. Y yo… yo estuve perdido desde el momento en que escuché su susurro acelerado en mi oído.
—¿Te sientes culpable?
Hice una pausa, preguntándome si se refería al hecho de que estaba completamente excitado con ella prácticamente desnuda encima de mí en mi cama.
—Por matarlos, —continuó, retrocediendo para que pudiera ver su rostro—. En la furgoneta dijiste que era lo correcto, pero aún así te molesta. Es por eso que vas a la iglesia, ¿no ?, te he visto allí, pero realmente no estás concentrado en los servicios.
Sonreí, un poco divertido de que hubiera elegido precisamente este momento como el momento más oportuno para discutir algo como esto, pero me sorprendió gratamente que me conociera lo suficiente como para reconocer mis pensamientos internos en primer lugar.
—¿Cómo sabes estas cosas? —pregunté retóricamente, sacudiendo un poco la cabeza con incredulidad—. No es que me sienta culpable exactamente... solo triste a veces. Todos ellos solían ser humanos, dhampir, o Moroi. Es desgastante, eso es todo, pero como dije antes, es algo que tengo que hacer. Algo que todos nosotros tenemos que hacer. A veces me molesta, y la capilla es un buen lugar para pensar en ese tipo de cosas.
La comprensión y la aceptación en sus ojos me inundaron de calor y consuelo.
—A veces encuentro paz allí, pero no a menudo. —Le acaricié suavemente la mejilla con el dorso de mi mano—. Encuentro más paz contigo.
Rápidamente la atraje de nuevo hacia mí. Había terminado de hablar, yo la quería, la necesitaba. Estaba decidido a tenerla y a mostrarle lo mucho que significaba para mí. Ella era mía, y yo era de ella.
En un movimiento rápido, estaba encima de ella otra vez. Mi boca se movía frenéticamente contra la suya, desesperada por más. Pronto la habitación se llenó de sus gemidos de placer y mis manos continuaron bailando a través de su cuerpo. Sus sonidos sólo me volvían más urgente. Si esto había sucedido con sólo un beso y un toque, ¿qué haría ella cuando estuviera dentro suyo? La idea de que Roza gritara mi nombre en éxtasis mientras llegaba al orgasmo casi me hace terminar justo allí. No podía esperar más.
Me senté, dispuesto a despojarnos de lo que quedaba de nuestra ropa cuando vi el consentimiento en sus ojos. No sólo estaba lista para mí, estaba dispuesta y emocionada por lo que iba a hacer con ella. Me permití devorar su cuerpo con la mirada una vez más, y una sensación de satisfacción me inundó cuando me di cuenta de que yo era al menos parcialmente responsable de la increíble criatura debajo de mí. Ella siempre había sido hermosa, pero nuestro entrenamiento juntos sin duda tenía sus ventajas: condición muscular, flexibilidad, resistencia...
Su aliento era pesado, y el collar que Victor le había dado brillaba bajo la luz de la lámpara mientras su pecho se movía con su respiración. Verlo lastimó mi orgullo. Tal vez nunca pueda permitirme una baratija así, pero sabía que podía darle a Rose todo lo necesario. Esta noche, haría todo lo posible para darle más placer que cualquiera que el dinero pudiera comprar.
Me agaché, dándole un suave beso antes de quitarle el ofensivo objeto y colocarlo en la mesa de noche junto a nosotros. En el momento en que la cadena se deslizó a través de mis dedos, algo cambió.
No es que la deseara menos, aún la veía completamente hermosa acostada debajo de mí. Estaría mintiendo si no dijera que todavía quería poseerla. Sin embargo, la súbita gravedad de la situación pesó sobre mis hombros en un instante.
—¿Que pasó?
La pregunta estaba dirigía sobre todo a mí mismo, pero Rose parecía tan sorprendida y confundida cuando respondió—. Yo... no lo sé.
Seguí mirándola, tratando de recordar cómo fue que habíamos terminado en esta posición. Podía recordar completamente cada beso, cada caricia, no había duda sobre eso. Lo más difícil de recordar fue cómo dejé que las cosas llegaran a este punto.
Mi mente estaba nublada, como si hubiera sido drogado. Pero eso era imposible. Nadie podría haberme puesto algo. Aún así, no sentía que tuviera todo el poder sobre mis pensamientos y acciones. Era como si algo o alguien me hubiera obligado... la voz. La voz en mi mente que me había estado empujando más lejos había desaparecido.
Miré el collar en la mesa. Era lo último que había tocado antes de recuperar la claridad. Aunque el colgante de la rosa estaba hecho de oro puro, de repente me di cuenta de que había algunos detalles de plata en él, incluyendo la cadena en sí.
¿Podría ser, me pregunté, un encanto? Los objetos encantados generalmente eran raros, más aún cuando se trataba de encantos especializados en la compulsión. La compulsión a través de un encanto tenía el mismo tabú que la compulsión directa. De cualquier manera, alteraba el libre albedrío y acciones de aquellos a los que iba dirigido. Sin embargo, los objetos encantados eran difíciles de hacer, no era algo que se enseñara. Aunque todas las piezas encajaban, la rareza de la situación me hizo dudar. Sólo había una forma de probar la teoría...
Teniendo cuidado de no tocar a Rose, aunque todavía me encontraba a horcajadas sobre ella, tomé el collar nuevamente. Tan pronto como lo toqué, pude sentir mi deseo por ella comenzar de nuevo. Mi corazón se aceleró inmediatamente, y de repente la extraña voz me asaltó de nuevo. Olvídalo todo, ríndete, ella es tuya, la deseas, tómala, quédate con ella.
Ella era increíblemente hermosa. Incluso con las cejas fruncidas, tratando de darle sentido a todo. Mi otra mano rozó su piel, acomodándose en su cadera y vi como el deseo hambriento la inundaba. Ese deseo, ese anhelo por mí la hizo aún más irresistible. Yo era de ella, y ella era mía.
Llevé mis labios a los de ella otra vez, rozándolos suavemente mientras luchaba por mantener el control.
—Lissa, —susurró—. Tengo que decirte algo sobre Lissa, pero no puedo... recordar…
La besé con un poco más de entusiasmo. Algo profundamente dentro de mí quería que dejara de hablar, aunque sabía que lo que decía era importante.
—Dimitri. —Mi nombre me sacó de la niebla sólo el tiempo suficiente para encontrarme con sus ojos—. Me siento tan extraña…
El tono de su voz me puso sobrio. No estaba lleno del mismo asombro, deseo, confianza y entusiasmo que había tenido antes. No, esta vez parecía preocupada. Incluso asustada. Fue como si me hubiera vertido un cubo de agua helada.
No puedo hacer esto. Me dolió darme cuenta de esto. Por mucho que la quisiera, tanto como parecía que ella me quería a mí, esto estaba mal. Bajo el encanto de la compulsión, realmente no tenía su consentimiento. Tomarla así sería imperdonable.
—Lo sé, —suspiré, apoyando mi mejilla contra su frente. No estaba listo para dejarla ir todavía, pero sabía que no podía llegar más lejos—. Hay algo... algo aquí...
Me senté hacia atrás, esperando que algo de distancia me diera un poco de alivio—. ¿Este collar es el que el príncipe Víctor te dio?
Ella asintió mientras intentaba reunir la resolución que necesitaba. Respirando hondo, me alejé de ella y me levanté de la cama tomando el collar conmigo.
—¿Qué estás haciendo? —Sentí su mano agarrar la mía. Su voz sonaba desesperada y suplicante—. Vuelve...
La miré de nuevo. No quería nada más que ceder a su petición y satisfacer el deseo de ambos. Si hubiera sido realmente ella la que estuviera pidiéndome que volviera a su lado lo habría hecho, pero no podía, así no, estaba mal. Me costó todas mis fuerzas, pero me alejé de ella y comencé a caminar hacia la ventana.
Aún podía escuchar a Rose llamándome, así como el impulso animal que me urgía a volver con ella. Mis uñas se enterraron en la palma de mi mano mientras apretaba el collar y ya podía sentir un dolor de cabeza que comenzaba a formarse por la forma en que apretaba mi mandíbula.
Finalmente, después de lo que pareció ser el viaje más largo y doloroso de mi vida, llegué a la ventana del dormitorio. La abrí tan rápido como pude.
—¿Qué vas a hacer... —finalmente se dio cuenta de lo que estaba haciendo y escuché la cama rechinar cuando se movió para levantarse y corrió hacia mí.
No lo dudé. Tiré el pendiente encantado por la ventana. Cayó en algunos arbustos unos cuantos pisos más abajo.
—¡No! —De repente, Rose estaba junto a mí en la ventana. Afortunadamente, nadie estaba fuera. Se volvió hacia mí, la confusión y la conmoción todavía llenando sus rasgos—. ¿Sabes cuánto debió de haber...
Guardó silencio en cuanto volvió a sus cinco sentidos, miró alrededor de la habitación y luego de nuevo hacia mí cuando se dio cuenta de lo que casi había sucedido entre nosotros. Dio un paso atrás, cubriéndose lo mejor que pudo con las manos.
Mi corazón se hundió por la forma en que reaccionó hacia mí. Si había cuestionado mi elección antes, ahora estaba completamente seguro. Ella no me quería. Me había aprovechado de ella. Cuando se dejó caer en una silla, en realidad parecía algo asustada. Dios, estaba tan avergonzado de mí mismo. Era una persona horrible, e incluso suplicar por su perdón no sería suficiente.
—¡Lissa! —jadeó. Fui sacado de mis pensamientos de auto desprecio por el recordatorio del motivo original por el que me había buscado. Pude ver sus pupilas dilatarse y contraerse mientras trataba de mantener el control de su mente el tiempo suficiente para explicar su secuestro.
Ni siquiera había terminado de hablar y yo ya estaba vestido. Mi mente reconoció brevemente el hecho de que me había desnudado delante de Rose cuando me puse la ropa que había estado usando antes durante mi turno de vigilancia. Afortunadamente, ella no pareció darse cuenta. Parecía que evitaba mirarme tanto como yo evitaba mirarla a ella.
Todavía estaba desnuda, y aunque no creía que se diera cuenta de su estado de desnudez, mi mente pervertida seguía luchando por concentrarse. Tomé su vestido del suelo y lo arrojé hacia ella, ordenándole que se vistiera. Recordando brevemente la forma en que se veía con el vestido, por no mencionar cómo se veía sin el vestido, le ofrecí una de mis sudaderas como cubierta adicional.
En cuanto estuvo vestida lo suficientemente decente, empezamos a movernos. En una carrera típica, ella era más que capaz de mantener el ritmo conmigo, así que me sorprendió verla quedándose ligeramente detrás. Pensé que podría haberse lastimado, pero rápidamente me di cuenta de que estaba descalza. Por supuesto, pensé, llevaba tacones cuando llegó. No podía correr en ellos.
Llamé a la oficina de los guardianes mientras corríamos. Alberta y varios otros nos encontrarían allí. Rose me siguió todo el camino y estaba simplemente agradecido de que nadie cuestionara su presencia.
Repetí lo que Rose me había dicho: Vasilisa había dejado el baile temprano y se había dirigido hacia al ático de la capilla antes de ser secuestrada.
Varios otros guardianes e incluso algunos maestros que estaban presentes se mostraban escépticos. Alguien mencionó lo de su protección adicional y cómo esto hacía que el asunto del secuestro fuera prácticamente imposible teniendo en cuenta las circunstancias. Sin embargo, la Guardiana Petrov envió a alguien a investigar el ático mientras intentaban contactar a Spiridon en su teléfono ya que él era el encargado de cuidarla esta noche.
Creo que empezaron a ponerse nerviosos cuando él no respondió, y cuando Yuri y otro guardián entraron con un Christian Ozera recién consciente, finalmente comenzaron a escucharnos.
—¿Cuántos Strigoi había? —preguntó un guardián.
La voz de Rose interrumpió el caos—. ¿Qué…? No eran Strigoi.
Todas las miradas se enfocaron en ella.
—¿Quién más podría habérsela llevado? —Preguntó Kirova, claramente incrédula—. Debes haber visto mal a través de… la visión. —Dijo la última palabra con el mismo tono displicente con el que hablaría de fantasmas u otros sucesos imposibles.
—No. —Afirmó Rose—. Estoy segura de que... eran... —Su vacilación me confundió. No me había dicho quién se había llevado a Lissa, ¿por qué lo ocultaría? Respiró hondo antes de terminar—. Guardianes.
Varias personas en la sala comenzaron a hablar, rechazando su afirmacion. Incluso yo estaba tentado a hacerlo. Lo que dijo iba en contra de todo lo que nos habían enseñado como guardianes.
—Tiene razón, —murmuró Christian mientras se estremecía bajo el cuidado de la doctora Olendzki—. Eran… guardianes.
—¡Eso es imposible!
—No eran guardianes de la escuela. —El alivio era mínimo, y todavía podía verla luchando desesperadamente por controlar su mente mientras las emociones de Lissa la atraían momentáneamente. Levantó la vista, irritándose—, ¿Van a moverse?, ¡se están alejando cada vez más!
Alberta, algunos otros guardianes y yo mirábamos hacia la puerta, pero no todo el mundo estaba convencido.
—¿Estás diciendo que un grupo de guardianes privados entraron a la academia y la secuestraron? —preguntó la directora Kirova, como si todo fuera una broma.
Estaba empezando a irritarme. Comprendía algunas de sus dudas, pero esto se estaba volviendo ridículo. Rose nos había llevado hacia Lissa varias veces antes, no tenía sentido que hiciera algo como esto. Mi irritación duró poco porque en ese momento Rose perdió la batalla de su mente y fue arrastrada por la de Lissa. Varios testigos jadearon mientras Rose nos miraba fijamente, viendo sin mirar. Me arrodillé a su lado, tomando su mano esperando poder traerla de vuelta a la realidad.
Regresó en unos instantes—. Trabajan para Victor Dashkov, son sus guardianes.
Alguien en la habitación se burló, pero ahora yo me encontraba mirando a Alberta. Podía ver que la realización la había golpeado también. Spriridon era empleado de Víctor Dashkov, y se había ofrecido a cuidar a Lissa esta noche y no podíamos contactarlo. El rompecabezas se estaba uniendo.
—Por favor, —Rose estaba gimiendo, como si estuviera sufriendo por tratar de concentrarse en los que la rodeaban—. Hagan algo, se están alejando demasiado, están en... —cerró los ojos brevemente—, la interestatal ochenta y tres.
Esta vez fue Alberta quien habló—. ¿Ya están en la ochenta y tres?, ¿cuánto tiempo hace que se fueron?, ¿por qué no viniste antes?
Mis ojos se encontraron con los de Rose, y supe que ambos compartimos un breve momento de culpa. Era nuestra culpa que se hubieran alejado tanto, pero no podíamos decirles el por qué. Rose parecía desesperada buscando algo que decir pero no pudo, así que contesté en su lugar.
—Un hechizo de compulsión. —Al menos era en parte cierto—. Un hechizo de compulsión en el collar que él le dio, y eso la hizo atacarme.
—Nadie puede usar ese tipo de compulsión, —exclamó la Directora, aún descartando todo lo que Rose habia dicho—. Nadie ha hecho eso en mucho tiempo.
Me alejé de Rose y me alcé en toda mi altura delante de Kirova—. Bueno, alguien lo hizo. —Me deleité con la breve mirada de intimidación que la dureza de mi voz había provocado en ella—. Para cuando la pude someter y quitarle el collar, ya había pasado mucho tiempo.
Nadie nos preguntó nada más.
¡Hola! Por fin aquí está el capítulo más esperado de todo el libro, disculpen de nuevo la tardanza pero este capítulo me costó un poco más de trabajo ya que tuve que cuidar mucho la traducción para que no sonara vulgar ni nada por el estilo.
Espero que este capítulo haya llenado sus expectativas, por favor díganme qué les pareció: ¿les gustó? ¿lo amaron? ¿no fue nada del otro mundo? ¿lo odiaron? De verdad me encantaría saber que opinan porque para mí fue una maravilla descubrir que Dimitri era tan apasionado.
Muchas gracias por todos sus reviews, ya casi llegamos a los 300, no saben como me emociona esto. Esta semana esperen el capítulo que sigue, ya solo quedan 3.
Cuídense mucho y nos seguimos leyendo.
